¿Mejoramos mientras crecemos?

“Hace algunos años, el diseñador e ingeniero Peter Skillman organizó un certamen. A lo largo de varios meses, reunió a una serie de grupos de cuatro personas en Stanford, la Universidad de California, la Universidad de Tokio y varios lugares más. Desafió a los distintos grupos a que construyeran la estructura más alta posible con los siguientes elementos: -Veinte espaguetis sin cocinar. -Un metro de cinta adhesiva transparente. -Un metro de cuerda. – Un malvavisco de tamaño normal. El certamen tenía una regla: el malvavisco debía ir en la cúspide. La parte fascinante del experimento, sin embargo, tenía que ver no tanto con la tarea en sí como con los participantes. Algunos de los equipos se componían de estudiantes empresariales. Otros, de niños de preescolar.” (Si desean saber el desenlace de la prueba, les animo a continuar con el post; probablemente varios de ustedes se sorprendan.)

La semana pasada, aproximadamente a estas horas, poníamos rumbo a nuestro último día de congreso en la Universidad de Diderot, en París. Cuando estábamos llegando a la puerta, me llamó la atención un grupo de niños jugando al fútbol con una alegría desbordada, sin miedo al fallo o al error, y por supuesto emulando a los que recientemente se habían proclamado campeones del mundo, como eran Mbappé, Pogba, o Griezmann. Una imagen que emocionó porque hacía mucho tiempo que no la veía, por desgracia, y porque me recordaba a aquellos momentos en los que era yo en mi barrio quien jugaba al fútbol con los amigos, mis momentos favoritos de mi infancia.

Automáticamente enlazaba esa imagen con la cena que tuve con dos grandísimos amigos hace dos semanas, y en la que hablamos entre otros temas del miedo, del famoso miedo. Y más en concreto aún, de cómo y cuánto cambiamos conforme crecemos, lo que me llevaba a la siguiente pregunta: ¿verdaderamente evolucionamos mientras avanzamos en edad? Porque yo, honestamente y viendo ciertas situaciones, leyendo determinados estudios, tiendo a pensar que no, que hay algo que estamos haciendo mal, muy mal. ¿Por qué pienso esto? Si nos detenemos un momento a analizar, observar, podemos darnos cuenta fácilmente que cuando somos niños/as, no tenemos miedo al error, a equivocarnos, del mismo modo que vivimos la vida con alegría, con entusiasmo, con asombro, nos emocionamos con cada pequeño detalles; y así podría seguir con una lista que se antoja demasiado extensa.

¿Qué sucede cuando vamos acumulando años? La realidad es que, lejos de evolucionar, involucionamos. Es decir, comenzamos a tener prejuicios que antes no existían, desconfiamos por completo de nuestras capacidades, aparecen las inseguridades, los miedos acompañados del “y si…”; la calidad de las relaciones personales empeora porque no sabemos comunicarnos, aparece un desmesurado ego que impide disfrutar de la compañía de las personas que tengo a mi alrededor, no sé cómo disfrutar del momento porque siempre estoy pensando en lo que está por venir, dejo de tener tiempo para atender a un simple mensaje o una llamada porque “estoy hasta arriba de trabajo”; pérdida de consciencia en la escala de prioridades de qué es importante y qué no; nuestra capacidad para relativizar los problemas acorde a la importancia de los mismos…Y así, suma y sigue, pero un momento…¿no deberíamos para entonces saber gestionar todo esto? Entonces, ¿para qué nos han educado?

Esta es la pregunta, la conclusión a la que llegué después de esa cena. El niño/a involuciona, pierde esas capacidades para a partir de un punto de inflexión que, casi con toda seguridad, a todos nos llega en un determinado momento, volver a recuperar ese territorio perdido mediante un entrenamiento personal de la mente, una reorganización de su vida, con el fin de recuperar la orientación que probablemente hace muchos años que perdió. Si este patrón se conducta se repite tan a menudo, ¿para qué educamos en la escuela primero, en el instituto después, y posteriormente en la Universidad? La pregunta ideal sería: Para la vida. Pero es mentira, está claro que hay algo que se nos escapa, que falla por completo, porque a la vista está que hay mucho por mejorar en la sociedad que tenemos. Jóvenes que no saben que quieren hacer con su futuro, desconocen tan siquiera si tienen talento o no, no saben afrontar una mera conversación con otra persona porque son inseguros a la par que desconfiados. Por este mismo motivo, honestamente creo que se ha educado y se educa en muchos casos, para adquirir un título académico creyendo que eso facilitará la incursión en la vida profesional, pero verdaderamente no educamos para la vida.

No terminamos de comprender que lo personal y lo profesional van de la mano, por un motivo tan sencillo como que el desarrollo personal implica el desarrollo de habilidades sociales, la capacidad de generar auto conocimiento y auto confianza en las personas a quienes educamos, y esto nos permitirá con toda seguridad guiar a cada niño/a hacia su talento (que como bien diría nuestro querido José Antonio Marina, es la inteligencia bien dirigida). En lugar de adaptar al niño a nuestro modelo de enseñanza, deberíamos adaptar el modelo de enseñanza a nuestra clase observando qué perfil de alumnos/as tenemos, cuáles son inquietudes, sus habilidades, preferencias, y en base a ello, diseñar contextos que sean los suficientemente retadores como para que ellos y ellas, nuestros alumnos, formen parte de ese proceso.

Probablemente usted, querido lector, se pregunte cómo hacer esto. Aquí van mis reflexiones que comparto con todos y todas:

Nunca perder la alegría. Estamos muy equivocados pensando que, si nos reímos, si se ve disfrutando a un chico en clase, es porque el profesor no es serio o el entrenador no es serio. De la misma manera que estamos acostumbrados a escuchar: Hay que ganarse la vida. No, la vida está ganada desde el momento en que aparecemos en ella, porque somos conscientes de que cada día es un propio reto. La vida no se gana, la vida se disfruta, porque solo se vive una vez, y no hay mejor manera de aprovecharla.

Cambiar la imposición por la cuestión. Modificar nuestro lenguaje, cambiando las imposiciones por las preguntas. No dar las respuestas sino , más bien, plantear cuestiones que hagan al alumno tomar decisiones. De esta manera no solo estaremos enseñando al alumno a reflexionar, que es importante, sino mejor aún, aprenderá a ser responsable en base a las decisiones que toma.

Cariño sí, protección no. Es difícil evitar la protección (imagino) porque el cariño a veces impide activar ese mecanismo, pero creanme que hacemos un flaco favor protegiéndoles de absolutamente todo, de las caídas de una bicicleta, del coscorrón con el pico de una mesa. Con esto no digo que haya que propiciar que el niño termine hecho polvo cada semana, magullado y con heridas, pero detengámonos un momento. ¿Acaso la vida de adulto o adolescente no tiene peligros? ¿No será mejor que aprenda de pequeño a evitar el pico de una mesa mirando una vez que se ha dado la primera vez, o tomando verdadera precaución cada vez que monte en bicicleta o con el patinete? ¿Queremos adultos responsables o queremos cargar con su responsabilidad toda la vida?

Animar sí; validación constante, no. Es vital generar confianza en nuestros alumnos, mediante el correcto lenguaje que genere un incremento en su auto confianza en ellos y ellas, pero más importante aún es generar eso mismo con hechos, con actos cotidianos del día a día. La frase aplicable a un vestuario de: “los jugadores escuchan el primer día lo que dices, y a partir del segundo día escuchan lo que haces”; es perfectamente aplicable al contexto de la educación. De nada vale la constante validación, porque eso solo alimenta su ego haciéndoles creer que todo lo hacen perfecto, que son los mejores, que son muy buenos, y que no cometen ningún fallo.

-Y por último, pero no por ello menos importante; todo lo anterior aplicárnoslo a nosotros. Es decir, transmitir pasión por aquello en lo que trabajamos cada día, mostrando alegría, verdadero disfrute, siendo humildes en todo momento entendiendo que el principal protagonista de ese proceso son ellos, porque es su aprendizaje, es su crecimiento, lo que está en juego. No debemos diseñar las clases, o los entrenamientos, a la espera de una validación externa o premio; sino más bien con la última finalidad de enseñarles las mejores herramientas posibles para que, poco a poco, se reconozcan, sepan quienes son, para qué están aquí, y qué pueden aportar ellos a esta sociedad.

