Seis sombreros

Hay momentos, instantes, en los que una conversación, una clase con tus alumnos, puede dar para una muy buena reflexión, y la que sucedió en uno de los días de esta semana fue una de ellas.

Nos encontrábamos hablando de la técnica de los seis sombreros para pensar, consistente en cómo abordar una misma problemática o situación desde los diversos planos de la persona: sombrero blanco para la neutralidad, sombrero rojo para la pasión, sombrero negro para la cautela, sombrero amarillo para la esperanza, sombrero verde para la creatividad, y sombrero azul para el control. Y el momento bonito de la clase, de la conversación colectiva, llegó cuando nuestro querido “Barba”  hizo una vez más, una de sus aportaciones que siempre suma, y que nos hace crecer a todos: “Pero profe, entonces antes de tomar cualquier decisión importante deberíamos ponernos todos los sombreros, ¿no?”

Y fue su aportación justo la que me dio que pensar, la que me invitó a reflexionar sobre ello y sobre el funcionamiento de las personas. Fue gracias a él que me di cuenta que esta técnica que se suele utilizar para la gestión y trabajo de equipos podría llegar a ser toda una crítica a la sociedad, a la vez que una invitación preciosa al autoconocimiento. ¿Cuáles son los sombreros que nos solemos poner cuando decidimos? O preguntado de otro modo, ¿en qué nos apoyamos cuando tomamos las decisiones importantes? ¿Vemos un problema, o circunstancia a resolver como me gusta llamarlo a mí, desde todas las perspectivas o solamente desde la que nos interesa? ¿Cómo reaccionamos ante una situación difícil y que nos compromete?

Si valoro todos los sombreros, me doy cuenta de que todos son buenos en su justa medida (los excesos nunca fueron buenos). Todos los sombreros, todos los puntos de vista desde diferentes perspectivas nos aportan luz, a la totalidad de nuestro pensamiento, y se complementan a la perfección. Pero al mismo tiempo puede ser posible que uno de los motivos por el cual no los usamos es, cómo no, el tiempo. Creemos siempre tener menos tiempo del que en realidad disponemos, todo rápido, para decidir rápido, y quitarnos el problema de encima. Una de dos, o nos quitamos el problema de encima porque vivimos acomodados, o porque pararse demasiado tiempo quizás conlleva adentramos en ese autoconocimiento que nos descubre nuestros miedos, nuestras zonas más oscuras, a las que no nos atrevemos ni a mirar.

No hay dudas de que todos, por nuestra manera de ser, es inevitable que nos inclinemos a utilizar con mayor frecuencia los sombreros que un color u otro, porque existe una herencia genética, unas experiencias vividas, un contexto en el que crecemos, y eso nos condiciona. Pero todo ello no condiciona para nada el querer aprender para crecer, el querer crecer para mejorar, mejorar para pintar una obra de arte tremendamente maravillosa. Porque son los artistas, los genios, los que ven en cada pincelada su inspiración traducida en movimientos, pero a la vez se alejan del cuadro, toman perspectiva, para mirar y valorar todo en su conjunto.

Los artistas como Manet, Monet, y otros tantísimos genios, aprendieron mediante el arte que para la pintura era necesario primero entender la naturaleza, la luz, cómo lo percibimos, y cómo somos capaces de traducirlo en pinceladas más lentas o más rápidas, con una u otra técnica, con el fin de reflejar no solo lo que vemos, sino también la pasión que tenemos por la vida que sentimos en nuestro corazón. Lo decía Monet en uno de sus pensamientos: “Un día Boudín me dijo…aprecia el mar, la luz, el cielo azul. Seguí su consejo y juntos nos fuimos a dar largos paseos durante los cuales pinté constante la naturaleza. Así fue como llegué a comprender la naturaleza y aprendí a amar apasionadamente.”

De la misma manera que el artista trata de comprender cuanto le rodea, la naturaleza, el movimiento de los árboles cuando son azotados por el viento, las diferentes variedades de un color en función de la intensidad de la luz que penetra, los atardeceres con su reflejo sobre el agua del mar; de ese mismo modo quizás nosotros deberíamos contemplar nuestra propia obra de arte que es nuestra vida, la que pintamos cada día más y más, adentrarnos en lo más profundo nosotros para que cada una de esas pinceladas muestren en su conjunto la totalidad de la persona que somos, y así al ponernos en perspectiva, veamos y sintamos que seguimos creciendo, que contemplamos lo que acontece desde diferentes perspectivas; de la misma forma que el artista se aleja, toma distancia con respecto de su obra, para apreciarla, sentirla, y sobre todo, emocionarse con ella.

Porque el pensamiento nos hace funcionar, analizar, y tomar decisiones; pero la emoción por vivir cada día, y ayudar a que las personas que queremos también se emocionen, es sin duda sentirte vivo.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y no se olviden de tomar perspectiva. Las grandes obras emocionan tomando distancia, y su vida lo es. Porque como bien dice Monet: “Mis ojos se abrieron finalmente y comprendí la naturaleza. Aprendí al mismo tiempo que me encanta.” 

