Contextos burbuja

«El talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad.»

(Johann Wolfgang von Goethe)

Cada vez se escucha hablar más de cómo desarrollar el talento, los dones, pero casi al mismo tiempo se comprueba cómo cae en el olvido un componente tan esencial de la persona como es el carácter. Decía Toni Nadal que «la frustración viene de una falta de ánimo de la gente, de una sobre valoración personal, de creerte que por ser quien eres tienes derecho a todo y todo te tiene que salir bien a la primera, además de una búsqueda exagerada de la inmediatez«; y creo que no puede tener más razón. Teniendo presente esto, ¿cómo se hace para evitar caer en este comportamiento que vemos tan a menudo? Evitando los contextos burbuja.

Como educadores, como formadores o entrenadores, una de nuestras mayores capacidades es la de diseñar el contexto más adecuado para que las personas a quienes formamos crezcan de manera plena. Por tanto, al mismo tiempo tenemos la responsabilidad de cuidar cada detalle en el diseño y construcción de ese escenario, desarrollando una forma de entender la enseñanza y la vida que evite el halago fácil, el feedback superficial y la complacencia. Necesitamos recuperar la esencia de la persona, desarrollar su capacidad de adaptación, evitar la queja (más conocido en la actualidad como estoicismo), generar oportunidades en lugar de esperarlas y aceptar que hay personas mejores que yo, más guapas que yo, pero que no pasa nada, porque la vara de medir la pongo conmigo mismo, no para compararme con el resto.

Decía Ginaluca Vialli, hablando de lo que trataba de enseñar a sus hijas, que «intento enseñarles que, en la vida, no pasa nada por ser vulnerable, por llorar o por estar triste. Hay que aceptar esas emociones naturales a lo que te pasa. Asimilarlas y tener presente que pasarán. Si nunca estás triste, ¿cómo sabes lo bueno que es estar feliz?» Y esto me lleva a la siguiente cuestión, relacionada con la educación que damos hoy en día: ¿qué se necesita para ser feliz? Hay un recuerdo que siempre me viene a la mente, cuando unas Navidades en la mañana de los Reyes Magos y tras abrir los regalos en casa de mis abuelos, nos olvidamos de todos los juguetes y me bajé con mi primo a jugar al fútbol con un balón tan desgastado que la cámara parecía estar a punto de salirse. A mí, en ese momento, me pudo más las ganas de disfrutar con mi primo y jugar con él (seguramente, al verlo, los Reyes Magos de Oriente se llevaron las manos a la cabeza). Quizás esta manera de entender la vida vaya en el sentido contrario de lo que hay actualmente, plagado de contenido en redes sociales, con una búsqueda permanente de lo material y la necesidad imperiosa de mostrarlo al mundo. Pero es esta tendencia lo que convierte en necesario y urgente recuperar ese otro concepto de felicidad e intentar enseñarlo cada día, compartirlo con ellos, porque esa formación no viene en ningún libro.

Es verdad que hay veces que parece que nuestros alumnos, o nuestros jugadores de nuestros equipos, nos ponen a prueba, por estar insoportables o inaguantables no logran comprenderlo cuando les transmitimos ese mensaje. Pero cuando esto sucede conviene tener en mente dos reflexiones, que ayudan a entender para qué estamos los profesores y/o formadores: entender que enseñar es un acto amor, en el cual entiendo la singularidad del ser de cada alumno y lo veo como la persona que está llamada a ser; y por otro lado, recordar con humildad que todos tuvimos esa edad y nos gustó que con nosotros tuvieran paciencia, calma, para guiarnos por el camino correcto y empleando las formas adecuadas. Hace tiempo que la información está alcance de un click, para estudiar o leer todo lo que desees. Por esa misma razón, nuestro valor diferencial está en cómo hacemos llegar y qué finalidad le damos a la información que nosotros sabemos, tanto la que está en los apuntes como nuestras experiencias de vida, a los alumnos, deportistas, que tenemos delante. Decirles lo que necesitan escuchar, no lo que quieren. Exigirles indicándoles la finalidad, al mismo tiempo que elevamos nuestra autoexigencia al mismo nivel.

La enseñanza, la formación, va mucho más allá de un mero número. Tiene más que ver con entender que todo consiste en la búsqueda de un propósito, que te lleve a ser tan feliz como se pueda cada día, encontrar un sentido que te lleva a querer mejorar, a querer crecer para sacar lo mejor de ti y darlo a las personas que tienes al lado. Un camino que requiere de paciencia en lugar de inmediatez, en el que se busca la felicidad y no el placer, que se disfruta más y mejor cuando lo haces en equipo, escuchando más que hablando, exigiendo y exigiéndote, siendo consistente ante la dificultad en lugar de instalarte en la queja y el lloriqueo permanente, dejando que la persona brille sin tocar su sombra. Esa es la clave, al menos para mí, para evitar los contextos burbuja.

Un fuerte abrazo y que tengan una muy buena semana.

«Tú vives siempre en tus actos. Con la punta de los dedos pulsas el mundo, le arrancas auroras, triunfos, colores, alegrías: es tu musica. La vida es lo que tú tocas.»

(Pedro Salinas)

Coraje

«No se trata de liberarse de las mariposas, sino de hacerlas volar en formación.»

(Jack Donohue)

¿Cuántas veces hemos sentido esas mariposas, fruto de nervios, de emoción, por dar el paso? ¿Y en cuántas de esas ocasiones, esa tensión o esa emoción se ha traducido en miedo que paraliza y termina por impedir que actuemos? Con el paso del tiempo, de las vivencias, los momentos, uno se va dando más cuenta de lo importante que es saber canalizar todo ello para seguir creciendo. Porque de eso va la vida, de crecer, de brillar al mismo tiempo que no paras de sumar y ayudar a brillar a quienes están a tu lado.

