Coraje

«No se trata de liberarse de las mariposas, sino de hacerlas volar en formación.»

(Jack Donohue)

¿Cuántas veces hemos sentido esas mariposas, fruto de nervios, de emoción, por dar el paso? ¿Y en cuántas de esas ocasiones, esa tensión o esa emoción se ha traducido en miedo que paraliza y termina por impedir que actuemos? Con el paso del tiempo, de las vivencias, los momentos, uno se va dando más cuenta de lo importante que es saber canalizar todo ello para seguir creciendo. Porque de eso va la vida, de crecer, de brillar al mismo tiempo que no paras de sumar y ayudar a brillar a quienes están a tu lado.

Probablemente te estés preguntando cómo se hace eso, cómo dar ese paso. Pues bien, para mí todo reside en tres aspectos: consciencia, dignidad y enfoque. Decía Ramón Bayes en una de sus ponencias una frase, que ya se la había leído a mi querido Jon Pascua Ibarrola en más de una ocasión, que quiero compartir contigo: «La persona es el viaje y cada viaje es distinto. Lo importante no es llegar a Ítaca, lo importante es el viaje. Que sea un viaje consciente.» Es esa consciencia lo que nos permite captar la esencia de cada momento, teniendo muy presente que jamás se va a volver a repetir y por tanto requiere de toda nuestra atención. Porque como bien dice el propio Ramón Bayes, «hay que estar atento, porque hay momentos que son momentos extraordinarios y no te das cuenta.» Porque lo importante es la persona, tanto tú como la/s persona/s con quien compartes ese momento, todo lo demás es completamente secundario. Captar esa esencia es eliminar lo accesorio, lo opcional, para llegar a sentir la sencillez del momento, porque como bien me recuerda siempre mi amigo, «la vida es tan sencilla como disfrutarla.»

Una vez que tomamos consciencia de quiénes somos, pasamos al cómo vivimos, cómo decidimos, en definitiva, cómo nos comportamos en nuestro día a día. Y para ello siempre he tenido presente vivir con dignidad, impidiendo de esa manera que se me olvide que lo más importante en esta tarea del vivir es el cómo, tus formas, tus gestos, las palabras que utilizas, cuánto escuchas, cuánto hablas y qué dices cuando hablas te lleva a adoptar una postura de humildad, o por el contrario una postura de ego, chulería y creer que no puedes aprender de nada ni de nadie. Probablemente aprender sea de las cosas que más me encanten en esta vida, aprender de mi mujer, de mis padres, de mis amigos, de todas las personas con quienes comparto momentos. Aprender para así poder dar, para de esa forma poder compartir y seguir ayudando a crecer. Bertrand Rusell planteaba una cuestión que, creo, toda persona debería formularse: «¿Para qué estamos en el mundo?». Su respuesta esa, sencillamente, maravillosa: «Para ampliar el conocimiento y para ampliar el amor.» La vida no tiene sentido ni finalidad, si no es para compartir y dar lo que uno es y lo que uno tiene. La vida en equipo, cuando se vive de verdad, se traduce en que la suma de momentos sencillos da como resultado un final de semana con sensación de estar pleno. Porque sumas y esa suma hace que las personas que quieres sonrían, crean en sus posibilidades, sean valientes y vayan para arriba, en busca de respuestas a sus preguntas, manteniendo su inquietud intacta.

Y por último, el enfoque, que no es otra cuestión que tener siempre presente hacia dónde llevamos nuestra atención. Qué es importante y qué no lo es tanto. Atender a los pequeños detalles porque, como muy bien dice Swami Sivananda, «una montaña está hecha de pequeños granos de arena. El océano está formado por minúsculas gotas de agua. Del mismo modo, la vida es una sucesión interminable de pequeños detalles, acciones, conversaciones y pensamientos. Y las consecuencias de todo ello, sean buenas o malas, son trascendentales.» Es el enfoque lo que nos permite, al mismo tiempo, dirigir de forma correcta nuestras acciones, nuestros comportamientos, mirando por la persona que tenemos al lado, anteponiendo siempre el «nosotros» al «yo» individual. Porque la vida, cuando se vive y se comparte en equipo, se traduce en momentos sencillos pero inolvidables y eso es lo que nos vamos a llevar, al mismo tiempo que será lo que dejemos en los corazones de las personas con quienes vivamos.

De eso se trata, de tener el coraje cada día para ser auténtico, verdadero, con la firme intención de sembrar, de dejar huella, dejar un legado en forma de comportamientos, manera de entender la vida y anécdotas que sirvan de ayuda, motivación y guía para quienes están por venir. Dejar, en definitiva, una sociedad y un mundo mejor del que hoy tenemos, porque hay mucha tarea por hacer. La mejor obra siempre será la que esté por hacer. Que tengáis un muy buen fin de semana, os deseo una muy Feliz Navidad, disfruten de cada instante, regalen abrazos y besos cargados de amor y sigan creciendo tanto como sea posible. Un fuerte abrazo.

«La misma agua hirviendo que endurece un huevo ablanda una patata. Se trata de qué estás hecho, no de las circunstancias.»

(Anónimo)

«La felicidad no es el camino pero está en el camino. La felicidad es, más bien, la actitud con la que recorremos ese camino. Y nuestras ilusiones son, en parte, las que nos motivan a tener una buena actitud. Sin una buena actitud y sin ilusiones, no hay camino.»

(Jon Pascua Ibarrola)

«La esperanza es ser capaz de ver que hay luz a pesar de toda la oscuridad.»

(Arzobispo Desmond Tutu)

Todo cobra sentido

«No puedes unir los puntos mirando hacia delante; solo puedes unirlos mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos de alguna manera se unirán en tu futuro. Tienes que confiar en algo: tu instinto, Dios, destino, vida, karma. Lo que sea. Este acercamiento nunca me ha decepcionado y ha hecho toda la diferencia en mi vida.» (Steve Jobs)

Hay momentos en la vida en los que uno percibe que todo empieza a cobrar sentido, porque todo el camino recorrido a base de no perder la esperanza, de seguir siempre hacia delante mirando con optimismo y tratando de sacar lo mejor que uno tiene dentro, te lleva a un punto de tu vida en el cual sientes que valió la pena. Pero no por una cuestión de ego o por un logro individual que ensalza tu autoestima; más bien porque ves un grado de felicidad en las personas que más quieres en tu vida que hace imposible no emocionarse.

Esta fue la emoción que sentí en numerosos instantes, con una fuerza increíble, durante todo el fin de semana en el que tuvo lugar nuestra boda, nuestro día; ese que con tantísima ilusión y emoción estábamos esperando. Ese día que, por más que te hayan dicho tus amigos que vas a sentirte de esa forma, vas a experimentar este sentimiento; da igual, hasta que no lo vives no eres realmente consciente de que lo que uno siente en ese momento supera a cualquier relato que te hayan podido contar. Es todo mucho más bonito que eso, es tremendamente maravilloso.

