Lecciones detrás de una puerta

“Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felizmente. Pero andan a ciegas, cuando tratan de encontrar aquello que hace feliz la vida. No es fácil, por tanto, conseguir la felicidad, pues, con cuanto mayor afán uno la busca, más se aleja de ella, si ha equivocado el camino.”

(Séneca)

Estábamos viendo mi novia y yo uno de los capítulos de la serie HIT (por cierto, altamente recomendable) cuando en uno de los sucesos, por un momento, mi mente se iba muy lejos de allí y en concreto aterrizaba en mi etapa del colegio.

Era una tarde de primavera muy calurosa, con un sol de justicia y aunque no recuerdo ni lo que sucedió antes ni lo que ocurrió después, ese instante lo tengo grabado como si fuera ayer. No recuerdo cómo ni por qué, pero de repente me vi encerrado en el baño de las chicas, con no menos que seis o siete “machotes” obstaculizando la puerta, primero cerrada y luego con ellos delante. Burlas, ofensas, mientras no me dejaban salir. Pero si algo tenía claro, es que iba a salir, ya lo creo que sí.

De repente, encontré la manera yéndome hacia el fondo del baño para coger carrerilla y lanzarme hacia ellos. Si se apartaban, perfecto. Si no lo hacían habría un golpe bastante serio pero no me importaba, del mismo modo que a ellos no les importaba reírse de mí. Sucedió lo primero, según me vieron venir las caritas iban cambiando y se apartaron al instante, desapareciendo toda la “valentía” que podían mostrar seis indecentes delante de una puerta aunque uno de ellos mientras pasaba me diese una colleja, sí, por la espalda, como los cobardes, como lo que eran.

Es sorprendente cómo puedo recordar todos esos momentos con una claridad realmente alta, cómo aparecían esas risas durante los dictados en clase de lengua porque era yo el que siempre preguntaba al profe si podía repetir. O cómo también era yo el que preguntaba en los listenings de inglés si también podían volver a repetir ese fragmento de audio, porque lógicamente con ese aparato de audio tan pésimo un chaval con un apenas 60% de audición no podía seguir, ni de lejos, ese ritmo y entender lo que se decía en el audio. Adaptaciones curriculares, creo que lo llaman ahora. Varios de esos profesores aún, probablemente a día de hoy, siguen sin entender que en ese momento necesité ayuda por su parte.

De cada una de esas experiencias aprendí como alumno que se va a convertir en adulto que la vida no es fácil, no es nada sencilla, pero que siempre hay un motivo de más positivo por el que seguir en la pelea: tus padres, tu pareja, tus amigos de verdad, tus sueños, tus metas. Que ellos te apoyarán, te querrán y estarán ahí, pero que a veces las decisiones y las elecciones dependen única y exclusivamente de ti.

En segundo lugar, como profesor que ahora soy, hace tiempo que me hice la promesa consistente en que sabría mirar y escuchar con el corazón a todos mis alumnos, para evitar en la medida en que esté en mi mano la falta de atención que yo sentí en esos años de colegio. Porque estoy firmemente convencido de que todos guardan un don, un talento, que en el contexto adecuado y con las dosis de confianza, motivación y compromiso adecuadas pueden hacer que se conviertan en las personas que estás llamadas a ser.

Y por último, aprendí que todas esas situaciones solo se superan con amor, amor verdadero que evita cualquier rencor y que te ayuda a que no te importe tanto la vida de los demás para saber cómo les va a quienes te hicieron daño, como sí la tuya, asegurándote de que tu enfoque, tu energía, tu ilusión y motivación están enfocadas de la manera correcta. Un amor que entiende muy poco de palabras pero, en cambio, lo es todo en los actos, en la manera de proceder día a día, en tu comportamiento, en tu mirada, en tu sonrisa y en el brillo de tus ojos. Eso justamente, una sonrisa y brillo en los ojos, es lo que todos necesitamos todos los días, cuesta 0 € y a veces supone una inyección de energía que transforma más de lo que se puede imaginar.

Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo y ayuden a brillar, a crecer, que la vida si es compartida sabe doblemente mejor.

“No hay que amar a lo que enseñas, si no a quiénes enseñas. Sentirte como compañero, yo siempre me he sentido en mi ya larga carrera universitaria (puede sonar raro, o que suene como suene), me he sentido amigo de mis alumnos. […] Lo que realmente somos es lo que hemos aprendido, lo que nos han enseñado y eso no tiene nada que ver con una enseñanza aprendizajoide, sino con una enseñanza de comunicar sentidos, de comunicar inquietudes, de comunicar crítica. […] Enseñar a los alumnos a mirar, a hacerse ser humano se hace uno antes enseñando a mirar. Enseñando a mirar una naranja, a mirar cómo pasa el agua en el transcurso de un río, o mirar el cielo.”

Emilio Lledó

“La cultura no se mide solo en la mayor cantidad de museo, de bibliotecas, de medios de comunicación, sino en ese otro más diario y modesto rasero, en el que hayamos sabido enseñar a mirar, a amar la mirada, en el que hayamos aprendido a convertir los ojos infantiles o juveniles en <<visión>>, y enriquecer, así, la luz del sol con la luz íntima y singular de cada inteligencia.”

(Emilio Lledó)

“Decidamos, pues, a dónde queremos ir y por dónde. Pero, no sin ayuda de persona experimentada, que conozca bien el camino por donde queremos ir, pues en este viaje no se dan las mismas condiciones que en otros. En éstos siempre hay algún sendero, y los lugareños a quienes preguntamos no permiten extraviarnos. Aquí, en cambio, el camino más trillado y más conocido es el que más nos engaña.”

(Séneca)

¿Para qué ir a la escuela?

Esa misma pregunta fue la que se me planteó en mi cabeza, querida ministra, cuando boquiabierto leía la noticia de que ahora exista la posibilidad de que se pueda obtener el título de ESO y Bachillerato sin límite de suspensos. ¿Para qué ir a la escuela entonces? ¿Qué finalidad y qué sentido se le trata de dar, en consecuencia, a la educación en este país con esa medida?

Querida ministra, a la escuela creo que hay que ir para transformar. Sí, transformar. Transformar a la persona en aquello que está llamado a ser, que puede ser y que merece ser, a base de trabajo, compromiso, confianza y dedicación. Dedicación por parte del alumno y de un maestro que, como muy bien dice Emilio Lledó:

“Se necesita la compañía de un maestro que haga sentir lo que los libros dicen y apreciar, en el sonido de las páginas que pasan, cómo se avientan las semillas, las ideas que encierran. Por eso es tan importante, además de las materias, más o menos oficiales, de los siempre maltrechos planes de estudio, la lectura de obras literarias, que el maestro hace apreciar con su amor a lo que enseña y a los que enseña.”