Probablemente te estés preguntando cómo se hace eso, cómo dar ese paso. Pues bien, para mí todo reside en tres aspectos: consciencia, dignidad y enfoque. Decía Ramón Bayes en una de sus ponencias una frase, que ya se la había leído a mi querido Jon Pascua Ibarrola en más de una ocasión, que quiero compartir contigo: «La persona es el viaje y cada viaje es distinto. Lo importante no es llegar a Ítaca, lo importante es el viaje. Que sea un viaje consciente.» Es esa consciencia lo que nos permite captar la esencia de cada momento, teniendo muy presente que jamás se va a volver a repetir y por tanto requiere de toda nuestra atención. Porque como bien dice el propio Ramón Bayes, «hay que estar atento, porque hay momentos que son momentos extraordinarios y no te das cuenta.» Porque lo importante es la persona, tanto tú como la/s persona/s con quien compartes ese momento, todo lo demás es completamente secundario. Captar esa esencia es eliminar lo accesorio, lo opcional, para llegar a sentir la sencillez del momento, porque como bien me recuerda siempre mi amigo, «la vida es tan sencilla como disfrutarla.»

Una vez que tomamos consciencia de quiénes somos, pasamos al cómo vivimos, cómo decidimos, en definitiva, cómo nos comportamos en nuestro día a día. Y para ello siempre he tenido presente vivir con dignidad, impidiendo de esa manera que se me olvide que lo más importante en esta tarea del vivir es el cómo, tus formas, tus gestos, las palabras que utilizas, cuánto escuchas, cuánto hablas y qué dices cuando hablas te lleva a adoptar una postura de humildad, o por el contrario una postura de ego, chulería y creer que no puedes aprender de nada ni de nadie. Probablemente aprender sea de las cosas que más me encanten en esta vida, aprender de mi mujer, de mis padres, de mis amigos, de todas las personas con quienes comparto momentos. Aprender para así poder dar, para de esa forma poder compartir y seguir ayudando a crecer. Bertrand Rusell planteaba una cuestión que, creo, toda persona debería formularse: «¿Para qué estamos en el mundo?». Su respuesta esa, sencillamente, maravillosa: «Para ampliar el conocimiento y para ampliar el amor.» La vida no tiene sentido ni finalidad, si no es para compartir y dar lo que uno es y lo que uno tiene. La vida en equipo, cuando se vive de verdad, se traduce en que la suma de momentos sencillos da como resultado un final de semana con sensación de estar pleno. Porque sumas y esa suma hace que las personas que quieres sonrían, crean en sus posibilidades, sean valientes y vayan para arriba, en busca de respuestas a sus preguntas, manteniendo su inquietud intacta.

Y por último, el enfoque, que no es otra cuestión que tener siempre presente hacia dónde llevamos nuestra atención. Qué es importante y qué no lo es tanto. Atender a los pequeños detalles porque, como muy bien dice Swami Sivananda, «una montaña está hecha de pequeños granos de arena. El océano está formado por minúsculas gotas de agua. Del mismo modo, la vida es una sucesión interminable de pequeños detalles, acciones, conversaciones y pensamientos. Y las consecuencias de todo ello, sean buenas o malas, son trascendentales.» Es el enfoque lo que nos permite, al mismo tiempo, dirigir de forma correcta nuestras acciones, nuestros comportamientos, mirando por la persona que tenemos al lado, anteponiendo siempre el «nosotros» al «yo» individual. Porque la vida, cuando se vive y se comparte en equipo, se traduce en momentos sencillos pero inolvidables y eso es lo que nos vamos a llevar, al mismo tiempo que será lo que dejemos en los corazones de las personas con quienes vivamos.

De eso se trata, de tener el coraje cada día para ser auténtico, verdadero, con la firme intención de sembrar, de dejar huella, dejar un legado en forma de comportamientos, manera de entender la vida y anécdotas que sirvan de ayuda, motivación y guía para quienes están por venir. Dejar, en definitiva, una sociedad y un mundo mejor del que hoy tenemos, porque hay mucha tarea por hacer. La mejor obra siempre será la que esté por hacer. Que tengáis un muy buen fin de semana, os deseo una muy Feliz Navidad, disfruten de cada instante, regalen abrazos y besos cargados de amor y sigan creciendo tanto como sea posible. Un fuerte abrazo.

«La misma agua hirviendo que endurece un huevo ablanda una patata. Se trata de qué estás hecho, no de las circunstancias.»

(Anónimo)

«La felicidad no es el camino pero está en el camino. La felicidad es, más bien, la actitud con la que recorremos ese camino. Y nuestras ilusiones son, en parte, las que nos motivan a tener una buena actitud. Sin una buena actitud y sin ilusiones, no hay camino.»

(Jon Pascua Ibarrola)

«La esperanza es ser capaz de ver que hay luz a pesar de toda la oscuridad.»

(Arzobispo Desmond Tutu)

Todo cobra sentido

«No puedes unir los puntos mirando hacia delante; solo puedes unirlos mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos de alguna manera se unirán en tu futuro. Tienes que confiar en algo: tu instinto, Dios, destino, vida, karma. Lo que sea. Este acercamiento nunca me ha decepcionado y ha hecho toda la diferencia en mi vida.» (Steve Jobs)

Hay momentos en la vida en los que uno percibe que todo empieza a cobrar sentido, porque todo el camino recorrido a base de no perder la esperanza, de seguir siempre hacia delante mirando con optimismo y tratando de sacar lo mejor que uno tiene dentro, te lleva a un punto de tu vida en el cual sientes que valió la pena. Pero no por una cuestión de ego o por un logro individual que ensalza tu autoestima; más bien porque ves un grado de felicidad en las personas que más quieres en tu vida que hace imposible no emocionarse.

Esta fue la emoción que sentí en numerosos instantes, con una fuerza increíble, durante todo el fin de semana en el que tuvo lugar nuestra boda, nuestro día; ese que con tantísima ilusión y emoción estábamos esperando. Ese día que, por más que te hayan dicho tus amigos que vas a sentirte de esa forma, vas a experimentar este sentimiento; da igual, hasta que no lo vives no eres realmente consciente de que lo que uno siente en ese momento supera a cualquier relato que te hayan podido contar. Es todo mucho más bonito que eso, es tremendamente maravilloso.

