The Normal One

Hace unos días el Liverpool FC conseguía por primera vez en su historia desde que entró en vigor el nuevo formato de la Premier League la consecución de un título tan esperado para los reds, y creo que con ello además el Liverpool FC aprovechó para regalarnos una serie de reflexiones aplicables a la empresa, a nuestro trabajo y en consecuencia a nuestra vida cotidiana.

En primer lugar el acierto pleno en la contratación de un entrenador como es Jurgen Klopp, alguien que en su rueda de prensa de presentación se definió como The Normal One. Quizás en ese momento no se le dio la importancia que, con el paso de las temporadas, esa frase iría adquiriendo poco a poco. La normalidad traducida en un comportamiento diario, en una conducta y manera de proceder que lleva a la excelencia personal, paso indispensable para la consecución tanto de logros individuales como colectivos.

Detalles que Jurgen Klopp nos ha ido regalando a quienes nos apasiona el deporte, la gestión de equipos y el liderazgo temporada tras temporada:

1-. Generar un sentimiento de pertenencia fuerte, no solo con el equipo sino con la ciudad, tanto en él como en su cuerpo técnico, trabajadores del club y jugadores.

2-. Llamar por su nombre a cada uno de los trabajadores que componen el organigrama del club. Siempre que leemos esto pensamos que es algo de sentido común, pero pocas veces se aplica poniendo la excusa de que no tenemos tiempo para ello. Sin embargo, nada genera más compromiso en una persona a quien aún no conoces que mostrándole que te interesas por saber cómo se llama, cómo está y qué necesita para sentirse comprometida con el proyecto al que ambos pertenecéis.

3-. Transparencia y autenticidad con sus jugadores: Generó el hábito de abrazar a sus jugadores tras terminar cada encuentro, haciendo sentir además que no era un abrazo por obligación si no más bien una forma honesta de agradecer el esfuerzo que han hecho durante el partido y en la preparación previa al mismo. Los gestos generan un impacto mucho mayor que las palabras y más si cabe cuando son auténticos.

4-. Mostrarse coherente y consecuente, independientemente de lo que suceda: Su claridad para transmitir el mensaje partiendo de lo que sabe, teniendo presente sobre qué debe opinar y sobre qué no implica al mismo tiempo mostrar humildad, reconocer que no controla de todos los ámbitos o contextos. (Vean la rueda de prensa en la que se le plantea la pregunta concerniente al Covid-19).

5-. Hacer sentir a la afición que está emocionado con ellos: Demostrar en cada partido esos gestos al acabar, repitiéndolos tres veces, que está conectado con ellos y que recuerda que precisamente por la afición no pueden salir a cada partido con otro planteamiento que no sea aquél consistente en que el equipo trabaje, disfrute y haga disfrutar a la afición con su entrega. Tratar de disfrutar y hacer disfrutar tanto como sea posible a quienes forman parte del proyecto es imprescindible para lograr que cada componente del grupo muestre su mejor versión y ayude a la persona que tiene a su lado.

6-. Paciencia en el proyecto, tanto por parte de Jurgen Klopp como por parte del Liverpool FC: La paciencia implica tener confianza, esperanza, incluso en aquello que aún permanece invisible a los ojos pero que se tiene una fe ciega en que el talento por parte de los miembros de un equipo, en este caso los jugadores, terminará saliendo a relucir para ponerlo al servicio de un sentido y compromiso colectivos. Confiar y adaptarse a los tiempos que son necesarios para que un proyecto colectivo crezca es indispensable para alcanzar esa excelencia personal y colectiva.

Jurgen Klopp y Liverpool FC nos regalan esta temporada la lección de que a veces todo tiene que ver con una cuestión de aplicar la normalidad a todo lo que se propone, siendo coherente con lo que se plantea, observando lo que se tiene y lo que se puede llegar a tener, pero al mismo tiempo teniendo siempre presente que la clave está en cuidar los detalles cotidianos día tras día, de manera constante y sobre todo sin dejar de confiar en las personas mientras mantienen su sentido y compromiso colectivos de una manera intachable.

Decía Pep Marí que “los buenos equipos comparten propósito y valores. Los grandes equipos comparten nivel de compromiso y sentido.” Los objetivos se agotan, en cambio los propósitos duran toda una vida. El compromiso solo se conseguirá si las personas confían en tu proyecto y solamente confiarán si realmente te muestras como una persona transparente, auténtica, verdadera, que sabe llegar al corazón no solo por lo que dices si no cómo lo dices y cómo te comportas.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo y como leía hace unos días en una frase de mi buen amigo Álvaro Merino: “La peor traición que te puedes hacer a ti mismo es no hacer aquello por lo que te brillan los ojos.” Feliz semana.

“Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo.” (Frankl, V.)
“Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y, después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada, sino si la vida espera algo de nosotros.” (Frankl, V.)

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Todo es un viaje

“Muéstrame que el bien de la vida no se halla en la duración de ésta, sino en su aprovechamiento, y que puede acontecer, más aún, acontece con muchísima frecuencia, que haya vivido poco quien ha vivido largo tiempo.” (Séneca: Epístolas morales a Lucilio)

Ante tantísima crispación, ante tanta tensión, vendría bien que volviéramos a poner el foco en lo que importa que no es otra cosa que buscar soluciones, en lugar de generar más problemas, o buscar más excusas. En definitiva, asumir la responsabilidad que tiene cada uno en primer lugar consigo mismo y después, con la sociedad en la que está, tratando de dar respuesta a la pregunta consistente en qué puedo hacer yo por lo demás y que nadie más podría hacer.

¿Por qué es tan importante, y más en este momento si cabe, plantearse esa pregunta? Porque nos lleva a tratar de encontrarle un sentido a lo que hacemos cada día, a darle un sentido a nuestra manera de vivir. Ya no estoy hablando solamente de trabajo, hablo de saber vivir, deberíamos aprender a vivir de nuevo. Porque vivir lleva implícito el pensamiento de que aquí no estamos solos, de que esto no es nuestro sino de todos, y que además estamos de paso por lo que ninguna actividad es tan digna, ninguna tarea sería tan maravillosa, como tratar de dejar un legado por pequeño que sea en las personas con quienes compartimos cada día de nuestras vidas.

Mediante el sentido de lo que hacemos conseguimos recuperar el significado de todo aquello que en lo que participamos de manera activa, la manera en que trabajamos, la manera en la que amamos, el modo en que transmitimos nuestro mensaje, porque comenzamos a cuidar todos los detalles y empezamos al mismo tiempo a ponerle un poquito de pausa a la vida. Sí, nunca se llega tarde, más bien siempre se está justo a tiempo. Se llega tarde cuando uno entra en la comparación con el de al lado, porque queremos más que él, mejores cosas materiales que él. Porque nos comparamos y por ahí vienen todas las infelicidades.

Uno debe tener siempre presente que lo que importa es el viaje que uno emprende, fijando un punto de partida y un punto de llegada. En segundo lugar, en ese viaje que emprende debe ser muy cuidadoso con las personas a quienes sube a ese viaje, sus compañeros de camino, quienes jamás le regalen los oídos, sino que le digan lo que es necesario que escuche para nunca olvide el sentido del viaje que se emprendió. Esos los compañeros de viaje de verdad, esos sí te quieren y te quieren de manera honesta, sincera, auténtica.

Porque aquí radica la cuestión de todo, en ser auténtico. A partir de ese sentido dado uno descubre cómo hablar, cómo transmitir, cómo mirar a los ojos, cómo querer a las personas que tiene en su corazón, cómo saber lo que esas personas necesitan a cada momento. Ponemos el foco en ellas porque nuestra vida comienza a tener sentido y es ese sentido lo que nos permite desprendernos de nosotros para centrarnos en lo que nos rodea.