Como diría la canción de Café Quijano; déjame que pueda ser, el que siempre quise ser. Nada más, y nada menos. Les deseo un feliz fin de semana, y en especial para toda la comunidad de nuestra Universidad Francisco de Vitoria, profesores, personal de secretaría y administración, personal de mantenimiento; que tengáis unas grandísimas vacaciones, que las disfrutéis, y sirvan para volver con las pilas cargas. Gracias a todos y todas, por tanto.

Un abrazo muy fuerte, y disfruten de lo que la vida les regala a cada momento.

*¿Adivinan ya quienes ganaron el certamen? Efectivamente, los niños de preescolar. ¿Por qué? Aquí les dejo la explicación del autor: “Este imposible, como todos los imposibles, ocurre porque nuestros instintos nos llevan a centrarnos en los detalles equivocados. Nos centramos en lo que vemos, en las habilidades individuales. Pero las habilidades individuales no son lo que cuenta. Lo importante es la interacción.” (Daniel Coyle).

“No hay mayor ilusión que el miedo, ni mayor error que disponerse a la defensa, ni mayor desgracia que crear un enemigo. Quien pueda ver más allá del miedo siempre estará a salvo.”
“El desarrollo pleno de la persona pasa, pues, por el descubrimiento del sentido. Lo que supone que nuestro desarrollo nos hace cada vez más capaces de plantearnos las preguntas adecuadas. El asombro, la actitud de sorpresa ante la realidad, nos lleva a no dar nada por sentado, excepto el punto de partida: el hecho mismo de que nos encontramos ante una realidad interpelante, de que somos capaces de plantearnos las preguntas oportunas.” (José Ángel Agejas Esteban).

paris post

 

 

 

 

Estás justo a tiempo

Entender que no vamos tarde ni excesivamente pronto, sino que se trata de encontrar tu velocidad de vida probablemente ha sido uno de los conceptos que más he tardado en comprender primero, y poner en práctica posteriormente. No sé si es difícil o no, pero a mí me ha costado. Eso sí, una vez conseguido este paso, este objetivo, disfruto de la vida de una manera más real que no sé si es mejor o peor, lo que sí estoy seguro es que es verdadera y coherente.

Muchas veces sentimos una enorme presión por no tener la sensación de que avanzamos hacia los objetivos que nos hemos propuesto, por percibir que quizás no llega aquello que “nos merecemos” (o más bien, entendemos nosotros que nos lo merecemos). Esa presión se traduce en nervios, en estrés, en una modificación del comportamiento, cambio en nuestro estado de ánimo; en definitiva dejas de ser tú mismo, y lo que es peor, dejas de disfrutar de la vida que tienes cada día, por un pensamiento que tú mismo has creado: “no termino de tener lo que me merezco”.

Pero si somos capaces de parar, de pisar el freno, y darle la vuelta a esto, la primera pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Por qué me lo merezco?¿Acaso no estoy avanzando?¿Soy la misma persona que hace 9-11 meses?¿En qué he mejorado?¿Y qué es lo que necesito mejorar? Y creo, la más importante, que viene a continuación: ¿Por qué he dejado de ser yo mismo, por qué he perdido mi esencia? Después de varias semanas, para mí creo que he encontrado la respuesta con la ayuda de todo lo que he leído: Porque durante un espacio de tiempo, he vivido en mis expectativas y no en mis realidades.

Como bien dice Mario Alonso Puig: Cuando trabajamos para actuar en base no a nuestras emociones sino a nuestras elecciones, es cuando actuamos en libertad. Por eso es de vital importancia estar plenamente convencido de la decisión que tomamos, y a continuación comenzar a vivir esa experiencia que nos otorga la elección tomada. Este cambio de pensamiento nos permite disfrutar de cada instante, de cada experiencia, en base a mis decisiones y no en base a lo que me había imaginado que sería esta experiencia. Las hipótesis no valen, solo cuenta la realidad del momento que vives y tu capacidad de adaptación al mismo. Como diría un buen amigo, “has decidido esto, perfecto. Pues a partir de ahora, dificultad-solución, cuando se presente una dificultad del tipo que sea, busca una solución.”

Todo este planteamiento me lleva a la idea de qué importante es tener claro los pasos que quiero dar en mi vida, pero sin ponerme plazos. Porque las acciones que haga para acercarme a esos objetivos sí puedo controlarlas, pero los plazos que voy a tardar en acometer dichos proyectos no están en mi mano. Esa es la verdadera realidad, y lo que me permite vivir cada día sin nervios, sin presiones externas, sin estrés sin sentido; todo ello me permite enfocarme en la tarea olvidándome del reloj que llevo en mi muñeca, y del calendario que tenemos en nuestro teléfono. Y como consecuencia, soy feliz porque vivo como quiero.

Hay quien pensará que es absurdo marcarse objetivos sin ponerse plazos, porque puedes estar toda una eternidad persiguiéndolos. Puede ser, no he dicho que esta sea una receta general, pero sí hay algo que tengo claro. Cuando los objetivos, tus metas, tus sueños, llámalo como quieras, son coherentes con tu ser, en ese preciso instante empiezas a estar en tu camino, y cuando estás en el camino adecuado, notas como tu vida fluye, ni rápido ni despacio, simplemente fluye al ritmo que tú necesitas para ser feliz, para disfrutar. Ahí, en ese preciso momento, encuentras tu mejor versión y es cuestión de tiempo que todo termine llegando porque lo que antes entendías como sufrimiento, como queja, ahora se torna en pasión, motivación, ilusión por ser un poquito mejor que ayer.

Les dejo varias reflexiones y vídeos que espero les resulten interesantes. Les mando un abrazo enorme, y deseo de corazón que encuentren su velocidad de vida.

“Sé que solemos pensar que la clave de todo es hacer para así tener y luego ser. Llevar a cabo algunas acciones para tener ciertas cosas que nos permitan, a su vez, ser conocidos, prestigiosos o felices. Creo que ése no es un esquema saludable y, que tal vez, podríamos invertirlo. Cuando lo primero que uno busca es el ser, el hacer es congruente con ese ser, y eso es lo que da lugar al tener. Sólo desde el ser equilibrado, auténtico, íntegro y compasivo pueden nacer acciones tan diferentes en su cualidad que acaban cristalizando en nuevas realidades. Es nuestro nivel de consciencia lo que determina nuestro nivel de ser. La consciencia ordinaria equivale al plano de lo razonable y, por eso, se hace lo que es lógico hacer y se obtiene lo que es sensato obtener. Cuando se accede al nivel de consciencia no ordinaria, se hace lo que se hace, no porque uno tenga razones, sino porque así lo elige y por eso se obtiene algo por una parte extraordinario y por otra inesperado.” (Mario Alonso Puig)
“No pasa nada, así es la vida. Alguien se graduó a los 22, pero solo consiguió trabajo a los 27. Alguien ya tenía un postgrado a los 25, pero murió a los 50. Mientras que otro se graduó a los 50 y vivió hasta los 90. Hay alguien que está todavía soltero mientras que otro que estudió la secundaria con él, ya es abuelo. Hay quienes tienen pareja y aman a otra, hay quienes se aman y no son nada. Obama se retiró a los 55 y Trump empezó a los 70. Todos en este mundo viven de acuerdo a su propio tiempo. Las personas que te rodean pueden parecer ir delante de ti y algunos parecen ir detrás de ti, pero todos están corriendo su propia carrera en su propio tiempo. No los envidies, están en su vida y tú estás en la tuya. Así que, relájate. No has llegado tarde. No has llegado temprano. Estás justo a tiempo. Vive tu tiempo sin tener referentes, solo concéntrate en tu propósito.” (Anónimo)

vestuario japón

(La foto corresponde al vestuario de Japón, tras el partido de ayer contra Bélgica en el cual perdieron 3-2 en el último minuto, después de ir ganando 2-0) En lugar de dejarlo hecho un desastre, recogieron todo, para dejarlo como estaba, poniendo en el cartel que ven: GRACIAS. Este hecho me recuerda al momento de los capitanes de los All Blacks, recogiendo su vestuario ante la atónita mirada de James Kerr, diciéndole: Nadie cuida de los All Blacks, barremos nuestro vestuario.”) Una foto para la reflexión.


