Contextos burbuja

«El talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad.»

(Johann Wolfgang von Goethe)

Cada vez se escucha hablar más de cómo desarrollar el talento, los dones, pero casi al mismo tiempo se comprueba cómo cae en el olvido un componente tan esencial de la persona como es el carácter. Decía Toni Nadal que «la frustración viene de una falta de ánimo de la gente, de una sobre valoración personal, de creerte que por ser quien eres tienes derecho a todo y todo te tiene que salir bien a la primera, además de una búsqueda exagerada de la inmediatez«; y creo que no puede tener más razón. Teniendo presente esto, ¿cómo se hace para evitar caer en este comportamiento que vemos tan a menudo? Evitando los contextos burbuja.

Como educadores, como formadores o entrenadores, una de nuestras mayores capacidades es la de diseñar el contexto más adecuado para que las personas a quienes formamos crezcan de manera plena. Por tanto, al mismo tiempo tenemos la responsabilidad de cuidar cada detalle en el diseño y construcción de ese escenario, desarrollando una forma de entender la enseñanza y la vida que evite el halago fácil, el feedback superficial y la complacencia. Necesitamos recuperar la esencia de la persona, desarrollar su capacidad de adaptación, evitar la queja (más conocido en la actualidad como estoicismo), generar oportunidades en lugar de esperarlas y aceptar que hay personas mejores que yo, más guapas que yo, pero que no pasa nada, porque la vara de medir la pongo conmigo mismo, no para compararme con el resto.

Decía Ginaluca Vialli, hablando de lo que trataba de enseñar a sus hijas, que «intento enseñarles que, en la vida, no pasa nada por ser vulnerable, por llorar o por estar triste. Hay que aceptar esas emociones naturales a lo que te pasa. Asimilarlas y tener presente que pasarán. Si nunca estás triste, ¿cómo sabes lo bueno que es estar feliz?» Y esto me lleva a la siguiente cuestión, relacionada con la educación que damos hoy en día: ¿qué se necesita para ser feliz? Hay un recuerdo que siempre me viene a la mente, cuando unas Navidades en la mañana de los Reyes Magos y tras abrir los regalos en casa de mis abuelos, nos olvidamos de todos los juguetes y me bajé con mi primo a jugar al fútbol con un balón tan desgastado que la cámara parecía estar a punto de salirse. A mí, en ese momento, me pudo más las ganas de disfrutar con mi primo y jugar con él (seguramente, al verlo, los Reyes Magos de Oriente se llevaron las manos a la cabeza). Quizás esta manera de entender la vida vaya en el sentido contrario de lo que hay actualmente, plagado de contenido en redes sociales, con una búsqueda permanente de lo material y la necesidad imperiosa de mostrarlo al mundo. Pero es esta tendencia lo que convierte en necesario y urgente recuperar ese otro concepto de felicidad e intentar enseñarlo cada día, compartirlo con ellos, porque esa formación no viene en ningún libro.

Es verdad que hay veces que parece que nuestros alumnos, o nuestros jugadores de nuestros equipos, nos ponen a prueba, por estar insoportables o inaguantables no logran comprenderlo cuando les transmitimos ese mensaje. Pero cuando esto sucede conviene tener en mente dos reflexiones, que ayudan a entender para qué estamos los profesores y/o formadores: entender que enseñar es un acto amor, en el cual entiendo la singularidad del ser de cada alumno y lo veo como la persona que está llamada a ser; y por otro lado, recordar con humildad que todos tuvimos esa edad y nos gustó que con nosotros tuvieran paciencia, calma, para guiarnos por el camino correcto y empleando las formas adecuadas. Hace tiempo que la información está alcance de un click, para estudiar o leer todo lo que desees. Por esa misma razón, nuestro valor diferencial está en cómo hacemos llegar y qué finalidad le damos a la información que nosotros sabemos, tanto la que está en los apuntes como nuestras experiencias de vida, a los alumnos, deportistas, que tenemos delante. Decirles lo que necesitan escuchar, no lo que quieren. Exigirles indicándoles la finalidad, al mismo tiempo que elevamos nuestra autoexigencia al mismo nivel.

La enseñanza, la formación, va mucho más allá de un mero número. Tiene más que ver con entender que todo consiste en la búsqueda de un propósito, que te lleve a ser tan feliz como se pueda cada día, encontrar un sentido que te lleva a querer mejorar, a querer crecer para sacar lo mejor de ti y darlo a las personas que tienes al lado. Un camino que requiere de paciencia en lugar de inmediatez, en el que se busca la felicidad y no el placer, que se disfruta más y mejor cuando lo haces en equipo, escuchando más que hablando, exigiendo y exigiéndote, siendo consistente ante la dificultad en lugar de instalarte en la queja y el lloriqueo permanente, dejando que la persona brille sin tocar su sombra. Esa es la clave, al menos para mí, para evitar los contextos burbuja.

Un fuerte abrazo y que tengan una muy buena semana.

«Tú vives siempre en tus actos. Con la punta de los dedos pulsas el mundo, le arrancas auroras, triunfos, colores, alegrías: es tu musica. La vida es lo que tú tocas.»

(Pedro Salinas)

Coraje

«No se trata de liberarse de las mariposas, sino de hacerlas volar en formación.»

(Jack Donohue)

¿Cuántas veces hemos sentido esas mariposas, fruto de nervios, de emoción, por dar el paso? ¿Y en cuántas de esas ocasiones, esa tensión o esa emoción se ha traducido en miedo que paraliza y termina por impedir que actuemos? Con el paso del tiempo, de las vivencias, los momentos, uno se va dando más cuenta de lo importante que es saber canalizar todo ello para seguir creciendo. Porque de eso va la vida, de crecer, de brillar al mismo tiempo que no paras de sumar y ayudar a brillar a quienes están a tu lado.

Probablemente te estés preguntando cómo se hace eso, cómo dar ese paso. Pues bien, para mí todo reside en tres aspectos: consciencia, dignidad y enfoque. Decía Ramón Bayes en una de sus ponencias una frase, que ya se la había leído a mi querido Jon Pascua Ibarrola en más de una ocasión, que quiero compartir contigo: «La persona es el viaje y cada viaje es distinto. Lo importante no es llegar a Ítaca, lo importante es el viaje. Que sea un viaje consciente.» Es esa consciencia lo que nos permite captar la esencia de cada momento, teniendo muy presente que jamás se va a volver a repetir y por tanto requiere de toda nuestra atención. Porque como bien dice el propio Ramón Bayes, «hay que estar atento, porque hay momentos que son momentos extraordinarios y no te das cuenta.» Porque lo importante es la persona, tanto tú como la/s persona/s con quien compartes ese momento, todo lo demás es completamente secundario. Captar esa esencia es eliminar lo accesorio, lo opcional, para llegar a sentir la sencillez del momento, porque como bien me recuerda siempre mi amigo, «la vida es tan sencilla como disfrutarla.»

