Tu entorno y el camino que recorres

Decía Séneca que “no hemos de preocuparnos de vivir largos años, sino de vivirlos satisfactoriamente; porque vivir largo tiempo depende del destino, vivir satisfactoriamente de tu alma” y creo que no le falta razón. La reflexión de Séneca es una invitación a que nos enfoquemos no tanto en el cuánto sino en el cómo, en la manera en la que aprovechamos cada instante, cada momento que vivimos y para conseguirlo creo que existen dos elementos de vital importancia: tu entorno y el camino que eliges recorrer, las decisiones que a cada momento vas tomando en base a esos valores innegociables que cada persona debería tener en su interior.

En relación al entorno, según leía estas líneas de Séneca me acordaba del documental de Anelka, la entrevista a Gacheta y por último, el recién estrenado documental de Fernando Torres. Es curioso ver cómo los tres llegan a la misma conclusión: la importancia de tu entorno, de las personas que te rodean, quienes están contigo en la victoria y en la derrota, en las noticias buenas o no tan buenas. Un entorno que, normalmente, suele ser bastante reducido pero un entorno al mismo tiempo que vamos eligiendo nosotros. Decisiones. Qué importante es saber decidir, elegir y sin embargo en la escuela no nos enseñan a ello, ¿verdad? Tremendo pero cierto, porque estamos decidiendo a cada momento.

¿Cómo saber si las personas que elegimos son las adecuadas, las correctas, las que nos hacen crecer y nos invitan cada día a que saquemos lo mejor de nosotros? La respuesta es fácil y nos la da en unos versos preciosos Mario Benedetti: “Me gustaría pasar el resto de mis días con alguien que no me necesite para nada pero que me quiera para todo.” Dicho de otro modo, que quiera estar en nuestra vida siendo nosotros mismos, tal y como somos. Más resumido aún: Estar. Vivir la vida no es otra cosa, o al menos así lo entiendo yo, que estar de verdad, de manera plena, auténtica y verdadera. Estar de verdad es, al mismo tiempo, poner toda tu atención en la persona que tienes al lado. Escuchar de verdad para saber cómo animar, cómo alentar, cómo arrimar el hombro de la manera que la otra persona necesita. Es escuchar, mirar y hablar con el corazón, mediante amor verdadero. Porque para estar, primero hay que querer estar.

Y en segundo lugar está el camino que recorres, un camino que se vuelve pleno de verdad cuando lo compartes con esas personas. ¿Saben porque emociona luego echar la vista atrás? Por las personas con quienes has vivido esos momentos y esos momentos van ligados a un significado especial porque tú has sabido dárselo centrándote en la persona, no en dónde estás. Que se te ponga una sonrisa en la cara, una lágrima de emoción o la “gallina de piel” como diría el bueno de Johan Cruyff, no depende de dónde estés, sino de con quién. Por eso da igual si la cena es en Roma o en Marbella si delante tienes a la persona que amas; si te encuentras con tus padres de vacaciones en un lado o en otro, porque lo que quieres y más deseas es verles felices; de la misma manera en el contexto deportivo da lo mismo conseguir un ascenso en una categoría u otra; y así sucesivamente, porque lo verdaderamente importante es con quién estás. Porque la calidad del corazón de las personas con quienes estás te lleva a convertirte en una clase de persona u otra.

Teniendo en cuenta que atravesamos momentos difíciles, conviene recordar que ante tanta incertidumbre (siempre la hubo, aunque quizás ahora esté elevada al máximo exponente) la mejor decisión que uno puede tomar es aportar tanto amor como pueda a su entorno, ayudarles sabiendo escucharles y tener la paciencia para saber a cada instante cuál es la decisión más adecuada, sin precipitarte, sin apurarte demasiado. Me gustaría concluir con una reflexión de Fernando Savater, quien dice que “después de tantos años estudiando la ética, he llegado a la conclusión de que toda ella se resume en tres virtudes: coraje para vivir, generosidad para convivir y prudencia para sobrevivir.”

Que tengan una muy buena semana y traten siempre de aprovechar cada momento que la vida les regale, porque si de algo podemos estar seguro es que ese tiempo no vuelve. Un fuerte abrazo, cuídense mucho y sean felices.

“Creo más en esos equipos donde nadie se cree más que nadie, pero que juntos pueden llegar a crear cosas extraordinarias a pesar de sus imperfecciones, simplemente porque la fuerza de sus complementariedades es superior a la de sus falencias. Adoramos la perfección, pero a menudo aborrecemos a los perfectos.” (Xavier Marcet)

“El sumo bien es inmortal, no sabe dejar de existir: no conoce el hastío ni el arrepentimiento. Pues un espíritu recto nunca cambia, no se odia así mismo, porque siempre exige lo mejor.” (Séneca)

Virtud y felicidad

“Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felizmente. Pero andan a ciegas, cuando tratan de encontrar aquello que hace feliz la vida. No es fácil, por tanto, conseguir la felicidad, pues, con cuanto mayor afán uno la busca, más se aleja de ella, si ha equivocado el camino.” (Séneca)

Es justo en esa búsqueda de la felicidad cuando aparece la virtud, como cualidad de la persona que afronta la adversidad que se le pueda presentar en el propio transcurso del camino. Un camino que, por otro lado, todos esperamos que conduzca a la tan ansiada felicidad. Séneca nos regala una lección maravillosa consistente en entender, realmente, la importancia de la virtud para llegar a comprender que la felicidad no es un lugar, no reside en un concepto material concreto o determinado, ni tiene que ver con llegar a una estación determinada. La felicidad, por el contrario, se logra cuando el camino se recorre de manera virtuosa. Pero, ¿en qué consiste esto?

Consiste, como bien dice el propio Séneca, en evitar que “os atemoricen aquellas pruebas que los dioses inmortales ponen como estímulos al alma. La adversidad es ocasión de virtud. Y con razón serán llamados miserables los que se anegan en una felicidad desmedida, donde como en un mar tranquilo los detiene una calma nunca rota. Cualquier trance que les sucediere será una novedad: las cosas adversas atormentan más a los faltos de experiencia.” Porque justamente en eso, o al menos para mí, consiste vivir de manera plena y feliz, en acumular tanta experiencia como sea posible.

En estos tiempos en los que existe un elevado grado de incertidumbre, de temor, de preocupación, de querer encontrar respuestas a preguntas de manera permanente, quizás afrontar el día a día como un constante aprendizaje y permanente ejercicio de superación, en equipo y de manera conjunta, de mantener la calma afrontando la adversidad como una oportunidad de mejora personal sea más necesario que nunca.

