Con vos iremos

“-Amigos, quiero saber cuáles de vosotros queréis venir conmigo. Dios os lo pagará a los que vengáis, pero igualmente satisfecho quedaré con los que aquí permanezcáis.

Habló entonces Álvar Yáñez, su primo hermano:

-Con vos iremos todos, Cid, por las tierras deshabitadas y por las pobladas, y nunca os fallaremos mientras estemos vivos y sanos; en vuestro servicio emplearemos nuestras mulas y nuestros caballos, el dinero y los vestidos; siempre os serviremos como leales amigos y vasallos.”

De esta forma da comienzo la historia del Cid Rodrigo Díaz, o como también se le conocerá, El Cid Campeador, y precisamente ya con estas primeras líneas se me planteaban las primeras preguntas, las primeras reflexiones: ¿Sería esto viable hoy en día?¿En qué se ha cambiado?¿Dónde quedaron la lealtad y la palabra dada?¿Cómo hemos desarrollado nuestro círculo de amistad, de confianza?¿Qué nos mueve a sentir lealtad y respeto por una persona?

Si uno se para a observar, es tremendo cómo se han desarrollado las relaciones de amistad hasta el día de hoy. Sorprende ver y escuchar cómo no dejan de suceder las historias de decepciones, de discusiones, entre relaciones de amistad, siendo cada vez más difícil encontrar grupos de amigos que mantienen lazos fuertes de confianza, de unión, y de entendimiento. La persona, sin duda, con el paso del tiempo ha ido olvidando lo que realmente es importante.

Hasta ayer siempre había querido escribir este post, pero no sabía cómo desarrollarlo. Pero después de tener la gran suerte de conocer al profesor y doctor Don Alfonso López Quintás, comprendí por qué han cambiado tanto las relaciones, y la manera en que las concebimos, desde los tiempos del Cid Campeador hasta el día de hoy.  Gracias a él supe que todo encuentro parte de una relación entre dos personas, quienes generan un estado de plenitud. Con ello, se genera un campo de juego, que les enriquece a ambos, porque es una experiencia reversible.

Dicho esto, se debe tener en cuenta que para que se dé un encuentro, deben plantearse las siguientes condiciones:

  1. Generosidad.
  2. Disponibilidad
  3. Cordialidad
  4. Fidelidad
  5. Paciencia
  6. Comunicación
  7. Participación en tareas comunes

Se debe tener presente que, todos estos valores, cuando los asumimos para generar ese encuentro tan necesario, se transforman en virtudes. Y aquí, al llegar a este punto, pude comprender por qué a día de hoy no existe esa lealtad, ese valor de la palabra, ese valor de la amistad, que se tenía hace un tiempo.

Comprendí que se ha perdido por completo la escala de valores, porque se tiende a tener muy poca generosidad con la otra persona. No se logra comprender que nunca se debe esperar nada a cambio, sino dar porque realmente te quiero, porque mi cariño y mi amor hacia hace que quiera darte lo mejor de mí.

Hay que tener en cuenta, además, que las relaciones no se dan ni se producen, ni se mantienen, cuando uno quiere sino que hay que estar, y hacerle sentir a la otra persona que realmente estás. Es conocida la frase de que “para tomar unas cervezas siempre hay muchos, pero cuando llegan los momentos difíciles, pocos son los que se quedan.” No hace falta llegar a este extremo, aunque es cierto, pero es tan verdad como que no abundan los mensajes de qué tal estás, y sin embargo sí abundan la no respuesta a ese mensaje. Seguimos sin saber apreciar que, todo cuanto tenemos, nada es tan valioso como el tiempo que invierte esa persona contigo. Nos sigue faltando sensibilidad, mucha. Así marchamos.

Caemos en el tremendo error de que, cuanto más cariño o confianza hay, no tiene por qué haber respeto, educación, hacia los gestos de la persona. Nada más lejos de la realidad. A más años de amistad, a más confianza, a mayor relación familiar (como es el caso de una madre, un padre, o un hermano), mayor cordialidad. No nos equivoquemos. Un “gracias”, un “perdón” cuando nos hemos equivocado, es necesario y hasta obligatorio decirlo, independientemente del grado de confianza que haya en una relación, porque es la mejor señal para hacer entender a la otra persona que la quiero, que la sigo valorando como se merece de verdad.

Ser fieles a esa relación, a lo que se cuenta, a lo que se dice, al valor de la palabra dada es otro factor, otro componente de las relaciones que cada vez se ve vulnerado con mayor frecuencia. Y parece que hay que recordar que cuesta mucho ganar la confianza de una persona, de un grupo, pero cuesta muy poco perderla, puede ser en cuestión de segundos de hecho. Y si a todo lo anterior añadimos la poca paciencia mostrada a veces, sobre todo en los conflictos, para encontrar una solución que nos devuelva a un punto común; si tenemos en cuenta la poca o nula comunicación existente a veces en esas relaciones de amistad o de pareja, relaciones entre dos personas al fin y al cabo, que están deseando verse pero luego no disfrutan ni saben disfrutar de cada palabra, de cada mirada, y de cada gesto de complicidad, la consecuencia es efectivamente que se ha perdido la perspectiva de todo, pero sobre todo, se ha perdido la concienciación de cómo se genera un encuentro verdadero entre dos personas.

Tras lecturas como las del Cantar de Mío Cid, o presenciar clases tan humanas y magistrales como la que tuve la suerte ayer de presenciar, y emocionarme, con Don Alfonso López Quintás, llego a la conclusión de que cuantas más cosas accesorias ha ido teniendo el ser humano con el transcurso del tiempo, más ha ido olvidando la esencia de la vida, de las relaciones personales, y la escala de valores por la cual cualquier persona debería regirse. Y probablemente esa sea la tarea más importante que los formadores, los educadores, los docentes, toda persona que en definitiva está vinculada a la enseñanza tiene encomendada en estos momentos: transmitir la idea de que todo parte del encuentro, y en concreto, de la relación que pueden crear dos personas, de corazón a corazón. Recuperar lo esencial, lo que sin lugar a dudas jamás debió perderse en este caminar, un caminar que deberíamos hacer conservando nuestra dignidad e integridad.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo.