Es tan maravilloso que tiene ese punto de magia que perdura en el corazón para siempre, tanto que a día de hoy y escribiendo estas líneas me sigo emocionando como si estuviera allí, reviviéndolo de nuevo. Las sonrisas de mis amigos y esa emoción en sus ojos por poder estar todos juntos, por lo que íbamos a vivir desde el día de antes; las caras de felicidad de mi familia, mis primos, mis tíos, todos deseando disfrutar de ese día como niños; el recuerdo de quienes nos observaban desde el cielo; la sonrisa de mis padres desde el viernes y compartiendo juntos cada momento al máximo; la manera en la que fueron avanzando las horas hasta que me encontraba junto a mi madre esperándola a ella, a la mujer de mi vida. Ese momento inolvidable que tantas veces había soñado e imaginado, en el que entra en la catedral, vestida de blanco y agarrada del brazo de mi suegro y sientes que no puedes parar de llorar por una emoción tan bonita.

Porque ves su sonrisa, porque ves la manera tan mágica en la que brillan sus ojos, porque ese día se cumple nuestro sueño, ese día que tantas veces y durante tantos ratos nos hemos imaginado. El día en el que dices Sí, quiero, mientras la tomas de la mano, la miras a los ojos y sientes que no puedes tener más suerte, que no puede haber una suerte mayor que ver y sentir cómo es ese grado de amor con ella, de cariño, de confianza, de comprensión, de entendimiento, de conexión, es tan grande que la emoción por el momento que estás viviendo sabes que la llevarás contigo siempre, en tu corazón. Vivir, desde ese instante, para verla sonreír, para verla feliz, para crecer y caminar juntos.

Y es justo, en esos instantes, cuando percibes que todo cobra sentido. Que realmente valió la pena cada paso que diste, nunca dejar de confiar en el proceso, en el camino, seguir sacando lo mejor de ti para ayudar a que otros brillen. Seguir sumando, seguir arrimando el hombro tanto como sea necesario, sin poner una sola excusa, sin titubear, sin dudar de ti; siempre hacia delante y con ganas de más, de seguir creciendo y compartiendo momentos con esas personas tan especiales que forman parte de tu vida. Son esas mismas personas quienes ese día, viéndote emocionado durante todo el fin de semana, en ese altar esperando a quien hoy es tu mujer, saben lo importante que es para ti y se emocionan, lo sienten y lo viven como un día mágico, inolvidable y que llevaremos en el corazón para toda la vida.

Porque para mí la vida va precisamente de eso, de vivir momentos irrepetibles mientras emocionas a tu mujer, a tus padres, a tu familia, a tus amigos, en definitiva a quienes tienes en tu corazón y los cuidas con detalles sencillos pero sinceros. Nunca es tarde para decir «te quiero», para dar un abrazo o un beso de verdad, para dar las gracias porque te siguen queriendo y cuidando de ti, valorando todo lo que uno tiene y exprimiendo cada instante como si fuera el último. Vivir para sentir, sentir para emocionarse y emocionarse para sentirse vivo a cada instante, amando y cuidando a quienes están a nuestro lado.

Que tengáis una muy buena semana y por favor, nunca dejéis de caminar hacia delante. Un fuerte abrazo.

Fotografía: @ernesto.naranjo

Notas de un (súper)viviente

Hace unos diez años aproximadamente, estaba sentado delante de mi portátil y me dispuse a escribir el que sería mi primer post que llevaría por título «No olvidemos que somos personas.» Y eso es, justamente, lo que he intentado siempre recordar, que antes que nada está la persona. Por esa razón fui consciente de que las formas importan mucho, que cada detalle, cada gesto, cada palabra y el cómo decimos esa palabra, es la diferencia entre sumar o restar. Sumar, un verbo esencial, porque esta vida va de conseguir hacer sumar (o multiplicar incluso) a quienes están a nuestro lado, con quienes vivimos y convivimos, a quienes amamos con todo nuestro corazón.

Esa fue la razón de iniciar este camino, el de escribir posts creándome primero la página en blospot.com y más tarde en WordPress. Sumar. Ayudar a quien pudiera leer esos posts, tratar de ser de alguna manera motivación, fuerza, impulso para quien lo necesite. ¿Por qué? Porque toda misión, toda acción y todo proyecto requiere de un propósito lo suficientemente fuerte para que se consolide, perdure y sea consistente en el tiempo. Y creo, honestamente, que no hay propósito más bonito en la vida que generar, crear, algo nuevo que pueda servir de ayuda a otras personas. Pero, si te soy honesto, lo que nunca pude imaginar es que ese camino, ese viaje que se inició hace diez años con ese primer post, daría lugar a la publicación del libro que hoy te presento: «Notas de un (súper)viviente.»

Un libro escrito desde el corazón, en el cual en cada hoja, en cada párrafo, va sobre tinta un pedacito de mí. Vivencias, experiencias, reflexiones, opiniones que no son certezas absolutas, tan solo aprendizajes que extraigo como consecuencia de todo lo vivido en estos 34 años de viaje que llevo. Unos momentos y unas reflexiones que escribo para tratar de ayudar de forma doble. Por un lado, para aportar una perspectiva diferente a aquellas personas que, por el motivo que sea, puedan verse reflejadas en esas líneas y que les pueda ayudar a seguir adelante, a avanzar, a no dejar de superarse y seguir enfocados en lo que viene. Si algo he aprendido de cada vivencia, de cada reto afrontado, es que en esta vida uno debe agotar todas las posibilidades de intentarlo, sin perder jamás la fe, la esperanza y el optimismo por creer que se logrará el objetivo. A veces cuesta un poco más, a veces cuesta un poco menos, pero esto es tan cierto como que ningún mar en calma hizo experto al marinero.