“Prefiero que tomen decisiones los sabios a que nos extiendan normas algunos expertos avispados. Los sabios escuchan y reconocen que aprender a preguntar puede llevar toda una vida. Para ser experto se requieren muchos títulos, para ser sabio, no tantos. Los expertos son buenos profesionales. Ven los árboles. Los sabios son nuestros maestros. Nos muestran el bosque. Para esta crisis necesitamos maestros.” (Xavier Marcet)
“La sorpresa es la gran emoción del aprendizaje” (Álvaro Merino)
“El talento tiene que ver con el hambre insaciable de aprender.”  (Álvaro Merino)
“Lo que nos permite tomar decisiones que nos dan mayor probabilidad de acierto en las decisiones es mantener la calma”. (Álvaro Merino)
“Los cambios hay que hacerlos cuando las cosas van bien.” (Marcelo Bielsa)
El paseo

 

 

“Guarda, guarda, guarda.”

“Sonó el pistoletazo de salida, los botes salieron adelante con impulso, y el telegrafista anclado en la ribera le dio al teclado para que el mundo supiera que la trigésimo octava regata anual de primeros equipos de Poughkeepsie finalmente había empezado. Durante cinco paladas, los siete botes fueron codo con codo y remaron con intensidad. Entonces Washington súbitamente aflojó y el resto de competidores le pasaron por delante. A Bobby Moch no le importaba, era justo lo que quería. […] Para que los chicos mantuvieran el ritmo, Moch se puso a cantar su nuevo mantra haciéndolo coincidir con cada palada -<<Guarda, guarda, guarda>>, recordándoles que el secreto era conservar las fuerzas.” 

Y justamente eso, conservar las fuerzas, es quizás la tarea que debemos tener en estos días en nuestra cabeza. Debemos cambiar nuestro plan, bajar la intensidad para, de ese modo, incrementar el volumen, la duración, y en consecuencia, nuestra capacidad de aguante en estos días de confinamiento que aún nos quedan. Para lograr saber cómo hacer esto, cómo ponerlo en práctica, la reflexión me la lanzó el propio Berlín en uno de los capítulos de La Casa de Papel, en una conversación El Profesor: “Sigue haciendo lo que te apasiona. Sigue cultivando la belleza.” No se pueden dar consejos más claros, más breves, pero a la vez más potentes, durante estos días.

Hacer lo que te apasiona logra que te llenes de energía, que te vuelvas a reenganchar a lo bello de la vida si es que aún estabas desconectado por completo de ello. Vivir apasionado es vivir conectado con lo más esencial de ti, con lo que te ha permitido conocerte, descubrirte, y por ello saber hacia dónde debes caminar, qué camino coger, y qué tareas debes abordar. Hacer lo que te apasiona te conduce a construir con absoluta belleza, con total determinación, porque has logrado entender que la belleza va unido a lo bueno, a lo que tiene sentido, va ligado a un propósito de vida, a sumarte a ti, y lo que es más importante aún, a la vida de las personas que quieres y con quienes creces como persona.

El hecho de vivir apasionado te lleva, en uno u otro modo, a seguir cultivando belleza. ¿Pero qué es eso?¿Qué se requiere para cultivar belleza? Vivir con amor, en eso consiste, resumido en tres palabras. Vivir con amor es vivir desde la mirada más profunda, sincera, honesta, hacia las personas que quieres, que amas, tratando de ayudarles en estos momentos más que nunca a que no dejen de contemplar la vida con ojos que derrochen luz, energía, fuerza, ojos que estén llenos de esperanza, de fe, y así nunca dejar de creer.

“Sin embargo, si alguien había sido más listo que Al Ullbrickson, era su propio timonel: el chico bajito con su propia llave de la asociación Phi Beta Kappa. Y ahora echaría el resto. De repente se inclinó hacia Don Hume y gritó: <<¡Diez de las grandes para Ulbrickson!>>. Ocho remos largos de pícea se hundieron en el agua diez veces. Entonces Moch gritó de nuevo: ¡Diez más para Pocock!. Otras diez paladas enormes. ¡Diez más para papá y mamá!>>. Muy lentamente, el Husky Clipper se deslizó por delante de Columbia y empezó a acercarse a la Marina, que estaba segunda.”  Saber en qué momento gastar una bala, o la bala, meter una píldora que incremente el pico de intensidad en emociones, en motivación, es tan importante y tan esencial en estos días como evitar gastarlas todas de golpe. Solamente de esa forma lograremos mantener, en mayor o menor grado, un buen estado óptimo en nuestra pareja, en nuestros padres, hermanos, amigos, alumnos; dosificar la intensidad de esas sorpresas es tan vital como mantener en el tiempo nuestra cabeza enfocada en lo que suma, en nuestras posibilidades, abrazando con total esperanza el momento de subir de ritmo, como Bobby Moch con el bote del Husky Clipper.

“En el bote, Moch estaba fuera de sí. <<¡OK!¡Ahora, ahora, ahora!>>gritó. Don Hume subió el ritmo a treinta y cinco, luego a treinta y seis y, más adelante, a treinta y siete. En el lado de estribor, Joe Rantz lo siguió con la suavidad de la seda. El bote empezó a tener swing. La proa empezó a levantarse del agua. Washington dejó atrás a los guardiamarinas como si su bote estuviera clavado en el agua.” Y esta es una de las claves, de las que hemos hablado más veces, lograr el swing en aquello que hagas, sentir que alcanzas un estado en el cual pierdes la noción del tiempo porque, como ellos en el bote, haces lo que te apasiona, y lo haces cuidando al máximo la belleza de cada gesto, logrando una sinergia entre cada uno de los miembros del bote que de solo verlo o imaginarlo, emociona.

