¿Para qué ir a la escuela?

Esa misma pregunta fue la que se me planteó en mi cabeza, querida ministra, cuando boquiabierto leía la noticia de que ahora exista la posibilidad de que se pueda obtener el título de ESO y Bachillerato sin límite de suspensos. ¿Para qué ir a la escuela entonces? ¿Qué finalidad y qué sentido se le trata de dar, en consecuencia, a la educación en este país con esa medida?

Querida ministra, a la escuela creo que hay que ir para transformar. Sí, transformar. Transformar a la persona en aquello que está llamado a ser, que puede ser y que merece ser, a base de trabajo, compromiso, confianza y dedicación. Dedicación por parte del alumno y de un maestro que, como muy bien dice Emilio Lledó:

“Se necesita la compañía de un maestro que haga sentir lo que los libros dicen y apreciar, en el sonido de las páginas que pasan, cómo se avientan las semillas, las ideas que encierran. Por eso es tan importante, además de las materias, más o menos oficiales, de los siempre maltrechos planes de estudio, la lectura de obras literarias, que el maestro hace apreciar con su amor a lo que enseña y a los que enseña.”

(Emilio Lledó)

Se educa de manera apasionada, decidida, convencida y comprometida viendo en el alumno oportunidades de conversación, de compartir puntos de vista, de diálogo, de poner todas las inquietudes encima de la mesa para, de esa forma, saber cuándo toca escuchar y cuándo toca hablar. En consecuencia, cuando toca hablar uno sabe qué decir, qué explicar, cómo enlazar el contenido que aparece en el proyector con la experiencia de vida que uno tiene y así que el alumno entienda la finalidad del conocimiento que se le transmite. Para que comprenda que se aprende viviendo, sintiendo, emocionándose y siendo parte de un proyecto, el suyo, no un mero espectador.

Y todo esto, sin quererlo, lo estamos logrando mediante la herramienta más potente que tenemos en la educación, en nuestras relaciones sociales y en la vida que vivimos a cada momento: el lenguaje. Porque como muy bien nos recuerda, de nuevo Emilio Lledó:

“El lenguaje no es solo un medio de comunicación: es un mundo por conquistar cada día a la luz de ese ideal ético que convierte a la existencia humana, a pesar de todas las violencias y adversidades, en una empresa gozosa, en un asombroso destino.”

(Emilio Lledó)

Fíjese, un mundo por conquistar, el que cada uno tenemos en nuestro interior y que mediante esa búsqueda, ese plantearse cuestiones, reflexiones, hacen que poco a poco vayamos teniendo más claro cada día qué camino queremos recorrer, ya no solamente como maestros, como profesores de secundaria o profesores de universidad, si no lo que es más trascendente aún, encontrar la respuesta a la pregunta trascendente acerca de qué camino quiero recorrer como persona y de qué modo quiero dejar huella en ese camino recorrido.

Somos lo que hacemos, lo que decimos, lo que sentimos y ,en consecuencia, vivimos. Es del lenguaje de dónde parte todo, es gracias a este medio de comunicación que logramos conectar con los alumnos, con las personas con quienes compartimos cada día, porque se equivoca muy poco cuando Emilio Lledó afirma que “Yo soy yo y mi lenguaje. Yo soy lenguaje. Unas manos etéreas, hechas de prejuicios, de egoísmos, de oscuridad y luz, de veracidad y falsedad. La educación en ese lenguaje que nos constituye puede servirnos para iluminar la realidad, para vivir, para llegar a ser, para alcanzar el <<deber ser>>.”

Quizás por eso, en consecuencia, es tan importante no solo ir a la escuela si no saber qué finalidad tiene la misma en nuestras vidas, como punto de partida del desarrollo del talento de miles de jóvenes cada día, como contexto que genere un compromiso con el crecimiento de dentro hacia fuera para hacer una sociedad tremendamente mejor de la que tenemos, como lugar donde se puedan sembrar semillas de árboles que jamás veamos terminar de crecer. Quizás, si esto lo tuviéramos claro, ustedes en el Palacio de las Cortes también tendrían muy presente cuál es su particular <<deber ser>>.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo y, a pesar de las circunstancias, tratemos de sacar lo mejor que tenemos en nuestro corazón cada día. Ahora, más que nunca, hace falta remar fuerte y juntos.