Y por otro lado, para ayudar tanto como se pueda en la investigación contra la ELA, ya que una gran parte de los beneficios que se obtengan de la venta de este libro irán destinados a la investigación contra esta maldita y terrible enfermedad. De hecho, el libro llevaba escrito hace varios años pero no ha sido hasta ahora, al poner este propósito en mi vida, lo que me ha impulsado a retomarlo de forma decidida, con fuerza, cuidando cada detalle gracias a la ayuda de la mejor compañera de vida que puedo tener (sin ella, este proyecto no hubiera sido posible) para que por fin lo hayamos podido publicar.

Además, he tenido la suerte infinita de poder contar con dos personas increíbles, amigos de un valor incalculable, que han escrito el prólogo y el epílogo de este libro respectivamente como son Álvaro Merino Jiménez y David Dóniga Lara, a quienes quería aprovechar estas líneas para agradeceros, de todo corazón, vuestro granito de arena, vuestro cariño y vuestro tiempo en este libro, en este proyecto tan especial.

A ti, querido lector, que llevas desde mis primeros posts compartiendo momentos conmigo, lecturas y reflexiones, quería invitarte a este nuevo viaje. Un viaje al que ya se han sumado más de 100 lectores, más de 100 personas que han decidido sumarse cogiendo su pala y empezando a remar al máximo, para avanzar tanto como sea posible, pero eso sí, disfrutando siempre del viaje sin cansarnos jamás del paisaje. A quienes ya estáis remando, gracias de corazón por creer en este viaje y que cada palada vale la pena. A quienes aún no os habéis subido al bote, os esperamos con una sonrisa y con la intención de avanzar tanto como sea posible, porque este viaje no ha hecho más que empezar. Y como diría mi alumno Hugo, «vamos a remar tan fuerte, que va a parecer que el bote lleva motor.» Seguimos remando juntos, esto no para. Un fuerte abrazo, feliz jueves y feliz verano.

«Todo lo que Pablo ha ido alcanzando en su vida ha sido fruto de un entrenamiento sistemático, de una apuesta valiente, donde nunca ha tomado un atajo, donde ha apostado por un esfuerzo sostenido en el tiempo y donde ha generado oportunidades. Y este libro no es diferente al resto de los objetivos que el autor se ha marcado en su vida.»

(Álvaro Merino Jiménez)

«Pablo nos presenta una obra de teatro maravillosa, sublime; una película trepidante que podía haberse convertido en un drama, una comedia, un thriller o en cine de terror; una historia que, pudiendo ser cualquier cosa, él decidió que fuera de Amor. Sí, de Amor. Porque es lo que nos une. Lo opuesto al miedo. Amor en mayúsculas. El Amor que dio origen a todo y que tanto necesitamos para el desarrollo de nuestras almas.Un Amor con mayúsculas que le ha traído hasta aquí y que, con amor, nos invita a conocer para impregnar la conciencia universal de su granito de arena-amor-conciencia.»

(David Dóniga Lara)

Enlace para poder acceder a la compra del libro: https://www.amazon.es/Notas-s%C3%BAper-viviente-Quien-resiste/dp/B09ZCJNDMM/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&crid=3KCVS33LZMZI1&keywords=notas+de+un+%28s%C3%BAper%29viviente&qid=1659603737&sprefix=notas+de+un+s%C3%BAper+viviente%2Caps%2C559&sr=8-1

Disfrutar de los privilegios

«La mente humana se habitúa a lo bueno con una asquerosa facilidad poniendo el zoom sólo en los aspectos vitales que te faltan, difuminando a ratos lo que has dejado en el camino, y los años que llevas quemando rueda en la carretera. […] Normalizar los privilegios es un acto mezquino. Siento bastante bochorno de mí mismo cuando me sucede. Aunque sea humano.»

Hace una semana aproximadamente, leía este fragmento en una publicación del maestro Leiva, en su instagram y desde entonces, no ha parado de resonar dentro de mí, porque quizás en estas semanas he estado tremendamente emocionado, quizás de una forma más especial. He recordado los momentos vividos en las dos despedidas de soltero que me han preparado mis amigos, la emoción y el tremendo nudo en la garganta por valorar todo lo que han invertido en mí todos ellos, ya no solo en las despedidas, sino en estos años de amistad, lo cual es más fascinante, bonito y maravilloso todavía. La despedida fue, quizás, la manera de decir: «Estamos aquí, a tu lado, celebrando vuestro siguiente paso y siempre estaremos ahí.» La amistad, cuando se entiende como un caminar juntos de forma consistente en el tiempo, es imposible que genere emociones tan fuertes que cueste hablar.

Y por otro lado, volvió a resonar ese párrafo en mí cierta tarde en la que miraba a mi novia y a nuestra perra, jugando las dos y disfrutando, cuando me encontré otra vez emocionado, otra vez esa sensación de fortuna infinita por sentir que eres parte de algo maravilloso, por ver feliz a la persona que amas, verla disfrutar, olvidándonos por completo de todo lo demás. Fue ahí cuando pensé, qué razón tienes Leiva, sería un mezquino si no tuviera la sensibilidad suficiente para no emocionarme, para no sentir de la forma en que merece, ese momento tan increíble. Es verdad que siempre, debido a todo lo que he vivido a lo largo de mi vida, he tratado de valorar todo lo que tengo, disfrutándolo al máximo. Pero a veces es bueno leer párrafos así, para recordarnos a nosotros mismos que nunca podemos perder la sensibilidad para apreciar la verdadera del belleza del momento, recordando siempre que en esta vida la tarea que debemos completar al acabar el día es, de lejos, la de agotar cada instante como lo que es, un momento que no vuelve, que no se volverá a repetir y precisamente por eso es maravilloso sentirlo como tal.