“Educar es dejar aparecer todo el potencial de nuestros niños para que un día se conviertan en adultos con herramientas de valor para poder manejarse en entornos cada día más complejos.” (Álvaro Merino Jiménez)
“En nuestro mundo de disyunciones, lo prudente es prepararse y es apostar por innovar, aunque no sea fácil y aunque a veces los resultados tarden en llegar. No hay innovación sin riesgo, pero el gran riesgo es no innovar.” (Xavier Marcet)
“Humildad para reconocer errores y dejarse ayudar, y generosidad para hacer el trabajo de los demás si hace falta.” (Xesco Espar)

el cid campeador

 

Aceptar y seguir

“Aceptar que habrá posesiones que no salgan bien, y hay que seguir jugando” De ese modo terminaba el seleccionador del combinado español de baloncesto, Sergio Escariolo, su charla previa al partido contra Australia. El paso previo a poder disputar la final  que hoy, contra la selección argentina, ha terminado 75-95. Campeones del mundo, otra vez. Otra vez tratando de convertir lo extraordinario, en algo normal, como si lo de hoy fuera lo lógico. Y nada más lejos de la realidad.

Digo esto porque hoy la selección española, hace unas semanas Rafael Nadal con la consecución del US Open después de 4 horas y 50′ de partido nos están regalando lecciones que según la manera en que las contemplemos pueden ser valiosas, o pasar totalmente desapercibidas. Pero de todo lo que se puede extraer de ambos ejemplos, me quedo con una palabra: consistencia. Que en palabras de nuestro seleccionador Sergio Escariolo bien podría equivaler a aceptar y seguir.

En uno de sus últimos artículos, Xaviert Marcet nos regalaba frases reveladoras como la siguiente: “Las empresas consistentes reaccionan rápido ante los primeros síntomas de debilidad de sus mercados. La consistencia no se fía de las inercias ni cree en superioridades morales o de marca de sus productos o servicios. Cuando hay señales de cambio (y, si puede ser, un poquito antes) toman decisiones correctoras o innovadoras. Las empresas consistentes viven de saber mantener la tensión siempre. Las empresas de éxito se relajan en sus celebraciones y creen que todo se arregla con un buen anuncio en el descanso de la Super Bowl o justo después de las campanadas de fin de año. Las empresas consistentes buscan el compromiso de su gente, de sus clientes, de sus proveedores.”

Vamos Rafa post

Y señalo este párrafo porque aparece una palabra que me parece clave, más aún si cabe en estos momentos de comienzo de clases en el curso académico, de temporadas en los equipos de deporte de base, así como en nuestros proyectos personales: COMPROMISO. ¿Por qué? Bajo mi punto de vista, el compromiso es uno de los elementos fundamentales para que nuestros proyectos sean disfrutados, y saquen nuestra mejor versión. No digo que a más compromiso, más éxito; no. Digo que a más compromiso, más disfrute con todo aquello que afronto cada día de mi vida, y más capacidad para persistir, para insistir, para defender y luchar aquello que quiero para mi equipo de trabajo.

Es importante diferenciar esto, sobre todo para aquellos que solamente buscan el éxito para la adulación posterior, porque lo primero que habría que preguntar es qué es éxito para ellos. Eso por un lado, y segundo dejar bien claro que siempre habrá factores que no estén en tu mano, que no puedas controlar, y que te impidan llegar al objetivo o meta que en un momento te marcaste. Ahora bien, si nos centramos en el compromiso de disfrutar de cada instante, de aprovechar cada momento haciendo brillar a quienes están a tu lado; conseguirás o no aquello que otros llaman éxito, lo que sí es seguro es que estarás en mejor predisposición de afrontar todo lo que esté por venir.

Porque la mayoría de las veces, por no decir todas, y es lo que nos recuerdan tanto la selección española como Rafael Nadal, como tantos otros deportistas, es que ganen o pierdan siempre siguen insistiendo, siempre intentan estar preparados para el próximo movimiento, para el próximo golpe, para una nueva aventura (ya lo decía Shakleton: siempre hay un nuevo movimiento). El partido, como la vida, no para, y hay que seguir jugando pierdas o no tu posesión como dice Sergio; pierdas o no el punto que estás jugando como afirmaba Rafael en la entrevista posterior a la final; siempre sigo y trato de enfocarme en el momento que acontece. Eso es compromiso conmigo mismo, y con todas las personas con quienes comparto ese proyecto: dar lo mejor de mi en cada instante de mi vida. Eso sí lo puedo controlar.

Equipo SEB

Como dice Fred Kofman: “Para ser un gran líder, debes comprender que buscar el éxito es, de forma paradójica, el modo incorrecto de lograrlo. El éxito es como la felicidad, no puede perseguirse directamente. Cuanto más directamente busques la felicidad, menos probable será que lo consigas. Perseguir la felicidad directamente te puede llevar a un placer hedonista a corto plazo, pero no te dará la felicidad auténtica. Para alcanzar el éxito debes vivir una vida con sentido y propósito. También debes perseguir la significatividad, la autorrealización y la autotrascendencia; no solo para ti sino para todos los que trabajan contigo.”

Compromiso conmigo mismo y las personas que quiero para dotar de significado a todo aquello que realizamos, ponemos en marcha, a cada momento de nuestra vida, trabajando en la realización como persona, e intentando que tenga una trascendencia. Consistencia para que significatividad, autorrealización y autotrascendencia se extiendan en el tiempo con todas las personas con quienes trabajamos en nuestro día a día: familia, pareja, compañeros, alumnos, generando en ellos entusiasmo y amor. No vivimos, ni trabajamos, para obtener likes. Vivimos para que, de alguna manera, ayudemos a encontrar a otras personas el significado, el sentido, y la trascendencia de sus vidas. Si lo conseguimos, desconozco si seremos unas personas de éxito o no, pero lo que sí es seguro es que nuestra vida será plena.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y les recomiendo que disfruten de los vídeos.