(Emilio Lledó)

Se educa de manera apasionada, decidida, convencida y comprometida viendo en el alumno oportunidades de conversación, de compartir puntos de vista, de diálogo, de poner todas las inquietudes encima de la mesa para, de esa forma, saber cuándo toca escuchar y cuándo toca hablar. En consecuencia, cuando toca hablar uno sabe qué decir, qué explicar, cómo enlazar el contenido que aparece en el proyector con la experiencia de vida que uno tiene y así que el alumno entienda la finalidad del conocimiento que se le transmite. Para que comprenda que se aprende viviendo, sintiendo, emocionándose y siendo parte de un proyecto, el suyo, no un mero espectador.

Y todo esto, sin quererlo, lo estamos logrando mediante la herramienta más potente que tenemos en la educación, en nuestras relaciones sociales y en la vida que vivimos a cada momento: el lenguaje. Porque como muy bien nos recuerda, de nuevo Emilio Lledó:

“El lenguaje no es solo un medio de comunicación: es un mundo por conquistar cada día a la luz de ese ideal ético que convierte a la existencia humana, a pesar de todas las violencias y adversidades, en una empresa gozosa, en un asombroso destino.”

(Emilio Lledó)

Fíjese, un mundo por conquistar, el que cada uno tenemos en nuestro interior y que mediante esa búsqueda, ese plantearse cuestiones, reflexiones, hacen que poco a poco vayamos teniendo más claro cada día qué camino queremos recorrer, ya no solamente como maestros, como profesores de secundaria o profesores de universidad, si no lo que es más trascendente aún, encontrar la respuesta a la pregunta trascendente acerca de qué camino quiero recorrer como persona y de qué modo quiero dejar huella en ese camino recorrido.

Somos lo que hacemos, lo que decimos, lo que sentimos y ,en consecuencia, vivimos. Es del lenguaje de dónde parte todo, es gracias a este medio de comunicación que logramos conectar con los alumnos, con las personas con quienes compartimos cada día, porque se equivoca muy poco cuando Emilio Lledó afirma que “Yo soy yo y mi lenguaje. Yo soy lenguaje. Unas manos etéreas, hechas de prejuicios, de egoísmos, de oscuridad y luz, de veracidad y falsedad. La educación en ese lenguaje que nos constituye puede servirnos para iluminar la realidad, para vivir, para llegar a ser, para alcanzar el <<deber ser>>.”

Quizás por eso, en consecuencia, es tan importante no solo ir a la escuela si no saber qué finalidad tiene la misma en nuestras vidas, como punto de partida del desarrollo del talento de miles de jóvenes cada día, como contexto que genere un compromiso con el crecimiento de dentro hacia fuera para hacer una sociedad tremendamente mejor de la que tenemos, como lugar donde se puedan sembrar semillas de árboles que jamás veamos terminar de crecer. Quizás, si esto lo tuviéramos claro, ustedes en el Palacio de las Cortes también tendrían muy presente cuál es su particular <<deber ser>>.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo y, a pesar de las circunstancias, tratemos de sacar lo mejor que tenemos en nuestro corazón cada día. Ahora, más que nunca, hace falta remar fuerte y juntos.

“Serán ellos, los políticos, a quienes no esté permitido toca el oro ni la plata, ni entrar bajo el techo que cubran estos metales, ni llevarlos sobre sí, ni beber recipientes fabricados con ellos. Si así proceden, se salvarán ellos y salvarán a la ciudad. Pero si adquieren tierras, casas, dinero, se convertirán de guardianes en administradoras trapisondistas y de amigos de sus ciudadanos en odiosos déspotas. Pasarán su vida entera aborreciendo y siendo aborrecidos, conspirando y siendo objeto de conspiraciones, temiendo, en fin, mucho más a los enemigos de dentro que a los de fuera y así corresponderán en derecha al abismo, tanto ellos como la ciudad.”

(Platón, República III, 417 a-b)

“Luchamos por formar una ciudad feliz, en nuestra opinión, no ya estableciendo desigualdades y otorgando la dicha en ella solo a unos cuantos, sino a la ciudad entera.”

(IV, 420c)

¿Quién es el enemigo?

“La mejor manera de vivir es darle importancia a todo lo que uno haga.” (Quino)

No podía empezar este post de otra manera que acordándome de alguien que, a través del cómic, nos ha invitado a reflexionar tantísimo de manera permanente durante todos estos años. Y de todas las reflexiones y frases que podía elegir hoy comienzo con esta. Porque esconde la esencia del post de hoy: encontrar al enemigo, al que todos creemos tener cerca pero que quizás nunca existió.

Lo digo porque normalmente los enemigos aparecen cuando uno deja de mirar a su camino para observar con envidia, con frustración, con remordimiento y a veces hasta rabia el camino que recorre la persona que tiene a su lado. Es una cuestión de foco, de mirada y de manera entender la vida. Darle importancia a todo lo que uno haga es, implícitamente, no dársela a lo que hagan los demás. No me refiero con esto a que no nos alegremos de los logros, de las metas que las personas que amamos consiguen, porque eso no es el camino que ellos recorren sino más bien la consecución o llegada a una meta volante dentro del propio camino.

Me refiero, más bien, a que cuando uno pone toda su energía, toda su pasión, todo su compromiso, en la tarea que le ocupa a cada momento no puede hacer más que crecer. Porque no se desgasta con los logros de otro, ni se para a valorarlo si lo consiguió de manera merecida o no, ni se cuestiona si ese logro es mejor que el suyo, más complejo, o más difícil de conseguir. Directamente no le importa, porque lo importante es lo que le ocupa en ese preciso instante.

Y esto solamente se consigue alcanzando la velocidad que uno necesita, ni más lento, ni más rápido, tan simple como la velocidad que uno requiere para disfrutar de la vida, para disfrutar él y las personas con quienes comparte ese momento. Una cuestión de foco de atención, una vez más. Les pongo un ejemplo para que lo entiendan: Los entrenadores de fútbol a veces, con mayor o menor tendencia, nos metemos en la inercia de querer más, de querer un equipo “mejor”, en una categoría superior, con la idea de escalar hasta llegar al primer equipo. Pero el problema es que es tal inercia que uno adquiere con el transcurso de los días, que termina olvidándose por completo de lo que jamás puede caer en el olvido: Darle máxima importancia al equipo que ahora entrenas.