“Y en esos últimos doscientos metros, en un extraordinario esfuerzo de velocidad, a cuarenta paladas por minuto y aporreando el agua hasta convertirla en espuma, Washington adelantó a California. Con cada palada, los chicos les sacaban un asiento. En el momento en que los botes cruzaron la línea de meta, en los últimos coletazos del crepúsculo, se vio una grieta de agua entre la popa del Husky Clipper y la proa del California Clipper.” Sí, esfuerzo, como el esfuerzo nuestro cada día por olvidarnos de que las circunstancias, las condiciones, no están ayudando pero que aún se puede, y se debe, hacer lo que te apasiona en la medida en que puedas. Porque es el único modo de construir algo bello, que a su vez será bueno y estará lleno de bondad. Los actos buenos, bellos, y bondadosos siempre fueron la llave para sacar lo mejor de las personas a quienes amamos, con quienes tenemos relación; porque están llenos de paciencia, de comprensión, de compromiso, y confianza. Porque es esta la vía para creer, como hizo Bobby Moch desde el timonel marcando el ritmo de paladas, en una victoria plena, llena de esfuerzo, de sentimiento de equipo.

Deseo de corazón que estéis lo mejor posible, que tengáis calma, paciencia, y no pierdan la fe ni la esperanza. Un fuerte abrazo, y que tengáis una muy buena semana.

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Acordándonos de lo esencial

Hace un rato se me venían a la mente dos imágenes. La primera, de hace unas semanas, con las terrazas llenas y miles de personas sentadas en ellas, sin disfrutar de la compañía, atendiendo al móvil. La segunda, de hace unas horas, tiene que ver con las mismas terrazas vacías, y la sensación de tristeza de esas miles de personas por no poder ver, abrazar, o besar, a quienes probablemente hace una semana cambiaban por un dispositivo electrónico.

Esta es, sin duda, una de las lecciones valiosas (solo será como tal si la recordamos para siempre) que nos está dejando estos días, semanas, de incertidumbre, tristeza, miedo, e inquietud, por no saber cómo y cuándo terminará todo esto: Recordar, siempre, que lo importante debe seguir siendo lo importante. Esto implica, en primer lugar, comenzar a vivir de verdad cada instante que tenemos la oportunidad de aprovechar. Y es cierto, no hay una sola manera de vivir, pero por favor vivan: sientan, rían, salten, abracen, besen; y todo ello hagánlo desde la sinceridad, desde el corazón, porque nunca es tarde para expresar lo que de verdad sentimos. Siempre estamos a tiempo para hacer lo correcto.

Por otro lado, esta situación nos regala la lección de que tan importante es acertar con la decisión correcta, como también elegir el momento y el lugar adecuados. El inmovilismo,  la poca o nula capacidad de autocrítica, es algo que los grandes directivos no pueden permitir que vuelva a suceder porque hay a quien se le paga para tomar decisiones. Está mal que no se tomen decisiones por incapacidad, pero está peor aún no tomarlas por prepotencia, por no admitir el hecho de que han sido superados. La humildad, que implica la capacidad de autocrítica, así como la coherencia, el ahora famoso sentido común (pero que a veces, es el menos común de lo sentidos), ser consecuentes, y personas íntegras, es el único camino adecuado que nos ayuda a garantizar que la calidad de nuestras decisiones salvaguarda la calidad de las vidas que tenemos a nuestro lado.

Y por último, unido a lo que hablábamos al principio de este post, es un momento para volver a recordar que, efectivamente y sin lugar a dudas, el ser humano es un ser relacional. Por tanto, necesitó, necesita, y necesitará de otras personas para tratar de ser cada día la mejor versión que lleva dentro. Una versión que permite, al mismo tiempo, brillar con fuerza a todas las personas que por un motivo u otro necesitan un poco de luz, un motor de arranque, un rayo de esperanza, entre a veces tantísima oscuridad.

Por esa sencilla razón, es momento para aprender de una vez por todas que se puede tener una ideología que decline más la balanza hacia un lado, o hacia el otro, pero que por encima de cualquier ideología, de cualquier ansia de voto o de asegurar un sillón, están las personas. Unas personas que, independientemente de su trabajo, ahora mismo deberían sumar a un país, que es el nuestro, que solamente debería tener un objetivo cuando cada mañana sale el sol: ser la mejor nación posible, dejando el mejor legado a las generaciones que vienen.

En medio de toda esta incertidumbre, de esta situación que vamos a sacar adelante entre todos si de verdad somos conscientes de la tarea que nos ocupa, en un domingo por la tarde como hoy quizás sea buen instante para dar las gracias a quienes nos quieren, a quienes han confiado y confían en nosotros. Para agradecer, además, a millones de personas que están trabajando por nosotros aún sin conocernos, como son todo el personal sanitario, fuerzas del estado, y así un largo listado de profesiones que bajo su uniforme esconden una piel como la nuestra, un corazón que quiere sumar, para que nunca dejemos de creer y crecer. Hoy es momento de decir: Gracias, de corazón.

Un fuerte abrazo, y cuando todo vuelva a la normalidad, cuando vuelvan a tomarse ese café, esa cerveza bien fría, ese tinto de verano que le sabe a gloria, recuerden el verdadero valor que tiene no solamente en sí, sino el momento que está viviendo, porque esta es la última lección que nos dejan estas semanas: El tiempo no se recupera, por tanto, aprovechadlo.

