Aceptar

“Vivir en la más eterna libertad, decidiendo por nosotros mismos quiénes somos y cómo queremos vivir nuestras vidas.” (Jon Pascua Ibarrola)

¿Cuántas veces somos, verdaderamente, dueños de nuestras decisiones? Y yendo un poco más allá, ¿cuántas veces dejamos a los que nos rodean que sean los protagonistas de sus vidas? Con el tiempo, en los últimos meses, me he dado cuenta de la importancia que tiene el verbo aceptar, de la conexión que existe entre aceptar y comprender. Y que cuando logras que estos elementos encajen, entiendes y ves la vida de otra manera completamente distinta.

En primer lugar, porque terminas por entender que los acontecimientos a veces pasan porque deben pasar, y que la paradoja que tantas veces escuchamos de “todo sucede como conviene” cuesta entenderla, pero de verdadera lo tiene todo porque hay fuerzas que son superiores a nosotros/as. A veces los logros, los fracasos, los encuentros, los desencuentros, no llegan cuando uno quiere sino simplemente cuando toca. ¿Y qué podemos hacer nosotros? Aceptar; y esto no implica hacerlo desde una actitud pasiva, simplona, y común. Más bien tiene que ver con entender cómo a veces, los tiempos que uno se marca, no se corresponden con los tiempos naturales de los procesos.

No logramos entender que los procesos se aceleran, desaceleran, se estancan en espacios de tiempo que a veces se hacen eternos, y que todas esas velocidades a nosotros se nos escapan de las manos. No manejamos el acelerador, pero sí el volante durante el transcurso de nuestro viaje, y de ahí la importancia de disfrutar del paisaje durante ese viaje. Qué importante es nuestra actitud ante la vida, ante ese transcurso de los días, con el fin de sacar lo mejor de ellos, aunque no estemos bien. Pero en el momento que alcanzas a comprender que no vive mejor quien más vive, sino quien mejor contempla lo que pasa a cada instante, en ese preciso instante la vida se vive de otra manera.

Escuchas mejor, percibes mejor, atiendes más tiempo a todas tus tareas, eres mucho más eficaz en cada tarea que haces, y tu capacidad de mantener la atención, la concentración, aumenta porque el tiempo ya no te controla a ti, ni tú controlas el tiempo, simplemente vives. Por otro lado, si pasamos de poner el foco en nosotros, a poner la atención en las personas que tenemos a nuestro lado, ¿cuántas veces ha habido puntos de vista que no entendíamos, y que son motivo de discusión con esa persona? Los malditos estereotipos, los horribles prejuicios, y el mal arte de criticar absolutamente de todo y de todos está haciendo más daño del que nos podíamos imaginar. A lo mejor no es un problema de análisis nuestro, sino más bien un problema de aceptación y comprensión.

Parece que cuesta aceptar que cada persona es dueña de su vida, y que lo que verdaderamente importa es que esa persona (más si cabe si la queremos, y la consideramos parte importante de nuestra vida) sea feliz, en el más absoluto sentido de la palabra. Y ese gesto, ese simple hecho, implica al mismo tiempo aceptar que lo que ella decide es lo que verdaderamente le hace feliz. No se trata de amoldar a un amigo o amiga a como somos nosotros, sino más bien aceptar su realidad, aceptar su forma de mirar a la vida, aceptar el momento que vive en su proyecto de vida, y en esa aceptación, apoyarle. Eso sí es querer a una persona.

La gran mayoría de las discusiones tienen su origen, sencillamente, en puntos de vista diferente. No logramos nunca alcanzar a entender, bien sea por exceso de ego, falta de humildad, o por ambos, que nadie jamás tendrá la certeza absoluta sobre nada al mismo tiempo que deberíamos empezar a comprender que cada persona toma sus decisiones en base a sus experiencias vividas, que no son ni mejores ni peores que las nuestras, tan solo son las suyas, y con las que han conformado al mismo tiempo su manera de ver y vivir la vida. Si algún día logramos cambiar nuestra mirada, el modo en que conectamos con las personas, y comenzamos a entender que en la singularidad de cada persona está su belleza, probablemente comencemos a darnos cuenta de que cada persona con la que estamos es una oportunidad única e irrepetible de crecimiento, de aprendizaje, y de mejora para nosotros/as.

Que tengan un muy buen final de semana, y recordad, quien verdaderamente tiene magia en su personalidad, no necesita trucos. Un fuerte abrazo.

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“Vivir la vida desde la pasión y el corazón. Vivir en la más eterna libertad, decidiendo por nosotros mismos quiénes somos y cómo queremos vivir nuestras vidas. Disfrutar del camino sin olvidar el destino. Ítaca debe de permanecer siempre en el horizonte.” (Jon Pascua Ibarrola)
“La salvación del hombre consiste en el amor y pasa por el amor. Comprendí que un hombre despojado de todo todavía puede conocer la felicidad-aunque sea solo por un instante- si contempla al ser amado. Incluso en un estado de desolación absoluta, cuando ya no cabe expresarse mediante una acción positiva, cuando el único logro posible consiste en soportar dignamente el sufrimiento, en tal situación, el hombre es capaz de realizarse en la contemplación amorosa de la imagen de la persona amada.” (Viktor Frankl)
“Los supervivientes de los campos aún recordamos a los hombres que iban a los barrancones a consolar a los demás, ofreciéndoles su único mendrugo de pan. Quizás no fueron muchos, pero esos pocos son una muestra irrefutable de que al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la libertad humana-la libre elección de la acción personal ante las circunstancias-para elegir el propio camino.” (Viktor Frankl)

 

 

Nuestra mejor herramienta

Si uno se detiene a analizar la manera en que se puede desarrollar la cooperación entre un grupo de personas, o una interacción entre dos personas, observa cómo la comunicación aparece como elemento indispensable y clave para que entre esas dos personas termine existiendo una óptima relación de entendimiento y comprensión; de la misma que es igual de trascendental o incluso más compleja (por el hecho de que existan más personas involucradas en el proceso) cuando se trata de que la cooperación que aparece en un grupo de trabajo culmine en un resultado productivo para todos.

Recuerdo que hace un tiempo escribí en este mismo blog un post sobre la comunicación, sobre la importancia de qué decir, cómo transmitir el mensaje, y varios puntos más a tener en cuenta para saber cómo hablar, pero se me plantea una pregunta: ¿Cómo escuchamos? ¿Cuánto de importante es hablar, en lugar de escuchar?; y yendo un poco más allá, ¿cuál es la calidad de las preguntas que lanzamos? Hoy comparto con usted, querido lector (espero que esté disfrutando de unas merecidas vacaciones), tres historias que nos confirman ese grado de importancia que tiene la escucha en un proceso tan apasionante como complejo, porque probablemente sea nuestra mejor herramienta: la comunicación.

Aproximadamente en el año 1925 se funda Bell Labs, con el propósito de desplegar una red de comunicaciones nacional, y para ello se convierte en el lugar clave de equipos de genios que duraría hasta la década de los 70, y desarrollarían el transistor, las redes de datos, los paneles solares, el láser, los satélites de comunicación, la computación binaria; en resumidas cuentas casi todos los dispositivos que ahora usamos. Pues bien, a la hora de revisar quiénes habían sido los científicos que habían hecho posibles más patentes, encontraron que había un nexo unión, un punto común, y es que todos esos científicos tenían la costumbre de almorzar en compañía del ingeniero sueco Harry Niquist. Y casualmente, era alguien a quien nadie prestaba la menor atención por su forma de vida; por tanto, ¿qué le hacía especial?

