Los prodigios

“En los exámenes de la vida real, alguien te da una respuesta y te toca encontrar la mejor pregunta.” (Nassim Nicholas Taleb)

“La vida puntuada es a la vida real lo que el caballo de madera al caballo de verdad. Es posible haber suspendido un montón de exámenes a lomos de un caballo de madera y luego destacar montando a caballo, dejando atrás a los primeros de la clase.” (Idriss Aberkane)

Tendemos a pensar que los prodigios, los number one, los “tope gamma”, son aquellas personas quienes superaron con creces sus notas académicas, ya fuera en el colegio, en el instituto, en la universidad, o posteriormente en su lugar de trabajo. De hecho, es ya en el propio trabajo donde se puede llegar a ver que hay quien valora su trabajo exitoso o no, en función de sus registros, de sus números de venta, de las calificaciones que obtengan sus alumnos/as; siempre ciñéndose a una “vida puntuada”.

El libro que me encuentro estudiando en estos días, y que está siendo tremendamente revelador, me plantea dudas a cada página que leo por corroborar cuánto mal podemos llegar a estar planteando en todos los contextos, por la necesidad que estamos induciendo en el ser humano de que él o ella se sienta validado. El ser humano se ha malacostumbrado a tener que sentirse validado, para de esa manera sentirse realizado, sin saber encontrar en él qué es lo que verdaderamente le debería hacer sentir realmente esa realización, una realización que a su vez tiene mucho que ver con la finalidad, el “para qué.”

Me fascina lo equivocada que puede llegar a estar la sociedad pensando que los prodigios son esas personas que siempre destacaron, que consiguieron notas o registros excelentes, y nada más lejos de la realidad. En la revisión del libro uno encuentra personas como Bill Gates:” Suspendía todos los exámenes. Tengo un amigo que, en cambio, aprobaba todos los exámenes de Harvard. Él es ingeniero en Microsoft. Yo soy el fundador de Microsoft.”  En el propio texto encontramos una frase preciosa de Francis Burton, que dice así: “La vida es una gran lección que desprecias, saber que todo lo que sabemos no es nada.” Hay que añadir que Burton vivió en el siglo XIX, dominó veintinueve lenguas y dialectos, apartándose con firme intención de los caminos de la excelencia. Abandonó la Universidad de Oxford.

Es sorprendente ver cómo la personalidad de los prodigios, de quienes han destacado, ya sean Burton, Bill Gates, Grigori Perelman, Nikola Tesla, Paul Cohen,…fue la causa de que pronto se desvincularan de todo lo académico, de todo aquello que en definitiva suponía un encarcelamiento para su propia personalidad. La misma personalidad, que más tarde, les convertiría en referencia para todos nosotros. Sorprende, ¿verdad? Hay dos aspectos que resaltan en sus personalidades: Práctica apasionada y tendencia a no quedarse en el sitio. 

La realidad es que, tal y como está diseñado todo, la escuela, la sociedad, la vida te invita a que hay que adaptarse al molde cuando en realidad, es el molde el que debería adaptarse a cada uno de nosotros. Hemos añadido tantísimos elementos modernos a nuestra sociedad, porque no somos capaces de manejarnos en la esencia, en el cara a cara, no sabemos atender ni a nuestro corazón ni a nuestra intuición, y eso sí es un problema. Porque constantemente tratamos, y trataremos con personas, por ello es estrictamente necesario valorar la manera para reconducir la educación que estamos dando desde la temprana edad. No es tan importante saber diseñar expertos profesionales, como sí saber tallar diamantes en forma de grandísimas personas.

Si hacemos un símil con la frase anterior que atiende a la comparativa entre el caballo de madera y el caballo de verdad, ¿cuál es mucho más fácil de enseñar a montar? El caballo de madera, sin duda, con ese suave balanceo, dócil, sereno, tranquilo. En cambio, el caballo de verdad exige dominio, conocimiento, pero sobre todo, conexión con el caballo. Una conexión que va más allá de lo meramente académico, de los conocimientos, y que tiene mucho más que ver con corazón, sentimiento, intuición, empatía. Y ahora que se acerca la navidad, quisiera aprovechar para hablar de empatía, corazón, y sentimientos.

Tratemos de que todos los días sean días de navidad, y no esperemos a las fechas que se acercan para decir te quiero, para decirle a un amigo que te alegras de disfrutar de esa tarde con él, valorar la vida de una manera verdadera, sencilla, sin adornos, porque todo adorno tapa la esencia, y es la esencia la que nos mueve a querer. La sociedad es tremendamente ficticia, tapa todo lo que tenga que ver con la esencia para tratar de inducirnos, embobarnos, con un estado de felicidad que es totalmente ficticio, y que nada tiene que ver con la vida real. Por mucho que se empeñe la sociedad, la felicidad no es vivir en un sitio concreto, viajar en verano a un determinado país, pasar las navidades de una manera concreta, viajar con un coche concreto, o trabajar en una determinada empresa.

La felicidad tiene que ver contigo, con lo que a ti te apasiona, con lo que a ti te hace disfrutar. ¿Te has preguntado qué es lo que te hace feliz? Pues va siendo hora, porque sino siempre serás un completo feliz ficticio. Recuerda lo que hablábamos antes, los prodigios, esos que consideramos ídolos en muchos casos, cumplen una máxima de manera absoluta: Trabajan por amor, aman lo que hacen cada día en cada momento. Dicho de otra manera, cualquier prodigio que conozcas disfruta con la vida diaria que lleva, sin importar si cumple o no con los cánones que dictamina la sociedad en cada momento.