Es tan maravilloso que tiene ese punto de magia que perdura en el corazón para siempre, tanto que a día de hoy y escribiendo estas líneas me sigo emocionando como si estuviera allí, reviviéndolo de nuevo. Las sonrisas de mis amigos y esa emoción en sus ojos por poder estar todos juntos, por lo que íbamos a vivir desde el día de antes; las caras de felicidad de mi familia, mis primos, mis tíos, todos deseando disfrutar de ese día como niños; el recuerdo de quienes nos observaban desde el cielo; la sonrisa de mis padres desde el viernes y compartiendo juntos cada momento al máximo; la manera en la que fueron avanzando las horas hasta que me encontraba junto a mi madre esperándola a ella, a la mujer de mi vida. Ese momento inolvidable que tantas veces había soñado e imaginado, en el que entra en la catedral, vestida de blanco y agarrada del brazo de mi suegro y sientes que no puedes parar de llorar por una emoción tan bonita.

Porque ves su sonrisa, porque ves la manera tan mágica en la que brillan sus ojos, porque ese día se cumple nuestro sueño, ese día que tantas veces y durante tantos ratos nos hemos imaginado. El día en el que dices Sí, quiero, mientras la tomas de la mano, la miras a los ojos y sientes que no puedes tener más suerte, que no puede haber una suerte mayor que ver y sentir cómo es ese grado de amor con ella, de cariño, de confianza, de comprensión, de entendimiento, de conexión, es tan grande que la emoción por el momento que estás viviendo sabes que la llevarás contigo siempre, en tu corazón. Vivir, desde ese instante, para verla sonreír, para verla feliz, para crecer y caminar juntos.

Y es justo, en esos instantes, cuando percibes que todo cobra sentido. Que realmente valió la pena cada paso que diste, nunca dejar de confiar en el proceso, en el camino, seguir sacando lo mejor de ti para ayudar a que otros brillen. Seguir sumando, seguir arrimando el hombro tanto como sea necesario, sin poner una sola excusa, sin titubear, sin dudar de ti; siempre hacia delante y con ganas de más, de seguir creciendo y compartiendo momentos con esas personas tan especiales que forman parte de tu vida. Son esas mismas personas quienes ese día, viéndote emocionado durante todo el fin de semana, en ese altar esperando a quien hoy es tu mujer, saben lo importante que es para ti y se emocionan, lo sienten y lo viven como un día mágico, inolvidable y que llevaremos en el corazón para toda la vida.

Porque para mí la vida va precisamente de eso, de vivir momentos irrepetibles mientras emocionas a tu mujer, a tus padres, a tu familia, a tus amigos, en definitiva a quienes tienes en tu corazón y los cuidas con detalles sencillos pero sinceros. Nunca es tarde para decir «te quiero», para dar un abrazo o un beso de verdad, para dar las gracias porque te siguen queriendo y cuidando de ti, valorando todo lo que uno tiene y exprimiendo cada instante como si fuera el último. Vivir para sentir, sentir para emocionarse y emocionarse para sentirse vivo a cada instante, amando y cuidando a quienes están a nuestro lado.

Que tengáis una muy buena semana y por favor, nunca dejéis de caminar hacia delante. Un fuerte abrazo.

Fotografía: @ernesto.naranjo

Estadística vs Gestión de grupo

Leía hace relativamente poco el fragmento de un libro que decía lo siguiente: «A menudo, las cosas más simples de la vida son las que nos producen un mayor placer. Un abrazo de alguien que nos quiere justo cuando más lo necesitamos, charlar con un amigo y perder la noción del tiempo, llegar a casa hambriento y encontrarte una deliciosa comida casera o incluso un vaso de agua bien fría cuando estás muerto de sed.» Probablemente hay quien, a día de hoy, sigue sin comprender la consecución de la 14ª Uefa Champions League por parte del Real Madrid CF y , en mi humilde opinión, creo que una de las claves ha estado en Carlo Ancelotti, precisamente, en su capacidad para atender a las cosas más simples del día a día con su club.

Hay una frase extraída de la entrevista con Jorge Valdano que resume, a la perfección, su forma de trabajar con el grupo: «Yo siempre intento distinguir a la persona, de lo que hace esa persona. […] Le digo siempre al jugador, hay la persona y el jugador. Yo soy una persona que entrena, que hace el trabajo de la persona que entrena. Por tanto, el entrenador elige el jugador que va al banquillo, no la persona que va al banquillo.» Exigir, por tanto, al profesional al mismo tiempo que se cuida y respeta a la persona. Algo que parece tan obvio y, al mismo tiempo, qué poco se ve y se entiende en el día a día. Hasta tal punto que, si echamos la vista atrás, en las encuestas que se hacían en diversos medios no se incluía al Real Madrid CF entre los candidatos a ganar la Uefa Champions League y en La Liga casi se le mencionaba por obligación, pero con muy poca credibilidad en el rendimiento que pudiera llegar a dar.

Sin embargo, la temporada que ha llevado a cabo el Real Madrid CF nos regala una reflexión, para mí, esencial cuando se quiere conseguir un rendimiento excepcional de un grupo de trabajo: La gestión de grupos no entiende de números, de estadísticas, de porcentajes y predicciones. Se entiende, más bien, desde el compromiso diario de la persona encargada de gestionar y liderar ese grupo de personas, cuidando los pequeños detalles, esas cosas simples que mencionaba al inicio del post: un abrazo sincero, tomarte cinco o seis minutos para una conversación con quien lo necesite, valorar el trabajo diario y la dedicación dando las gracias. Todo esto no se puede cuantificar pero, en realidad, es lo que marca la diferencia: querer y creer en las personas con quienes estás cada día, sabiendo qué toca hacer a cada momento, para que se sientan respetados, valorados y queridos.

Como muy bien dice Xavier Marcet en su último libro, «siento una gran admiración por esos líderes que transpiran inspiración y conjugan el compromiso en primera persona. Son esa gente que se gana el respeto yendo unos pasos por delante y dando ejemplo. Esos que saben que la consistencia es más fruto de los detalles que de los discursos. […] La consistencia reside en no llegar a una estación final y en entender cada parada como una nueva oportunidad.

Gracias, de todo corazón, por estar siempre ahí, al otro lado de la pantalla, porque para mí es una suerte tremendamente grande poder seguir compartiendo con vosotros todo lo que me llevo del día a día. Un fuerte abrazo y que tengáis un muy buen inicio de semana. Seguimos remando juntos.

Proyectos consistentes

«Lo único sensato es construir organizaciones que valen la pena con buena gente y gente buena. […] Tener la humildad de aprender de todos y el arrojo de hacer propuestas propias, ambiciosas y diferentes.»

(Xavier Marcet)

Hubo un título de uno de los capítulos del último libro de Xavier Marcet que me llamó muchísimo la atención, el cual decía así: «Más que éxito, consistencia». ¿Qué diferencia hay entre ambos conceptos? La respuesta es, quizás, una de las reflexiones más importantes que se debería plantear cualquier persona que se dispone a iniciar un proyecto.

