Coraje

«No se trata de liberarse de las mariposas, sino de hacerlas volar en formación.»

(Jack Donohue)

¿Cuántas veces hemos sentido esas mariposas, fruto de nervios, de emoción, por dar el paso? ¿Y en cuántas de esas ocasiones, esa tensión o esa emoción se ha traducido en miedo que paraliza y termina por impedir que actuemos? Con el paso del tiempo, de las vivencias, los momentos, uno se va dando más cuenta de lo importante que es saber canalizar todo ello para seguir creciendo. Porque de eso va la vida, de crecer, de brillar al mismo tiempo que no paras de sumar y ayudar a brillar a quienes están a tu lado.

Probablemente te estés preguntando cómo se hace eso, cómo dar ese paso. Pues bien, para mí todo reside en tres aspectos: consciencia, dignidad y enfoque. Decía Ramón Bayes en una de sus ponencias una frase, que ya se la había leído a mi querido Jon Pascua Ibarrola en más de una ocasión, que quiero compartir contigo: «La persona es el viaje y cada viaje es distinto. Lo importante no es llegar a Ítaca, lo importante es el viaje. Que sea un viaje consciente.» Es esa consciencia lo que nos permite captar la esencia de cada momento, teniendo muy presente que jamás se va a volver a repetir y por tanto requiere de toda nuestra atención. Porque como bien dice el propio Ramón Bayes, «hay que estar atento, porque hay momentos que son momentos extraordinarios y no te das cuenta.» Porque lo importante es la persona, tanto tú como la/s persona/s con quien compartes ese momento, todo lo demás es completamente secundario. Captar esa esencia es eliminar lo accesorio, lo opcional, para llegar a sentir la sencillez del momento, porque como bien me recuerda siempre mi amigo, «la vida es tan sencilla como disfrutarla.»

Una vez que tomamos consciencia de quiénes somos, pasamos al cómo vivimos, cómo decidimos, en definitiva, cómo nos comportamos en nuestro día a día. Y para ello siempre he tenido presente vivir con dignidad, impidiendo de esa manera que se me olvide que lo más importante en esta tarea del vivir es el cómo, tus formas, tus gestos, las palabras que utilizas, cuánto escuchas, cuánto hablas y qué dices cuando hablas te lleva a adoptar una postura de humildad, o por el contrario una postura de ego, chulería y creer que no puedes aprender de nada ni de nadie. Probablemente aprender sea de las cosas que más me encanten en esta vida, aprender de mi mujer, de mis padres, de mis amigos, de todas las personas con quienes comparto momentos. Aprender para así poder dar, para de esa forma poder compartir y seguir ayudando a crecer. Bertrand Rusell planteaba una cuestión que, creo, toda persona debería formularse: «¿Para qué estamos en el mundo?». Su respuesta esa, sencillamente, maravillosa: «Para ampliar el conocimiento y para ampliar el amor.» La vida no tiene sentido ni finalidad, si no es para compartir y dar lo que uno es y lo que uno tiene. La vida en equipo, cuando se vive de verdad, se traduce en que la suma de momentos sencillos da como resultado un final de semana con sensación de estar pleno. Porque sumas y esa suma hace que las personas que quieres sonrían, crean en sus posibilidades, sean valientes y vayan para arriba, en busca de respuestas a sus preguntas, manteniendo su inquietud intacta.

Y por último, el enfoque, que no es otra cuestión que tener siempre presente hacia dónde llevamos nuestra atención. Qué es importante y qué no lo es tanto. Atender a los pequeños detalles porque, como muy bien dice Swami Sivananda, «una montaña está hecha de pequeños granos de arena. El océano está formado por minúsculas gotas de agua. Del mismo modo, la vida es una sucesión interminable de pequeños detalles, acciones, conversaciones y pensamientos. Y las consecuencias de todo ello, sean buenas o malas, son trascendentales.» Es el enfoque lo que nos permite, al mismo tiempo, dirigir de forma correcta nuestras acciones, nuestros comportamientos, mirando por la persona que tenemos al lado, anteponiendo siempre el «nosotros» al «yo» individual. Porque la vida, cuando se vive y se comparte en equipo, se traduce en momentos sencillos pero inolvidables y eso es lo que nos vamos a llevar, al mismo tiempo que será lo que dejemos en los corazones de las personas con quienes vivamos.

De eso se trata, de tener el coraje cada día para ser auténtico, verdadero, con la firme intención de sembrar, de dejar huella, dejar un legado en forma de comportamientos, manera de entender la vida y anécdotas que sirvan de ayuda, motivación y guía para quienes están por venir. Dejar, en definitiva, una sociedad y un mundo mejor del que hoy tenemos, porque hay mucha tarea por hacer. La mejor obra siempre será la que esté por hacer. Que tengáis un muy buen fin de semana, os deseo una muy Feliz Navidad, disfruten de cada instante, regalen abrazos y besos cargados de amor y sigan creciendo tanto como sea posible. Un fuerte abrazo.

«La misma agua hirviendo que endurece un huevo ablanda una patata. Se trata de qué estás hecho, no de las circunstancias.»

(Anónimo)

«La felicidad no es el camino pero está en el camino. La felicidad es, más bien, la actitud con la que recorremos ese camino. Y nuestras ilusiones son, en parte, las que nos motivan a tener una buena actitud. Sin una buena actitud y sin ilusiones, no hay camino.»

(Jon Pascua Ibarrola)

«La esperanza es ser capaz de ver que hay luz a pesar de toda la oscuridad.»

(Arzobispo Desmond Tutu)

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