Se llega a un punto en el que nos olvidamos de la tarea que nos ocupa, ya sea educar a nuestro grupo de alumnos, entrenar a nuestro equipo de fútbol del barrio, liderar nuestro pequeño departamento de ventas. Y todo porque empezamos a mirar hacia fuera, empezamos a creer que merecemos más de lo que en ese momento tenemos, empezamos a mirar los ascensos o logros de otros compañeros y así de la misma manera que aparecen la envidia, la frustración, comienza a desaparecer de nuestra vida el disfrute, nuestras ganas de crecer y nuestro empeño por cuidar los pequeños detalles.

¿Y qué sucede cuando desaparece esa atención a los pequeños detalles, esa pasión por la vida que uno vive? Les contesto con una moraleja que me enseñó mi pareja hace unos días:

“Si recoges 100 hormigas negras y 100 hormigas rojas y las pones en un jarro de vidrio nada pasará, pero si tomas el jarro, lo sacudes violentamente y lo dejas en la mesa, las hormigas comenzarán a matarse entre sí. Los rojas creen que las negras son las enemigas mientras que las negras creen que las rojas son las enemigas cuando el verdadero enemigo es la persona que sacudió el jarro. Lo mismo ocurre en la sociedad. Hombre vs Mujeres. Izquierda vs Derecha. Rico vs Pobre. Fe vs Ciencia. Joven vs Viejo. Profesor vs Alumno. Etcétera. Antes de ponernos de pelear entre nosotros debemos preguntarnos. ¿Quién sacudió el jarro?

Quizás el origen del problema venga porque, desde pequeños, educamos en que hay que ser el mejor, en que debemos saber absolutamente de todo, controlar de todo, ser el primero, obtener el mayor número de ventas y, lo que es peor, a cualquier precio. Pero como muy bien dice un buen amigo siempre importará el cómo conseguimos aquello que logramos, la manera en la que recorremos nuestro viaje determina el grado de felicidad que obtenemos en el transcurso del mismo. Un grado de felicidad que solamente se puede obtener cuando uno demuestra dignidad e integridad en su manera de vivir y entender la vida. Porque como muy bien dijo en su momento Pasolini:

“Pienso que es necesario educar a las nuevas generaciones en el valor de la derrota. En no ser un trepador social. Ante este mundo de ganadores vulgares y deshonestos, de prevaricadores falsos, ante esta antropología del ganador de lejos prefiero al que pierde.”

Que tengan una muy buena semana y, sobre todo, vayan paso a paso, momento a momento, partido a partido. Un fuerte abrazo, sean felices.

“¿Quiere decir eso que no podemos elogiar entusiásticamente a nuestros hijos cuando hacen algo muy bien? ¿Tenemos que reprimir nuestra admiración por sus éxitos? No, para nada. Solo significa que debemos mantenernos alejados de cierta clase de elogios: los que juzgan su inteligencia o su talento, o los que implican que nos enorgullecemos de su inteligencia o de su talento en lugar del trabajo que han realizado.” (Carol S. Dweck)

“No me vengan con lamentos

Hablo de sobrevivir

Y seguir coronando montañas y seguir conquistando escaleras

En el tiempo de descuento, regateando al porvernir.” (Leiva y Jopaquín Sabina-Partido a partido)

Tu entorno y el camino que recorres

Decía Séneca que “no hemos de preocuparnos de vivir largos años, sino de vivirlos satisfactoriamente; porque vivir largo tiempo depende del destino, vivir satisfactoriamente de tu alma” y creo que no le falta razón. La reflexión de Séneca es una invitación a que nos enfoquemos no tanto en el cuánto sino en el cómo, en la manera en la que aprovechamos cada instante, cada momento que vivimos y para conseguirlo creo que existen dos elementos de vital importancia: tu entorno y el camino que eliges recorrer, las decisiones que a cada momento vas tomando en base a esos valores innegociables que cada persona debería tener en su interior.

En relación al entorno, según leía estas líneas de Séneca me acordaba del documental de Anelka, la entrevista a Gacheta y por último, el recién estrenado documental de Fernando Torres. Es curioso ver cómo los tres llegan a la misma conclusión: la importancia de tu entorno, de las personas que te rodean, quienes están contigo en la victoria y en la derrota, en las noticias buenas o no tan buenas. Un entorno que, normalmente, suele ser bastante reducido pero un entorno al mismo tiempo que vamos eligiendo nosotros. Decisiones. Qué importante es saber decidir, elegir y sin embargo en la escuela no nos enseñan a ello, ¿verdad? Tremendo pero cierto, porque estamos decidiendo a cada momento.

¿Cómo saber si las personas que elegimos son las adecuadas, las correctas, las que nos hacen crecer y nos invitan cada día a que saquemos lo mejor de nosotros? La respuesta es fácil y nos la da en unos versos preciosos Mario Benedetti: “Me gustaría pasar el resto de mis días con alguien que no me necesite para nada pero que me quiera para todo.” Dicho de otro modo, que quiera estar en nuestra vida siendo nosotros mismos, tal y como somos. Más resumido aún: Estar. Vivir la vida no es otra cosa, o al menos así lo entiendo yo, que estar de verdad, de manera plena, auténtica y verdadera. Estar de verdad es, al mismo tiempo, poner toda tu atención en la persona que tienes al lado. Escuchar de verdad para saber cómo animar, cómo alentar, cómo arrimar el hombro de la manera que la otra persona necesita. Es escuchar, mirar y hablar con el corazón, mediante amor verdadero. Porque para estar, primero hay que querer estar.

Y en segundo lugar está el camino que recorres, un camino que se vuelve pleno de verdad cuando lo compartes con esas personas. ¿Saben porque emociona luego echar la vista atrás? Por las personas con quienes has vivido esos momentos y esos momentos van ligados a un significado especial porque tú has sabido dárselo centrándote en la persona, no en dónde estás. Que se te ponga una sonrisa en la cara, una lágrima de emoción o la “gallina de piel” como diría el bueno de Johan Cruyff, no depende de dónde estés, sino de con quién. Por eso da igual si la cena es en Roma o en Marbella si delante tienes a la persona que amas; si te encuentras con tus padres de vacaciones en un lado o en otro, porque lo que quieres y más deseas es verles felices; de la misma manera en el contexto deportivo da lo mismo conseguir un ascenso en una categoría u otra; y así sucesivamente, porque lo verdaderamente importante es con quién estás. Porque la calidad del corazón de las personas con quienes estás te lleva a convertirte en una clase de persona u otra.