Termino compartiendo contigo varias frases, para invitarte a una reflexión más profunda:

“No estamos aquí para adaptarnos a una huella, sino para dejar la nuestra.” (Idriss Aberkane)

“Y la gran proclama de la modernidad era que, en cierto modo, el progreso iba a liberar al ser humano. Pero, al observar el itinerario de un ser humano en la modernidad, encuentro una serie de encarcelamientos, con o sin razón. Desde el parvulario hasta la universidad, estamos encerrados, y a esto se le da el nombre de aulas; luego, todo el mundo trabaja encerrado en una oficina, sea grande o pequeña. Incluso para divertirse, la gente se encierra en una discoteca, segura entre sus paredes…Y, por fin, la última cárcel, en la que se aglomera a los viejos, esperando a meterlos en una última caja, que les dejo adivinar cuál es. Por eso me hago esta pregunta: ¿hay vida antes de la muerte?” (Pierre Rabhi)

“Si limitamos nuestra vida a la vida puntuada, no tendremos vida, habremos vendido un caballo real para comprar un caballo de madera.” (Idriss Aberkane)

“Si te quedas en tu sitio toda la vida, no has vivido realmente.” (Idriss Aberkane)

Deseo que tengas una muy buena semana, y te invito a que des respuesta a una pregunta: ¿Eres feliz? Un fuerte abrazo.


 

canadá

Ser maestro, ser ejemplo

“La escuela es un restaurante de sabores, es un liceo que debería insuflarnos la alegría de vivir que nos produce el alimento y no solo el alimentarnos para vivir. Nunca debería sufrirse en la escuela, lo cual no quiere decir que las cosas vayan a lograrse sin esfuerzo, sino que el esfuerzo apasionado no es sufrimiento.”

Este fragmento está extraído de un texto más amplio, que me envió una grandísima persona, y el cual me parece fascinante. Hoy se celebró la Fiesta de San José de Calasanz en nuestra Universidad Francisco de Vitoria, con motivo de la celebración también de la Jornada del Maestro, y hay varias reflexiones que quería compartir con ustedes.

¿Somos conscientes de nuestra responsabilidad como docentes, como formadores? ¿Somos capaces de sorprender a nuestros alumnos? ¿Insuflamos esas ganas locas de vivir, de dar lo mejor de mi mismo? Voy más allá…¿eso se enseña sólo ejerciendo como docente en el aula, o tiene más que ver con una manera de ser? Cada vez que escucho a un gran ponente, como ha sido el caso hoy con Xosé Manuel Domínguez, me reafirmo más en la idea de la importancia de la persona, en sus cualidades como ser humano para ser más explícito.

Es cierto que un profesor debe saber, conocer a la perfección, cuál es el contenido que está impartiendo, eso está clarísimo. Ahora bien, ¿comunicamos ese contenido de la manera correcta?¿sé adaptarme a los alumnos y alumnas que tengo delante de mí? ¿Me paro unos minutos cuando entro en clase, y percibo cómo están mis alumnos y alumnas? Al fin de cuentas, la información, los contenidos, está todo en el medio o dispositivo que queramos, bien sea tablet, móvil, ordenador, portátil, está todo ahí para quién lo quiera. Por tanto, ¿cuál es la diferencia determinante? Dos factores: Para qué estás ahí, y cómo cuentas lo que tienes que decir.

Puedes llegar, decir toda la lección de memoria, e irte. O bien, puedes chocar la mano con un alumno, preguntarle a la alumna que te contó que se iba a una competición de natación cómo le fue dicha competición, hablar sobre la última película con ese alumno que sabes que es un enamorado del cine. ¿Sabes cómo se llama eso? Empatía, conexión emocional, y eso es más potente que saberte una lección de memoria. Miren, les voy a contar un ejemplo muy sencillo.

Hace unos fines de semana tuve la oportunidad de estrenarme como profesor, y honestamente, ¿saben cómo me sentí? Como cuando era pequeño, llegaba el fin de semana, y teníamos el partido en el equipo con tus amigos. La misma sensación que sigo teniendo cuando voy a entrenar cada día con mi equipo. El mismo hormigueo en el estómago que cuando, en alguna ocasión, he tenido la oportunidad de impartir una conferencia o ponencia ante personas que querían escuchar mi historia, mi manera de entender la vida y compartirla con ellos/as.

Y la verdad, ese fin de semana, me regaló una sorpresa en forma de alumno. Les pedí a todos mis alumnos que se presentasen, pero no puse condiciones, no puse límites, no establecí barreras. Les dije: ” Quiero que os presentéis, pero no os voy a decir cómo. Porque me gustaría que fuera una presentación honesta, sincera, desde el corazón, con emoción.” Lo que vi, lo que sentí, fue brutal, en forma de verdades, de historias, de lo que les ha llevado a cada uno de ellos y ellas a estar en este master, en ese aula conmigo. Pero hubo un chico, que se levantó, comenzó a chocar las manos de todos, conforme iba presentándose, contándonos en qué punto de su vida se encontraba, y cuánta emoción le generaba hablar de valores, porque sentía que además era y es muy necesario.

Y a mí, eso mismo, me emocionó. Mi primera reflexión fue: Qué bonito es ver la reacción de las personas, cuando les das la libertad para expresarse, para que digan lo que de verdad sienten. La segunda reflexión fue: Mi deber moral, como ser humano, es tratar de acercarme a él, y al menos hacerle saber que estoy a su disposición para cuanto pueda ayudarle. Implicación, comprensión, entendimiento, saber y entender la manera de acercarme ya no sólo a él, sino al resto. Que sepan que tienen un soporte, una ayuda, para lo que necesiten. Por ese motivo, hace poco le escribí un mail, le mandé uno de los últimos posts que había escrito y estaba relacionado con su tema, deseando que le pudiera resultar de gran ayuda, que sepa que siempre hay una solución, una luz cuando la oscuridad se presenta.

Jamás me enseñaron a entrenar un equipo de fútbol, ni a dar clase, ni a hablar en público. No sé si lo hago mal, muy mal, bien, o muy bien, pero si hay algo que tengo claro es, como decía Xosé Manuel, para qué lo hago. Siento ese hormigueo en cada entrenamiento, en cada clase, en cada ponencia, porque me emociona conectar con las personas, siento que es el reto más bonito que uno puede afrontar como formador. Ayudar a arrojar luz, claridad, para que mediante la curiosidad, el reto, la valentía, las personas a quienes llego sepan y crean que tienen unas capacidades brutales, un talento desmesurado, un don que puesto al servicio puede ser una ayuda increíble para la sociedad. Me emociona trabajar con personas, por eso siento ese hormigueo, porque entiendo el para qué estoy aquí.