Para tratar de dar respuesta a esta pregunta voy a tratar de hacer un símil con una frase que en su momento dijo el gran Johan Cruyff: «La pelota que va rápido hacia delante, hay altas probabilidades que venga de vuelta con más velocidad aún.» Con esta frase trataba de resumir la idea consistente en que aquel equipo que trata de llegar a portería rival sin fundamento, sin orden y sin criterio, asume el riesgo de recibir ese balón de vuelta mucho más rápido, como producto de una pérdida del balón y termine encajando un gol. Pues con el éxito sucede lo mismo.

Si cuando nos disponemos a iniciar un proyecto el único objetivo que uno se marca es tener éxito, es más que probable que solo atienda a las modas actuales, a las tendencias, a lo que se compra y se demanda, para en base a todo ello diseñar un producto que satisfaga las necesidades o gustos de los consumidores. ¿Cuál es el problema de esto? Que atendemos a lo que hay fuera, pero no a lo que tenemos dentro, a nuestra esencia, a nuestro sello personal, aquello que sí nos puede hacer diferentes de manera más consistente en el tiempo. El éxito que llega rápido, se va con más rapidez aún.

Por el contrario, si lo que buscamos desde el comienzo es generar un proyecto consistente en el tiempo, la primera tarea de la cual nos ocupamos es de tener claro cuál es el perfil de personas que quiero en mi equipo de trabajo. Como dice Xavier Marcet, «En una start up una idea no vale nunca más del 20%, demostrar su factibilidad puede valer hasta un 30% más, pero las personas que hay detrás son, como mínimo, el 50% del valor de una star up.» Son las personas quienes tienen la extraordinaria capacidad de transformar e innovar, pero desde una perspectiva mucho más humana, comportándose de una manera única.

Por un lado, siendo capaces de transformar el talento individual en talento colectivo demostrando una humildad y ambición a niveles excepcionales (como diría Álvaro Merino, el talento si no es colectivo, no es talento). En segundo lugar, porque llegan a innovar desde la mirada. Es su mirada lo que actúa como palanca para generar empatía, solidaridad y entendimiento con la persona con quien está en ese momento. Y por último, añado el tercer aspecto esencial pero no por ello menos importante, que debe tener cualquier persona que forme parte de un proyecto: sentimiento de amateur. Un día, en el programa de Jesús Calleja, escuché a Santi Millán decir que él se consideraba un amateur, porque «amo lo que hago. Creo que la diferencia entre un amateur y un profesional, es que el profesional cumple, el amateur por el contrario siempre va un poco más allá, porque la pasión por lo que hace es superior a todo lo demás.»

A menudo, cuando generamos un proyecto o estamos pensando en cómo estructurarlo, empezamos por diseñar la metodología como herramienta que estructura gran parte de ese proyecto. Nos olvidamos, sin embargo, de que son realmente las personas quienes a través de ese talento que hemos mencionado anteriormente implementarán esa metodología. El cómo se implemente esa metodología, esa forma de trabajar utilizando unas u otras herramientas, dependerá en gran medida de la capacidad para generar un compromiso, un sentido, un propósito trascendente y un relato que se traducen en hechos de forma diaria, logrando así ser un proyecto consistente que parte de la persona para terminar en la persona.

Tener un proyecto consistente es ser capaces de explorar nuevos caminos, nuevas opciones, nuevas vías, adoptar una nueva mirada que contemple nuevos modos de crecimiento. Tiene que ver con evitar, de forma permanente, la ceguera del éxito, la autocomplacencia y estar conectado diariamente con la humildad, que es la que encargada de recordarte que tu mejor obra es la que aún está por hacer.

Que tengan un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo y persistan, esa es la clave de todo.

«El éxito es el gran anhelo y el gran riesgo. Las empresas, los profesionales, buscamos el éxito, pero si este llega antes que la consistencia, los riesgos son evidentes. El éxito emborracha, nubla los esfuerzos que lo permitieron, diluye los mecanismos que lo fundamentaron. En cambio, la consistencia busca situar el éxito en la relatividad de las trayectorias.»

(Xavier Marcet)

«Lo mejor para enfrentar el futuro de nuestras empresas es pensar y escribir para saber qué pensamos. Y probar. Y probarnos. Bosquejar sendas propias.»

(Xavier Marcet)

¿Nos gusta la sencillez?

Cada cierto tiempo veo, con cierto asombro, reacciones de emoción cuando vemos comportamientos que se expresan con total naturalidad como por ejemplo la celebración del título de Copa del Rey por parte de su entrenador Imanol Alguacil en esa famosa rueda de prensa post partido; nos emociona también el discurso de Roberto Leal cuando recibe su premio Ondas 2021, tanto por lo que dice como por la forma en que lo expresa y lo vive. Sin embargo, cuando veo todas estas reacciones me planteo siempre una pregunta: ¿Por qué no somos así? ¿Por qué sigue siendo tendencia el postureo, la falsa apariencia y la colocación de caretas en la cara?

Para mí ser natural, ser sencillo, tiene mucho que ver con la construcción de la personalidad que a su vez pasa, antes que nada, por la aceptación tuya de ser quien eres y quieres ser. Por aceptarte con tus virtudes, con tus talentos, pero también con tus debilidades, con tus puntos de mejora; en definitiva, pasa por asumir un autoconcepto lo más real posible de tu persona. Ser una persona sencilla es alejarte de los grandes aspavientos, de las exageraciones, del extremo ruido que a veces se hace para que todos los focos y toda la atención pasen a ti. Implica, a su vez, que la opinión externa de lo que digan de ti, lo que opinen de ti, te importe lo menos posible porque sabes que ante todo estás siendo coherente con la vida que vives y la forma en que la disfrutas.

Ser una persona sencilla es aceptar una invitación llena de valentía, de coraje, de nobleza, de humildad, para nunca parar de crecer cada día de tu vida porque estás convencido plenamente de que puedes sumar a la sociedad en la que vives, que puedes aportar un granito de arena por pequeño que sea y por eso mismo estás dispuesto más a escuchar que hablar, más a observar que a sentirte observado, porque de esa forma pones el foco en lo que realmente importa en lugar de querer acaparar todos los focos.

Con ello se adquiere un punto de humildad que aleja a la persona de toda búsqueda de vanidad y la aproxima mucho más a las personas con quienes comparte su vida de forma diaria y cotidiana. Logras escuchar de verdad lo que las personas necesitan de ti, miras a los ojos con una mirada comprensiva y llena de paciencia para con todo ello lograr transmitir un mensaje lleno de sencillez, pero a la vez cargado de sentido. Vivir la vida de forma sencilla tiene más que ver con el sentido de lo que hacemos, con el rumbo que lleva nuestro barco y con quiénes decidimos o creemos que quieren formar parte de ese viaje.

