Contextos burbuja

«El talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad.»

(Johann Wolfgang von Goethe)

Cada vez se escucha hablar más de cómo desarrollar el talento, los dones, pero casi al mismo tiempo se comprueba cómo cae en el olvido un componente tan esencial de la persona como es el carácter. Decía Toni Nadal que «la frustración viene de una falta de ánimo de la gente, de una sobre valoración personal, de creerte que por ser quien eres tienes derecho a todo y todo te tiene que salir bien a la primera, además de una búsqueda exagerada de la inmediatez«; y creo que no puede tener más razón. Teniendo presente esto, ¿cómo se hace para evitar caer en este comportamiento que vemos tan a menudo? Evitando los contextos burbuja.

Como educadores, como formadores o entrenadores, una de nuestras mayores capacidades es la de diseñar el contexto más adecuado para que las personas a quienes formamos crezcan de manera plena. Por tanto, al mismo tiempo tenemos la responsabilidad de cuidar cada detalle en el diseño y construcción de ese escenario, desarrollando una forma de entender la enseñanza y la vida que evite el halago fácil, el feedback superficial y la complacencia. Necesitamos recuperar la esencia de la persona, desarrollar su capacidad de adaptación, evitar la queja (más conocido en la actualidad como estoicismo), generar oportunidades en lugar de esperarlas y aceptar que hay personas mejores que yo, más guapas que yo, pero que no pasa nada, porque la vara de medir la pongo conmigo mismo, no para compararme con el resto.

Decía Ginaluca Vialli, hablando de lo que trataba de enseñar a sus hijas, que «intento enseñarles que, en la vida, no pasa nada por ser vulnerable, por llorar o por estar triste. Hay que aceptar esas emociones naturales a lo que te pasa. Asimilarlas y tener presente que pasarán. Si nunca estás triste, ¿cómo sabes lo bueno que es estar feliz?» Y esto me lleva a la siguiente cuestión, relacionada con la educación que damos hoy en día: ¿qué se necesita para ser feliz? Hay un recuerdo que siempre me viene a la mente, cuando unas Navidades en la mañana de los Reyes Magos y tras abrir los regalos en casa de mis abuelos, nos olvidamos de todos los juguetes y me bajé con mi primo a jugar al fútbol con un balón tan desgastado que la cámara parecía estar a punto de salirse. A mí, en ese momento, me pudo más las ganas de disfrutar con mi primo y jugar con él (seguramente, al verlo, los Reyes Magos de Oriente se llevaron las manos a la cabeza). Quizás esta manera de entender la vida vaya en el sentido contrario de lo que hay actualmente, plagado de contenido en redes sociales, con una búsqueda permanente de lo material y la necesidad imperiosa de mostrarlo al mundo. Pero es esta tendencia lo que convierte en necesario y urgente recuperar ese otro concepto de felicidad e intentar enseñarlo cada día, compartirlo con ellos, porque esa formación no viene en ningún libro.

Es verdad que hay veces que parece que nuestros alumnos, o nuestros jugadores de nuestros equipos, nos ponen a prueba, por estar insoportables o inaguantables no logran comprenderlo cuando les transmitimos ese mensaje. Pero cuando esto sucede conviene tener en mente dos reflexiones, que ayudan a entender para qué estamos los profesores y/o formadores: entender que enseñar es un acto amor, en el cual entiendo la singularidad del ser de cada alumno y lo veo como la persona que está llamada a ser; y por otro lado, recordar con humildad que todos tuvimos esa edad y nos gustó que con nosotros tuvieran paciencia, calma, para guiarnos por el camino correcto y empleando las formas adecuadas. Hace tiempo que la información está alcance de un click, para estudiar o leer todo lo que desees. Por esa misma razón, nuestro valor diferencial está en cómo hacemos llegar y qué finalidad le damos a la información que nosotros sabemos, tanto la que está en los apuntes como nuestras experiencias de vida, a los alumnos, deportistas, que tenemos delante. Decirles lo que necesitan escuchar, no lo que quieren. Exigirles indicándoles la finalidad, al mismo tiempo que elevamos nuestra autoexigencia al mismo nivel.

La enseñanza, la formación, va mucho más allá de un mero número. Tiene más que ver con entender que todo consiste en la búsqueda de un propósito, que te lleve a ser tan feliz como se pueda cada día, encontrar un sentido que te lleva a querer mejorar, a querer crecer para sacar lo mejor de ti y darlo a las personas que tienes al lado. Un camino que requiere de paciencia en lugar de inmediatez, en el que se busca la felicidad y no el placer, que se disfruta más y mejor cuando lo haces en equipo, escuchando más que hablando, exigiendo y exigiéndote, siendo consistente ante la dificultad en lugar de instalarte en la queja y el lloriqueo permanente, dejando que la persona brille sin tocar su sombra. Esa es la clave, al menos para mí, para evitar los contextos burbuja.

Un fuerte abrazo y que tengan una muy buena semana.

«Tú vives siempre en tus actos. Con la punta de los dedos pulsas el mundo, le arrancas auroras, triunfos, colores, alegrías: es tu musica. La vida es lo que tú tocas.»

(Pedro Salinas)

Coraje

«No se trata de liberarse de las mariposas, sino de hacerlas volar en formación.»

(Jack Donohue)

¿Cuántas veces hemos sentido esas mariposas, fruto de nervios, de emoción, por dar el paso? ¿Y en cuántas de esas ocasiones, esa tensión o esa emoción se ha traducido en miedo que paraliza y termina por impedir que actuemos? Con el paso del tiempo, de las vivencias, los momentos, uno se va dando más cuenta de lo importante que es saber canalizar todo ello para seguir creciendo. Porque de eso va la vida, de crecer, de brillar al mismo tiempo que no paras de sumar y ayudar a brillar a quienes están a tu lado.

Probablemente te estés preguntando cómo se hace eso, cómo dar ese paso. Pues bien, para mí todo reside en tres aspectos: consciencia, dignidad y enfoque. Decía Ramón Bayes en una de sus ponencias una frase, que ya se la había leído a mi querido Jon Pascua Ibarrola en más de una ocasión, que quiero compartir contigo: «La persona es el viaje y cada viaje es distinto. Lo importante no es llegar a Ítaca, lo importante es el viaje. Que sea un viaje consciente.» Es esa consciencia lo que nos permite captar la esencia de cada momento, teniendo muy presente que jamás se va a volver a repetir y por tanto requiere de toda nuestra atención. Porque como bien dice el propio Ramón Bayes, «hay que estar atento, porque hay momentos que son momentos extraordinarios y no te das cuenta.» Porque lo importante es la persona, tanto tú como la/s persona/s con quien compartes ese momento, todo lo demás es completamente secundario. Captar esa esencia es eliminar lo accesorio, lo opcional, para llegar a sentir la sencillez del momento, porque como bien me recuerda siempre mi amigo, «la vida es tan sencilla como disfrutarla.»