“Serán ellos, los políticos, a quienes no esté permitido toca el oro ni la plata, ni entrar bajo el techo que cubran estos metales, ni llevarlos sobre sí, ni beber recipientes fabricados con ellos. Si así proceden, se salvarán ellos y salvarán a la ciudad. Pero si adquieren tierras, casas, dinero, se convertirán de guardianes en administradoras trapisondistas y de amigos de sus ciudadanos en odiosos déspotas. Pasarán su vida entera aborreciendo y siendo aborrecidos, conspirando y siendo objeto de conspiraciones, temiendo, en fin, mucho más a los enemigos de dentro que a los de fuera y así corresponderán en derecha al abismo, tanto ellos como la ciudad.”

(Platón, República III, 417 a-b)

“Luchamos por formar una ciudad feliz, en nuestra opinión, no ya estableciendo desigualdades y otorgando la dicha en ella solo a unos cuantos, sino a la ciudad entera.”

(IV, 420c)

Virtud y felicidad

“Todos los hombres, hermano Galión, quieren vivir felizmente. Pero andan a ciegas, cuando tratan de encontrar aquello que hace feliz la vida. No es fácil, por tanto, conseguir la felicidad, pues, con cuanto mayor afán uno la busca, más se aleja de ella, si ha equivocado el camino.” (Séneca)

Es justo en esa búsqueda de la felicidad cuando aparece la virtud, como cualidad de la persona que afronta la adversidad que se le pueda presentar en el propio transcurso del camino. Un camino que, por otro lado, todos esperamos que conduzca a la tan ansiada felicidad. Séneca nos regala una lección maravillosa consistente en entender, realmente, la importancia de la virtud para llegar a comprender que la felicidad no es un lugar, no reside en un concepto material concreto o determinado, ni tiene que ver con llegar a una estación determinada. La felicidad, por el contrario, se logra cuando el camino se recorre de manera virtuosa. Pero, ¿en qué consiste esto?

Consiste, como bien dice el propio Séneca, en evitar que “os atemoricen aquellas pruebas que los dioses inmortales ponen como estímulos al alma. La adversidad es ocasión de virtud. Y con razón serán llamados miserables los que se anegan en una felicidad desmedida, donde como en un mar tranquilo los detiene una calma nunca rota. Cualquier trance que les sucediere será una novedad: las cosas adversas atormentan más a los faltos de experiencia.” Porque justamente en eso, o al menos para mí, consiste vivir de manera plena y feliz, en acumular tanta experiencia como sea posible.

En estos tiempos en los que existe un elevado grado de incertidumbre, de temor, de preocupación, de querer encontrar respuestas a preguntas de manera permanente, quizás afrontar el día a día como un constante aprendizaje y permanente ejercicio de superación, en equipo y de manera conjunta, de mantener la calma afrontando la adversidad como una oportunidad de mejora personal sea más necesario que nunca.

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Cualquiera de nosotros desearía que estos momentos que vivimos jamás hubieran sucedido, partimos de esa premisa clara e inequívoca. Pero toda vez que nos encontramos aquí es imprescindible para tomar buenas decisiones pensar con calma, ordenar nuestros pensamientos y mirar dentro de nosotros tal y como nos invita a hacer Séneca: “Busquemos algo bueno, no en apariencia,sino sólido y valioso, y más hermoso aún por su interior. Ahondemos, no está lejos. […] . Vida feliz es, pues, aquella que sigue su naturaleza, que no se puede alcanzar más que con alma sana y en perfecta posesión de su salud.” Cuidemos el alma, desarrollemos nuestra virtud tratando de afrontar los pequeños o grandes obstáculos que la propia vida nos va deparando a cada instante y evitemos la comparación, el mirar a la persona que tenemos al lado porque eso solamente genera un desgaste innecesario que nos quita fuerzas para vivir nuestro camino de manera plena.