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Cualquiera de nosotros desearía que estos momentos que vivimos jamás hubieran sucedido, partimos de esa premisa clara e inequívoca. Pero toda vez que nos encontramos aquí es imprescindible para tomar buenas decisiones pensar con calma, ordenar nuestros pensamientos y mirar dentro de nosotros tal y como nos invita a hacer Séneca: “Busquemos algo bueno, no en apariencia,sino sólido y valioso, y más hermoso aún por su interior. Ahondemos, no está lejos. […] . Vida feliz es, pues, aquella que sigue su naturaleza, que no se puede alcanzar más que con alma sana y en perfecta posesión de su salud.” Cuidemos el alma, desarrollemos nuestra virtud tratando de afrontar los pequeños o grandes obstáculos que la propia vida nos va deparando a cada instante y evitemos la comparación, el mirar a la persona que tenemos al lado porque eso solamente genera un desgaste innecesario que nos quita fuerzas para vivir nuestro camino de manera plena.

Un camino que, por otro lado, es mucho más bonito, pleno, enriquecedor y valioso cuando lo transitas en compañía de las personas a quienes amas, a quienes quieres ver felices cada día de tu vida, personas a quienes cuando ves sonreír tu corazón siente que puede absolutamente con todo. Todo camino necesita de amor para comprender, entender, sentir, emocionarse, no por grandes cosas materiales sino por la esencia de la vida: sujetar con fuerza la mano de la persona a quien amas, ver a tus padres sanos y felices, sentir los logros personales y las alegrías de tus amistades más cercanas como tuyas, como propias y celebrarlas de manera especialmente emotiva. Esa es la verdadera felicidad y me atrevería a decir que la manera más auténtica de vivir la vida.

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Como muy bien dice el maestro Séneca: “Quien está bien fundado, quiera o no, se sentirá inundado de una continua alegría de un supremo gozo venido de lo más hondo, pues vive contento con sus bienes sin codiciar otra cosa de sí. ¿Por qué, entonces, no ha de valorar estas cosas y compararlas con las pequeñas, frívolas y constantes movimientos de nuestro cuerpecillo? El día en que se sienta esclavo del placer, será víctima del dolor.”

Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo y feliz vida.

“Buscar la serenidad me parece una ambición más razonable que buscar la felicidad. Y, quizá, la serenidad sea una forma de felicidad.” (Jorge Luis Borges)

“El problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles sino importantes.” (Winston Churchill)

 

Centrado en sí mismo

“En un buen equipo, durante momentos difíciles, sus componentes están pendientes del exterior. En un gran equipo, durante momentos difíciles, sus integrantes se centran en sí mismos.” (Pep Marí) 

Cuando leía el otro día estas líneas de Pep Marí me hacían reflexionar acerca de la importancia de dos aspectos de la persona: la capacidad para enfocarse en uno mismo y su capacidad de adaptación antes las diversas adversidades que el propio día a día te va presentando. De hecho, uno de los temas de conversación de ayer con mi querido amigo David Vesga fue ése: cómo preparamos a los jugadores, estudiantes o equipo de trabajo para ese devenir, ese transcurso del día a día.

Saber cómo enfocarte, cómo adaptarte, tiene mucho que ver con tu capacidad para abrir la mente y examinar tus experiencias. Debes estar dispuesto, en definitiva, a ser vulnerable. Sí, vulnerable, ese adjetivo que tanto chirría en muchas cabezas de jefes de equipo pero los líderes auténticos saben que es un requisito imprescindible a incorporar en su adn profesional y personal. Debemos estar dispuestos a examinarnos en profundidad para detectar cómo somos, de qué herramientas disponemos y cuáles son las que nos faltan, cuáles son las que aún no tenemos y que, de tenerlas, no solo nos permitirían dar un salto cualitativo sustancial si no que, más importante aún, ayudaríamos de una manera increíble a nuestro equipo de trabajo. Porque para llegar a un objetivo colectivo, todos debemos dar el paso de querer conocernos y reconocernos.

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Querer conocernos y reconocernos implica, como muy bien dice John Donahoe, ser auténtico, mantener la esencia de uno mismo sin que importe la situación en la que uno se encuentra. Añade, además, que “el mundo es capaz de modelarte si no le opones resistencia. Para lograr ser tú mismo en la vida, debes tomar conciencia de tus elecciones. No siempre es fácil tomarlas y, al hacerlo, cometerás muchos errores.” Error implica capacidad de aprendizaje, implica querer crecer y , por encima de todo, evitar repetir el mismo error dos veces porque como muy bien recuerda Pep Marí: En un buen equipo, de un error aprende quien lo comete. En un gran equipo, de un error aprenden todos.” Esto conlleva compromiso en el proyecto del cual formo parte y confianza en todos mis compañeros, además de atención y concentración en cada día, en cada sesión, en cada partido, atendiendo al…proceso. No es que suene muy poético, es la realidad. Lo más verdadero, realista, que podemos proponer a un equipo es atender al proceso tratando de hacer las pequeñas tareas del día a día de la mejor forma posible teniendo en presente que, aún con todo, puede que el resultado final no sea el esperado porque siempre habrá elementos que se escapen de nuestro alcance, de nuestro control.

Ayer los partidos de playoffs de ascenso a 2ªB nos regalaban una lección aplicable a cualquier escenario (el deporte, como dice mi buen amigo Álvaro Merino, nos regala lecciones de aprendizaje muy potentes cada día para nuestra vida). Recuerdo que el comentarista en cierto momento dijo que era increíble y sorprendente los resultados que se estaban dando, algo con lo que no estoy nada de acuerdo. En una fase de playoffs como la que se está disputando, a partido único, con innumerables factores totalmente nuevos, estos partidos son de todo menos predecible, como la vida misma. La lección que nos regalan este tipo de eliminatorias es que centrarse en uno mismo, concentrarse en el momento que vives, en lo que puedes controlar y poner todo lo que hay dentro de ti en cada acción para sumar al equipo en cada disputa de partido intentando que ese equipo saque la mejor versión de sí mismo, es la disposición más realista que uno puede tener ante un reto similar.

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Porque como muy bien dice Bill George, “para los auténticos líderes hay recompensas especiales. Ningún éxito personal puede igualar el placer de liderar a un grupo de personas que lucha por un resultado que merezca la pena. Cuando llegas al final y te dispones a cruzar la meta junto a los demás, todo el dolor y el sufrimiento que has padecido desaparece rápidamente y es remplazado por una profunda satisfacción interna que proviene del hecho de haber logrado fortalecer a los demás y, por tanto, de haber logrado un mundo mejor. Este es el orgullo y la satisfacción del auténtico liderazgo.