Sus dos cualidades principales eran: la calidez (hacía que los demás se sintieran apreciados) y una curiosidad insaciable (“Hacía que la gente se parase a pensar.”). Para entender la importancia de Niquist un poco mejor, nos trasladamos a la oficina de IDEO localizada en Nueva York, con Roshi Givechi. cuya relevancia en cada proyecto es asombrosa por su capacidad para sacar a los equipos del bloqueo. Ella misma se define de la siguiente manera:  “Soy de los que escuchan y hacen preguntas. Por lo general, son preguntas que podrían parecer obvias, simples, o innecesarias. Pero me encanta hacerlas porque quiero entender qué es lo que ocurre de verdad. Para mí, todas las conversaciones son iguales, porque se trata de ayudar a los además a seguir adelante más concienciados, animados y motivados para conseguir un efecto. Porque todos somos distintos. Así que tienes que buscar distintos modos de hacer que la gente se sienta lo bastante cómoda para contarte lo que de verdad piensa. No es una cuestión de firmeza, es un proceso de descubrimiento. Para mí, se trata de hacer las preguntas adecuadas de la manera correcta.”

Preguntas adecuadas de la manera correcta; esta parte es sencillamente increíble. ¿Cuántas veces hablamos por hablar? ¿Estamos analizando lo que nos cuenta la persona que tenemos delante? ¿Hacemos un esfuerzo verdadero por conocerla, para saber cómo llegar a ella? ¿Qué postura adoptamos mientras escuchamos? ¿Con nuestra postura corporal estamos lanzando el mensaje de “esto me aburre de manera insospechada”, o por el contrario le estamos diciendo a la otra persona “esto me interesa mucho, y vamos a ver cómo podemos llegar a buen puerto”? Cuidado no sólo con cómo enfocamos nuestras conversaciones en lo que decimos, sino además (y más importante aún, porque lo hacemos de manera inconsciente), con el mensaje que lanza nuestro lenguaje corporal en dicha comunicación.

Normalmente tanto Nyquist como Rosi tienen en común esa pausa, ese momento de conexión vulnerable y auténtica, pero ¿cómo y por qué se produce? La respuesta nos la da el doctor Carl Marci, con unos momentos especiales que se producen en las conversaciones, y a los cuales les dio el nombre de concordancias. “Las concordancias se dan cuando alguien reacciona de manera sincera ante la emoción que se proyecta en la sala-dice Marci-. Se trata de comprender de una manera empática y hacer algo, en términos de gestos, comentarios, expresiones, que origine una conexión.” De hecho, durante una de las conversaciones grabadas en dicho estudio que lleva a cabo el doctor Marci se observa cómo una de las personas adopta una postura de predisposición total a la escucha, que consiste en una atención constante, manos recogidas en el regazo, ojos bien abiertos, asiente con la cabeza, y con ello comienza esa conexión con la persona a quien está escuchando. Como afirma Marci, “No es accidental que la concordancia se produzca cuando una de las dos personas habla y la otra escucha. Es muy complicado ser empático mientras se habla. Hablar es muy difícil porque hay que pensar y planear lo que se va a decir,  y muchas veces uno se queda atascado dentro de su propia cabeza. Pero eso no pasa al escuchar. Cuando uno escucha de verdad, se deja llevar. Pierde la noción de sí mismo, porque ya no se trata de él; se trata de esa tarea, la de conectar de verdad con esa persona.” 

Si todo esto lo unimos a lo que tanto hemos recordado en numerosas ocasiones, que tiene que ver con ese liderazgo invisible, con esa idea de líder que trata de hacer funcionar todo lo que le rodea de la mejor manera posible, sin que su presencia se note, se puede confirmar que la escucha, la observación atenta, el análisis exhaustivo de todo cuanto le rodea a cada instante, son capacidades en las cuales se debe adquirir una notable maestría. Porque no hay duda alguna en que no hay mejor manera de llegar a las personas con quienes convivimos, día tras día, que hacerlas sentir que para nosotros/as son importantes, que nos importan, que las queremos, y que nos ocupamos de ellos/as. Y para eso es indispensable dejar de escucharnos a nosotros mismos, para pasar a escucharles a ellos, para que se produzca esa conexión mágica que tiene más que ver con el nosotros que con el yo individual; porque la vida, compartida, sabe doblemente mejor.

Que tengan una muy buena semana, y para quienes estén en la playa no olvidarse de la crema. Disfruten de la vida, un fuerte abrazo.

“Con frecuencia llega un momento en el que ocurre. Se produce un cambio acelerado en la relación cuando eres capaz de escuchar de verdad, de estar extraordinariamente cerca de la otra persona. Es un auténtico logro, del tipo “estábamos así, pero ahora vamos a interactuar de otra forma, y ambos somos conscientes.” (Doctor Carl Marci)
“La clave es el término sutilidad-Afirma Abrahamson-. Rossi no tiene pretensiones y desarma a la gente porque siempre se muestra receptiva, escucha y se preocupa. Tiene la habilidad de saber parar, de dejar a un lado aquello en lo que tenga ocupada la cabeza para poner toda la atención en la persona y en la pregunta en cuestión y ver adónde lleva esta. No trata de arrastrarte hacia ninguna dirección en concreto. Realmente considera la situación desde tu perspectiva, y ahí es donde radica su don.” (Sobre Roshi Givechi).
“A Nyquist se le daba muy bien una cosa que Bell alentaba mucho por aquel entonces; que la gente que trabajase en la disciplina que fuese, en el proyecto que fuese, conversara sobre su trabajo con alguien que estuviera investigando algo que no tuviese nada que ver, con el fin de ver las cosas desde otra perspectiva. La gente como Harry Niquist podía entender lo que otro estaba haciendo, proponerle nuevas ideas y preguntarle: ¿Por qué no pruebas esto otro?” (Bill Keefauver, sobre Harry Niquist.)

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PD: Enhorabuena por ese pase a la final 😉

¿Mejoramos mientras crecemos?

“Hace algunos años, el diseñador e ingeniero Peter Skillman organizó un certamen. A lo largo de varios meses, reunió a una serie de grupos de cuatro personas en Stanford, la Universidad de California, la Universidad de Tokio y varios lugares más. Desafió a los distintos grupos a que construyeran la estructura más alta posible con los siguientes elementos: -Veinte espaguetis sin cocinar. -Un metro de cinta adhesiva transparente. -Un metro de cuerda. – Un malvavisco de tamaño normal. El certamen tenía una regla: el malvavisco debía ir en la cúspide. La parte fascinante del experimento, sin embargo, tenía que ver no tanto con la tarea en sí como con los participantes. Algunos de los equipos se componían de estudiantes empresariales. Otros, de niños de preescolar.” (Si desean saber el desenlace de la prueba, les animo a continuar con el post; probablemente varios de ustedes se sorprendan.)