Una vez que tomamos consciencia de quiénes somos, pasamos al cómo vivimos, cómo decidimos, en definitiva, cómo nos comportamos en nuestro día a día. Y para ello siempre he tenido presente vivir con dignidad, impidiendo de esa manera que se me olvide que lo más importante en esta tarea del vivir es el cómo, tus formas, tus gestos, las palabras que utilizas, cuánto escuchas, cuánto hablas y qué dices cuando hablas te lleva a adoptar una postura de humildad, o por el contrario una postura de ego, chulería y creer que no puedes aprender de nada ni de nadie. Probablemente aprender sea de las cosas que más me encanten en esta vida, aprender de mi mujer, de mis padres, de mis amigos, de todas las personas con quienes comparto momentos. Aprender para así poder dar, para de esa forma poder compartir y seguir ayudando a crecer. Bertrand Rusell planteaba una cuestión que, creo, toda persona debería formularse: «¿Para qué estamos en el mundo?». Su respuesta esa, sencillamente, maravillosa: «Para ampliar el conocimiento y para ampliar el amor.» La vida no tiene sentido ni finalidad, si no es para compartir y dar lo que uno es y lo que uno tiene. La vida en equipo, cuando se vive de verdad, se traduce en que la suma de momentos sencillos da como resultado un final de semana con sensación de estar pleno. Porque sumas y esa suma hace que las personas que quieres sonrían, crean en sus posibilidades, sean valientes y vayan para arriba, en busca de respuestas a sus preguntas, manteniendo su inquietud intacta.

Y por último, el enfoque, que no es otra cuestión que tener siempre presente hacia dónde llevamos nuestra atención. Qué es importante y qué no lo es tanto. Atender a los pequeños detalles porque, como muy bien dice Swami Sivananda, «una montaña está hecha de pequeños granos de arena. El océano está formado por minúsculas gotas de agua. Del mismo modo, la vida es una sucesión interminable de pequeños detalles, acciones, conversaciones y pensamientos. Y las consecuencias de todo ello, sean buenas o malas, son trascendentales.» Es el enfoque lo que nos permite, al mismo tiempo, dirigir de forma correcta nuestras acciones, nuestros comportamientos, mirando por la persona que tenemos al lado, anteponiendo siempre el «nosotros» al «yo» individual. Porque la vida, cuando se vive y se comparte en equipo, se traduce en momentos sencillos pero inolvidables y eso es lo que nos vamos a llevar, al mismo tiempo que será lo que dejemos en los corazones de las personas con quienes vivamos.

De eso se trata, de tener el coraje cada día para ser auténtico, verdadero, con la firme intención de sembrar, de dejar huella, dejar un legado en forma de comportamientos, manera de entender la vida y anécdotas que sirvan de ayuda, motivación y guía para quienes están por venir. Dejar, en definitiva, una sociedad y un mundo mejor del que hoy tenemos, porque hay mucha tarea por hacer. La mejor obra siempre será la que esté por hacer. Que tengáis un muy buen fin de semana, os deseo una muy Feliz Navidad, disfruten de cada instante, regalen abrazos y besos cargados de amor y sigan creciendo tanto como sea posible. Un fuerte abrazo.

«La misma agua hirviendo que endurece un huevo ablanda una patata. Se trata de qué estás hecho, no de las circunstancias.»

(Anónimo)

«La felicidad no es el camino pero está en el camino. La felicidad es, más bien, la actitud con la que recorremos ese camino. Y nuestras ilusiones son, en parte, las que nos motivan a tener una buena actitud. Sin una buena actitud y sin ilusiones, no hay camino.»

(Jon Pascua Ibarrola)

«La esperanza es ser capaz de ver que hay luz a pesar de toda la oscuridad.»

(Arzobispo Desmond Tutu)

Notas de un (súper)viviente

Hace unos diez años aproximadamente, estaba sentado delante de mi portátil y me dispuse a escribir el que sería mi primer post que llevaría por título «No olvidemos que somos personas.» Y eso es, justamente, lo que he intentado siempre recordar, que antes que nada está la persona. Por esa razón fui consciente de que las formas importan mucho, que cada detalle, cada gesto, cada palabra y el cómo decimos esa palabra, es la diferencia entre sumar o restar. Sumar, un verbo esencial, porque esta vida va de conseguir hacer sumar (o multiplicar incluso) a quienes están a nuestro lado, con quienes vivimos y convivimos, a quienes amamos con todo nuestro corazón.

Esa fue la razón de iniciar este camino, el de escribir posts creándome primero la página en blospot.com y más tarde en WordPress. Sumar. Ayudar a quien pudiera leer esos posts, tratar de ser de alguna manera motivación, fuerza, impulso para quien lo necesite. ¿Por qué? Porque toda misión, toda acción y todo proyecto requiere de un propósito lo suficientemente fuerte para que se consolide, perdure y sea consistente en el tiempo. Y creo, honestamente, que no hay propósito más bonito en la vida que generar, crear, algo nuevo que pueda servir de ayuda a otras personas. Pero, si te soy honesto, lo que nunca pude imaginar es que ese camino, ese viaje que se inició hace diez años con ese primer post, daría lugar a la publicación del libro que hoy te presento: «Notas de un (súper)viviente.»

Un libro escrito desde el corazón, en el cual en cada hoja, en cada párrafo, va sobre tinta un pedacito de mí. Vivencias, experiencias, reflexiones, opiniones que no son certezas absolutas, tan solo aprendizajes que extraigo como consecuencia de todo lo vivido en estos 34 años de viaje que llevo. Unos momentos y unas reflexiones que escribo para tratar de ayudar de forma doble. Por un lado, para aportar una perspectiva diferente a aquellas personas que, por el motivo que sea, puedan verse reflejadas en esas líneas y que les pueda ayudar a seguir adelante, a avanzar, a no dejar de superarse y seguir enfocados en lo que viene. Si algo he aprendido de cada vivencia, de cada reto afrontado, es que en esta vida uno debe agotar todas las posibilidades de intentarlo, sin perder jamás la fe, la esperanza y el optimismo por creer que se logrará el objetivo. A veces cuesta un poco más, a veces cuesta un poco menos, pero esto es tan cierto como que ningún mar en calma hizo experto al marinero.