“Nos parecemos a muchas otras criaturas en su deseo de ser felices, pero la búsqueda de significado es la clave singular de lo que nos hace ser humanos.” (Roy Baumeister)
“La felicidad sin sentido caracteriza a una vida relativamente superficial, egocéntrica o incluso egoísta, en la que las cosas van bien, las necesidades y el deseo se satisfacen fácilmente y se evitan las dificultades y los compromisos exigentes.” (Roy Baumeister)
“La diferencia básica entre un hombre ordinario y un guerrero es que el guerrero se lo toma todo como un desafío, mientras que el hombre ordinario se lo toma todo como una bendición o una maldición.” (Don Juan, chamán mexicano)

 

La sencillez de un niño

Es cierto que conforme uno crece se incrementan las responsabilidades, las tareas que debe afrontar, los desafíos, que uno debe perseguir de manera progresiva. Pero, ¿por qué esto nos lleva, en determinados momentos, a complicarnos en exceso la vida? ¿por qué no somos capaces de atender a lo importante, en lugar de estar bombardeando nuestra mente con pensamientos que solamente desgastan? Qué importante es saber disfrutar.

Como contaba Mauricio Pochettino en su libro, en la escapada que realizan a Argentina: “La lejanía de la urbe agudiza los pensamientos y los sentidos. A lo mejor no son tan ingeniosas las ideas que se nos ocurren, pero lo parecen. Disfruté inmensamente de los momentos en grupo y también de algún paseo en solitario al embarcadero, un rincón tranquilo y maravilloso. Un día que agarré la bicicleta coincidí con Jesús, que había salido a correr. Decidimos seguir juntos el paseo; yo pedaleando y el al trote. La energía era brutal, no hacía falta que habláramos, nos sentíamos parte de algo mucho más grande.”

Sentirte parte de algo mucho más grande que tú consigue que uno se desprenda de sí mismo, y se centre en todo lo que le rodea: la persona con quien está; si se encuentra solo percibir los rayos del sol, el sonido de las olas cuando rompen, el cantar de los pájaros cuando vuelan por encima de ti. ¿Por qué dejamos de fijarnos en la belleza de todo cuanto nos rodea? La belleza, qué importante es; pero me la guardo para el próximo post.

Uno de los grandes retos, creo, para cualquiera es justamente esto: no necesitar ir a un sitio alejado, para disfrutar de la belleza de cuanto nos rodea. Debemos ser capaces de apartar trabajo y vida, atendiendo al trabajo cuando toque; pero atender a nuestra vida cuando estemos en nuestro tiempo, en nuestro espacio, en ese encuentro contigo mismo. Para que el trabajo sea de calidad, nuestro tiempo de descanso de cada día (que debemos tenerlo), también debe poseer esa máxima calidad.

Una de las reflexiones que me encantó de Mauricio, al respecto de este “darle vueltas a la cabeza” fue la siguiente: “Es que me di cuenta de una cosa. Darle vueltas a las cosas, buscar donde no hay, intentar la cuadratura del círculo, es un esfuerzo innecesario. La solución está en continuar confiando en el proceso. En la esencia. En encontrar en uno mismo la pasión y las respuestas para superar cualquier obstáculo . Eso fue lo que nos enseñó el Lago Escondido.”  No es casualidad que otra vez, en otro libro, se resalte la importancia de saberte enfocar en el presente, en el proceso, en la manera en que lo recorres independientemente de que el resultado final sea bueno o no tan positivo como esperabas; presente y paciencia se antojan claves para lograr esa tranquilidad, esa pausa, tan necesaria en nuestro día a día.

Y precisamente esto, ser capaces de encontrar en cada uno de nosotros la pasión que nos mueve a sacar nuestra mejor versión cada día, me conecta con la última reflexión de Pochettino, tras tener una de esas charlas de las que solamente puedes tener 2-3 durante la temporada, pero que obtiene unos efectos como él mismo dice “milagrosos”: “…los jugadores se sumergen en su conciencia y cada uno regresa a un punto determinado de su pasado. No sabes a cuál exactamente, pero te lleva a un reencuentro con una versión más joven de ti mismo; el chico que amaba el fútbol y la persona que eres ahora se funden en uno. Y cuando eso ocurre, al salir de nuevo a entrenar vuelven a disfrutar, se ríen, corren, y hacen un gran esfuerzo, están conscientes, receptivos, abiertos a lo que les diga.” 

¿Y cuál es la imagen que se me venía justo cuando leía estas líneas del libro? La imagen que vi hace unos días en Twitter, de un pequeño aficionado del Manchester United, pisando por primera vez Old Trafford, con una cara de asombro, de sorpresa, de felicidad, que me dejaron encantado por verlo reflejado en su cara. Casi al mismo tiempo, se me venía la siguiente pregunta: ¿Por qué abandonamos este estado? ¿Por qué conforme crecemos necesitamos más y más, para alcanzar ese asombro, esa alegría, esa conciencia? ¿Por qué con el paso del tiempo nos ocupa más la vida de la persona de al lado, que la nuestra propia? Quizás porque el paso de niño a adulto no ha sido completado de la forma correcta.

Probablemente crecer signifique asumir responsabilidades, claro que sí, pero sin olvidar que el crecimiento no está reñido con felicidad, con seguir asombrándonos de momentos cotidianos, con saber dar las gracias por cuanto tenemos, con pedir perdón cuando uno se equivoca, con no meterte en la vida de los demás, con evitar la crítica desmedida, la opinión nada constructiva. Crecer es, también, saber ser feliz con la vida que tienes, con el momento que atraviesas, teniendo siempre claro que nada es para siempre. Existirán momentos buenos, otros no tan buenos, otros malos, y otros muy malos; pero en nosotros está (igual que la pasión por mejorar) saber cuándo ocuparse y no pre-ocuparse. Por todo ello, la respuesta la tenemos en ellos: los niños.

En su capacidad para atender al momento que viven, de manera despreocupada, sin atender a lo que harán diez minutos o dos horas más tarde. En sus ganas de querer socializar, de querer compartir lo que tienen, en sus sonrisas sanas sin esperar nada a cambio en un futuro, en su imaginación, su creatividad, su alegría. Si es necesario, fijémonos en ellos para saber de dónde venimos, cómo hemos llegado hasta el punto en el que estamos, y de qué manera queremos recorrer el camino que nos queda por hacer. Como decía cierta frase: “Que el niño que fuiste en su momento, jamás se avergüence del adulto que ahora eres.”