Cuando nos centramos en nuestro proyecto, en las personas que lo componen, somos realmente capaces de aportar ese valor añadido tan necesario para que todo el equipo crezca, avance y quiera sumar a una sociedad tan necesitada de educación, valores, compromiso, solidaridad y sensibilidad. Es precisamente el instante en el momento en el que esto sucede cuando, todo lo que nos rodea fuera, no nos importa en absoluto, no nos distrae, ni nos quema, ni nos amarga la existencia porque lo que tenemos frente a nosotros nos llega al corazón, nos toca y se convierte en una fuerza tremendamente poderosa que nos ayuda cada día a mostrar lo que tenemos dentro de nosotros. Miremos dentro para ser capaces de vivir con, por y para quienes están a nuestro lado. Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo y nunca dejen de seguir su camino rodeado de personas auténticas. 

“Los miembros de un buen equipo se respetan. Los miembros de un gran equipo se admiran.” (Pep Marí)

“Todos tenemos la semilla del liderazgo en nosotros mismos, tanto para los negocios como para trabajar en el gobierno o para ser un voluntario de una ONG. El desafío consiste en conocernos lo suficientemente bien para saber dónde podemos usar nuestro liderazgo para servir a los demás.” (Ann Fudge)

“El punto de partida de la trayectoria de un auténtico líder es entender su propia historia vital. Tu historia vital te proporciona el contexto de tus experiencias y, a través de ellas, puedes encontrar la inspiración para dejar tu huella.” (Bill George)



 

 

The Normal One

Hace unos días el Liverpool FC conseguía por primera vez en su historia desde que entró en vigor el nuevo formato de la Premier League la consecución de un título tan esperado para los reds, y creo que con ello además el Liverpool FC aprovechó para regalarnos una serie de reflexiones aplicables a la empresa, a nuestro trabajo y en consecuencia a nuestra vida cotidiana.

En primer lugar el acierto pleno en la contratación de un entrenador como es Jurgen Klopp, alguien que en su rueda de prensa de presentación se definió como The Normal One. Quizás en ese momento no se le dio la importancia que, con el paso de las temporadas, esa frase iría adquiriendo poco a poco. La normalidad traducida en un comportamiento diario, en una conducta y manera de proceder que lleva a la excelencia personal, paso indispensable para la consecución tanto de logros individuales como colectivos.

Detalles que Jurgen Klopp nos ha ido regalando a quienes nos apasiona el deporte, la gestión de equipos y el liderazgo temporada tras temporada:

1-. Generar un sentimiento de pertenencia fuerte, no solo con el equipo sino con la ciudad, tanto en él como en su cuerpo técnico, trabajadores del club y jugadores.

2-. Llamar por su nombre a cada uno de los trabajadores que componen el organigrama del club. Siempre que leemos esto pensamos que es algo de sentido común, pero pocas veces se aplica poniendo la excusa de que no tenemos tiempo para ello. Sin embargo, nada genera más compromiso en una persona a quien aún no conoces que mostrándole que te interesas por saber cómo se llama, cómo está y qué necesita para sentirse comprometida con el proyecto al que ambos pertenecéis.

3-. Transparencia y autenticidad con sus jugadores: Generó el hábito de abrazar a sus jugadores tras terminar cada encuentro, haciendo sentir además que no era un abrazo por obligación si no más bien una forma honesta de agradecer el esfuerzo que han hecho durante el partido y en la preparación previa al mismo. Los gestos generan un impacto mucho mayor que las palabras y más si cabe cuando son auténticos.

4-. Mostrarse coherente y consecuente, independientemente de lo que suceda: Su claridad para transmitir el mensaje partiendo de lo que sabe, teniendo presente sobre qué debe opinar y sobre qué no implica al mismo tiempo mostrar humildad, reconocer que no controla de todos los ámbitos o contextos. (Vean la rueda de prensa en la que se le plantea la pregunta concerniente al Covid-19).

5-. Hacer sentir a la afición que está emocionado con ellos: Demostrar en cada partido esos gestos al acabar, repitiéndolos tres veces, que está conectado con ellos y que recuerda que precisamente por la afición no pueden salir a cada partido con otro planteamiento que no sea aquél consistente en que el equipo trabaje, disfrute y haga disfrutar a la afición con su entrega. Tratar de disfrutar y hacer disfrutar tanto como sea posible a quienes forman parte del proyecto es imprescindible para lograr que cada componente del grupo muestre su mejor versión y ayude a la persona que tiene a su lado.

6-. Paciencia en el proyecto, tanto por parte de Jurgen Klopp como por parte del Liverpool FC: La paciencia implica tener confianza, esperanza, incluso en aquello que aún permanece invisible a los ojos pero que se tiene una fe ciega en que el talento por parte de los miembros de un equipo, en este caso los jugadores, terminará saliendo a relucir para ponerlo al servicio de un sentido y compromiso colectivos. Confiar y adaptarse a los tiempos que son necesarios para que un proyecto colectivo crezca es indispensable para alcanzar esa excelencia personal y colectiva.

Jurgen Klopp y Liverpool FC nos regalan esta temporada la lección de que a veces todo tiene que ver con una cuestión de aplicar la normalidad a todo lo que se propone, siendo coherente con lo que se plantea, observando lo que se tiene y lo que se puede llegar a tener, pero al mismo tiempo teniendo siempre presente que la clave está en cuidar los detalles cotidianos día tras día, de manera constante y sobre todo sin dejar de confiar en las personas mientras mantienen su sentido y compromiso colectivos de una manera intachable.

Decía Pep Marí que “los buenos equipos comparten propósito y valores. Los grandes equipos comparten nivel de compromiso y sentido.” Los objetivos se agotan, en cambio los propósitos duran toda una vida. El compromiso solo se conseguirá si las personas confían en tu proyecto y solamente confiarán si realmente te muestras como una persona transparente, auténtica, verdadera, que sabe llegar al corazón no solo por lo que dices si no cómo lo dices y cómo te comportas.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo y como leía hace unos días en una frase de mi buen amigo Álvaro Merino: “La peor traición que te puedes hacer a ti mismo es no hacer aquello por lo que te brillan los ojos.” Feliz semana.

“Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo.” (Frankl, V.)
“Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y, después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada, sino si la vida espera algo de nosotros.” (Frankl, V.)

Post The Normal One




 

Todo es un viaje

“Muéstrame que el bien de la vida no se halla en la duración de ésta, sino en su aprovechamiento, y que puede acontecer, más aún, acontece con muchísima frecuencia, que haya vivido poco quien ha vivido largo tiempo.” (Séneca: Epístolas morales a Lucilio)

Ante tantísima crispación, ante tanta tensión, vendría bien que volviéramos a poner el foco en lo que importa que no es otra cosa que buscar soluciones, en lugar de generar más problemas, o buscar más excusas. En definitiva, asumir la responsabilidad que tiene cada uno en primer lugar consigo mismo y después, con la sociedad en la que está, tratando de dar respuesta a la pregunta consistente en qué puedo hacer yo por lo demás y que nadie más podría hacer.