Una vez que tomamos consciencia de quiénes somos, pasamos al cómo vivimos, cómo decidimos, en definitiva, cómo nos comportamos en nuestro día a día. Y para ello siempre he tenido presente vivir con dignidad, impidiendo de esa manera que se me olvide que lo más importante en esta tarea del vivir es el cómo, tus formas, tus gestos, las palabras que utilizas, cuánto escuchas, cuánto hablas y qué dices cuando hablas te lleva a adoptar una postura de humildad, o por el contrario una postura de ego, chulería y creer que no puedes aprender de nada ni de nadie. Probablemente aprender sea de las cosas que más me encanten en esta vida, aprender de mi mujer, de mis padres, de mis amigos, de todas las personas con quienes comparto momentos. Aprender para así poder dar, para de esa forma poder compartir y seguir ayudando a crecer. Bertrand Rusell planteaba una cuestión que, creo, toda persona debería formularse: «¿Para qué estamos en el mundo?». Su respuesta esa, sencillamente, maravillosa: «Para ampliar el conocimiento y para ampliar el amor.» La vida no tiene sentido ni finalidad, si no es para compartir y dar lo que uno es y lo que uno tiene. La vida en equipo, cuando se vive de verdad, se traduce en que la suma de momentos sencillos da como resultado un final de semana con sensación de estar pleno. Porque sumas y esa suma hace que las personas que quieres sonrían, crean en sus posibilidades, sean valientes y vayan para arriba, en busca de respuestas a sus preguntas, manteniendo su inquietud intacta.

Y por último, el enfoque, que no es otra cuestión que tener siempre presente hacia dónde llevamos nuestra atención. Qué es importante y qué no lo es tanto. Atender a los pequeños detalles porque, como muy bien dice Swami Sivananda, «una montaña está hecha de pequeños granos de arena. El océano está formado por minúsculas gotas de agua. Del mismo modo, la vida es una sucesión interminable de pequeños detalles, acciones, conversaciones y pensamientos. Y las consecuencias de todo ello, sean buenas o malas, son trascendentales.» Es el enfoque lo que nos permite, al mismo tiempo, dirigir de forma correcta nuestras acciones, nuestros comportamientos, mirando por la persona que tenemos al lado, anteponiendo siempre el «nosotros» al «yo» individual. Porque la vida, cuando se vive y se comparte en equipo, se traduce en momentos sencillos pero inolvidables y eso es lo que nos vamos a llevar, al mismo tiempo que será lo que dejemos en los corazones de las personas con quienes vivamos.

De eso se trata, de tener el coraje cada día para ser auténtico, verdadero, con la firme intención de sembrar, de dejar huella, dejar un legado en forma de comportamientos, manera de entender la vida y anécdotas que sirvan de ayuda, motivación y guía para quienes están por venir. Dejar, en definitiva, una sociedad y un mundo mejor del que hoy tenemos, porque hay mucha tarea por hacer. La mejor obra siempre será la que esté por hacer. Que tengáis un muy buen fin de semana, os deseo una muy Feliz Navidad, disfruten de cada instante, regalen abrazos y besos cargados de amor y sigan creciendo tanto como sea posible. Un fuerte abrazo.

«La misma agua hirviendo que endurece un huevo ablanda una patata. Se trata de qué estás hecho, no de las circunstancias.»

(Anónimo)

«La felicidad no es el camino pero está en el camino. La felicidad es, más bien, la actitud con la que recorremos ese camino. Y nuestras ilusiones son, en parte, las que nos motivan a tener una buena actitud. Sin una buena actitud y sin ilusiones, no hay camino.»

(Jon Pascua Ibarrola)

«La esperanza es ser capaz de ver que hay luz a pesar de toda la oscuridad.»

(Arzobispo Desmond Tutu)

Todo cobra sentido

«No puedes unir los puntos mirando hacia delante; solo puedes unirlos mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos de alguna manera se unirán en tu futuro. Tienes que confiar en algo: tu instinto, Dios, destino, vida, karma. Lo que sea. Este acercamiento nunca me ha decepcionado y ha hecho toda la diferencia en mi vida.» (Steve Jobs)

Hay momentos en la vida en los que uno percibe que todo empieza a cobrar sentido, porque todo el camino recorrido a base de no perder la esperanza, de seguir siempre hacia delante mirando con optimismo y tratando de sacar lo mejor que uno tiene dentro, te lleva a un punto de tu vida en el cual sientes que valió la pena. Pero no por una cuestión de ego o por un logro individual que ensalza tu autoestima; más bien porque ves un grado de felicidad en las personas que más quieres en tu vida que hace imposible no emocionarse.

Esta fue la emoción que sentí en numerosos instantes, con una fuerza increíble, durante todo el fin de semana en el que tuvo lugar nuestra boda, nuestro día; ese que con tantísima ilusión y emoción estábamos esperando. Ese día que, por más que te hayan dicho tus amigos que vas a sentirte de esa forma, vas a experimentar este sentimiento; da igual, hasta que no lo vives no eres realmente consciente de que lo que uno siente en ese momento supera a cualquier relato que te hayan podido contar. Es todo mucho más bonito que eso, es tremendamente maravilloso.

Es tan maravilloso que tiene ese punto de magia que perdura en el corazón para siempre, tanto que a día de hoy y escribiendo estas líneas me sigo emocionando como si estuviera allí, reviviéndolo de nuevo. Las sonrisas de mis amigos y esa emoción en sus ojos por poder estar todos juntos, por lo que íbamos a vivir desde el día de antes; las caras de felicidad de mi familia, mis primos, mis tíos, todos deseando disfrutar de ese día como niños; el recuerdo de quienes nos observaban desde el cielo; la sonrisa de mis padres desde el viernes y compartiendo juntos cada momento al máximo; la manera en la que fueron avanzando las horas hasta que me encontraba junto a mi madre esperándola a ella, a la mujer de mi vida. Ese momento inolvidable que tantas veces había soñado e imaginado, en el que entra en la catedral, vestida de blanco y agarrada del brazo de mi suegro y sientes que no puedes parar de llorar por una emoción tan bonita.