Es esa sensibilidad y esa capacidad para percibir lo que nos lleva a poner el foco en nuestro propio centro y raíz, en nuestra esencia en definitiva. De esa forma, evitamos vivir distraídos, contemplando la vida de otros y comparándonos permanentemente con ellos, llegando a vivir engañados por la creencia de que para esos a quienes observamos la vida parece ser fácil y por tanto, disfrutan mucho más. Evitar vivir distraídos es, precisamente, evitar que en cualquier momento seamos tan mezquinos que pasemos a normalizar la vida que vivimos y el momento que estamos compartiendo. Porque ese momento, en realidad, jamás va a repetirse. Verás su sonrisa similar, pero no notarás el brillo de sus ojos. Darás un abrazo, pero quizás no lo haces con el sentimiento que debieras. No basta con hacer; es recomendable hacer y sentir, porque solo así nos emocionamos y es esa emoción la que nos mantiene vivos, enfocados y disfrutando con el corazón. Ese, sin duda, es el mejor de los privilegios.

Que tengan un muy buen fin de semana y no miren para fuera, no se comparen, solamente disfruten y vivan como si esa fuera la última vez. Un fuerte abrazo.

Estadística vs Gestión de grupo

Leía hace relativamente poco el fragmento de un libro que decía lo siguiente: «A menudo, las cosas más simples de la vida son las que nos producen un mayor placer. Un abrazo de alguien que nos quiere justo cuando más lo necesitamos, charlar con un amigo y perder la noción del tiempo, llegar a casa hambriento y encontrarte una deliciosa comida casera o incluso un vaso de agua bien fría cuando estás muerto de sed.» Probablemente hay quien, a día de hoy, sigue sin comprender la consecución de la 14ª Uefa Champions League por parte del Real Madrid CF y , en mi humilde opinión, creo que una de las claves ha estado en Carlo Ancelotti, precisamente, en su capacidad para atender a las cosas más simples del día a día con su club.

Hay una frase extraída de la entrevista con Jorge Valdano que resume, a la perfección, su forma de trabajar con el grupo: «Yo siempre intento distinguir a la persona, de lo que hace esa persona. […] Le digo siempre al jugador, hay la persona y el jugador. Yo soy una persona que entrena, que hace el trabajo de la persona que entrena. Por tanto, el entrenador elige el jugador que va al banquillo, no la persona que va al banquillo.» Exigir, por tanto, al profesional al mismo tiempo que se cuida y respeta a la persona. Algo que parece tan obvio y, al mismo tiempo, qué poco se ve y se entiende en el día a día. Hasta tal punto que, si echamos la vista atrás, en las encuestas que se hacían en diversos medios no se incluía al Real Madrid CF entre los candidatos a ganar la Uefa Champions League y en La Liga casi se le mencionaba por obligación, pero con muy poca credibilidad en el rendimiento que pudiera llegar a dar.

Sin embargo, la temporada que ha llevado a cabo el Real Madrid CF nos regala una reflexión, para mí, esencial cuando se quiere conseguir un rendimiento excepcional de un grupo de trabajo: La gestión de grupos no entiende de números, de estadísticas, de porcentajes y predicciones. Se entiende, más bien, desde el compromiso diario de la persona encargada de gestionar y liderar ese grupo de personas, cuidando los pequeños detalles, esas cosas simples que mencionaba al inicio del post: un abrazo sincero, tomarte cinco o seis minutos para una conversación con quien lo necesite, valorar el trabajo diario y la dedicación dando las gracias. Todo esto no se puede cuantificar pero, en realidad, es lo que marca la diferencia: querer y creer en las personas con quienes estás cada día, sabiendo qué toca hacer a cada momento, para que se sientan respetados, valorados y queridos.

Como muy bien dice Xavier Marcet en su último libro, «siento una gran admiración por esos líderes que transpiran inspiración y conjugan el compromiso en primera persona. Son esa gente que se gana el respeto yendo unos pasos por delante y dando ejemplo. Esos que saben que la consistencia es más fruto de los detalles que de los discursos. […] La consistencia reside en no llegar a una estación final y en entender cada parada como una nueva oportunidad.

Gracias, de todo corazón, por estar siempre ahí, al otro lado de la pantalla, porque para mí es una suerte tremendamente grande poder seguir compartiendo con vosotros todo lo que me llevo del día a día. Un fuerte abrazo y que tengáis un muy buen inicio de semana. Seguimos remando juntos.

Es la vida

Hace unos días iba de paseo con Bimba cuando nos encontramos con un hombre mayor, a quien prácticamente solemos ver todos los días andando por el parque de forma incansable y a la vez admirable. Estaba terminando de hacer las últimas dominadas en las máquinas, cuando Bimba decide que hay que ir a saludarle y con ello le saca la primera sonrisa a nuestro buen hombre. Le pregunto qué tal, cómo está, a lo que me responde que justo terminando de hacer su ejercicio físico, porque antes había estado andando y ya se marchaba para casa. Mientras me lo cuenta, le miro con admiración porque creo que hace falta mucha voluntad para mantener esa rutina día tras día con su edad y le digo que le veo muy bien, que le encuentro genial. Y aquí me regaló la reflexión del día: «Pues qué va hijo, no estoy tan bien. Me han detectado un tumor, me tienen que hacer pruebas y ver cómo hacemos. Pero tengo autocontrol, es la vida hijo; yo sigo caminando todos los días mi hora y media, hago mis 70 dominadas, mis ejercicios, me tomo mi cafetito y disfruto leyendo el periódico. Con eso soy feliz, con eso me vale.»

En cuestión de minutos este buen hombre me había recordado la importancia de la actitud, de querer seguir viviendo y disfrutando de lo que uno tiene, a pesar de que vengan mal dadas y de que la situación en la que nos encontremos para nada sea la deseada. Unida a esa actitud ante la vida va ligada de forma implícita, creo, la esperanza de que todo va a ir bien. Ser optimista en los tiempos que vivimos probablemente sea una tarea difícil, porque uno trata permanentemente de sobreponerse a lo que lee en las noticias, a lo que se escucha en la radio o a lo que se ve en el telediario (hace tiempo opté por no ver ni leer nada al respecto). Pero, precisamente por eso, uno debe agarrarse a la esperanza tan fuerte como le sea posible, porque como muy bien dice el autor Mungi Ingomane, en su libro Ubuntu: «Muchas veces, en los momentos más duros de nuestra vida, lo único que nos queda es la esperanza, y eso puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Nelson Mandela pasó veintisiete años como preso político en la infame cárcel de Robben Island en unas condiciones deplorables. Mientras estaba en prisión, su madre murió; más tarde, también falleció su hijo en un accidente de coche. No se le permitió asistir a ninguno de los dos funerales. Vivió día tras día en una estrecha celda de dos metros de ancho por dos y medio de largo de la que solo salía para hacer trabajos forzados en una cantera. Fue maltratado por los guardias de la prisión y sufrió daños en la vista como consecuencia del reflejo del sol en la piedra. Aún así, nunca perdió la esperanza.»