¿Por qué llego a esta reflexión? Porque de nosotros depende nuestro para qué. De nosotros, y sólo de nosotros, depende la trascendencia que queremos dar a lo que hacemos en nuestro día a día. No me refiero a algo extraordinario, sino más bien a atender de manera extraordinaria a los detalles ordinarios de nuestro día a día. Démonos cuenta del impacto que tenemos como formadores, como docentes, en todas esas personas que día tras día nos escuchan, nos atienden, quizás buscando una luz, una motivación, una ilusión, que nosotros podemos comunicar y transmitir si sentimos honestamente para qué estamos aquí.

Les mando un abrazo muy grande, y que tengan una muy buena semana.

“Somos incapaces de evaluar realmente la calidad de las cosas, así que nos condicionamos para no ver más que cantidades o notas, incluso cuando son falsas o están fuera de lugar.” (René Guénon).
“El que sabe no juzga, el que juzga no sabe. En una sociedad cada vez más rica en lo que respecta a las interacciones humanas, esta máxima está de plena actualidad. Si se educara a cada ser humano en la noción de psicatriz, este comprendería por qué sus semejantes o él mismo se comportan a veces de un modo pueril y malintencionado. La fuente más abundante de psicatrices es el miedo al abandono, que se traduce en miedo a ser rechazado por el grupo. Con el cerebro debe escoger entre la primera opción (dejar de lado el grupo y abrazar la verdad) y la segunda (permanecer con el grupo y rechazar la verdad), la decisión, desafortunadamente, se toma a menudo y de forma inapelable en favor de la segunda.” (Idriss Aberkane)

Les adjunto los vídeos de quien, creo, es el mejor formador que existe ahora mismo en fútbol. Una persona con unos principios, unos valores, “un gran ejemplo humano, de qué manera puede sostener él esos valores y no negociar con ellos”. Gracias Marcelo, por enseñarnos tanto. Ojalá, algún día, pueda conocerte en persona.




marcelo

F=Esfuerzo x Talento

“El bufete de Black Rock es el de Wachtell, Lipton, Rosen y Katz. El primer socio de la firma fue Herbert Wachtell. Nació en 1931. Se crió en los alojamientos que el Sindicato Unificado de Obreros Textiles tenía en las afueras del parque Van Cortland del Bronx. Sus padres eran inmigrantes judíos de Ucrania. Su padre estaba en el negocio de la ropa interior femenina con sus hermanos, en el sexto piso de lo que hoy es un elegante loft en la esquina de Broadway con la calle Spring, en el Soho. Fue a un instituto público de la ciudad de Nueva York en los años cuarenta, después al City College en Manhattan alto, y luego a la facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York. […] Supongamos que nos hubiéramos encontrado con cualquiera de estos cuatro eminentes letrados cuando acababan de salir de la facultad de Derecho. Está sentado en la elegante sala de espera de Mudge Rose, al lado de un tipo nórdico con ojos azules y un entorno social <>. Todos habríamos apostado por el tipo nórdico. Y nos habríamos equivocado, porque los Katz y los Rosen y los Lipton y los Wachtell y los Flom tenían algo que el tipo nórdico no tenía: su mundo-su cultura, su generación y su historia familiar-les ofrecía la mayor de las oportunidades.”  (Malcolm Gladwell)

Comparto este fragmento del libro Outliers (fueras de serie), cuyo autor es Malcom Gladwell, donde se explica por qué unas personas tienen éxito y otras no. Me parece muy interesante la importancia que se le otorga al talento, al don, pero de igual manera me parece fascinante la importancia, el protagonismo, que cobran en este libro una serie de circunstancias que me plantean una serie de reflexiones.

La fórmula que plasmo arriba (elaborada por mí) como título significa, para mí, que el estado de Flow es el resultado de la multiplicación entre Esfuerzo y Talento. ¿Por qué pongo el signo de multiplicación? Porque entiendo el talento como el acto de invertir bien la inteligencia, como diría nuestro grandísimo pensador y escritor, José Antonio Marina. El talento lleva una parte implícita, en nosotros, que es lo que nos hace diferentes, y que tardamos más o menos tiempo en descubrirlo, en función de la calidad de las personas que nos rodean. Ahora bien, una vez que lo descubrimos debemos desarrollarlo y para ello es necesario precisamente los tres componentes que aparecen arriba: cultura, generación, e historia familiar.

Estos tres componentes generan a su vez un contexto en el cual nos desarrollamos, crecemos, adquirimos lecciones de vida, relaciones interpersonales, experiencias, aprendizajes, que están determinados sin duda alguna por nuestra actitud. Se viene diciendo, desde hace mucho tiempo, que todo es una cuestión de esfuerzo, de trabajo, de ser constante, de perseverar, y no lo dudo, no pongo eso en cuestión. Pero tan importante es la dosis de esfuerzo, como la dirección y el sentido que le damos a esa grado de actitud. ¿Por qué? En mi opinión, las personas son capaces de generar un alto compromiso, una alta dosis de esfuerzo y duración, cuando están inmersas en una tarea donde sienten que fluyen, un contexto en el cual el factor tiempo se vuelve subjetivo, por el disfrute en sí mismo que tiene la propia tarea para esa persona en concreto.

El disfrute, el estado de flujo o conocido como “flow” según algunos autores bien podría ser el secreto para alcanzar la felicidad porque es ese instante, ese lugar, esa tarea, en la cual ponemos en marcha todas nuestras herramientas, mecanismos, que ponen nuestro talento en el máximo exponente, nuestras virtudes, aquello en lo que soy bueno, notando que puedo pasar horas y horas realizando esa tarea, que siempre quiero más, que quiero mejorar más, y quiero seguir creciendo porque es lo que me apasiona. Por eso es tan importante lograr fluir, encontrar ese Flow, y para ello es indispensable que todos nuestros esfuerzos, todo nuestro trabajo diario, esté bien enfocado mediante un propósito, una finalidad, unos objetivos, y unas metas.