Porque ves su sonrisa, porque ves la manera tan mágica en la que brillan sus ojos, porque ese día se cumple nuestro sueño, ese día que tantas veces y durante tantos ratos nos hemos imaginado. El día en el que dices Sí, quiero, mientras la tomas de la mano, la miras a los ojos y sientes que no puedes tener más suerte, que no puede haber una suerte mayor que ver y sentir cómo es ese grado de amor con ella, de cariño, de confianza, de comprensión, de entendimiento, de conexión, es tan grande que la emoción por el momento que estás viviendo sabes que la llevarás contigo siempre, en tu corazón. Vivir, desde ese instante, para verla sonreír, para verla feliz, para crecer y caminar juntos.

Y es justo, en esos instantes, cuando percibes que todo cobra sentido. Que realmente valió la pena cada paso que diste, nunca dejar de confiar en el proceso, en el camino, seguir sacando lo mejor de ti para ayudar a que otros brillen. Seguir sumando, seguir arrimando el hombro tanto como sea necesario, sin poner una sola excusa, sin titubear, sin dudar de ti; siempre hacia delante y con ganas de más, de seguir creciendo y compartiendo momentos con esas personas tan especiales que forman parte de tu vida. Son esas mismas personas quienes ese día, viéndote emocionado durante todo el fin de semana, en ese altar esperando a quien hoy es tu mujer, saben lo importante que es para ti y se emocionan, lo sienten y lo viven como un día mágico, inolvidable y que llevaremos en el corazón para toda la vida.

Porque para mí la vida va precisamente de eso, de vivir momentos irrepetibles mientras emocionas a tu mujer, a tus padres, a tu familia, a tus amigos, en definitiva a quienes tienes en tu corazón y los cuidas con detalles sencillos pero sinceros. Nunca es tarde para decir «te quiero», para dar un abrazo o un beso de verdad, para dar las gracias porque te siguen queriendo y cuidando de ti, valorando todo lo que uno tiene y exprimiendo cada instante como si fuera el último. Vivir para sentir, sentir para emocionarse y emocionarse para sentirse vivo a cada instante, amando y cuidando a quienes están a nuestro lado.

Que tengáis una muy buena semana y por favor, nunca dejéis de caminar hacia delante. Un fuerte abrazo.

Fotografía: @ernesto.naranjo

Estadística vs Gestión de grupo

Leía hace relativamente poco el fragmento de un libro que decía lo siguiente: «A menudo, las cosas más simples de la vida son las que nos producen un mayor placer. Un abrazo de alguien que nos quiere justo cuando más lo necesitamos, charlar con un amigo y perder la noción del tiempo, llegar a casa hambriento y encontrarte una deliciosa comida casera o incluso un vaso de agua bien fría cuando estás muerto de sed.» Probablemente hay quien, a día de hoy, sigue sin comprender la consecución de la 14ª Uefa Champions League por parte del Real Madrid CF y , en mi humilde opinión, creo que una de las claves ha estado en Carlo Ancelotti, precisamente, en su capacidad para atender a las cosas más simples del día a día con su club.

Hay una frase extraída de la entrevista con Jorge Valdano que resume, a la perfección, su forma de trabajar con el grupo: «Yo siempre intento distinguir a la persona, de lo que hace esa persona. […] Le digo siempre al jugador, hay la persona y el jugador. Yo soy una persona que entrena, que hace el trabajo de la persona que entrena. Por tanto, el entrenador elige el jugador que va al banquillo, no la persona que va al banquillo.» Exigir, por tanto, al profesional al mismo tiempo que se cuida y respeta a la persona. Algo que parece tan obvio y, al mismo tiempo, qué poco se ve y se entiende en el día a día. Hasta tal punto que, si echamos la vista atrás, en las encuestas que se hacían en diversos medios no se incluía al Real Madrid CF entre los candidatos a ganar la Uefa Champions League y en La Liga casi se le mencionaba por obligación, pero con muy poca credibilidad en el rendimiento que pudiera llegar a dar.

Sin embargo, la temporada que ha llevado a cabo el Real Madrid CF nos regala una reflexión, para mí, esencial cuando se quiere conseguir un rendimiento excepcional de un grupo de trabajo: La gestión de grupos no entiende de números, de estadísticas, de porcentajes y predicciones. Se entiende, más bien, desde el compromiso diario de la persona encargada de gestionar y liderar ese grupo de personas, cuidando los pequeños detalles, esas cosas simples que mencionaba al inicio del post: un abrazo sincero, tomarte cinco o seis minutos para una conversación con quien lo necesite, valorar el trabajo diario y la dedicación dando las gracias. Todo esto no se puede cuantificar pero, en realidad, es lo que marca la diferencia: querer y creer en las personas con quienes estás cada día, sabiendo qué toca hacer a cada momento, para que se sientan respetados, valorados y queridos.

Como muy bien dice Xavier Marcet en su último libro, «siento una gran admiración por esos líderes que transpiran inspiración y conjugan el compromiso en primera persona. Son esa gente que se gana el respeto yendo unos pasos por delante y dando ejemplo. Esos que saben que la consistencia es más fruto de los detalles que de los discursos. […] La consistencia reside en no llegar a una estación final y en entender cada parada como una nueva oportunidad.

Gracias, de todo corazón, por estar siempre ahí, al otro lado de la pantalla, porque para mí es una suerte tremendamente grande poder seguir compartiendo con vosotros todo lo que me llevo del día a día. Un fuerte abrazo y que tengáis un muy buen inicio de semana. Seguimos remando juntos.

¿Para qué vivimos?

«El amor es lo que cambia el rumbo de la vida. Muchas veces la vida está enfocada hacia algo (gloria, dinero, sexo, éxito), pero cuando te enamoras esa vida va hacia alguien. La mayor distinción entre las personas es quienes viven para algo y quienes viven para alguien.» (Fernando Savater)

¿Qué tiene el amor que nos hace sentir tan vivos? Un componente esencial que va implícito en el propio acto de amar: darse al 100% con un enfoque y un sentido muy claros. Es pasar de poner el foco en ti a ponerlo en la persona que amas, en la persona que tienes frente a ti, con quien compartes tu vida de forma diaria y cotidiana. De repente, notas que tus acciones van en una dirección, con un enfoque muy claro, miras de otra manera, escuchas de otra forma, utilizas el plural en lugar del singular. Pasas del ego a la humildad, de poner los focos en ti a ponerlos en quien realmente lo necesita y estás atento a cada pequeño detalle.