 

Adaptación y autocuidado

“Usted no tiene que convertirse en nadie diferente a quien ya es, porque, en su esencia, usted ya es perfecto, esto es, completo. Lo único que tal vez necesite es descubrir qué hay realmente detrás de las palabras YO SOY” (Mario Alonso Puig)”

Una vez que se dio por finalizado el Congreso de Coaching al que asistí durante el pasado fin de semana, de todo lo escuchado y reflexionado en el transcurso del mismo me fui con dos ideas en la cabeza: autocuidado y adaptación. El primer término referido a cómo me cuido yo, cuánto tiempo me dedico a mí, a mi persona con la simple finalidad de sentirte a gusto contigo; mientras que el segundo término iba más encaminado a nuestra capacidad de adaptarnos al entorno, ser conscientes de dónde estamos y cómo estamos obrando en consecuencia, si somos coherentes o no.

Normalmente en cada charla a la que se asiste todo va enfocado hacia las personas con quienes trabajamos, lo cual me parece perfecto por otro lado, y no seré yo quien le quite importancia. Ahora bien, mi buen amigo Álvaro creo que dio en el clavo mencionando el concepto de autocuidado, refiriéndose con ello a cuánto de bien nos cuidamos nosotros. Y lleva mucha razón, porque si no atendemos a nuestra persona, si no nos queremos y respetamos a nosotros, ¿cómo vamos a lograr esto en otras personas? Es inviable e incoherente a partes iguales, porque uno no brilla por tocar una tecla. Es un proceso de atención, de lo que demanda tu cuerpo y tu mente, de atender a las necesidades que tienes, consiste en encontrar un espacio y un tiempo para ti, simplemente para disfrutar de tu presencia. Se suele decir que uno no está preparado para vivir en compañía de otra persona, si previamente no ha aprendido a estar y disfrutar con su soledad. Sinceramente, cada vez le doy más razón a esta frase.

Da miedo no encajar en el trabajo en el que estamos, da absoluto pavor no encontrar a esa pareja, o media naranja como muchos os gusta llamarlo, con quien pasar el resto de nuestra vida. Y creo que estamos muy equivocados, porque cada vez tengo más claro que lo primero que debemos conseguir es encontrar ese ritmo de vida en el que somos felices, esa manera nuestra de vivir la vida que nos llene y nos haga sentir plenos, con independencia de los factores externos que puedan sumar a ese estado de felicidad. Cada vez asemejo felicidad a conocerse cada día mejor, lo relaciono con ser coherente en tu manera de vivir, de expresarte, muy resumido: Que tu SER y tu ESTAR vayan de la mano; eso es para mí felicidad. Y solamente cuando consigamos llegar a ese punto, estaremos en condiciones de solicitar más agentes externos, y solo entonces estaremos capacitados para ayudar, para liderar sumando, para brillar y ayudar a que otros brillen con fuerza.

Por otro lado, nuestra capacidad de adaptación al entorno (un entorno cada vez más VUCA) requiere de manera imprescindible que generemos la capacidad de mantener nuestro estado emocional en un punto medio, en un equilibrio que evite las montañas rusas, que evite las subidas y bajadas que tantísimo nos descolocan, que tanto daño nos hacen a nosotros, y en consecuencia modifican nuestra manera de ser, nuestras relaciones con las personas que más queremos porque nos vemos tan afectados por el contexto, que no somos capaces de mantenernos al margen, de entender que todo en la vida tanto lo bueno como lo malo es pasajero, que nada dura para siempre, y por tanto no es que sea bueno, es que es muy necesario generar y consolidar nuestra capacidad para encontrar cada día el equilibrio emocional de nuestra mente.

Entender que siempre existirá incertidumbre, en mayor o menor grado, pero que siempre habrá porque es imposible controlarlo absolutamente todo. Qué casualidad que solo nos acordamos de la incertidumbre cuando algún proyecto, o algún objetivo, no se materializa de la manera en que queríamos; pero sin embargo nadie se preocupa por esa misma incertidumbre cuando todo va bien. ¿Qué incoherencia verdad? ¿Acaso alguien te ha garantizado que, en ese momento de tu vida que todo va bien, ese estado va a ser para siempre?¿Verdad que no?¿No es verdad que podría llegarte cualquier llamada, y que todo se fuera al traste?Y sin embargo, ¿estás enfocado en el momento presente, verdad? Otra incoherencia, y por eso sufrimos tanto a veces hasta de manera innecesaria. Vaya bien, o vaya mal, nuestra mente debe estar enfocada en lo que queremos, en lo que suma, en el mismo punto, en los mismos objetivos y camino a recorrer. Con ello, conseguiremos tranquilidad, pausa, equilibrio, término medio, todos ellos elementos imprescindibles para ser capaces de disfrutar un poco más de los pequeños detalles que nos regala la vida. Como me dijo mi buen amigo Luismi el domingo, “no es malo tener ese tipo de emociones cuando te bloqueas; vívelas, siéntelas, pero déjalas ir, déjalas marchar.” Qué razón tienes amigo.

Y para terminar, hablando de entornos, de contextos,  en la cena que tuvimos el sábado se generó un bonito debate, en relación a la cantidad de veces que visualizan vídeos en fútbol base. Una temática que posteriormente el domingo tratamos, cuando teníamos que tomar decisiones en base al caso práctico que nos planteó Pablo López. Tanto la cena, como el caso práctico, me llevó a una reflexión: ¿Somos conscientes del contexto en el que estoy? ¿Soy coherente con mis exigencias, con lo que demando de mis jugadores, de mi grupo de trabajo cada día?¿cuando trabajamos, lo hacemos para el grupo o para mi promoción? ¿hablamos a los niños en fútbol como tal, o les tratamos como mini-adultos?¿soy consciente de la exigencia que estoy solicitando a mis trabajadores? ¿logra más éxito quien exige a base de “látigo”, o quien entiende dónde está, para quién y con quién trabaja, y además intenta que quienes están a su lado sean felices?¿Mandamos, administramos, o lideramos? ¿Y con mi vida?¿Mando, administro, o lidero en ella?

Para terminar, quería compartir con vosotros una historia que me parece sensacional:

“El soberano de un gran reino se encontraba ya en una avanzada y quería asegurarse de que, antes de abandonar el mundo, le transmitía a su hijo una importante lección. A lo largo de las épocas difíciles de su reinado, aquello había sido clave para mantenerse firme y conseguir que finalmente reinara en su país la paz y la armonía. Por alguna razón, el joven príncipe no acaba de entender lo que su padre le decía. 

-. Sí padre, comprendo que para ti es muy importante el equilibrio, pero creo que es más importante la astucia y el poder. 

Un día, cuando el rey cabalgaba con su corcel, tuvo una gran idea. 

-. Tal vez mi hijo necesita no que yo se lo repita más veces, sino verlo representado de alguna manera. 

Llevado por un lógico entusiasmo, convocó a las personas más importantes de su corte en el salón principal del palacio. 

-. Quiero que se convoque un concurso de pintura, el más grande e importante que se haya creado nunca. Los pregoneros han de hacer saber en todos los lugares del mundo que se dará una extraordinaria recompensa al ganador del concurso. 

-. Majestad- preguntó uno de los nobles-¿cuál es el tema del concurso?

-El tema es la serenidad, el equilibrio. Sólo una orden os doy-dijo el rey-bajo ningún concepto rechazaréis ninguna obra, por extraña que os parezca o por disgusto que os cause. 

Aquellos nobles se alejaron sin entender muy bien la sorprendente instrucción que el rey les había dado. 