¿Por qué es tan importante, y más en este momento si cabe, plantearse esa pregunta? Porque nos lleva a tratar de encontrarle un sentido a lo que hacemos cada día, a darle un sentido a nuestra manera de vivir. Ya no estoy hablando solamente de trabajo, hablo de saber vivir, deberíamos aprender a vivir de nuevo. Porque vivir lleva implícito el pensamiento de que aquí no estamos solos, de que esto no es nuestro sino de todos, y que además estamos de paso por lo que ninguna actividad es tan digna, ninguna tarea sería tan maravillosa, como tratar de dejar un legado por pequeño que sea en las personas con quienes compartimos cada día de nuestras vidas.

Mediante el sentido de lo que hacemos conseguimos recuperar el significado de todo aquello que en lo que participamos de manera activa, la manera en que trabajamos, la manera en la que amamos, el modo en que transmitimos nuestro mensaje, porque comenzamos a cuidar todos los detalles y empezamos al mismo tiempo a ponerle un poquito de pausa a la vida. Sí, nunca se llega tarde, más bien siempre se está justo a tiempo. Se llega tarde cuando uno entra en la comparación con el de al lado, porque queremos más que él, mejores cosas materiales que él. Porque nos comparamos y por ahí vienen todas las infelicidades.

Uno debe tener siempre presente que lo que importa es el viaje que uno emprende, fijando un punto de partida y un punto de llegada. En segundo lugar, en ese viaje que emprende debe ser muy cuidadoso con las personas a quienes sube a ese viaje, sus compañeros de camino, quienes jamás le regalen los oídos, sino que le digan lo que es necesario que escuche para nunca olvide el sentido del viaje que se emprendió. Esos los compañeros de viaje de verdad, esos sí te quieren y te quieren de manera honesta, sincera, auténtica.

Porque aquí radica la cuestión de todo, en ser auténtico. A partir de ese sentido dado uno descubre cómo hablar, cómo transmitir, cómo mirar a los ojos, cómo querer a las personas que tiene en su corazón, cómo saber lo que esas personas necesitan a cada momento. Ponemos el foco en ellas porque nuestra vida comienza a tener sentido y es ese sentido lo que nos permite desprendernos de nosotros para centrarnos en lo que nos rodea.

La sensibilidad es lo que te lleva a emocionarte porque ves a tus padres bien de salud y contentos, porque ves a tu pareja feliz, sonriente y con sus ojos brillando de manera mágica; ves a tus amigos disfrutar de ese momento de charla y desconexión en una terraza sintiendo que no necesitas más para ser feliz.

La autenticidad, añadida al sentido de tu vida, hace que no solo te fijes en tu viaje, sino que lo disfrutes tú y todos de manera apasionada, sincera y digna. Sí, digna. Sin trampas, sin atajos, sin querer correr más de lo necesario, sin poner zancadillas a otros, sin tomar el camino de la mentira o el engaño. No compites contra nadie, sino contra ti y tu propio comportamiento debería de ser tu verdadera vara de medir día tras día.

Saber cuándo nos hemos equivocado, y pedir perdón. Saber cuándo escuchar, para de ese modo saber qué podemos aportar, en qué podemos sumar para hacer mejores a quienes han querido compartir con nosotros este viaje, porque todo es un viaje como muy bien diría nuestro querido Michael Robinson, consistente en apreciar todo lo bueno, bello y verdadero que se abre ante tus ojos a cada momento sintiéndote afortunado y agradecido por poder vivirlo.

Que tengan una muy buena semana, y recuerden sumar tanto como sea posible. Ahora, más que nunca, necesitamos remar en la misma dirección, de manera sincronizada, para que todos lleguemos a buen puerto. Un fuerte abrazo

“El que no sabe lo que es el mundo, no sabe dónde se encuentra. El que no sabe para qué nació, no advierte quién es él mismo ni qué cosa es el mundo. El hombre que carece de alguna de esas noticias, no podría decir con qué motivo vino al mundo” (Marco Aurelio)
“Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo” (Víctor Frankl)
“Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y, después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no es esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros.” (Víctor Frankl)   
“No hay mayor acto de caridad que amar.” (Santo Tomás de Aquino)
“Cuando el fin es sublime, todo lo que se sufre para conseguirlo no lo es menos.” (Platón)


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Seis sombreros

Hay momentos, instantes, en los que una conversación, una clase con tus alumnos, puede dar para una muy buena reflexión, y la que sucedió en uno de los días de esta semana fue una de ellas.

Nos encontrábamos hablando de la técnica de los seis sombreros para pensar, consistente en cómo abordar una misma problemática o situación desde los diversos planos de la persona: sombrero blanco para la neutralidad, sombrero rojo para la pasión, sombrero negro para la cautela, sombrero amarillo para la esperanza, sombrero verde para la creatividad, y sombrero azul para el control. Y el momento bonito de la clase, de la conversación colectiva, llegó cuando nuestro querido “Barba”  hizo una vez más, una de sus aportaciones que siempre suma, y que nos hace crecer a todos: “Pero profe, entonces antes de tomar cualquier decisión importante deberíamos ponernos todos los sombreros, ¿no?”

Y fue su aportación justo la que me dio que pensar, la que me invitó a reflexionar sobre ello y sobre el funcionamiento de las personas. Fue gracias a él que me di cuenta que esta técnica que se suele utilizar para la gestión y trabajo de equipos podría llegar a ser toda una crítica a la sociedad, a la vez que una invitación preciosa al autoconocimiento. ¿Cuáles son los sombreros que nos solemos poner cuando decidimos? O preguntado de otro modo, ¿en qué nos apoyamos cuando tomamos las decisiones importantes? ¿Vemos un problema, o circunstancia a resolver como me gusta llamarlo a mí, desde todas las perspectivas o solamente desde la que nos interesa? ¿Cómo reaccionamos ante una situación difícil y que nos compromete?

Si valoro todos los sombreros, me doy cuenta de que todos son buenos en su justa medida (los excesos nunca fueron buenos). Todos los sombreros, todos los puntos de vista desde diferentes perspectivas nos aportan luz, a la totalidad de nuestro pensamiento, y se complementan a la perfección. Pero al mismo tiempo puede ser posible que uno de los motivos por el cual no los usamos es, cómo no, el tiempo. Creemos siempre tener menos tiempo del que en realidad disponemos, todo rápido, para decidir rápido, y quitarnos el problema de encima. Una de dos, o nos quitamos el problema de encima porque vivimos acomodados, o porque pararse demasiado tiempo quizás conlleva adentramos en ese autoconocimiento que nos descubre nuestros miedos, nuestras zonas más oscuras, a las que no nos atrevemos ni a mirar.