Y es que la vida va precisamente de eso, de pequeños detalles que lo único que exigen es atención para que nada pase desapercibido. Lo preocupante es que, rodeados de tanto medio tecnológico, lejos de estar más conectados que nunca en realidad nos encontramos demasiado distantes, todo demasiado políticamente correcto, todo muy frío, apenas sin sentimiento, casi todo por obligación. No paras de observar pandillas de chavales en las plazas y todos con el móvil delante; personas que pasean a su perro, ese que luego dirán que es su compañía perfecta, olvidándose por completo de él porque van pendientes de su móvil. Así podría enumerar infinidad de ejemplos, situaciones, o momentos que se ven a diario y que te hacen constatar que quizás estamos realmente olvidando lo que es importante.

Olvidamos que desconocemos por completo lo que va a suceder en los próximos diez minutos, y no es una frase hecha, es la más profunda y absoluta realidad. Quizás deberíamos tener esa sensación grabada a fuego, porque nos llevaría con más facilidad al siguiente planteamiento consistente en que lo realmente importante no es dónde estás, ni qué estás haciendo, sino con quién estás viviendo ese momento. Esa persona con la que estás sentado en un banco de madera durante horas, o en la terraza de casa hablando de todo, riendo, disfrutando; eso es justo lo que siempre deberíamos recordar. Porque si te das cuenta la playa o la montaña son realmente mágicas si es con esa persona con quien la disfrutas, con quien la compartes.

Quizás por eso amar de verdad, desde la autenticidad, sea algo tan maravilloso; porque es lo que realmente te acerca a esa sensación de plenitud. Ni el éxito profesional, ni el éxito social, te harán sentir de esa manera tan plena:

«-Mitch, si lo que quieres es presumir ante los que están en la cumbre, olvídalo. Te despreciarán de todos modos. Y si lo que quieres es presumir ante los que están por debajo, olvídalo. No harán más que envidiarte. Un alto nivel social no te llevará a ninguna parte. Solo un corazón abierto te permitirá flotar equitativamente entre todos. […] Haz las cosas que te salen del corazón. Cuando las hagas, no estarás insatisfecho, no tendrás envidia, no desearás las cosas de otra persona. Por el contrario, lo que recibirás a cambio te abrumará.»

Amar de verdad es abandonar lo políticamente correcto para pasar a expresarte desde tu coherencia con lo que sientes, con el sentimiento que late en lo más profundo de tu corazón y expresarlo con absoluta autenticidad. No reserves tanto esos besos, esos abrazos, esas risas, esos mensajes o llamadas porque nunca es tarde si se dice con amor. Al revés, probablemente si hubiera un poquito más de amor quizás no habría tanto conflicto tan absurdo, tanto nivel de crispación y tensión diaria, porque todos estaríamos enfocados en amar para ver a la otra persona feliz, amar para ayudarla a que saque lo mejor que tiene dentro día tras día, porque estás convencido de que es capaz de llegar hasta donde se proponga. Porque su sonrisa es tu felicidad.

Y eso es justo lo que te deseo a ti, que sonrías, que seas feliz y que encuentres esa felicidad que tanto buscas. Pero recuerda, quizás no esté tan lejos de ti como piensas. Un fuerte abrazo y feliz Navidad.

«El tiempo que tenemos no es corto; es que perdemos mucho. La vida se nos ha dado con largueza suficiente para emplearla en la realización de cosas de máxima importancia, si se hace buen uso de ella. Pero cuando se disipa entre lujos y negligencias y se gasta en cosas inútiles, cuando llega el último trance inexorable, sentimos que se nos ha ido la vida, sin reparar siquiera que se va. Lo cierto es que no recibimos una vida corta, somos nosotros los que la acortamos; ni somos indigentes sino pródigos. Pues así como las riquezas copiosas y regias, cuando llega a manos de un mal dueño, al momento se disipan; y cuando caen en manos de un buen administrador se acrecientan, aunque sean escasas, con su mismo uso, así también nuestra vida ofrece muchas posibilidades a quien la ordena correctamente.» (Séneca)

Virtud y felicidad

«Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felizmente. Pero andan a ciegas, cuando tratan de encontrar aquello que hace feliz la vida. No es fácil, por tanto, conseguir la felicidad, pues, con cuanto mayor afán uno la busca, más se aleja de ella, si ha equivocado el camino.» (Séneca)

Es justo en esa búsqueda de la felicidad cuando aparece la virtud, como cualidad de la persona que afronta la adversidad que se le pueda presentar en el propio transcurso del camino. Un camino que, por otro lado, todos esperamos que conduzca a la tan ansiada felicidad. Séneca nos regala una lección maravillosa consistente en entender, realmente, la importancia de la virtud para llegar a comprender que la felicidad no es un lugar, no reside en un concepto material concreto o determinado, ni tiene que ver con llegar a una estación determinada. La felicidad, por el contrario, se logra cuando el camino se recorre de manera virtuosa. Pero, ¿en qué consiste esto?

Consiste, como bien dice el propio Séneca, en evitar que «os atemoricen aquellas pruebas que los dioses inmortales ponen como estímulos al alma. La adversidad es ocasión de virtud. Y con razón serán llamados miserables los que se anegan en una felicidad desmedida, donde como en un mar tranquilo los detiene una calma nunca rota. Cualquier trance que les sucediere será una novedad: las cosas adversas atormentan más a los faltos de experiencia.» Porque justamente en eso, o al menos para mí, consiste vivir de manera plena y feliz, en acumular tanta experiencia como sea posible.

En estos tiempos en los que existe un elevado grado de incertidumbre, de temor, de preocupación, de querer encontrar respuestas a preguntas de manera permanente, quizás afrontar el día a día como un constante aprendizaje y permanente ejercicio de superación, en equipo y de manera conjunta, de mantener la calma afrontando la adversidad como una oportunidad de mejora personal sea más necesario que nunca.

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Cualquiera de nosotros desearía que estos momentos que vivimos jamás hubieran sucedido, partimos de esa premisa clara e inequívoca. Pero toda vez que nos encontramos aquí es imprescindible para tomar buenas decisiones pensar con calma, ordenar nuestros pensamientos y mirar dentro de nosotros tal y como nos invita a hacer Séneca: «Busquemos algo bueno, no en apariencia,sino sólido y valioso, y más hermoso aún por su interior. Ahondemos, no está lejos. […] . Vida feliz es, pues, aquella que sigue su naturaleza, que no se puede alcanzar más que con alma sana y en perfecta posesión de su salud.» Cuidemos el alma, desarrollemos nuestra virtud tratando de afrontar los pequeños o grandes obstáculos que la propia vida nos va deparando a cada instante y evitemos la comparación, el mirar a la persona que tenemos al lado porque eso solamente genera un desgaste innecesario que nos quita fuerzas para vivir nuestro camino de manera plena.