Si trasladamos esto al deporte, anoche el Real Madrid C.F. en su partido contra el Manchester City, hasta en tres ocasiones logró acortar distancias y mantener intactas las opciones para lograr el pase a la final de la Uefa Champions League, en el partido de vuelta que aún queda por disputar en el Estadio Santiago Bernabéu. El deporte, a través de actuaciones como la de ayer, o en deportes individuales con deportistas como Rafael Nadal, Carlos Alcaraz, Paula Badosa; no para de recordarnos que si hay algo que depende de nosotros es la predisposición a mantener la esperanza intacta, pase lo que pase, mientras sigo poniendo todo de mi parte para acercarme al objetivo, porque como muy bien dijo Borja Iglesias tras la consecución de la Copa del Rey por parte del Real Betis Balompié, «Me encantaría deciros que, cuando se trabaja mucho, siempre se consiguen las cosas, pero no es verdad. Sed buenas personas y las cosas estarán más cercas.»

Y para mantener esa esperanza intacta nada funciona mejor que enfocarnos en lo que nos mantiene vivos, ilusionarnos con el mero hecho de estar bien e ilusionar a quienes amamos de verdad de forma permanente; cuidar los pequeños detalles del día a día con un «gracias», un «te quiero» o un abrazo sincero, porque todo ello carga la batería de la motivación como nada. Nada funciona mejor, nada transmite más esperanza, que comportarnos cada día como una buena persona, respetando, amando y compartiendo. Quien da, quien se entrega, quien suma y multiplica, jamás se cansará del paisaje mientras dure el viaje. Un fuerte abrazo y que tengan una muy buena semana; nunca dejen de sonreír.

«Si hay luz en el alma, habrá belleza en la persona. Si hay belleza en la persona, habrá armonía en la casa. Si hay armonía en la casa, habrá orden en la nación. Si hay orden en la nación, habrá paz en el mundo.»

Proverbio chino

Hace tiempo, cuando yo era joven, si un viajero que estaba atravesando el país se detenía en un pueblo, no tenía que pedir comida ni agua. En cuanto paraba, la gente se la ofrecía y le daba conversación. Esta es una de las facetas del ubuntu, pero no es la única. El ubuntu no significa que hemos de dejar de lado nuestro propio bienestar. La cuestión es, ¿qué puedes hacer tú para apoyar a tu comunidad y ayudarla así a mejorar? Estas son las cosas que de verdad importan. Si eres capaz de hacerlo, habrás conseguido algo muy importante.»

Nelson Mandela

Proyectos consistentes

«Lo único sensato es construir organizaciones que valen la pena con buena gente y gente buena. […] Tener la humildad de aprender de todos y el arrojo de hacer propuestas propias, ambiciosas y diferentes.»

(Xavier Marcet)

Hubo un título de uno de los capítulos del último libro de Xavier Marcet que me llamó muchísimo la atención, el cual decía así: «Más que éxito, consistencia». ¿Qué diferencia hay entre ambos conceptos? La respuesta es, quizás, una de las reflexiones más importantes que se debería plantear cualquier persona que se dispone a iniciar un proyecto.

Para tratar de dar respuesta a esta pregunta voy a tratar de hacer un símil con una frase que en su momento dijo el gran Johan Cruyff: «La pelota que va rápido hacia delante, hay altas probabilidades que venga de vuelta con más velocidad aún.» Con esta frase trataba de resumir la idea consistente en que aquel equipo que trata de llegar a portería rival sin fundamento, sin orden y sin criterio, asume el riesgo de recibir ese balón de vuelta mucho más rápido, como producto de una pérdida del balón y termine encajando un gol. Pues con el éxito sucede lo mismo.

Si cuando nos disponemos a iniciar un proyecto el único objetivo que uno se marca es tener éxito, es más que probable que solo atienda a las modas actuales, a las tendencias, a lo que se compra y se demanda, para en base a todo ello diseñar un producto que satisfaga las necesidades o gustos de los consumidores. ¿Cuál es el problema de esto? Que atendemos a lo que hay fuera, pero no a lo que tenemos dentro, a nuestra esencia, a nuestro sello personal, aquello que sí nos puede hacer diferentes de manera más consistente en el tiempo. El éxito que llega rápido, se va con más rapidez aún.

Por el contrario, si lo que buscamos desde el comienzo es generar un proyecto consistente en el tiempo, la primera tarea de la cual nos ocupamos es de tener claro cuál es el perfil de personas que quiero en mi equipo de trabajo. Como dice Xavier Marcet, «En una start up una idea no vale nunca más del 20%, demostrar su factibilidad puede valer hasta un 30% más, pero las personas que hay detrás son, como mínimo, el 50% del valor de una star up.» Son las personas quienes tienen la extraordinaria capacidad de transformar e innovar, pero desde una perspectiva mucho más humana, comportándose de una manera única.

Por un lado, siendo capaces de transformar el talento individual en talento colectivo demostrando una humildad y ambición a niveles excepcionales (como diría Álvaro Merino, el talento si no es colectivo, no es talento). En segundo lugar, porque llegan a innovar desde la mirada. Es su mirada lo que actúa como palanca para generar empatía, solidaridad y entendimiento con la persona con quien está en ese momento. Y por último, añado el tercer aspecto esencial pero no por ello menos importante, que debe tener cualquier persona que forme parte de un proyecto: sentimiento de amateur. Un día, en el programa de Jesús Calleja, escuché a Santi Millán decir que él se consideraba un amateur, porque «amo lo que hago. Creo que la diferencia entre un amateur y un profesional, es que el profesional cumple, el amateur por el contrario siempre va un poco más allá, porque la pasión por lo que hace es superior a todo lo demás.»