Y para llegar a esas metas es donde aparece nuestra actitud, nuestra capacidad de esfuerzo durante un largo tiempo. Un dato es cierto, y es el tiempo invertido, el cual es necesario que sea muy grande, una dedicación completa, para lograr que tu talento se desarrolle de manera extraordinaria. Le sucedió al Bill Gates con esa computadora en Seattle, a los Beatles en Hamburgo tocando ocho horas diarias, a los campesinos chinos en su arte (porque así se contempla) del cultivo del arroz, cuidando hasta el más mínimo detalle para que la cosecha sea lo más productiva posible; y así podríamos enunciar más casos conocidos.

Esto nos lleva a una conclusión: el esfuerzo es un componente sumamente importante en la consecución de objetivos, pero habría que tener claro si los objetivos que me marco, las metas que me pongo a corto plazo, me encaminan al desarrollo de mi talento, teniendo presente que en mi talento hay condicionantes como la cultura, la generación que me toca vivir, y una historia familiar, que condicionan y mucho mi manera de contemplar la vida, mi manera de entender qué es el éxito y qué es la felicidad. Teniendo presente todo ello, estaremos más cerca sin duda de alcanzar ese estado de Flow.

Por eso es tan importante, que profesores, entrenadores, en definitiva toda aquella persona que se dedica a formar personas, recuerde que está formando talento. La cultura del esfuerzo está muy bien, pero sin una dirección, un sentido, un propósito, una finalidad correcta, no sirve de nada porque el ser humano es feliz cuando pone en marcha su talento. Y es ese estado de felicidad lo que le lleva, le invita, a querer mejorar cada día. Es lo mismo que sucede en fútbol; no siempre es una cuestión de “huevos”. No, es más bien una cuestión de saber cuál es el talento de tu jugador, de qué manera o mejor dicho, mediante qué sinergías o conexiones ese talento aún se ve más favorecido, y situarlo en el contexto adecuado dentro del terreno de juego. Como diría un viejo refrán: La potencia sin control, no sirve de nada.

“No es el más brillante quien tiene éxito. Si así fuera, Chris Langan estaría ahí con Einstein. Tampoco es el éxito una suma llana y simple de las decisiones y esfuerzos que emprendemos motu propio. Mas bien es un don. Nuestros fueras de serie se caracterizan por haber disfrutado de oportunidades…y haber tenido la fuerza y el ánimo de aprovecharlas. Para los jugadores de hockey y fútbol nacidos en enero, es una probabilidad mayor de formar parte de la selección. Para los Beatles, fue Hamburgo. Para Bill Gates, el golpe de suerte fue nacer en el momento adecuado y recibir el don de una terminal informática en la escuela secundaria. Joe Flom y los fundadores de Wachtell, Lipton, Rosen y Katz aprovecharon varias circunstancias similares. Nacieron en el tiempo adecuado, de padres adecuados y con la identidad étnica adecuada, lo que les permitió adquirir una valiosa experiencia en el derecho de adquisiciones practicándolo durante veinte años antes de que se impusiera en el resto del mundo jurídico. Y lo que hizo Korean Air cuando por fin dio un giro a sus políticas fue dar a sus pilotos la oportunidad de trascender las limitaciones de su legado cultural. Se trata de una lección tan simple, que resulta asombroso cuán a menudo se pasa por alto. Estamos tan seducidos por los mitos del mejor y el más brillante y el hombre hecho a sí mismo, que creemos que los fueras de serie brotan de la tierra tan naturalmente como los manantiales. Para construir un mundo mejor, es preciso que sustituyamos el patrón de los golpes de suerte y las ventajas arbitrarias que hoy determinan el éxito-como la suerte en la fecha de nacimiento y los avatares afortunados de la vida-por una sociedad que ofrezca oportunidades a todos.” (Malcolm Gladwell)

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y sean valientes desarrollando su talento. Y si creen que no lo tienen, es mentira, lo tienen, pero aún no lo han descubierto.

 

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Tiempo y personas

“Estos son los tiempos difíciles en los cuales un genio desearía vivir. Las grandes necesidades exigen grandes líderes.” (Abigail Adams) 

¿Saben por qué se considera esencial el liderazgo? Porque se centra en la persona. A día de hoy, más que nunca, se considera estrictamente necesario la recuperación de valores, de integridad moral, ética, y conducta ejemplar con dignidad en el día a día. Tenemos un problema muy grave por resolver: la formación de la persona.

La consecuencia de una escasa, o mejor dicho nula, formación de la persona tiene la repercusión inmediata en los niños que se convierten en adolescentes, quienes adquieren una incapacidad espantosa para tomar decisiones correctas, o mejor dicho, tener la personalidad suficiente para de esa manera disponer de una capacidad que les lleve a tomar decisiones. La sociedad, el contexto, todo lo que nos rodea, desvirtúa cada día más qué es importante, qué es esencial, para conseguir la tan ansiada felicidad.

Si la educación es tan importante, ¿por qué seguimos sin cambiar la manera de desarrollar las clases? ¿por qué reventamos a deberes a nuestros pequeños y pequeñas? De verdad, discúlpenme, pero no entiendo que un niño de 9-10-11 años, tenga que estar desde las 18:00 que llega a casa, hasta las 21:00 que va a cenar, sin parar de hacer deberes. Es mentira, no se cambia, y a quien le duela la crítica o carezca de capacidad para ejercerla así mismo, que no lea estás líneas. Pero de cambio nada oiga, estamos peor, mucho peor.

La educación exige no sólo de profesores que dictan o ponen un power point día tras día; pide a voz en grito líderes, personas con una capacidad de transmitir, de saber hacer llegar el mensaje de la manera correcta, para que la comprensión del alumno/a sea lo más completa posible. No es cuestión de enseñar mucho, sino más bien de enseñar muy bien. Calidad, no cantidad. Deberíamos plantearnos si enseñamos a hablar, a expresarse de la manera correcta, a generar contextos en los cuales ellos y ellas generen interacciones, conexiones emocionales. El niño, cuando más aprende, es cuando está involucrado en la tarea, y no como un mero oyente. Deberían recordarlo.

Es vital enseñar también la importancia del tiempo, de saber valorar a la persona que invierte parte de tu tiempo en ti, para que tú aprendas, crezcas, mejores. Eso también se enseña, todo depende del mensaje que mandemos cada día, porque recuerden que con el ejemplo se lidera, es con los hechos con los que se deja huella, y es con el trato que das como más impacto logras en quien te está escuchando. No es lo que dices, sino cómo lo dices.