Vivir con esa sencillez permite que expreses tus sentimientos sin adornos, sin demasiadas exageraciones, sin timidez y sin vergüenza alguna; todo sale del corazón tal y como lo sientes porque efectivamente, lo que sientes es verdadero y auténtico. Por eso gusta tanto la sencillez, porque es de verdad, porque se puede palpar, se siente porque nos pone la piel de gallina cuando vemos las emociones de una persona expresadas desde lo más profundo de su sentimiento. Sentir es vivir, hacer sentir es emocionar y hacer emocionar es invitar a compartir tus sentimientos con las personas que te están escuchando. Es ponerles, probablemente, un pequeño rayo de luz que se transforme en ilusión, motivación y compromiso por querer ser, por buscar esa autenticidad en ellos.

Me vienen a la cabeza unas líneas de uno de los últimos libros que estoy leyendo, que me parecieron esenciales: «Tienes que encontrar lo que hay de bueno, de verdadero y de hermoso en tu vida tal y como es ahora. Si miras atrás, te vuelves competitivo. Y la edad no es una cuestión de competitividad.» Creo que tiene mucha razón. La edad, si cabe, debería volvernos más sencillos aún, porque sabemos aplicar de una manera muy eficaz e incluso muy eficiente, todo lo que sabemos y hemos aprendido con el paso de los años. Decía Álvaro Merino que la sencillez es el punto más alto de maestría que se puede alcanzar y creo que no hay invitación más bonita que la de intentar ser el mejor maestro posible en el arte de vivir, ese maravilloso arte que te permite disfrutar de una manera tan increíble de cada instante que, pasado un tiempo, cuando visualizas a la persona con quien lo compartiste, la música que sonaba en ese momento, el lugar, el olor característico de una flor concreta; todo ello hace que te trsaslades a ese instante. Todo para sentir que quizás tienes mucho por lo que dar gracias y mucho por lo que seguir sacando lo mejor de ti para que las personas que amas sigan siendo tan felices o más que hasta ahora.

Un fuerte abrazo y buen final de semana.

«¿Qué importa lo mucho que tenga en la caja, lo mucho que guarde en la troje, lo grande que sean sus ganados o sus rentas, si amenaza la propiedad ajena, si no hace las cuentas de lo adquirido sino de lo que le queda por adquirir? ¿Quieres saber cuál es el límite de las riquezas? El primero tener lo necesario, el siguiente tener lo bastante. Adiós.»

(Séneca)

«Es bueno pensar en términos de legado, ocupemos el lugar que ocupemos en la organización. Y no hace falta que le pongamos altivez. Simplemente es bueno para persistir, poner foco, ensombrecer la dispersión. Nos impulsa el mover en positivo poco o mucho la aguja. Nos atrae el dejar un rastro de autenticidad sin aspavientos. No nos mueve la vanidad de pasar a la historia, nos mueve la lógica de haber sido útiles antes de despedirnos un día discretamente. Mirar atrás. Constatar que valió la pena. Nos conmueve el legado que vemos en los ojos de quien con honestidad y esfuerzo será capaz de crear mejores futuros que los que intentamos legarles.»

(Xavier Marcet)

Crecer desde el compromiso

Hace unos días, en una cena con mi novia y dos amigos, les reconocía que a día de hoy no dejaba de emocionarme un sonido tan sencillo, tan normal, como maravilloso: el cantar de los pájaros. De hecho, había aprendido con el tiempo a diferenciar cuáles son, de entre los que suele haber por la zona, los que estaban en los árboles gracias al sonido que emitían al comunicarse. Lejos de haber pasado a ser algo más común y sin importancia, para mí siempre ha sido una razón por la que sacar una sonrisa. Y quizás, por ello, estoy plenamente convencido que justo de eso trata la vida, de emocionarse y sacar sonrisas.  

Tendemos a confundir que la exigencia debe estar reñida con la seriedad, con la frialdad, en lugar de ir ligada a ayudar a que la otra persona saque lo mejor, a hacer que se trabaje disfrutando con lo que se hace y que lo haga partiendo del compromiso, de la voluntad, de incrementar el nivel de maestría un poquito más cada día. De no perder la ilusión por vivir, a fin de cuentas, sin estar esperando constantemente a recibir estímulos externos que muchas veces solo alimentan nuestro pequeño ego porque el foco lo tenemos puesto en nosotros y no en la persona que tenemos en frente.  

Decía mi buen amigo Álvaro Merino en su libro Equipos con futuro, el cual recomiendo encarecidamente desde ya para disfrutarlo ahora en verano, “que todo empieza con un brillo en los ojos”. Y cuánta razón tiene, deberíamos hacer brillar mucho más y más veces los ojos de las personas que tenemos delante, de las personas a quienes amamos, con quienes trabajamos, porque la vida se vive mucho mejor cuando ves a las personas que están a tu lado felices. Y con ello me viene al recuerdo una frase de Otto Scharmer, que venía en el libro que os recomiendo: “Pasar del ego al eco: Hacer el cambio del ego al eco significa que cuando hago algo, tengo realmente conciencia de lo que significa para ti, en lugar de estar cegado a la realidad del otro.” ¿Cuánto eco tiene, entonces, lo que hago en mi día a día? ¿Soy consciente de lo que puede significar para ti, por ejemplo, este post que estás leyendo?  

Para generar compromiso en tu equipo de trabajo, primero uno tiene que estar realmente comprometido con la vida que vive, con la vida que le ha tocado vivir y tener la voluntad para exprimir al máximo cada segundo de ella. Es esencial, por tanto, tener interiorizado el pensamiento de la fugacidad que envuelve a cada momento. Podremos vivir un momento similar, casi idéntico, pero no será lo mismo, no será igual. Y esa es la magia que nos falta captar. Ese es el componente mágico que nos cuesta pillar y que impide, a su vez, que nos emocionemos realmente con lo que hacemos, con lo que vivimos y que seamos capaces de transmitirlo todo eso que sentimos a las personas, al grupo que gestionamos y lideramos.  

Decía César Luis Menotti que “no hay que llorar cuando se pierde sino cuando se traiciona el compromiso.” Y es justo lo que ayer recalcó Luis Enrique nada más terminar el encuentro frente a Italia: “Estoy cansado de ver torneos de alevines y no sé por qué lloran, en el fútbol hay que ganar y perder. El rival ha ganado y hay que enseñar a los niños pequeños que cuando se pierde no hay que llorar, hay que levantarse.” Es precisamente este verbo, levantarse, el que sí habría que enseñar al niño desde bien pequeño, porque como muy bien decía el seleccionador español en otra de las ruedas de prensa, “no hay que preocuparse por los errores o aciertos, hay que preocuparse por los intentos.” Intentarlo una y otra vez es tener la voluntad de querer crecer cada día, de querer experimentar para ayudar a crecer a los que están a tu lado, porque la vida que vivimos deja de tener sentido cuando éste no es trascendente, cuando no tenemos un propósito que nos lleve a poner el foco en otra persona.  