A menudo, cuando generamos un proyecto o estamos pensando en cómo estructurarlo, empezamos por diseñar la metodología como herramienta que estructura gran parte de ese proyecto. Nos olvidamos, sin embargo, de que son realmente las personas quienes a través de ese talento que hemos mencionado anteriormente implementarán esa metodología. El cómo se implemente esa metodología, esa forma de trabajar utilizando unas u otras herramientas, dependerá en gran medida de la capacidad para generar un compromiso, un sentido, un propósito trascendente y un relato que se traducen en hechos de forma diaria, logrando así ser un proyecto consistente que parte de la persona para terminar en la persona.

Tener un proyecto consistente es ser capaces de explorar nuevos caminos, nuevas opciones, nuevas vías, adoptar una nueva mirada que contemple nuevos modos de crecimiento. Tiene que ver con evitar, de forma permanente, la ceguera del éxito, la autocomplacencia y estar conectado diariamente con la humildad, que es la que encargada de recordarte que tu mejor obra es la que aún está por hacer.

Que tengan un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo y persistan, esa es la clave de todo.

«El éxito es el gran anhelo y el gran riesgo. Las empresas, los profesionales, buscamos el éxito, pero si este llega antes que la consistencia, los riesgos son evidentes. El éxito emborracha, nubla los esfuerzos que lo permitieron, diluye los mecanismos que lo fundamentaron. En cambio, la consistencia busca situar el éxito en la relatividad de las trayectorias.»

(Xavier Marcet)

«Lo mejor para enfrentar el futuro de nuestras empresas es pensar y escribir para saber qué pensamos. Y probar. Y probarnos. Bosquejar sendas propias.»

(Xavier Marcet)

El deber bien cumplido

La foto que se ve en el encabezado de este post fue la invitación a la reflexión de manera imprevista, casi sin esperarlo, que desembocaría finalmente en el post que hoy comparto contigo. Me planteé la siguiente cuestión: ¿Si una persona es incapaz de llevar su carro hasta el sitio correcto, cómo puede creerse en el derecho de reivindicar lo que sea en cualquier otro momento? ¿Y qué sucede con las mascarillas que aparecen de forma continuada en el suelo, en lugar de ser depositadas en la basura? En mi humilde opinión, hemos olvidado por completo que no basta con cumplir con los deberes cotidianos, sino que además hay que cumplirlos de la forma correcta.

La vida no se puede vivir para cumplirla, de ninguna manera. A la vida hay que entregarse en cuerpo y alma, entregándote, exigiéndote lo máximo como persona y en consecuencia, como profesional. Ese es el primer deber de todos, el más básico y a la vez el más importante. Porque uno solamente se entrega de verdad cuando tiene la sensación, cada noche, de irse a la cama con el deber bien cumplido. El deber de escuchar con el corazón, el deber de querer de verdad a las personas que amas, el deber de buscar soluciones a los problemas que te plantean tus compañeros de trabajo, tus alumnos; el deber de respetar opiniones al mismo tiempo que guardo las formas con quien me relaciono; el deber de poner calma cuando la situación se pone tensa. El deber de obrar bien, en definitiva, porque lo que debemos hacer es buscar un bien común y no el que solamente me beneficia a mí.

La vida no se vive en el plano del ego individual, en el plano de las «medallitas» que me pongo en el pecho, de la prepotencia de creer que cualquiera hoy va a «comprar tu libro». Nada más lejos de la realidad; esto no va de «vender libros», sino más bien de generar creencias, espacios de encuentro, contextos estimulantes que hacen crecer a las personas que tienes a tu alrededor, generando momentos en los que uno percibe y dice lo que es necesario comunicar, cuidando las formas con gran detalle.

Ese es el deber bien cumplido para mí, recordar de forma permanente la responsabilidad que uno tiene como persona, como hijo, como pareja, como profesor, como compañero de trabajo, en cada proyecto de vida compartido y en base a ello vivir de forma coherente, consecuente y honesta, sin engañar, sin mentir. Esto es lo que te permite mirar a las personas a los ojos, con total transparencia y haciéndoles sentir que vamos en el camino correcto, juntos y con el sentido de sacar lo mejor de nosotros.

Además, esta misma sensación del deber bien cumplido es la que nos recuerda que en la vida es tremendamente importante saber cuándo estamos en la posición de pedir y cuándo dar; cuándo aparecen también obligaciones además de derechos. Porque son las obligaciones en determinados momentos, las que nos hacen salir de nuestra zona cómoda, de querer poner un pie fuera para sentir el riesgo y recordar que para crecer hay que ser también valiente. Hablo de la obligación básica de salir de las monotonía para probar lecturas nuevas, contextos de crecimiento personal, pequeños retos que nos permitan mantener viva siempre esa inquietud y esa ambición porque crecer, mejorar. Desaprender para volver a aprender.

Hace unos días nos reíamos en uno de nuestros cafés, cuando estábamos reunidos los tres profesores que conformamos el bloque troncal de asignaturas del ciclo de TSEAS, junto con nuestros increíbles alumnos que tenemos en prácticas este curso. Y todo viene porque, estando a martes, no se me ocurre otra cosa que decir:¡¡vaya, cómo se me está pasando la semana!!» A lo que se empezó a reír Alfonso, uno de mis compañeros, diciéndome: «¡¡Hombre, ni que estuviéramos a jueves!!» Es verdad, llevaba razón, pero estar tan ilusionado con la vida que llevo, con las personas con quienes comparto esos proyectos, con los retos que van apareciendo y los que uno se genera de manera propia, hace que vivir la vida pase de ser un cumplido a querer vivirla bien, de la mejor manera posible, que no es otra forma que siendo feliz, respetando, queriendo de verdad y al mismo tiempo exigiéndome para tener la sensación al irme a la cama del deber bien cumplido.