La sensibilidad es lo que te lleva a emocionarte porque ves a tus padres bien de salud y contentos, porque ves a tu pareja feliz, sonriente y con sus ojos brillando de manera mágica; ves a tus amigos disfrutar de ese momento de charla y desconexión en una terraza sintiendo que no necesitas más para ser feliz.

La autenticidad, añadida al sentido de tu vida, hace que no solo te fijes en tu viaje, sino que lo disfrutes tú y todos de manera apasionada, sincera y digna. Sí, digna. Sin trampas, sin atajos, sin querer correr más de lo necesario, sin poner zancadillas a otros, sin tomar el camino de la mentira o el engaño. No compites contra nadie, sino contra ti y tu propio comportamiento debería de ser tu verdadera vara de medir día tras día.

Saber cuándo nos hemos equivocado, y pedir perdón. Saber cuándo escuchar, para de ese modo saber qué podemos aportar, en qué podemos sumar para hacer mejores a quienes han querido compartir con nosotros este viaje, porque todo es un viaje como muy bien diría nuestro querido Michael Robinson, consistente en apreciar todo lo bueno, bello y verdadero que se abre ante tus ojos a cada momento sintiéndote afortunado y agradecido por poder vivirlo.

Que tengan una muy buena semana, y recuerden sumar tanto como sea posible. Ahora, más que nunca, necesitamos remar en la misma dirección, de manera sincronizada, para que todos lleguemos a buen puerto. Un fuerte abrazo

“El que no sabe lo que es el mundo, no sabe dónde se encuentra. El que no sabe para qué nació, no advierte quién es él mismo ni qué cosa es el mundo. El hombre que carece de alguna de esas noticias, no podría decir con qué motivo vino al mundo” (Marco Aurelio)
“Vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a los problemas que ello plantea y cumplir las tareas que la vida asigna continuamente a cada individuo” (Víctor Frankl)
“Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud hacia la vida. Tenemos que aprender por nosotros mismos y, después, enseñar a los desesperados que en realidad no importa que no es esperemos nada de la vida, sino si la vida espera algo de nosotros.” (Víctor Frankl)   
“No hay mayor acto de caridad que amar.” (Santo Tomás de Aquino)
“Cuando el fin es sublime, todo lo que se sufre para conseguirlo no lo es menos.” (Platón)


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Seis sombreros

Hay momentos, instantes, en los que una conversación, una clase con tus alumnos, puede dar para una muy buena reflexión, y la que sucedió en uno de los días de esta semana fue una de ellas.

Nos encontrábamos hablando de la técnica de los seis sombreros para pensar, consistente en cómo abordar una misma problemática o situación desde los diversos planos de la persona: sombrero blanco para la neutralidad, sombrero rojo para la pasión, sombrero negro para la cautela, sombrero amarillo para la esperanza, sombrero verde para la creatividad, y sombrero azul para el control. Y el momento bonito de la clase, de la conversación colectiva, llegó cuando nuestro querido “Barba”  hizo una vez más, una de sus aportaciones que siempre suma, y que nos hace crecer a todos: “Pero profe, entonces antes de tomar cualquier decisión importante deberíamos ponernos todos los sombreros, ¿no?”

Y fue su aportación justo la que me dio que pensar, la que me invitó a reflexionar sobre ello y sobre el funcionamiento de las personas. Fue gracias a él que me di cuenta que esta técnica que se suele utilizar para la gestión y trabajo de equipos podría llegar a ser toda una crítica a la sociedad, a la vez que una invitación preciosa al autoconocimiento. ¿Cuáles son los sombreros que nos solemos poner cuando decidimos? O preguntado de otro modo, ¿en qué nos apoyamos cuando tomamos las decisiones importantes? ¿Vemos un problema, o circunstancia a resolver como me gusta llamarlo a mí, desde todas las perspectivas o solamente desde la que nos interesa? ¿Cómo reaccionamos ante una situación difícil y que nos compromete?

Si valoro todos los sombreros, me doy cuenta de que todos son buenos en su justa medida (los excesos nunca fueron buenos). Todos los sombreros, todos los puntos de vista desde diferentes perspectivas nos aportan luz, a la totalidad de nuestro pensamiento, y se complementan a la perfección. Pero al mismo tiempo puede ser posible que uno de los motivos por el cual no los usamos es, cómo no, el tiempo. Creemos siempre tener menos tiempo del que en realidad disponemos, todo rápido, para decidir rápido, y quitarnos el problema de encima. Una de dos, o nos quitamos el problema de encima porque vivimos acomodados, o porque pararse demasiado tiempo quizás conlleva adentramos en ese autoconocimiento que nos descubre nuestros miedos, nuestras zonas más oscuras, a las que no nos atrevemos ni a mirar.

No hay dudas de que todos, por nuestra manera de ser, es inevitable que nos inclinemos a utilizar con mayor frecuencia los sombreros que un color u otro, porque existe una herencia genética, unas experiencias vividas, un contexto en el que crecemos, y eso nos condiciona. Pero todo ello no condiciona para nada el querer aprender para crecer, el querer crecer para mejorar, mejorar para pintar una obra de arte tremendamente maravillosa. Porque son los artistas, los genios, los que ven en cada pincelada su inspiración traducida en movimientos, pero a la vez se alejan del cuadro, toman perspectiva, para mirar y valorar todo en su conjunto.

Los artistas como Manet, Monet, y otros tantísimos genios, aprendieron mediante el arte que para la pintura era necesario primero entender la naturaleza, la luz, cómo lo percibimos, y cómo somos capaces de traducirlo en pinceladas más lentas o más rápidas, con una u otra técnica, con el fin de reflejar no solo lo que vemos, sino también la pasión que tenemos por la vida que sentimos en nuestro corazón. Lo decía Monet en uno de sus pensamientos: “Un día Boudín me dijo…aprecia el mar, la luz, el cielo azul. Seguí su consejo y juntos nos fuimos a dar largos paseos durante los cuales pinté constante la naturaleza. Así fue como llegué a comprender la naturaleza y aprendí a amar apasionadamente.”

De la misma manera que el artista trata de comprender cuanto le rodea, la naturaleza, el movimiento de los árboles cuando son azotados por el viento, las diferentes variedades de un color en función de la intensidad de la luz que penetra, los atardeceres con su reflejo sobre el agua del mar; de ese mismo modo quizás nosotros deberíamos contemplar nuestra propia obra de arte que es nuestra vida, la que pintamos cada día más y más, adentrarnos en lo más profundo nosotros para que cada una de esas pinceladas muestren en su conjunto la totalidad de la persona que somos, y así al ponernos en perspectiva, veamos y sintamos que seguimos creciendo, que contemplamos lo que acontece desde diferentes perspectivas; de la misma forma que el artista se aleja, toma distancia con respecto de su obra, para apreciarla, sentirla, y sobre todo, emocionarse con ella.

Porque el pensamiento nos hace funcionar, analizar, y tomar decisiones; pero la emoción por vivir cada día, y ayudar a que las personas que queremos también se emocionen, es sin duda sentirte vivo.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y no se olviden de tomar perspectiva. Las grandes obras emocionan tomando distancia, y su vida lo es. Porque como bien dice Monet: “Mis ojos se abrieron finalmente y comprendí la naturaleza. Aprendí al mismo tiempo que me encanta.” 

“Prefiero que tomen decisiones los sabios a que nos extiendan normas algunos expertos avispados. Los sabios escuchan y reconocen que aprender a preguntar puede llevar toda una vida. Para ser experto se requieren muchos títulos, para ser sabio, no tantos. Los expertos son buenos profesionales. Ven los árboles. Los sabios son nuestros maestros. Nos muestran el bosque. Para esta crisis necesitamos maestros.” (Xavier Marcet)
“La sorpresa es la gran emoción del aprendizaje” (Álvaro Merino)
“El talento tiene que ver con el hambre insaciable de aprender.”  (Álvaro Merino)
“Lo que nos permite tomar decisiones que nos dan mayor probabilidad de acierto en las decisiones es mantener la calma”. (Álvaro Merino)
“Los cambios hay que hacerlos cuando las cosas van bien.” (Marcelo Bielsa)
El paseo

 

 

“Guarda, guarda, guarda.”

