Brillar cuando llueve

“Lo mismo es nuestra vida que una comedia; no se atiende a si es larga, sino a si la han representado bien. Termina donde quieras, mientas pongas un buen final.” (Lucio Anneo Séneca)

“Papá, ¿te acuerdas de antes de que cumpliera 5 años? Desde los 3 a los 5 años era una llorona. Lloraba todos los días. El día que cumplí 5 años, decidí que no lloraría más. Es lo más difícil que he hecho en mi vida. Y si yo puedo dejar de lloriquear, tú puedes dejar de ser un cascarrabias.” Esta es la contestación que le da Nikki a su padre, Martin Seligman; una contestación que como muy bien dice mi amigo Luismi (quien me dio a conocer este momento con el que inicio el post) es una reflexión tan potente que cambiaría la forma de Martin Seligman de entender el mundo, y de entenderse. Como muy bien me decía en el mensaje mi amigo: “Se puede ser y dejar de ser. Dentro de los límites de la física, la biología y el realismo.”

No se me ocurría mejor manera de comenzar este post, que comenzarla de manera conjunta con él, con Luismi, con uno de los buenos, de los grandes, con uno de esos leales que más allá de sumar, me multiplican. Porque este post va de esto, de lo que podemos cambiar, de que debemos cambiar porque el cambio es crecimiento, de que el cambio comienza en nuestra día a día con la compañía que elegimos, con lo que leemos, con lo que escuchamos, y con cuánto aprovechamos el tiempo mientras estamos con esas personas. En unos momentos en los que llegan las Navidades, ese momento que viene como anillo al dedo para la reflexión, para organizar encuentros, para comprobar cuánto y a la vez nada hemos cambiado cuando estamos con quien realmente somos, y no con quien forzamos una identidad que nada tiene que ver con nuestra esencia.

Esta lectura, este momento en el que quedamos tú y yo, querido lector, quisiera que fuera un momento para recordar lo que verdaderamente es importante, cuál es el concepto de triunfar en esta vida (que no es mío, sino de Jordi Nomen, pero me parece tan acertado que sería estúpido no compartirlo contigo); cuál es el verdadero motivo de vivir la vida que nos ha tocado; para qué estamos aquí, cuál es nuestra función; lo que deberíamos de empezar a hacer bien, y los detalles que deberíamos pensar en comenzar a cuidar. Allá voy.

Porque si tu mayor deseo es triunfar, recuerda que triunfar, tener éxito, tiene mucho que ver con lo que dice Jordi Nomen: “Triunfar es distinguir la verdad de la mentira, los tonos de gris que hay en el blanco y el negro, y saber hacer del error el fundamento para avanzar con acierto. Triunfar es vencer el miedo de fracasar sabiendo que el principal fracaso es no haberlo intentado. Por último, hijo, triunfar es tener la íntima satisfacción de saber superar los retos y ayudar a los demás a superar los suyos, ofrecer y pedir ayuda, esculpir el propio perfil de quien quieres ser, sin negar de dónde vienes ni dejar de crecer. Triunfar, hijo, significa, dejar huella y descubrir el amor por el trabajo bien hecho, anticipo del amor por uno mismo y por los demás. ¡Yo también quiero que seas un triunfador, hijo mío!”

De la misma manera, creo que a veces se nos olvidó que aquí estamos para hacer la vida un poco mejor de las personas que tenemos cerca, con quienes convivimos día tras día. Es fácil brillar en los días de sol, y cuando uno tiene el ánimo perfecto.  Pero tu vida verdaderamente cobra sentido cuando, aún en tu peor día, por una discusión o el motivo que sea, ves los ojos tristes de la persona que tienes delante, y entonces quitas el botón de automático, pasas de poner el foco en ti a ponerlo sobre la otra persona, para arrojar un poco de luz, un poco de energía, una sonrisa, un abrazo, un “vamos, que esto lo sacamos”, con cariño, con amor. Desprenderse de uno mismo, para poner el foco en la otra persona es un acto de humildad tan potente, que hace que la llama de la esperanza vuelva a brillar. Hoy más que nunca es tiempo de esperanza, es tiempo de brillar, y ayudar a brillar. Es fácil que la llama brille en día soleado; lo difícil es que aún cayendo la mundial de agua, tú aguantes esa llama y la mantengas viva. Porque como dice mi amigo Rafa, #siemprehayquesumar .

Y referente a los detalles, me viene a la mente la frase de Epicuro de Samos: “Quien no considera lo que tiene como riqueza mayor es infortunado aunque sea el dueño del mundo.”  Volvamos a recuperar la sensibilidad de cuando éramos pequeños, ese nivel de percepción, de sorpresa, de asombro que nos lleva a la alegría por todo lo que tenemos, que es mucho más de lo que imaginamos, y recodemos siempre no porque lo que tengamos implica que siempre va a estar ahí. De la misma manera que podemos llegar a ser completamente idiotas por añorar lo que no tenemos, podemos llegar a ser sumamente tontos no aceptando que la vida que tenemos es un regalo, que las personas que conocemos por amigos son una bendición; pero también convendría recordar que todo lo bueno, hay que atenderlo y cuidarlo para que la magia jamás desaparezca.

Porque la magia no te la da la Navidad. La Navidad nos ayuda a recordar lo que fuimos, los momentos que vivimos, las sonrisas que una vez aparecieron en nuestra boca y que vimos en nuestros padres, abuelos, primos, amigos. Pero la Navidad también nos invita a recordar que esto no debería darse solo en estas fechas; que más bien Navidad debería ser cada día de nuestra vida, porque la magia está en nosotros. No está en nada externo; lo externo puede ayudar más o menos, pero la magia está en ti, en tu corazón, en la manera en que miras al mundo, dar sin esperar nada a cambio, dar desprendiéndote por completo de ti porque vives y actúas del modo en que eres feliz, y eres feliz porque lo haces según aquello en lo que crees. Porque como dice Martin Seligman al comienzo del post, “se puede ser y dejar de ser”. Yo te invito a que seamos, a que estemos, a que nos reconozcamos, hoy y siempre, con el único fin de ser felices. Eso es lo que para ti deseo, querido lector, que hoy y siempre seas feliz sabiendo valorar lo que tienes, en lugar de pensar en lo que podrías tener.