Enseñemos también a saber valorar la esencia de todo lo que nos rodea, de qué es importante y qué no es tan importante para ser feliz, cuando en realidad se necesita muy poco para ser feliz. Es curioso que cuando hablas con alguien que viaja, o que ha tenido un susto de salud, te dicen lo mismo: “Te das cuenta de que antes, te amargabas el día con cosas que tú creías que eran importantes, y en realidad no lo son.” Por favor, que no tengamos que llegar a ese punto, porque eso también es educación. Enseña a ser feliz con lo justo, que valoren todo lo que tienen. Que no es más feliz el que más tiene, sino el que mejor valora lo que posee. Que no sólo poseer está referido a elementos materiales, sino que tiene que ver mucho más si cabe con una familia que te quiere, con unos amigos que te quieren de verdad, todo eso son posesiones, quizás más verdaderas que un móvil de última generación con el que haces historias de instagram, mientras olvidas a la persona con quien estás cenando. Paradojas de la vida, ¿verdad?

Quizás yo sea demasiado romántico, nostálgico, llamadlo como queráis. Pero soy de quienes mandan un mensaje cuando he disfrutado mucho con una quedada, con una comida o cena entre amigos/as, cuando escribo para decirle a un amigo que me siento afortunado por tener ese vínculo de amistad con él, me sale así, y me sale de lo más profundo de mi corazón. Creo que estaría bien que valorásemos un poco más todo lo que disfrutamos cada día, que quizás es más de lo que pensamos, y e hiciéramos un esfuerzo por no caer en la burbuja que ha diseñado la sociedad, condensada de una felicidad que es totalmente ficticia, que igual que viene, se va.

Hay quien siempre te dice que anda mal de tiempo, y sin embargo hay quien siempre tiene un minuto para ti. La sensación de mucho o poco tiempo es relativa, subjetiva, para cada uno de nosotros, pero el tiempo visto de manera objetiva es el mismo, 24 horas cada día, para todos, la diferencia está otra vez no en el qué, sino en el cómo lo empleas. La escala de prioridades, aquellos elementos a los cuales les damos una determinada importancia mayor o menor, viene determinado en gran parte por la educación y las experiencias vividas.

Como por suerte no todos han vivido una situación límite de salud, por el motivo que sea, que les ha llevado a valorar de una manera más real (no digo mejor ni peor) la vida, hagamos por lo menos todo lo posible mediante la educación, mediante el liderazgo, mediante el ejemplo diario, la transmisión de una enseñanza que de verdad enseñe a vivir, y no a trabajar como máquinas. Hay que enseñar a un niño como un niño, a un adolescente como un adolescente, para que sepa vivir como un adulto responsable, siendo una persona con valores, con dignidad, honestidad y ejemplar.

Enseñamos para el futuro trabajo, un trabajo que encima no sabemos ni dónde estará, en qué puesto, en cuál empresa, y con qué función; cuando en realidad deberíamos enseñar para la vida, para poseer una gran capacidad de adaptación, de conexión y empatía con otras personas, capacidad además para diseñar y generar contextos mediante nuestro liderazgo, para que no sólo yo crezca como persona sino también las personas que me rodean en mi día a día.

Comparto con ustedes un fragmento, del que se puede extraer una lección potente:

“La lección de la polilla
Una noche estaba yo hablando con una polilla. 
Trataba ella de meterse en una bombilla y achicharrarse en el filamento. 
-.¿Por qué se empeñan ustedes en realizar esa maniobra?-le pregunté. 
-¿Se trata de algo convencional en las polillas? ¡Vaya! si se tratara de una vela y no de una bombilla eléctrica, serías ahora un poquito de repugnante ceniza. 
-¿Es que ha perdido usted el juicio?
Tenemos mucho-me respondió. Pero sucede que a veces nos cansamos de usarlo. 
Nos hastiamos de la rutina y buscamos la belleza y la aventura. El fuego es hermoso, y sabemos que acercarnos demasiado nos matará.
Pero, ¿qué importa? 
Es mejor ser feliz un instante, y quemarnos en la belleza, que vivir una larga vida de hastío. Nos enrollamos en una notita de algodón, y luego la hacemos reventar. 
Para eso es la vida. 
Es mejor ser parte de la belleza un instante y luego dejar de existir, que existir para siempre y no ser jamás parte de la belleza. 
Nuestra actitud frente a la vida es:
Lo que fácil se gana, fácil se pierde. 
Somos como eran los humanos antes de ser demasiado civilizados satisfechos. 
-Antes de que pudiera contradecir su filosofía, voló y se inmoló en un encendedor patentado. 
No estoy de acuerdo.
Prefiero tener la mitad de felicidad y el doble de longevidad. 
Pero a la vez, quisiera poder desear algo tan intensamente como ella deseaba quemarse.”

Seguimos con otro pequeño texto:

“Tener auto-respeto lo es todo. Sin él, no somos sino esclavos sin voluntad, al capricho de todo mundo, especialmente de aquellos que tememos o despreciamos… Uno piensa:”Ningún trabajo es suficientemente bueno; después de todo, si me necesitan, si me han contratado, ¿cómo podrían ser ellos (o el trabajo) buenos? La frase magnífica de Groucho Marx lo dice todo en relación con aquellos que no tienen auto-respeto: “No me afiliaría a ningún club que me aceptara como socio.” Se ahogan en el auto-reproche. Para ellos, cada encuentro demanda demasiado y recibe muy poco. Cada palabra sin respuesta se convierte en un monumento a su propia pereza, un epitafio a su culpabilidad. Sin auto-respeto, nos entregamos y hacemos el último sacrificio: vendernos nosotros mismos.”

El compromiso, la credibilidad, saber gobernarse a sí mismo, saber focalizar la atención mediante una visión, implementar un significado mediante la comunicación eficaz, generar confianza mediante el posicionamiento, el despliegue el yo a través del auto-concepto; todos estos elementos son imprescindibles, se pueden transmitir mediante el liderazgo, y por eso es tan importante la presencia del mismo en las aulas. Sería bueno un ejercicio de reflexión, para ver de qué manera podemos enfocar la educación con el firme objetivo de ayudar a formar personas. Entendamos la educación, la enseñanza, como una herramienta que tiene por fin la transmisión de valores a otras personas, con un propósito, una finalidad, una misión que trascienda verdaderamente en su significado.