Teniendo en cuenta que atravesamos momentos difíciles, conviene recordar que ante tanta incertidumbre (siempre la hubo, aunque quizás ahora esté elevada al máximo exponente) la mejor decisión que uno puede tomar es aportar tanto amor como pueda a su entorno, ayudarles sabiendo escucharles y tener la paciencia para saber a cada instante cuál es la decisión más adecuada, sin precipitarte, sin apurarte demasiado. Me gustaría concluir con una reflexión de Fernando Savater, quien dice que “después de tantos años estudiando la ética, he llegado a la conclusión de que toda ella se resume en tres virtudes: coraje para vivir, generosidad para convivir y prudencia para sobrevivir.”

Que tengan una muy buena semana y traten siempre de aprovechar cada momento que la vida les regale, porque si de algo podemos estar seguro es que ese tiempo no vuelve. Un fuerte abrazo, cuídense mucho y sean felices.

“Creo más en esos equipos donde nadie se cree más que nadie, pero que juntos pueden llegar a crear cosas extraordinarias a pesar de sus imperfecciones, simplemente porque la fuerza de sus complementariedades es superior a la de sus falencias. Adoramos la perfección, pero a menudo aborrecemos a los perfectos.” (Xavier Marcet)

“El sumo bien es inmortal, no sabe dejar de existir: no conoce el hastío ni el arrepentimiento. Pues un espíritu recto nunca cambia, no se odia así mismo, porque siempre exige lo mejor.” (Séneca)

Virtud y felicidad

“Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felizmente. Pero andan a ciegas, cuando tratan de encontrar aquello que hace feliz la vida. No es fácil, por tanto, conseguir la felicidad, pues, con cuanto mayor afán uno la busca, más se aleja de ella, si ha equivocado el camino.” (Séneca)

Es justo en esa búsqueda de la felicidad cuando aparece la virtud, como cualidad de la persona que afronta la adversidad que se le pueda presentar en el propio transcurso del camino. Un camino que, por otro lado, todos esperamos que conduzca a la tan ansiada felicidad. Séneca nos regala una lección maravillosa consistente en entender, realmente, la importancia de la virtud para llegar a comprender que la felicidad no es un lugar, no reside en un concepto material concreto o determinado, ni tiene que ver con llegar a una estación determinada. La felicidad, por el contrario, se logra cuando el camino se recorre de manera virtuosa. Pero, ¿en qué consiste esto?

Consiste, como bien dice el propio Séneca, en evitar que “os atemoricen aquellas pruebas que los dioses inmortales ponen como estímulos al alma. La adversidad es ocasión de virtud. Y con razón serán llamados miserables los que se anegan en una felicidad desmedida, donde como en un mar tranquilo los detiene una calma nunca rota. Cualquier trance que les sucediere será una novedad: las cosas adversas atormentan más a los faltos de experiencia.” Porque justamente en eso, o al menos para mí, consiste vivir de manera plena y feliz, en acumular tanta experiencia como sea posible.

En estos tiempos en los que existe un elevado grado de incertidumbre, de temor, de preocupación, de querer encontrar respuestas a preguntas de manera permanente, quizás afrontar el día a día como un constante aprendizaje y permanente ejercicio de superación, en equipo y de manera conjunta, de mantener la calma afrontando la adversidad como una oportunidad de mejora personal sea más necesario que nunca.

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Cualquiera de nosotros desearía que estos momentos que vivimos jamás hubieran sucedido, partimos de esa premisa clara e inequívoca. Pero toda vez que nos encontramos aquí es imprescindible para tomar buenas decisiones pensar con calma, ordenar nuestros pensamientos y mirar dentro de nosotros tal y como nos invita a hacer Séneca: “Busquemos algo bueno, no en apariencia,sino sólido y valioso, y más hermoso aún por su interior. Ahondemos, no está lejos. […] . Vida feliz es, pues, aquella que sigue su naturaleza, que no se puede alcanzar más que con alma sana y en perfecta posesión de su salud.” Cuidemos el alma, desarrollemos nuestra virtud tratando de afrontar los pequeños o grandes obstáculos que la propia vida nos va deparando a cada instante y evitemos la comparación, el mirar a la persona que tenemos al lado porque eso solamente genera un desgaste innecesario que nos quita fuerzas para vivir nuestro camino de manera plena.

Un camino que, por otro lado, es mucho más bonito, pleno, enriquecedor y valioso cuando lo transitas en compañía de las personas a quienes amas, a quienes quieres ver felices cada día de tu vida, personas a quienes cuando ves sonreír tu corazón siente que puede absolutamente con todo. Todo camino necesita de amor para comprender, entender, sentir, emocionarse, no por grandes cosas materiales sino por la esencia de la vida: sujetar con fuerza la mano de la persona a quien amas, ver a tus padres sanos y felices, sentir los logros personales y las alegrías de tus amistades más cercanas como tuyas, como propias y celebrarlas de manera especialmente emotiva. Esa es la verdadera felicidad y me atrevería a decir que la manera más auténtica de vivir la vida.

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Como muy bien dice el maestro Séneca: “Quien está bien fundado, quiera o no, se sentirá inundado de una continua alegría de un supremo gozo venido de lo más hondo, pues vive contento con sus bienes sin codiciar otra cosa de sí. ¿Por qué, entonces, no ha de valorar estas cosas y compararlas con las pequeñas, frívolas y constantes movimientos de nuestro cuerpecillo? El día en que se sienta esclavo del placer, será víctima del dolor.”

Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo y feliz vida.

“Buscar la serenidad me parece una ambición más razonable que buscar la felicidad. Y, quizá, la serenidad sea una forma de felicidad.” (Jorge Luis Borges)

“El problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles sino importantes.” (Winston Churchill)

 

Centrado en sí mismo

“En un buen equipo, durante momentos difíciles, sus componentes están pendientes del exterior. En un gran equipo, durante momentos difíciles, sus integrantes se centran en sí mismos.” (Pep Marí) 

Cuando leía el otro día estas líneas de Pep Marí me hacían reflexionar acerca de la importancia de dos aspectos de la persona: la capacidad para enfocarse en uno mismo y su capacidad de adaptación antes las diversas adversidades que el propio día a día te va presentando. De hecho, uno de los temas de conversación de ayer con mi querido amigo David Vesga fue ése: cómo preparamos a los jugadores, estudiantes o equipo de trabajo para ese devenir, ese transcurso del día a día.

Saber cómo enfocarte, cómo adaptarte, tiene mucho que ver con tu capacidad para abrir la mente y examinar tus experiencias. Debes estar dispuesto, en definitiva, a ser vulnerable. Sí, vulnerable, ese adjetivo que tanto chirría en muchas cabezas de jefes de equipo pero los líderes auténticos saben que es un requisito imprescindible a incorporar en su adn profesional y personal. Debemos estar dispuestos a examinarnos en profundidad para detectar cómo somos, de qué herramientas disponemos y cuáles son las que nos faltan, cuáles son las que aún no tenemos y que, de tenerlas, no solo nos permitirían dar un salto cualitativo sustancial si no que, más importante aún, ayudaríamos de una manera increíble a nuestro equipo de trabajo. Porque para llegar a un objetivo colectivo, todos debemos dar el paso de querer conocernos y reconocernos.