Que tengan una muy buena semana, y feliz Navidad. Recuerden, la magia está dentro de vosotros. Un fuerte abrazo

“El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del caballo negro (placer) y acompasarse con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.” (Platón)
“Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, pues, no es un acto, sino un hábito.” (Aristóteles)
“A lo largo de mi vida profesional, de quien más he aprendido es de los directivos humildes. Gente que combina visión, pasión, exigencia y humildad. Personas que encarnan un modo de hacer que compatibiliza la ambición de los negocios y de los proyectos con un talante personal contenido. Los grandes desafíos requieren grandes compromisos, y la altivez nunca fue la madre de compromisos consistentes. Y, finalmente, los directivos humildes no necesitan decirlo todo, hacen de la brevedad una forma de respeto a los demás. Procuran no ocuparles demasiado espacio, saben que su gente también tiene trabajo. Respetar a su gente significa no convocarla a cualquier reunión.” (Xavier Marcet)
“Bello es lo que nos conmueve, sea cual sea la textura de la piel que lo recubre. Hay belleza en la sonrisa carcomida del mundo porque la belleza, intuyo, no depende de lo admirado, sino de la calidad de la mirada que lo percibe o el sentido admirativo que se recrea y de la pureza del corazón que lo siente.” (Jordi Nomen)

 

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No tener proyecto

“El hombre no es sabio por lo que dice, el hombre es sabio por lo que HACE”. 

Se ha llegado a un punto en el que, a pesar de tener toda la información posible a nuestro alcance en cuestión de segundos, lejos de ser esto una consecuencia positiva que incremente las capacidades del ser humano y contra todo pronóstico, lo ha convertido en más estúpido, cómodo, si cabe. El ser humano se ha acostumbrado a pensar, a leer, a actuar, y en definitiva a vivir, sin pararse a pensar el por qué y para qué de sus acciones. En consecuencia, la situación ha degenerado tantísimo que parece que vale todo, que cualquier movimiento tiene suficientes motivos, cualquier discurso es válido, pero el problema ya no solo es de quien lo dice, sino de quien lo recibe porque no pone filtros, porque el envoltorio del caramelo emboba tanto, que no se analiza lo podrido que está por dentro.

Y es que nos hemos acostumbrado a los discursos vacíos, a la oratoria fácil que sabe tocar muy bien los sentimientos de la gente logrando que el sentimiento envuelva a la conciencia con una palabrería barata de contenido, pero de coste muy alto en lo que a consecuencias se refiere. No se deja de escuchar proyectos por todos lados, proyectos de líderes políticos, proyectos de empresarios, proyectos de coordinadores en fútbol base, proyectos de líderes de equipos deportivos, pero….¿verdaderamente cuál es ese proyecto? No sabrían contestar, porque no lo saben, porque el nivel de concreción de sus líneas de acción es tan bajo, es tan pésimo, que rezan para que no haya una pregunta que busque rascar un poquito entre tanto cemento de mentira, entre tanto envoltorio brillante.

¿Y esto, por qué se produce? Porque hemos dejado de analizar, de reflexionar, de pensar en definitiva, y es mucho más cómodo dejarse llevar por parte del que recibe el discurso, el mensaje, el proyecto. Puede más la predisposición que el paso a la acción, dando únicamente por válido aquello en lo que yo creo, independientemente de la burrada que se esté divagando o diciendo. Tanto si estoy a favor, como si estoy en contra, se ha dejado de cuestionar todo aquello que nos dicen, y bien podría aplicarse aquí el famoso mito de la caverna de Platón, en el cual podrían ser infinitas las personas que hoy en día prefieren permanecer dentro de la caverna, a salir ahí fuera y descubrir la verdad de las cosas.

Esto me lleva a la reflexión de que, si de un tiempo a esta parte es difícil encontrar líderes (ya sean políticos, deportivos, o sociales) que presenten un proyecto de verdad, con su línea estratégica a seguir (todo bien escrito, no solo hablado), con sus objetivos, acciones a llevar a cabo, pasos, focos de acción, decisiones a tomar en los próximos meses; es porque los que están al otro lado, los que escuchan y reciben el mensaje, a esos receptores les vale cualquier mensaje. Se dejan envolver por colores, tradiciones, banderas, escudos de fútbol, sin pararse a pensar o analizar por un instante las consecuencias de aquello que votan o están a favor, y eso es un verdadero problema. No se quiere un proyecto de verdad, porque eso implicaría hacer trabajar la mente del que lee o escucha ese proyecto, y eso requiere un esfuerzo que en la mayoría de las ocasiones no se está dispuesto a realizar.

Por el contrario, si el mensaje que se emite es un mensaje banal, vacío, que toca un poco los sentimientos (que no son los de pertenencia, porque por pertenencia se entiende otra cosa totalmente diferente), que genera un poco de crispación porque ese mensaje siempre de una manera directa o indirecta deja en mal lugar al contrincante (porque siempre hay una competencia que hundir); con esos dos ingredientes es más que suficiente para conseguir que las masas aplaudan al “líder”, que le sigan, aún siendo tan triste que si uno se parase a preguntar: ¿Por qué y para qué le sigues? la respuesta sería tan vacía como el discurso que acaban de escuchar.