“Sonó el pistoletazo de salida, los botes salieron adelante con impulso, y el telegrafista anclado en la ribera le dio al teclado para que el mundo supiera que la trigésimo octava regata anual de primeros equipos de Poughkeepsie finalmente había empezado. Durante cinco paladas, los siete botes fueron codo con codo y remaron con intensidad. Entonces Washington súbitamente aflojó y el resto de competidores le pasaron por delante. A Bobby Moch no le importaba, era justo lo que quería. […] Para que los chicos mantuvieran el ritmo, Moch se puso a cantar su nuevo mantra haciéndolo coincidir con cada palada -<<Guarda, guarda, guarda>>, recordándoles que el secreto era conservar las fuerzas.” 

Y justamente eso, conservar las fuerzas, es quizás la tarea que debemos tener en estos días en nuestra cabeza. Debemos cambiar nuestro plan, bajar la intensidad para, de ese modo, incrementar el volumen, la duración, y en consecuencia, nuestra capacidad de aguante en estos días de confinamiento que aún nos quedan. Para lograr saber cómo hacer esto, cómo ponerlo en práctica, la reflexión me la lanzó el propio Berlín en uno de los capítulos de La Casa de Papel, en una conversación El Profesor: “Sigue haciendo lo que te apasiona. Sigue cultivando la belleza.” No se pueden dar consejos más claros, más breves, pero a la vez más potentes, durante estos días.

Hacer lo que te apasiona logra que te llenes de energía, que te vuelvas a reenganchar a lo bello de la vida si es que aún estabas desconectado por completo de ello. Vivir apasionado es vivir conectado con lo más esencial de ti, con lo que te ha permitido conocerte, descubrirte, y por ello saber hacia dónde debes caminar, qué camino coger, y qué tareas debes abordar. Hacer lo que te apasiona te conduce a construir con absoluta belleza, con total determinación, porque has logrado entender que la belleza va unido a lo bueno, a lo que tiene sentido, va ligado a un propósito de vida, a sumarte a ti, y lo que es más importante aún, a la vida de las personas que quieres y con quienes creces como persona.

El hecho de vivir apasionado te lleva, en uno u otro modo, a seguir cultivando belleza. ¿Pero qué es eso?¿Qué se requiere para cultivar belleza? Vivir con amor, en eso consiste, resumido en tres palabras. Vivir con amor es vivir desde la mirada más profunda, sincera, honesta, hacia las personas que quieres, que amas, tratando de ayudarles en estos momentos más que nunca a que no dejen de contemplar la vida con ojos que derrochen luz, energía, fuerza, ojos que estén llenos de esperanza, de fe, y así nunca dejar de creer.

“Sin embargo, si alguien había sido más listo que Al Ullbrickson, era su propio timonel: el chico bajito con su propia llave de la asociación Phi Beta Kappa. Y ahora echaría el resto. De repente se inclinó hacia Don Hume y gritó: <<¡Diez de las grandes para Ulbrickson!>>. Ocho remos largos de pícea se hundieron en el agua diez veces. Entonces Moch gritó de nuevo: ¡Diez más para Pocock!. Otras diez paladas enormes. ¡Diez más para papá y mamá!>>. Muy lentamente, el Husky Clipper se deslizó por delante de Columbia y empezó a acercarse a la Marina, que estaba segunda.”  Saber en qué momento gastar una bala, o la bala, meter una píldora que incremente el pico de intensidad en emociones, en motivación, es tan importante y tan esencial en estos días como evitar gastarlas todas de golpe. Solamente de esa forma lograremos mantener, en mayor o menor grado, un buen estado óptimo en nuestra pareja, en nuestros padres, hermanos, amigos, alumnos; dosificar la intensidad de esas sorpresas es tan vital como mantener en el tiempo nuestra cabeza enfocada en lo que suma, en nuestras posibilidades, abrazando con total esperanza el momento de subir de ritmo, como Bobby Moch con el bote del Husky Clipper.

“En el bote, Moch estaba fuera de sí. <<¡OK!¡Ahora, ahora, ahora!>>gritó. Don Hume subió el ritmo a treinta y cinco, luego a treinta y seis y, más adelante, a treinta y siete. En el lado de estribor, Joe Rantz lo siguió con la suavidad de la seda. El bote empezó a tener swing. La proa empezó a levantarse del agua. Washington dejó atrás a los guardiamarinas como si su bote estuviera clavado en el agua.” Y esta es una de las claves, de las que hemos hablado más veces, lograr el swing en aquello que hagas, sentir que alcanzas un estado en el cual pierdes la noción del tiempo porque, como ellos en el bote, haces lo que te apasiona, y lo haces cuidando al máximo la belleza de cada gesto, logrando una sinergia entre cada uno de los miembros del bote que de solo verlo o imaginarlo, emociona.

“Y en esos últimos doscientos metros, en un extraordinario esfuerzo de velocidad, a cuarenta paladas por minuto y aporreando el agua hasta convertirla en espuma, Washington adelantó a California. Con cada palada, los chicos les sacaban un asiento. En el momento en que los botes cruzaron la línea de meta, en los últimos coletazos del crepúsculo, se vio una grieta de agua entre la popa del Husky Clipper y la proa del California Clipper.” Sí, esfuerzo, como el esfuerzo nuestro cada día por olvidarnos de que las circunstancias, las condiciones, no están ayudando pero que aún se puede, y se debe, hacer lo que te apasiona en la medida en que puedas. Porque es el único modo de construir algo bello, que a su vez será bueno y estará lleno de bondad. Los actos buenos, bellos, y bondadosos siempre fueron la llave para sacar lo mejor de las personas a quienes amamos, con quienes tenemos relación; porque están llenos de paciencia, de comprensión, de compromiso, y confianza. Porque es esta la vía para creer, como hizo Bobby Moch desde el timonel marcando el ritmo de paladas, en una victoria plena, llena de esfuerzo, de sentimiento de equipo.

Deseo de corazón que estéis lo mejor posible, que tengáis calma, paciencia, y no pierdan la fe ni la esperanza. Un fuerte abrazo, y que tengáis una muy buena semana.

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Acordándonos de lo esencial

Hace un rato se me venían a la mente dos imágenes. La primera, de hace unas semanas, con las terrazas llenas y miles de personas sentadas en ellas, sin disfrutar de la compañía, atendiendo al móvil. La segunda, de hace unas horas, tiene que ver con las mismas terrazas vacías, y la sensación de tristeza de esas miles de personas por no poder ver, abrazar, o besar, a quienes probablemente hace una semana cambiaban por un dispositivo electrónico.

Esta es, sin duda, una de las lecciones valiosas (solo será como tal si la recordamos para siempre) que nos está dejando estos días, semanas, de incertidumbre, tristeza, miedo, e inquietud, por no saber cómo y cuándo terminará todo esto: Recordar, siempre, que lo importante debe seguir siendo lo importante. Esto implica, en primer lugar, comenzar a vivir de verdad cada instante que tenemos la oportunidad de aprovechar. Y es cierto, no hay una sola manera de vivir, pero por favor vivan: sientan, rían, salten, abracen, besen; y todo ello hagánlo desde la sinceridad, desde el corazón, porque nunca es tarde para expresar lo que de verdad sentimos. Siempre estamos a tiempo para hacer lo correcto.