Un camino que, por otro lado, es mucho más bonito, pleno, enriquecedor y valioso cuando lo transitas en compañía de las personas a quienes amas, a quienes quieres ver felices cada día de tu vida, personas a quienes cuando ves sonreír tu corazón siente que puede absolutamente con todo. Todo camino necesita de amor para comprender, entender, sentir, emocionarse, no por grandes cosas materiales sino por la esencia de la vida: sujetar con fuerza la mano de la persona a quien amas, ver a tus padres sanos y felices, sentir los logros personales y las alegrías de tus amistades más cercanas como tuyas, como propias y celebrarlas de manera especialmente emotiva. Esa es la verdadera felicidad y me atrevería a decir que la manera más auténtica de vivir la vida.

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Como muy bien dice el maestro Séneca: «Quien está bien fundado, quiera o no, se sentirá inundado de una continua alegría de un supremo gozo venido de lo más hondo, pues vive contento con sus bienes sin codiciar otra cosa de sí. ¿Por qué, entonces, no ha de valorar estas cosas y compararlas con las pequeñas, frívolas y constantes movimientos de nuestro cuerpecillo? El día en que se sienta esclavo del placer, será víctima del dolor.»

Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo y feliz vida.

«Buscar la serenidad me parece una ambición más razonable que buscar la felicidad. Y, quizá, la serenidad sea una forma de felicidad.» (Jorge Luis Borges)

«El problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles sino importantes.» (Winston Churchill)

 

Aceptar y seguir

«Aceptar que habrá posesiones que no salgan bien, y hay que seguir jugando» De ese modo terminaba el seleccionador del combinado español de baloncesto, Sergio Escariolo, su charla previa al partido contra Australia. El paso previo a poder disputar la final  que hoy, contra la selección argentina, ha terminado 75-95. Campeones del mundo, otra vez. Otra vez tratando de convertir lo extraordinario, en algo normal, como si lo de hoy fuera lo lógico. Y nada más lejos de la realidad.

Digo esto porque hoy la selección española, hace unas semanas Rafael Nadal con la consecución del US Open después de 4 horas y 50′ de partido nos están regalando lecciones que según la manera en que las contemplemos pueden ser valiosas, o pasar totalmente desapercibidas. Pero de todo lo que se puede extraer de ambos ejemplos, me quedo con una palabra: consistencia. Que en palabras de nuestro seleccionador Sergio Escariolo bien podría equivaler a aceptar y seguir.

En uno de sus últimos artículos, Xaviert Marcet nos regalaba frases reveladoras como la siguiente: «Las empresas consistentes reaccionan rápido ante los primeros síntomas de debilidad de sus mercados. La consistencia no se fía de las inercias ni cree en superioridades morales o de marca de sus productos o servicios. Cuando hay señales de cambio (y, si puede ser, un poquito antes) toman decisiones correctoras o innovadoras. Las empresas consistentes viven de saber mantener la tensión siempre. Las empresas de éxito se relajan en sus celebraciones y creen que todo se arregla con un buen anuncio en el descanso de la Super Bowl o justo después de las campanadas de fin de año. Las empresas consistentes buscan el compromiso de su gente, de sus clientes, de sus proveedores.»

Vamos Rafa post

Y señalo este párrafo porque aparece una palabra que me parece clave, más aún si cabe en estos momentos de comienzo de clases en el curso académico, de temporadas en los equipos de deporte de base, así como en nuestros proyectos personales: COMPROMISO. ¿Por qué? Bajo mi punto de vista, el compromiso es uno de los elementos fundamentales para que nuestros proyectos sean disfrutados, y saquen nuestra mejor versión. No digo que a más compromiso, más éxito; no. Digo que a más compromiso, más disfrute con todo aquello que afronto cada día de mi vida, y más capacidad para persistir, para insistir, para defender y luchar aquello que quiero para mi equipo de trabajo.

Es importante diferenciar esto, sobre todo para aquellos que solamente buscan el éxito para la adulación posterior, porque lo primero que habría que preguntar es qué es éxito para ellos. Eso por un lado, y segundo dejar bien claro que siempre habrá factores que no estén en tu mano, que no puedas controlar, y que te impidan llegar al objetivo o meta que en un momento te marcaste. Ahora bien, si nos centramos en el compromiso de disfrutar de cada instante, de aprovechar cada momento haciendo brillar a quienes están a tu lado; conseguirás o no aquello que otros llaman éxito, lo que sí es seguro es que estarás en mejor predisposición de afrontar todo lo que esté por venir.

Porque la mayoría de las veces, por no decir todas, y es lo que nos recuerdan tanto la selección española como Rafael Nadal, como tantos otros deportistas, es que ganen o pierdan siempre siguen insistiendo, siempre intentan estar preparados para el próximo movimiento, para el próximo golpe, para una nueva aventura (ya lo decía Shakleton: siempre hay un nuevo movimiento). El partido, como la vida, no para, y hay que seguir jugando pierdas o no tu posesión como dice Sergio; pierdas o no el punto que estás jugando como afirmaba Rafael en la entrevista posterior a la final; siempre sigo y trato de enfocarme en el momento que acontece. Eso es compromiso conmigo mismo, y con todas las personas con quienes comparto ese proyecto: dar lo mejor de mi en cada instante de mi vida. Eso sí lo puedo controlar.

Equipo SEB

Como dice Fred Kofman: «Para ser un gran líder, debes comprender que buscar el éxito es, de forma paradójica, el modo incorrecto de lograrlo. El éxito es como la felicidad, no puede perseguirse directamente. Cuanto más directamente busques la felicidad, menos probable será que lo consigas. Perseguir la felicidad directamente te puede llevar a un placer hedonista a corto plazo, pero no te dará la felicidad auténtica. Para alcanzar el éxito debes vivir una vida con sentido y propósito. También debes perseguir la significatividad, la autorrealización y la autotrascendencia; no solo para ti sino para todos los que trabajan contigo.»

Compromiso conmigo mismo y las personas que quiero para dotar de significado a todo aquello que realizamos, ponemos en marcha, a cada momento de nuestra vida, trabajando en la realización como persona, e intentando que tenga una trascendencia. Consistencia para que significatividad, autorrealización y autotrascendencia se extiendan en el tiempo con todas las personas con quienes trabajamos en nuestro día a día: familia, pareja, compañeros, alumnos, generando en ellos entusiasmo y amor. No vivimos, ni trabajamos, para obtener likes. Vivimos para que, de alguna manera, ayudemos a encontrar a otras personas el significado, el sentido, y la trascendencia de sus vidas. Si lo conseguimos, desconozco si seremos unas personas de éxito o no, pero lo que sí es seguro es que nuestra vida será plena.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y les recomiendo que disfruten de los vídeos.