Que tengan una muy buena semana y no dejen de exigirse, de sacar lo mejor que tienen. Porque una persona «enchufada», con ganas, es un verdadero regalo para las demás. Un fuerte abrazo, cuídense y disfruten de cada instante.

«Liderar es servir, no servirse. Liderar es crear un perímetro de confianza donde sea posible crecer haciendo crecer. Liderar es reunir gente comprometida entorno a preguntas fundamentales. Líderes que crezcan haciendo crecer a los demás.»

(Xavier Marcet)

«Cuando deseas algo con mucha intensidad, ningún sacrificio es demasiado grande.»

Rafael Nadal

«Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad.»

Confucio

«¿De dónde sacas tiempo? De no perderlo.

Reflexión de Álvaro Merino, acerca de la importancia de la gestión de la atención.

¿Para qué vivimos?

«El amor es lo que cambia el rumbo de la vida. Muchas veces la vida está enfocada hacia algo (gloria, dinero, sexo, éxito), pero cuando te enamoras esa vida va hacia alguien. La mayor distinción entre las personas es quienes viven para algo y quienes viven para alguien.» (Fernando Savater)

¿Qué tiene el amor que nos hace sentir tan vivos? Un componente esencial que va implícito en el propio acto de amar: darse al 100% con un enfoque y un sentido muy claros. Es pasar de poner el foco en ti a ponerlo en la persona que amas, en la persona que tienes frente a ti, con quien compartes tu vida de forma diaria y cotidiana. De repente, notas que tus acciones van en una dirección, con un enfoque muy claro, miras de otra manera, escuchas de otra forma, utilizas el plural en lugar del singular. Pasas del ego a la humildad, de poner los focos en ti a ponerlos en quien realmente lo necesita y estás atento a cada pequeño detalle.

Y es que la vida va precisamente de eso, de pequeños detalles que lo único que exigen es atención para que nada pase desapercibido. Lo preocupante es que, rodeados de tanto medio tecnológico, lejos de estar más conectados que nunca en realidad nos encontramos demasiado distantes, todo demasiado políticamente correcto, todo muy frío, apenas sin sentimiento, casi todo por obligación. No paras de observar pandillas de chavales en las plazas y todos con el móvil delante; personas que pasean a su perro, ese que luego dirán que es su compañía perfecta, olvidándose por completo de él porque van pendientes de su móvil. Así podría enumerar infinidad de ejemplos, situaciones, o momentos que se ven a diario y que te hacen constatar que quizás estamos realmente olvidando lo que es importante.

Olvidamos que desconocemos por completo lo que va a suceder en los próximos diez minutos, y no es una frase hecha, es la más profunda y absoluta realidad. Quizás deberíamos tener esa sensación grabada a fuego, porque nos llevaría con más facilidad al siguiente planteamiento consistente en que lo realmente importante no es dónde estás, ni qué estás haciendo, sino con quién estás viviendo ese momento. Esa persona con la que estás sentado en un banco de madera durante horas, o en la terraza de casa hablando de todo, riendo, disfrutando; eso es justo lo que siempre deberíamos recordar. Porque si te das cuenta la playa o la montaña son realmente mágicas si es con esa persona con quien la disfrutas, con quien la compartes.

Quizás por eso amar de verdad, desde la autenticidad, sea algo tan maravilloso; porque es lo que realmente te acerca a esa sensación de plenitud. Ni el éxito profesional, ni el éxito social, te harán sentir de esa manera tan plena:

«-Mitch, si lo que quieres es presumir ante los que están en la cumbre, olvídalo. Te despreciarán de todos modos. Y si lo que quieres es presumir ante los que están por debajo, olvídalo. No harán más que envidiarte. Un alto nivel social no te llevará a ninguna parte. Solo un corazón abierto te permitirá flotar equitativamente entre todos. […] Haz las cosas que te salen del corazón. Cuando las hagas, no estarás insatisfecho, no tendrás envidia, no desearás las cosas de otra persona. Por el contrario, lo que recibirás a cambio te abrumará.»

Amar de verdad es abandonar lo políticamente correcto para pasar a expresarte desde tu coherencia con lo que sientes, con el sentimiento que late en lo más profundo de tu corazón y expresarlo con absoluta autenticidad. No reserves tanto esos besos, esos abrazos, esas risas, esos mensajes o llamadas porque nunca es tarde si se dice con amor. Al revés, probablemente si hubiera un poquito más de amor quizás no habría tanto conflicto tan absurdo, tanto nivel de crispación y tensión diaria, porque todos estaríamos enfocados en amar para ver a la otra persona feliz, amar para ayudarla a que saque lo mejor que tiene dentro día tras día, porque estás convencido de que es capaz de llegar hasta donde se proponga. Porque su sonrisa es tu felicidad.

Y eso es justo lo que te deseo a ti, que sonrías, que seas feliz y que encuentres esa felicidad que tanto buscas. Pero recuerda, quizás no esté tan lejos de ti como piensas. Un fuerte abrazo y feliz Navidad.

«El tiempo que tenemos no es corto; es que perdemos mucho. La vida se nos ha dado con largueza suficiente para emplearla en la realización de cosas de máxima importancia, si se hace buen uso de ella. Pero cuando se disipa entre lujos y negligencias y se gasta en cosas inútiles, cuando llega el último trance inexorable, sentimos que se nos ha ido la vida, sin reparar siquiera que se va. Lo cierto es que no recibimos una vida corta, somos nosotros los que la acortamos; ni somos indigentes sino pródigos. Pues así como las riquezas copiosas y regias, cuando llega a manos de un mal dueño, al momento se disipan; y cuando caen en manos de un buen administrador se acrecientan, aunque sean escasas, con su mismo uso, así también nuestra vida ofrece muchas posibilidades a quien la ordena correctamente.» (Séneca)