Un tiempo más tarde, cuando ese mensaje deja de funcionar, cuando el oyente, el seguidor, se siente engañado y que le han tomado el pelo, sucede lo mismo una y otra vez: no se asumen las responsabilidades, y echamos la pelota a otro tejado. Quizás, solo quizás, se debiera hacer un poco de autocrítica en lo que a uno mismo se refiere, cuánto se ha hecho por avanzar, mantenerse en el sitio, o incluso retroceder por mera comodidad diciendo aquello de ” es que yo no puedo hacer nada”. Ya lo decía bien claro Platón en su momento: “La fortaleza de la ciudad reside en el valor de sus ciudadanos.” Y probablemente ese sea otro gran problema que se viene dando los últimos años, consistente en hacer poco, muy poco, o nada; pero criticar, “rajar”, y buscar la medalla de manera incesante; siendo muy difícil que una sociedad avance de esta manera porque la culpa siempre la tendrá otro, siempre habrá otro que cometa el fallo, que no sepa gestionar, que no sepa trabajar; en lugar, una vez más, de hacer autocrítica y saber ver qué estoy haciendo yo por mi empresa, y si yo estoy verdaderamente alineado con lo que se defiende en ella.

No deberíamos por tanto equivocarnos, y creo estar casi convencido de que, del mismo modo que un equipo de fútbol es lo que el entrenador, sus capitanes, jugadores, proyectan día tras día, un país es lo que el ciudadano proyecte día tras día. “Día tras día”; no un momento puntual, en una situación concreta; sino más bien tiene que ver con el hacer cotidiano, con lo diario. ¿Y cómo logramos revertir esta situación? Efectivamente…teniendo un proyecto, un proyecto de país, un proyecto de empresa, un proyecto de equipo de fútbol, del asunto que ocupe; y manteniéndote fiel, coherente, y consecuente con ello hasta las últimas consecuencias. Diseñando una hoja de ruta, unos objetivos enmarcados en una temporalidad, unas líneas de acción, pasos a seguir, análisis constante, sentimiento de vulnerabilidad (esa palabra que tanto miedo da porque puede más mi medalla, que el bien colectivo), pruebas de ensayo-error (como la propia vida, pero al mismo tiempo impidiendo el inmovilismo), y más factores a tener en cuenta que es lo que, verdaderamente, convierten y definen a un proyecto. La segunda pregunta sería: ¿Estamos dispuestos a tener un proyecto, y asumirlo, con todo lo que conlleva? Porque como bien diría Ernest Hemingway, “el secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad.” 

Que tengan una muy buena semana, y recuerden, somos el producto de las decisiones que tomamos. Un fuerte abrazo, buen puente, y disfruten de lo que la vida les regala.

“Yo no enseño a dirigir personas. Yo enseño a dominarse a uno mismo.” (Peter Drucker)
“Comete más errores. Triunfa antes.” (David Kelly)
“Si yo tuviera una hora para resolver un problema y mi vida dependiera de la solución, gastaría los primeros 55 minutos para determinar la pregunta apropiada, porque una vez que supiera la pregunta correcta, podría resolver el problema en menos de cinco minutos.” (Albert Einstein)
“Un cacahuete flotando en una piscina, ¿sigue siendo un fruto seco? Y un veneno caducado, ¿te mata más?” (Luis Piedrahita)
“Reimaginar es la principal tarea -y responsabilidad- de nuestra generación. (Tom Peters)

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Sentirse vivo

“La madurez es la aceptación de la fragilidad que nos anima a hacer de las circunstancias que nos ponen a prueba el punto de partida para la reflexión que las juzga y valora. Es el reconocimiento de los errores y la investigación, a veces infructuosa y fracasada, de la resolución de problemas que la existencia hace inevitables.” (Jordi Nomen)

Resolución de problemas que la existencia, la propia vida, hace inevitables cada día que vivimos. Y ante estos problemas es implícito, necesario, que exista una predisposición en nosotros/as a aprender, a crecer, en definitiva, a madurar. Incluso a veces puede darse el caso de que desconocemos el problema, hasta que lo sentimos, lo percibimos, y es en ese momento cuando somos conscientes que necesitamos aprender a gestionar eso, un “eso” que a veces tiene mucho que ver con lo emocional.

Jamás se me olvidará la primera vez en la que yo fui consciente de que había algo, dentro de mí, que aún estaba por resolver. Me encontraba realizando las diversas pruebas que en este caso la Comunidad de Madrid te realiza, para establecer el grado de discapacidad que tienes. Estas pruebas consisten en entrevistarte, someterte a pruebas, con especialistas como es en este caso un otorrinolaringólogo, un psicólogo y dos personas más involucradas en ese proceso de análisis. Todo marchaba fenomenal, hasta que me senté delante del psicólogo, y me preguntó mi experiencia de vida, qué me había pasado hasta entonces. Es justo en ese momento, en el relato de todo cuanto había acontecido en mi vida, que me sorprendo a mi mismo llorando con una emoción que jamás había experimentado. Estaba sorprendido y emocionado a partes iguales, sin saber por qué me ocurría esto. Comencé a entenderlo cuando me dijo, a modo de pregunta: Es la primera vez que haces esto, ¿verdad?

A veces aprendemos por gusto, porque queremos, porque nos apetece, otras en cambio buscamos las soluciones que podemos para aguantar el tirón como se puede, para llevar la situación de la manera posible convirtiéndola en normal, cuando en realidad no lo es. Superar obstáculos implica a veces, a nivel emocional, poner capas a tu piel, corazas a tu armadura, llámalo como quieras, con el fin último de que quienes te quieren no te vean mal, para evitar preocupaciones, para evitar más momentos de desánimo. Es una posición de total desprendimiento de ti mismo, para ponerte en el corazón de las personas que tienes alrededor con el fin de que no sufran, con el objetivo de que todo se lleve mejor en silencio, como si nada pasase, mentalizándose uno mismo de que cualquier situación tiene solución por negro que se vea, “aunque estés más hundido que el Titanic” como me ha dicho uno de mis mejores amigos esta mañana, hablando de otro tema.