Y por otro lado, para ayudar tanto como se pueda en la investigación contra la ELA, ya que una gran parte de los beneficios que se obtengan de la venta de este libro irán destinados a la investigación contra esta maldita y terrible enfermedad. De hecho, el libro llevaba escrito hace varios años pero no ha sido hasta ahora, al poner este propósito en mi vida, lo que me ha impulsado a retomarlo de forma decidida, con fuerza, cuidando cada detalle gracias a la ayuda de la mejor compañera de vida que puedo tener (sin ella, este proyecto no hubiera sido posible) para que por fin lo hayamos podido publicar.

Además, he tenido la suerte infinita de poder contar con dos personas increíbles, amigos de un valor incalculable, que han escrito el prólogo y el epílogo de este libro respectivamente como son Álvaro Merino Jiménez y David Dóniga Lara, a quienes quería aprovechar estas líneas para agradeceros, de todo corazón, vuestro granito de arena, vuestro cariño y vuestro tiempo en este libro, en este proyecto tan especial.

A ti, querido lector, que llevas desde mis primeros posts compartiendo momentos conmigo, lecturas y reflexiones, quería invitarte a este nuevo viaje. Un viaje al que ya se han sumado más de 100 lectores, más de 100 personas que han decidido sumarse cogiendo su pala y empezando a remar al máximo, para avanzar tanto como sea posible, pero eso sí, disfrutando siempre del viaje sin cansarnos jamás del paisaje. A quienes ya estáis remando, gracias de corazón por creer en este viaje y que cada palada vale la pena. A quienes aún no os habéis subido al bote, os esperamos con una sonrisa y con la intención de avanzar tanto como sea posible, porque este viaje no ha hecho más que empezar. Y como diría mi alumno Hugo, «vamos a remar tan fuerte, que va a parecer que el bote lleva motor.» Seguimos remando juntos, esto no para. Un fuerte abrazo, feliz jueves y feliz verano.

«Todo lo que Pablo ha ido alcanzando en su vida ha sido fruto de un entrenamiento sistemático, de una apuesta valiente, donde nunca ha tomado un atajo, donde ha apostado por un esfuerzo sostenido en el tiempo y donde ha generado oportunidades. Y este libro no es diferente al resto de los objetivos que el autor se ha marcado en su vida.»

(Álvaro Merino Jiménez)

«Pablo nos presenta una obra de teatro maravillosa, sublime; una película trepidante que podía haberse convertido en un drama, una comedia, un thriller o en cine de terror; una historia que, pudiendo ser cualquier cosa, él decidió que fuera de Amor. Sí, de Amor. Porque es lo que nos une. Lo opuesto al miedo. Amor en mayúsculas. El Amor que dio origen a todo y que tanto necesitamos para el desarrollo de nuestras almas.Un Amor con mayúsculas que le ha traído hasta aquí y que, con amor, nos invita a conocer para impregnar la conciencia universal de su granito de arena-amor-conciencia.»

(David Dóniga Lara)

Enlace para poder acceder a la compra del libro: https://www.amazon.es/Notas-s%C3%BAper-viviente-Quien-resiste/dp/B09ZCJNDMM/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&crid=3KCVS33LZMZI1&keywords=notas+de+un+%28s%C3%BAper%29viviente&qid=1659603737&sprefix=notas+de+un+s%C3%BAper+viviente%2Caps%2C559&sr=8-1

Disfrutar de los privilegios

«La mente humana se habitúa a lo bueno con una asquerosa facilidad poniendo el zoom sólo en los aspectos vitales que te faltan, difuminando a ratos lo que has dejado en el camino, y los años que llevas quemando rueda en la carretera. […] Normalizar los privilegios es un acto mezquino. Siento bastante bochorno de mí mismo cuando me sucede. Aunque sea humano.»

Hace una semana aproximadamente, leía este fragmento en una publicación del maestro Leiva, en su instagram y desde entonces, no ha parado de resonar dentro de mí, porque quizás en estas semanas he estado tremendamente emocionado, quizás de una forma más especial. He recordado los momentos vividos en las dos despedidas de soltero que me han preparado mis amigos, la emoción y el tremendo nudo en la garganta por valorar todo lo que han invertido en mí todos ellos, ya no solo en las despedidas, sino en estos años de amistad, lo cual es más fascinante, bonito y maravilloso todavía. La despedida fue, quizás, la manera de decir: «Estamos aquí, a tu lado, celebrando vuestro siguiente paso y siempre estaremos ahí.» La amistad, cuando se entiende como un caminar juntos de forma consistente en el tiempo, es imposible que genere emociones tan fuertes que cueste hablar.

Y por otro lado, volvió a resonar ese párrafo en mí cierta tarde en la que miraba a mi novia y a nuestra perra, jugando las dos y disfrutando, cuando me encontré otra vez emocionado, otra vez esa sensación de fortuna infinita por sentir que eres parte de algo maravilloso, por ver feliz a la persona que amas, verla disfrutar, olvidándonos por completo de todo lo demás. Fue ahí cuando pensé, qué razón tienes Leiva, sería un mezquino si no tuviera la sensibilidad suficiente para no emocionarme, para no sentir de la forma en que merece, ese momento tan increíble. Es verdad que siempre, debido a todo lo que he vivido a lo largo de mi vida, he tratado de valorar todo lo que tengo, disfrutándolo al máximo. Pero a veces es bueno leer párrafos así, para recordarnos a nosotros mismos que nunca podemos perder la sensibilidad para apreciar la verdadera del belleza del momento, recordando siempre que en esta vida la tarea que debemos completar al acabar el día es, de lejos, la de agotar cada instante como lo que es, un momento que no vuelve, que no se volverá a repetir y precisamente por eso es maravilloso sentirlo como tal.