“No conozco don más indiscutible que el de la tenacidad de propósito, que, a través de todos los reveses, jamás cambia, impávida en los buenos y malos pasos, venciendo toda oposición hasta llegar al puerto.” (Ralph Waldo Emerson)
“Nuestro espíritu ora es rey, ora tirano: rey cuando atiende a la virtud, cuida la salud del cuerpo que tiene encomendado y no le ordena nada vergonzoso, ni vil; mas cuando es inmoderado, ambicioso, antojadizo, se gana un nombre detestable y cruel y resulta un tirano.” (Séneca)

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“Obligados”a elegir

“Sin más, pondré la atención en mí y, cosa que resulta muy provechosa, revisaré mi jornada. Nos vuelve muy defectuosos el hecho de que nadie toma en consideración su vida; discurrimos sobre lo que hemos de hacer, y esto raras veces, pero no consideramos lo que hemos hecho; ahora bien, la previsión del futuro depende del pasado.” (Marco Aurelio)

El pasado sábado se volvieron a celebrar, como cada cierto tiempo, las jornadas de puertas abiertas en nuestra Universidad. Un momento clave para los futuros alumnos, a quienes se les da la posibilidad de conocer nuestras instalaciones, servicios que tienen a su disposición, o conocer por vez primera a alguno de los profesores que más tarde tendrán en clase.

Justamente cuando me estaba despidiendo de los padres que habían asistido, uno de ellos me dijo una frase que inicia la reflexión de este título: “Es que jope, cada vez les obligan a tener que elegir, decidir, antes, y están hechos un lío, no saben aun lo que quieren.” Y yo me preguntaba: ¿Cuál es el verdadero problema? ¿Realmente es demasiado pronto para tomar decisiones, con 17-18 años? ¿Acaso no van a tener que elegir, constantemente, durante el resto de su vida? Quizás, después de todo, lo malo es que aún no sepan qué significa tomar decisiones, y la importancia de ello.

El problema de no saber cómo, qué, cuándo, ni qué elegir o decidir, conlleva que uno no termina de aprender qué se siente cuando uno se equivoca, cuando uno acierta, qué implica equivocarse o acertar en las personas con quienes estás conviviendo cada día y cómo les afecta a ellos. Del mismo modo, implica en el chico la nula experiencia de sentir la libertad para decidir, la responsabilidad de ver cómo cambia la dirección de tu camino en función de tus decisiones; porque ya hay otras personas que están decidiendo por ti.

Con esto no quiero decir que al chico, desde edades bien tempranas, se le deje hacer absolutamente lo que quiera, cuando quiera, y como quiera. En absoluto. Más bien, tiene que ver, con saber qué distancia tomar con respecto a él para hacerle saber que estamos ahí, pero al mismo tiempo mediante preguntas (no imposiciones, ni órdenes), invitarle a que sea él quien vaya aprendiendo a decidir. Preguntarles para escucharles, escucharles para saber realmente qué quieren, qué esperan, cómo ven en definitiva el mundo a través de sus ojos.

¿Por qué es vital todo este proceso, y cuidar cada paso en ese crecimiento diario? La razón es muy sencilla: Para evitar la incoherencia. Sí, porque no se puede ser tan incoherente hasta el punto de que se lo demos absolutamente todo hecho desde pequeños, impidiendo que elijan, evitando que se equivoquen, o que acierten, pero en definitiva quitándoles su protagonismo; añadiendo además a eso un ensalzamiento de habilidades, esfuerzos, o atribuyendo méritos mediante recompensas a una serie de comportamientos que, no nos equivoquemos, son deberes, responsabilidades, que tienen, y que sin embargo les hacemos ver que es algo excepcional en ellos.

Hacer excepcional lo que debería ser normal es muy peligroso, más de lo que imaginamos, porque es la consecuencia directa que les lleva a vivir en una burbuja hasta determinada edad en la cual su entrenador, su profesor, su primera pareja, o en su primer trabajo, serán quienes les digan el primer “NO”, o la primera frase del estilo “Esto no se hace así. Te has equivocado”; o por otro lado preguntas del estilo: “¿Cómo hacemos esto?” Cuando esto sucede, es el mismo efecto que si la burbuja se pinchase, se aterrizase desde una altura estrepitosa, y ya solo el mero contacto con el suelo físico de verdad, con sus baches, piedras, o un poco resbaladizo, que puede generar pequeñas caídas asusta, y de qué manera.

Por todo ello no podemos exigirles, a cierta edad, que comiencen a elegir, a decidir, de manera adulta y responsable, si por el contrario durante sus edades más tempranas no aprendieron a hacerlo contestando a pequeñas preguntas, más asequibles acordes a su nivel de madurez. Y no aprendieron no porque no quisieran, sino porque directamente ni se les enseñó, ni más importante aún, no se les permitió ese pequeño espacio, esa distancia tan necesaria, que consiste en confianza, liberta, y responsabilidad, que se traduce en respetar su crecimiento.

Puede ser que dé miedo, vértigo, dejar esa breve distancia, y ver cómo se equivocan, como tienen una pequeña caída: pero creo sin ningún tipo de duda que será mejor tener esa pequeña equivocación, esa breve caída, acorde a su temprana a edad; a que cometan errores de una mayor dimensión, con peores consecuencias, y heridas realmente profundas. Todo este proceso no tiene nada que ver con tratar de ser perfecto, ni competir contra el resto en quien obtiene un mayor grado de puntuación. Este proceso tiene más que ver con un entrenamiento prolongado en el tiempo, un camino de descubrimiento de sí mismo a base de realizar las preguntas adecuadas, en los momentos correctos, para que sea capaz de recorrer este camino o viaje a Ítaca como diría el bueno de Jon Pascua Ibarrola disfrutando del viaje, sin cansarse jamás del paisaje.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y sigan disfrutando de su viaje.