Por ello, en esta Euro2020, Luis Enrique nos regala una reflexión para mí esencial a todos los profesores, entrenadores, directivos; gestores de equipo en definitiva, consistente en la vital importancia de hacer creer a un grupo de personas hasta dónde se puede llegar cuando el compromiso colectivo supera al ego individual, donde cada componente entiende a la perfección su responsabilidad individual con el colectivo al mismo tiempo que les ayuda a relativizar tanto la victoria como la derrota. Porque precisamente, como él dijo en una de sus primeras ruedas de prensa, “esto es un juego de niños en comparación con lo que me ha tocado vivir.” Darle la dimensión y perspectiva adecuada a cada momento, sabiendo al mismo tiempo trasladar ese mensaje al grupo es un aspecto crucial que ayuda a relativizar y al mismo tiempo a que el grupo se enfoque en el crecimiento, en la transformación del equipo y en consecuencia, a que esos ojos no dejen nunca de brillar.  

Que tengáis un muy buen final de semana, un fuerte abrazo y saquen cada día lo mejor que tienen, no se guarden nada.  

“No existe nada como darle contenido a la vida, como la hermosura de querer vivirla, como el arte de luchar por ella e intentar transmitirla.”

(José Mújica) 

«La felicidad no es una cuestión de intensidad sino de equilibrio, orden, ritmo y armonía.»

(Thomas Merton)

«Un hombre vale solo por lo que demuestra a través de sus actos u omisiones. Lo que uno hace o dice puede muy bien destruir su propio honor, más no el ajeno.»

(Arthur Schopenhauer)

Aprovecho para indicaros el enlace del nuevo libro escrito por mi buen amigo Álvaro Merino con Joan Capdevila, citado en este post, para quien quiera disfrutarlo aprovechando el verano: https://359.es/shop/producto/equipos-con-futuro-alvaro-merino/

Caminando con sencillez

«La humildad es una forma de sabiduría. Es un modo de estar y de relacionarse que tiende a dejar espacio a los demás.»

(Xavier Marcet)

Jamás se me olvidarán las charlas que manteníamos antes de los entrenamientos, todo lo que me enseñabas, ya no solamente sobre táctica, o técnica, sino que todo iba mucho más allá terminando en la complejidad que supone gestionar un equipo de personas, en este caso un equipo de fútbol. Esa sensación de emoción por poder aprender de una persona que siempre tenía (y tiene), un ratito para poder hablar, quien pasó de ser alguien a quien no conocía a ser una de las personas más importantes de mi vida. Todo eso se me pasaba por la cabeza hoy tras finalizar el partido contra la UD Extremadura.

Me venían a la mente recuerdos de todas las charlas de vestuario pre-partido que tuve la oportunidad de presenciar, sus conversaciones con los jugadores, cómo les mira, cómo les escucha y cómo les trata de comprender, tratando siempre de encajar todas las piezas del puzzle para que todos se sintieran parte de ese proyecto deportivo. Siempre con humildad, con sencillez, y con una gran dosis de cariño por la profesión que tanto le apasiona. Por todos esos recuerdos, probablemente, durante el partido de hoy me he emocionado, he saltado, he gritado y he animado a tu equipo Marcos, a tu UD Sanse, disfrutando como un niño.

Probablemente el desafío más grande que se le presenta a un entrenador cuando llega a nuevo club, a un equipo nuevo, es ser capaz de transmitir su mensaje, su contenido, su argumentación, con autenticidad y sencillez, con el propósito de generar confianza, credibilidad y compromiso en todos sus jugadores. Ser capaz poco a poco, entrenamiento tras entrenamiento, de mantener su listón de compromiso, de pasión, entusiasmo y cuidado del detalle lo más alto posible. Y eso es lo que has conseguido Marcos, generar un equipo.

Un equipo que compite, un equipo en el que cada uno entiende la responsabilidad que tiene para con el resto de sus compañeros, salga de titular o salga de suplente, o le toque no jugar; pero sigue teniendo una responsabilidad que debe cuidar al máximo. Un equipo que no entiende otra forma de competir que no sea la de ir al 120%, la de sacar la cara por el compañero al que ven pasarlo realmente mal en el campo, un equipo que agarró el remo del bote en el que están todos metidos en septiembre y tienen grabado a fuego que no se parará de remar hasta que se consiga el ascenso a 2ª División.

Aún recuerdo cuando fui a verte en ese entrenamiento, y fue suficiente con ver a Fer Ruiz lamentarse por un mal centro hecho como si se tratase de un partido de liga, para saber que ese equipo estaba creciendo cada semana a pasos agigantados. Porque disfrutáis en la exigencia, manteniendo el esfuerzo, la ilusión y el compromiso a unos niveles tremendamente altos día tras día, semana tras semana y no tenéis ninguna duda de que así será hasta final de temporada. Esa exigencia es la que permite que Felipe Ramos eche el candado a la portería evitando que se cuele balón alguno; Fer Ruiz y Paredes parecen empeñados cada partido en reventar el número de kilómetros recorridos en cada partido por las bandas; Ofoli Quaye colgando el cartel de prohibido el paso al área; Borja Sánchez poniéndose el traje de mariscal de campo a cada momento dando pausa o imprimiendo velocidad, lo que el equipo necesite; el «king» Arturo disfrutando en cada acercamiento al área y apareciendo de forma incansable; la insistencia de Marcelo en su romance con el gol cada domingo; Carlos Portero subiéndose a la moto cada vez que está en el campo y así con todos y cada uno de los jugadores que forman la UD Sanse. Les has hecho crecer a todos, al mismo tiempo que tú has seguido creciendo, queriendo aprender y compartir todo lo que haces. Como has hecho siempre, con una sencillez y una elegancia inigualables.

Decía Xavier Marcet en la columna publicada el pasado domingo que «los directivos humildes no necesitan decirlo todo, hacen de la brevedad una forma de respeto a los demás. Procuran no ocuparles demasiado espacio, saben que su gente también tiene trabajo.» Siempre has respetado a todas las personas Marcos, siempre has sabido mantener la compostura, la educación, a base de pausa, de tranquilidad y confianza en el buen hacer. Eres de esas personas que pasan prácticamente desapercibidas, por la prudencia de sus palabras, por la educación que destila cada uno de sus gestos. Porque sencillamente, no trabajas para los focos sino para tu gente, para tu equipo, te pones al servicio de ellos con absoluta humildad y sencillez. Una sencillez que te permite disfrutar de tu camino día tras día, y que nos permite a los que tenemos la suerte de tenerte cerca no parar de aprender de ti. Gracias por enseñarnos tanto, maestro.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo y recuerden, como muy bien diría José Antonio Marina, que «la sabiduría es el uso de la inteligencia necesario para dirigir adecuadamente el comportamiento en aquellos temas que -por afectar a la felicidad y dignidad- son los más urgentes, importantes y, por desgracia, difíciles ya que se mueven en contextos particulares, cambiantes y llenos de incertidumbres.»