«Nos parecemos a muchas otras criaturas en su deseo de ser felices, pero la búsqueda de significado es la clave singular de lo que nos hace ser humanos.» (Roy Baumeister)
«La felicidad sin sentido caracteriza a una vida relativamente superficial, egocéntrica o incluso egoísta, en la que las cosas van bien, las necesidades y el deseo se satisfacen fácilmente y se evitan las dificultades y los compromisos exigentes.» (Roy Baumeister)
«La diferencia básica entre un hombre ordinario y un guerrero es que el guerrero se lo toma todo como un desafío, mientras que el hombre ordinario se lo toma todo como una bendición o una maldición.» (Don Juan, chamán mexicano)

 

Vivir

«Solo hay que vivir, vivir, vivir. Que nadie pueda etiquetar mis pasos. Soy timonel de mi propio barco.» Estas son las letras de una de las canciones de Pablo Alborán, y las elijo porque hoy quiero hablar sobre esto, lo que hacemos cada día a nuestra manera, vivir. Es curioso cómo de todas las acciones que llevamos a cabo cada día, si hay una que realizamos sí o sí es esta, la de vivir. Y sin embargo, ¿sabemos vivir? ¿qué es vivir?¿catalogamos la vida de los demás? ¿nos ocupamos de aprender a vivir?

Vivir de manera plena tiene que ver contigo, y poco con lo de fuera. Es saber centrarse en el momento presente disfrutando, o mejor dicho sabiendo disfrutar de cada momento, de cada instante que se vive prácticamente como si fuera el último. Porque la realidad, aunque tendamos a olvidar, es que no sabemos si será el último. Como decía Yamamoto Tsunetomo, «con seguridad no hay otra cosa que el propósito único del momento presente. Toda la vida de un hombre es una sucesión de momento tras momento. Si uno comprende completamente el momento presente, no habrá nada más que hacer, y no quedará nada por perseguir.»

Vivir alcanza su auténtico y verdadero significado cuando dejas un poquito de tu corazón en cada gesto, en cada acción, de tu día a día. Del mismo modo que le explicaba George Yeoman Pocock a Joe Rantz mientras construía uno de sus botes de remo: «Pocock se quedó en silencio, dio unos pasos hacia atrás para ver mejor el armazón del bote, se puso las manos en la cadera y estudió detenidamente el trabajo que había hecho hasta entonces. Dijo que, para él , el arte de construir un bote era como una religión. No bastaba con dominar los detalles técnicos. Había que entregarse espiritualmente, había que rendirse completamente. Cuando terminabas y te alejabas del bote, había que sentir que habías dejado en él, para siempre, una parte de ti mismo, un pedacito de corazón. Se volvió a Jose. «El remo-le dijo-es así. Y buena parte de la vida también es así; al menos las cosas que importan.»

Y aquí es donde aparece otra idea importante, «las cosas que importan» que tiene mucho que ver con la capacidad de relativizar, pero esta capacidad debemos entender que es personal, subjetiva, de cada uno de nosotros. Por tanto se debe cuidar mucho las valoraciones que hacemos de la vida de la persona que tenemos en frente, tratando de darle lecciones o intentando hacerle ver cuál es la decisión correcta. ¿Correcta?¿Incorrecta? Eso solo lo sabe cada persona, en su propio camino y con sus propias circunstancias. Querer de verdad es respetar estas condiciones, permaneciendo a su lado, e insuflarle energía, alegría de vivir en el recorrer de ese camino; pero nunca etiquetando o enjuiciando. Porque como muy bien dice Pablo Alborán en la canción, «soy timonel de mi propio barco».

Aprovechando que hablamos de barcos, y de remos, quisiera concluir este post con varios extractos que resumen muy bien cómo sentir ese momento felicidad. Un momento que, como muchas veces he dicho, se siente de manera verdadera en compañía de al menos otra persona. Porque probablemente, o yo al menos lo veo así, para mí vivir es tratar de ser feliz el mayor tiempo posible, y muchas veces ser feliz es ver la cara de felicidad plena en la cara de la otra persona, ver cómo brillan sus ojos, ver como se torna esa sonrisa tan increíble en su cara, ver que día tras días las personas que quieres de verdad crecen, avanzan, cumplen objetivos, incrementan su confianza, se atreven con retos nuevos; en definitiva: viven.

Es algo que solo puedes sentir, de la misma manera que sucede en el arte del tiro con arco, cuando te abandonas de todo lo exterior, te despojas de todo lo que tenga que ver con lo accesorio, y te centras en ser capaz de sentir en lo más profundo de tu corazón ese sentimiento de felicidad, de sentir cómo te llena por dentro. Es ahí cuando sabes que te sientes vivo, que estás viviendo: «Ese día Joe remó como nunca había conseguido remar antes: como Pocock le había dicho que remara, entregándose completamente al esfuerzo del equipo, como si fuera una extensión del compañero de delante y del de atrás, siguiendo perfectamente la palada de Hume, transmitiéndosela a Shorty, al que tenía detrás, en un flujo continuo de músculo y madera. Joe lo vivió como una transformación, como si se hubiera apoderado de él una especie de magia. Lo más parecido que le venía a la memoria era la noche de primer curso en que se encontró en el Lago Union con las luces de Seattle centelleando en el agua y la respiración de sus compañeros de equipo sincronizada como la suya, tal como delataba el vaho que espiraban en el ambiente oscuro y frío. Ahora, al salir del bote en el crepúsculo, se dio cuenta de que la transformación no nacía tanto de que él intentara hacer lo que le había dicho Pocock, como del hecho de que su equipo era un puñado de chicos con los que podía hacerlo. Sencillamente confiaba en ellos. Al final era así de sencillo.»

¿Y por qué sentían ese swing, ese estado de disfrutar del momento, de ese instante, de vivir como concepto elevado a la máxima potencia? Quizás esto nos ayude a entenderlo, entre otros factores: «Había una razón muy sencilla para explicar lo que pasaba. A los chicos del Clipper se les había seleccionado con una competencia muy dura, y de la selección había surgido una especie de personalidad común: todos eran hábiles, todos eran duros, y todos eran muy decididos, pero también eran todos buenas personas. Todos tenían orígenes humildes o habían sufrido una cura de humildad debido a los estragos de la época. Cada uno a su manera, habían aprendido que en en la vida no se podía dar nada por supuesto, que, a pesar de su fuerza, belleza y juventud, en el mundo había fuerzas que los superaban. Los retos a los que se habían enfrentado juntos les habían enseñado la humildad-la necesidad de integrar sus egos individuales en el bote como conjunto-y la humildad era la puerta de entrada común a través de la cual ahora podían juntarse y empezar a hacer lo que no habían podido hacer antes.»