No hay dudas de que todos, por nuestra manera de ser, es inevitable que nos inclinemos a utilizar con mayor frecuencia los sombreros que un color u otro, porque existe una herencia genética, unas experiencias vividas, un contexto en el que crecemos, y eso nos condiciona. Pero todo ello no condiciona para nada el querer aprender para crecer, el querer crecer para mejorar, mejorar para pintar una obra de arte tremendamente maravillosa. Porque son los artistas, los genios, los que ven en cada pincelada su inspiración traducida en movimientos, pero a la vez se alejan del cuadro, toman perspectiva, para mirar y valorar todo en su conjunto.

Los artistas como Manet, Monet, y otros tantísimos genios, aprendieron mediante el arte que para la pintura era necesario primero entender la naturaleza, la luz, cómo lo percibimos, y cómo somos capaces de traducirlo en pinceladas más lentas o más rápidas, con una u otra técnica, con el fin de reflejar no solo lo que vemos, sino también la pasión que tenemos por la vida que sentimos en nuestro corazón. Lo decía Monet en uno de sus pensamientos: “Un día Boudín me dijo…aprecia el mar, la luz, el cielo azul. Seguí su consejo y juntos nos fuimos a dar largos paseos durante los cuales pinté constante la naturaleza. Así fue como llegué a comprender la naturaleza y aprendí a amar apasionadamente.”

De la misma manera que el artista trata de comprender cuanto le rodea, la naturaleza, el movimiento de los árboles cuando son azotados por el viento, las diferentes variedades de un color en función de la intensidad de la luz que penetra, los atardeceres con su reflejo sobre el agua del mar; de ese mismo modo quizás nosotros deberíamos contemplar nuestra propia obra de arte que es nuestra vida, la que pintamos cada día más y más, adentrarnos en lo más profundo nosotros para que cada una de esas pinceladas muestren en su conjunto la totalidad de la persona que somos, y así al ponernos en perspectiva, veamos y sintamos que seguimos creciendo, que contemplamos lo que acontece desde diferentes perspectivas; de la misma forma que el artista se aleja, toma distancia con respecto de su obra, para apreciarla, sentirla, y sobre todo, emocionarse con ella.

Porque el pensamiento nos hace funcionar, analizar, y tomar decisiones; pero la emoción por vivir cada día, y ayudar a que las personas que queremos también se emocionen, es sin duda sentirte vivo.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y no se olviden de tomar perspectiva. Las grandes obras emocionan tomando distancia, y su vida lo es. Porque como bien dice Monet: “Mis ojos se abrieron finalmente y comprendí la naturaleza. Aprendí al mismo tiempo que me encanta.” 

“Prefiero que tomen decisiones los sabios a que nos extiendan normas algunos expertos avispados. Los sabios escuchan y reconocen que aprender a preguntar puede llevar toda una vida. Para ser experto se requieren muchos títulos, para ser sabio, no tantos. Los expertos son buenos profesionales. Ven los árboles. Los sabios son nuestros maestros. Nos muestran el bosque. Para esta crisis necesitamos maestros.” (Xavier Marcet)
“La sorpresa es la gran emoción del aprendizaje” (Álvaro Merino)
“El talento tiene que ver con el hambre insaciable de aprender.”  (Álvaro Merino)
“Lo que nos permite tomar decisiones que nos dan mayor probabilidad de acierto en las decisiones es mantener la calma”. (Álvaro Merino)
“Los cambios hay que hacerlos cuando las cosas van bien.” (Marcelo Bielsa)
El paseo

 

 

“Guarda, guarda, guarda.”

“Sonó el pistoletazo de salida, los botes salieron adelante con impulso, y el telegrafista anclado en la ribera le dio al teclado para que el mundo supiera que la trigésimo octava regata anual de primeros equipos de Poughkeepsie finalmente había empezado. Durante cinco paladas, los siete botes fueron codo con codo y remaron con intensidad. Entonces Washington súbitamente aflojó y el resto de competidores le pasaron por delante. A Bobby Moch no le importaba, era justo lo que quería. […] Para que los chicos mantuvieran el ritmo, Moch se puso a cantar su nuevo mantra haciéndolo coincidir con cada palada -<<Guarda, guarda, guarda>>, recordándoles que el secreto era conservar las fuerzas.” 

Y justamente eso, conservar las fuerzas, es quizás la tarea que debemos tener en estos días en nuestra cabeza. Debemos cambiar nuestro plan, bajar la intensidad para, de ese modo, incrementar el volumen, la duración, y en consecuencia, nuestra capacidad de aguante en estos días de confinamiento que aún nos quedan. Para lograr saber cómo hacer esto, cómo ponerlo en práctica, la reflexión me la lanzó el propio Berlín en uno de los capítulos de La Casa de Papel, en una conversación El Profesor: “Sigue haciendo lo que te apasiona. Sigue cultivando la belleza.” No se pueden dar consejos más claros, más breves, pero a la vez más potentes, durante estos días.

Hacer lo que te apasiona logra que te llenes de energía, que te vuelvas a reenganchar a lo bello de la vida si es que aún estabas desconectado por completo de ello. Vivir apasionado es vivir conectado con lo más esencial de ti, con lo que te ha permitido conocerte, descubrirte, y por ello saber hacia dónde debes caminar, qué camino coger, y qué tareas debes abordar. Hacer lo que te apasiona te conduce a construir con absoluta belleza, con total determinación, porque has logrado entender que la belleza va unido a lo bueno, a lo que tiene sentido, va ligado a un propósito de vida, a sumarte a ti, y lo que es más importante aún, a la vida de las personas que quieres y con quienes creces como persona.

El hecho de vivir apasionado te lleva, en uno u otro modo, a seguir cultivando belleza. ¿Pero qué es eso?¿Qué se requiere para cultivar belleza? Vivir con amor, en eso consiste, resumido en tres palabras. Vivir con amor es vivir desde la mirada más profunda, sincera, honesta, hacia las personas que quieres, que amas, tratando de ayudarles en estos momentos más que nunca a que no dejen de contemplar la vida con ojos que derrochen luz, energía, fuerza, ojos que estén llenos de esperanza, de fe, y así nunca dejar de creer.

“Sin embargo, si alguien había sido más listo que Al Ullbrickson, era su propio timonel: el chico bajito con su propia llave de la asociación Phi Beta Kappa. Y ahora echaría el resto. De repente se inclinó hacia Don Hume y gritó: <<¡Diez de las grandes para Ulbrickson!>>. Ocho remos largos de pícea se hundieron en el agua diez veces. Entonces Moch gritó de nuevo: ¡Diez más para Pocock!. Otras diez paladas enormes. ¡Diez más para papá y mamá!>>. Muy lentamente, el Husky Clipper se deslizó por delante de Columbia y empezó a acercarse a la Marina, que estaba segunda.”  Saber en qué momento gastar una bala, o la bala, meter una píldora que incremente el pico de intensidad en emociones, en motivación, es tan importante y tan esencial en estos días como evitar gastarlas todas de golpe. Solamente de esa forma lograremos mantener, en mayor o menor grado, un buen estado óptimo en nuestra pareja, en nuestros padres, hermanos, amigos, alumnos; dosificar la intensidad de esas sorpresas es tan vital como mantener en el tiempo nuestra cabeza enfocada en lo que suma, en nuestras posibilidades, abrazando con total esperanza el momento de subir de ritmo, como Bobby Moch con el bote del Husky Clipper.