La semana pasada, aproximadamente a estas horas, poníamos rumbo a nuestro último día de congreso en la Universidad de Diderot, en París. Cuando estábamos llegando a la puerta, me llamó la atención un grupo de niños jugando al fútbol con una alegría desbordada, sin miedo al fallo o al error, y por supuesto emulando a los que recientemente se habían proclamado campeones del mundo, como eran Mbappé, Pogba, o Griezmann. Una imagen que emocionó porque hacía mucho tiempo que no la veía, por desgracia, y porque me recordaba a aquellos momentos en los que era yo en mi barrio quien jugaba al fútbol con los amigos, mis momentos favoritos de mi infancia.

Automáticamente enlazaba esa imagen con la cena que tuve con dos grandísimos amigos hace dos semanas, y en la que hablamos entre otros temas del miedo, del famoso miedo. Y más en concreto aún, de cómo y cuánto cambiamos conforme crecemos, lo que me llevaba a la siguiente pregunta: ¿verdaderamente evolucionamos mientras avanzamos en edad? Porque yo, honestamente y viendo ciertas situaciones, leyendo determinados estudios, tiendo a pensar que no, que hay algo que estamos haciendo mal, muy mal. ¿Por qué pienso esto? Si nos detenemos un momento a analizar, observar, podemos darnos cuenta fácilmente que cuando somos niños/as, no tenemos miedo al error, a equivocarnos, del mismo modo que vivimos la vida con alegría, con entusiasmo, con asombro, nos emocionamos con cada pequeño detalles; y así podría seguir con una lista que se antoja demasiado extensa.

¿Qué sucede cuando vamos acumulando años? La realidad es que, lejos de evolucionar, involucionamos. Es decir, comenzamos a tener prejuicios que antes no existían, desconfiamos por completo de nuestras capacidades, aparecen las inseguridades, los miedos acompañados del “y si…”; la calidad de las relaciones personales empeora porque no sabemos comunicarnos, aparece un desmesurado ego que impide disfrutar de la compañía de las personas que tengo a mi alrededor, no sé cómo disfrutar del momento porque siempre estoy pensando en lo que está por venir, dejo de tener tiempo para atender a un simple mensaje o una llamada porque “estoy hasta arriba de trabajo”; pérdida de consciencia en la escala de prioridades de qué es importante y qué no; nuestra capacidad para relativizar los problemas acorde a la importancia de los mismos…Y así, suma y sigue, pero un momento…¿no deberíamos para entonces saber gestionar todo esto? Entonces, ¿para qué nos han educado?

Esta es la pregunta, la conclusión a la que llegué después de esa cena. El niño/a involuciona, pierde esas capacidades para a partir de un punto de inflexión que, casi con toda seguridad, a todos nos llega en un determinado momento, volver a recuperar ese territorio perdido mediante un entrenamiento personal de la mente, una reorganización de su vida, con el fin de recuperar la orientación que probablemente hace muchos años que perdió. Si este patrón se conducta se repite tan a menudo, ¿para qué educamos en la escuela primero, en el instituto después, y posteriormente en la Universidad? La pregunta ideal sería: Para la vida. Pero es mentira, está claro que hay algo que se nos escapa, que falla por completo, porque a la vista está que hay mucho por mejorar en la sociedad que tenemos. Jóvenes que no saben que quieren hacer con su futuro, desconocen tan siquiera si tienen talento o no, no saben afrontar una mera conversación con otra persona porque son inseguros a la par que desconfiados. Por este mismo motivo, honestamente creo que se ha educado y se educa en muchos casos, para adquirir un título académico creyendo que eso facilitará la incursión en la vida profesional, pero verdaderamente no educamos para la vida.

No terminamos de comprender que lo personal y lo profesional van de la mano, por un motivo tan sencillo como que el desarrollo personal implica el desarrollo de habilidades sociales, la capacidad de generar auto conocimiento y auto confianza en las personas a quienes educamos, y esto nos permitirá con toda seguridad guiar a cada niño/a hacia su talento (que como bien diría nuestro querido José Antonio Marina, es la inteligencia bien dirigida). En lugar de adaptar al niño a nuestro modelo de enseñanza, deberíamos adaptar el modelo de enseñanza a nuestra clase observando qué perfil de alumnos/as tenemos, cuáles son inquietudes, sus habilidades, preferencias, y en base a ello, diseñar contextos que sean los suficientemente retadores como para que ellos y ellas, nuestros alumnos, formen parte de ese proceso.

Probablemente usted, querido lector, se pregunte cómo hacer esto. Aquí van mis reflexiones que comparto con todos y todas:

Nunca perder la alegría. Estamos muy equivocados pensando que, si nos reímos, si se ve disfrutando a un chico en clase, es porque el profesor no es serio o el entrenador no es serio. De la misma manera que estamos acostumbrados a escuchar: Hay que ganarse la vida. No, la vida está ganada desde el momento en que aparecemos en ella, porque somos conscientes de que cada día es un propio reto. La vida no se gana, la vida se disfruta, porque solo se vive una vez, y no hay mejor manera de aprovecharla.

Cambiar la imposición por la cuestión. Modificar nuestro lenguaje, cambiando las imposiciones por las preguntas. No dar las respuestas sino , más bien, plantear cuestiones que hagan al alumno tomar decisiones. De esta manera no solo estaremos enseñando al alumno a reflexionar, que es importante, sino mejor aún, aprenderá a ser responsable en base a las decisiones que toma.

Cariño sí, protección no. Es difícil evitar la protección (imagino) porque el cariño a veces impide activar ese mecanismo, pero creanme que hacemos un flaco favor protegiéndoles de absolutamente todo, de las caídas de una bicicleta, del coscorrón con el pico de una mesa. Con esto no digo que haya que propiciar que el niño termine hecho polvo cada semana, magullado y con heridas, pero detengámonos un momento. ¿Acaso la vida de adulto o adolescente no tiene peligros? ¿No será mejor que aprenda de pequeño a evitar el pico de una mesa mirando una vez que se ha dado la primera vez, o tomando verdadera precaución cada vez que monte en bicicleta o con el patinete? ¿Queremos adultos responsables o queremos cargar con su responsabilidad toda la vida?

Animar sí; validación constante, no. Es vital generar confianza en nuestros alumnos, mediante el correcto lenguaje que genere un incremento en su auto confianza en ellos y ellas, pero más importante aún es generar eso mismo con hechos, con actos cotidianos del día a día. La frase aplicable a un vestuario de: “los jugadores escuchan el primer día lo que dices, y a partir del segundo día escuchan lo que haces”; es perfectamente aplicable al contexto de la educación. De nada vale la constante validación, porque eso solo alimenta su ego haciéndoles creer que todo lo hacen perfecto, que son los mejores, que son muy buenos, y que no cometen ningún fallo.

-Y por último, pero no por ello menos importante; todo lo anterior aplicárnoslo a nosotros. Es decir, transmitir pasión por aquello en lo que trabajamos cada día, mostrando alegría, verdadero disfrute, siendo humildes en todo momento entendiendo que el principal protagonista de ese proceso son ellos, porque es su aprendizaje, es su crecimiento, lo que está en juego. No debemos diseñar las clases, o los entrenamientos, a la espera de una validación externa o premio; sino más bien con la última finalidad de enseñarles las mejores herramientas posibles para que, poco a poco, se reconozcan, sepan quienes son, para qué están aquí, y qué pueden aportar ellos a esta sociedad.