De todos los lugares del mundo conocido acudieron maravillosos cuadros. Algunos de ellos mostraban mares en calma, otros cielos despejados en los que una bandada de pájaros planeaba creando una sensación de calma, paz y serenidad 

Los nobles estaban entusiasmados ante cuadros tan bellos. 

-. Sin duda, su majestad el rey va a tener muy difícil elegir el cuadro ganador entre obras tan magníficas. 

De repente, ante el asombro de todos, apareció un cuadro extrañísimo. Pintado con tonos oscuros y con escasa luminosidad, reflejaba un mar revuelto en plena tempestad en el que enormes olas golpeaban con violencia las rocas oscuras de un acantilado. El cielo aparecía cubierto de enormes y oscuros nubarrones. 

Los nobles se miraron unos a otros sin salir de su incredulidad y pronto irrumpieron en burlas y carcajadas. 

-. Sólo un demente podría haber acudido a un concurso sobre la serenidad con un cuadro como éste. 

Estaban a punto de arrojarlo fuera de aquella sala cuando uno de los nobles se interpuso diciendo:

-. Tenemos una orden del rey que no podemos desobedecer. Nos dijo que no se podía rechazar ningún cuadro por extraño que fuese. Aunque no hayamos entendido esta orden, procede de nuestro soberano y no podemos ignorarla. 

-Está bien- dijo otro de los nobles-pero poner poned este cuadro en aquel rincón, donde apenas se vea. 

Llegó el día en el que su majestad el rey tenía que decidir cuál era el cuadro ganador. Al llegar al salón de la exposición, su cara reflejaba un enorme júbilo y, sin embargo, a medida que iba viendo las distintas obras su rostro transmitía una creciente decepción.

-. Majestad, ¿es que no os satisface ninguna de estas obras?-preguntó uno de los nobles. 

-Sí, son muy hermosas, no cabe duda, pero hay algo que a todas les falta. 

El rey había llegado al final de la exposición sin encontrar lo que tanto buscaba cuando, de repente, se fijó en un cuadro que asomaba en un rincón. 

-¿Qué es lo que hay allí que apenas se ve?

-Es otro cuadro majestad. 

-¿Y por qué lo habéis colocado en un lugar tan apartado?

-Majestad, es un cuadro pintado por un demente, nosotros lo habríamos rechazado, pero siguiendo vuestras órdenes de aceptar todos los que llegaran, hemos decidido colocarlo en un rincón para que no empañe la belleza del conjunto. 

El rey, que tenía una curiosidad natural, se acercó a ver aquel extraño cuadro, que, en efecto, resultaba difícil de entender. Entonces hizo algo que ninguno de los miembros de la corte había hecho y que era acercarse más y fijarse bien. Fue entonces cuando, súbitamente, todo su rostro se iluminó y, alzando la voz, declaró:

-Éste, éste es, sin duda, el cuadro ganador. 

Los nobles se miraron unos a otros pensando que el rey había perdido la cabeza. Uno de ellos, tímidamente, le preguntó:

-Majestad, nunca hemos discutido vuestros dictámenes, pero ¿qué veis en ese cuadro para que lo declaréis ganador?

-No lo habéis visto bien, acercaos. 

Cuando los nobles se acercaron, el rey les mostró algo entre las rocas. Era un pequeño nido donde había un pajarito recién nacido. La madre le daba de comer, completamente ajena a la tormenta que estaba teniendo lugar. 

La serenidad no surge de vivir en las circunstancias ideales como reflejan los otros cuadros con sus mares en calma y sus cielos despejados. La serenidad es la capacidad de mantener centrada la atención, en medio de la dificultad, en aquello que para ti es una prioridad.”

Para terminar, hay una frase que mi amigo Álvaro dijo pero de cuyo autor no recuerdo: “Recuerda que eres mortal.” Que cada uno/a saque sus propias conclusiones, porque como siempre digo, este no es un blog de imposición, es un blog para cuestionárselo absolutamente todo, y a partir de ahí, seguir creciendo como siempre tratando de encontrar nuestra mejor versión. Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo.

“La manera en la que enfocamos nuestra atención puede ser fuente de equilibrio o de desequilibrio en nuestras vidas.” (Mario Alonso Puig)

“Nadie ve realmente una flor; es tan pequeña que no tenemos tiempo y ver requiere tiempo.” (Georgia O’Keefe)

“Muchos hábitos cierran puertas y lo que tenemos que hacer es abrirlas a base de prestar mayor atención a lo que hacemos.” (Mario Alonso Puig)

 

rayo majadahonda

Aceptar el ruido

“¿Cómo sería tu pareja ideal?” Esa es una de las preguntas que el pasado fin de semana, entre amigos daba el pistoletazo de salida a una conversación, a un debate, que aún a día de hoy resuena en mi cabeza por todo el hilo de pensamientos que se fueron generando en mi, conforme han ido pasando los días. La primera respuesta intuitiva que te viene a la mente es, lógicamente, pues de este tipo: ” Una chica que sea…. y…., …; así algo más extenso, porque lo tienes claro, o crees tenerlo claro. Ahora bien, con la misma velocidad llegaba otra respuesta a mi cabeza que decía: La realidad, es que no lo sé, porque puede que sea quien menos espero. Mejor vivir, que anticiparme. Pero, ¿por qué nos planteamos preguntas de este estilo?

He llegado a la conclusión de que nos manejamos muy mal en la incertidumbre, en la duda, en las cuestiones que al principio no tienen respuesta, porque queremos todo tenerlo atado, acotado, controlado al máximo detalle. De la misma manera, analizándolo todo con sumo cuidado me doy una probabilidad de respuesta: Porque soy ordenado, organizado, y me gusta tenerlo todo bajo control, que no se me escape nada. Escucho cómo resuenan esas palabras en mi cabeza, en mi mente, y no me convence esta explicación para nada en absoluto. Sigo analizando la obsesión que tenemos por controlar todos los factores que nos rodean, y esto me genera otro planteamiento que me convence más. El hecho de aceptar que no puedo controlar todo, que no puedo tener todo bien atado, me lleva a aceptar el silencio como consecuencia de que mi cabeza deje de pensar, de reflexionar, de repensar. Y ese silencio me lleva a un ruido que desconocía, a un ruido que tiene mucho que ver con mis preocupaciones, con mis miedos, con mis inquietudes, con reconocer mis debilidades, con reconocer mi vulnerabilidad; y a lo mejor es ahí donde comienzan todos mis problemas.

aceptar el ruido

Hablar por hablar, pensar por pensar, creo honestamente que es una actitud cobarde. Cobarde en el sentido de no querer aceptar la realidad de cada día, las cuestiones, los problemas, y las dudas que se nos plantean a cada momento, normalmente acerca de cuestiones que se escapan de mi control, de mi ratio de acción. Trato de tener la cabeza ocupada, darle vueltas a cuestiones que no me llevan a nada, en vez de centrarme, enfocarme, y ocuparme de lo que sí puedo gestionar. Es muy importante esto, porque los pensamientos que manejamos nos convierten, ineludible e inconscientemente en la persona que somos día tras día aunque no nos demos cuenta. ¿Qué quiero decir con esto? Que en un entorno más VUCA que nunca (Volátil, Incierto, Complejo, y Ambigüo), es de vital importancia dos aspectos: el control de nuestra atención y el control de nuestras emociones. 