«Ante todo, sé fiel a ti mismo; y se seguirá, como sigue la noche al día, que no podrás ser falso con nadie.»

(Shakespeare)

«¿Crees que el sabio es molestado por sus problemas? No, los usa. Fidias hacía sus estatuas de marfil, pero también de bronce. Le dieras el material que le dieras, hubiera hecho la mejor estatua posible. Y así debe obrar el sabio, haciendo lo mejor posible con el material que le ofrece el destino.»

(Séneca)

Liberado

«Los hombres responden al liderazgo de la forma más extraordinaria y, una vez te has ganado su corazón, te seguirán a todas partes. El liderazgo se basa en una cualidad espiritual: la capacidad de inspirar, la capacidad de inspirar a otros. Entrenadores capaces de esbozar jugadas en una pizarra los hay a montones. Los que triunfan son los que llegan adentro de sus jugadores y los motivan.»

(Vince Lombardi)

Hace unas semanas, cuando el Athletic Club de Bilbao ganaba la Supercopa de España, Raúl García afirmaba sentirse liberado, con más tranquilidad a la hora de afrontar los partidos gracias a la llegada de Marcelino García Toral al equipo. Esta liberación le permitía liberarse de responsabilidades que a veces él se metía en la «mochila» y producto de esa sobre exigencia le impedía disfrutar, rendir al nivel que él le gustaría. Escucharle decir esto me hizo pensar y reflexionar sobre la siguiente cuestión: «¿Qué consecuencias generan nuestros comportamientos en las personas con quienes trabajamos?

Durante este año tan sumamente complejo si algo estoy percibiendo desde mi perspectiva como formador es de qué manera inciden nuestros comportamientos, nuestros actos, en la predisposición de las personas con quienes trabajamos a querer cambiar una conducta que, en cierto modo, está siendo un factor limitante en su rendimiento. Nos encontramos jugadores, alumnos, que quizás se sobre pasan en el nivel de exigencia, alumnos que necesitan sentirse escuchados, compañeros de trabajo que atraviesan por una situación personal con importante nivel de estrés; y uno no hace más de darse cuenta y reafirmarse en la importancia de practicar una fuerte empatía.

Conviene aclarar que practicar una fuerte empatía no es hacer ver a tu gente que te preocupas por ellos. Es, más bien, desprender autenticidad en la forma en que te interesas por tu gente, mostrar que estás haciendo mucho más que meramente representar un papel. Es, en definitiva, atender permanentemente al lado humano de la persona que tienes en frente para, de alguna forma, saber cuál es el limitante que está impidiendo que muestre todo su potencial. La empatía fuerte es desprender paciencia, pausa, y mucho amor, mucha pasión por todo lo que haces cada día, querer estar y querer escuchar.

Fue tremendamente emotivo cuando durante el transcurso de una de las clases y en relación al tema que estábamos viendo, pedí a los alumnos que por favor levantasen la mano (si querían) aquellos que, por un motivo u otro, habían sentido o padecido falta de autoestima en algún momento de su vida. Prácticamente todos (yo incluido), levantamos la mano. Y a continuación les expliqué que no se lo había pedido para dejar en evidencia a nadie, si no más bien para que se dieran cuenta de que en nuestra propia clase, en nuestro propio equipo, habíamos vivido esas experiencias y que por tanto, en un futuro, ellos cuando sean formadores, educadores, entrenadores en deporte de base, en sus equipos encontrarán niños y niñas con los mismos problemas.

Por esa sencilla pero tan importante razón les dije que era de vital importancia que nunca emitan juicio alguno sobre aquellos a quienes están enseñando y que procuren enseñar desde la más absoluta pasión centrándose en la conducta, en lo que hacen, para facilitar ese contexto en el cual por propia convicción quieran mostrar cada día, en cada clase, en cada entrenamiento, todo el potencial que llevan dentro. Educar conectando, educar escuchando, educar en definitiva emocionando para que crezcan de la manera más digna e íntegra posible, porque ese es el educador que quiero que sean y el educador que la sociedad necesita.

Inspirar, como decía Lombardi al inicio de este post, no para que te sigan sino para que quieran seguir creciendo, para que por un momento aunque sea mínimo contemplen otras vías, otras opciones de crecimiento que hasta hace nada ni siquiera rondaban su cabeza. Me decía hace unos días uno de esos alumnos que «vaya tela lo que estás consiguiendo, vas a conseguir que quiera ponerme y leer uno de esos libros». Pocas cosas hay tan bonitas como lograr no el mero hecho de que te hagan caso, no tiene que ver con eso; es la apertura de esa posibilidad en su mente de que encuentra una pasión en la cual él quiera empezar a profundizar para crecer, para enriquecerse, para que con el paso de los años ese alumno pase a sembrar las semillas correctas en otros jugadores, en otros alumnos, en otras personas.

Pocas veces somos conscientes de que una conversación puede ser motivo de un sentimiento de liberación o de una mayor presión sobre la persona con quien estamos hablando, simplemente porque somos capaces de escuchar desde el corazón para saber qué necesita y en base a ello nosotros saber cómo modular el mensaje en la frecuencia que necesita escucharlo la otra persona. Una frecuencia que debe ir envuelta de confianza, de respeto, empatía y empuje para que esa persona quiera ir hacia delante porque ve una pequeña posibilidad (al menos al principio) de volver a dar lo mejor que tiene dentro. De volver a ser, en definitiva, feliz con la vida que vive.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo y vayan siempre juntos, hacia delante, como un auténtico equipazo. Porque la vida, en equipo, se vive mucho mejor.

Valentía y sentido

«No cometer errores escapa del control del hombre; pero a partir de sus errores y equivocaciones, los sabios y los bondadosos adquieren sabiduría y la ganan para el futuro.»

Plutarco

Hay dos textos en los últimos días que me han invitado a una reflexión acerca de la valentía y, en consecuencia, cuánto y de qué forma está relacionada con el sentido con el cual hacemos aquello que nos proponemos. El primero tenía que ver con el nuevo entrenador del Celta de Vigo, el «Chacho» Coudet y el carácter que le ha transmitido al equipo desde que llegó. Un carácter que tiene que ver, en resumidas cuentas, con el atrevimiento, con la iniciativa, con querer el balón, con querer llegar a portería de manera permanente y tantas veces como sea posible. En definitiva, arriesgando, invitando a la valentía de sus jugadores, a que tengan iniciativa para tomar decisiones y se despojen de los nervios o ataduras que conlleva atender a otra manera de jugar.

Días más tarde volvieron a mí estos pensamientos al leer estas líneas de Barack Obama:

-«En fin…-terció al final-. He oído rumores de que vas a presentar tu candidatura a la presidencia.