Por otro lado, esta situación nos regala la lección de que tan importante es acertar con la decisión correcta, como también elegir el momento y el lugar adecuados. El inmovilismo,  la poca o nula capacidad de autocrítica, es algo que los grandes directivos no pueden permitir que vuelva a suceder porque hay a quien se le paga para tomar decisiones. Está mal que no se tomen decisiones por incapacidad, pero está peor aún no tomarlas por prepotencia, por no admitir el hecho de que han sido superados. La humildad, que implica la capacidad de autocrítica, así como la coherencia, el ahora famoso sentido común (pero que a veces, es el menos común de lo sentidos), ser consecuentes, y personas íntegras, es el único camino adecuado que nos ayuda a garantizar que la calidad de nuestras decisiones salvaguarda la calidad de las vidas que tenemos a nuestro lado.

Y por último, unido a lo que hablábamos al principio de este post, es un momento para volver a recordar que, efectivamente y sin lugar a dudas, el ser humano es un ser relacional. Por tanto, necesitó, necesita, y necesitará de otras personas para tratar de ser cada día la mejor versión que lleva dentro. Una versión que permite, al mismo tiempo, brillar con fuerza a todas las personas que por un motivo u otro necesitan un poco de luz, un motor de arranque, un rayo de esperanza, entre a veces tantísima oscuridad.

Por esa sencilla razón, es momento para aprender de una vez por todas que se puede tener una ideología que decline más la balanza hacia un lado, o hacia el otro, pero que por encima de cualquier ideología, de cualquier ansia de voto o de asegurar un sillón, están las personas. Unas personas que, independientemente de su trabajo, ahora mismo deberían sumar a un país, que es el nuestro, que solamente debería tener un objetivo cuando cada mañana sale el sol: ser la mejor nación posible, dejando el mejor legado a las generaciones que vienen.

En medio de toda esta incertidumbre, de esta situación que vamos a sacar adelante entre todos si de verdad somos conscientes de la tarea que nos ocupa, en un domingo por la tarde como hoy quizás sea buen instante para dar las gracias a quienes nos quieren, a quienes han confiado y confían en nosotros. Para agradecer, además, a millones de personas que están trabajando por nosotros aún sin conocernos, como son todo el personal sanitario, fuerzas del estado, y así un largo listado de profesiones que bajo su uniforme esconden una piel como la nuestra, un corazón que quiere sumar, para que nunca dejemos de creer y crecer. Hoy es momento de decir: Gracias, de corazón.

Un fuerte abrazo, y cuando todo vuelva a la normalidad, cuando vuelvan a tomarse ese café, esa cerveza bien fría, ese tinto de verano que le sabe a gloria, recuerden el verdadero valor que tiene no solamente en sí, sino el momento que está viviendo, porque esta es la última lección que nos dejan estas semanas: El tiempo no se recupera, por tanto, aprovechadlo.

“No conozco don más indiscutible que el de la tenacidad de propósito, que, a través de todos los reveses, jamás cambia, impávida en los buenos y malos pasos, venciendo toda oposición hasta llegar al puerto.” (Ralph Waldo Emerson)
“Nuestro espíritu ora es rey, ora tirano: rey cuando atiende a la virtud, cuida la salud del cuerpo que tiene encomendado y no le ordena nada vergonzoso, ni vil; mas cuando es inmoderado, ambicioso, antojadizo, se gana un nombre detestable y cruel y resulta un tirano.” (Séneca)

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Aceptar y seguir

“Aceptar que habrá posesiones que no salgan bien, y hay que seguir jugando” De ese modo terminaba el seleccionador del combinado español de baloncesto, Sergio Escariolo, su charla previa al partido contra Australia. El paso previo a poder disputar la final  que hoy, contra la selección argentina, ha terminado 75-95. Campeones del mundo, otra vez. Otra vez tratando de convertir lo extraordinario, en algo normal, como si lo de hoy fuera lo lógico. Y nada más lejos de la realidad.

Digo esto porque hoy la selección española, hace unas semanas Rafael Nadal con la consecución del US Open después de 4 horas y 50′ de partido nos están regalando lecciones que según la manera en que las contemplemos pueden ser valiosas, o pasar totalmente desapercibidas. Pero de todo lo que se puede extraer de ambos ejemplos, me quedo con una palabra: consistencia. Que en palabras de nuestro seleccionador Sergio Escariolo bien podría equivaler a aceptar y seguir.

En uno de sus últimos artículos, Xaviert Marcet nos regalaba frases reveladoras como la siguiente: “Las empresas consistentes reaccionan rápido ante los primeros síntomas de debilidad de sus mercados. La consistencia no se fía de las inercias ni cree en superioridades morales o de marca de sus productos o servicios. Cuando hay señales de cambio (y, si puede ser, un poquito antes) toman decisiones correctoras o innovadoras. Las empresas consistentes viven de saber mantener la tensión siempre. Las empresas de éxito se relajan en sus celebraciones y creen que todo se arregla con un buen anuncio en el descanso de la Super Bowl o justo después de las campanadas de fin de año. Las empresas consistentes buscan el compromiso de su gente, de sus clientes, de sus proveedores.”

Vamos Rafa post

Y señalo este párrafo porque aparece una palabra que me parece clave, más aún si cabe en estos momentos de comienzo de clases en el curso académico, de temporadas en los equipos de deporte de base, así como en nuestros proyectos personales: COMPROMISO. ¿Por qué? Bajo mi punto de vista, el compromiso es uno de los elementos fundamentales para que nuestros proyectos sean disfrutados, y saquen nuestra mejor versión. No digo que a más compromiso, más éxito; no. Digo que a más compromiso, más disfrute con todo aquello que afronto cada día de mi vida, y más capacidad para persistir, para insistir, para defender y luchar aquello que quiero para mi equipo de trabajo.

Es importante diferenciar esto, sobre todo para aquellos que solamente buscan el éxito para la adulación posterior, porque lo primero que habría que preguntar es qué es éxito para ellos. Eso por un lado, y segundo dejar bien claro que siempre habrá factores que no estén en tu mano, que no puedas controlar, y que te impidan llegar al objetivo o meta que en un momento te marcaste. Ahora bien, si nos centramos en el compromiso de disfrutar de cada instante, de aprovechar cada momento haciendo brillar a quienes están a tu lado; conseguirás o no aquello que otros llaman éxito, lo que sí es seguro es que estarás en mejor predisposición de afrontar todo lo que esté por venir.

Porque la mayoría de las veces, por no decir todas, y es lo que nos recuerdan tanto la selección española como Rafael Nadal, como tantos otros deportistas, es que ganen o pierdan siempre siguen insistiendo, siempre intentan estar preparados para el próximo movimiento, para el próximo golpe, para una nueva aventura (ya lo decía Shakleton: siempre hay un nuevo movimiento). El partido, como la vida, no para, y hay que seguir jugando pierdas o no tu posesión como dice Sergio; pierdas o no el punto que estás jugando como afirmaba Rafael en la entrevista posterior a la final; siempre sigo y trato de enfocarme en el momento que acontece. Eso es compromiso conmigo mismo, y con todas las personas con quienes comparto ese proyecto: dar lo mejor de mi en cada instante de mi vida. Eso sí lo puedo controlar.

Equipo SEB

Como dice Fred Kofman: “Para ser un gran líder, debes comprender que buscar el éxito es, de forma paradójica, el modo incorrecto de lograrlo. El éxito es como la felicidad, no puede perseguirse directamente. Cuanto más directamente busques la felicidad, menos probable será que lo consigas. Perseguir la felicidad directamente te puede llevar a un placer hedonista a corto plazo, pero no te dará la felicidad auténtica. Para alcanzar el éxito debes vivir una vida con sentido y propósito. También debes perseguir la significatividad, la autorrealización y la autotrascendencia; no solo para ti sino para todos los que trabajan contigo.”