 “la finalidad de la vida es el propio desarrollo. Realizar la propia naturaleza de la forma más perfecta posible…ésa es la razón de ser de cada uno en este mundo. Hoy en día, la gente tiene miedo de sí misma. Han olvidado el más importante de todos los deberes, el deber que cada uno tiene consigo mismo. Son caritativos, desde luego. Dan de comer a los hambrientos, y visten al mendigo. Pero sus almas se mueren de hambre, y están desnudas. Nuestra raza ha perdido su coraje. Quizás nunca lo tuvimos. El terror a la sociedad, que es la base de la moral, el terror a Dios, que es el secreto de la religión…ésas son las dos cosas que nos gobiernan.”(Óscar Wilde)
“Parte de tu capacidad para dirigir el país no tiene que ver con las leyes o normas, consiste en dar forma a la actitud, definir la cultura, y crear conciencia.
Cuando nos convertimos en presidente olvidamos lo que nos ha llevado ahí, que es nuestra capacidad de llegarle a la gente.
Tiene derecho a una opinión propia, pero no ha hechos propios.” (Barack Obama)
“El señorío interior del hombre, cuando va bien concertado con la naturaleza, adopta respecto a los acontecimientos una posición tal, que en todo momento puede modificarla fácilmente, a tenor de las circunstancias. No tiene preferencia por ninguna materia determinada; se dirige a los objetos principales, aunque con la debida reserva, y si alguno se le opone, conviértelo en materia de tu propia virtud, no de otra manera que el fuego cuando se apodera de los cuerpos que se le echan encima. Una pequeña mecha se apagaría, pero un fuego vehemente asimila pronto cuando se le arroja, lo convierte en sí mismo y se levanta así más alto.”(Marco Aurelio)
“El que se pierde en la vida, es el que no sigue a nada ni a nadie.” (José Antonio Fernández Bravo)
“Las decisiones que tomes en tu vida tienes que tomarlas con mucha claridad, y para ti, porque con quien vas a estar toda tu vida es contigo.” (José Antonio Fernández Bravo)
“Evolucionar significa simplemente cambiar de equivocación.” (José Antonio Fernández Bravo)

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Navidad y el resto del año

“Apenas amanezca, hazte en tu interior esta cuenta: hoy tropezaré con algún entrometido, con algún insolente, con un doloso, un envidioso, un egoísta. Todos estos vicios les sobrevinieron por ignorancia del bien y el mal. Pero yo, habiendo observado que la naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo torpe, y que la condición del pecador mismo es tal que no deja de ser mi pariente, participante, no de mi sangre o prosapia, pero sí de una misma inteligencia  y de una partícula de divinidad, no puedo recibir afrenta de ninguno de ellos, porque ninguno podría mancharme con su infamia.” (Marco Aurelio)

En estos días de Navidad, de reencuentros, de conversaciones retomadas que en su momento se perdieron, he escuchado a menudo la siguiente frase, en diferentes conversaciones: “te veo bien”; pero con cierta actitud de curiosidad, de querer saber más sobre el motivo de por qué está tan bien esa persona. Y a esto le añado otra frase típica más, de estas fechas navideñas: “nos tenemos que ver más.” Ambas resuenan estos días hasta el agotamiento, pero con la misma intensidad que aparecen se van. Y ese es justo el problema, que la amistad, el sentimiento de cariño, la confianza, no se construye en fiestas navideñas.

Hay una frase, del último anuncio de Braun (el cual comparto con vosotros al final del post), que me parece sensacional: “Las cosas de nuestra vida no deberían diseñarse para acabar tirándose, para acabar obsoletas, para ser sustituidas, sino para perdurar en el tiempo.” Lo mágico de preparar (que no comprar) un regalo en estas fechas, el sentido último de todo no debería ser el hecho de regalar, sino el significado que podrá tener para la persona que lo recibe, el impacto que tendrá en su corazón, los motivos, los recuerdos que evoca, el momento por el cual está pasando.

Por el contrario, se tiende a hacer con los regalos lo mismo que con los gestos y los detalles diarios, puro compromiso y quedar bien cuando en realidad no es necesario, de verdad. Y a veces, incluso, ese mero compromiso, ese gesto sin amor ni verdadera preocupación, causa más daño que efecto positivo en quien lo recibe por ser más consciente aún, si cabe, de lo poco que le importa a la otra persona.

Deberíamos ser más cuidadosos en cómo invertimos el tiempo con las personas que queremos; no por recibir nada a cambio (aunque siempre lo esperamos), porque como dice Marco Aurelio: “Si ejecutas la acción presente siguiendo la recta razón, celosamente, con firmeza, benevolencia y sin preocupación superflua, antes bien, conservando tu genio constantemente puro, como si debieras restituirlo al punto; si añadieres la condición de no esperar nada ni nada evitar, dándote por satisfecho con el trabajo presente conforme a la naturaleza y, en cuanto digas o propongas, con una sinceridad heroica, vivirás feliz. Y nadie podrá impedírtelo.”; sino por ser felices. Porque no nos engañemos, todos queremos ser felices, vivir feliz, y ver felices a las personas que queremos.