Es esa sensibilidad y esa capacidad para percibir lo que nos lleva a poner el foco en nuestro propio centro y raíz, en nuestra esencia en definitiva. De esa forma, evitamos vivir distraídos, contemplando la vida de otros y comparándonos permanentemente con ellos, llegando a vivir engañados por la creencia de que para esos a quienes observamos la vida parece ser fácil y por tanto, disfrutan mucho más. Evitar vivir distraídos es, precisamente, evitar que en cualquier momento seamos tan mezquinos que pasemos a normalizar la vida que vivimos y el momento que estamos compartiendo. Porque ese momento, en realidad, jamás va a repetirse. Verás su sonrisa similar, pero no notarás el brillo de sus ojos. Darás un abrazo, pero quizás no lo haces con el sentimiento que debieras. No basta con hacer; es recomendable hacer y sentir, porque solo así nos emocionamos y es esa emoción la que nos mantiene vivos, enfocados y disfrutando con el corazón. Ese, sin duda, es el mejor de los privilegios.

Que tengan un muy buen fin de semana y no miren para fuera, no se comparen, solamente disfruten y vivan como si esa fuera la última vez. Un fuerte abrazo.

Es la vida

Hace unos días iba de paseo con Bimba cuando nos encontramos con un hombre mayor, a quien prácticamente solemos ver todos los días andando por el parque de forma incansable y a la vez admirable. Estaba terminando de hacer las últimas dominadas en las máquinas, cuando Bimba decide que hay que ir a saludarle y con ello le saca la primera sonrisa a nuestro buen hombre. Le pregunto qué tal, cómo está, a lo que me responde que justo terminando de hacer su ejercicio físico, porque antes había estado andando y ya se marchaba para casa. Mientras me lo cuenta, le miro con admiración porque creo que hace falta mucha voluntad para mantener esa rutina día tras día con su edad y le digo que le veo muy bien, que le encuentro genial. Y aquí me regaló la reflexión del día: «Pues qué va hijo, no estoy tan bien. Me han detectado un tumor, me tienen que hacer pruebas y ver cómo hacemos. Pero tengo autocontrol, es la vida hijo; yo sigo caminando todos los días mi hora y media, hago mis 70 dominadas, mis ejercicios, me tomo mi cafetito y disfruto leyendo el periódico. Con eso soy feliz, con eso me vale.»

En cuestión de minutos este buen hombre me había recordado la importancia de la actitud, de querer seguir viviendo y disfrutando de lo que uno tiene, a pesar de que vengan mal dadas y de que la situación en la que nos encontremos para nada sea la deseada. Unida a esa actitud ante la vida va ligada de forma implícita, creo, la esperanza de que todo va a ir bien. Ser optimista en los tiempos que vivimos probablemente sea una tarea difícil, porque uno trata permanentemente de sobreponerse a lo que lee en las noticias, a lo que se escucha en la radio o a lo que se ve en el telediario (hace tiempo opté por no ver ni leer nada al respecto). Pero, precisamente por eso, uno debe agarrarse a la esperanza tan fuerte como le sea posible, porque como muy bien dice el autor Mungi Ingomane, en su libro Ubuntu: «Muchas veces, en los momentos más duros de nuestra vida, lo único que nos queda es la esperanza, y eso puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Nelson Mandela pasó veintisiete años como preso político en la infame cárcel de Robben Island en unas condiciones deplorables. Mientras estaba en prisión, su madre murió; más tarde, también falleció su hijo en un accidente de coche. No se le permitió asistir a ninguno de los dos funerales. Vivió día tras día en una estrecha celda de dos metros de ancho por dos y medio de largo de la que solo salía para hacer trabajos forzados en una cantera. Fue maltratado por los guardias de la prisión y sufrió daños en la vista como consecuencia del reflejo del sol en la piedra. Aún así, nunca perdió la esperanza.»

Si trasladamos esto al deporte, anoche el Real Madrid C.F. en su partido contra el Manchester City, hasta en tres ocasiones logró acortar distancias y mantener intactas las opciones para lograr el pase a la final de la Uefa Champions League, en el partido de vuelta que aún queda por disputar en el Estadio Santiago Bernabéu. El deporte, a través de actuaciones como la de ayer, o en deportes individuales con deportistas como Rafael Nadal, Carlos Alcaraz, Paula Badosa; no para de recordarnos que si hay algo que depende de nosotros es la predisposición a mantener la esperanza intacta, pase lo que pase, mientras sigo poniendo todo de mi parte para acercarme al objetivo, porque como muy bien dijo Borja Iglesias tras la consecución de la Copa del Rey por parte del Real Betis Balompié, «Me encantaría deciros que, cuando se trabaja mucho, siempre se consiguen las cosas, pero no es verdad. Sed buenas personas y las cosas estarán más cercas.»

Y para mantener esa esperanza intacta nada funciona mejor que enfocarnos en lo que nos mantiene vivos, ilusionarnos con el mero hecho de estar bien e ilusionar a quienes amamos de verdad de forma permanente; cuidar los pequeños detalles del día a día con un «gracias», un «te quiero» o un abrazo sincero, porque todo ello carga la batería de la motivación como nada. Nada funciona mejor, nada transmite más esperanza, que comportarnos cada día como una buena persona, respetando, amando y compartiendo. Quien da, quien se entrega, quien suma y multiplica, jamás se cansará del paisaje mientras dure el viaje. Un fuerte abrazo y que tengan una muy buena semana; nunca dejen de sonreír.

«Si hay luz en el alma, habrá belleza en la persona. Si hay belleza en la persona, habrá armonía en la casa. Si hay armonía en la casa, habrá orden en la nación. Si hay orden en la nación, habrá paz en el mundo.»

Proverbio chino

Hace tiempo, cuando yo era joven, si un viajero que estaba atravesando el país se detenía en un pueblo, no tenía que pedir comida ni agua. En cuanto paraba, la gente se la ofrecía y le daba conversación. Esta es una de las facetas del ubuntu, pero no es la única. El ubuntu no significa que hemos de dejar de lado nuestro propio bienestar. La cuestión es, ¿qué puedes hacer tú para apoyar a tu comunidad y ayudarla así a mejorar? Estas son las cosas que de verdad importan. Si eres capaz de hacerlo, habrás conseguido algo muy importante.»

Nelson Mandela

¿Para qué vivimos?

«El amor es lo que cambia el rumbo de la vida. Muchas veces la vida está enfocada hacia algo (gloria, dinero, sexo, éxito), pero cuando te enamoras esa vida va hacia alguien. La mayor distinción entre las personas es quienes viven para algo y quienes viven para alguien.» (Fernando Savater)

¿Qué tiene el amor que nos hace sentir tan vivos? Un componente esencial que va implícito en el propio acto de amar: darse al 100% con un enfoque y un sentido muy claros. Es pasar de poner el foco en ti a ponerlo en la persona que amas, en la persona que tienes frente a ti, con quien compartes tu vida de forma diaria y cotidiana. De repente, notas que tus acciones van en una dirección, con un enfoque muy claro, miras de otra manera, escuchas de otra forma, utilizas el plural en lugar del singular. Pasas del ego a la humildad, de poner los focos en ti a ponerlos en quien realmente lo necesita y estás atento a cada pequeño detalle.