Compromiso conmigo mismo y las personas que quiero para dotar de significado a todo aquello que realizamos, ponemos en marcha, a cada momento de nuestra vida, trabajando en la realización como persona, e intentando que tenga una trascendencia. Consistencia para que significatividad, autorrealización y autotrascendencia se extiendan en el tiempo con todas las personas con quienes trabajamos en nuestro día a día: familia, pareja, compañeros, alumnos, generando en ellos entusiasmo y amor. No vivimos, ni trabajamos, para obtener likes. Vivimos para que, de alguna manera, ayudemos a encontrar a otras personas el significado, el sentido, y la trascendencia de sus vidas. Si lo conseguimos, desconozco si seremos unas personas de éxito o no, pero lo que sí es seguro es que nuestra vida será plena.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y les recomiendo que disfruten de los vídeos.



“Nos parecemos a muchas otras criaturas en su deseo de ser felices, pero la búsqueda de significado es la clave singular de lo que nos hace ser humanos.” (Roy Baumeister)
“La felicidad sin sentido caracteriza a una vida relativamente superficial, egocéntrica o incluso egoísta, en la que las cosas van bien, las necesidades y el deseo se satisfacen fácilmente y se evitan las dificultades y los compromisos exigentes.” (Roy Baumeister)
“La diferencia básica entre un hombre ordinario y un guerrero es que el guerrero se lo toma todo como un desafío, mientras que el hombre ordinario se lo toma todo como una bendición o una maldición.” (Don Juan, chamán mexicano)

 

La sencillez de un niño

Es cierto que conforme uno crece se incrementan las responsabilidades, las tareas que debe afrontar, los desafíos, que uno debe perseguir de manera progresiva. Pero, ¿por qué esto nos lleva, en determinados momentos, a complicarnos en exceso la vida? ¿por qué no somos capaces de atender a lo importante, en lugar de estar bombardeando nuestra mente con pensamientos que solamente desgastan? Qué importante es saber disfrutar.

Como contaba Mauricio Pochettino en su libro, en la escapada que realizan a Argentina: “La lejanía de la urbe agudiza los pensamientos y los sentidos. A lo mejor no son tan ingeniosas las ideas que se nos ocurren, pero lo parecen. Disfruté inmensamente de los momentos en grupo y también de algún paseo en solitario al embarcadero, un rincón tranquilo y maravilloso. Un día que agarré la bicicleta coincidí con Jesús, que había salido a correr. Decidimos seguir juntos el paseo; yo pedaleando y el al trote. La energía era brutal, no hacía falta que habláramos, nos sentíamos parte de algo mucho más grande.”

Sentirte parte de algo mucho más grande que tú consigue que uno se desprenda de sí mismo, y se centre en todo lo que le rodea: la persona con quien está; si se encuentra solo percibir los rayos del sol, el sonido de las olas cuando rompen, el cantar de los pájaros cuando vuelan por encima de ti. ¿Por qué dejamos de fijarnos en la belleza de todo cuanto nos rodea? La belleza, qué importante es; pero me la guardo para el próximo post.

Uno de los grandes retos, creo, para cualquiera es justamente esto: no necesitar ir a un sitio alejado, para disfrutar de la belleza de cuanto nos rodea. Debemos ser capaces de apartar trabajo y vida, atendiendo al trabajo cuando toque; pero atender a nuestra vida cuando estemos en nuestro tiempo, en nuestro espacio, en ese encuentro contigo mismo. Para que el trabajo sea de calidad, nuestro tiempo de descanso de cada día (que debemos tenerlo), también debe poseer esa máxima calidad.

Una de las reflexiones que me encantó de Mauricio, al respecto de este “darle vueltas a la cabeza” fue la siguiente: “Es que me di cuenta de una cosa. Darle vueltas a las cosas, buscar donde no hay, intentar la cuadratura del círculo, es un esfuerzo innecesario. La solución está en continuar confiando en el proceso. En la esencia. En encontrar en uno mismo la pasión y las respuestas para superar cualquier obstáculo . Eso fue lo que nos enseñó el Lago Escondido.”  No es casualidad que otra vez, en otro libro, se resalte la importancia de saberte enfocar en el presente, en el proceso, en la manera en que lo recorres independientemente de que el resultado final sea bueno o no tan positivo como esperabas; presente y paciencia se antojan claves para lograr esa tranquilidad, esa pausa, tan necesaria en nuestro día a día.

Y precisamente esto, ser capaces de encontrar en cada uno de nosotros la pasión que nos mueve a sacar nuestra mejor versión cada día, me conecta con la última reflexión de Pochettino, tras tener una de esas charlas de las que solamente puedes tener 2-3 durante la temporada, pero que obtiene unos efectos como él mismo dice “milagrosos”: “…los jugadores se sumergen en su conciencia y cada uno regresa a un punto determinado de su pasado. No sabes a cuál exactamente, pero te lleva a un reencuentro con una versión más joven de ti mismo; el chico que amaba el fútbol y la persona que eres ahora se funden en uno. Y cuando eso ocurre, al salir de nuevo a entrenar vuelven a disfrutar, se ríen, corren, y hacen un gran esfuerzo, están conscientes, receptivos, abiertos a lo que les diga.” 

¿Y cuál es la imagen que se me venía justo cuando leía estas líneas del libro? La imagen que vi hace unos días en Twitter, de un pequeño aficionado del Manchester United, pisando por primera vez Old Trafford, con una cara de asombro, de sorpresa, de felicidad, que me dejaron encantado por verlo reflejado en su cara. Casi al mismo tiempo, se me venía la siguiente pregunta: ¿Por qué abandonamos este estado? ¿Por qué conforme crecemos necesitamos más y más, para alcanzar ese asombro, esa alegría, esa conciencia? ¿Por qué con el paso del tiempo nos ocupa más la vida de la persona de al lado, que la nuestra propia? Quizás porque el paso de niño a adulto no ha sido completado de la forma correcta.

Probablemente crecer signifique asumir responsabilidades, claro que sí, pero sin olvidar que el crecimiento no está reñido con felicidad, con seguir asombrándonos de momentos cotidianos, con saber dar las gracias por cuanto tenemos, con pedir perdón cuando uno se equivoca, con no meterte en la vida de los demás, con evitar la crítica desmedida, la opinión nada constructiva. Crecer es, también, saber ser feliz con la vida que tienes, con el momento que atraviesas, teniendo siempre claro que nada es para siempre. Existirán momentos buenos, otros no tan buenos, otros malos, y otros muy malos; pero en nosotros está (igual que la pasión por mejorar) saber cuándo ocuparse y no pre-ocuparse. Por todo ello, la respuesta la tenemos en ellos: los niños.

En su capacidad para atender al momento que viven, de manera despreocupada, sin atender a lo que harán diez minutos o dos horas más tarde. En sus ganas de querer socializar, de querer compartir lo que tienen, en sus sonrisas sanas sin esperar nada a cambio en un futuro, en su imaginación, su creatividad, su alegría. Si es necesario, fijémonos en ellos para saber de dónde venimos, cómo hemos llegado hasta el punto en el que estamos, y de qué manera queremos recorrer el camino que nos queda por hacer. Como decía cierta frase: “Que el niño que fuiste en su momento, jamás se avergüence del adulto que ahora eres.”

Que tengan una muy feliz semana, y si están de vacaciones, disfrútenlas como se merece. Sepan disfrutar de cada día de la semana, de las personas que tienen al lado, y den las gracias a menudo. Un fuerte abrazo.

como niños


 

Vivir

“Solo hay que vivir, vivir, vivir. Que nadie pueda etiquetar mis pasos. Soy timonel de mi propio barco.” Estas son las letras de una de las canciones de Pablo Alborán, y las elijo porque hoy quiero hablar sobre esto, lo que hacemos cada día a nuestra manera, vivir. Es curioso cómo de todas las acciones que llevamos a cabo cada día, si hay una que realizamos sí o sí es esta, la de vivir. Y sin embargo, ¿sabemos vivir? ¿qué es vivir?¿catalogamos la vida de los demás? ¿nos ocupamos de aprender a vivir?