Y para estos dos controles, ¿cuál es el aspecto que considero esencial? La pausa. En mi opinión, la pausa clarifica el pensamiento, amplía la mirada, y mejora la calidad de nuestra toma de decisión. Si nos analizamos, desarrollamos un análisis de las discusiones que tenemos con nuestras amistades, o con nuestras parejas, o en el trabajo, ¿cuál es la estructura que se desarrollan en esas conversaciones? Seré más concreto en la pregunta: ¿Qué punto o nexo de unión hay entre todas esas conversaciones? La escucha es inexistente. ¿Por qué? Porque no hay paciencia, porque no existe la calma necesaria para adoptar una predisposición de escucha verdadera, de atención, de comprensión, y de empatía. Hablamos superponiendo el contenido de las otras personas (de la misma manera que superpongo pensamientos absurdos en mi mente, en vez de dejar cuestiones que sí puedo afrontar), sin detenernos a analizar, a escuchar, sin pararnos a pensar y desarrollar una argumentación lógica que pueda debatir (que no discutir o cuestionar) el contenido de la otra persona. Es muy diferente. No existe pausa, porque lo queremos todo para “ya”, instantáneo, al momento, y esto no es raro porque es como estamos educando a los niños/as. Todo para “aquí y ahora”. ¿Por qué? Porque si soy incapaz de aguantar el ruido de mi cabeza en forma de suposiciones, de incógnitas (qué pasará mañana en la reunión…y si… y si esto…); cuanto más aguantar la queja o llanto del peque durante un tiempo razonable.

aceptar el ruido 2

Todo esta argumentación me lleva a otra pregunta: ¿Cómo voy a aceptar la realidad que puede estar viviendo la persona que tengo delante, si no soy capaz de aceptar la mía? Aceptación y desprendimiento son dos conceptos muy potentes, que deberíamos empezar a poner en marcha en nuestro día a día. Aceptación de afrontar todo cuanto esté por venir, con una actitud valiente, pero tranquila, con la firme intención de dar lo mejor de mi mismo en el momento en el que deba ponerme en marcha. Y de igual manera adquirir una actitud de desprendimiento total, que tiene mucho que ver con ese estado de flow tan necesario, ambos los dos muy relacionados con nuestra capacidad de vivir en el momento presente, centrando todos nuestros esfuerzos y toda nuestra atención en lo que nos ocupe a cada momento. Es cierto que irremediablemente hay que planificar, hay que mirar un poco hacia delante, y estoy de acuerdo. Pero no comparto la idea de que esa planificación me distraiga del momento que vivo, del momento que estoy disfrutando, y que me impida ser yo en mi esencia a cada instante. Eso sería un tremendo error.

Pero para vivir de esa manera, en la búsqueda de esa felicidad, todo tiene mucho más que ver con establecer una muy necesaria pausa en nuestras vidas, ser capaces de enfocar nuestra atención hacia donde queremos, saber gestionarnos emocionalmente aprendiendo a relativizar todo cuanto nos sucede día tras día, aceptar todo lo que pueda venir con la mejor de nuestras actitudes y dispuestos a sacar lo mejor de nosotros; y adquirir tal estado de fluidez que no seamos conscientes de cuánto tiempo pasa mientras realicemos la actividad que nos mantiene ocupados. Y..¿saben qué? De manera sorprendente, todo esto nos lleva a apagar el ruido que tanto nos atormenta en nuestra mente porque probablemente en ese preciso instante, nos ocupamos de vivir nuestra vida de la manera en que podemos (que quizás no es la queremos, pero sí la que decidimos disfrutar).

aceptar el ruido 3

Que tengan una muy buena semana, les mando un fuerte abrazo, y deseo de corazón que sientan vivos de verdad cada día de sus vidas. Siempre termina saliendo el sol, por más nubes que tenga tapándolo.

 

 

Jugadores de leyenda

“Es cierto que los capitanes de nivel uno, en el contexto de sus respectivos deportes, parecen únicos en su género. Por supuesto, no tienen nada que ver con los intachables líderes de nuestra imaginación. Sin embargo, al bucear en sus biografías observé otra cosa más: lo mucho que se parecían todos. Hasta un nivel espeluznante, sus comportamientos y creencias, y la forma en que abordaban su trabajo, mostraban una gran sintonía. El comportamiento impulsivo, temerario y supuestamente contraproducente que exhibían estaba calculado, de hecho, para fortalecer al equipo. Sus extraños y en apariencia incapacitantes rasgos personales no eran perjudiciales, sino que en realidad hacían a sus compañeros de equipo más eficaces en el terreno de juego. Después de todo, aquellos hombres y mujeres no eran aberraciones: eran miembros de una tribu olvidada. En total, había siete cosas que tenían en común: 1-. Extrema tenacidad y capacidad de concentrarse en la competición. 2-. Un juego agresivo que pone a prueba los límites de las normas. 3-. La disposición a realizar un trabajo ingrato en la sombra. 4-. Un estilo de comunicación discreto, práctico y democrático. 5-. La capacidad de motivar a otros con apasionadas exhibiciones no verbales. 6-. Fuertes convicciones y coraje para diferenciarse. 7-. Un férreo control emocional.” (Sam Walker)

Ayer por la noche, mientras veía las despedidas de Fernando Torres, Andrés Iniesta, y Xabi Prieto, mi cabeza por un instante se trasladó justamente a ese párrafo con el que comienzo este post. Capitanes, ese tipo de jugador con unos rasgos marcados, diferenciados, pero a la vez sorprendentemente comunes entre todos ellos, y en concreto en ellos tres. Tres jugadores increíbles, tres ejemplos de lo que un jugador de fútbol debería representar durante toda su carrera; tres personas con un corazón descomunal porque no se entiende de otra manera que tantísima gente hable de una manera tan cariñosa, tan emotiva, sobre ellos.

Los actos de ayer me ratificaron un pensamiento que siempre he llevado conmigo: Qué importante es la persona, su comportamiento diario, mostrándose como alguien digno, íntegro, coherente, y consecuente. Hasta qué punto puede llegar de manera tan clara a calar en los corazones de los trabajadores, de los compañeros, cuerpo técnico, aficionados, la sola presencia de un jugador como ellos en el equipo es simplemente espeluznante como diría Sam Walker, pero es una realidad que el impacto que generan con su comportamiento diario, con su manera de entender la vida, se traduce en el poder de generar influencia positiva, generar un potente sentimiento de pertenencia, y un compromiso absoluto por parte de todos los integrantes que permite que el equipo alcance registros inimaginables, que probablemente no se habían conseguido anteriormente.

fernando torres

Pocos temas me apasionan tanto como el liderazgo y la neurociencia, pero hoy quiero centrarme en el primero de estos dos conceptos. Termino llegando a la conclusión de que, de todos los componentes que pueden sostener el concepto de liderazgo, sin duda el que genera más impacto, más confianza, y más credibilidad, es el comportamiento de la persona día tras día. Puede parecer obvio, pero sin embargo no dejamos de ver las famosas arengas en niños de fútbol base, como si de mini adultos se tratasen, con el fin de motivar a los suyos, a su equipo, para ganar cuando en realidad el liderazgo de verdad, el liderazgo invisible que tanta influencia ejerce en el entorno en el que se produce, tiene más que ver con el día a día que con momentos concretos; tiene más que ver con actos que con palabras; ser ejemplar es generar motivos suficientes para que quienes están contigo se animen a sacar lo mejor de ellos para el colectivo.

Es sorprendente si hacemos una pequeña revisión bibliográfica cómo Phil Jackson ya afirmaba que “no hay nada más motivador que presentar un proyecto atractivo, retador, desafiante, y ambicioso a los jugadores”, refiriéndose con ello a la importancia de saber establecer objetivos que generen esa motivación, y en consecuencia planificar toda una temporada con pequeñas metas “volantes” que nos acerquen un poquito más cada día hasta nuestra meta final, que de final tiene poco porque será el comienzo de otro proyecto ambicioso porque así debe ser siempre, lo mejor estará por llegar al día siguiente.

Y de igual manera sorprende lo que nos explica Gilbert Enoka, sobre los momentos previos a los partidos: “Nosotros no realizamos arengas, ni discursos motivadores, porque entendemos que los instantes previos a un partido es un momento para ellos, para respetar a los jugadores y que cada uno visualice, se predisponga de la mejor manera posible para la batalla que después tendrán que librar.” El liderazgo de los AllBlacks no estaba en momentos determinados; residía en cada día normal de trabajo, en cada entrenamiento, en cada viaje, y tenía su nacimiento en los mantras, en algo que era superior a todos ellos, el hecho de ser un AllBlack con todo lo que esto conlleva.

andres iniesta

Como bien dice Sam Walker, “Los capitanes de nivel uno eran personas concienzudas, de principios e inspiradoras, y conectaban con sus compañeros de tal forma que incrementaban su rendimiento. Lejos de guiar desde una posición aventajada, evitaban los grandes discursos, huían de los focos y realizaban tareas difíciles e ingratas en la sombra. Todo esto nos lleva al estudio que realizó Reuven Gal, en 1982, y observando los expedientes militares de 283 soldados de su país llegó a la siguiente conclusión a modo de ecuación: LIDERAZGO=PxMxD, en la cual:

-P, hacía referencia al potencial, al don, al talento, que reside en una persona.