Que tengan una muy feliz semana, y si están de vacaciones, disfrútenlas como se merece. Sepan disfrutar de cada día de la semana, de las personas que tienen al lado, y den las gracias a menudo. Un fuerte abrazo.

como niños


 

Vivir

“Solo hay que vivir, vivir, vivir. Que nadie pueda etiquetar mis pasos. Soy timonel de mi propio barco.” Estas son las letras de una de las canciones de Pablo Alborán, y las elijo porque hoy quiero hablar sobre esto, lo que hacemos cada día a nuestra manera, vivir. Es curioso cómo de todas las acciones que llevamos a cabo cada día, si hay una que realizamos sí o sí es esta, la de vivir. Y sin embargo, ¿sabemos vivir? ¿qué es vivir?¿catalogamos la vida de los demás? ¿nos ocupamos de aprender a vivir?

Vivir de manera plena tiene que ver contigo, y poco con lo de fuera. Es saber centrarse en el momento presente disfrutando, o mejor dicho sabiendo disfrutar de cada momento, de cada instante que se vive prácticamente como si fuera el último. Porque la realidad, aunque tendamos a olvidar, es que no sabemos si será el último. Como decía Yamamoto Tsunetomo, “con seguridad no hay otra cosa que el propósito único del momento presente. Toda la vida de un hombre es una sucesión de momento tras momento. Si uno comprende completamente el momento presente, no habrá nada más que hacer, y no quedará nada por perseguir.”

Vivir alcanza su auténtico y verdadero significado cuando dejas un poquito de tu corazón en cada gesto, en cada acción, de tu día a día. Del mismo modo que le explicaba George Yeoman Pocock a Joe Rantz mientras construía uno de sus botes de remo: “Pocock se quedó en silencio, dio unos pasos hacia atrás para ver mejor el armazón del bote, se puso las manos en la cadera y estudió detenidamente el trabajo que había hecho hasta entonces. Dijo que, para él , el arte de construir un bote era como una religión. No bastaba con dominar los detalles técnicos. Había que entregarse espiritualmente, había que rendirse completamente. Cuando terminabas y te alejabas del bote, había que sentir que habías dejado en él, para siempre, una parte de ti mismo, un pedacito de corazón. Se volvió a Jose. “El remo-le dijo-es así. Y buena parte de la vida también es así; al menos las cosas que importan.”

Y aquí es donde aparece otra idea importante, “las cosas que importan” que tiene mucho que ver con la capacidad de relativizar, pero esta capacidad debemos entender que es personal, subjetiva, de cada uno de nosotros. Por tanto se debe cuidar mucho las valoraciones que hacemos de la vida de la persona que tenemos en frente, tratando de darle lecciones o intentando hacerle ver cuál es la decisión correcta. ¿Correcta?¿Incorrecta? Eso solo lo sabe cada persona, en su propio camino y con sus propias circunstancias. Querer de verdad es respetar estas condiciones, permaneciendo a su lado, e insuflarle energía, alegría de vivir en el recorrer de ese camino; pero nunca etiquetando o enjuiciando. Porque como muy bien dice Pablo Alborán en la canción, “soy timonel de mi propio barco”.

Aprovechando que hablamos de barcos, y de remos, quisiera concluir este post con varios extractos que resumen muy bien cómo sentir ese momento felicidad. Un momento que, como muchas veces he dicho, se siente de manera verdadera en compañía de al menos otra persona. Porque probablemente, o yo al menos lo veo así, para mí vivir es tratar de ser feliz el mayor tiempo posible, y muchas veces ser feliz es ver la cara de felicidad plena en la cara de la otra persona, ver cómo brillan sus ojos, ver como se torna esa sonrisa tan increíble en su cara, ver que día tras días las personas que quieres de verdad crecen, avanzan, cumplen objetivos, incrementan su confianza, se atreven con retos nuevos; en definitiva: viven.

Es algo que solo puedes sentir, de la misma manera que sucede en el arte del tiro con arco, cuando te abandonas de todo lo exterior, te despojas de todo lo que tenga que ver con lo accesorio, y te centras en ser capaz de sentir en lo más profundo de tu corazón ese sentimiento de felicidad, de sentir cómo te llena por dentro. Es ahí cuando sabes que te sientes vivo, que estás viviendo: “Ese día Joe remó como nunca había conseguido remar antes: como Pocock le había dicho que remara, entregándose completamente al esfuerzo del equipo, como si fuera una extensión del compañero de delante y del de atrás, siguiendo perfectamente la palada de Hume, transmitiéndosela a Shorty, al que tenía detrás, en un flujo continuo de músculo y madera. Joe lo vivió como una transformación, como si se hubiera apoderado de él una especie de magia. Lo más parecido que le venía a la memoria era la noche de primer curso en que se encontró en el Lago Union con las luces de Seattle centelleando en el agua y la respiración de sus compañeros de equipo sincronizada como la suya, tal como delataba el vaho que espiraban en el ambiente oscuro y frío. Ahora, al salir del bote en el crepúsculo, se dio cuenta de que la transformación no nacía tanto de que él intentara hacer lo que le había dicho Pocock, como del hecho de que su equipo era un puñado de chicos con los que podía hacerlo. Sencillamente confiaba en ellos. Al final era así de sencillo.”

¿Y por qué sentían ese swing, ese estado de disfrutar del momento, de ese instante, de vivir como concepto elevado a la máxima potencia? Quizás esto nos ayude a entenderlo, entre otros factores: “Había una razón muy sencilla para explicar lo que pasaba. A los chicos del Clipper se les había seleccionado con una competencia muy dura, y de la selección había surgido una especie de personalidad común: todos eran hábiles, todos eran duros, y todos eran muy decididos, pero también eran todos buenas personas. Todos tenían orígenes humildes o habían sufrido una cura de humildad debido a los estragos de la época. Cada uno a su manera, habían aprendido que en en la vida no se podía dar nada por supuesto, que, a pesar de su fuerza, belleza y juventud, en el mundo había fuerzas que los superaban. Los retos a los que se habían enfrentado juntos les habían enseñado la humildad-la necesidad de integrar sus egos individuales en el bote como conjunto-y la humildad era la puerta de entrada común a través de la cual ahora podían juntarse y empezar a hacer lo que no habían podido hacer antes.”

Remando como un solo hombre

Concluyo este post con una reflexión que me llevé al hilo del documental que pude ver de Álex Roca y Valentí San Juan. Probablemente vivir sea la consecución de saber encontrar la felicidad en cada instante que vivimos, compartiéndola con las personas que queremos. Luchar de manera constante por los objetivos, sueños, que perseguimos aún sabiendo que habrá momentos duros que afrontar siempre, más o menos complejos. Y recordar que todo aquello que hacemos, decimos, en cada momento de nuestras vidas tiene más trascendencia de la que podríamos imaginar; por tanto, cuidemos lo que decimos, la calidad de nuestras acciones, y la manera en que tocamos el corazón de las personas que están a nuestro lado.