Como diría la canción de Café Quijano; déjame que pueda ser, el que siempre quise ser. Nada más, y nada menos. Les deseo un feliz fin de semana, y en especial para toda la comunidad de nuestra Universidad Francisco de Vitoria, profesores, personal de secretaría y administración, personal de mantenimiento; que tengáis unas grandísimas vacaciones, que las disfrutéis, y sirvan para volver con las pilas cargas. Gracias a todos y todas, por tanto.

Un abrazo muy fuerte, y disfruten de lo que la vida les regala a cada momento.

*¿Adivinan ya quienes ganaron el certamen? Efectivamente, los niños de preescolar. ¿Por qué? Aquí les dejo la explicación del autor: “Este imposible, como todos los imposibles, ocurre porque nuestros instintos nos llevan a centrarnos en los detalles equivocados. Nos centramos en lo que vemos, en las habilidades individuales. Pero las habilidades individuales no son lo que cuenta. Lo importante es la interacción.” (Daniel Coyle).

“No hay mayor ilusión que el miedo, ni mayor error que disponerse a la defensa, ni mayor desgracia que crear un enemigo. Quien pueda ver más allá del miedo siempre estará a salvo.”
“El desarrollo pleno de la persona pasa, pues, por el descubrimiento del sentido. Lo que supone que nuestro desarrollo nos hace cada vez más capaces de plantearnos las preguntas adecuadas. El asombro, la actitud de sorpresa ante la realidad, nos lleva a no dar nada por sentado, excepto el punto de partida: el hecho mismo de que nos encontramos ante una realidad interpelante, de que somos capaces de plantearnos las preguntas oportunas.” (José Ángel Agejas Esteban).

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Estás justo a tiempo

Entender que no vamos tarde ni excesivamente pronto, sino que se trata de encontrar tu velocidad de vida probablemente ha sido uno de los conceptos que más he tardado en comprender primero, y poner en práctica posteriormente. No sé si es difícil o no, pero a mí me ha costado. Eso sí, una vez conseguido este paso, este objetivo, disfruto de la vida de una manera más real que no sé si es mejor o peor, lo que sí estoy seguro es que es verdadera y coherente.

Muchas veces sentimos una enorme presión por no tener la sensación de que avanzamos hacia los objetivos que nos hemos propuesto, por percibir que quizás no llega aquello que “nos merecemos” (o más bien, entendemos nosotros que nos lo merecemos). Esa presión se traduce en nervios, en estrés, en una modificación del comportamiento, cambio en nuestro estado de ánimo; en definitiva dejas de ser tú mismo, y lo que es peor, dejas de disfrutar de la vida que tienes cada día, por un pensamiento que tú mismo has creado: “no termino de tener lo que me merezco”.

Pero si somos capaces de parar, de pisar el freno, y darle la vuelta a esto, la primera pregunta que deberíamos hacernos es: ¿Por qué me lo merezco?¿Acaso no estoy avanzando?¿Soy la misma persona que hace 9-11 meses?¿En qué he mejorado?¿Y qué es lo que necesito mejorar? Y creo, la más importante, que viene a continuación: ¿Por qué he dejado de ser yo mismo, por qué he perdido mi esencia? Después de varias semanas, para mí creo que he encontrado la respuesta con la ayuda de todo lo que he leído: Porque durante un espacio de tiempo, he vivido en mis expectativas y no en mis realidades.

Como bien dice Mario Alonso Puig: Cuando trabajamos para actuar en base no a nuestras emociones sino a nuestras elecciones, es cuando actuamos en libertad. Por eso es de vital importancia estar plenamente convencido de la decisión que tomamos, y a continuación comenzar a vivir esa experiencia que nos otorga la elección tomada. Este cambio de pensamiento nos permite disfrutar de cada instante, de cada experiencia, en base a mis decisiones y no en base a lo que me había imaginado que sería esta experiencia. Las hipótesis no valen, solo cuenta la realidad del momento que vives y tu capacidad de adaptación al mismo. Como diría un buen amigo, “has decidido esto, perfecto. Pues a partir de ahora, dificultad-solución, cuando se presente una dificultad del tipo que sea, busca una solución.”

Todo este planteamiento me lleva a la idea de qué importante es tener claro los pasos que quiero dar en mi vida, pero sin ponerme plazos. Porque las acciones que haga para acercarme a esos objetivos sí puedo controlarlas, pero los plazos que voy a tardar en acometer dichos proyectos no están en mi mano. Esa es la verdadera realidad, y lo que me permite vivir cada día sin nervios, sin presiones externas, sin estrés sin sentido; todo ello me permite enfocarme en la tarea olvidándome del reloj que llevo en mi muñeca, y del calendario que tenemos en nuestro teléfono. Y como consecuencia, soy feliz porque vivo como quiero.

Hay quien pensará que es absurdo marcarse objetivos sin ponerse plazos, porque puedes estar toda una eternidad persiguiéndolos. Puede ser, no he dicho que esta sea una receta general, pero sí hay algo que tengo claro. Cuando los objetivos, tus metas, tus sueños, llámalo como quieras, son coherentes con tu ser, en ese preciso instante empiezas a estar en tu camino, y cuando estás en el camino adecuado, notas como tu vida fluye, ni rápido ni despacio, simplemente fluye al ritmo que tú necesitas para ser feliz, para disfrutar. Ahí, en ese preciso momento, encuentras tu mejor versión y es cuestión de tiempo que todo termine llegando porque lo que antes entendías como sufrimiento, como queja, ahora se torna en pasión, motivación, ilusión por ser un poquito mejor que ayer.

Les dejo varias reflexiones y vídeos que espero les resulten interesantes. Les mando un abrazo enorme, y deseo de corazón que encuentren su velocidad de vida.

“Sé que solemos pensar que la clave de todo es hacer para así tener y luego ser. Llevar a cabo algunas acciones para tener ciertas cosas que nos permitan, a su vez, ser conocidos, prestigiosos o felices. Creo que ése no es un esquema saludable y, que tal vez, podríamos invertirlo. Cuando lo primero que uno busca es el ser, el hacer es congruente con ese ser, y eso es lo que da lugar al tener. Sólo desde el ser equilibrado, auténtico, íntegro y compasivo pueden nacer acciones tan diferentes en su cualidad que acaban cristalizando en nuevas realidades. Es nuestro nivel de consciencia lo que determina nuestro nivel de ser. La consciencia ordinaria equivale al plano de lo razonable y, por eso, se hace lo que es lógico hacer y se obtiene lo que es sensato obtener. Cuando se accede al nivel de consciencia no ordinaria, se hace lo que se hace, no porque uno tenga razones, sino porque así lo elige y por eso se obtiene algo por una parte extraordinario y por otra inesperado.” (Mario Alonso Puig)
“No pasa nada, así es la vida. Alguien se graduó a los 22, pero solo consiguió trabajo a los 27. Alguien ya tenía un postgrado a los 25, pero murió a los 50. Mientras que otro se graduó a los 50 y vivió hasta los 90. Hay alguien que está todavía soltero mientras que otro que estudió la secundaria con él, ya es abuelo. Hay quienes tienen pareja y aman a otra, hay quienes se aman y no son nada. Obama se retiró a los 55 y Trump empezó a los 70. Todos en este mundo viven de acuerdo a su propio tiempo. Las personas que te rodean pueden parecer ir delante de ti y algunos parecen ir detrás de ti, pero todos están corriendo su propia carrera en su propio tiempo. No los envidies, están en su vida y tú estás en la tuya. Así que, relájate. No has llegado tarde. No has llegado temprano. Estás justo a tiempo. Vive tu tiempo sin tener referentes, solo concéntrate en tu propósito.” (Anónimo)