Vivir de manera plena tiene que ver contigo, y poco con lo de fuera. Es saber centrarse en el momento presente disfrutando, o mejor dicho sabiendo disfrutar de cada momento, de cada instante que se vive prácticamente como si fuera el último. Porque la realidad, aunque tendamos a olvidar, es que no sabemos si será el último. Como decía Yamamoto Tsunetomo, “con seguridad no hay otra cosa que el propósito único del momento presente. Toda la vida de un hombre es una sucesión de momento tras momento. Si uno comprende completamente el momento presente, no habrá nada más que hacer, y no quedará nada por perseguir.”

Vivir alcanza su auténtico y verdadero significado cuando dejas un poquito de tu corazón en cada gesto, en cada acción, de tu día a día. Del mismo modo que le explicaba George Yeoman Pocock a Joe Rantz mientras construía uno de sus botes de remo: “Pocock se quedó en silencio, dio unos pasos hacia atrás para ver mejor el armazón del bote, se puso las manos en la cadera y estudió detenidamente el trabajo que había hecho hasta entonces. Dijo que, para él , el arte de construir un bote era como una religión. No bastaba con dominar los detalles técnicos. Había que entregarse espiritualmente, había que rendirse completamente. Cuando terminabas y te alejabas del bote, había que sentir que habías dejado en él, para siempre, una parte de ti mismo, un pedacito de corazón. Se volvió a Jose. “El remo-le dijo-es así. Y buena parte de la vida también es así; al menos las cosas que importan.”

Y aquí es donde aparece otra idea importante, “las cosas que importan” que tiene mucho que ver con la capacidad de relativizar, pero esta capacidad debemos entender que es personal, subjetiva, de cada uno de nosotros. Por tanto se debe cuidar mucho las valoraciones que hacemos de la vida de la persona que tenemos en frente, tratando de darle lecciones o intentando hacerle ver cuál es la decisión correcta. ¿Correcta?¿Incorrecta? Eso solo lo sabe cada persona, en su propio camino y con sus propias circunstancias. Querer de verdad es respetar estas condiciones, permaneciendo a su lado, e insuflarle energía, alegría de vivir en el recorrer de ese camino; pero nunca etiquetando o enjuiciando. Porque como muy bien dice Pablo Alborán en la canción, “soy timonel de mi propio barco”.

Aprovechando que hablamos de barcos, y de remos, quisiera concluir este post con varios extractos que resumen muy bien cómo sentir ese momento felicidad. Un momento que, como muchas veces he dicho, se siente de manera verdadera en compañía de al menos otra persona. Porque probablemente, o yo al menos lo veo así, para mí vivir es tratar de ser feliz el mayor tiempo posible, y muchas veces ser feliz es ver la cara de felicidad plena en la cara de la otra persona, ver cómo brillan sus ojos, ver como se torna esa sonrisa tan increíble en su cara, ver que día tras días las personas que quieres de verdad crecen, avanzan, cumplen objetivos, incrementan su confianza, se atreven con retos nuevos; en definitiva: viven.

Es algo que solo puedes sentir, de la misma manera que sucede en el arte del tiro con arco, cuando te abandonas de todo lo exterior, te despojas de todo lo que tenga que ver con lo accesorio, y te centras en ser capaz de sentir en lo más profundo de tu corazón ese sentimiento de felicidad, de sentir cómo te llena por dentro. Es ahí cuando sabes que te sientes vivo, que estás viviendo: “Ese día Joe remó como nunca había conseguido remar antes: como Pocock le había dicho que remara, entregándose completamente al esfuerzo del equipo, como si fuera una extensión del compañero de delante y del de atrás, siguiendo perfectamente la palada de Hume, transmitiéndosela a Shorty, al que tenía detrás, en un flujo continuo de músculo y madera. Joe lo vivió como una transformación, como si se hubiera apoderado de él una especie de magia. Lo más parecido que le venía a la memoria era la noche de primer curso en que se encontró en el Lago Union con las luces de Seattle centelleando en el agua y la respiración de sus compañeros de equipo sincronizada como la suya, tal como delataba el vaho que espiraban en el ambiente oscuro y frío. Ahora, al salir del bote en el crepúsculo, se dio cuenta de que la transformación no nacía tanto de que él intentara hacer lo que le había dicho Pocock, como del hecho de que su equipo era un puñado de chicos con los que podía hacerlo. Sencillamente confiaba en ellos. Al final era así de sencillo.”

¿Y por qué sentían ese swing, ese estado de disfrutar del momento, de ese instante, de vivir como concepto elevado a la máxima potencia? Quizás esto nos ayude a entenderlo, entre otros factores: “Había una razón muy sencilla para explicar lo que pasaba. A los chicos del Clipper se les había seleccionado con una competencia muy dura, y de la selección había surgido una especie de personalidad común: todos eran hábiles, todos eran duros, y todos eran muy decididos, pero también eran todos buenas personas. Todos tenían orígenes humildes o habían sufrido una cura de humildad debido a los estragos de la época. Cada uno a su manera, habían aprendido que en en la vida no se podía dar nada por supuesto, que, a pesar de su fuerza, belleza y juventud, en el mundo había fuerzas que los superaban. Los retos a los que se habían enfrentado juntos les habían enseñado la humildad-la necesidad de integrar sus egos individuales en el bote como conjunto-y la humildad era la puerta de entrada común a través de la cual ahora podían juntarse y empezar a hacer lo que no habían podido hacer antes.”

Remando como un solo hombre

Concluyo este post con una reflexión que me llevé al hilo del documental que pude ver de Álex Roca y Valentí San Juan. Probablemente vivir sea la consecución de saber encontrar la felicidad en cada instante que vivimos, compartiéndola con las personas que queremos. Luchar de manera constante por los objetivos, sueños, que perseguimos aún sabiendo que habrá momentos duros que afrontar siempre, más o menos complejos. Y recordar que todo aquello que hacemos, decimos, en cada momento de nuestras vidas tiene más trascendencia de la que podríamos imaginar; por tanto, cuidemos lo que decimos, la calidad de nuestras acciones, y la manera en que tocamos el corazón de las personas que están a nuestro lado.

Os comparto un vídeo que, creo, merece la pena que veáis. Un fuerte abrazo, feliz domingo, y que tengáis una bonita manera de vivir.

 

“La mayoría de las personas no descubren qué es más importante en la vida hasta que son demasiado mayores para actuar en consecuencia. Pasan gran parte de sus mejores años persiguiendo objetivos que al final importan poco. Aunque la sociedad nos invita a llenar nuestras vidas de objetos materiales, la mejor parte de nosotros sabe que los placeres más simples son los que nos enriquecen y nos llenan. No importa que nuestra sea situación sea difícil o acomodada, todos poseemos una gran riqueza de sencillas bendiciones a nuestro alrededor, a la espera de que la valoremos. Si lo hacemos, nuestra felicidad aumenta. Nuestra gratitud se propaga. Y cada día se convierte en un asombroso regalo.” (Robin Sharma)
“Lo bien que vivas depende de cómo ames. El corazón es más sabio que la razón. Hónralo. Confía en él. Síguelo.” (Robin Sharma)

 

“Hay que apelar a sus corazones”

“Baile, tus manos son el baile. Tú y yo, sincronizados como nadie. Tienes un ángel que guía, tu alma y la mía. La rabia del Sol…” 

El pasado viernes tuve la suerte, la fortuna, de emocionarme en un concierto como fue el de Rozalén, por volver a escuchar cada una de sus letras, por ver tantas emociones reflejadas en unos ojos, en una sonrisa; por sentir de ese modo tan especial hasta el más mínimo detalle y sonido que emitían cada uno de los instrumentos, por el ambiente, por cada momento, por sentir ese puro sentimiento, por poder vivir y compartir esa experiencia que llega hasta lo más profundo del corazón . Es el motivo de que quisiera empezar el post con esas líneas, porque hoy quiero hablar de corazón, del lado humano que todos tenemos, y que quizás debería salir más a flote.