Pero todo este proceso, como bien me explicaría Noe, mi querida Noe, supone sin que te des cuenta un bloqueo emocional espectacular, porque durante muchos años has amortiguado, atenazado, frenado, tus emociones, y eso también afecta a las positivas: “Enhorabuena Pablo, porque eso es sentirse vivo. Todo lo que te está pasando, todo lo que estás recibiendo y aprendiendo de otra/s persona/s, de este momento, es una bendición.” Amortiguas las malas noticias, las transformas en buenas en tu cabeza creyéndotelo como nadie se lo creería para seguir caminando, transformas las burlas del colegio en aspectos que te motiven a seguir adelante; el veredicto de enfermedades, la resolución de una operación que se torna fallida; todo eso lo amortiguas, suavizas el impacto, tus emociones no se desprenden de la misma manera, y eso ayuda a seguir, a que todo parezca normal para las personas que te quieren. Porque siempre he creído que, de lo contrario, se podría generar un círculo “vicioso” espantoso, en el cual jamás he querido entrar. No sé si es lo correcto, o lo erróneo, pero es en lo que creía, que había que salir de ese bache como fuera, aunque por dentro esto implicase una “capa” más.

Por este motivo, de la misma manera que dice Jordi Nomen al principio, es tan importante la aceptación de nuestra fragilidad, la aceptación a fin de cuentas de que nunca es tarde para aprender; como es en este caso, aprender a sentirme vivo. A estar vivo de verdad, y no solo por lo que haya podido leer, estudiar, escuchar, profundizar, desaprender para volver a aprender. Sino también a tu predisposición a conocer personas nuevas, de tu entorno de trabajo que suman a tu ser, a tu esencia, quienes te ayudan a ver la vida de otra manera, que no es ni mejor ni peor, porque tiene más que ver con sentir que con vivir. Antes vivías; ahora sientes que vives. Los abrazos empiezan a notarse diferentes, los besos, las caricias, las miradas, las imágenes que te regala el propio día desde un amanecer (como el que vivimos mis amigos Jorge, Manu, y yo mientras íbamos a la carrera de las aficiones, y que el propio Jorge, en un intento de autoconvencerse por el madrugón diría: “Solo por este amanecer, ya ha merecido la pena.”)

Si tu predisposición en el aprendizaje personal de tu vida es la correcta, un día, sin esperarlo si quisiera, te encontrarás con la persona o las personas adecuadas, que lograrán hacer un click no solo en tu cabeza, sino en tu corazón, ayudándote a sentir más, y mejor, toda la información que le llega a tus sentidos. Información que ahora no tiene que superar capas, corazas, muros, filtros, porque con ese aprendizaje de vida desde una posición de humildad y amor has conseguido cambiar, has conseguido desaprender hábitos (que probablemente en tu momento te ayudaron), para generar otros nuevos que van más acordes con el momento que vives. Lo pasado ayuda a gestionar el presente, de tal manera que nos acompaña hacia un futuro incierto, pero seguramente enriquecedor porque será lo que nos toque vivir, lo que estemos llamados a ser.

Que tengan una muy buena semana, y si aún no sienten lo que es la vida de verdad, comiencen a hacerlo. Emociona, pero es realmente bonito. Un fuerte abrazo.

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Hoy pongo esta imagen, porque la historia que guarda es realmente bonita. Darío Benedetto, jugador de Boca Juniors, perdió a su madre con tan solo 12 años, que falleció mientras veía a su hijo jugar en las competiciones nacionales. El golpe fue tan duro que Benedetto abandonó el fútbol por varios años; pero motivado por su padre y hermanos volvió a los terrenos de juego. Desde ese momento se prometió que haría sentirse orgullosa a su madre en cada partido. Ayer volvió a marcar, en el primer partido de la final de la Copa Libertadores. Hay historias que son lecciones de aprendizaje.

“Ser maduro es respetar y respetarte y ¡entender el niño o niña que llevas dentro cuando negocia con el adulto que quieres ser, y el abuelo sabio que a ambos aconseja prudencia y cordura!”. (Jordi Nomen)

Sentir, entender, y hacer

“Pablo es que por ejemplo, esto que nos estás contando ahora mismo a mi me está encantando, sé que me va a venir muy bien de ahora en adelante, pero también es verdad que nadie hasta ahora nos ha explicado cómo tenemos que hacer esto, ni cómo tenemos que hablar al público, o a otra persona.”

Llevo poco más de un mes con mi grupo de 1º de TEAS (antiguo TAFAD), y en ese poco espacio de tiempo he sido yo el que me he visto sorprendido, con aprendizaje a modo de reflexiones de sucesos que van aconteciendo en clase. El párrafo con el que inicio este nuevo post es una reflexión en voz alta que lanza uno de los alumnos, tras explicarles la manera de proceder en una presentación. Llevaban una semana de presentaciones, en grupos de 2-3 personas con un tiempo limitado, para presentar un tema concreto, y yo mientras tanto en cada exposición había ido tomando nota para posteriormente que ellos tengan el feedback en su email.

Pero aún con todo, creía oportuno que vieran cuáles son los cuatro aspectos que considero claves a la hora de realizar una presentación (mientras ellos iban recordando cómo había sido su presentación), de preparar una argumentación, un discurso, cómo enganchar, conectar, enamorar, a las personas que tenemos delante. Pues bien, el párrafo mencionado anteriormente a mi me deja de piedra y me planteó al instante la siguiente cuestión: ¿Qué les estamos enseñando a nuestros alumnos/as? ¿Qué les estamos transmitiendo a esos niños y niñas que, desde pequeñitos, ya están en la escuela? Si luego resulta que no saben hablar, comunicar, siendo ellos mismos quienes te lo reconocen.