Y es que la vida va precisamente de eso, de pequeños detalles que lo único que exigen es atención para que nada pase desapercibido. Lo preocupante es que, rodeados de tanto medio tecnológico, lejos de estar más conectados que nunca en realidad nos encontramos demasiado distantes, todo demasiado políticamente correcto, todo muy frío, apenas sin sentimiento, casi todo por obligación. No paras de observar pandillas de chavales en las plazas y todos con el móvil delante; personas que pasean a su perro, ese que luego dirán que es su compañía perfecta, olvidándose por completo de él porque van pendientes de su móvil. Así podría enumerar infinidad de ejemplos, situaciones, o momentos que se ven a diario y que te hacen constatar que quizás estamos realmente olvidando lo que es importante.

Olvidamos que desconocemos por completo lo que va a suceder en los próximos diez minutos, y no es una frase hecha, es la más profunda y absoluta realidad. Quizás deberíamos tener esa sensación grabada a fuego, porque nos llevaría con más facilidad al siguiente planteamiento consistente en que lo realmente importante no es dónde estás, ni qué estás haciendo, sino con quién estás viviendo ese momento. Esa persona con la que estás sentado en un banco de madera durante horas, o en la terraza de casa hablando de todo, riendo, disfrutando; eso es justo lo que siempre deberíamos recordar. Porque si te das cuenta la playa o la montaña son realmente mágicas si es con esa persona con quien la disfrutas, con quien la compartes.

Quizás por eso amar de verdad, desde la autenticidad, sea algo tan maravilloso; porque es lo que realmente te acerca a esa sensación de plenitud. Ni el éxito profesional, ni el éxito social, te harán sentir de esa manera tan plena:

«-Mitch, si lo que quieres es presumir ante los que están en la cumbre, olvídalo. Te despreciarán de todos modos. Y si lo que quieres es presumir ante los que están por debajo, olvídalo. No harán más que envidiarte. Un alto nivel social no te llevará a ninguna parte. Solo un corazón abierto te permitirá flotar equitativamente entre todos. […] Haz las cosas que te salen del corazón. Cuando las hagas, no estarás insatisfecho, no tendrás envidia, no desearás las cosas de otra persona. Por el contrario, lo que recibirás a cambio te abrumará.»

Amar de verdad es abandonar lo políticamente correcto para pasar a expresarte desde tu coherencia con lo que sientes, con el sentimiento que late en lo más profundo de tu corazón y expresarlo con absoluta autenticidad. No reserves tanto esos besos, esos abrazos, esas risas, esos mensajes o llamadas porque nunca es tarde si se dice con amor. Al revés, probablemente si hubiera un poquito más de amor quizás no habría tanto conflicto tan absurdo, tanto nivel de crispación y tensión diaria, porque todos estaríamos enfocados en amar para ver a la otra persona feliz, amar para ayudarla a que saque lo mejor que tiene dentro día tras día, porque estás convencido de que es capaz de llegar hasta donde se proponga. Porque su sonrisa es tu felicidad.

Y eso es justo lo que te deseo a ti, que sonrías, que seas feliz y que encuentres esa felicidad que tanto buscas. Pero recuerda, quizás no esté tan lejos de ti como piensas. Un fuerte abrazo y feliz Navidad.

«El tiempo que tenemos no es corto; es que perdemos mucho. La vida se nos ha dado con largueza suficiente para emplearla en la realización de cosas de máxima importancia, si se hace buen uso de ella. Pero cuando se disipa entre lujos y negligencias y se gasta en cosas inútiles, cuando llega el último trance inexorable, sentimos que se nos ha ido la vida, sin reparar siquiera que se va. Lo cierto es que no recibimos una vida corta, somos nosotros los que la acortamos; ni somos indigentes sino pródigos. Pues así como las riquezas copiosas y regias, cuando llega a manos de un mal dueño, al momento se disipan; y cuando caen en manos de un buen administrador se acrecientan, aunque sean escasas, con su mismo uso, así también nuestra vida ofrece muchas posibilidades a quien la ordena correctamente.» (Séneca)

¿Para qué ir a la escuela?

Esa misma pregunta fue la que se me planteó en mi cabeza, querida ministra, cuando boquiabierto leía la noticia de que ahora exista la posibilidad de que se pueda obtener el título de ESO y Bachillerato sin límite de suspensos. ¿Para qué ir a la escuela entonces? ¿Qué finalidad y qué sentido se le trata de dar, en consecuencia, a la educación en este país con esa medida?

Querida ministra, a la escuela creo que hay que ir para transformar. Sí, transformar. Transformar a la persona en aquello que está llamado a ser, que puede ser y que merece ser, a base de trabajo, compromiso, confianza y dedicación. Dedicación por parte del alumno y de un maestro que, como muy bien dice Emilio Lledó:

«Se necesita la compañía de un maestro que haga sentir lo que los libros dicen y apreciar, en el sonido de las páginas que pasan, cómo se avientan las semillas, las ideas que encierran. Por eso es tan importante, además de las materias, más o menos oficiales, de los siempre maltrechos planes de estudio, la lectura de obras literarias, que el maestro hace apreciar con su amor a lo que enseña y a los que enseña.»

(Emilio Lledó)

Se educa de manera apasionada, decidida, convencida y comprometida viendo en el alumno oportunidades de conversación, de compartir puntos de vista, de diálogo, de poner todas las inquietudes encima de la mesa para, de esa forma, saber cuándo toca escuchar y cuándo toca hablar. En consecuencia, cuando toca hablar uno sabe qué decir, qué explicar, cómo enlazar el contenido que aparece en el proyector con la experiencia de vida que uno tiene y así que el alumno entienda la finalidad del conocimiento que se le transmite. Para que comprenda que se aprende viviendo, sintiendo, emocionándose y siendo parte de un proyecto, el suyo, no un mero espectador.