Remando como un solo hombre

Concluyo este post con una reflexión que me llevé al hilo del documental que pude ver de Álex Roca y Valentí San Juan. Probablemente vivir sea la consecución de saber encontrar la felicidad en cada instante que vivimos, compartiéndola con las personas que queremos. Luchar de manera constante por los objetivos, sueños, que perseguimos aún sabiendo que habrá momentos duros que afrontar siempre, más o menos complejos. Y recordar que todo aquello que hacemos, decimos, en cada momento de nuestras vidas tiene más trascendencia de la que podríamos imaginar; por tanto, cuidemos lo que decimos, la calidad de nuestras acciones, y la manera en que tocamos el corazón de las personas que están a nuestro lado.

Os comparto un vídeo que, creo, merece la pena que veáis. Un fuerte abrazo, feliz domingo, y que tengáis una bonita manera de vivir.

 

«La mayoría de las personas no descubren qué es más importante en la vida hasta que son demasiado mayores para actuar en consecuencia. Pasan gran parte de sus mejores años persiguiendo objetivos que al final importan poco. Aunque la sociedad nos invita a llenar nuestras vidas de objetos materiales, la mejor parte de nosotros sabe que los placeres más simples son los que nos enriquecen y nos llenan. No importa que nuestra sea situación sea difícil o acomodada, todos poseemos una gran riqueza de sencillas bendiciones a nuestro alrededor, a la espera de que la valoremos. Si lo hacemos, nuestra felicidad aumenta. Nuestra gratitud se propaga. Y cada día se convierte en un asombroso regalo.» (Robin Sharma)
«Lo bien que vivas depende de cómo ames. El corazón es más sabio que la razón. Hónralo. Confía en él. Síguelo.» (Robin Sharma)

 

La verdadera victoria

«La competencia que hace crecer al ser humano es la de cada ser humano consigo mismo.» (David Dóniga Lara)

«Saber quién y cómo eres» dos preguntas fundamentales, y que sin embargo en la mayoría de las ocasiones se plantean tarde en el mejor de los casos, y en la mayoría de las personas no tienen la oportunidad de encontrar a otra persona que se las plantee. Dos preguntas que abren la llave a la posibilidad de generar un verdadero y auténtico auto concepto; dos cuestiones que son el pistoletazo de salida para trabajar en el incremento de la auto confianza, de la auto estima, y el enfoque de la atención en lo que realmente importa: tu camino.

No hablo de tu camino de manera individual, egoísta, y que solo lo recorres tú; porque si algo he dicho en numerosas ocasiones es que somos quienes somos, gracias a las personas con quienes recorremos ese camino. Me refiero, más bien, a evitar la comparación, a evitar como dice muy bien mi amigo David Dóniga, «que los demás sean mi instrumento de medida para medir mis logros, para darme valor.» Tendemos siempre a la comparación cuando los niños son pequeños, con frases tan penosas como «eres el mejor»; acompañadas de palmadas en la espalda que se convierten, con el tiempo, en frustraciones de un grado desmedido que no saben gestionar ni controlar.

Como bien me decía una de las personas más especiales que tengo en mi vida, «tienes que tener muy claro quién eres, y cómo eres, porque eso es lo que te permite ponerte en valor, teniendo muy presente qué es lo que mereces y qué no, aplicado a todos los ámbito de tu vida.» De hecho, hablando de lo que merecemos hay una frase que siempre repito a mis alumnos al terminar las sesiones: «No se conformen con menos de lo que merecen.»

¿Por qué? Porque normalmente, se tiende a infravalorar lo que uno tiene dentro de sí, el potencial que hay en su corazón, en su persona, y en lo que puede llegar a ser. Todos necesitamos que se tiendan puentes de conversación verdaderos, mediante el uso de la pregunta como palanca clave, para que suponga una invitación verdadera a recorrer el camino que merecemos disfrutar, y vivir. Porque la vida no se gana, se disfruta. Porque cuanto más se disfruta, más se crece.

Pero al mismo tiempo, es muy difícil disfrutar de la vida si uno no sabe quién es, cómo es, y no la vive con verdadero amor, con verdadera pasión. Porque como dice David, «sacar lo mejor de ti mismo y estar un poco más cerca de tu potencial servirá, a la vez, a los demás, como estímulo y ejemplo de mejora que incentivará su movimiento, provocará su contagio, su contaminación positiva.» Solamente podemos contagiar de esa manera cuando sabemos quiénes somos realmente, qué tenemos dentro que nos hace diferentes, y qué podemos sumar a las personas con quienes compartimos nuestras vidas. Porque los dones, si no son para compartirlos, carecen de sentido.

Y de ese modo, cuando uno entiende que la vida es ponerse «a disposición del rival, del compañero o del amigo al que nos enfrentamos, ya sea para ganar un premio, alcanzar un ascenso o sacar una sonrisa a un niño, implica comprender que, si damos lo máximo de nosotros, exigiremos al oponente que dé lo máximo de sí mismo, y viceversa» (David Dóniga Lara); solo entonces uno logra comprender que ha logrado ser la mejor versión de sí mismo, siempre con la ayuda de las personas especiales que hay en su vida, y con ello ha logrado la verdadera victoria.

Una victoria que sólo será verdadera, que solamente será auténtica, cuando realmente sepas quién eres, y cómo eres. Dos preguntas a las que dar respuesta es una tarea que se logra compartiendo tu camino con personas que te quieren de verdad, queriéndolas escuchar, y hacerles partícipe de tu crecimiento personal. Un crecimiento personal que está plagado de momentos, de conversaciones, de sonrisas, de miradas que no necesitan hablar, de abrazos, besos, reflexiones; que te llevan de manera verdadera, auténtica, a saber quién quieres ser, y cómo quieres ser.

Que tengan una santa Semana Santa, y nunca dejen de sonreír. Siempre hay una persona que necesita la luz de nuestra sonrisa.  Un fuerte abrazo.

«Ganemos o perdamos, ese resultado será anecdótico y celebrado por ambas partes. La verdadera victoria, gracias a ambos, habrá sido ser la mejor versión posible de uno mismo. Ese es el verdadero crecimiento.» (David Dóniga Lara)
«Nunca tengas miedo a tomar una decisión por miedo al fracaso, al «qué te dirán»; si estas convencido de que es lo que quieres, insiste. Ve a por ello, una y otra vez, más aún si tienes claro que vales mucho.»