A raíz de esta primera pregunta, comencé a conectar con el Máster Universitario de Humanidades que estoy cursando, y me acordé de la primera clase. En ella nos dijeron que para afrontar los comentarios de texto, los comentarios referentes a una obra literaria, nos debíamos plantear tres cuestiones: 1-. ¿Qué siento? Valorar y comprender. 2-. ¿Qué entiendo? ¿Qué significa? 3-. ¿Qué debo hacer?. Y en realidad, pensé, esto se puede (y creo que se debe) aplicar ya no solo como estudiante, sino como profesor y voy más allá, para la vida en general.

Cuando uno entra a una clase nueva debe valorar a los alumnos que tiene delante, comprender realmente quienes son cada uno de ellos, cuál es su historia, para de esa manera saber qué necesitan para continuar caminando hacia delante. Debo ser consciente plenamente de saber qué entiendo de esta situación, de la persona que tengo en frente, y qué significa para mí, porque la calidad del contenido que transmito está directamente relacionada con lo que él o ella espera de mí, las expectativas que tiene puestas en este proyecto sea del carácter que sea es una información sumamente vital para que se llegue a buen puerto. Y por último, qué debo hacer yo cómo persona, no como profesional, sino como persona.

Porque creo que este es un dato que olvidamos a menudo, unas veces porque no se termina de interiorizar, otras veces porque se pone la excusa de que hay contenido que dar porque luego vienen las auditorías, y un larguísimo etc de excusas para no hacer lo que se debe hacer, que no es ni más ni menos que mantener la balanza en equilibrio. Para conseguir esto debemos tener en cuenta que en cualquier contexto, ya sea una clase, una propuesta de proyecto empresarial; la afectividad, los sentimientos, las emociones, poner en juego mi inteligencia, mi lenguaje, mi diálogo, mi voluntad, mi libertad,  y todo lo que ello implica, me conduce de manera implícita a la búsqueda del bien, porque… ¿qué es lo que determina mi vida? La verdad del bien, la búsqueda de la verdad y del bien.

Esto nos lleva a plantearnos las mismas cuestiones que nos plantearon en esa clase: ¿A qué sabe la vida? ¿Cómo debo vivir? ¿Cómo puedo vivirlo hoy? Y todo ello, para finalizar,  me conecta con Parménides de Elea, quien afirma que “tengo que emocionarme, y saber captar ese destello. La realidad se presenta en unidad.” De la misma manera que esto debemos aplicárnoslo, debemos ser coherentes en la medida en que tratemos de aplicarlo con las personas con quienes vivimos día tras día. Es decir, como bien dice Parménides “si consigo que el mensaje que pretendo transmitir vaya acompañado de belleza, verdad, y bien, estaremos alcanzando la unidad, por tanto tengo un sentido.”

Y encontrando ese sentido a lo que hago, a lo que soy, y para qué estoy aquí, logro la felicidad ya no solo para mí sino para las personas que me rodean. Porque la felicidad “es una consecuencia, si alcanzo una de las tres alcanzo un grado de felicidad.” La realidad ni se puede ni se debe separar, es un compendio de una multiplicidad de factores lo cuales hay que tener en presentes.

Por todo ello, y enlazando con el principio de este post, debemos diferenciar en los docentes cuándo transmitimos instrucciones y cuándo transmitimos cultura. Se entiende por instrucción, según Gustave Thilbon, “cuando hablamos de meter cosas en la cabeza, y tratar la formación humana como “pienso”cerebral”Sin embargo, cuando nos referimos a cultura, aparece como “una creación continua, un alimento que desarrolla y perfecciona al sujeto que la asimila. O como bien diría Eduardo Herriot: “la cultura es lo que queda cuando se ha olvidado todo.” 

Y si esto lo trasladamos fuera de las aulas nos daríamos cuenta, si observásemos nuestro modo de comunicarnos, cuántas veces lanzamos instrucciones dando a entender que sólo nosotros entendemos del tema en cuestión, y cuántas veces comunicamos el mensaje en modo de cultura compartida, con pasión, humildad, y bondad. Les invito a que se analicen, a que se planteen las cuestiones que están en negrita en este post, y probablemente esto les ayude a comprender cuánta diferencia hay entre el profesional, la persona, que creen que son y la que en realidad proyectan.

Que tengan una muy buena semana, y como muy bien dice Gustave Thilbon, “es importante marchar, pero no podemos creer en la virtud infalible del movimiento como tal […]. Rechazamos marchar sobre todos los caminos y tras todos los rebaños. No marcharemos sino a condición de conocer el objetivo y de que ese objetivo sea la verdad y el bien. Si no, y esta palabra toma todo su peso de sabiduría y prudencia en el mundo en que vivimos, no echaremos a andar.” 

“Manejar la palabra es manejar magia.” (Gorgias de Leontinos)
“Solo el hombre virtuoso alcanza la verdad.” (Platón)
El amor tiene tanta fuerza como el destino.

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Ser lo que se ve

“¿Qué es un adulto? Es alguien que está ausente de su palabra y de su vida…y que lo oculta. Es alguien que miente. Miente no sobre esto o lo otro, sino sobre lo que es. Un niño se vuelve adulto cuando es capaz de semejante mentira profunda, esencial.” (Christian Bobin)

Honestidad para saber quién eres, coherencia para proyectar lo que eres, humildad para mantenerte siempre en esa imagen, y “bondad como único símbolo de superioridad“, como decía Ludwig van Beethoven, como leía hace muy poco en unas líneas escritas de una persona a quien aprecio mucho como es Jon Pascua Ibarrola. Cuatro elementos que considero básicos para alcanzar un estado de felicidad, desprendidos de todo y a la vez plenamente conscientes de cada instante. Cuatro contextos en los que, sin lugar a duda, la mentira no tiene cabida.