Y todo esto, sin quererlo, lo estamos logrando mediante la herramienta más potente que tenemos en la educación, en nuestras relaciones sociales y en la vida que vivimos a cada momento: el lenguaje. Porque como muy bien nos recuerda, de nuevo Emilio Lledó:

«El lenguaje no es solo un medio de comunicación: es un mundo por conquistar cada día a la luz de ese ideal ético que convierte a la existencia humana, a pesar de todas las violencias y adversidades, en una empresa gozosa, en un asombroso destino

(Emilio Lledó)

Fíjese, un mundo por conquistar, el que cada uno tenemos en nuestro interior y que mediante esa búsqueda, ese plantearse cuestiones, reflexiones, hacen que poco a poco vayamos teniendo más claro cada día qué camino queremos recorrer, ya no solamente como maestros, como profesores de secundaria o profesores de universidad, si no lo que es más trascendente aún, encontrar la respuesta a la pregunta trascendente acerca de qué camino quiero recorrer como persona y de qué modo quiero dejar huella en ese camino recorrido.

Somos lo que hacemos, lo que decimos, lo que sentimos y ,en consecuencia, vivimos. Es del lenguaje de dónde parte todo, es gracias a este medio de comunicación que logramos conectar con los alumnos, con las personas con quienes compartimos cada día, porque se equivoca muy poco cuando Emilio Lledó afirma que «Yo soy yo y mi lenguaje. Yo soy lenguaje. Unas manos etéreas, hechas de prejuicios, de egoísmos, de oscuridad y luz, de veracidad y falsedad. La educación en ese lenguaje que nos constituye puede servirnos para iluminar la realidad, para vivir, para llegar a ser, para alcanzar el <<deber ser>>.»

Quizás por eso, en consecuencia, es tan importante no solo ir a la escuela si no saber qué finalidad tiene la misma en nuestras vidas, como punto de partida del desarrollo del talento de miles de jóvenes cada día, como contexto que genere un compromiso con el crecimiento de dentro hacia fuera para hacer una sociedad tremendamente mejor de la que tenemos, como lugar donde se puedan sembrar semillas de árboles que jamás veamos terminar de crecer. Quizás, si esto lo tuviéramos claro, ustedes en el Palacio de las Cortes también tendrían muy presente cuál es su particular <<deber ser>>.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo y, a pesar de las circunstancias, tratemos de sacar lo mejor que tenemos en nuestro corazón cada día. Ahora, más que nunca, hace falta remar fuerte y juntos.

«Serán ellos, los políticos, a quienes no esté permitido toca el oro ni la plata, ni entrar bajo el techo que cubran estos metales, ni llevarlos sobre sí, ni beber recipientes fabricados con ellos. Si así proceden, se salvarán ellos y salvarán a la ciudad. Pero si adquieren tierras, casas, dinero, se convertirán de guardianes en administradoras trapisondistas y de amigos de sus ciudadanos en odiosos déspotas. Pasarán su vida entera aborreciendo y siendo aborrecidos, conspirando y siendo objeto de conspiraciones, temiendo, en fin, mucho más a los enemigos de dentro que a los de fuera y así corresponderán en derecha al abismo, tanto ellos como la ciudad.»

(Platón, República III, 417 a-b)

«Luchamos por formar una ciudad feliz, en nuestra opinión, no ya estableciendo desigualdades y otorgando la dicha en ella solo a unos cuantos, sino a la ciudad entera.»

(IV, 420c)

Virtud y felicidad

«Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felizmente. Pero andan a ciegas, cuando tratan de encontrar aquello que hace feliz la vida. No es fácil, por tanto, conseguir la felicidad, pues, con cuanto mayor afán uno la busca, más se aleja de ella, si ha equivocado el camino.» (Séneca)

Es justo en esa búsqueda de la felicidad cuando aparece la virtud, como cualidad de la persona que afronta la adversidad que se le pueda presentar en el propio transcurso del camino. Un camino que, por otro lado, todos esperamos que conduzca a la tan ansiada felicidad. Séneca nos regala una lección maravillosa consistente en entender, realmente, la importancia de la virtud para llegar a comprender que la felicidad no es un lugar, no reside en un concepto material concreto o determinado, ni tiene que ver con llegar a una estación determinada. La felicidad, por el contrario, se logra cuando el camino se recorre de manera virtuosa. Pero, ¿en qué consiste esto?

Consiste, como bien dice el propio Séneca, en evitar que «os atemoricen aquellas pruebas que los dioses inmortales ponen como estímulos al alma. La adversidad es ocasión de virtud. Y con razón serán llamados miserables los que se anegan en una felicidad desmedida, donde como en un mar tranquilo los detiene una calma nunca rota. Cualquier trance que les sucediere será una novedad: las cosas adversas atormentan más a los faltos de experiencia.» Porque justamente en eso, o al menos para mí, consiste vivir de manera plena y feliz, en acumular tanta experiencia como sea posible.

En estos tiempos en los que existe un elevado grado de incertidumbre, de temor, de preocupación, de querer encontrar respuestas a preguntas de manera permanente, quizás afrontar el día a día como un constante aprendizaje y permanente ejercicio de superación, en equipo y de manera conjunta, de mantener la calma afrontando la adversidad como una oportunidad de mejora personal sea más necesario que nunca.

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Cualquiera de nosotros desearía que estos momentos que vivimos jamás hubieran sucedido, partimos de esa premisa clara e inequívoca. Pero toda vez que nos encontramos aquí es imprescindible para tomar buenas decisiones pensar con calma, ordenar nuestros pensamientos y mirar dentro de nosotros tal y como nos invita a hacer Séneca: «Busquemos algo bueno, no en apariencia,sino sólido y valioso, y más hermoso aún por su interior. Ahondemos, no está lejos. […] . Vida feliz es, pues, aquella que sigue su naturaleza, que no se puede alcanzar más que con alma sana y en perfecta posesión de su salud.» Cuidemos el alma, desarrollemos nuestra virtud tratando de afrontar los pequeños o grandes obstáculos que la propia vida nos va deparando a cada instante y evitemos la comparación, el mirar a la persona que tenemos al lado porque eso solamente genera un desgaste innecesario que nos quita fuerzas para vivir nuestro camino de manera plena.

Un camino que, por otro lado, es mucho más bonito, pleno, enriquecedor y valioso cuando lo transitas en compañía de las personas a quienes amas, a quienes quieres ver felices cada día de tu vida, personas a quienes cuando ves sonreír tu corazón siente que puede absolutamente con todo. Todo camino necesita de amor para comprender, entender, sentir, emocionarse, no por grandes cosas materiales sino por la esencia de la vida: sujetar con fuerza la mano de la persona a quien amas, ver a tus padres sanos y felices, sentir los logros personales y las alegrías de tus amistades más cercanas como tuyas, como propias y celebrarlas de manera especialmente emotiva. Esa es la verdadera felicidad y me atrevería a decir que la manera más auténtica de vivir la vida.