-M, hacía mención a la motivación de una persona en su carrera, en su persecución por alcanzar sus objetivos, sus metas.

-D, tenía que ver con desarrollo. Es decir, la capacidad de una persona para poner en marcha todos los mecanismos necesarios para estar a la altura del papel que se exige, y demostrar que tiene las cualidades adecuadas.

Dicha ecuación terminaba con la siguiente conclusión por parte de Sam Walker: “Los líderes deben aprender a convertirse en un prisma a través del cual se filtren las percepciones del grupo, y también a manipular esas emociones de un modo que eleve a los demás en lugar de intranquilizarlos confirmando sus temores.”

Es sorprendente cómo existe esa relación directamente proporcional entre el liderazgo bien entendido y ejercido en relación con el rendimiento de las personas que están alrededor, cómo afecta el mismo en sus emociones, en sus sensaciones, en sus creencias, en sus convicciones en relación a la capacidad de alcanzar un objetivo grupal o no. Fernando Torres, Andrés Iniesta, y Xabi Prieto son los claros ejemplos de cómo un liderazgo invisible basado en el compromiso, en el sentimiento de pertenencia a un club, a una identidad, a un ideario, a unos valores, puede llevar a generar ese compromiso por parte de sus compañeros que multiplique el rendimiento del equipo. Sin alardes superficiales, manteniéndose siempre alejados de los focos, con una humildad que alcanza cotas nunca vistas, han conseguido que ayer muchos nos emocionásemos viendo sus respectivas despedidas, a la vez que arrojasen un poco de esperanza en quienes a día de hoy seguimos creyendo que podemos lograr una sociedad mejor. Gracias por todo lo que nos habéis enseñado, de corazón, y que lo mejor aún esté por llegar para los tres.

Xabi Prieto

Les deseo que tengan una muy buena semana, y que recuerden la importancia de dejar un legado en las personas con quienes convivís en vuestro día a día. Eso es lo que han hecho ellos, y pueden creer que no hay mejor manera de sentirse pleno que aportando semillas de árboles que jamás veremos terminar de crecer. Un fuerte abrazo, de corazón a corazón.

“Los líderes se hacen, no nacen. Se hacen mediante un duro esfuerzo, que es el precio que todos tenemos que pagar para lograr cualquier objetivo que merezca la pena.” (Vince Lombardi)
“La teoría de Hackman consta de cuatro principios: 1-. Los líderes eficaces saben unas cuantas cosas. 2-. Los líderes eficaces saben cómo hacer unas cuantas cosas. 3-. Los líderes eficaces deben ser emocionalmente maduros. 4-. Los líderes eficaces necesitan cierto coraje personal. (Richard Hackman)”
“Mejoramos de estatus más deprisa, y de manera más fiable, actuando como si mereciéramos justo un poquito menos de lo que de veras merecemos.” (Deborah Gruenfeld)
“Un líder que no tema enfrentarse al jefe, o al jefe del jefe, o que tan solo se levante en medio de una reunión para decir: Esto es lo que estamos haciendo mal, constituye un componente esencial de la excelencia.” (Sam Walker)”
“Cuando un líder hace algo extraordinario en el terreno de juego, eso libera energías que ni siquiera sabías que tenías.” (Philipp Lahm)



 

Más allá de lo que puedas imaginar

“No sé donde está el límite, pero sé dónde no está.” (Josef Ajram Tares)

Hacía mucho tiempo, años, que no entrenaba a nadie de manera personal, simplemente porque no me gusta. No entra dentro dentro de esos contextos que me apasionen, y por tanto siempre desestimé esa vía. Y esa fue la explicación que le daba a Gemma, mi amiga, una persona a quien quiero con todo mi corazón, mientras realizábamos nuestra primera sesión de entrenamiento un lunes dos de Abril, aprovechando la pedazo de tarde que hizo. Pero efectivamente, ella fue la excepción. Decidí entrenarla porque, en mi interior, supe que más allá de los cambios físicos, fisiológicos, que pudiera experimentar, el más grande y más importante podría ser el anímico. Y solo por esa razón, quería ponerme en ese reto con ella.

Normalmente sucede que cuando te planteas retos, poco o nada puedes imaginar sobre tu progresión. Y es este el primer gran punto importante más que en el entrenamiento, en el acompañamiento personal (como luego lo llamaría ella): 1) Poner un reto que sea alcanzable, pero a la vez ambicioso, motivador, que nos ponga a prueba y nos lleve al límite. Un límite que en realidad, nunca sabremos dónde está. Y esta fue la pregunta que me plantee: ¿Qué reto podríamos poner con vistas a un mes? Es mucho más realista trabajar por objetivos, por metas que se puedan alcanzar; con todo lo que supone además a nivel anímico la consecución de ese logro.

unstoppables

Por tanto, con esa intención cierto día le dije a Gemma: Oye, he pensado que ya que nos hemos puesto a entrenar, necesitamos una meta en mente donde focalizar nuestra atención, nuestro…para qué. Y he pensado que podíamos hacer la Spartan Race, hay diversas modalidades pero dentro de ellas, la modalidad Sprint creo que en un mes es asumible prepararnos para ella. Cuando le enseñé el vídeo…me encantó su cara de “vamos a por ello Pablo, a cholón”. Y desde ese preciso momento, no solo teníamos un objetivo en mente, sino que incorporamos también nuestro nombre de equipo: UNSTOPPABLE’S TEAM. Equipazo que lo formábamos ella, Iñaki, y yo. Dicen que los mejores equipos están formados por tres personas, ahora doy fe de que es verdad.

Poco a poco fueron cayendo los días, de la misma manera que cae una ficha de dominó. Es curioso la analogía que hay entre el juego de caída de fichas de dominó, y la secuencia de entrenamientos programada de cara a un objetivo, ¿verdad? El trazado de las fichas debe estar perfectamente diseñado, la colocación, orientación de cada una de ellas, determinará que la caída de todas ellas finalmente haga descubrir la figura que queremos mostrar: 2) Los pequeños detalles marcan la diferencia. Atender en este caso no solo a la carga física de cada día, sino al acompañamiento que se hizo, saber aportar ese puntito de humor, de motivación, de generar confianza en las otras personas de que ese reto no solo es asumible, sino que se va a conseguir. Porque cada detalle, cuenta.

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Pasadas dos semanas y media, aún recuerdo la cara de Gemma por ver las repeticiones que hacía en cada ejercicio, el peso que levantaba en las máquinas de polea, el tiempo que estábamos corriendo, en la bicicleta, en la elíptica; y el número de abdominales que éramos capaces de acometer cada día, rechistando eso sí porque todo cuesta, pero haciéndolos. Esa cara suya de felicidad, por verse en un punto que no esperaba, por ver que realmente los cambios se estaban dando, el avance se estaba produciendo, y que poco a poco cada vez estábamos más cerca de sentir que podíamos asumir esa prueba. Honestamente, he visto y veo a Gemma como hacía mucho tiempo no la veía; por la cantidad de trabajo que ha tenido y tiene, por todas las responsabilidades que su vida conlleva. Y aún con todo, en modo avión bajando a entrenar en numerosas ocasiones días seguidos a las 8:15 de la mañana por ser el único hueco disponible. Todo cuesta; pero verlo de esa manera constante, perseverante en el tiempo, a mí me emocionaba y mucho. Decía en cierta ocasión mi amigo Álvaro Merino, que “la mejora es una mezcla de responsabilidad y esfuerzo sostenidos en el tiempo”. Esto nos lleva a: 3) Capacidad para ser constante en aquello que quieres, que persigues, teniendo al mismo tiempo presente la importancia de disfrutar del proceso, del camino que recorres hacia la meta. Porque sabes que esa meta no es nada más que el inicio de otro reto, de otro camino. 