vestuario japón

(La foto corresponde al vestuario de Japón, tras el partido de ayer contra Bélgica en el cual perdieron 3-2 en el último minuto, después de ir ganando 2-0) En lugar de dejarlo hecho un desastre, recogieron todo, para dejarlo como estaba, poniendo en el cartel que ven: GRACIAS. Este hecho me recuerda al momento de los capitanes de los All Blacks, recogiendo su vestuario ante la atónita mirada de James Kerr, diciéndole: Nadie cuida de los All Blacks, barremos nuestro vestuario.”) Una foto para la reflexión.


 

Adaptación y autocuidado

“Usted no tiene que convertirse en nadie diferente a quien ya es, porque, en su esencia, usted ya es perfecto, esto es, completo. Lo único que tal vez necesite es descubrir qué hay realmente detrás de las palabras YO SOY” (Mario Alonso Puig)”

Una vez que se dio por finalizado el Congreso de Coaching al que asistí durante el pasado fin de semana, de todo lo escuchado y reflexionado en el transcurso del mismo me fui con dos ideas en la cabeza: autocuidado y adaptación. El primer término referido a cómo me cuido yo, cuánto tiempo me dedico a mí, a mi persona con la simple finalidad de sentirte a gusto contigo; mientras que el segundo término iba más encaminado a nuestra capacidad de adaptarnos al entorno, ser conscientes de dónde estamos y cómo estamos obrando en consecuencia, si somos coherentes o no.

Normalmente en cada charla a la que se asiste todo va enfocado hacia las personas con quienes trabajamos, lo cual me parece perfecto por otro lado, y no seré yo quien le quite importancia. Ahora bien, mi buen amigo Álvaro creo que dio en el clavo mencionando el concepto de autocuidado, refiriéndose con ello a cuánto de bien nos cuidamos nosotros. Y lleva mucha razón, porque si no atendemos a nuestra persona, si no nos queremos y respetamos a nosotros, ¿cómo vamos a lograr esto en otras personas? Es inviable e incoherente a partes iguales, porque uno no brilla por tocar una tecla. Es un proceso de atención, de lo que demanda tu cuerpo y tu mente, de atender a las necesidades que tienes, consiste en encontrar un espacio y un tiempo para ti, simplemente para disfrutar de tu presencia. Se suele decir que uno no está preparado para vivir en compañía de otra persona, si previamente no ha aprendido a estar y disfrutar con su soledad. Sinceramente, cada vez le doy más razón a esta frase.

Da miedo no encajar en el trabajo en el que estamos, da absoluto pavor no encontrar a esa pareja, o media naranja como muchos os gusta llamarlo, con quien pasar el resto de nuestra vida. Y creo que estamos muy equivocados, porque cada vez tengo más claro que lo primero que debemos conseguir es encontrar ese ritmo de vida en el que somos felices, esa manera nuestra de vivir la vida que nos llene y nos haga sentir plenos, con independencia de los factores externos que puedan sumar a ese estado de felicidad. Cada vez asemejo felicidad a conocerse cada día mejor, lo relaciono con ser coherente en tu manera de vivir, de expresarte, muy resumido: Que tu SER y tu ESTAR vayan de la mano; eso es para mí felicidad. Y solamente cuando consigamos llegar a ese punto, estaremos en condiciones de solicitar más agentes externos, y solo entonces estaremos capacitados para ayudar, para liderar sumando, para brillar y ayudar a que otros brillen con fuerza.

Por otro lado, nuestra capacidad de adaptación al entorno (un entorno cada vez más VUCA) requiere de manera imprescindible que generemos la capacidad de mantener nuestro estado emocional en un punto medio, en un equilibrio que evite las montañas rusas, que evite las subidas y bajadas que tantísimo nos descolocan, que tanto daño nos hacen a nosotros, y en consecuencia modifican nuestra manera de ser, nuestras relaciones con las personas que más queremos porque nos vemos tan afectados por el contexto, que no somos capaces de mantenernos al margen, de entender que todo en la vida tanto lo bueno como lo malo es pasajero, que nada dura para siempre, y por tanto no es que sea bueno, es que es muy necesario generar y consolidar nuestra capacidad para encontrar cada día el equilibrio emocional de nuestra mente.

Entender que siempre existirá incertidumbre, en mayor o menor grado, pero que siempre habrá porque es imposible controlarlo absolutamente todo. Qué casualidad que solo nos acordamos de la incertidumbre cuando algún proyecto, o algún objetivo, no se materializa de la manera en que queríamos; pero sin embargo nadie se preocupa por esa misma incertidumbre cuando todo va bien. ¿Qué incoherencia verdad? ¿Acaso alguien te ha garantizado que, en ese momento de tu vida que todo va bien, ese estado va a ser para siempre?¿Verdad que no?¿No es verdad que podría llegarte cualquier llamada, y que todo se fuera al traste?Y sin embargo, ¿estás enfocado en el momento presente, verdad? Otra incoherencia, y por eso sufrimos tanto a veces hasta de manera innecesaria. Vaya bien, o vaya mal, nuestra mente debe estar enfocada en lo que queremos, en lo que suma, en el mismo punto, en los mismos objetivos y camino a recorrer. Con ello, conseguiremos tranquilidad, pausa, equilibrio, término medio, todos ellos elementos imprescindibles para ser capaces de disfrutar un poco más de los pequeños detalles que nos regala la vida. Como me dijo mi buen amigo Luismi el domingo, “no es malo tener ese tipo de emociones cuando te bloqueas; vívelas, siéntelas, pero déjalas ir, déjalas marchar.” Qué razón tienes amigo.

Y para terminar, hablando de entornos, de contextos,  en la cena que tuvimos el sábado se generó un bonito debate, en relación a la cantidad de veces que visualizan vídeos en fútbol base. Una temática que posteriormente el domingo tratamos, cuando teníamos que tomar decisiones en base al caso práctico que nos planteó Pablo López. Tanto la cena, como el caso práctico, me llevó a una reflexión: ¿Somos conscientes del contexto en el que estoy? ¿Soy coherente con mis exigencias, con lo que demando de mis jugadores, de mi grupo de trabajo cada día?¿cuando trabajamos, lo hacemos para el grupo o para mi promoción? ¿hablamos a los niños en fútbol como tal, o les tratamos como mini-adultos?¿soy consciente de la exigencia que estoy solicitando a mis trabajadores? ¿logra más éxito quien exige a base de “látigo”, o quien entiende dónde está, para quién y con quién trabaja, y además intenta que quienes están a su lado sean felices?¿Mandamos, administramos, o lideramos? ¿Y con mi vida?¿Mando, administro, o lidero en ella?