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Como muy bien dice el maestro Séneca: «Quien está bien fundado, quiera o no, se sentirá inundado de una continua alegría de un supremo gozo venido de lo más hondo, pues vive contento con sus bienes sin codiciar otra cosa de sí. ¿Por qué, entonces, no ha de valorar estas cosas y compararlas con las pequeñas, frívolas y constantes movimientos de nuestro cuerpecillo? El día en que se sienta esclavo del placer, será víctima del dolor.»

Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo y feliz vida.

«Buscar la serenidad me parece una ambición más razonable que buscar la felicidad. Y, quizá, la serenidad sea una forma de felicidad.» (Jorge Luis Borges)

«El problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles sino importantes.» (Winston Churchill)

 

Centrado en sí mismo

«En un buen equipo, durante momentos difíciles, sus componentes están pendientes del exterior. En un gran equipo, durante momentos difíciles, sus integrantes se centran en sí mismos.» (Pep Marí) 

Cuando leía el otro día estas líneas de Pep Marí me hacían reflexionar acerca de la importancia de dos aspectos de la persona: la capacidad para enfocarse en uno mismo y su capacidad de adaptación antes las diversas adversidades que el propio día a día te va presentando. De hecho, uno de los temas de conversación de ayer con mi querido amigo David Vesga fue ése: cómo preparamos a los jugadores, estudiantes o equipo de trabajo para ese devenir, ese transcurso del día a día.

Saber cómo enfocarte, cómo adaptarte, tiene mucho que ver con tu capacidad para abrir la mente y examinar tus experiencias. Debes estar dispuesto, en definitiva, a ser vulnerable. Sí, vulnerable, ese adjetivo que tanto chirría en muchas cabezas de jefes de equipo pero los líderes auténticos saben que es un requisito imprescindible a incorporar en su adn profesional y personal. Debemos estar dispuestos a examinarnos en profundidad para detectar cómo somos, de qué herramientas disponemos y cuáles son las que nos faltan, cuáles son las que aún no tenemos y que, de tenerlas, no solo nos permitirían dar un salto cualitativo sustancial si no que, más importante aún, ayudaríamos de una manera increíble a nuestro equipo de trabajo. Porque para llegar a un objetivo colectivo, todos debemos dar el paso de querer conocernos y reconocernos.

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Querer conocernos y reconocernos implica, como muy bien dice John Donahoe, ser auténtico, mantener la esencia de uno mismo sin que importe la situación en la que uno se encuentra. Añade, además, que «el mundo es capaz de modelarte si no le opones resistencia. Para lograr ser tú mismo en la vida, debes tomar conciencia de tus elecciones. No siempre es fácil tomarlas y, al hacerlo, cometerás muchos errores.» Error implica capacidad de aprendizaje, implica querer crecer y , por encima de todo, evitar repetir el mismo error dos veces porque como muy bien recuerda Pep Marí: En un buen equipo, de un error aprende quien lo comete. En un gran equipo, de un error aprenden todos.» Esto conlleva compromiso en el proyecto del cual formo parte y confianza en todos mis compañeros, además de atención y concentración en cada día, en cada sesión, en cada partido, atendiendo al…proceso. No es que suene muy poético, es la realidad. Lo más verdadero, realista, que podemos proponer a un equipo es atender al proceso tratando de hacer las pequeñas tareas del día a día de la mejor forma posible teniendo en presente que, aún con todo, puede que el resultado final no sea el esperado porque siempre habrá elementos que se escapen de nuestro alcance, de nuestro control.

Ayer los partidos de playoffs de ascenso a 2ªB nos regalaban una lección aplicable a cualquier escenario (el deporte, como dice mi buen amigo Álvaro Merino, nos regala lecciones de aprendizaje muy potentes cada día para nuestra vida). Recuerdo que el comentarista en cierto momento dijo que era increíble y sorprendente los resultados que se estaban dando, algo con lo que no estoy nada de acuerdo. En una fase de playoffs como la que se está disputando, a partido único, con innumerables factores totalmente nuevos, estos partidos son de todo menos predecible, como la vida misma. La lección que nos regalan este tipo de eliminatorias es que centrarse en uno mismo, concentrarse en el momento que vives, en lo que puedes controlar y poner todo lo que hay dentro de ti en cada acción para sumar al equipo en cada disputa de partido intentando que ese equipo saque la mejor versión de sí mismo, es la disposición más realista que uno puede tener ante un reto similar.

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Porque como muy bien dice Bill George, «para los auténticos líderes hay recompensas especiales. Ningún éxito personal puede igualar el placer de liderar a un grupo de personas que lucha por un resultado que merezca la pena. Cuando llegas al final y te dispones a cruzar la meta junto a los demás, todo el dolor y el sufrimiento que has padecido desaparece rápidamente y es remplazado por una profunda satisfacción interna que proviene del hecho de haber logrado fortalecer a los demás y, por tanto, de haber logrado un mundo mejor. Este es el orgullo y la satisfacción del auténtico liderazgo.

Cuando nos centramos en nuestro proyecto, en las personas que lo componen, somos realmente capaces de aportar ese valor añadido tan necesario para que todo el equipo crezca, avance y quiera sumar a una sociedad tan necesitada de educación, valores, compromiso, solidaridad y sensibilidad. Es precisamente el instante en el momento en el que esto sucede cuando, todo lo que nos rodea fuera, no nos importa en absoluto, no nos distrae, ni nos quema, ni nos amarga la existencia porque lo que tenemos frente a nosotros nos llega al corazón, nos toca y se convierte en una fuerza tremendamente poderosa que nos ayuda cada día a mostrar lo que tenemos dentro de nosotros. Miremos dentro para ser capaces de vivir con, por y para quienes están a nuestro lado. Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo y nunca dejen de seguir su camino rodeado de personas auténticas. 

«Los miembros de un buen equipo se respetan. Los miembros de un gran equipo se admiran.» (Pep Marí)

«Todos tenemos la semilla del liderazgo en nosotros mismos, tanto para los negocios como para trabajar en el gobierno o para ser un voluntario de una ONG. El desafío consiste en conocernos lo suficientemente bien para saber dónde podemos usar nuestro liderazgo para servir a los demás.» (Ann Fudge)

«El punto de partida de la trayectoria de un auténtico líder es entender su propia historia vital. Tu historia vital te proporciona el contexto de tus experiencias y, a través de ellas, puedes encontrar la inspiración para dejar tu huella.» (Bill George)



 

 

«Guarda, guarda, guarda.»