Que el niño que en su momento fuimos, jamás se avergüence del adulto en quien nos hemos convertido. Un fuerte abrazo, que tengáis una muy buena semana, y recuerden que nos mueven los sentimientos, las caricias, las sonrisas, los abrazos, las palabras que salen directamente del corazón. Es tan sencillo como dedicar tiempo a la persona. Tiempo y persona, ambos insustituibles.




“Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, a aprender más, a hacer más y a ser más, entonces eres un líder.”(Johan Quincy Adams)

mufasa y simba

Pensar con el corazón

“Ten el coraje de seguir tu corazón e intuición, porque de alguna forma ya saben lo que en verdad quieres ser. Todo lo demás, es secundario”  (Steve Jobs)

A raíz de una conversación con un buen amigo ayer, me dio para reflexionar sobre la toma de decisión, y en concreto, cómo realizamos este proceso. Por un lado, están claros los mecanismos, secuencias de pensamiento, análisis, reflexión, que nos llevan finalmente a las decisiones que tomamos a cada minuto. Pero sin embargo, de otra parte, están esas decisiones de peso, esos momentos en los cuales sabemos de una decisión importante, y justo en ese momento sin saber cómo ni por qué, interviene nuestro corazón.

Fiamos a nuestro puro instinto, corazonadas, impulsos, llamémoslo como queramos, pero probablemente estaríamos de acuerdo en que en esas decisiones intervienen factores relacionados con los sentimientos, con la confianza, la experiencia de vida que tenemos, en definitiva todo lo que se aleja de las estadísticas, de las probabilidades, y porcentajes. Hay algo poderoso en nuestro interior, que definitivamente nos mueve más de lo que nos imaginamos en las decisiones más importante que tomamos.

Recuerdo el día que paseando por Santander, vi en una pared un dibujo precioso, en el que se podía leer claramente: Piensa con el corazón. Eduard Punset afirma que “hasta hace muy poquito, no había conciencia. Se ha descubierto estos años atrás que hemos vivido sin conciencia, hemos vivido con el corazón, hemos vivido con la intuición.” La pregunta que se me plantea es, ¿cómo se piensa con el corazón? Pues bien, si tuviera que dar una respuesta a esta cuestión, estaría basada en tres elementos: sencillez, eficacia y sentimiento.

Sencillez porque, dado los entornos VUCA (volátiles, inciertos, complejos, y ambigüos) en los que vivimos, nos demandan que tengamos una manera de pensar sencilla, con una gran capacidad de síntesis porque estamos tomando decisiones permanentemente. De hecho, como bien dice Álvaro Merino, somos el producto de nuestras decisiones.

Eficacia, para ser capaces de conseguir aquellos objetivos, metas, que nos marcamos cada día, cada mes, cada año, y así durante toda nuestra vida. Los objetivos son esos elementos que nos mueven de la cama cada mañana, porque cuando estamos inmersos en ese camino, en ese proceso, tenemos ese sentimiento de felicidad. Estoy realizando un trabajo que tiene un sentido, y que me hace feliz, pero soy capaz de invertir el tiempo necesario, sin excederme demasiado en ello.

Y sentimiento, porque creo que al final es lo que nos mueve, esa fuerza interior que nos lleva a dar lo máximo de nosotros mismos. Porque tenemos sentimientos de pertenencia al equipo en el cual trabajo, un sentimiento de compromiso para con las personas con quienes convivo día a día, sentimiento de felicidad por el bienestar que experimento al encontrarme en el contexto que me hace crecer, como profesional y como persona.

No siempre es bueno tener excesiva información, o pensar demasiado en determinados asuntos. De hecho, otra vez Eduard Punset afirma que “muchas veces es mejor tener menos información, que más información para decidir bien.” De hecho, yo iría un poco más allá, y cambiaría menos por mejor información. Y esto me lleva a recordar algo que me pareció muy interesante por parte de Álvaro Merino, cuando hablaba de aprendizaje: “No somos más expertos por ejemplo, por estar haciendo 10,20 años una tarea concreta, porque podríamos llevar todo ese tiempo haciendo esta tarea mal. Por tanto, no es una cuestión de cantidad, sino más bien referido a la calidad de nuestras acciones y decisiones. Cuanto mayor calidad hay en lo que hacemos, mejor es nuestro crecimiento y aprendizaje”

¿Y cómo se consigue ese aprendizaje de calidad? Logrando diseñar un aprendizaje que sea trascendente, que marque y deje una huella en el corazón de quien vivencia determinadas situaciones. Recuerdo la pirámide invertida de Edgar Dale, en la cual afirma que el niño recuerda el 90% de aquello en lo que formó parte de ello, fue parte activa de su proceso de aprendizaje.  Como bien dice Jaime Sampaio, en lo referido al fútbol,  es que matamos progresivamente la creatividad del jugador de fútbol con tanta repetición, con tanta tarea cerrada. Y yo pregunto, ¿de qué sirve la tarea cerrada, si el fútbol al igual que la vida, es un entorno VUCA que está cambiando a cada momento?

Esto me lleva a concluir este post creyendo que deberíamos pensar menos pero con más calidad, y sentir más, lo cual no quiere decir que dejemos de analizar, de ver probabilidades, estudiar porcentajes, porque hay veces que es estrictamente necesario realizar ese tipo de acciones. Pero tengamos siempre presente, que nunca lo vamos a tener todo controlado, ni vamos a tener la certeza absoluta de nada, ni todo bien atado, porque la vida sorprende a cada momento. Y además, porque queramos o no nos mueve la emoción, el sentimiento, lo que llega a nuestro corazón.

“El corazón tiene razones que la razón desconoce.” (Blaise Pascal) 

Que tengan un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo.