A falta de una semana y media, aproximadamente, fui pensando de qué manera hacer el recorrido especial, qué componentes podrían ser significativos en el propio recorrido del trayecto. Pensé que sería vital que Iñaki estuviera, por habernos acompañado en todo este proceso, por lo importante que es tanto para mí como para Gemma su presencia, su persona, su sentido del humor, su vitalidad, su honestidad; Iñaki tenía que estar allí con nosotros. Se me ocurrió que podía ser bonito escribir frases que para los dos fueran motivadoras, en las camisetas de nuestra querida universidad Francisco de Vitoria, pero de una manera especial. En mi camiseta irían escritas las frases de Gemma, y en la suya mis frases, de tal manera que si existiera algún momento duro, pudiéramos llevar nuestra atención hacia la lectura de esas frases: 4) Visualizar tus objetivos, con sus dificultades, sus posibles problemas, y qué soluciones podemos dar, o mejor dicho, que podemos dar de nosotros en esas situaciones para salir adelante. Es un símil potente con nuestra vida diaria, en la cual se plantean dificultades, adversidades, que debemos contar con su presencia, pero ser plenamente conscientes de que podemos afrontar lo que venga.

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Y así con todo, llegó el día de la prueba, de nuestra Spartan Race Sprint en la modalidad Age Group. Nervios, hormigueo, y esa sensación tan bonita de enfrentarte a lo desconocido, al reto que querías, a la meta que te habías puesto en tu mente justamente hace un mes. Iñaki si quedaría con Blanca esperándonos, e intentando seguir nuestro recorrido en la medida en que les fuera posible, y nosotros dos entrando ya en el circuito para asumir el primer muro de los muchos que nos encontraríamos, el cual deberíamos pasar por encima. Comenzaba la cuenta atrás, lágrimas de emoción por estar donde queríamos estar y asumir el reto que queríamos. Nuestra cámara Go Pro grabando “inside” desde dentro, mientras que Iñaki no perdía detalle con su teléfono móvil desde fuera. Comenzaba la cuenta atrás….10…9…8…7……Salimos¡¡¡¡¡

No quiero aburrirte querido lector con toda la descripción de la carrera, con todos sus obstáculos, pero sí quiero quedarme con la esencia de alguno de ellos:

-La cara y las exclamaciones de Gemma, por haber superado con total éxito los primeros muros ella sola, sin necesidad de ayuda, y por tanto sin necesidad de hacer los burpees (malditos burpees, por cierto).

-Cuando primero entramos en el río hasta la cintura, y luego nos tocó nadar; aguantar ese frío, esa temperatura tan baja, y sin embargo ahí seguimos, sin parar de nadar, sin parar de movernos, hasta que otra vez volvimos a pisar tierra.

-Ese instante en el que se termina la incesante cuesta, y Dios nos regala una panorámica espectacular ante nos quedamos asombrados, emocionados. Después de cada desgaste, siempre hay algo bonito que contemplar.

-El momento de la prueba de la cuerda, que yo no fui capaz de superar y ella aguantó 30 metros colgada de manos y piernas, avanzando, peleando por no caerse y tocar el suelo. Todo lo que pasó por esa cabeza, y que solo lo sabe ella, hasta conseguir tocar la campana. Bajar de esa cuerda, verla llorar de emoción, cómo me lo contaba, y seguir corriendo hacia el siguiente obstáculo. Siempre avanti, siempre hacia delante.

-Ese tramo final de carrera donde nos esperaban Iñaki y Blanca, para hacerlo juntos los 4, sin parar de correr, sin parar de animarnos ellos, que teníamos que seguir, que ya no quedaba nada, siendo conscientes de que ya íbamos con un cansancio notable. Ese aliento, ese empuje, ver sus caras, tanto a mí como a Gemma nos dio la vida.

-Por último, uno de los muros finales, después de salir de la ciénaga de barro, y miro que Gemma se queda enganchada, lo que viene siendo “ni hacia delante ni hacia atrás”. Ambos sabíamos las reglas, no se puede ayudar. Miré al voluntario, y en esa mirada le dije todo: “Tengo que ayudarla, no podemos quedarnos en la orilla, merecemos llegar.” Y él, con un solo gesto me dio el suficiente motivo para agarrarla y subirla hasta donde estaba yo. Rompió a llorar, otra vez esa emoción que invade a una persona que sabe, está a punto de lograr el reto que se había marcado, y que tanto nos había costado. No era justo que nos quedásemos ahí. Le dije que tranquila, que llorase lo que tuviera que llorar, porque ya casi estábamos, ya lo teníamos.

-Y la imagen más bonita, cuando Iñaki (una vez más tú, querido amigo, tan importante para mí, para Gemma) nos pasó a Blanca para que terminase la prueba con nosotros saltando por encima del fuego. Blanca diciendo que no podía, y nosotros dos agarrando fuerte sus manitas, comenzamos a correr hacia ese fuego, pasando por encima de él, cruzando la meta…y allí nos esperaban las dos voluntarias con las medallas, con esa medalla que certifica el conseguir completar el recorrido. Con una medalla especial para Gemma, diferente a la mía, más molona, mas chula, más bonita, porque simplemente se lo merecía. Cualquiera que la hubiera visto competir esa mañana, sabía que se lo merecía.

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5) La libertad está en cómo vivo aquello que me toca vivir. Y esto, creo que se puede extrapolar a cualquier contexto, a cualquier situación, en la que nos encontremos. Como diría Jim Collins: “Perdurar o caer, sobrevivir o desaparecer depende más de lo que tú te hagas a ti mismo que de lo que el mundo te haga a ti.” 

Termino de escribir estas líneas aún con el cuerpo tocado por pasar la Spartan Race de ayer, pero muy emocionado por ayudar a una persona a conseguir sacar su mejor versión, en un contexto en el cual ella tenía dudas. Pero mi conclusión de hoy la cierro con que todos tenemos dudas, preguntas, a las cuales buscamos respuestas. Somos nosotros quienes tomamos nuestras decisiones, de la misma manera que somos el producto de nuestras decisiones, pero cada vez tengo menos dudas en que la vida, compartida, sabe doble. Que todos los días sale el sol, Txipirón; que la vida mola y mucho; que nos tomamos muy en serio la felicidad; que el amor es el camino; que somos el amo de nuestro destino y capitanes de nuestra alma; que si luchamos podemos perder, pero si no luchamos estamos perdidos; porque juntos podemos ser llegar a ser… UNSTOPPABLE’s. 

Con todo lo vivido en esta tremenda Spartan, volvíamos de vuelta en el coche los cuatro cuando llamé a mi madre por teléfono, activando el altavoz para que pudieran escucharla, después de haberle mandado las fotos que nos habíamos hecho, y después de decirle también que la medalla de Finisher que me colgaba del cuello era su regalo del día de la madre por todo lo que había supuesto, y supone para mí tener una madre como ella. Lo que mi madre le contestó a Gemma mientras hablaban hizo que, por un momento, fuera a mí a quien se le formase un nudo en la garganta: “Te creo Gemma, porque lo que ha hecho hoy contigo lo lleva haciendo conmigo desde que nació, tirando de mi para que todo saliera bien, cuando él peor estaba. A veces creo que es demasiado valiente, pero le admiro por esa capacidad para afrontar todo.” Justo en ese momento, el que lloraba de emoción junto con el tremendo silencio que se hizo en el coche, era yo.

Es probablemente en esos momentos cuando uno llega a comprender, entender, ser consciente, del alcance que puede tener tu actitud en el estado anímico de las personas que tienes a tu alrededor. No entiendo otra manera de vivir y entender la vida, que no sea desde el liderazgo invisible que me enseñó mi amigo Álvaro Merino, el cual no es otra cosa que hacer que todo funcione sin que tu presencia se note.