“En el bote, Moch estaba fuera de sí. <<¡OK!¡Ahora, ahora, ahora!>>gritó. Don Hume subió el ritmo a treinta y cinco, luego a treinta y seis y, más adelante, a treinta y siete. En el lado de estribor, Joe Rantz lo siguió con la suavidad de la seda. El bote empezó a tener swing. La proa empezó a levantarse del agua. Washington dejó atrás a los guardiamarinas como si su bote estuviera clavado en el agua.” Y esta es una de las claves, de las que hemos hablado más veces, lograr el swing en aquello que hagas, sentir que alcanzas un estado en el cual pierdes la noción del tiempo porque, como ellos en el bote, haces lo que te apasiona, y lo haces cuidando al máximo la belleza de cada gesto, logrando una sinergia entre cada uno de los miembros del bote que de solo verlo o imaginarlo, emociona.

“Y en esos últimos doscientos metros, en un extraordinario esfuerzo de velocidad, a cuarenta paladas por minuto y aporreando el agua hasta convertirla en espuma, Washington adelantó a California. Con cada palada, los chicos les sacaban un asiento. En el momento en que los botes cruzaron la línea de meta, en los últimos coletazos del crepúsculo, se vio una grieta de agua entre la popa del Husky Clipper y la proa del California Clipper.” Sí, esfuerzo, como el esfuerzo nuestro cada día por olvidarnos de que las circunstancias, las condiciones, no están ayudando pero que aún se puede, y se debe, hacer lo que te apasiona en la medida en que puedas. Porque es el único modo de construir algo bello, que a su vez será bueno y estará lleno de bondad. Los actos buenos, bellos, y bondadosos siempre fueron la llave para sacar lo mejor de las personas a quienes amamos, con quienes tenemos relación; porque están llenos de paciencia, de comprensión, de compromiso, y confianza. Porque es esta la vía para creer, como hizo Bobby Moch desde el timonel marcando el ritmo de paladas, en una victoria plena, llena de esfuerzo, de sentimiento de equipo.

Deseo de corazón que estéis lo mejor posible, que tengáis calma, paciencia, y no pierdan la fe ni la esperanza. Un fuerte abrazo, y que tengáis una muy buena semana.

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Acordándonos de lo esencial

Hace un rato se me venían a la mente dos imágenes. La primera, de hace unas semanas, con las terrazas llenas y miles de personas sentadas en ellas, sin disfrutar de la compañía, atendiendo al móvil. La segunda, de hace unas horas, tiene que ver con las mismas terrazas vacías, y la sensación de tristeza de esas miles de personas por no poder ver, abrazar, o besar, a quienes probablemente hace una semana cambiaban por un dispositivo electrónico.

Esta es, sin duda, una de las lecciones valiosas (solo será como tal si la recordamos para siempre) que nos está dejando estos días, semanas, de incertidumbre, tristeza, miedo, e inquietud, por no saber cómo y cuándo terminará todo esto: Recordar, siempre, que lo importante debe seguir siendo lo importante. Esto implica, en primer lugar, comenzar a vivir de verdad cada instante que tenemos la oportunidad de aprovechar. Y es cierto, no hay una sola manera de vivir, pero por favor vivan: sientan, rían, salten, abracen, besen; y todo ello hagánlo desde la sinceridad, desde el corazón, porque nunca es tarde para expresar lo que de verdad sentimos. Siempre estamos a tiempo para hacer lo correcto.

Por otro lado, esta situación nos regala la lección de que tan importante es acertar con la decisión correcta, como también elegir el momento y el lugar adecuados. El inmovilismo,  la poca o nula capacidad de autocrítica, es algo que los grandes directivos no pueden permitir que vuelva a suceder porque hay a quien se le paga para tomar decisiones. Está mal que no se tomen decisiones por incapacidad, pero está peor aún no tomarlas por prepotencia, por no admitir el hecho de que han sido superados. La humildad, que implica la capacidad de autocrítica, así como la coherencia, el ahora famoso sentido común (pero que a veces, es el menos común de lo sentidos), ser consecuentes, y personas íntegras, es el único camino adecuado que nos ayuda a garantizar que la calidad de nuestras decisiones salvaguarda la calidad de las vidas que tenemos a nuestro lado.

Y por último, unido a lo que hablábamos al principio de este post, es un momento para volver a recordar que, efectivamente y sin lugar a dudas, el ser humano es un ser relacional. Por tanto, necesitó, necesita, y necesitará de otras personas para tratar de ser cada día la mejor versión que lleva dentro. Una versión que permite, al mismo tiempo, brillar con fuerza a todas las personas que por un motivo u otro necesitan un poco de luz, un motor de arranque, un rayo de esperanza, entre a veces tantísima oscuridad.

Por esa sencilla razón, es momento para aprender de una vez por todas que se puede tener una ideología que decline más la balanza hacia un lado, o hacia el otro, pero que por encima de cualquier ideología, de cualquier ansia de voto o de asegurar un sillón, están las personas. Unas personas que, independientemente de su trabajo, ahora mismo deberían sumar a un país, que es el nuestro, que solamente debería tener un objetivo cuando cada mañana sale el sol: ser la mejor nación posible, dejando el mejor legado a las generaciones que vienen.

En medio de toda esta incertidumbre, de esta situación que vamos a sacar adelante entre todos si de verdad somos conscientes de la tarea que nos ocupa, en un domingo por la tarde como hoy quizás sea buen instante para dar las gracias a quienes nos quieren, a quienes han confiado y confían en nosotros. Para agradecer, además, a millones de personas que están trabajando por nosotros aún sin conocernos, como son todo el personal sanitario, fuerzas del estado, y así un largo listado de profesiones que bajo su uniforme esconden una piel como la nuestra, un corazón que quiere sumar, para que nunca dejemos de creer y crecer. Hoy es momento de decir: Gracias, de corazón.

Un fuerte abrazo, y cuando todo vuelva a la normalidad, cuando vuelvan a tomarse ese café, esa cerveza bien fría, ese tinto de verano que le sabe a gloria, recuerden el verdadero valor que tiene no solamente en sí, sino el momento que está viviendo, porque esta es la última lección que nos dejan estas semanas: El tiempo no se recupera, por tanto, aprovechadlo.