Andrea Pirlo

De la plaza a 3ª División

“No deberías hacer diferencia entre la vida real y la arquería; para ambas, existe sólo una verdad. En cada disparo, debes renovar tu existencia y reintegrarte con el universo, porque es sólo al unir tu ser con el universo como este ser se torna real. Por esto la meta del arquero es elevar su carácter y entrenar su espíritu al apuntar a si mismo. Es también la razón por la que debe hacer énfasis no en la técnica sino en el espíritu. El verdadero llamado de la arquería es, por lo tanto, adquirir más influencia sobre tu propio espíritu, haciéndolo más caballeresco y tanto más humano y, de este modo, producir más verdaderos sabios y santos.” (Dogen Zenji)

Hace un par de semanas me enviaban un artículo de un periódico deportivo, relatando que ya sólo quedaban dos equipos en toda España que hubiesen ganado todos sus partidos de liga. Estos equipos eran el UD Logroñés y el Moralo CP, siendo éste último el equipo del pueblo en el que viví toda mi infancia y posterior adolescencia. La noticia me emocionó porque en ese equipo hay jugadores con los que he crecido, con quienes compartí momentos de mi infancia en el Colegio, jugando al fútbol en la plaza del Ayuntamiento, y todos esos recuerdos comenzaron a llegar a mi mente.

Tras hablar con Lolo, uno de esos jugadores, a quien conozco desde que éramos unos niños jugando en la plaza del Ayuntamiento partidos que para nosotros eran de máxima importancia (sí, esos partidos que ahora no ves en la calle y que tanto echo de menos), llegaba a la conclusión que se transforma en reflexión en este post: la importancia de en quién nos vamos transformando, conforme avanza nuestra vida. Es cierto que luego vimos nuestros caminos separados, él con sus amistades, yo con las mías, él se quedó allí, yo me marché a Madrid en busca de oportunidades, de poder seguir creciendo. Pero siempre nos hemos alegrado de vernos.

Porque siempre hay algo que te une a esa persona, en nuestro caso la pasión que sentimos por el fútbol, la dedicación y la ilusión como él bien decía “como si fuese un niño” cuando llegan los días previos al partido. Cada uno de nosotros tenemos la infancia que nos toca, no la elegimos, no tenemos ese poder de decidir; pero lo realmente bonito es la persona en quien te vas convirtiendo a medida que vas dando pasos, tu capacidad para conducir y/o reconducir tu vida hacia lo que te apasiona, hacia lo que amas, buscando sacar la mejor versión de tu persona día tras día.

Raúl, más conocido como “Rulo” me lo decía unas navidades (cuando aún podía ir en esas fechas a hacer una visita): “Después del año tan bueno que hicimos, recibí ofertas de otros equipos para irme, ganando más dinero. Pero al final, miras lo que tienes aquí, el grupo que se está formando, que yo quiero sacarme lo que estoy estudiando para poder tener más opciones de trabajo. El buen rollo que hay con los compañeros, el grupo que somos, es lo que nos ha llevado a estar donde estamos”. Esta conversación, salvando la distancias, me lleva a la que mantuve con Nano hace dos semanas, contándome que mucha gente no entendió su decisión en ese momento, pero que él se basó en lo que necesitaba para ser feliz, qué era aquello que quería, y que su cuerpo le pedía.

No todo en esta vida es dinero; quizás para algunos sí, eso ya es cuestión de preferencias. Pero bajo mi punto de vista, el dinero en cantidades desorbitadas, la fama, y todo lo que le acompaña, se va con la misma rapidez que viene porque nada de lo que hay ahí es sincero, honesto. Todo puro interés. De la misma manera que para mí lo realmente importante es en qué clase de persona me estoy convirtiendo, mientras sigo creciendo en mi día a día, también considero clave la capacidad nuestra de desprendernos de todo lo que nos sobra, de todo aquello que no es necesario llevar consigo, hasta saber quedarnos con la esencia, con lo que realmente importa, lo que nos hace felices, aquello que nos hace fluir y donde sacamos todo nuestro talento.

Hace unos días en la Universidad tuvimos un seminario de nuestra misión, la de nuestra Universidad, que me encantó por todo lo que me llevé de esos dos días. Y hubo una actividad en la cual, separado en columnas, aparecía: 0-10 años/10-20 años/20-30 años/ para que escribieras en cada columna los acontecimientos relevantes. Yo llegaba tarde porque había tenido dos reuniones antes, y cuando mi compañera me explicó la tarea, mi contestación fue tan breve como contundente: “¿Qué me he pasado? Demasiado, en tan poco tiempo.” Empecé a escribir en cada columna, y luego cuando tuve explicarlo, exponerlo a los compañeros, no pude evitar emocionarme mucho. Porque con una vista rápida a las columnas, uno veía cuán difícil ha resultado a lo largo de estos años, la cantidad de veces que he afrontado realidades nada agradables, y cómo había conseguido con la ayuda de la gente que me quiere, salir de todas ellas.

Justo en ese momento recordé unas líneas que David Dóniga me dedicó, y que las tengo guardadas como si de un tesoro se tratase, para cuando pueda publicar mi libro: “La realidad es que, una vez repartidos los papeles, no hay vuelta atrás. Lo único que podemos hacer es aceptar con amor lo que nos ha tocado y hacer una interpretación de Óscar; una actuación que disfrutemos como “enanos” durante su desarrollo, con sus momentos de drama, comedia y, como no, de romanticismo, y que al bajar el telón nos reconforte por haber dado todo y haber gozado como ese actor que termina exhausto y orgulloso del trabajo bien hecho. Pablo nos presenta una obra de teatro maravillosa, sublime; una película trepidante que podía haberse convertido en un drama, una comedia, un thriller o en cine de terror; una historia que, pudiendo ser cualquier cosa, él decidió que fuera de Amor.”

Porque, como bien dice y me recuerda mi amiga Gemma, “el amor es el camino.” De la misma manera que a Lolo, Dani Herrero, y Rulo su amor por el fútbol les ha llevado a disfrutar del momento en el que se encuentra su equipo actualmente, a mí el amor que siento por la vida, por disfrutar de ella cada día al máximo hasta quedar exhausto, es lo que me impulsa cada mañana a levantarme con la batería cargada al máximo para no sólo tratar de ser yo la mejor versión posible, sino lo que es más importante aún, sacar la mejor versión de todas las personas que nos rodean. Sólo importa el momento presente, y conviene recordar que todo empieza y termina en la persona. Pon amor en cada gesto que tengas, y vivirás momentos únicos.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y pongan amor en cada pequeña tarea que hagan, en cada acción que realicen.

