Proyectos consistentes

«Lo único sensato es construir organizaciones que valen la pena con buena gente y gente buena. […] Tener la humildad de aprender de todos y el arrojo de hacer propuestas propias, ambiciosas y diferentes.»

(Xavier Marcet)

Hubo un título de uno de los capítulos del último libro de Xavier Marcet que me llamó muchísimo la atención, el cual decía así: «Más que éxito, consistencia». ¿Qué diferencia hay entre ambos conceptos? La respuesta es, quizás, una de las reflexiones más importantes que se debería plantear cualquier persona que se dispone a iniciar un proyecto.

Para tratar de dar respuesta a esta pregunta voy a tratar de hacer un símil con una frase que en su momento dijo el gran Johan Cruyff: «La pelota que va rápido hacia delante, hay altas probabilidades que venga de vuelta con más velocidad aún.» Con esta frase trataba de resumir la idea consistente en que aquel equipo que trata de llegar a portería rival sin fundamento, sin orden y sin criterio, asume el riesgo de recibir ese balón de vuelta mucho más rápido, como producto de una pérdida del balón y termine encajando un gol. Pues con el éxito sucede lo mismo.

Si cuando nos disponemos a iniciar un proyecto el único objetivo que uno se marca es tener éxito, es más que probable que solo atienda a las modas actuales, a las tendencias, a lo que se compra y se demanda, para en base a todo ello diseñar un producto que satisfaga las necesidades o gustos de los consumidores. ¿Cuál es el problema de esto? Que atendemos a lo que hay fuera, pero no a lo que tenemos dentro, a nuestra esencia, a nuestro sello personal, aquello que sí nos puede hacer diferentes de manera más consistente en el tiempo. El éxito que llega rápido, se va con más rapidez aún.

Por el contrario, si lo que buscamos desde el comienzo es generar un proyecto consistente en el tiempo, la primera tarea de la cual nos ocupamos es de tener claro cuál es el perfil de personas que quiero en mi equipo de trabajo. Como dice Xavier Marcet, «En una start up una idea no vale nunca más del 20%, demostrar su factibilidad puede valer hasta un 30% más, pero las personas que hay detrás son, como mínimo, el 50% del valor de una star up.» Son las personas quienes tienen la extraordinaria capacidad de transformar e innovar, pero desde una perspectiva mucho más humana, comportándose de una manera única.

Por un lado, siendo capaces de transformar el talento individual en talento colectivo demostrando una humildad y ambición a niveles excepcionales (como diría Álvaro Merino, el talento si no es colectivo, no es talento). En segundo lugar, porque llegan a innovar desde la mirada. Es su mirada lo que actúa como palanca para generar empatía, solidaridad y entendimiento con la persona con quien está en ese momento. Y por último, añado el tercer aspecto esencial pero no por ello menos importante, que debe tener cualquier persona que forme parte de un proyecto: sentimiento de amateur. Un día, en el programa de Jesús Calleja, escuché a Santi Millán decir que él se consideraba un amateur, porque «amo lo que hago. Creo que la diferencia entre un amateur y un profesional, es que el profesional cumple, el amateur por el contrario siempre va un poco más allá, porque la pasión por lo que hace es superior a todo lo demás.»

A menudo, cuando generamos un proyecto o estamos pensando en cómo estructurarlo, empezamos por diseñar la metodología como herramienta que estructura gran parte de ese proyecto. Nos olvidamos, sin embargo, de que son realmente las personas quienes a través de ese talento que hemos mencionado anteriormente implementarán esa metodología. El cómo se implemente esa metodología, esa forma de trabajar utilizando unas u otras herramientas, dependerá en gran medida de la capacidad para generar un compromiso, un sentido, un propósito trascendente y un relato que se traducen en hechos de forma diaria, logrando así ser un proyecto consistente que parte de la persona para terminar en la persona.

Tener un proyecto consistente es ser capaces de explorar nuevos caminos, nuevas opciones, nuevas vías, adoptar una nueva mirada que contemple nuevos modos de crecimiento. Tiene que ver con evitar, de forma permanente, la ceguera del éxito, la autocomplacencia y estar conectado diariamente con la humildad, que es la que encargada de recordarte que tu mejor obra es la que aún está por hacer.

Que tengan un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo y persistan, esa es la clave de todo.

«El éxito es el gran anhelo y el gran riesgo. Las empresas, los profesionales, buscamos el éxito, pero si este llega antes que la consistencia, los riesgos son evidentes. El éxito emborracha, nubla los esfuerzos que lo permitieron, diluye los mecanismos que lo fundamentaron. En cambio, la consistencia busca situar el éxito en la relatividad de las trayectorias.»

(Xavier Marcet)

«Lo mejor para enfrentar el futuro de nuestras empresas es pensar y escribir para saber qué pensamos. Y probar. Y probarnos. Bosquejar sendas propias.»

(Xavier Marcet)

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