“No conozco don más indiscutible que el de la tenacidad de propósito, que, a través de todos los reveses, jamás cambia, impávida en los buenos y malos pasos, venciendo toda oposición hasta llegar al puerto.” (Ralph Waldo Emerson)
“Nuestro espíritu ora es rey, ora tirano: rey cuando atiende a la virtud, cuida la salud del cuerpo que tiene encomendado y no le ordena nada vergonzoso, ni vil; mas cuando es inmoderado, ambicioso, antojadizo, se gana un nombre detestable y cruel y resulta un tirano.” (Séneca)

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“Obligados”a elegir

“Sin más, pondré la atención en mí y, cosa que resulta muy provechosa, revisaré mi jornada. Nos vuelve muy defectuosos el hecho de que nadie toma en consideración su vida; discurrimos sobre lo que hemos de hacer, y esto raras veces, pero no consideramos lo que hemos hecho; ahora bien, la previsión del futuro depende del pasado.” (Marco Aurelio)

El pasado sábado se volvieron a celebrar, como cada cierto tiempo, las jornadas de puertas abiertas en nuestra Universidad. Un momento clave para los futuros alumnos, a quienes se les da la posibilidad de conocer nuestras instalaciones, servicios que tienen a su disposición, o conocer por vez primera a alguno de los profesores que más tarde tendrán en clase.

Justamente cuando me estaba despidiendo de los padres que habían asistido, uno de ellos me dijo una frase que inicia la reflexión de este título: “Es que jope, cada vez les obligan a tener que elegir, decidir, antes, y están hechos un lío, no saben aun lo que quieren.” Y yo me preguntaba: ¿Cuál es el verdadero problema? ¿Realmente es demasiado pronto para tomar decisiones, con 17-18 años? ¿Acaso no van a tener que elegir, constantemente, durante el resto de su vida? Quizás, después de todo, lo malo es que aún no sepan qué significa tomar decisiones, y la importancia de ello.

El problema de no saber cómo, qué, cuándo, ni qué elegir o decidir, conlleva que uno no termina de aprender qué se siente cuando uno se equivoca, cuando uno acierta, qué implica equivocarse o acertar en las personas con quienes estás conviviendo cada día y cómo les afecta a ellos. Del mismo modo, implica en el chico la nula experiencia de sentir la libertad para decidir, la responsabilidad de ver cómo cambia la dirección de tu camino en función de tus decisiones; porque ya hay otras personas que están decidiendo por ti.

Con esto no quiero decir que al chico, desde edades bien tempranas, se le deje hacer absolutamente lo que quiera, cuando quiera, y como quiera. En absoluto. Más bien, tiene que ver, con saber qué distancia tomar con respecto a él para hacerle saber que estamos ahí, pero al mismo tiempo mediante preguntas (no imposiciones, ni órdenes), invitarle a que sea él quien vaya aprendiendo a decidir. Preguntarles para escucharles, escucharles para saber realmente qué quieren, qué esperan, cómo ven en definitiva el mundo a través de sus ojos.

¿Por qué es vital todo este proceso, y cuidar cada paso en ese crecimiento diario? La razón es muy sencilla: Para evitar la incoherencia. Sí, porque no se puede ser tan incoherente hasta el punto de que se lo demos absolutamente todo hecho desde pequeños, impidiendo que elijan, evitando que se equivoquen, o que acierten, pero en definitiva quitándoles su protagonismo; añadiendo además a eso un ensalzamiento de habilidades, esfuerzos, o atribuyendo méritos mediante recompensas a una serie de comportamientos que, no nos equivoquemos, son deberes, responsabilidades, que tienen, y que sin embargo les hacemos ver que es algo excepcional en ellos.

Hacer excepcional lo que debería ser normal es muy peligroso, más de lo que imaginamos, porque es la consecuencia directa que les lleva a vivir en una burbuja hasta determinada edad en la cual su entrenador, su profesor, su primera pareja, o en su primer trabajo, serán quienes les digan el primer “NO”, o la primera frase del estilo “Esto no se hace así. Te has equivocado”; o por otro lado preguntas del estilo: “¿Cómo hacemos esto?” Cuando esto sucede, es el mismo efecto que si la burbuja se pinchase, se aterrizase desde una altura estrepitosa, y ya solo el mero contacto con el suelo físico de verdad, con sus baches, piedras, o un poco resbaladizo, que puede generar pequeñas caídas asusta, y de qué manera.

Por todo ello no podemos exigirles, a cierta edad, que comiencen a elegir, a decidir, de manera adulta y responsable, si por el contrario durante sus edades más tempranas no aprendieron a hacerlo contestando a pequeñas preguntas, más asequibles acordes a su nivel de madurez. Y no aprendieron no porque no quisieran, sino porque directamente ni se les enseñó, ni más importante aún, no se les permitió ese pequeño espacio, esa distancia tan necesaria, que consiste en confianza, liberta, y responsabilidad, que se traduce en respetar su crecimiento.

Puede ser que dé miedo, vértigo, dejar esa breve distancia, y ver cómo se equivocan, como tienen una pequeña caída: pero creo sin ningún tipo de duda que será mejor tener esa pequeña equivocación, esa breve caída, acorde a su temprana a edad; a que cometan errores de una mayor dimensión, con peores consecuencias, y heridas realmente profundas. Todo este proceso no tiene nada que ver con tratar de ser perfecto, ni competir contra el resto en quien obtiene un mayor grado de puntuación. Este proceso tiene más que ver con un entrenamiento prolongado en el tiempo, un camino de descubrimiento de sí mismo a base de realizar las preguntas adecuadas, en los momentos correctos, para que sea capaz de recorrer este camino o viaje a Ítaca como diría el bueno de Jon Pascua Ibarrola disfrutando del viaje, sin cansarse jamás del paisaje.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y sigan disfrutando de su viaje.

 “la finalidad de la vida es el propio desarrollo. Realizar la propia naturaleza de la forma más perfecta posible…ésa es la razón de ser de cada uno en este mundo. Hoy en día, la gente tiene miedo de sí misma. Han olvidado el más importante de todos los deberes, el deber que cada uno tiene consigo mismo. Son caritativos, desde luego. Dan de comer a los hambrientos, y visten al mendigo. Pero sus almas se mueren de hambre, y están desnudas. Nuestra raza ha perdido su coraje. Quizás nunca lo tuvimos. El terror a la sociedad, que es la base de la moral, el terror a Dios, que es el secreto de la religión…ésas son las dos cosas que nos gobiernan.”(Óscar Wilde)
“Parte de tu capacidad para dirigir el país no tiene que ver con las leyes o normas, consiste en dar forma a la actitud, definir la cultura, y crear conciencia.
Cuando nos convertimos en presidente olvidamos lo que nos ha llevado ahí, que es nuestra capacidad de llegarle a la gente.
Tiene derecho a una opinión propia, pero no ha hechos propios.” (Barack Obama)
“El señorío interior del hombre, cuando va bien concertado con la naturaleza, adopta respecto a los acontecimientos una posición tal, que en todo momento puede modificarla fácilmente, a tenor de las circunstancias. No tiene preferencia por ninguna materia determinada; se dirige a los objetos principales, aunque con la debida reserva, y si alguno se le opone, conviértelo en materia de tu propia virtud, no de otra manera que el fuego cuando se apodera de los cuerpos que se le echan encima. Una pequeña mecha se apagaría, pero un fuego vehemente asimila pronto cuando se le arroja, lo convierte en sí mismo y se levanta así más alto.”(Marco Aurelio)
“El que se pierde en la vida, es el que no sigue a nada ni a nadie.” (José Antonio Fernández Bravo)
“Las decisiones que tomes en tu vida tienes que tomarlas con mucha claridad, y para ti, porque con quien vas a estar toda tu vida es contigo.” (José Antonio Fernández Bravo)
“Evolucionar significa simplemente cambiar de equivocación.” (José Antonio Fernández Bravo)