Pero para lograr esto último, para alcanzar esta felicidad y teniendo en cuenta que el ser humano es un ser relacional, hay que querer de verdad, de manera constante en el tiempo y no por fechas concretas (cumpleaños, Navidad, Semana Santa,…), no, no funciona así. A mi manera de verlo, es el mismo proceso que acontece con un artista en relación con su obra, de la misma manera que lo hacían Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, todos ellos se enamoraban de su obra, conversaban con ella, disfrutaban de ese proceso, de cada avance, de la utilización de materiales de primera calidad, estudiaban a fondo la perspectiva, los ángulos, la utilización de una tonalidad concreta de color u otra; el proceso, una vez más, es la esencia.

No existen los plazos, no existen las fechas, no existen los límites de lo que es poco o es mucho; pero lo que sí existe y probablemente funcione con cada uno de nuestros proyectos vitales es la nobleza, la honestidad, la autenticidad, de todos y cada uno de nuestros actos cuando verdaderamente salen del corazón. A todos nos emociona vivenciar momentos así, a todos nos gusta presenciar un acto así e incluso nos emociona aún no siendo uno mismo quien lo recibe. Entonces, si nos emociona, ¿por qué no emocionar nosotros?¿por qué no apartar el cinismo, la hipocresía, el engaño, la mentira, y empezar a ser auténticos?

Con los regalos navideños pasa lo mismo que con nuestro comportamiento, nuestros gestos, y nuestros detalles hacia las personas que queremos, que no deberían hacerse para luego dejarlos a un lado, para que acaben obsoletos, o finalmente siendo sustituidos por la verdadera personalidad que sale a relucir en el resto de ocasiones de manera cotidiana; sino más bien deberían ser gestos de amor, de bondad, de cariño, que perduren toda una vida. Y eso no se construye en Navidad, sino los restantes días del año. Solo de esa manera podrás saber , verdaderamente, por qué ves tan bien a la persona que tienes delante.

Siento haber estado tan desaparecido por aquí durante todo este tiempo, prometo no tardar tanto la próxima vez. Un fuerte abrazo, feliz año 2020, y que tengáis la mejor salud posible para disfrutar la vida que merecéis.

“Cuida que ninguno pueda decir de ti con verdad que no eres hombre sencillo o bueno; antes bien, que se engañe quien pensare de ti alguna de estas cosas. Esto depende totalmente de ti. Porque ¿quién te impide el ser bueno y sincero? Forma el juicio de que no te conviene vivir si no eres así, pues la razón no dicta que debas vivir siendo de otra manera.” (Marco Aurelio)
“En ningún lugar encuentra el hombre refugio más apacible, más tranquilo, que en su propia alma, sobre todo cuando atesora aquellos bienes que, con una sola ojeada, nos devuelven enseguida la libertad del espíritu: y lo que yo llamo liberad de espíritu no es otra cosa que el estado de un alma bien ordenada.” (Marco Aurelio)

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El compromiso de dar

“Vivimos en un mundo donde el funeral importa más que el muerto, la boda más que el amor y el físico más que el intelecto. Vivimos en la cultura del envase que desprecia el contenido.” (Eduardo Galeano)

Hace unos días mantenía una conversación con uno de los mejores amigos que uno puede tener, de esas conversaciones que aportan, que suman, y en las cuales se intercambian las preguntas, las reflexiones, con el ánimo de crecer, de sumarse el uno al otro. Charlamos sobre la importancia del compromiso, de cómo establecer este componente tan importante (y tan despreciado en la sociedad) en su equipo de voleibol, y mientras transcurría la conversación en mi mente aparecía esta pregunta que da pie al post de hoy: ¿Y qué hay de nuestro compromiso en nuestra vida, en nuestro día a día?¿Con nuestras amistades?¿Con nuestra pareja?¿Con la familia?¿Cuánto damos, y de qué manera? ¿Sin nada a cambio, o esperando recibir?

De lo que uno se da cuenta con el paso del tiempo es que el compromiso es un componente esencial en nuestras relaciones, pero al mismo tiempo uno va percibiendo que nadie se compromete si no confía (preciosa frase de mi amigo Álvaro Merino), entonces, ¿por qué nos cuesta confiar?¿qué sucede para que sea tan difícil encontrar una relación de confianza? En mi opinión, porque no sabemos contemplar el verdadero valor de las relaciones personales; como bien dice Eduardo Galeano arriba: nos quedamos en el envase.

Hace un tiempo, viendo la serie Peaky Blinders, hubo un intercambio de frases entre Tomas y Joe Shelby que me llamaron sorprendentemente la atención: ” -.¿Recuerdas cuando éramos niños, y nos cubríamos las espaldas el uno al otro? -. Sí, pero ya no somos niños Joe. -. Cierto, pero nos seguimos teniendo el uno al otro. ” ¿Cuántos de nosotros, pasado un tiempo prudencial, podríamos decir eso? Difícil, bastante complicado. Y sin embargo no logramos comprender que la vida se vive de otra manera, se percibe totalmente diferente, cuando día tras día sacas lo mejor de ti con las personas con quienes compartes tu vida. El compromiso de ser y estar sin esperar nada a cambio, sin hacer nada por obligación, simplemente por sumar, por hacer un poquito mejor la vida de otra persona.