BASKONIA

Querer conocernos y reconocernos implica, como muy bien dice John Donahoe, ser auténtico, mantener la esencia de uno mismo sin que importe la situación en la que uno se encuentra. Añade, además, que “el mundo es capaz de modelarte si no le opones resistencia. Para lograr ser tú mismo en la vida, debes tomar conciencia de tus elecciones. No siempre es fácil tomarlas y, al hacerlo, cometerás muchos errores.” Error implica capacidad de aprendizaje, implica querer crecer y , por encima de todo, evitar repetir el mismo error dos veces porque como muy bien recuerda Pep Marí: En un buen equipo, de un error aprende quien lo comete. En un gran equipo, de un error aprenden todos.” Esto conlleva compromiso en el proyecto del cual formo parte y confianza en todos mis compañeros, además de atención y concentración en cada día, en cada sesión, en cada partido, atendiendo al…proceso. No es que suene muy poético, es la realidad. Lo más verdadero, realista, que podemos proponer a un equipo es atender al proceso tratando de hacer las pequeñas tareas del día a día de la mejor forma posible teniendo en presente que, aún con todo, puede que el resultado final no sea el esperado porque siempre habrá elementos que se escapen de nuestro alcance, de nuestro control.

Ayer los partidos de playoffs de ascenso a 2ªB nos regalaban una lección aplicable a cualquier escenario (el deporte, como dice mi buen amigo Álvaro Merino, nos regala lecciones de aprendizaje muy potentes cada día para nuestra vida). Recuerdo que el comentarista en cierto momento dijo que era increíble y sorprendente los resultados que se estaban dando, algo con lo que no estoy nada de acuerdo. En una fase de playoffs como la que se está disputando, a partido único, con innumerables factores totalmente nuevos, estos partidos son de todo menos predecible, como la vida misma. La lección que nos regalan este tipo de eliminatorias es que centrarse en uno mismo, concentrarse en el momento que vives, en lo que puedes controlar y poner todo lo que hay dentro de ti en cada acción para sumar al equipo en cada disputa de partido intentando que ese equipo saque la mejor versión de sí mismo, es la disposición más realista que uno puede tener ante un reto similar.

SD huesca

Porque como muy bien dice Bill George, “para los auténticos líderes hay recompensas especiales. Ningún éxito personal puede igualar el placer de liderar a un grupo de personas que lucha por un resultado que merezca la pena. Cuando llegas al final y te dispones a cruzar la meta junto a los demás, todo el dolor y el sufrimiento que has padecido desaparece rápidamente y es remplazado por una profunda satisfacción interna que proviene del hecho de haber logrado fortalecer a los demás y, por tanto, de haber logrado un mundo mejor. Este es el orgullo y la satisfacción del auténtico liderazgo.

Cuando nos centramos en nuestro proyecto, en las personas que lo componen, somos realmente capaces de aportar ese valor añadido tan necesario para que todo el equipo crezca, avance y quiera sumar a una sociedad tan necesitada de educación, valores, compromiso, solidaridad y sensibilidad. Es precisamente el instante en el momento en el que esto sucede cuando, todo lo que nos rodea fuera, no nos importa en absoluto, no nos distrae, ni nos quema, ni nos amarga la existencia porque lo que tenemos frente a nosotros nos llega al corazón, nos toca y se convierte en una fuerza tremendamente poderosa que nos ayuda cada día a mostrar lo que tenemos dentro de nosotros. Miremos dentro para ser capaces de vivir con, por y para quienes están a nuestro lado. Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo y nunca dejen de seguir su camino rodeado de personas auténticas. 

“Los miembros de un buen equipo se respetan. Los miembros de un gran equipo se admiran.” (Pep Marí)

“Todos tenemos la semilla del liderazgo en nosotros mismos, tanto para los negocios como para trabajar en el gobierno o para ser un voluntario de una ONG. El desafío consiste en conocernos lo suficientemente bien para saber dónde podemos usar nuestro liderazgo para servir a los demás.” (Ann Fudge)

“El punto de partida de la trayectoria de un auténtico líder es entender su propia historia vital. Tu historia vital te proporciona el contexto de tus experiencias y, a través de ellas, puedes encontrar la inspiración para dejar tu huella.” (Bill George)



 

 

The Normal One

Hace unos días el Liverpool FC conseguía por primera vez en su historia desde que entró en vigor el nuevo formato de la Premier League la consecución de un título tan esperado para los reds, y creo que con ello además el Liverpool FC aprovechó para regalarnos una serie de reflexiones aplicables a la empresa, a nuestro trabajo y en consecuencia a nuestra vida cotidiana.

En primer lugar el acierto pleno en la contratación de un entrenador como es Jurgen Klopp, alguien que en su rueda de prensa de presentación se definió como The Normal One. Quizás en ese momento no se le dio la importancia que, con el paso de las temporadas, esa frase iría adquiriendo poco a poco. La normalidad traducida en un comportamiento diario, en una conducta y manera de proceder que lleva a la excelencia personal, paso indispensable para la consecución tanto de logros individuales como colectivos.

Detalles que Jurgen Klopp nos ha ido regalando a quienes nos apasiona el deporte, la gestión de equipos y el liderazgo temporada tras temporada:

1-. Generar un sentimiento de pertenencia fuerte, no solo con el equipo sino con la ciudad, tanto en él como en su cuerpo técnico, trabajadores del club y jugadores.

2-. Llamar por su nombre a cada uno de los trabajadores que componen el organigrama del club. Siempre que leemos esto pensamos que es algo de sentido común, pero pocas veces se aplica poniendo la excusa de que no tenemos tiempo para ello. Sin embargo, nada genera más compromiso en una persona a quien aún no conoces que mostrándole que te interesas por saber cómo se llama, cómo está y qué necesita para sentirse comprometida con el proyecto al que ambos pertenecéis.

3-. Transparencia y autenticidad con sus jugadores: Generó el hábito de abrazar a sus jugadores tras terminar cada encuentro, haciendo sentir además que no era un abrazo por obligación si no más bien una forma honesta de agradecer el esfuerzo que han hecho durante el partido y en la preparación previa al mismo. Los gestos generan un impacto mucho mayor que las palabras y más si cabe cuando son auténticos.