Para terminar, quería compartir con vosotros una historia que me parece sensacional:

“El soberano de un gran reino se encontraba ya en una avanzada y quería asegurarse de que, antes de abandonar el mundo, le transmitía a su hijo una importante lección. A lo largo de las épocas difíciles de su reinado, aquello había sido clave para mantenerse firme y conseguir que finalmente reinara en su país la paz y la armonía. Por alguna razón, el joven príncipe no acaba de entender lo que su padre le decía. 

-. Sí padre, comprendo que para ti es muy importante el equilibrio, pero creo que es más importante la astucia y el poder. 

Un día, cuando el rey cabalgaba con su corcel, tuvo una gran idea. 

-. Tal vez mi hijo necesita no que yo se lo repita más veces, sino verlo representado de alguna manera. 

Llevado por un lógico entusiasmo, convocó a las personas más importantes de su corte en el salón principal del palacio. 

-. Quiero que se convoque un concurso de pintura, el más grande e importante que se haya creado nunca. Los pregoneros han de hacer saber en todos los lugares del mundo que se dará una extraordinaria recompensa al ganador del concurso. 

-. Majestad- preguntó uno de los nobles-¿cuál es el tema del concurso?

-El tema es la serenidad, el equilibrio. Sólo una orden os doy-dijo el rey-bajo ningún concepto rechazaréis ninguna obra, por extraña que os parezca o por disgusto que os cause. 

Aquellos nobles se alejaron sin entender muy bien la sorprendente instrucción que el rey les había dado. 

De todos los lugares del mundo conocido acudieron maravillosos cuadros. Algunos de ellos mostraban mares en calma, otros cielos despejados en los que una bandada de pájaros planeaba creando una sensación de calma, paz y serenidad 

Los nobles estaban entusiasmados ante cuadros tan bellos. 

-. Sin duda, su majestad el rey va a tener muy difícil elegir el cuadro ganador entre obras tan magníficas. 

De repente, ante el asombro de todos, apareció un cuadro extrañísimo. Pintado con tonos oscuros y con escasa luminosidad, reflejaba un mar revuelto en plena tempestad en el que enormes olas golpeaban con violencia las rocas oscuras de un acantilado. El cielo aparecía cubierto de enormes y oscuros nubarrones. 

Los nobles se miraron unos a otros sin salir de su incredulidad y pronto irrumpieron en burlas y carcajadas. 

-. Sólo un demente podría haber acudido a un concurso sobre la serenidad con un cuadro como éste. 

Estaban a punto de arrojarlo fuera de aquella sala cuando uno de los nobles se interpuso diciendo:

-. Tenemos una orden del rey que no podemos desobedecer. Nos dijo que no se podía rechazar ningún cuadro por extraño que fuese. Aunque no hayamos entendido esta orden, procede de nuestro soberano y no podemos ignorarla. 

-Está bien- dijo otro de los nobles-pero poner poned este cuadro en aquel rincón, donde apenas se vea. 

Llegó el día en el que su majestad el rey tenía que decidir cuál era el cuadro ganador. Al llegar al salón de la exposición, su cara reflejaba un enorme júbilo y, sin embargo, a medida que iba viendo las distintas obras su rostro transmitía una creciente decepción.

-. Majestad, ¿es que no os satisface ninguna de estas obras?-preguntó uno de los nobles. 

-Sí, son muy hermosas, no cabe duda, pero hay algo que a todas les falta. 

El rey había llegado al final de la exposición sin encontrar lo que tanto buscaba cuando, de repente, se fijó en un cuadro que asomaba en un rincón. 

-¿Qué es lo que hay allí que apenas se ve?

-Es otro cuadro majestad. 

-¿Y por qué lo habéis colocado en un lugar tan apartado?

-Majestad, es un cuadro pintado por un demente, nosotros lo habríamos rechazado, pero siguiendo vuestras órdenes de aceptar todos los que llegaran, hemos decidido colocarlo en un rincón para que no empañe la belleza del conjunto. 

El rey, que tenía una curiosidad natural, se acercó a ver aquel extraño cuadro, que, en efecto, resultaba difícil de entender. Entonces hizo algo que ninguno de los miembros de la corte había hecho y que era acercarse más y fijarse bien. Fue entonces cuando, súbitamente, todo su rostro se iluminó y, alzando la voz, declaró:

-Éste, éste es, sin duda, el cuadro ganador. 

Los nobles se miraron unos a otros pensando que el rey había perdido la cabeza. Uno de ellos, tímidamente, le preguntó:

-Majestad, nunca hemos discutido vuestros dictámenes, pero ¿qué veis en ese cuadro para que lo declaréis ganador?

-No lo habéis visto bien, acercaos. 

Cuando los nobles se acercaron, el rey les mostró algo entre las rocas. Era un pequeño nido donde había un pajarito recién nacido. La madre le daba de comer, completamente ajena a la tormenta que estaba teniendo lugar. 

La serenidad no surge de vivir en las circunstancias ideales como reflejan los otros cuadros con sus mares en calma y sus cielos despejados. La serenidad es la capacidad de mantener centrada la atención, en medio de la dificultad, en aquello que para ti es una prioridad.”

Para terminar, hay una frase que mi amigo Álvaro dijo pero de cuyo autor no recuerdo: “Recuerda que eres mortal.” Que cada uno/a saque sus propias conclusiones, porque como siempre digo, este no es un blog de imposición, es un blog para cuestionárselo absolutamente todo, y a partir de ahí, seguir creciendo como siempre tratando de encontrar nuestra mejor versión. Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo.

“La manera en la que enfocamos nuestra atención puede ser fuente de equilibrio o de desequilibrio en nuestras vidas.” (Mario Alonso Puig)

“Nadie ve realmente una flor; es tan pequeña que no tenemos tiempo y ver requiere tiempo.” (Georgia O’Keefe)

“Muchos hábitos cierran puertas y lo que tenemos que hacer es abrirlas a base de prestar mayor atención a lo que hacemos.” (Mario Alonso Puig)

 

rayo majadahonda

Aceptar el ruido

“¿Cómo sería tu pareja ideal?” Esa es una de las preguntas que el pasado fin de semana, entre amigos daba el pistoletazo de salida a una conversación, a un debate, que aún a día de hoy resuena en mi cabeza por todo el hilo de pensamientos que se fueron generando en mi, conforme han ido pasando los días. La primera respuesta intuitiva que te viene a la mente es, lógicamente, pues de este tipo: ” Una chica que sea…. y…., …; así algo más extenso, porque lo tienes claro, o crees tenerlo claro. Ahora bien, con la misma velocidad llegaba otra respuesta a mi cabeza que decía: La realidad, es que no lo sé, porque puede que sea quien menos espero. Mejor vivir, que anticiparme. Pero, ¿por qué nos planteamos preguntas de este estilo?