Le dije que era poco probable, pero que aún así quería su consejo.

-Alguien dijo aquello de que hay cien senadores que cuando se miran en el espejo ven al presidente- Teddy se rió entre dientes-. Luego se preguntan ¿tengo lo que hace falta? Le pasó a Jack, a Bobby, y a mí también, hace mucho. Las cosas no salieron como había planeado, pero funcionaron a su manera, supongo…[…]

-No intervendré de inmediato-dijo Teddy-, tengo demasiados amigos, pero puedo decirte una cosa Barack: el poder de inspirar a la gente no es algo frecuente. Y tampoco estos tiempos lo son. Tal vez pienses que no estás preparado, que lo harás cuando llegue un momento más apropiado, pero no eres tú el que elige el momento. Es el momento el que te elige a ti. O bien aprovechas la que puede ser tu única oportunidad, o decides si estás dispuesto a vivir el resto de tu vida con la conciencia de que ya ha pasado.»

(Una tierra prometida-Barack Obama)

Y ambos textos me llevaban a la reflexión de que cuanto más sentido tiene aquello que hacemos, más valentía aparece, más iniciativa y más convencimiento por nuestra parte debe existir. Es el sentido, la trascendencia que alcanza aquella tarea para la cual estamos llamados a realizar y que encontramos en nuestro camino la que me lleva a querer tener iniciativa, a ser valiente en la propuesta de lo que hago. En definitiva, a sacar mi «yo» más auténtico y verdadero para ayudar a quienes están a mi lado, ya sean jugadores, alumnos, compañeros. ¿Por qué nos atamos tanto a veces? La respuesta, creo, la encontramos en no querer reconocer que nos dimos cuenta de que lo que hacíamos no tenía sentido, que estábamos en el lugar equivocado haciendo la tarea errónea, o quizás la tarea era la correcta pero el enfoque no era del todo el adecuado.

Y ahora que aparece el concepto del enfoque, la perspectiva, la manera de entender lo que sucede, esto me lleva a reflexionar sobre dos vídeos que he visto hace poco. De un lado, el vídeo de J.J.Watt hablando sobre el concepto de exigencia, de compromiso, la importancia de ser consecuentes con el trabajo realizado en base a lo que cobran y que por ese motivo la actitud es algo que no se debe negociar nunca. Y por otro lado, el vídeo del profesor Fernando Signorini en una charla con jugadores de las inferiores de Chivas. Es en ese mismo tweet cuando, un poco más abajo, leo que alguien pone: «Ahora pongan el vídeo de JJWatt y saquen sus conclusiones.» Ése es el verdadero problema, que comparamos situaciones que no son comparables, porque el contexto y el enfoque que se le debe dar a cada uno de esos vídeos es totalmente diferente.

El enfoque que demos a cada uno de los momentos que vivimos, en base al contexto en el que estemos, es lo que nos permite mantenernos ligados al sentido que le damos a nuestra tarea, ya sea la de formar jugadores, educar personas o cualquier otra. Manteniendo ambos elementos, enfoque y sentido unidos, nos conduce a su vez a estar en el profundo convencimiento (que no certeza) de lo que hacemos, de lo que buscamos para esas personas, que no es otra cosa que, adivinen, tengan la suficiente valentía para querer ir hacia delante, para tener iniciativa, participar de las clases, de los entrenamientos, lanzar reflexiones, generar participación.

Su valentía se une a la tuya al mismo tiempo que te saca de tu zona de confort, su atrevimiento se une al tuyo por querer conocerles más y mejor para poder darles las herramientas adecuadas a cada instante, porque ambas partes han encontrado un sentido colectivo a lo que hacen. Un sentido que les lleva a corregir hábitos, tomar decisiones importantes, querer conocerse para descubrir qué clase de persona son y quién quieren llegar a ser. Valentía significa, además, querer reconocer la realidad del otro para saber cómo resolver los problemas a los cuales te enfrentas como conjunto.

Es esa misma valentía la que te lleva a ti a poner el foco en el proceso y no en el resultado, situando la mirada en el momento presente y solo elevándola lo justo, lo preciso, para planificar y así anticiparte a lo que pueda suceder próximamente pero jamás ponerla en la meta para olvidar que tu tarea, como todo en esta vida, es una auténtica carrera de fondo, un viaje que va a golpe de remo porque lo vives y lo disfrutas con más personas, nunca vas solo.

Y lo que convierte ese viaje en una tarea digna o no es la forma en la que tu equipo sincronice cada palada; que puedas ver en el esfuerzo el disfrute por la tarea bien hecha; la responsabilidad y compromiso de querer hacer cada acción de la mejor forma posible, porque entiendes que no hay otra forma de hacerlo. Porque en ese preciso instante has entendido que estás en el lugar correcto, haciendo la tarea correcta, con el enfoque preciso. Tu vida, en ese instante, sientes que cobra sentido y ese sentido empuja a tu valentía para que siempre quieras continuar descubriendo, mejorando, estudiando, escuchando, aprendiendo; en definitiva, viviendo mientras recuerdas que la mejor obra siempre será la que aún está por hacer.

Que tengan una feliz semana y aprovecho para desearles un feliz y próspero 2021. Las circunstancias no son las mejores, pero aún con todo les invito a que pongan el foco en lo que les suma, en lo que les contagia la risa y la alegría, para de esa forma puedan levantarse cada día de la cama con ganas de seguir viviendo «a tope the power». Un fuerte abrazo, cuídense mucho.

«Más que el dinero en sí, era el espíritu que había tras las donaciones, el sentido de pertenencia que acompañaba las cartas y los emails, lo que inyectó energía a nuestra campaña desde la raíz. Esto no tiene nada que ver solo contigo, nos decían esas donaciones, estamos aquí, en la base, hay millones de personas como nosotros, repartidas por todo el país…Y tenemos fe, estamos aquí.»

(Una tierra prometida-Barack Obama)

«Un hombre que no arriesga nada por sus ideas, o no valen nada sus ideas, o no vale nada el hombre.»

Platón

«A través de ellos asistí a la transformación que se producía cuando los ciudadanos exigían responsabilidades a sus líderes e instituciones, incluso respecto a algo tan pequeño como colocar una señal de STOP en un cruce concurrido o incrementar el número de patrullas policiales. Vi cómo, cuando sentían que su voz importaba, esas personas caminaban ligeramente más erguidas y se veían así mismas de otra manera. A través de ellos resolví las cuestiones pendientes en torno a mi identidad racial. Porque pude ver que no había una única manera de ser negro; bastaba con intentar ser buena persona. A través de ellos descubrí una comunidad de fe: que no pasaba nada por tener dudas y preguntas, sin dejar por ello de intentar alcanzar algo que trascendiese el aquí y el ahora.

(Una tierra prometida-Barack Obama)

Pensar bien es ser fiel

«Porque quien tiene el propósito de ser útil a sus conciudadanos y a todos los mortales, saca provecho al mismo tiempo que se ejercita, dedicado a su labor profesional, administrando según sus posibilidades, los intereses privados y comunes.»