4-. Mostrarse coherente y consecuente, independientemente de lo que suceda: Su claridad para transmitir el mensaje partiendo de lo que sabe, teniendo presente sobre qué debe opinar y sobre qué no implica al mismo tiempo mostrar humildad, reconocer que no controla de todos los ámbitos o contextos. (Vean la rueda de prensa en la que se le plantea la pregunta concerniente al Covid-19).

5-. Hacer sentir a la afición que está emocionado con ellos: Demostrar en cada partido esos gestos al acabar, repitiéndolos tres veces, que está conectado con ellos y que recuerda que precisamente por la afición no pueden salir a cada partido con otro planteamiento que no sea aquél consistente en que el equipo trabaje, disfrute y haga disfrutar a la afición con su entrega. Tratar de disfrutar y hacer disfrutar tanto como sea posible a quienes forman parte del proyecto es imprescindible para lograr que cada componente del grupo muestre su mejor versión y ayude a la persona que tiene a su lado.

6-. Paciencia en el proyecto, tanto por parte de Jurgen Klopp como por parte del Liverpool FC: La paciencia implica tener confianza, esperanza, incluso en aquello que aún permanece invisible a los ojos pero que se tiene una fe ciega en que el talento por parte de los miembros de un equipo, en este caso los jugadores, terminará saliendo a relucir para ponerlo al servicio de un sentido y compromiso colectivos. Confiar y adaptarse a los tiempos que son necesarios para que un proyecto colectivo crezca es indispensable para alcanzar esa excelencia personal y colectiva.

Jurgen Klopp y Liverpool FC nos regalan esta temporada la lección de que a veces todo tiene que ver con una cuestión de aplicar la normalidad a todo lo que se propone, siendo coherente con lo que se plantea, observando lo que se tiene y lo que se puede llegar a tener, pero al mismo tiempo teniendo siempre presente que la clave está en cuidar los detalles cotidianos día tras día, de manera constante y sobre todo sin dejar de confiar en las personas mientras mantienen su sentido y compromiso colectivos de una manera intachable.

Decía Pep Marí que “los buenos equipos comparten propósito y valores. Los grandes equipos comparten nivel de compromiso y sentido.” Los objetivos se agotan, en cambio los propósitos duran toda una vida. El compromiso solo se conseguirá si las personas confían en tu proyecto y solamente confiarán si realmente te muestras como una persona transparente, auténtica, verdadera, que sabe llegar al corazón no solo por lo que dices si no cómo lo dices y cómo te comportas.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo y como leía hace unos días en una frase de mi buen amigo Álvaro Merino: “La peor traición que te puedes hacer a ti mismo es no hacer aquello por lo que te brillan los ojos.” Feliz semana.

“Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo.” (Frankl, V.)
“Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y, después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada, sino si la vida espera algo de nosotros.” (Frankl, V.)

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Todo es un viaje

“Muéstrame que el bien de la vida no se halla en la duración de ésta, sino en su aprovechamiento, y que puede acontecer, más aún, acontece con muchísima frecuencia, que haya vivido poco quien ha vivido largo tiempo.” (Séneca: Epístolas morales a Lucilio)

Ante tantísima crispación, ante tanta tensión, vendría bien que volviéramos a poner el foco en lo que importa que no es otra cosa que buscar soluciones, en lugar de generar más problemas, o buscar más excusas. En definitiva, asumir la responsabilidad que tiene cada uno en primer lugar consigo mismo y después, con la sociedad en la que está, tratando de dar respuesta a la pregunta consistente en qué puedo hacer yo por lo demás y que nadie más podría hacer.

¿Por qué es tan importante, y más en este momento si cabe, plantearse esa pregunta? Porque nos lleva a tratar de encontrarle un sentido a lo que hacemos cada día, a darle un sentido a nuestra manera de vivir. Ya no estoy hablando solamente de trabajo, hablo de saber vivir, deberíamos aprender a vivir de nuevo. Porque vivir lleva implícito el pensamiento de que aquí no estamos solos, de que esto no es nuestro sino de todos, y que además estamos de paso por lo que ninguna actividad es tan digna, ninguna tarea sería tan maravillosa, como tratar de dejar un legado por pequeño que sea en las personas con quienes compartimos cada día de nuestras vidas.

Mediante el sentido de lo que hacemos conseguimos recuperar el significado de todo aquello que en lo que participamos de manera activa, la manera en que trabajamos, la manera en la que amamos, el modo en que transmitimos nuestro mensaje, porque comenzamos a cuidar todos los detalles y empezamos al mismo tiempo a ponerle un poquito de pausa a la vida. Sí, nunca se llega tarde, más bien siempre se está justo a tiempo. Se llega tarde cuando uno entra en la comparación con el de al lado, porque queremos más que él, mejores cosas materiales que él. Porque nos comparamos y por ahí vienen todas las infelicidades.

Uno debe tener siempre presente que lo que importa es el viaje que uno emprende, fijando un punto de partida y un punto de llegada. En segundo lugar, en ese viaje que emprende debe ser muy cuidadoso con las personas a quienes sube a ese viaje, sus compañeros de camino, quienes jamás le regalen los oídos, sino que le digan lo que es necesario que escuche para nunca olvide el sentido del viaje que se emprendió. Esos los compañeros de viaje de verdad, esos sí te quieren y te quieren de manera honesta, sincera, auténtica.

Porque aquí radica la cuestión de todo, en ser auténtico. A partir de ese sentido dado uno descubre cómo hablar, cómo transmitir, cómo mirar a los ojos, cómo querer a las personas que tiene en su corazón, cómo saber lo que esas personas necesitan a cada momento. Ponemos el foco en ellas porque nuestra vida comienza a tener sentido y es ese sentido lo que nos permite desprendernos de nosotros para centrarnos en lo que nos rodea.

La sensibilidad es lo que te lleva a emocionarte porque ves a tus padres bien de salud y contentos, porque ves a tu pareja feliz, sonriente y con sus ojos brillando de manera mágica; ves a tus amigos disfrutar de ese momento de charla y desconexión en una terraza sintiendo que no necesitas más para ser feliz.

La autenticidad, añadida al sentido de tu vida, hace que no solo te fijes en tu viaje, sino que lo disfrutes tú y todos de manera apasionada, sincera y digna. Sí, digna. Sin trampas, sin atajos, sin querer correr más de lo necesario, sin poner zancadillas a otros, sin tomar el camino de la mentira o el engaño. No compites contra nadie, sino contra ti y tu propio comportamiento debería de ser tu verdadera vara de medir día tras día.