He llegado a la conclusión de que nos manejamos muy mal en la incertidumbre, en la duda, en las cuestiones que al principio no tienen respuesta, porque queremos todo tenerlo atado, acotado, controlado al máximo detalle. De la misma manera, analizándolo todo con sumo cuidado me doy una probabilidad de respuesta: Porque soy ordenado, organizado, y me gusta tenerlo todo bajo control, que no se me escape nada. Escucho cómo resuenan esas palabras en mi cabeza, en mi mente, y no me convence esta explicación para nada en absoluto. Sigo analizando la obsesión que tenemos por controlar todos los factores que nos rodean, y esto me genera otro planteamiento que me convence más. El hecho de aceptar que no puedo controlar todo, que no puedo tener todo bien atado, me lleva a aceptar el silencio como consecuencia de que mi cabeza deje de pensar, de reflexionar, de repensar. Y ese silencio me lleva a un ruido que desconocía, a un ruido que tiene mucho que ver con mis preocupaciones, con mis miedos, con mis inquietudes, con reconocer mis debilidades, con reconocer mi vulnerabilidad; y a lo mejor es ahí donde comienzan todos mis problemas.

aceptar el ruido

Hablar por hablar, pensar por pensar, creo honestamente que es una actitud cobarde. Cobarde en el sentido de no querer aceptar la realidad de cada día, las cuestiones, los problemas, y las dudas que se nos plantean a cada momento, normalmente acerca de cuestiones que se escapan de mi control, de mi ratio de acción. Trato de tener la cabeza ocupada, darle vueltas a cuestiones que no me llevan a nada, en vez de centrarme, enfocarme, y ocuparme de lo que sí puedo gestionar. Es muy importante esto, porque los pensamientos que manejamos nos convierten, ineludible e inconscientemente en la persona que somos día tras día aunque no nos demos cuenta. ¿Qué quiero decir con esto? Que en un entorno más VUCA que nunca (Volátil, Incierto, Complejo, y Ambigüo), es de vital importancia dos aspectos: el control de nuestra atención y el control de nuestras emociones. 

Y para estos dos controles, ¿cuál es el aspecto que considero esencial? La pausa. En mi opinión, la pausa clarifica el pensamiento, amplía la mirada, y mejora la calidad de nuestra toma de decisión. Si nos analizamos, desarrollamos un análisis de las discusiones que tenemos con nuestras amistades, o con nuestras parejas, o en el trabajo, ¿cuál es la estructura que se desarrollan en esas conversaciones? Seré más concreto en la pregunta: ¿Qué punto o nexo de unión hay entre todas esas conversaciones? La escucha es inexistente. ¿Por qué? Porque no hay paciencia, porque no existe la calma necesaria para adoptar una predisposición de escucha verdadera, de atención, de comprensión, y de empatía. Hablamos superponiendo el contenido de las otras personas (de la misma manera que superpongo pensamientos absurdos en mi mente, en vez de dejar cuestiones que sí puedo afrontar), sin detenernos a analizar, a escuchar, sin pararnos a pensar y desarrollar una argumentación lógica que pueda debatir (que no discutir o cuestionar) el contenido de la otra persona. Es muy diferente. No existe pausa, porque lo queremos todo para “ya”, instantáneo, al momento, y esto no es raro porque es como estamos educando a los niños/as. Todo para “aquí y ahora”. ¿Por qué? Porque si soy incapaz de aguantar el ruido de mi cabeza en forma de suposiciones, de incógnitas (qué pasará mañana en la reunión…y si… y si esto…); cuanto más aguantar la queja o llanto del peque durante un tiempo razonable.

aceptar el ruido 2

Todo esta argumentación me lleva a otra pregunta: ¿Cómo voy a aceptar la realidad que puede estar viviendo la persona que tengo delante, si no soy capaz de aceptar la mía? Aceptación y desprendimiento son dos conceptos muy potentes, que deberíamos empezar a poner en marcha en nuestro día a día. Aceptación de afrontar todo cuanto esté por venir, con una actitud valiente, pero tranquila, con la firme intención de dar lo mejor de mi mismo en el momento en el que deba ponerme en marcha. Y de igual manera adquirir una actitud de desprendimiento total, que tiene mucho que ver con ese estado de flow tan necesario, ambos los dos muy relacionados con nuestra capacidad de vivir en el momento presente, centrando todos nuestros esfuerzos y toda nuestra atención en lo que nos ocupe a cada momento. Es cierto que irremediablemente hay que planificar, hay que mirar un poco hacia delante, y estoy de acuerdo. Pero no comparto la idea de que esa planificación me distraiga del momento que vivo, del momento que estoy disfrutando, y que me impida ser yo en mi esencia a cada instante. Eso sería un tremendo error.

Pero para vivir de esa manera, en la búsqueda de esa felicidad, todo tiene mucho más que ver con establecer una muy necesaria pausa en nuestras vidas, ser capaces de enfocar nuestra atención hacia donde queremos, saber gestionarnos emocionalmente aprendiendo a relativizar todo cuanto nos sucede día tras día, aceptar todo lo que pueda venir con la mejor de nuestras actitudes y dispuestos a sacar lo mejor de nosotros; y adquirir tal estado de fluidez que no seamos conscientes de cuánto tiempo pasa mientras realicemos la actividad que nos mantiene ocupados. Y..¿saben qué? De manera sorprendente, todo esto nos lleva a apagar el ruido que tanto nos atormenta en nuestra mente porque probablemente en ese preciso instante, nos ocupamos de vivir nuestra vida de la manera en que podemos (que quizás no es la queremos, pero sí la que decidimos disfrutar).

aceptar el ruido 3

Que tengan una muy buena semana, les mando un fuerte abrazo, y deseo de corazón que sientan vivos de verdad cada día de sus vidas. Siempre termina saliendo el sol, por más nubes que tenga tapándolo.

 

 

Jugadores de leyenda

“Es cierto que los capitanes de nivel uno, en el contexto de sus respectivos deportes, parecen únicos en su género. Por supuesto, no tienen nada que ver con los intachables líderes de nuestra imaginación. Sin embargo, al bucear en sus biografías observé otra cosa más: lo mucho que se parecían todos. Hasta un nivel espeluznante, sus comportamientos y creencias, y la forma en que abordaban su trabajo, mostraban una gran sintonía. El comportamiento impulsivo, temerario y supuestamente contraproducente que exhibían estaba calculado, de hecho, para fortalecer al equipo. Sus extraños y en apariencia incapacitantes rasgos personales no eran perjudiciales, sino que en realidad hacían a sus compañeros de equipo más eficaces en el terreno de juego. Después de todo, aquellos hombres y mujeres no eran aberraciones: eran miembros de una tribu olvidada. En total, había siete cosas que tenían en común: 1-. Extrema tenacidad y capacidad de concentrarse en la competición. 2-. Un juego agresivo que pone a prueba los límites de las normas. 3-. La disposición a realizar un trabajo ingrato en la sombra. 4-. Un estilo de comunicación discreto, práctico y democrático. 5-. La capacidad de motivar a otros con apasionadas exhibiciones no verbales. 6-. Fuertes convicciones y coraje para diferenciarse. 7-. Un férreo control emocional.” (Sam Walker)

Ayer por la noche, mientras veía las despedidas de Fernando Torres, Andrés Iniesta, y Xabi Prieto, mi cabeza por un instante se trasladó justamente a ese párrafo con el que comienzo este post. Capitanes, ese tipo de jugador con unos rasgos marcados, diferenciados, pero a la vez sorprendentemente comunes entre todos ellos, y en concreto en ellos tres. Tres jugadores increíbles, tres ejemplos de lo que un jugador de fútbol debería representar durante toda su carrera; tres personas con un corazón descomunal porque no se entiende de otra manera que tantísima gente hable de una manera tan cariñosa, tan emotiva, sobre ellos.