Pero para alcanzar ese compromiso contigo primero, y en consecuencia con los demás, uno debe aprender a disfrutar de la sencillez de cada momento, a saber perdonar cuando procede, tener la suficiente humildad para reconocer los errores cometidos, ser claro, transparente, sin mentiras, mostrándote tal y como eres, respetar a la persona que tienes delante evitando que sea como tú querrías que fuera; a todos estos detalles hay que sumar el componente más importante, vital, y esencial: amor auténtico.

Y digo auténtico porque amar no es hacer ver a la otra persona que solamente tú la quieres, que solamente tú le vas a poder regalar esa felicidad que tú consideras verdadera. No. Amar es comprender la singularidad del ser, entender su realidad, aceptándola tal y como es, cuidando mucho el lenguaje que utilizamos en nuestras conversaciones, cómo hablamos y más importante aún cómo escuchamos. Todo ello es lo que genera, como muy bien diría Don Alfonso López Quintás, el verdadero encuentro en el que se produce una experiencia auténticamente reversible.

Por otro lado, es imprescindible que alcancemos esa sensibilidad que nos haga emocionarnos de manera verdadera y auténtica por ver a una persona a quien queremos tantísimo con buena y recuperada salud; que nos emocionemos por poder dar un abrazo  a un amigo que ves durante cuatro minutos en un encuentro fortuito, pero que se tiene que marchar porque debe seguir trabajando. Sentir el nudo en la garganta simplemente por estar cenando con tu pareja, tus amigos, y ves sus sonrisas, ves sus ojos brillando por disfrutar de ese momento tan agradable. Y notar una emoción preciosa por poder dar un beso a tu padre y a tu madre cada noche cuando te vas a dormir. También ahí debemos adquirir el compromiso con nosotros mismos, para saber apreciar esa belleza tan bonita, tan sencilla, pero a la vez tan potente.

¿Por qué es tan importante sentir todo lo anterior en el corazón? Porque es esa emoción lo que nos lanza a escribir a las personas que queremos, preguntarles cómo están, cómo se encuentran, querer verlas cada semana, querer compartir con ellas momentos sencillos, pero extraordinariamente bonitos. Es esa emoción la que nos impulsa a sacar lo mejor de nosotros, no para quedárnoslo para nuestro beneficio, sino para que ellos tengan un motivo más para querer brillar con más fuerza, con más luz, una luz que a su vez produzca el despertar en la persona que la vea en su día a día.

Por todo ello, comprometernos a dar lo mejor que tenemos en nuestro corazón es el mejor propósito que nos podemos marcar cada día, cada mañana, cuando nos levantamos de la cama; porque no aprendemos por lo que nos dicen, sino según como vivimos, en base a lo que nos emociona, a lo que nos llega, nos trasciende, y nos hace sentir en lo más profundo de nosotros que hay un elemento que nos une, y que es inigualable: el amor.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte a,brazo, y amen, lo mejor que puedan.

“…Me he puesto a escribir casi en la madrugada, con urgencia, como quien saliera a la calle a pedir ayuda ante la amenaza de un incendio (…). Les pido que nos detengamos a pensar en la grandeza a la que todavía podemos aspirar si nos atrevemos a valorar la vida de otra manera. Les pido ese coraje que nos sitúa en la verdadera dimensión del hombre. Todos, una y otra vez, nos doblegamos. Pero hay algo que no falla y es la convicción de que -únicamente- los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana.” (Miguel de Unamuno)
“Si no adviertes que los demás son uno contigo, no podrás amarlos. Tu amor por los demás es el resultado del autoconocimiento, no su causa. Cuando sabes, más allá de toda duda, que la misma vida fluye a través de todos, […] los amarás a todos de forma natural.” (Nisargadatta Maharaj)
“Solo cuando hayas encontrado tu verdad más profunda podrás convertirte en un modelo para los demás e inspirar confianza en vez de cinismo.” (Fred Kofman)

Eddie Jaku

 

Con vos iremos

“-Amigos, quiero saber cuáles de vosotros queréis venir conmigo. Dios os lo pagará a los que vengáis, pero igualmente satisfecho quedaré con los que aquí permanezcáis.

Habló entonces Álvar Yáñez, su primo hermano:

-Con vos iremos todos, Cid, por las tierras deshabitadas y por las pobladas, y nunca os fallaremos mientras estemos vivos y sanos; en vuestro servicio emplearemos nuestras mulas y nuestros caballos, el dinero y los vestidos; siempre os serviremos como leales amigos y vasallos.”

De esta forma da comienzo la historia del Cid Rodrigo Díaz, o como también se le conocerá, El Cid Campeador, y precisamente ya con estas primeras líneas se me planteaban las primeras preguntas, las primeras reflexiones: ¿Sería esto viable hoy en día?¿En qué se ha cambiado?¿Dónde quedaron la lealtad y la palabra dada?¿Cómo hemos desarrollado nuestro círculo de amistad, de confianza?¿Qué nos mueve a sentir lealtad y respeto por una persona?

Si uno se para a observar, es tremendo cómo se han desarrollado las relaciones de amistad hasta el día de hoy. Sorprende ver y escuchar cómo no dejan de suceder las historias de decepciones, de discusiones, entre relaciones de amistad, siendo cada vez más difícil encontrar grupos de amigos que mantienen lazos fuertes de confianza, de unión, y de entendimiento. La persona, sin duda, con el paso del tiempo ha ido olvidando lo que realmente es importante.