Explica Fernando Botella en su libro Factor H, que la palabra Coraje viene de la suma del latín “cor” y del griego “kardia”, que se refiere a “poner el corazón por delante”. Poner el corazón por delante, bonito, ¿verdad? Y sin embargo, ¿lo ponemos? ¿Hablamos con el corazón en cada conversación con nuestro compañero/a de viaje?¿Con nuestras amistades?¿Con nuestra familia?¿Con nuestros alumnos?¿Con nuestros jugadores?¿Cuántas veces ponemos el corazón por delante cada día? Son reflexiones que lanzo, que planteo, para que cada uno se las cuestione con la intención de saber de qué manera vivimos nuestra vida.

Una vez que termina este curso 2018-2019, y teniendo en cuenta los cuestionarios pasados para preparar la próxima comunicación científica, los mensajes que me han llegado, la principal reflexión que saco de todo ello es: Qué importante es mostrar nuestro lado humano. Es cierto que no es la primera vez que lo pienso, porque en mi trabajo como entrenador pude empezar a entrever esta reflexión, pero este año ha supuesto un punto de inflexión por muchos momentos, por muchos instantes, que te hacen ver que a veces detenerte con una conversación, con una broma, con una sonrisa, puede resultar en un efecto de tales dimensiones que no imaginabas.

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¿Cuál es el problema de poner el corazón por delante? Muchos dicen que las personas que están bajo tu responsabilidad pueden “cogerte el brazo”, excederse en la confianza, “que es mejor mantener las distancias”. Y yo lanzo la siguiente pregunta: ¿Qué distancia es la correcta?¿Acaso va de distancias? Honestamente, discrepo, y creo más bien que va de mirar y escuchar con el corazón, evitando prejuicios y etiquetas, analizar y observar, para saber cuál es la tecla que hay que tocar con cada persona con quien convivimos.

Si tu mensaje genera credibilidad, se puede exigir y ser generoso a partes iguales, para nada está reñido. El problema es que manejarse en ese espacio, generar ese compromiso, esa confianza, dominar la conversación, la mirada, y el lenguaje corporal, no son tareas nada fáciles. Creemos que por preparar de manera magistral nuestras clases, nuestros entrenamientos, nuestros power points, nuestros estudios de mercados; es suficiente. El secreto sigue estando, y estará, en cuidar los pequeños detalles.

Y para ello, Fernando Botella en el mismo libro nos pone tres casos claros de cómo se pone el corazón en lo laboral. Howard visita personalmente 25 tiendas por semana. Su marca: Starbucks. Su lección: No dejes de saber lo que pasa de verdad. No pierdas el contacto con la realidad. Hilton cuida con esmero que no se olvide, en cualquiera de las habitaciones de sus hoteles, meter la cortina de la ducha dentro de la bañera. Su lección: el detalle importa. Herb, presidente durante muchos años de American Airlines, siempre apoyó al sindicato de pilotos, vivía para ellos, era parte de su dedicación…, nos decía. Y tenía la costumbre de viajar en vuelos regulares hablando y aprendiendo de los pasajeros sobre cómo mejorar un vuelo. Su lección: las personas lo primero. En ellos está el secreto.

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Y haciendo repaso de todo lo visto en este primer curso del Máster Universitario en Humanidades recuerdo una frase, que siempre la recuerdo en nuestras conversaciones con una de las personas a quien más quiero en mi vida, la cual dice así: “Todo error procede de la soberbia.” Y la cito porque tiene que ver mucho con lo comentado anteriormente, respecto a “la distancia”. A mayor soberbia, mayor ego, más muros se levantan, más distancia se interpone entre dos personas que mantienen una conversación. Sin embargo, cuanto mayor es la humildad, más se reduce esa distancia, y más se llega al corazón de la persona a quien miramos a los ojos.

Decía Ernest Hemingway que “La verdadera nobleza del ser humano no consiste en superar a sus semejantes, sino en superar a uno mismo.” De hecho, si vemos la procedencia del latín de la palabra humildad, se observa que es “humilitas”, que a su vez, tiene su raíz en “humus”, que significa tierra. En su origen tenía dos significados: lo que va por debajo y cultivo. Y esto recuerda a lo que ya comenté en anteriores post, referente a los frutos y logros. La clave reside en ser tierra de cultivo, en ser la vid, que dé los mejores frutos para que otros sean quienes los recojan. Sin esperar nada cambio, sin buscar ninguna medalla individual, simplemente porque actuamos y vivimos con el corazón.

Solo la humildad nos permite ponernos en predisposición de afrontar cualquier tarea, cualquier conversación, con la mejor de nuestras predisposiciones (que no garantiza el éxito, pero sí asegura que seremos nosotros mismos, auténticos y verdaderos). Y esto creo que es importante, porque solo cuando vivimos con el corazón somos auténticos, verdaderos, y solo de esta forma logramos que todo fluya ayudando a brillar a las personas que tenemos a nuestro lado. Todo acto de soberbia, o ego, impide actuar de manera natural, impide establecer un contacto auténtico, un cruce de miradas, un intercambio de palabras, que salgan desde dentro, y eso es una pena. No deberíamos vivir para ser mejor que él o ella, sino vivir dando nuestra mejor versión para hacer brillar los ojos de las personas que queremos. Tenemos que ser capaces de sonreír de manera sincera, hasta el punto de emocionarnos, cuando vemos sonreír a la persona que amamos. Porque eso es sacar nuestro lado humano, eso es vivir con el corazón, y eso es ser una persona de verdad.

Porque además, cuando capacitación profesional se combina con un corazón inigualable,  se toman decisiones en cuestión de segundos que no se pueden entrenar, porque son imprevistos que apenas se contemplan, pero que pueden dar unos resultados extraordinarios. Quería concluir este post con la parte final de la película Sully, donde probablemente el factor humano aparece en su exponente más alto. Ese factor humano que al mismo tiempo te permite entender a la persona que quieres, situándote en la misma frecuencia; te permite saber cómo escuchar a ese alumno que viene desde Valencia cada fin de semana al Máster con el esfuerzo que conlleva; te permite generar confianza en ese alumno que atraviesa un mal momento personal por una pérdida de confianza; porque cuando a nosotros nos hablan, nos escuchan, y nos miran con el corazón, nuestros días oscuros se tornan más claros. Todos necesitamos de todos, porque nadie es en sí mismo. Todo comienza y termina en la persona, en concreto, en su corazón, que es ese factor, ese componente, que le hace más humano si cabe.

La frase que lleva por título el post tiene como autor a Nelson Mandela, y completa dice lo siguiente: “No hay que apelar a su razón, sino a sus corazones.” Fue el propio Nelson Mandela quien dijo que el corazón humano está hecho para amar, y no para odiar. Es cierto que quizás la tendencia que vivimos en la actualidad marca todo lo contrario, reinando un relativismo y un “yoísmo” de tamaños desproporcionados. Pero concluyo con una invitación a que no se pierda la esperanza, a que sigamos viviendo con el corazón, a que vivamos amando de verdad, que no nos guardemos un “te quiero” con la persona a quien amamos, que evitemos las etiquetas y juicios a toda costa, y empecemos cada día a sumar para ayudar a transformar.

La vida, a veces, nos presenta personas maravillas que nos cambian por completo, que nos hacen dar un giro, replantearnos muchas preguntas, y cambiar nuestro enfoque. Pero eso solo sucede cuando nuestra predisposición cambia, nuestra mirada cambia, y nuestra humildad envuelve nuestro corazón para recordarnos que ser grande tiene mucho más que ver con palabras que salen del corazón, con abrazos que quitan la respiración, y besos que son el mejor regalo que podríamos recibir.