Os comparto un vídeo que, creo, merece la pena que veáis. Un fuerte abrazo, feliz domingo, y que tengáis una bonita manera de vivir.

 

“La mayoría de las personas no descubren qué es más importante en la vida hasta que son demasiado mayores para actuar en consecuencia. Pasan gran parte de sus mejores años persiguiendo objetivos que al final importan poco. Aunque la sociedad nos invita a llenar nuestras vidas de objetos materiales, la mejor parte de nosotros sabe que los placeres más simples son los que nos enriquecen y nos llenan. No importa que nuestra sea situación sea difícil o acomodada, todos poseemos una gran riqueza de sencillas bendiciones a nuestro alrededor, a la espera de que la valoremos. Si lo hacemos, nuestra felicidad aumenta. Nuestra gratitud se propaga. Y cada día se convierte en un asombroso regalo.” (Robin Sharma)
“Lo bien que vivas depende de cómo ames. El corazón es más sabio que la razón. Hónralo. Confía en él. Síguelo.” (Robin Sharma)

 

“Hay que apelar a sus corazones”

“Baile, tus manos son el baile. Tú y yo, sincronizados como nadie. Tienes un ángel que guía, tu alma y la mía. La rabia del Sol…” 

El pasado viernes tuve la suerte, la fortuna, de emocionarme en un concierto como fue el de Rozalén, por volver a escuchar cada una de sus letras, por ver tantas emociones reflejadas en unos ojos, en una sonrisa; por sentir de ese modo tan especial hasta el más mínimo detalle y sonido que emitían cada uno de los instrumentos, por el ambiente, por cada momento, por sentir ese puro sentimiento, por poder vivir y compartir esa experiencia que llega hasta lo más profundo del corazón . Es el motivo de que quisiera empezar el post con esas líneas, porque hoy quiero hablar de corazón, del lado humano que todos tenemos, y que quizás debería salir más a flote.

Explica Fernando Botella en su libro Factor H, que la palabra Coraje viene de la suma del latín “cor” y del griego “kardia”, que se refiere a “poner el corazón por delante”. Poner el corazón por delante, bonito, ¿verdad? Y sin embargo, ¿lo ponemos? ¿Hablamos con el corazón en cada conversación con nuestro compañero/a de viaje?¿Con nuestras amistades?¿Con nuestra familia?¿Con nuestros alumnos?¿Con nuestros jugadores?¿Cuántas veces ponemos el corazón por delante cada día? Son reflexiones que lanzo, que planteo, para que cada uno se las cuestione con la intención de saber de qué manera vivimos nuestra vida.

Una vez que termina este curso 2018-2019, y teniendo en cuenta los cuestionarios pasados para preparar la próxima comunicación científica, los mensajes que me han llegado, la principal reflexión que saco de todo ello es: Qué importante es mostrar nuestro lado humano. Es cierto que no es la primera vez que lo pienso, porque en mi trabajo como entrenador pude empezar a entrever esta reflexión, pero este año ha supuesto un punto de inflexión por muchos momentos, por muchos instantes, que te hacen ver que a veces detenerte con una conversación, con una broma, con una sonrisa, puede resultar en un efecto de tales dimensiones que no imaginabas.

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¿Cuál es el problema de poner el corazón por delante? Muchos dicen que las personas que están bajo tu responsabilidad pueden “cogerte el brazo”, excederse en la confianza, “que es mejor mantener las distancias”. Y yo lanzo la siguiente pregunta: ¿Qué distancia es la correcta?¿Acaso va de distancias? Honestamente, discrepo, y creo más bien que va de mirar y escuchar con el corazón, evitando prejuicios y etiquetas, analizar y observar, para saber cuál es la tecla que hay que tocar con cada persona con quien convivimos.

Si tu mensaje genera credibilidad, se puede exigir y ser generoso a partes iguales, para nada está reñido. El problema es que manejarse en ese espacio, generar ese compromiso, esa confianza, dominar la conversación, la mirada, y el lenguaje corporal, no son tareas nada fáciles. Creemos que por preparar de manera magistral nuestras clases, nuestros entrenamientos, nuestros power points, nuestros estudios de mercados; es suficiente. El secreto sigue estando, y estará, en cuidar los pequeños detalles.

Y para ello, Fernando Botella en el mismo libro nos pone tres casos claros de cómo se pone el corazón en lo laboral. Howard visita personalmente 25 tiendas por semana. Su marca: Starbucks. Su lección: No dejes de saber lo que pasa de verdad. No pierdas el contacto con la realidad. Hilton cuida con esmero que no se olvide, en cualquiera de las habitaciones de sus hoteles, meter la cortina de la ducha dentro de la bañera. Su lección: el detalle importa. Herb, presidente durante muchos años de American Airlines, siempre apoyó al sindicato de pilotos, vivía para ellos, era parte de su dedicación…, nos decía. Y tenía la costumbre de viajar en vuelos regulares hablando y aprendiendo de los pasajeros sobre cómo mejorar un vuelo. Su lección: las personas lo primero. En ellos está el secreto.

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Y haciendo repaso de todo lo visto en este primer curso del Máster Universitario en Humanidades recuerdo una frase, que siempre la recuerdo en nuestras conversaciones con una de las personas a quien más quiero en mi vida, la cual dice así: “Todo error procede de la soberbia.” Y la cito porque tiene que ver mucho con lo comentado anteriormente, respecto a “la distancia”. A mayor soberbia, mayor ego, más muros se levantan, más distancia se interpone entre dos personas que mantienen una conversación. Sin embargo, cuanto mayor es la humildad, más se reduce esa distancia, y más se llega al corazón de la persona a quien miramos a los ojos.