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El cambio de perspectiva

Es sorprendente cuánto puede llegar a cambiar nuestra mirada, conforme pasa el tiempo, transcurren los años, y las vivencias pasan por nuestra piel. O puede que no, puede que todo pase delante de nuestros ojos, nada nos afecte, y por tanto no se produzca cambio alguno. Por ese mismo motivo se me planteaba esta cuestión: ¿Cómo y por qué cambiamos?

Hay una frase que últimamente resuena muchísimo en mi cabeza, en mi corazón, y que se le ha dicho en numerosas ocasiones a una persona muy especial para mí, consistente en lo siguiente: «La calidad de nuestras relaciones está relacionada, de manera directa, con la calidad de nuestras conversaciones.» Porque las conversaciones parten de personas, de encuentros, y los encuentros se dan porque existe una voluntad de al menos dos personas por encontrarse, verse, conocerse, o seguir conociéndose. Y a su vez la voluntad  parte de nosotros, de nuestro interior, de nuestro ser.

Dicho esto se debe ser consciente de que para que una conversación afecte, para que una pregunta cale hondo en nuestro corazón, o un consejo, el mensaje de una mirada diferente nuestra, debe haber una predisposición al menos a escuchar de manera verdadera, que no es lo mismo que oír. No, me refiero a escuchar. Porque escuchar, más allá de la capacidad auditiva, es desprenderse de uno mismo para centrar tu atención en la otra persona, en toda su persona, en lo que dice y cómo nos lo dice. Porque el cómo importa, y mucho. Porque la magia está en el cómo dices lo que sientes.

Querer crecer al mismo tiempo es reflexionar sobre lo que esas conversaciones te aportan, al mismo tiempo que implica un análisis de tu discurso, de tu argumento, durante esas conversaciones para también darte cuenta de cuánto aportas tú a la otra persona, porque una conversación siempre es bidireccional, sino pasa a ser un monólogo que termina teniendo un final irremediable más pronto que tarde. Para que me aporten, debo aportar. Para que me sumen, yo también tengo que aprender a sumar. Porque en el momento que quiero sumar, cambio mi postura y estoy reconociendo que mi versión siempre se puede mejorar, porque solo suma quien aprende, y solo aprende quien reconoce que cada día puede estar lleno de aprendizajes.

Y esos aprendizajes, que suelen conducir a transformaciones personales auténticas y verdaderas, no vienen solamente porque seamos muy buenos, porque estudiemos mucho, leamos siendo perfectos autodidactas. Eso puede valer, pero no es suficiente. Ese aprendizaje, ese contenido cultural, esa experiencia de vida, si no tiene misión, si no va acompañado de un «para qué», pierde todo su sentido. Además de ello, los mejores aprendizajes (hablando por mi experiencia), uno se va dando cuenta de que proceden de personas maravillosas, que basándose en la pregunta como eje principal de las conversaciones, acompañándola de una mirada que te penetra hasta lo más profundo de tu corazón, logra al menos cambiar tu postura, y acceder a contemplar el tema a tratar desde otra perspectiva, con otro color, con otra mirada.

Tu mirada cambia porque logras que cambie tu corazón, y cuando eso se produce, contemplas la realidad de una manera totalmente diferente. Esto lleva a pensar que esa persona maravillosa que tocó la tecla correcta, en el momento adecuado, y de la manera idónea, te quiere mucho. No te quiere porque te dé la razón en todo; todo lo contrario, te quiere porque te comprende, te entiende, te respeta, pero te invita siempre a mejorar porque cree en ti, porque su confianza en tu persona es ilimitada. Por eso te hace cuestionar, dudar, reflexionar; no con la intención de que te sepas peor que ayer; sino con la firme intención de que contemples una determinada parte de tu vida de una manera que, hasta hace muy poco, ni te planteabas.

Nuestro corazón se hace grande en la medida en que lo inyectamos de conversaciones poderosas, con personas increíbles que nos quieren de verdad, que confían y por ese mismo motivo quieren que no seamos tan rígidos.  Si algo llevo aprendido de un tiempo a esta parte, es que una persona puede llenarte de la manera que menos esperabas, llegando a contemplar tu vida de una manera que no imaginabas que fuera posible. Pero para llegar a ese punto, hay que mover tu voluntad. Hay que acceder a desprenderse de uno mismo, saber qué tipo de personas quieres en tu vida, porque en función de las conversaciones que mantienes con tus amistades, con tu pareja, con tus compañeros de trabajo, tu vida se enriquece o se empobrece por momentos.

La importancia de la mirada, la calidad de nuestro corazón, nos lleva a poder contemplar cada encuentro con esas personas, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestros estudiantes (en el caso de ser profesores), como un magnífico instante de oportunidades. De oportunidad para ti por poder aprender de ellos, y de oportunidad para generar esa confianza que tanto necesitamos todos para sacar lo mejor, para seguir con paso firme subiendo nuestro particular Everest, pero siempre recordando que en equipo los objetivos saben mucho mejor, que la vida compartida sabe triplemente mejor, y que es absurdo aprender, leer, incrementar tu conocimiento en definitiva, si no es para otra misión que dejar ese legado en las personas con quienes convives día tras día.

Por tanto, cuidemos nuestras conversaciones, cambiemos nuestra postura, nuestra predisposición en ellas, y estaremos cuidando nuestras relaciones. Hagamos brillar esas personas de la misma manera que lo hace el artesano, y estaremos viviendo cada día con una mirada limpia, profunda, sincera; y un corazón que es capaz de regalar momentos sencillos, pero sumamente extraordinarios. Abrazos que van de corazón a corazón; un «gracias» o un «te quiero» con una mirada que penetra hasta lo más profundo de la persona, son los gestos más sencillos, pero de un valor incalculable.

Que tengan una muy buena semana, y si pueden, vean la ponencia de comparto justo a continuación. Un fuerte abrazo, y sigan sacando su mejor versión cada día.

«Es necesario perdonar para poder avanzar. Tener humildad para reconocer que estamos equivocados.»
«Lo más importante para mí es descubrir cómo es cada individuo. No conoces a estos chicos antes de venir y tienes que descubrir con qué tipo de personalidad tratas. Quién es callado, quién es extrovertido, quién es el más inteligente, quién entiende de qué hablas más rápido…Aprendes a entender a la gente y formas opiniones sobre sobre quién encajaría en qué situación. Para mí, eso es lo más divertido, la parte psicológica. Todo el mundo conoce el talento de los jugadores, pero para mí, lo más importante es conocer quiénes son.» (Gregg Popovich)
«-¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar. 
-No me importa mucho el sitio. 
-Entonces, tampoco importa mucho el camino.» (Lewis Carroll, Alicia en el país de las Maravillas)
«Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada. Esta es prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.» (Jorge Luis Borges)

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