Porque con la mentira llega la falta de honestidad, la deslealtad, el cinismo, el ventajismo, o como diría el maestro Eduardo Galeano: Perder es el único pecado que en el mundo de hoy no tiene redención. “Yo no creo que valga la pena vivir para ganar, creo que vale la pena vivir para hacer lo que la conciencia te dice que debes hacer, y no lo que te conviene.”  La mentira llega probablemente como el camino corto hacia el ansiado éxito para algunos, para evitar de alguna manera conversaciones, discusiones, reflexiones, o hasta conflictos (sí, también son necesarios) con personas con quienes no queremos, no deseamos, vivir o mantener una situación de ese tipo, por las consecuencias, por el qué dirán, o por lo que pueda suceder cuando esa conversación, esa discusión, o ese conflicto, llegue a su fin. Por todo ello, preferimos la mentira, hacer parecer lo que no es, hacer ver lo que verdaderamente no es.

No es cuestión de romanticismo, de misticismo, o filosofía elevada a la metafísica, sino que más bien tiene que ver con aquello que nunca se debió perder en la búsqueda de la felicidad. Porque la felicidad no está fuera, no está en el contexto, ni en las posesiones, ni tan siquiera en las amistades, está en nosotros y nosotras como punto de partida. Me explico. Cuando uno sabe quién es, lo asume, lo interioriza, y lo proyecta; es feliz porque no se ve forzado a hacer o decir nada que no esté en la misma línea de ese modo de vida que lleva cada día.

No tiene problema en esperar, porque sabe que todo llega cuando toca y no cuando uno realmente desea; no ve inconveniente en hablar, cuestionar, discutir, aportar, argumentar sin miedo alguno a la consecuencia porque elegirá siempre las palabras correctas sin dejar que la ira, la tensión, el nerviosismo, la mala percepción a la que te lleva un estado inadecuado emocional; sino que puede permanecer en un estado de completa Cabeza Azul, como explicaría mi buen amigo Álvaro Merino en una de sus ponencias argumentadas en un trabajo de estudio y análisis sobre los AllBlacks. Tiene mucho que ver con nuestra manera de mirar a la vida, y no con cómo percibimos o cuestionamos que la vida nos trata a nosotros.

Varias veces (anoche en la cena con un amigo increíble) me han dicho que es difícil que a mi la vida me vaya mal, porque aún cuando lo he estado, mi sensación es que estaba bien. El argumento que yo le di fue el siguiente: “Este año, para mí, ha tenido un aprendizaje muy potente que me ha marcado, sin duda, y que me permite vivir tranquilo siendo como quiero ser, como soy feliz siendo y viviendo. He aprendido que no somos nada, en comparación con la inmensidad que nos rodea, y que verdaderamente aquí estamos de paso, para dejar un legado, un servicio, una enseñanza. En el momento que eso suceda, nuestra tarea habrá acabado, finalizado, y nos iremos. No sé dónde, ni en qué forma, pero nos iremos. Te pongo un ejemplo a algo que yo he dado vueltas, como es el camino hacia el Doctorado. Un Doctorado que, en muchas ocasiones, está valorado como algo pesado, que genera cansancio, por todo lo que se debe cuidar, hacer, cada curso. Pues bien yo lo enfoco desde otro prisma, otra perspectiva: No solo conseguir el Doctorado, sino mantenerlo a la altura que corresponde, es la única manera de que mis alumnos/as crezcan. ¿Por qué? Porque mi doctorado no es para mí, es para ellos y ellas. Mi Doctorado se traducirá en experiencias, vivencias, horas de estudio, de reflexión, de análisis, de congresos, y de experiencias. Todo ello lo trasladaré cada año, cada curso, a mis alumnos y alumnas, para aportarles (o intentarlo al menos) un significado especial, un plus, un añadido, que suponga un valor añadido en algún momento de su vida más adelante. Si enfocas el doctorado de esa manera; todo adquiere sentido, que no es otro que dejar un legado.”

Recordando las palabras de Christian Robin del comienzo de este post, jamás podemos permitirnos estar ausentes de nuestra palabra, de nuestra vida, y mucho menos ocultarlo. Estar en posesión de tu palabra, ser dueño y no esclavo de lo que dices, te permite aceptar con absoluta humildad la vida que vives, y que sabes que debe ser aprovechada primero para seguir conociéndote, porque solo en esa reflexión interna llegamos a las personas con quienes vivimos, generando los contextos necesarios para el crecimiento, para ayudar a creer y en consecuencia a crecer. Y esa vida plena solo se consigue con una herramienta: Amor. Porque como dice genialmente Christian Robin, “el amor no ensombrece lo que ama. No lo ensombrece porque no intenta tomarlo. Lo toca sin tomarlo. Lo deja ir y venir. […] El amor es libertad. La libertad no va con la felicidad. Va con la alegría. La alegría es como una escalera de luz en nuestro corazón. Conduce hasta mucho más arriba que nosotros mismos, hasta mucho más arriba que ella misma: hasta donde no hay nada más que atrapar, salvo lo inatrapable.”

En conclusión, esa manera tan auténtica de vivir, que genera paz y tranquilidad, solamente se logra cuando eres honesto, eres coherente, eres humilde, y tienes presente que la bondad es el único símbolo de superioridad que puede existir. La calidad de tu persona se traduce en la calidad de tus relaciones, de tus amistades; atraes lo que iluminas; conectas con aquello que ayudas a brillar. Recuerda, eres las experiencias que otras personas te han regalado, y gracias a los contextos que en su momento generaron para que tú crecieras. Tenlo presente.

“Ilumina lo que amas sin tocar su sombra.” (Christian Bobin)

Que tengan una muy buena semana, y disfruten de la vida. Un fuerte abrazo.