Los actos de ayer me ratificaron un pensamiento que siempre he llevado conmigo: Qué importante es la persona, su comportamiento diario, mostrándose como alguien digno, íntegro, coherente, y consecuente. Hasta qué punto puede llegar de manera tan clara a calar en los corazones de los trabajadores, de los compañeros, cuerpo técnico, aficionados, la sola presencia de un jugador como ellos en el equipo es simplemente espeluznante como diría Sam Walker, pero es una realidad que el impacto que generan con su comportamiento diario, con su manera de entender la vida, se traduce en el poder de generar influencia positiva, generar un potente sentimiento de pertenencia, y un compromiso absoluto por parte de todos los integrantes que permite que el equipo alcance registros inimaginables, que probablemente no se habían conseguido anteriormente.

fernando torres

Pocos temas me apasionan tanto como el liderazgo y la neurociencia, pero hoy quiero centrarme en el primero de estos dos conceptos. Termino llegando a la conclusión de que, de todos los componentes que pueden sostener el concepto de liderazgo, sin duda el que genera más impacto, más confianza, y más credibilidad, es el comportamiento de la persona día tras día. Puede parecer obvio, pero sin embargo no dejamos de ver las famosas arengas en niños de fútbol base, como si de mini adultos se tratasen, con el fin de motivar a los suyos, a su equipo, para ganar cuando en realidad el liderazgo de verdad, el liderazgo invisible que tanta influencia ejerce en el entorno en el que se produce, tiene más que ver con el día a día que con momentos concretos; tiene más que ver con actos que con palabras; ser ejemplar es generar motivos suficientes para que quienes están contigo se animen a sacar lo mejor de ellos para el colectivo.

Es sorprendente si hacemos una pequeña revisión bibliográfica cómo Phil Jackson ya afirmaba que “no hay nada más motivador que presentar un proyecto atractivo, retador, desafiante, y ambicioso a los jugadores”, refiriéndose con ello a la importancia de saber establecer objetivos que generen esa motivación, y en consecuencia planificar toda una temporada con pequeñas metas “volantes” que nos acerquen un poquito más cada día hasta nuestra meta final, que de final tiene poco porque será el comienzo de otro proyecto ambicioso porque así debe ser siempre, lo mejor estará por llegar al día siguiente.

Y de igual manera sorprende lo que nos explica Gilbert Enoka, sobre los momentos previos a los partidos: “Nosotros no realizamos arengas, ni discursos motivadores, porque entendemos que los instantes previos a un partido es un momento para ellos, para respetar a los jugadores y que cada uno visualice, se predisponga de la mejor manera posible para la batalla que después tendrán que librar.” El liderazgo de los AllBlacks no estaba en momentos determinados; residía en cada día normal de trabajo, en cada entrenamiento, en cada viaje, y tenía su nacimiento en los mantras, en algo que era superior a todos ellos, el hecho de ser un AllBlack con todo lo que esto conlleva.

andres iniesta

Como bien dice Sam Walker, “Los capitanes de nivel uno eran personas concienzudas, de principios e inspiradoras, y conectaban con sus compañeros de tal forma que incrementaban su rendimiento. Lejos de guiar desde una posición aventajada, evitaban los grandes discursos, huían de los focos y realizaban tareas difíciles e ingratas en la sombra. Todo esto nos lleva al estudio que realizó Reuven Gal, en 1982, y observando los expedientes militares de 283 soldados de su país llegó a la siguiente conclusión a modo de ecuación: LIDERAZGO=PxMxD, en la cual:

-P, hacía referencia al potencial, al don, al talento, que reside en una persona.

-M, hacía mención a la motivación de una persona en su carrera, en su persecución por alcanzar sus objetivos, sus metas.

-D, tenía que ver con desarrollo. Es decir, la capacidad de una persona para poner en marcha todos los mecanismos necesarios para estar a la altura del papel que se exige, y demostrar que tiene las cualidades adecuadas.

Dicha ecuación terminaba con la siguiente conclusión por parte de Sam Walker: “Los líderes deben aprender a convertirse en un prisma a través del cual se filtren las percepciones del grupo, y también a manipular esas emociones de un modo que eleve a los demás en lugar de intranquilizarlos confirmando sus temores.”

Es sorprendente cómo existe esa relación directamente proporcional entre el liderazgo bien entendido y ejercido en relación con el rendimiento de las personas que están alrededor, cómo afecta el mismo en sus emociones, en sus sensaciones, en sus creencias, en sus convicciones en relación a la capacidad de alcanzar un objetivo grupal o no. Fernando Torres, Andrés Iniesta, y Xabi Prieto son los claros ejemplos de cómo un liderazgo invisible basado en el compromiso, en el sentimiento de pertenencia a un club, a una identidad, a un ideario, a unos valores, puede llevar a generar ese compromiso por parte de sus compañeros que multiplique el rendimiento del equipo. Sin alardes superficiales, manteniéndose siempre alejados de los focos, con una humildad que alcanza cotas nunca vistas, han conseguido que ayer muchos nos emocionásemos viendo sus respectivas despedidas, a la vez que arrojasen un poco de esperanza en quienes a día de hoy seguimos creyendo que podemos lograr una sociedad mejor. Gracias por todo lo que nos habéis enseñado, de corazón, y que lo mejor aún esté por llegar para los tres.

Xabi Prieto

Les deseo que tengan una muy buena semana, y que recuerden la importancia de dejar un legado en las personas con quienes convivís en vuestro día a día. Eso es lo que han hecho ellos, y pueden creer que no hay mejor manera de sentirse pleno que aportando semillas de árboles que jamás veremos terminar de crecer. Un fuerte abrazo, de corazón a corazón.

“Los líderes se hacen, no nacen. Se hacen mediante un duro esfuerzo, que es el precio que todos tenemos que pagar para lograr cualquier objetivo que merezca la pena.” (Vince Lombardi)
“La teoría de Hackman consta de cuatro principios: 1-. Los líderes eficaces saben unas cuantas cosas. 2-. Los líderes eficaces saben cómo hacer unas cuantas cosas. 3-. Los líderes eficaces deben ser emocionalmente maduros. 4-. Los líderes eficaces necesitan cierto coraje personal. (Richard Hackman)”
“Mejoramos de estatus más deprisa, y de manera más fiable, actuando como si mereciéramos justo un poquito menos de lo que de veras merecemos.” (Deborah Gruenfeld)
“Un líder que no tema enfrentarse al jefe, o al jefe del jefe, o que tan solo se levante en medio de una reunión para decir: Esto es lo que estamos haciendo mal, constituye un componente esencial de la excelencia.” (Sam Walker)”
“Cuando un líder hace algo extraordinario en el terreno de juego, eso libera energías que ni siquiera sabías que tenías.” (Philipp Lahm)