Decía Ernest Hemingway que “La verdadera nobleza del ser humano no consiste en superar a sus semejantes, sino en superar a uno mismo.” De hecho, si vemos la procedencia del latín de la palabra humildad, se observa que es “humilitas”, que a su vez, tiene su raíz en “humus”, que significa tierra. En su origen tenía dos significados: lo que va por debajo y cultivo. Y esto recuerda a lo que ya comenté en anteriores post, referente a los frutos y logros. La clave reside en ser tierra de cultivo, en ser la vid, que dé los mejores frutos para que otros sean quienes los recojan. Sin esperar nada cambio, sin buscar ninguna medalla individual, simplemente porque actuamos y vivimos con el corazón.

Solo la humildad nos permite ponernos en predisposición de afrontar cualquier tarea, cualquier conversación, con la mejor de nuestras predisposiciones (que no garantiza el éxito, pero sí asegura que seremos nosotros mismos, auténticos y verdaderos). Y esto creo que es importante, porque solo cuando vivimos con el corazón somos auténticos, verdaderos, y solo de esta forma logramos que todo fluya ayudando a brillar a las personas que tenemos a nuestro lado. Todo acto de soberbia, o ego, impide actuar de manera natural, impide establecer un contacto auténtico, un cruce de miradas, un intercambio de palabras, que salgan desde dentro, y eso es una pena. No deberíamos vivir para ser mejor que él o ella, sino vivir dando nuestra mejor versión para hacer brillar los ojos de las personas que queremos. Tenemos que ser capaces de sonreír de manera sincera, hasta el punto de emocionarnos, cuando vemos sonreír a la persona que amamos. Porque eso es sacar nuestro lado humano, eso es vivir con el corazón, y eso es ser una persona de verdad.

Porque además, cuando capacitación profesional se combina con un corazón inigualable,  se toman decisiones en cuestión de segundos que no se pueden entrenar, porque son imprevistos que apenas se contemplan, pero que pueden dar unos resultados extraordinarios. Quería concluir este post con la parte final de la película Sully, donde probablemente el factor humano aparece en su exponente más alto. Ese factor humano que al mismo tiempo te permite entender a la persona que quieres, situándote en la misma frecuencia; te permite saber cómo escuchar a ese alumno que viene desde Valencia cada fin de semana al Máster con el esfuerzo que conlleva; te permite generar confianza en ese alumno que atraviesa un mal momento personal por una pérdida de confianza; porque cuando a nosotros nos hablan, nos escuchan, y nos miran con el corazón, nuestros días oscuros se tornan más claros. Todos necesitamos de todos, porque nadie es en sí mismo. Todo comienza y termina en la persona, en concreto, en su corazón, que es ese factor, ese componente, que le hace más humano si cabe.

La frase que lleva por título el post tiene como autor a Nelson Mandela, y completa dice lo siguiente: “No hay que apelar a su razón, sino a sus corazones.” Fue el propio Nelson Mandela quien dijo que el corazón humano está hecho para amar, y no para odiar. Es cierto que quizás la tendencia que vivimos en la actualidad marca todo lo contrario, reinando un relativismo y un “yoísmo” de tamaños desproporcionados. Pero concluyo con una invitación a que no se pierda la esperanza, a que sigamos viviendo con el corazón, a que vivamos amando de verdad, que no nos guardemos un “te quiero” con la persona a quien amamos, que evitemos las etiquetas y juicios a toda costa, y empecemos cada día a sumar para ayudar a transformar.

La vida, a veces, nos presenta personas maravillas que nos cambian por completo, que nos hacen dar un giro, replantearnos muchas preguntas, y cambiar nuestro enfoque. Pero eso solo sucede cuando nuestra predisposición cambia, nuestra mirada cambia, y nuestra humildad envuelve nuestro corazón para recordarnos que ser grande tiene mucho más que ver con palabras que salen del corazón, con abrazos que quitan la respiración, y besos que son el mejor regalo que podríamos recibir.

Vivan latido a latido, rían todo lo que puedan, saquen brillo a sus ojos, y recuerden que todos necesitamos una sonrisa que nos multiplique, que nos recuerde que lo mejor de esta vida es poder compartir momentos sencillos que se vuelven extraordinarios por las personas con quienes los vivimos. Sigan viviendo, sigan disfrutando, y sigan creciendo.

Un fuerte abrazo, y feliz comienzo de semana.

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En total son 5 partes, las cuales merecen la pena ser vistas, os las recomiendo.

“El viaje
Oriol Vall, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien. Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al final de su días, mueren queriendo alzar los brazos. Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje.” (Eduardo Galeano).
“El temor mueve menos a la acción que el amor.”
“Amar significa amar lo imposible. Perdonar significa perdonar lo imperdonable.” (Chesterton)

 

Si vibras, emocionas

¿Por qué es tan importante emocionar? Sin duda, porque cuando nuestras emociones entran en juego, nuestro aprendizaje, nuestra vivencia en el día a día, deja tal huella en los corazones que perdura más tiempo del que pudiéramos imaginar. Pero, ¿cómo podemos lograr esto? Es la pregunta que se me planteaba estos días, y a la que hoy trato de armar una respuesta en base a conferencias, conversaciones, y reflexiones con diferentes personas.

Por ello, cada vez estoy más convencido de la importancia de establecer vínculos, con cada persona con quien compartimos cada día de nuestras vidas. Y para establecer estos vínculos es verdaderamente sorprendente que, si preguntamos a una persona cuáles son aquellas referencias que tuvo en su vida, sus referentes, aparecen dos respuestas muy claras: “Me hacía sentir seguro. Pude ser yo”. Es decir, un espacio de seguridad y de confianza. Qué dos aspectos tan importantes, que creo se puede llevar a cualquier ámbito. ¿Acaso no nos gusta estar con una persona, con quien me siento seguro y puedo ser yo mismo?

Pero para lograr ese tipo de recuerdo, de huella emocional, en esas personas, uno primero quizás deba plantearse dos cuestiones: “¿Quién eres tú? ¿Qué quieres?”. Porque en función de la calidad humana de estas respuestas consigues establecer unos puentes verdaderos, auténticos, y de calidad humana, con las personas con quienes creces, vives, en tu día a día. Encontrar los valores que definen tu persona, y saber cuáles son tus propósitos en tu vida es lo que te lleva, sin duda alguna, a definir tu comportamiento. Son las preguntas adecuadas, para recorrer el camino adecuado.