«Sonó el pistoletazo de salida, los botes salieron adelante con impulso, y el telegrafista anclado en la ribera le dio al teclado para que el mundo supiera que la trigésimo octava regata anual de primeros equipos de Poughkeepsie finalmente había empezado. Durante cinco paladas, los siete botes fueron codo con codo y remaron con intensidad. Entonces Washington súbitamente aflojó y el resto de competidores le pasaron por delante. A Bobby Moch no le importaba, era justo lo que quería. […] Para que los chicos mantuvieran el ritmo, Moch se puso a cantar su nuevo mantra haciéndolo coincidir con cada palada -<<Guarda, guarda, guarda>>, recordándoles que el secreto era conservar las fuerzas.» 

Y justamente eso, conservar las fuerzas, es quizás la tarea que debemos tener en estos días en nuestra cabeza. Debemos cambiar nuestro plan, bajar la intensidad para, de ese modo, incrementar el volumen, la duración, y en consecuencia, nuestra capacidad de aguante en estos días de confinamiento que aún nos quedan. Para lograr saber cómo hacer esto, cómo ponerlo en práctica, la reflexión me la lanzó el propio Berlín en uno de los capítulos de La Casa de Papel, en una conversación El Profesor: «Sigue haciendo lo que te apasiona. Sigue cultivando la belleza.» No se pueden dar consejos más claros, más breves, pero a la vez más potentes, durante estos días.

Hacer lo que te apasiona logra que te llenes de energía, que te vuelvas a reenganchar a lo bello de la vida si es que aún estabas desconectado por completo de ello. Vivir apasionado es vivir conectado con lo más esencial de ti, con lo que te ha permitido conocerte, descubrirte, y por ello saber hacia dónde debes caminar, qué camino coger, y qué tareas debes abordar. Hacer lo que te apasiona te conduce a construir con absoluta belleza, con total determinación, porque has logrado entender que la belleza va unido a lo bueno, a lo que tiene sentido, va ligado a un propósito de vida, a sumarte a ti, y lo que es más importante aún, a la vida de las personas que quieres y con quienes creces como persona.

El hecho de vivir apasionado te lleva, en uno u otro modo, a seguir cultivando belleza. ¿Pero qué es eso?¿Qué se requiere para cultivar belleza? Vivir con amor, en eso consiste, resumido en tres palabras. Vivir con amor es vivir desde la mirada más profunda, sincera, honesta, hacia las personas que quieres, que amas, tratando de ayudarles en estos momentos más que nunca a que no dejen de contemplar la vida con ojos que derrochen luz, energía, fuerza, ojos que estén llenos de esperanza, de fe, y así nunca dejar de creer.

«Sin embargo, si alguien había sido más listo que Al Ullbrickson, era su propio timonel: el chico bajito con su propia llave de la asociación Phi Beta Kappa. Y ahora echaría el resto. De repente se inclinó hacia Don Hume y gritó: <<¡Diez de las grandes para Ulbrickson!>>. Ocho remos largos de pícea se hundieron en el agua diez veces. Entonces Moch gritó de nuevo: ¡Diez más para Pocock!. Otras diez paladas enormes. ¡Diez más para papá y mamá!>>. Muy lentamente, el Husky Clipper se deslizó por delante de Columbia y empezó a acercarse a la Marina, que estaba segunda.»  Saber en qué momento gastar una bala, o la bala, meter una píldora que incremente el pico de intensidad en emociones, en motivación, es tan importante y tan esencial en estos días como evitar gastarlas todas de golpe. Solamente de esa forma lograremos mantener, en mayor o menor grado, un buen estado óptimo en nuestra pareja, en nuestros padres, hermanos, amigos, alumnos; dosificar la intensidad de esas sorpresas es tan vital como mantener en el tiempo nuestra cabeza enfocada en lo que suma, en nuestras posibilidades, abrazando con total esperanza el momento de subir de ritmo, como Bobby Moch con el bote del Husky Clipper.

«En el bote, Moch estaba fuera de sí. <<¡OK!¡Ahora, ahora, ahora!>>gritó. Don Hume subió el ritmo a treinta y cinco, luego a treinta y seis y, más adelante, a treinta y siete. En el lado de estribor, Joe Rantz lo siguió con la suavidad de la seda. El bote empezó a tener swing. La proa empezó a levantarse del agua. Washington dejó atrás a los guardiamarinas como si su bote estuviera clavado en el agua.» Y esta es una de las claves, de las que hemos hablado más veces, lograr el swing en aquello que hagas, sentir que alcanzas un estado en el cual pierdes la noción del tiempo porque, como ellos en el bote, haces lo que te apasiona, y lo haces cuidando al máximo la belleza de cada gesto, logrando una sinergia entre cada uno de los miembros del bote que de solo verlo o imaginarlo, emociona.

«Y en esos últimos doscientos metros, en un extraordinario esfuerzo de velocidad, a cuarenta paladas por minuto y aporreando el agua hasta convertirla en espuma, Washington adelantó a California. Con cada palada, los chicos les sacaban un asiento. En el momento en que los botes cruzaron la línea de meta, en los últimos coletazos del crepúsculo, se vio una grieta de agua entre la popa del Husky Clipper y la proa del California Clipper.» Sí, esfuerzo, como el esfuerzo nuestro cada día por olvidarnos de que las circunstancias, las condiciones, no están ayudando pero que aún se puede, y se debe, hacer lo que te apasiona en la medida en que puedas. Porque es el único modo de construir algo bello, que a su vez será bueno y estará lleno de bondad. Los actos buenos, bellos, y bondadosos siempre fueron la llave para sacar lo mejor de las personas a quienes amamos, con quienes tenemos relación; porque están llenos de paciencia, de comprensión, de compromiso, y confianza. Porque es esta la vía para creer, como hizo Bobby Moch desde el timonel marcando el ritmo de paladas, en una victoria plena, llena de esfuerzo, de sentimiento de equipo.

Deseo de corazón que estéis lo mejor posible, que tengáis calma, paciencia, y no pierdan la fe ni la esperanza. Un fuerte abrazo, y que tengáis una muy buena semana.

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