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Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y sigan persiguiendo esos retos.

 

 

 

La cuestión de ser profesor

“¿Cuál es el resultado que buscamos? No, desde luego, un híbrido consecuencia de la yuxtaposición de conceptos filosóficos o teológicos junto a los científicos. No se trata, tampoco, de que el profesor de Matemáticas o el de Informática expliquen Metafísica o Teología en sus clases, sino de que en sus explicaciones, en su trato con los alumnos, en su comunicación, y partir de los contenidos de su materia, les remitan a las preguntas fundamentales, a la verdad, al bien, al por qué de las cosas. Se trata de replantear cada una de las asignaturas superando los límites de cada área de conocimiento, ampliando horizontes y buscando en nuestra enseñanza una dimensión mucho más profunda”. (María Lacalle Noriega)

Hace unas semanas que me encuentro leyendo, estudiando, y reflexionando el libro de María Lacalle Noriega, y cuando me encontré delante de ese párrafo me vino a la mente el comienzo de las clases de la Especialidad de Educación Física, en nuestro Máster de formación en profesorado porque honestamente para mi suponía un reto mayúsculo. Tenía muy claro el perfil de alumno que iba a encontrarme, con una franja de edad bastante amplia, lo cual implica mayor exigencia por la experiencia que puedan tener, por su capacidad, y muchos factores que hacían ya complejo no solo el hecho de impartir clase, sino que voy un poco más allá. Con esto me refiero a tu capacidad para asombrar, para sorprender, y que eso combine con la utilidad de ese conocimiento o herramientas que compartes con tus alumnos/as.

En aquel momento, en esa primera clase de un sábado 18 de Noviembre, tomé nota de las expectativas de ellos, de las suyas conmigo y con la asignatura. Hubo quien hasta me dijo de manera honesta, clara, y breve: “Tengo puestas todas mis expectativas en ti, y en lo que pueda llevarme de la especialidad.” Todo cuanto me dijeron, todos los mensajes que me transmitieron, solo pude tomar nota de manera cuidadosa para después elaborar el mapa mental en mi cabeza de cómo rediseñar, repensar, replantear, mi asignatura de la Especialidad. La conclusión a la que llegué es que querían retos, sentirse expuestos, probarse como profesores, desarrollando a la vez sus habilidades como tal; y me dije: Pues habrá jaleo, habrá retos. Además, me parecía totalmente lógico.

 

De tal manera que cuando comenzamos la asignatura de Didáctica, tuve muy presente esta información organizando dicha asignatura de la siguiente manera:

1)- Role Playing: Con el fin de que cada uno de ellos viviera en su piel, de manera directa, lo que es tener un profesor con una personalidad determinada, y al revés. A quien le tocase ejercer el rol de profesor, saber lo que se siente cuando un alumno te pone contra las cuerdas, en el más absoluto sentido de la palabra.

2)- Desarrollo de las sesiones de micro enseñanza: Durante varias clases, debían preparar previamente el contenido de la sesión que querían llevar a cabo, para luego realizar una sesión de micro enseñanza de una duración de 20-25′, siendo grabados para después recibir una valoración del resto, con 18 comentarios, feedbacks, que llegaban a su email de manera privada con el fin de poder atender a pequeños detalles que de otra manera, cuando nos encontramos inmersos en la tarea docente, no los percibimos.

3)- Open Space: Dinámica con la cual, el pasado viernes, finalizamos las clases no solo de la especialidad sino también de todo el Master. Semanas antes hablé con mi amigo Álvaro Merino, le comenté que había dejado a propósito la última tarde de clases libre porque quería finalizar de una manera chula, práctica, que dejase un buen recuerdo en ellos pero sobre todo, que les pusiera en el eje de todo cuanto se desarrollase en esa clase. Y él me comentó de esta dinámica, la cual hace que se generen una serie de comportamientos en el transcurso y desarrollo de la misma que vale la pena poner en juego.

open space

A día de hoy, escribo estas líneas sin saber mi valoración como profesor este año, por tanto no tengo nada que me haga escribir de manera subjetiva. Entonces, ¿por qué el post hoy va de esto? Tan sencillo como decirte, querido lector, que lo que he podido vivir este año con ese grupo de la especialidad de Educación Física ha sido increíble, por todo lo que me han enseñado ellos a mi, por sus comentarios, sus reflexiones, sus conclusiones, sus análisis; absolutamente todo ha sido enriquecedor para mí. Esta experiencia me lleva a la conclusión de que las personas, ante todo, queremos que nos ilusionen, que nos pongan a prueba, que nos enciendan una mecha de motivación, ganas por mejorar, intención de ir a más, de probarme y retarme de manera constante.

Me he dado cuenta de que es imprescindible mostrarte tal y como eres. En mi caso, contarles mi historia, por qué entiendo la educación, la vida, de la manera en la que la concibo porque consideraba importante este detalle. Que supieran que todo lo hago, lo pienso, lo reflexiono, con un por qué y un para qué, porque la vida sin sentido no sirve absolutamente de nada. Esto unido a una actitud de humildad, de predisposición a ser medio y no protagonista (los protagonistas son ellos, nuestros alumnos), hace que se consiga un estado de flow, que permite que ellos también cuenten un poco de su historia, de esas que salen del corazón, porque todos tenemos una historia que contar, y como diría mi amigo David; una particular Copa de Europa que ganar.

He aprendido que para ser un buen maestro, un buen docente, no sólo debes controlar a la perfección los conocimientos de la asignatura que impartas sino, yendo un poco más allá, debes entender con la misma perfección a los alumnos que tienes delante. Y entenderles es conocerles, es saber cuáles son sus inquietudes, sus expectativas, pero también sus miedos, sus temores, sus dificultades, porque enseñar es asombrar, es sorprender, es enamorar, es enganchar a tus alumnos cada día. Por eso ser docente, ser un maestro, exige tantísimo, porque no sólo transmitimos conocimientos, sino que debemos generar los contextos necesarios para emocionar, porque es en la emoción donde reside el aprendizaje que perdura en el tiempo.

Solo me queda darles las gracias a ellos, a todos y cada uno de los que componen ese TEAM que me ha hecho vibrar en las clases, que han sacado lo mejor de mi, que me han emocionado y aportado tantísimo a mi crecimiento personal y profesional. Os deseo lo mejor, que tengáis suerte en esa búsqueda de oportunidades, y que comencéis desde ya a generar oportunidades porque el talento lo tenéis, eso os lo aseguro.

Y a ti, querido lector, desear que hayas disfrutado del puente (si lo has tenido), así como animarte que a sigas brillando cada día con la mayor intensidad posible. Tu luz, es la referencia en el camino de muchos; no te apagues nunca. Un fuerte abrazo, y disfruten de la vida lo máximo posible.

“Ser maestro es convertir el conocimiento en experiencia y la información en vida compartida por el alumno.” (Massimo Borghesi)
“Debemos ser conscientes de que la más fuerte de las influencias que ejercemos no procede de lo que decimos, sino de lo que somos y hacemos. Esto último crea la atmósfera, y el alumno va poco a poco absorbiendo todo como por ósmosis, a veces hasta sin darse cuenta. Las palabras mueven, pero el ejemplo arrastra.” (María Lacalle Noriega)
“El saber que se transmite a los alumnos en la universidad se hace persuasivo para el alumno cuando se encarna en personas, es decir, cuando encierra una verdad sobre la que se puede tener experiencia y dar testimonio. Por eso, toda la personalidad del profesor interesa y afecta a los estudiantes: su competencia pedagógica, el dominio de la materia que enseña, y también sus cualidades humanas y morales, su cultura general, su manera de evaluar, su forma de relacionarse, etc. Todo tiene una repercusión decisiva en la formación del alumno.” (María Lacalle Noriega)
“La libertad está en cómo vivo aquello que me toca.”
“Aprenda para la vida; cuestiónese todo.”

grupo especialidad EF

Chester: Charla completa con Jesús Calleja