Saber cuándo nos hemos equivocado, y pedir perdón. Saber cuándo escuchar, para de ese modo saber qué podemos aportar, en qué podemos sumar para hacer mejores a quienes han querido compartir con nosotros este viaje, porque todo es un viaje como muy bien diría nuestro querido Michael Robinson, consistente en apreciar todo lo bueno, bello y verdadero que se abre ante tus ojos a cada momento sintiéndote afortunado y agradecido por poder vivirlo.

Que tengan una muy buena semana, y recuerden sumar tanto como sea posible. Ahora, más que nunca, necesitamos remar en la misma dirección, de manera sincronizada, para que todos lleguemos a buen puerto. Un fuerte abrazo

“El que no sabe lo que es el mundo, no sabe dónde se encuentra. El que no sabe para qué nació, no advierte quién es él mismo ni qué cosa es el mundo. El hombre que carece de alguna de esas noticias, no podría decir con qué motivo vino al mundo” (Marco Aurelio)
“Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo” (Víctor Frankl)
“Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y, después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no es esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros.” (Víctor Frankl)   
“No hay mayor acto de caridad que amar.” (Santo Tomás de Aquino)
“Cuando el fin es sublime, todo lo que se sufre para conseguirlo no lo es menos.” (Platón)


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Seis sombreros

Hay momentos, instantes, en los que una conversación, una clase con tus alumnos, puede dar para una muy buena reflexión, y la que sucedió en uno de los días de esta semana fue una de ellas.

Nos encontrábamos hablando de la técnica de los seis sombreros para pensar, consistente en cómo abordar una misma problemática o situación desde los diversos planos de la persona: sombrero blanco para la neutralidad, sombrero rojo para la pasión, sombrero negro para la cautela, sombrero amarillo para la esperanza, sombrero verde para la creatividad, y sombrero azul para el control. Y el momento bonito de la clase, de la conversación colectiva, llegó cuando nuestro querido “Barba”  hizo una vez más, una de sus aportaciones que siempre suma, y que nos hace crecer a todos: “Pero profe, entonces antes de tomar cualquier decisión importante deberíamos ponernos todos los sombreros, ¿no?”

Y fue su aportación justo la que me dio que pensar, la que me invitó a reflexionar sobre ello y sobre el funcionamiento de las personas. Fue gracias a él que me di cuenta que esta técnica que se suele utilizar para la gestión y trabajo de equipos podría llegar a ser toda una crítica a la sociedad, a la vez que una invitación preciosa al autoconocimiento. ¿Cuáles son los sombreros que nos solemos poner cuando decidimos? O preguntado de otro modo, ¿en qué nos apoyamos cuando tomamos las decisiones importantes? ¿Vemos un problema, o circunstancia a resolver como me gusta llamarlo a mí, desde todas las perspectivas o solamente desde la que nos interesa? ¿Cómo reaccionamos ante una situación difícil y que nos compromete?

Si valoro todos los sombreros, me doy cuenta de que todos son buenos en su justa medida (los excesos nunca fueron buenos). Todos los sombreros, todos los puntos de vista desde diferentes perspectivas nos aportan luz, a la totalidad de nuestro pensamiento, y se complementan a la perfección. Pero al mismo tiempo puede ser posible que uno de los motivos por el cual no los usamos es, cómo no, el tiempo. Creemos siempre tener menos tiempo del que en realidad disponemos, todo rápido, para decidir rápido, y quitarnos el problema de encima. Una de dos, o nos quitamos el problema de encima porque vivimos acomodados, o porque pararse demasiado tiempo quizás conlleva adentramos en ese autoconocimiento que nos descubre nuestros miedos, nuestras zonas más oscuras, a las que no nos atrevemos ni a mirar.

No hay dudas de que todos, por nuestra manera de ser, es inevitable que nos inclinemos a utilizar con mayor frecuencia los sombreros que un color u otro, porque existe una herencia genética, unas experiencias vividas, un contexto en el que crecemos, y eso nos condiciona. Pero todo ello no condiciona para nada el querer aprender para crecer, el querer crecer para mejorar, mejorar para pintar una obra de arte tremendamente maravillosa. Porque son los artistas, los genios, los que ven en cada pincelada su inspiración traducida en movimientos, pero a la vez se alejan del cuadro, toman perspectiva, para mirar y valorar todo en su conjunto.

Los artistas como Manet, Monet, y otros tantísimos genios, aprendieron mediante el arte que para la pintura era necesario primero entender la naturaleza, la luz, cómo lo percibimos, y cómo somos capaces de traducirlo en pinceladas más lentas o más rápidas, con una u otra técnica, con el fin de reflejar no solo lo que vemos, sino también la pasión que tenemos por la vida que sentimos en nuestro corazón. Lo decía Monet en uno de sus pensamientos: “Un día Boudín me dijo…aprecia el mar, la luz, el cielo azul. Seguí su consejo y juntos nos fuimos a dar largos paseos durante los cuales pinté constante la naturaleza. Así fue como llegué a comprender la naturaleza y aprendí a amar apasionadamente.”

De la misma manera que el artista trata de comprender cuanto le rodea, la naturaleza, el movimiento de los árboles cuando son azotados por el viento, las diferentes variedades de un color en función de la intensidad de la luz que penetra, los atardeceres con su reflejo sobre el agua del mar; de ese mismo modo quizás nosotros deberíamos contemplar nuestra propia obra de arte que es nuestra vida, la que pintamos cada día más y más, adentrarnos en lo más profundo nosotros para que cada una de esas pinceladas muestren en su conjunto la totalidad de la persona que somos, y así al ponernos en perspectiva, veamos y sintamos que seguimos creciendo, que contemplamos lo que acontece desde diferentes perspectivas; de la misma forma que el artista se aleja, toma distancia con respecto de su obra, para apreciarla, sentirla, y sobre todo, emocionarse con ella.

Porque el pensamiento nos hace funcionar, analizar, y tomar decisiones; pero la emoción por vivir cada día, y ayudar a que las personas que queremos también se emocionen, es sin duda sentirte vivo.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y no se olviden de tomar perspectiva. Las grandes obras emocionan tomando distancia, y su vida lo es. Porque como bien dice Monet: “Mis ojos se abrieron finalmente y comprendí la naturaleza. Aprendí al mismo tiempo que me encanta.” 