Toda vez que sabemos quiénes somos, y qué queremos desde que nos levantamos cada día por la mañana, la principal consecuencia es que uno logra entender que para establecer vínculo verdaderos uno mismo necesita hacer un total ejercicio de desprendimiento de sí mismo, que le permita centrarse en la persona que tiene en frente. Y esto solamente se puede conseguir si dejamos de marcarnos objetivos, y pasamos a establecer propósitos. ¿Por qué digo esto? El argumento me lo dio una persona a quien tengo un especial cariño, y que creo es muy enriquecedor: “Porque los objetivos se terminan agotando; sin embargo los propósitos son para toda la vida. Normalmente si uno analiza los objetivos, se dará cuenta de que muchas veces van referidos a lograr algo que tiene una fecha de fin. Sin embargo, el propósito tiene que ver  con un aspecto de nuestra vida, de la persona, que no tiene comienzo ni fin porque está interiorizado en nosotros, y normalmente hace que lleve mi atención a la persona que tengo en frente con actitud de servicio.”

Si a esto le añadimos la diferencia en el concepto de frutos y logros, comenzamos a entender cuándo las relaciones que establecemos son verdaderas, auténticas, cuándo éstas nos permiten emocionar a las personas con quienes vivimos. La clave radica en que los logros son individuales, son las “medallas” que nos ponemos a título personal, los premios que uno recibe; sin embargo, cuando hablamos de frutos nos referimos a preservar la calidad de lo que preparamos para otros con la mejor calidad posible. Una calidad que se traduce en cariño, en amor, en pasión por dar lo mejor de nosotros para otros. Porque solo cuando se olvida de sí misma, y se centra en la persona que tiene en frente, la persona alcanza la verdadera plenitud y felicidad de vivir la vida.

Como bien dice Emmanuel Faber en su discurso, no es una cuestión de poder, dinero, o gloria. Más bien tiene que ver con “descubrir cómo la normalidad nos aisla”, porque la normalidad tiene a apagar la creatividad, a anular las emociones porque hay que ceñirse a reglas de curriculum, a normativas de empresa; y un largo listado de tareas que nos convierten en seres humanos comunes y rutinarios. Y sin embargo, solo se consigue la verdadera plenitud, la verdadera felicidad, en las personas que queremos (y en consecuencia, en nosotros), cuando somos creativos, cuando somos alegres, con capacidad para sorprender y asombrar con pequeños detalles cada día que refuerzan esos vínculos tan necesarios. Cuando se es capaz de reconocer a la persona que tengo delante, de generarle esa seguridad, y a la vez esa libertad para que pueda ser quien quiera ser. Emmanuel Faber dice que “He descubierto que se puede vivir con muy poco, y ser feliz.” Efectivamente, porque la cuestión no radica en tener mucho, sino en que lo tengamos sea de calidad. Menos siempre es, y será, más.

No alcanzamos a lograr comprender que las medallas individuales deben quedar atrás, los premios por nuestro trabajo, por nuestras funciones; que todo ello puede estar genial para llenar la pared de nuestro despacho. Pero la verdadera realidad es que no debemos esperar eso; que uno debe vivir con absoluta pasión cada día de su vida, y entregarse a las personas que quiere, generando esa seguridad y esa libertad que tanto necesitamos. Una seguridad y una libertad que nos conduce a un profundo respeto y amor por la persona que tenemos delante, porque lo que pretendemos es que descubra quién es y qué quiere. Porque nadie es en sí mismo; cuando uno consigue vibrar cada día, emociona a quienes están a su lado. Y esa emoción es el paso previo a la mejor sonrisa posible en la cara que tiene en frente.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y generen esos espacios de seguridad, de libertad, que tan necesarios son para el crecimiento personal de cada persona.

“…que seamos las relaciones que tenemos, cómo las tenemos y con quién, nos refriega una obviedad que demasiadas veces olvidamos: que hemos venido a este mundo a amar y a ser amados, a dar y a recibir. Todo es amor o bien su negación, que tiene una gama que va desde la indiferencia hasta el odio, siempre tan opuesto y tan próximo al amor. O celebramos el amor o exhibimos a golpes y gritos su ausencia. Ternura y violencia son expresiones puras del mismo deseo y necesidad: el de estar pendiente el uno del otro, ya sea para cuidarnos o hacernos daño, para salvarnos o matarnos. Y como hemos venido aquí a relacionarnos, la educación es el arte y oficio sublime de aprender a hacerlo mientras se enseña, y de enseñar a hacerlo mientras se aprende. Es más verbo que sustantivo, más ejemplo que discurso, vive del hecho y no de la palabra, impone la realidad sobre la idealización. Solo estando de verdad, de todo corazón, siempre, puedes aprender y enseñar a estar.” (Carles Capdevila)
“¿Se está haciendo correctamente lo correcto o mejorando una estupidez?”

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Buscando la magia

“Hay algo que  a veces ocurre en remo que es difícil de conseguir y de definir. Muchos equipos, incluso equipos ganadores, nunca lo acaban de encontrar. Otros lo encuentran, pero no consiguen mantenerlo. Se llama “swing”. Solo ocurre cuando los ocho remeros reman tan a la par que todo lo que hace cada uno está sincronizado con lo que hacen los demás. No se trata solo que los remos entren y salgan del agua justo en el mismo tiempo. A un tiempo, 16 brazos tienen que ponerse a tirar, 16 rodillas tienen que empezar a doblarse y estirarse, ocho cuerpos tienen que que empezar a deslizarse hacia delante y hacia atrás, y ocho espaldas tienen que doblarse y enderezarse. Cada mínima acción- cada sutil giro de muñeca- debe tener su reflejo exacto en todos los remeros, de un extremo del bote al otro. Solo entonces el bote seguirá avanzando sin obstáculos, fluida y elegantemente entre palada y palada. Solo entonces dará la sensación de que el bote forma parte de cada uno de ellos y de que se mueve por su cuenta. Solo entonces el dolor cede a la euforia. Remar se convierte entonces en una especie de lenguaje perfecto. Poesía: esa es la sensación que da un buen swing.” (Daniel James Brown)

Porque probablemente, ahí esté una de las cuestiones que deberíamos plantearnos: cómo alcanzar ese lenguaje perfecto, esa sintonía, esa sensación de swing, primero en nosotros; y posteriormente con cada una de las personas que con quienes compartimos nuestro tiempo.