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Lujos transformados en necesidades

“Una de las pocas leyes rigurosas de la historia es que los lujos tienden a convertirse en necesidades y a generar nuevas obligaciones. Una vez que la gente se acostumbra a un nuevo lujo, lo da por sentado. Después empieza a contar con él. Finalmente llegan a un punto en el que no pueden vivir sin él.” (Yuval Noah Harari). 

¿Curioso verdad? Lo que en un principio era algo, ya fuera una lavadora, un coche, o mismamente un teléfono móvil, que satisfacía nuestras necesidades de una manera eficiente resulta que pasado un tiempo no podemos vivir sin él. ¿Nos hemos dado cuenta de lo dependientes que nos hemos vuelto con el paso del tiempo? ¿Somos conscientes de que, precisamente el teléfono móvil, en vez de generarnos tranquilidad por poder comunicarnos con quien estimemos oportunos muchas veces nos genera estrés que desemboca en enfermedades?

Si echamos la vista atrás, ¿quiénes vivían una vida más relajada, nuestros antepasados o nosotros?¿quién tenía una mayor calidad de vida? Y siendo más concreto aún, ¿tú crees que tienes ahora mismo calidad de vida? Es sorprendente, o al menos para mí lo es, darte cuenta de cómo ha evolucionado el ser humano con el paso del tiempo, y lo mal que elegimos, lo mal que tomamos las decisiones probablemente porque es la sociedad quien toma las decisiones por nosotros.

Por poner otro ejemplo, reflexión que viene en el mismo libro, ahora todo el mundo está obsesionado con viajar, las empresas ya no organizan viajes sino que regalan “experiencias”, todo idealizado en un contexto determinado, con una ruta de tal tipo, comidas aquí, cenas allí, visualizar la puesta del sol en un lugar concreto. “Experiencias” que se han incrustado de tal manera en la sociedad, que ahora ya se da por hecho que si existe una crisis de pareja, adivinad: ¿Qué ciudad eligen para intentar solucionar dicha crisis? Exacto, probablemente será Venecia o París, una de las dos. Y todo esto, el avance tecnológico, la manipulación del mercado hacia la sociedad para incrementar el consumismo intentando conocer al detalle a cada cliente me lleva a pensar lo siguiente: Qué predecibles y qué cómodos nos hemos vuelto.

Cómodos porque ahora con un click (ya no tienes ni que marcar contraseña, con poner la huella es suficiente) tienes acceso a aplicaciones que te ayudan a: Encontrar un compañero/a de piso; un coche nuevo o semi-nuevo; comida del tipo que quieras y que te la traigan a casa; un seguro de hora, un piso, vacaciones, viajes, y así podríamos hacer la lista tan extensa como quisiéramos. Y predecibles porque somos incapaces de tomar una decisión por nosotros mismos, estamos influenciados sin darnos cuenta desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. El mero hecho de ir de vacaciones fuera, ya sea a otra localidad o al extranjero, es un proceso que se ha convertido en cotidiano en la sociedad por ley, por decreto, casi de carácter obligatorio y que se llega a mirar mal al que no se va, o en definitiva, al que no hace lo que el 90% de la sociedad sí realiza.

Con esto no quiero decir que esté en contra del avance tecnológico, en contra de las nuevas “experiencias”; para nada. Lo que sí creo es que la sociedad, el ser humano lejos de hacer por evolucionar su carácter, su personalidad, para de esa manera mejorar la calidad de sus decisiones, se ha dejado llevar de la misma manera que las hojas que caen del árbol en el agua del río que pasa por allí fluyen, hasta que todas llegan a la desembocadura del propio río. Sin la más mínima intención de opinar, de ser diferente, de generar situaciones nuevas, conversaciones distintas.

Y el mayor problema que veo, lo que más me preocupa, es que toda esta evolución de todo lo que nos rodea en realidad nos ha alejado más aún, si cabe, de aquello que jamás debíamos habernos separado tanto: las personas con quienes convivimos día tras día. Porque son esas personas las que nos pueden aportar puntos de vista diferentes, cariño, amor, ternura, simpatía, discusiones constructivas que nos permiten crecer, conflictos que nos ayudan a resolver circunstancias laborales; personas que nos ayudan a encontrar nuestro talento, que nos ponen en nuestro camino para que desarrollemos todo nuestro ser. De todo eso, tristemente siento decir, que conforme más avanza la sociedad y el contexto que nos rodea, más distante nos encontramos.

¿Qué incoherencia verdad? Sin darnos cuenta todas las aplicaciones mencionadas anteriormente probablemente han quitado de un plumazo, en la misma pareja mencionada más arriba que se encontraba en crisis, experiencias del día a día como ir a hacer la compra, elegir en la tienda un sofá, ir a probar ropa nueva para un determinado evento; nos hemos quedado sin esas experiencias cotidianas para un tiempo más adelante buscar una “experiencia espectacular que solucione tu crisis” y para ello nos toca recorrernos un montón de kilómetros, con la única finalidad de cumplir un guión que ya viene establecido, que ya viene marcado, que es “lo típico” cuando verdaderamente si hay algo que funciona es ser único, diferente, y especial. Y eso, precisamente, no está en ninguna aplicación, en ningún medio tecnológico; está en ti, en tu persona, en tu ser, ahí es donde está tu magia.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo. Y como reflexión, que intentemos que nuestras decisiones estén a la altura de los tiempos que vivimos.

“Regala tiempo. No hay nada más bonito que un nuevo abrazo. Una charla. Un café o cerveza. La buena compañía no se puede comprar.”

A FIN DE CUENTAS

Me prometí tomar una gran decisión todos los días. Y no me ha ido mal. A fin de cuentas, cada mañana salto de la cama y me digo, mientras pongo en marcha la cafetera: Vivir es perdonarse la vida cada día. Toma el café tranquilo.”