“Es importante ser inteligente, tener talento, títulos, y ser buen líder, pero más importante es ser buena persona.”

“Cuando con el arco uno estimula al espíritu, y cuando con la flecha uno concentra el espíritu considerando que el blanco es la Verdad, y cuando uno dispara con veneración, invariablemente se da en el blanco.” (Yangzu) 

moralo cp

 

 

Todos necesitamos luz

“Con seguridad no hay otra cosa que el propósito único del momento presente. Toda la vida de un hombre es una sucesión de momento tras momento. Si uno comprende completamente el momento presente, no habrá nada más que hacer, y no quedará nada por perseguir.” (Yamamoto Tsunetomo)

Hay quienes pueden vivir en el pasado, mientras que otros miran al futuro con excesivo optimismo creyendo que es ahí en ese espacio de tiempo donde se encuentran todas las soluciones, lo cual creo que es un grave error. La única realidad que vale es el momento que vivimos, y lo más sensato quizás sea construir el futuro inmediato en base al instante que vivimos, mirando en nuestros apuntes de la vida para aprender de los errores (mal llamados fracaso, porque el único fracaso es no intentarlo) que hemos cometido con el fin de mostrar nuestra mejor versión.

A veces puede suceder que lo de tratar de mostrar nuestra mejor versión no sea tan fácil como parece, porque los comienzos suelen ser por lo general difíciles, instantes de dudas, de fragilidad. Por ejemplo, los equipos que he tenido la suerte de entrenar hasta ahora exceptuando uno, todos empezaron “mal” en lo que a resultado se refiere. ¿Por qué? Porque siempre sucede lo mismo, nervios, miedo a atreverse, miedo a ser valiente, miedo a tomar decisiones, falta de confianza en uno mismo. Factores que sólo el tiempo y el trabajo diario es capaz de mejorar.

¿De qué manera hemos conseguido siempre revertir la situación? Centrándonos en el momento presente, en la confianza, y adoptar un estado de ánimo situado en el término medio. Ser feliz cuando se está muy bien, pero ser feliz cuando quizás no estamos todo lo bien que quisiéramos es una de las claves para lograr revertir las malas rachas que todos atravesamos. Recuerdo una frase de Marcos Jiménez, referente a la gestión de equipos: “Al jugador tienes que darle vidilla cada día, tienes que engancharle, enchufarle. Porque cada uno viene con mil problemas, cansado del trabajo de todo el día, y aún con todo viene aquí a entrenar con el equipo e intentar dar lo máximo.”

Muy relacionado con esto último, Rita Pierson afirma que todo es una cuestión de relaciones, donde la diferencia está en cuánto de grande es tu capacidad para conectar con las personas, para dejar huella, para hacerla sentir de tal manera que un día te diga: “Sabe Mrs Walker, usted cambió mi vida. Me hizo sentir que era alguien, cuando en el fondo sabía que no lo era.” Todos, absolutamente todos, necesitamos de un campeón, de un referente, de una luz que brille con fuerza para que nos guíe en el camino adecuado en nuestro crecimiento personal, porque nadie nace sabiendo de todo.

De hecho, creo que uno es producto de las decisiones que toma, y esas decisiones las toma en base a la vida que ha vivido, una vida que vive en base a las relaciones personales que con el tiempo ha sido capaz de consolidar, fomentar, cultivar, y cuidar con sumo detalle. No es una cuestión de regalos, es una cuestión de gestos sencillos pero diarios. Si yo le preguntase de quién se acuerda especialmente, probablemente no sabría quién es la persona en la que está pensando, pero sí imagino el motivo: Porque confió en usted, a pesar de las circunstancias fue una persona leal que siempre estuvo a su lado.

Quizás suene demasiado brusca la frase, pero recuerdo una que enuncia Sir Alex Ferguson en su biografía Leading: “Seis personas son suficientes para llevar un ataúd, por tanto seis personas es un número suficiente de personas leales que uno puede tener a su lado durante toda su vida”. Quitándole un poco de drama a la frase, el significado potente que extraigo es que lo realmente importante, es la calidad de nuestras relaciones, no la cantidad.

El legado que uno puede dejar en un futuro no está basado en el dinero, ni en las propiedades, sino que tiene más que ver con los corazones que llegaste a tocar, las sonrisas que pudiste llegar a sacar, el brillo que devolviste a esos ojos tristes que una vez te miraron, y esto se consigue tratando de ser la mejor persona posible, lo cual no implica “caer bien” a todo el mundo. En absoluto, tiene más que ver con una manera de ser y una personalidad auténticas, unos valores y un código ético innegociables.

A modo de conclusión, sería bueno que recordásemos cada día dos aspectos importantes: ser humildes y responsables. Humildes porque sin el tiempo que otras personas han invertido en nosotros, no seríamos ni de lejos la persona en quien nos hemos convertido. Y por otro lado, sentir la responsabilidad que tenemos como personas de transmitir el mejor legado posible a las generaciones futuras, en forma de educación, aprendizaje, experiencias, transformado todo ello en momentos inolvidables.

Quería compartir contigo estas líneas, para terminar el post de esta semana:

“Algunos se crean sus propios mundos y otros nos inventamos nuestros propios universos. No hay que pensar en pequeño, debes crear el universo de tu mundo. Y para ello necesitas crear tu círculo de fuerza, tu archipiélago de sinceridad. Tener alrededor a esa gente única que te da energía. Somos energía y debemos buscar energías que nos den fuerza y jamás nos mientan. Si no lo haces, no estás vivo. Si no buscas, si no compartes y, sobre todo, si no das, te quedarás en un mundo pequeño y te volverás insignificante. Y recuerda que un universo lo pueden formar tan sólo dos personas.” (Albert Espinosa)

“El éxito no es el final, el fracaso no es fatal: es el coraje de continuar lo que cuenta.” (Winston Churchill)




 

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