Tendemos a creer que la vida ideal está en otro contexto, en otra situación, con otros condicionantes, con otras características; pero creo que el secreto está en encontrar la vida ideal en nuestra vida real. El gran enigma es cómo logramos estar en ese estado de swing, sin tener que marcharnos a otro lugar para luego tener la sensación de “volver”; algo que es tremendamente relativo porque…¿hacia dónde fuimos?¿a dónde volvemos?¿acaso no es la misma persona?¿entonces cambio yo o las circunstancias?¿qué necesito para sentir, en mi día a día, pura magia, conexiones bestiales que me emocionen por lo que vivo? Probablemente, como decía un buen amigo en Semana Santa, no sea cuestión de tiempo ni de contexto, sino de ilusión.

Es la ilusión la que cambia nuestro grado de percepción ante todo lo que tenemos, ante todo lo que nos rodea, y ante cada momento que vivimos. Quizás el secreto no esté en vivir aquí o allí, en trabajar aquí o allí, en definitiva no depender de nada de lo que venga de fuera; sino más bien en que nunca nos deje de asombrar lo cotidiano, lo mundano, lo sencillo, lo que nos sucede cada día que no es, ni más ni menos, que la vida misma. Como diría muy bien Óscar Wilde: “Lo menos frecuente en este mundo es vivir. La mayoría de la gente existe, eso es todo.” ¿Que triste, no?¿Simplemente existir? ¿Y nuestra ilusión por vivir, dónde quedó? Si la perdimos, ¿en qué momento y por qué?

Como le decía ayer a una persona muy especial en mi vida: “Sigo creyendo que la magia, esa sensación de que todo se para, de que el corazón se te gira por completo por la emoción que sientes, está en nuestra capacidad para dar el significado que merece a ese momento; está en nosotros. Está en saber apreciar la mirada de quien te quiere, que con esos ojos que brillan con una luz increíble te dice que te quiere; está en saber apreciar de manera auténtica, y verdadera, cómo llega lo que dices o haces a quien tienes enfrente.” Solo se siente la magia cuando abandonas tu posición, y te centras en la otra persona. Porque la felicidad, cuando es compartida, es verdaderamente mágica. Solo se siente la magia cada día de tu vida, como dice una buena amiga, cuando en tu día a día en vez de “dar clase, directamente te das”; te das con el corazón abierto, sacando lo mejor que tienes.

Dice Álex Rovira, de manera muy acertada, que “cuando logramos aceptarnos como somos y decidimos mostrarnos, todo empieza a funcionar. Y que no te quepa duda: la idea que tenemos de nosotros mismos acostumbra a ser más pobre de lo que realmente somos. Porque esa parte de ti que está esperando que le des el poder de dirigir tu vida, consciente, voluntaria, y adultamente… es la suma de tu consciente e inconsciente apuntando en una misma dirección y sentido. Y esa es la energía más poderosa del mundo. Porque de ella emana la creatividad y la capacidad de transformar la realidad…Ésa es la verdadera magia.” 

Se tiende a creer que por estar en otro trabajo, en otro lugar viviendo, con otra compañía; con una vida plagada de novedades cada día, seremos más felices, que no perderemos nunca la ilusión. Pero no terminamos de aprender que la ilusión no viene por algo de fuera; la ilusión es un acto de firme voluntad que mantenemos nosotros, si queremos, cada día de nuestra vida. Ilusión es lo equivalente a la vela que podemos encender. ¿Cómo logramos mantenerla encendida? Depende de la importancia que le demos; porque si realmente nos importa, haremos lo imposible para mantenerla viva, reluciendo, brillando, dando luz. Pues lo mismo sucede con nuestra ilusión, la que llevamos en nuestro corazón.

¿Cómo la mantenemos viva?¿Cómo logramos que aparezca la magia? Mirando y sintiendo como un momento único cada instante que vivimos; besando y abrazando a las personas que queremos realmente. Regalando una sonrisa a aquellos con quienes nos cruzamos en nuestro lugar de trabajo; dejando un espacio y tiempo para un Qué tal, Cómo estás; disfrutando de nuestro trabajo porque disfrutar es atender a lo que tenemos delante, no limitarnos nunca simplemente a existir. Nunca existas; vive, y vive feliz, con ilusión. Porque además, el tiempo es algo que pasa demasiado rápido, y cuanto mejor estamos, cuánto más felices estamos, más rápido va; y ése es tiempo que no vuelve.

La mayor tarea que deberíamos plantearnos cada día de nuestra vida, el objetivo número uno cuando nos levantamos de la cama, debería ser volver a esa cama agotado, exhausto, sin fuerzas, por haber aprovechado al máximo cada día que vivimos, cada día que se nos presenta por delante. No es cuestión de vivir en la playa, o en la montaña; porque cuando la ilusión desaparece, un lugar y otro te parecen horribles. No nos mueven los lugares, nos mueven las ilusiones, los sentimientos que nos despiertan las personas que caminan a nuestro lado, y creo honestamente, que el simple hecho de vivir todo eso merece ser razón suficiente para mantener viva la llama de la ilusión, luciendo y brillando con tanta fuerza como sea posible, cada día de nuestra vida.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y nunca pierdan la ilusión por vivir cada día de su vida como merece ser vivido.

“Es muy importante que hagáis lo que de verdad os importe. Sólo así podréis bendecir la vida cuando la muerte esté cerca.” (Elisabeth Kübler-Ross)
“Vivimos en un tiempo en el que se pretende que el rosal crezca rápidamente tirando de sus hojas… La felicidad es inversamente proporcional a la aceleración.” (Raimon Panikkar)
“El secreto de la felicidad es tener gustos sencillos y una mente compleja. El problema es que a menudo la mente es sencilla y los gustos complejos.” (Fernando Savater)
“Los seres humanos lo tienen todo, pero carecen de sí mismo.” (Erich Fromm)
“El amor es la única cosa que crece cuando se reparte.” (Antoine de Saint-Éxupery) 
“..no puedes, en definitiva, emitir luz a los demás cuando no tienes ni para ti.” (Alex Rovira) 
“Hoy, antes del alba, subí a la colina, miré los cielos apretados de luminarias y le dije a mi espíritu: cuando conozcamos todos esos mundos y el placer y la sabiduría de todas las cosas que contienen, ¿estaremos tranquilos y satisfechos? Y mi espíritu dijo: no, ganaremos esas alturas sólo para seguir adelante.” (Walt Whitman)

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