“PUENTE DE SUEÑOS

Hay un puente de sueños que une las hazañas de los hombres con el sacrificio secreto de los héroes, y sobre él los brazos que se elevan, los brazos del que sabe que no hay victoria si no es para los otros ni derrota sino para uno mismo.”

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Aceptar

“Vivir en la más eterna libertad, decidiendo por nosotros mismos quiénes somos y cómo queremos vivir nuestras vidas.” (Jon Pascua Ibarrola)

¿Cuántas veces somos, verdaderamente, dueños de nuestras decisiones? Y yendo un poco más allá, ¿cuántas veces dejamos a los que nos rodean que sean los protagonistas de sus vidas? Con el tiempo, en los últimos meses, me he dado cuenta de la importancia que tiene el verbo aceptar, de la conexión que existe entre aceptar y comprender. Y que cuando logras que estos elementos encajen, entiendes y ves la vida de otra manera completamente distinta.

En primer lugar, porque terminas por entender que los acontecimientos a veces pasan porque deben pasar, y que la paradoja que tantas veces escuchamos de “todo sucede como conviene” cuesta entenderla, pero de verdadera lo tiene todo porque hay fuerzas que son superiores a nosotros/as. A veces los logros, los fracasos, los encuentros, los desencuentros, no llegan cuando uno quiere sino simplemente cuando toca. ¿Y qué podemos hacer nosotros? Aceptar; y esto no implica hacerlo desde una actitud pasiva, simplona, y común. Más bien tiene que ver con entender cómo a veces, los tiempos que uno se marca, no se corresponden con los tiempos naturales de los procesos.

No logramos entender que los procesos se aceleran, desaceleran, se estancan en espacios de tiempo que a veces se hacen eternos, y que todas esas velocidades a nosotros se nos escapan de las manos. No manejamos el acelerador, pero sí el volante durante el transcurso de nuestro viaje, y de ahí la importancia de disfrutar del paisaje durante ese viaje. Qué importante es nuestra actitud ante la vida, ante ese transcurso de los días, con el fin de sacar lo mejor de ellos, aunque no estemos bien. Pero en el momento que alcanzas a comprender que no vive mejor quien más vive, sino quien mejor contempla lo que pasa a cada instante, en ese preciso instante la vida se vive de otra manera.

Escuchas mejor, percibes mejor, atiendes más tiempo a todas tus tareas, eres mucho más eficaz en cada tarea que haces, y tu capacidad de mantener la atención, la concentración, aumenta porque el tiempo ya no te controla a ti, ni tú controlas el tiempo, simplemente vives. Por otro lado, si pasamos de poner el foco en nosotros, a poner la atención en las personas que tenemos a nuestro lado, ¿cuántas veces ha habido puntos de vista que no entendíamos, y que son motivo de discusión con esa persona? Los malditos estereotipos, los horribles prejuicios, y el mal arte de criticar absolutamente de todo y de todos está haciendo más daño del que nos podíamos imaginar. A lo mejor no es un problema de análisis nuestro, sino más bien un problema de aceptación y comprensión.

Parece que cuesta aceptar que cada persona es dueña de su vida, y que lo que verdaderamente importa es que esa persona (más si cabe si la queremos, y la consideramos parte importante de nuestra vida) sea feliz, en el más absoluto sentido de la palabra. Y ese gesto, ese simple hecho, implica al mismo tiempo aceptar que lo que ella decide es lo que verdaderamente le hace feliz. No se trata de amoldar a un amigo o amiga a como somos nosotros, sino más bien aceptar su realidad, aceptar su forma de mirar a la vida, aceptar el momento que vive en su proyecto de vida, y en esa aceptación, apoyarle. Eso sí es querer a una persona.

La gran mayoría de las discusiones tienen su origen, sencillamente, en puntos de vista diferente. No logramos nunca alcanzar a entender, bien sea por exceso de ego, falta de humildad, o por ambos, que nadie jamás tendrá la certeza absoluta sobre nada al mismo tiempo que deberíamos empezar a comprender que cada persona toma sus decisiones en base a sus experiencias vividas, que no son ni mejores ni peores que las nuestras, tan solo son las suyas, y con las que han conformado al mismo tiempo su manera de ver y vivir la vida. Si algún día logramos cambiar nuestra mirada, el modo en que conectamos con las personas, y comenzamos a entender que en la singularidad de cada persona está su belleza, probablemente comencemos a darnos cuenta de que cada persona con la que estamos es una oportunidad única e irrepetible de crecimiento, de aprendizaje, y de mejora para nosotros/as.

Que tengan un muy buen final de semana, y recordad, quien verdaderamente tiene magia en su personalidad, no necesita trucos. Un fuerte abrazo.

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“Vivir la vida desde la pasión y el corazón. Vivir en la más eterna libertad, decidiendo por nosotros mismos quiénes somos y cómo queremos vivir nuestras vidas. Disfrutar del camino sin olvidar el destino. Ítaca debe de permanecer siempre en el horizonte.” (Jon Pascua Ibarrola)
“La salvación del hombre consiste en el amor y pasa por el amor. Comprendí que un hombre despojado de todo todavía puede conocer la felicidad-aunque sea solo por un instante- si contempla al ser amado. Incluso en un estado de desolación absoluta, cuando ya no cabe expresarse mediante una acción positiva, cuando el único logro posible consiste en soportar dignamente el sufrimiento, en tal situación, el hombre es capaz de realizarse en la contemplación amorosa de la imagen de la persona amada.” (Viktor Frankl)
“Los supervivientes de los campos aún recordamos a los hombres que iban a los barrancones a consolar a los demás, ofreciéndoles su único mendrugo de pan. Quizás no fueron muchos, pero esos pocos son una muestra irrefutable de que al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la libertad humana-la libre elección de la acción personal ante las circunstancias-para elegir el propio camino.” (Viktor Frankl)