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Navidad y el resto del año

“Apenas amanezca, hazte en tu interior esta cuenta: hoy tropezaré con algún entrometido, con algún insolente, con un doloso, un envidioso, un egoísta. Todos estos vicios les sobrevinieron por ignorancia del bien y el mal. Pero yo, habiendo observado que la naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo torpe, y que la condición del pecador mismo es tal que no deja de ser mi pariente, participante, no de mi sangre o prosapia, pero sí de una misma inteligencia  y de una partícula de divinidad, no puedo recibir afrenta de ninguno de ellos, porque ninguno podría mancharme con su infamia.” (Marco Aurelio)

En estos días de Navidad, de reencuentros, de conversaciones retomadas que en su momento se perdieron, he escuchado a menudo la siguiente frase, en diferentes conversaciones: “te veo bien”; pero con cierta actitud de curiosidad, de querer saber más sobre el motivo de por qué está tan bien esa persona. Y a esto le añado otra frase típica más, de estas fechas navideñas: “nos tenemos que ver más.” Ambas resuenan estos días hasta el agotamiento, pero con la misma intensidad que aparecen se van. Y ese es justo el problema, que la amistad, el sentimiento de cariño, la confianza, no se construye en fiestas navideñas.

Hay una frase, del último anuncio de Braun (el cual comparto con vosotros al final del post), que me parece sensacional: “Las cosas de nuestra vida no deberían diseñarse para acabar tirándose, para acabar obsoletas, para ser sustituidas, sino para perdurar en el tiempo.” Lo mágico de preparar (que no comprar) un regalo en estas fechas, el sentido último de todo no debería ser el hecho de regalar, sino el significado que podrá tener para la persona que lo recibe, el impacto que tendrá en su corazón, los motivos, los recuerdos que evoca, el momento por el cual está pasando.

Por el contrario, se tiende a hacer con los regalos lo mismo que con los gestos y los detalles diarios, puro compromiso y quedar bien cuando en realidad no es necesario, de verdad. Y a veces, incluso, ese mero compromiso, ese gesto sin amor ni verdadera preocupación, causa más daño que efecto positivo en quien lo recibe por ser más consciente aún, si cabe, de lo poco que le importa a la otra persona.

Deberíamos ser más cuidadosos en cómo invertimos el tiempo con las personas que queremos; no por recibir nada a cambio (aunque siempre lo esperamos), porque como dice Marco Aurelio: “Si ejecutas la acción presente siguiendo la recta razón, celosamente, con firmeza, benevolencia y sin preocupación superflua, antes bien, conservando tu genio constantemente puro, como si debieras restituirlo al punto; si añadieres la condición de no esperar nada ni nada evitar, dándote por satisfecho con el trabajo presente conforme a la naturaleza y, en cuanto digas o propongas, con una sinceridad heroica, vivirás feliz. Y nadie podrá impedírtelo.”; sino por ser felices. Porque no nos engañemos, todos queremos ser felices, vivir feliz, y ver felices a las personas que queremos.

Pero para lograr esto último, para alcanzar esta felicidad y teniendo en cuenta que el ser humano es un ser relacional, hay que querer de verdad, de manera constante en el tiempo y no por fechas concretas (cumpleaños, Navidad, Semana Santa,…), no, no funciona así. A mi manera de verlo, es el mismo proceso que acontece con un artista en relación con su obra, de la misma manera que lo hacían Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, todos ellos se enamoraban de su obra, conversaban con ella, disfrutaban de ese proceso, de cada avance, de la utilización de materiales de primera calidad, estudiaban a fondo la perspectiva, los ángulos, la utilización de una tonalidad concreta de color u otra; el proceso, una vez más, es la esencia.

No existen los plazos, no existen las fechas, no existen los límites de lo que es poco o es mucho; pero lo que sí existe y probablemente funcione con cada uno de nuestros proyectos vitales es la nobleza, la honestidad, la autenticidad, de todos y cada uno de nuestros actos cuando verdaderamente salen del corazón. A todos nos emociona vivenciar momentos así, a todos nos gusta presenciar un acto así e incluso nos emociona aún no siendo uno mismo quien lo recibe. Entonces, si nos emociona, ¿por qué no emocionar nosotros?¿por qué no apartar el cinismo, la hipocresía, el engaño, la mentira, y empezar a ser auténticos?

Con los regalos navideños pasa lo mismo que con nuestro comportamiento, nuestros gestos, y nuestros detalles hacia las personas que queremos, que no deberían hacerse para luego dejarlos a un lado, para que acaben obsoletos, o finalmente siendo sustituidos por la verdadera personalidad que sale a relucir en el resto de ocasiones de manera cotidiana; sino más bien deberían ser gestos de amor, de bondad, de cariño, que perduren toda una vida. Y eso no se construye en Navidad, sino los restantes días del año. Solo de esa manera podrás saber , verdaderamente, por qué ves tan bien a la persona que tienes delante.

Siento haber estado tan desaparecido por aquí durante todo este tiempo, prometo no tardar tanto la próxima vez. Un fuerte abrazo, feliz año 2020, y que tengáis la mejor salud posible para disfrutar la vida que merecéis.

“Cuida que ninguno pueda decir de ti con verdad que no eres hombre sencillo o bueno; antes bien, que se engañe quien pensare de ti alguna de estas cosas. Esto depende totalmente de ti. Porque ¿quién te impide el ser bueno y sincero? Forma el juicio de que no te conviene vivir si no eres así, pues la razón no dicta que debas vivir siendo de otra manera.” (Marco Aurelio)
“En ningún lugar encuentra el hombre refugio más apacible, más tranquilo, que en su propia alma, sobre todo cuando atesora aquellos bienes que, con una sola ojeada, nos devuelven enseguida la libertad del espíritu: y lo que yo llamo liberad de espíritu no es otra cosa que el estado de un alma bien ordenada.” (Marco Aurelio)

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