“Prefiero que tomen decisiones los sabios a que nos extiendan normas algunos expertos avispados. Los sabios escuchan y reconocen que aprender a preguntar puede llevar toda una vida. Para ser experto se requieren muchos títulos, para ser sabio, no tantos. Los expertos son buenos profesionales. Ven los árboles. Los sabios son nuestros maestros. Nos muestran el bosque. Para esta crisis necesitamos maestros.” (Xavier Marcet)
“La sorpresa es la gran emoción del aprendizaje” (Álvaro Merino)
“El talento tiene que ver con el hambre insaciable de aprender.”  (Álvaro Merino)
“Lo que nos permite tomar decisiones que nos dan mayor probabilidad de acierto en las decisiones es mantener la calma”. (Álvaro Merino)
“Los cambios hay que hacerlos cuando las cosas van bien.” (Marcelo Bielsa)
El paseo

 

 

“Guarda, guarda, guarda.”

“Sonó el pistoletazo de salida, los botes salieron adelante con impulso, y el telegrafista anclado en la ribera le dio al teclado para que el mundo supiera que la trigésimo octava regata anual de primeros equipos de Poughkeepsie finalmente había empezado. Durante cinco paladas, los siete botes fueron codo con codo y remaron con intensidad. Entonces Washington súbitamente aflojó y el resto de competidores le pasaron por delante. A Bobby Moch no le importaba, era justo lo que quería. […] Para que los chicos mantuvieran el ritmo, Moch se puso a cantar su nuevo mantra haciéndolo coincidir con cada palada -<<Guarda, guarda, guarda>>, recordándoles que el secreto era conservar las fuerzas.” 

Y justamente eso, conservar las fuerzas, es quizás la tarea que debemos tener en estos días en nuestra cabeza. Debemos cambiar nuestro plan, bajar la intensidad para, de ese modo, incrementar el volumen, la duración, y en consecuencia, nuestra capacidad de aguante en estos días de confinamiento que aún nos quedan. Para lograr saber cómo hacer esto, cómo ponerlo en práctica, la reflexión me la lanzó el propio Berlín en uno de los capítulos de La Casa de Papel, en una conversación El Profesor: “Sigue haciendo lo que te apasiona. Sigue cultivando la belleza.” No se pueden dar consejos más claros, más breves, pero a la vez más potentes, durante estos días.

Hacer lo que te apasiona logra que te llenes de energía, que te vuelvas a reenganchar a lo bello de la vida si es que aún estabas desconectado por completo de ello. Vivir apasionado es vivir conectado con lo más esencial de ti, con lo que te ha permitido conocerte, descubrirte, y por ello saber hacia dónde debes caminar, qué camino coger, y qué tareas debes abordar. Hacer lo que te apasiona te conduce a construir con absoluta belleza, con total determinación, porque has logrado entender que la belleza va unido a lo bueno, a lo que tiene sentido, va ligado a un propósito de vida, a sumarte a ti, y lo que es más importante aún, a la vida de las personas que quieres y con quienes creces como persona.

El hecho de vivir apasionado te lleva, en uno u otro modo, a seguir cultivando belleza. ¿Pero qué es eso?¿Qué se requiere para cultivar belleza? Vivir con amor, en eso consiste, resumido en tres palabras. Vivir con amor es vivir desde la mirada más profunda, sincera, honesta, hacia las personas que quieres, que amas, tratando de ayudarles en estos momentos más que nunca a que no dejen de contemplar la vida con ojos que derrochen luz, energía, fuerza, ojos que estén llenos de esperanza, de fe, y así nunca dejar de creer.

“Sin embargo, si alguien había sido más listo que Al Ullbrickson, era su propio timonel: el chico bajito con su propia llave de la asociación Phi Beta Kappa. Y ahora echaría el resto. De repente se inclinó hacia Don Hume y gritó: <<¡Diez de las grandes para Ulbrickson!>>. Ocho remos largos de pícea se hundieron en el agua diez veces. Entonces Moch gritó de nuevo: ¡Diez más para Pocock!. Otras diez paladas enormes. ¡Diez más para papá y mamá!>>. Muy lentamente, el Husky Clipper se deslizó por delante de Columbia y empezó a acercarse a la Marina, que estaba segunda.”  Saber en qué momento gastar una bala, o la bala, meter una píldora que incremente el pico de intensidad en emociones, en motivación, es tan importante y tan esencial en estos días como evitar gastarlas todas de golpe. Solamente de esa forma lograremos mantener, en mayor o menor grado, un buen estado óptimo en nuestra pareja, en nuestros padres, hermanos, amigos, alumnos; dosificar la intensidad de esas sorpresas es tan vital como mantener en el tiempo nuestra cabeza enfocada en lo que suma, en nuestras posibilidades, abrazando con total esperanza el momento de subir de ritmo, como Bobby Moch con el bote del Husky Clipper.

“En el bote, Moch estaba fuera de sí. <<¡OK!¡Ahora, ahora, ahora!>>gritó. Don Hume subió el ritmo a treinta y cinco, luego a treinta y seis y, más adelante, a treinta y siete. En el lado de estribor, Joe Rantz lo siguió con la suavidad de la seda. El bote empezó a tener swing. La proa empezó a levantarse del agua. Washington dejó atrás a los guardiamarinas como si su bote estuviera clavado en el agua.” Y esta es una de las claves, de las que hemos hablado más veces, lograr el swing en aquello que hagas, sentir que alcanzas un estado en el cual pierdes la noción del tiempo porque, como ellos en el bote, haces lo que te apasiona, y lo haces cuidando al máximo la belleza de cada gesto, logrando una sinergia entre cada uno de los miembros del bote que de solo verlo o imaginarlo, emociona.

“Y en esos últimos doscientos metros, en un extraordinario esfuerzo de velocidad, a cuarenta paladas por minuto y aporreando el agua hasta convertirla en espuma, Washington adelantó a California. Con cada palada, los chicos les sacaban un asiento. En el momento en que los botes cruzaron la línea de meta, en los últimos coletazos del crepúsculo, se vio una grieta de agua entre la popa del Husky Clipper y la proa del California Clipper.” Sí, esfuerzo, como el esfuerzo nuestro cada día por olvidarnos de que las circunstancias, las condiciones, no están ayudando pero que aún se puede, y se debe, hacer lo que te apasiona en la medida en que puedas. Porque es el único modo de construir algo bello, que a su vez será bueno y estará lleno de bondad. Los actos buenos, bellos, y bondadosos siempre fueron la llave para sacar lo mejor de las personas a quienes amamos, con quienes tenemos relación; porque están llenos de paciencia, de comprensión, de compromiso, y confianza. Porque es esta la vía para creer, como hizo Bobby Moch desde el timonel marcando el ritmo de paladas, en una victoria plena, llena de esfuerzo, de sentimiento de equipo.

Deseo de corazón que estéis lo mejor posible, que tengáis calma, paciencia, y no pierdan la fe ni la esperanza. Un fuerte abrazo, y que tengáis una muy buena semana.

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