Hasta ayer siempre había querido escribir este post, pero no sabía cómo desarrollarlo. Pero después de tener la gran suerte de conocer al profesor y doctor Don Alfonso López Quintás, comprendí por qué han cambiado tanto las relaciones, y la manera en que las concebimos, desde los tiempos del Cid Campeador hasta el día de hoy.  Gracias a él supe que todo encuentro parte de una relación entre dos personas, quienes generan un estado de plenitud. Con ello, se genera un campo de juego, que les enriquece a ambos, porque es una experiencia reversible.

Dicho esto, se debe tener en cuenta que para que se dé un encuentro, deben plantearse las siguientes condiciones:

  1. Generosidad.
  2. Disponibilidad
  3. Cordialidad
  4. Fidelidad
  5. Paciencia
  6. Comunicación
  7. Participación en tareas comunes

Se debe tener presente que, todos estos valores, cuando los asumimos para generar ese encuentro tan necesario, se transforman en virtudes. Y aquí, al llegar a este punto, pude comprender por qué a día de hoy no existe esa lealtad, ese valor de la palabra, ese valor de la amistad, que se tenía hace un tiempo.

Comprendí que se ha perdido por completo la escala de valores, porque se tiende a tener muy poca generosidad con la otra persona. No se logra comprender que nunca se debe esperar nada a cambio, sino dar porque realmente te quiero, porque mi cariño y mi amor hacia hace que quiera darte lo mejor de mí.

Hay que tener en cuenta, además, que las relaciones no se dan ni se producen, ni se mantienen, cuando uno quiere sino que hay que estar, y hacerle sentir a la otra persona que realmente estás. Es conocida la frase de que “para tomar unas cervezas siempre hay muchos, pero cuando llegan los momentos difíciles, pocos son los que se quedan.” No hace falta llegar a este extremo, aunque es cierto, pero es tan verdad como que no abundan los mensajes de qué tal estás, y sin embargo sí abundan la no respuesta a ese mensaje. Seguimos sin saber apreciar que, todo cuanto tenemos, nada es tan valioso como el tiempo que invierte esa persona contigo. Nos sigue faltando sensibilidad, mucha. Así marchamos.

Caemos en el tremendo error de que, cuanto más cariño o confianza hay, no tiene por qué haber respeto, educación, hacia los gestos de la persona. Nada más lejos de la realidad. A más años de amistad, a más confianza, a mayor relación familiar (como es el caso de una madre, un padre, o un hermano), mayor cordialidad. No nos equivoquemos. Un “gracias”, un “perdón” cuando nos hemos equivocado, es necesario y hasta obligatorio decirlo, independientemente del grado de confianza que haya en una relación, porque es la mejor señal para hacer entender a la otra persona que la quiero, que la sigo valorando como se merece de verdad.

Ser fieles a esa relación, a lo que se cuenta, a lo que se dice, al valor de la palabra dada es otro factor, otro componente de las relaciones que cada vez se ve vulnerado con mayor frecuencia. Y parece que hay que recordar que cuesta mucho ganar la confianza de una persona, de un grupo, pero cuesta muy poco perderla, puede ser en cuestión de segundos de hecho. Y si a todo lo anterior añadimos la poca paciencia mostrada a veces, sobre todo en los conflictos, para encontrar una solución que nos devuelva a un punto común; si tenemos en cuenta la poca o nula comunicación existente a veces en esas relaciones de amistad o de pareja, relaciones entre dos personas al fin y al cabo, que están deseando verse pero luego no disfrutan ni saben disfrutar de cada palabra, de cada mirada, y de cada gesto de complicidad, la consecuencia es efectivamente que se ha perdido la perspectiva de todo, pero sobre todo, se ha perdido la concienciación de cómo se genera un encuentro verdadero entre dos personas.

Tras lecturas como las del Cantar de Mío Cid, o presenciar clases tan humanas y magistrales como la que tuve la suerte ayer de presenciar, y emocionarme, con Don Alfonso López Quintás, llego a la conclusión de que cuantas más cosas accesorias ha ido teniendo el ser humano con el transcurso del tiempo, más ha ido olvidando la esencia de la vida, de las relaciones personales, y la escala de valores por la cual cualquier persona debería regirse. Y probablemente esa sea la tarea más importante que los formadores, los educadores, los docentes, toda persona que en definitiva está vinculada a la enseñanza tiene encomendada en estos momentos: transmitir la idea de que todo parte del encuentro, y en concreto, de la relación que pueden crear dos personas, de corazón a corazón. Recuperar lo esencial, lo que sin lugar a dudas jamás debió perderse en este caminar, un caminar que deberíamos hacer conservando nuestra dignidad e integridad.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo.

“Educar es dejar aparecer todo el potencial de nuestros niños para que un día se conviertan en adultos con herramientas de valor para poder manejarse en entornos cada día más complejos.” (Álvaro Merino Jiménez)
“En nuestro mundo de disyunciones, lo prudente es prepararse y es apostar por innovar, aunque no sea fácil y aunque a veces los resultados tarden en llegar. No hay innovación sin riesgo, pero el gran riesgo es no innovar.” (Xavier Marcet)
“Humildad para reconocer errores y dejarse ayudar, y generosidad para hacer el trabajo de los demás si hace falta.” (Xesco Espar)

el cid campeador