(Séneca)

Tras escuchar al entrenador del Cádiz CF, Álvaro Cervera, sus declaraciones postpartido respondiendo que «sí, lo único que les convence son los resultados. Si yo les hago hacer esto y los resultados no son buenos, no les voy a convencer ni a ellos ni a la afición. Pero yo creo en lo que hago, hay ciertos partidos que hay que jugarlos de cierta manera. A veces lo piensas, el Atlético de Madrid también y nos metió cuatro. Hoy también lo piensas, no nos han metido al principio y lo pasamos a tener más fácil […]» y el debate que se generó después en varias conversaciones con amigos me hizo analizar, reflexionar, sobre si realmente son solo los resultados los que convencen o, por el contrario, hay algo más.

Bajo mi humilde punto de vista, estoy plenamente convencido de que hay algo más profundo, más fortalecedor, que hace que una persona, más que convencerse, pase a confiar en ti y en tu proyecto. Los resultados suelen ser la consecuencia de una semana de trabajo (si nos centramos en un deporte de equipo), unas cuentas positivas si nos fijamos en una empresa o negocio familiar y es indudable de que los resultados deben ser positivos para que ese equipo, esa empresa o negocio familiar tenga un beneficio que permita poder vivir lo mejor posible a quienes conviven y trabajan porque las facturas hay que seguir pagándolas. Eso lo tengo claro. Pero hasta llegar a esos resultados también entiendo que hay que cuidar muchos detalles, del día a día y que son verdaderamente los que fortalecen la creencia de un jugador en su entrenador, de un alumno en su profesor, de un cliente en su restaurante de confianza. Hay algo más que debemos saber ver, observar, analizar y valorar.

¿Por qué estoy tan convencido de esto? Porque la persona tiene una parte objetiva que valora la rentabilidad económica de lo que supone ir a entrenar cada día, de lo que implica estar en esta o aquella empresa; pero es al mismo tiempo su parte subjetiva y más personal la que fortalece su sentimiento de pertenencia, su confianza y compromiso en ese proyecto para estar en su mejor versión sin esperar a que cada día sea domingo, a que cada día tenga que haber una muestra objetiva para poder confiar en la persona que se tiene en frente. Pero claro, ¿cómo se logra que una persona confíe y se comprometa sin ver resultados finales o, incluso, cuando esos resultados no son los esperados? Pensando bien, actuando mejor y viviendo al máximo.

Pensar bien es dudar lo justo, manteniendo un equilibrio entre la duda permanente y el ser un inconsciente. Por ello quisiera compartir con vosotros el estudio que dirigió Stuart Oskamp en el cual reunión a un grupo de psicólogos y les pidió que examinasen el caso de un veterano de guerra de 29 años llamado Josep Kidd. Esa prueba constaba de proporcionar en una primera parte información básica sobre Kidd, después página y media sobre su infancia. En una tercera fase se les entregaron otras dos páginas sobre los años de enseñanza superior y universitaria de Kid. Para finalizar, se les proporcionó una exposición detallada del tiempo que pasó Kidd en el ejército y sobre sus actividades posteriores.

Al finalizar cada una de las fases se les solicitó a los psicólogos que respondiesen a una prueba de 25 preguntas con respuestas múltiples sobre Kidd. Lo que descubrió Oskamp fue que, a medida que les iba proporcionando más información sobre Kidd, la confianza de los psicólogos en la exactitud del diagnóstico aumentaba de manera espectacular. ¿Era en realidad más exacto? En absoluto. En cada ronda de datos volvían a hacer la prueba y cambiaban la respuesta a ocho, nueve o diez preguntas, pero la exactitud se mantenía en torno al treinta por ciento aproximadamente. «A medida que recibían más información, la confianza en sus propias decisiones perdió toda proporción con respecto a su exactitud.» Concluyó Oskamp.

Pero entonces, si debemos mantener esa información objetiva en forma de datos de manera moderada, ¿con qué otro tipo de información debemos complementarla? La respuesta la encontramos en la conclusión a la que llegaron tras realizar su investigación Brendan Reilly y su equipo de trabajo en el hospital de Chicago: «Una de las cosas que Brendan trata de comunicar al personal de la casa es la atención al hablar a los pacientes y al escucharles, así como la necesidad de someterles a un reconocimiento médico riguroso y completo, aspectos que se han descuidado en muchos programas de formación. Está convencido de que esas actividades tienen un valor intrínseco para conectar con el paciente. Considera que es imposible cuidar de alguien si no se conocen sus circunstancias, su casa, su barrio, su vida. Piensa que la medicina abarca muchos aspectos sociales y psicológicos a los que los médicos no prestan suficiente atención. Reilly cree que el médico ha de entender al paciente como persona, y si cree en la importancia de la empatía y el respeto en la relación médico-paciente, es preciso crear espacio para que se desarrolle. Y para ello hay que aliviar la presión de la toma de decisiones en otros terrenos.»

Y es precisamente cuando escribo estas líneas concluyendo el post, «entender a la persona«, cuando mi cabeza se va en este caso muy concreto del entrenador en cuestión, Álvaro Cervera, y su forma de encontrar una solución a dos cuestiones personales, a dos situaciones que tuvo que resolver con dos jugadores, Nano Mesa y Rafael Giménez Jarque, más conocido como Fali. Dos situaciones completamente diferentes, dos cuestiones de soluciones distintas pero que partían de un mismo punto de partida: entender a la persona. Por eso cada vez más me apasiona poder entender a la persona que tengo delante, tratando de escuchar lo mejor que puedo, observar con cariño, no precipitarme en la conclusión y antes de dar una respuesta que pueda ayudar recordar, al mismo tiempo, la reflexión de Víctor Frankl: «He encontrado el significado de mi vida ayudando a los demás a encontrar en sus vidas un significado

Pensar bien es ser fiel a uno mismo, es confiar no solo en datos sino en las personas que tienes delante, en el convencimiento que puede uno tener en lo que esas personas y tú, como colectivo, podéis llegar a ser y confiar en lo que aún no ves. Un fuerte abrazo y que tengáis una muy buena semana.

«Imagínate que estás mirando un tablero de ajedrez. ¿Hay algo que no veas? No. ¿Y eso te garantiza la victoria? Ni mucho menos, porque nunca podrás ver lo que está pensando el otro.»

(Coronel Van Riper)

«Porque no sólo sirve a la comunidad quien hace públicas las candidaturas, defiende a los reos y delibera sobre la paz y la guerra, sino el que exhorta a la juventud; el que en tiempos en que hay falta de buenos maestros instruye con su virtud los ánimos; y el que detiene o desvía a los que se precipitan en las riquezas y en la lujuria, o por lo menos lo retarda. El que esto hace, en su vida privada cumple siempre una función pública.»

(Séneca)