Vivan latido a latido, rían todo lo que puedan, saquen brillo a sus ojos, y recuerden que todos necesitamos una sonrisa que nos multiplique, que nos recuerde que lo mejor de esta vida es poder compartir momentos sencillos que se vuelven extraordinarios por las personas con quienes los vivimos. Sigan viviendo, sigan disfrutando, y sigan creciendo.

Un fuerte abrazo, y feliz comienzo de semana.

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En total son 5 partes, las cuales merecen la pena ser vistas, os las recomiendo.

“El viaje
Oriol Vall, que se ocupa de los recién nacidos en un hospital de Barcelona, dice que el primer gesto humano es el abrazo. Después de salir al mundo, al principio de sus días, los bebés manotean, como buscando a alguien. Otros médicos, que se ocupan de los ya vividos, dicen que los viejos, al final de su días, mueren queriendo alzar los brazos. Y así es la cosa, por muchas vueltas que le demos al asunto, y por muchas palabras que le pongamos. A eso, así de simple, se reduce todo: entre dos aleteos, sin más explicación, transcurre el viaje.” (Eduardo Galeano).
“El temor mueve menos a la acción que el amor.”
“Amar significa amar lo imposible. Perdonar significa perdonar lo imperdonable.” (Chesterton)

 

Si vibras, emocionas

¿Por qué es tan importante emocionar? Sin duda, porque cuando nuestras emociones entran en juego, nuestro aprendizaje, nuestra vivencia en el día a día, deja tal huella en los corazones que perdura más tiempo del que pudiéramos imaginar. Pero, ¿cómo podemos lograr esto? Es la pregunta que se me planteaba estos días, y a la que hoy trato de armar una respuesta en base a conferencias, conversaciones, y reflexiones con diferentes personas.

Por ello, cada vez estoy más convencido de la importancia de establecer vínculos, con cada persona con quien compartimos cada día de nuestras vidas. Y para establecer estos vínculos es verdaderamente sorprendente que, si preguntamos a una persona cuáles son aquellas referencias que tuvo en su vida, sus referentes, aparecen dos respuestas muy claras: “Me hacía sentir seguro. Pude ser yo”. Es decir, un espacio de seguridad y de confianza. Qué dos aspectos tan importantes, que creo se puede llevar a cualquier ámbito. ¿Acaso no nos gusta estar con una persona, con quien me siento seguro y puedo ser yo mismo?

Pero para lograr ese tipo de recuerdo, de huella emocional, en esas personas, uno primero quizás deba plantearse dos cuestiones: “¿Quién eres tú? ¿Qué quieres?”. Porque en función de la calidad humana de estas respuestas consigues establecer unos puentes verdaderos, auténticos, y de calidad humana, con las personas con quienes creces, vives, en tu día a día. Encontrar los valores que definen tu persona, y saber cuáles son tus propósitos en tu vida es lo que te lleva, sin duda alguna, a definir tu comportamiento. Son las preguntas adecuadas, para recorrer el camino adecuado.

Toda vez que sabemos quiénes somos, y qué queremos desde que nos levantamos cada día por la mañana, la principal consecuencia es que uno logra entender que para establecer vínculo verdaderos uno mismo necesita hacer un total ejercicio de desprendimiento de sí mismo, que le permita centrarse en la persona que tiene en frente. Y esto solamente se puede conseguir si dejamos de marcarnos objetivos, y pasamos a establecer propósitos. ¿Por qué digo esto? El argumento me lo dio una persona a quien tengo un especial cariño, y que creo es muy enriquecedor: “Porque los objetivos se terminan agotando; sin embargo los propósitos son para toda la vida. Normalmente si uno analiza los objetivos, se dará cuenta de que muchas veces van referidos a lograr algo que tiene una fecha de fin. Sin embargo, el propósito tiene que ver  con un aspecto de nuestra vida, de la persona, que no tiene comienzo ni fin porque está interiorizado en nosotros, y normalmente hace que lleve mi atención a la persona que tengo en frente con actitud de servicio.”

Si a esto le añadimos la diferencia en el concepto de frutos y logros, comenzamos a entender cuándo las relaciones que establecemos son verdaderas, auténticas, cuándo éstas nos permiten emocionar a las personas con quienes vivimos. La clave radica en que los logros son individuales, son las “medallas” que nos ponemos a título personal, los premios que uno recibe; sin embargo, cuando hablamos de frutos nos referimos a preservar la calidad de lo que preparamos para otros con la mejor calidad posible. Una calidad que se traduce en cariño, en amor, en pasión por dar lo mejor de nosotros para otros. Porque solo cuando se olvida de sí misma, y se centra en la persona que tiene en frente, la persona alcanza la verdadera plenitud y felicidad de vivir la vida.

Como bien dice Emmanuel Faber en su discurso, no es una cuestión de poder, dinero, o gloria. Más bien tiene que ver con “descubrir cómo la normalidad nos aisla”, porque la normalidad tiene a apagar la creatividad, a anular las emociones porque hay que ceñirse a reglas de curriculum, a normativas de empresa; y un largo listado de tareas que nos convierten en seres humanos comunes y rutinarios. Y sin embargo, solo se consigue la verdadera plenitud, la verdadera felicidad, en las personas que queremos (y en consecuencia, en nosotros), cuando somos creativos, cuando somos alegres, con capacidad para sorprender y asombrar con pequeños detalles cada día que refuerzan esos vínculos tan necesarios. Cuando se es capaz de reconocer a la persona que tengo delante, de generarle esa seguridad, y a la vez esa libertad para que pueda ser quien quiera ser. Emmanuel Faber dice que “He descubierto que se puede vivir con muy poco, y ser feliz.” Efectivamente, porque la cuestión no radica en tener mucho, sino en que lo tengamos sea de calidad. Menos siempre es, y será, más.

No alcanzamos a lograr comprender que las medallas individuales deben quedar atrás, los premios por nuestro trabajo, por nuestras funciones; que todo ello puede estar genial para llenar la pared de nuestro despacho. Pero la verdadera realidad es que no debemos esperar eso; que uno debe vivir con absoluta pasión cada día de su vida, y entregarse a las personas que quiere, generando esa seguridad y esa libertad que tanto necesitamos. Una seguridad y una libertad que nos conduce a un profundo respeto y amor por la persona que tenemos delante, porque lo que pretendemos es que descubra quién es y qué quiere. Porque nadie es en sí mismo; cuando uno consigue vibrar cada día, emociona a quienes están a su lado. Y esa emoción es el paso previo a la mejor sonrisa posible en la cara que tiene en frente.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y generen esos espacios de seguridad, de libertad, que tan necesarios son para el crecimiento personal de cada persona.

“…que seamos las relaciones que tenemos, cómo las tenemos y con quién, nos refriega una obviedad que demasiadas veces olvidamos: que hemos venido a este mundo a amar y a ser amados, a dar y a recibir. Todo es amor o bien su negación, que tiene una gama que va desde la indiferencia hasta el odio, siempre tan opuesto y tan próximo al amor. O celebramos el amor o exhibimos a golpes y gritos su ausencia. Ternura y violencia son expresiones puras del mismo deseo y necesidad: el de estar pendiente el uno del otro, ya sea para cuidarnos o hacernos daño, para salvarnos o matarnos. Y como hemos venido aquí a relacionarnos, la educación es el arte y oficio sublime de aprender a hacerlo mientras se enseña, y de enseñar a hacerlo mientras se aprende. Es más verbo que sustantivo, más ejemplo que discurso, vive del hecho y no de la palabra, impone la realidad sobre la idealización. Solo estando de verdad, de todo corazón, siempre, puedes aprender y enseñar a estar.” (Carles Capdevila)
“¿Se está haciendo correctamente lo correcto o mejorando una estupidez?”

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