Un camino que, por otro lado, es mucho más bonito, pleno, enriquecedor y valioso cuando lo transitas en compañía de las personas a quienes amas, a quienes quieres ver felices cada día de tu vida, personas a quienes cuando ves sonreír tu corazón siente que puede absolutamente con todo. Todo camino necesita de amor para comprender, entender, sentir, emocionarse, no por grandes cosas materiales sino por la esencia de la vida: sujetar con fuerza la mano de la persona a quien amas, ver a tus padres sanos y felices, sentir los logros personales y las alegrías de tus amistades más cercanas como tuyas, como propias y celebrarlas de manera especialmente emotiva. Esa es la verdadera felicidad y me atrevería a decir que la manera más auténtica de vivir la vida.

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Como muy bien dice el maestro Séneca: “Quien está bien fundado, quiera o no, se sentirá inundado de una continua alegría de un supremo gozo venido de lo más hondo, pues vive contento con sus bienes sin codiciar otra cosa de sí. ¿Por qué, entonces, no ha de valorar estas cosas y compararlas con las pequeñas, frívolas y constantes movimientos de nuestro cuerpecillo? El día en que se sienta esclavo del placer, será víctima del dolor.”

Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo y feliz vida.

“Buscar la serenidad me parece una ambición más razonable que buscar la felicidad. Y, quizá, la serenidad sea una forma de felicidad.” (Jorge Luis Borges)

“El problema de nuestra época consiste en que los hombres no quieren ser útiles sino importantes.” (Winston Churchill)

 

Centrado en sí mismo

“En un buen equipo, durante momentos difíciles, sus componentes están pendientes del exterior. En un gran equipo, durante momentos difíciles, sus integrantes se centran en sí mismos.” (Pep Marí) 

Cuando leía el otro día estas líneas de Pep Marí me hacían reflexionar acerca de la importancia de dos aspectos de la persona: la capacidad para enfocarse en uno mismo y su capacidad de adaptación antes las diversas adversidades que el propio día a día te va presentando. De hecho, uno de los temas de conversación de ayer con mi querido amigo David Vesga fue ése: cómo preparamos a los jugadores, estudiantes o equipo de trabajo para ese devenir, ese transcurso del día a día.

Saber cómo enfocarte, cómo adaptarte, tiene mucho que ver con tu capacidad para abrir la mente y examinar tus experiencias. Debes estar dispuesto, en definitiva, a ser vulnerable. Sí, vulnerable, ese adjetivo que tanto chirría en muchas cabezas de jefes de equipo pero los líderes auténticos saben que es un requisito imprescindible a incorporar en su adn profesional y personal. Debemos estar dispuestos a examinarnos en profundidad para detectar cómo somos, de qué herramientas disponemos y cuáles son las que nos faltan, cuáles son las que aún no tenemos y que, de tenerlas, no solo nos permitirían dar un salto cualitativo sustancial si no que, más importante aún, ayudaríamos de una manera increíble a nuestro equipo de trabajo. Porque para llegar a un objetivo colectivo, todos debemos dar el paso de querer conocernos y reconocernos.

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Querer conocernos y reconocernos implica, como muy bien dice John Donahoe, ser auténtico, mantener la esencia de uno mismo sin que importe la situación en la que uno se encuentra. Añade, además, que “el mundo es capaz de modelarte si no le opones resistencia. Para lograr ser tú mismo en la vida, debes tomar conciencia de tus elecciones. No siempre es fácil tomarlas y, al hacerlo, cometerás muchos errores.” Error implica capacidad de aprendizaje, implica querer crecer y , por encima de todo, evitar repetir el mismo error dos veces porque como muy bien recuerda Pep Marí: En un buen equipo, de un error aprende quien lo comete. En un gran equipo, de un error aprenden todos.” Esto conlleva compromiso en el proyecto del cual formo parte y confianza en todos mis compañeros, además de atención y concentración en cada día, en cada sesión, en cada partido, atendiendo al…proceso. No es que suene muy poético, es la realidad. Lo más verdadero, realista, que podemos proponer a un equipo es atender al proceso tratando de hacer las pequeñas tareas del día a día de la mejor forma posible teniendo en presente que, aún con todo, puede que el resultado final no sea el esperado porque siempre habrá elementos que se escapen de nuestro alcance, de nuestro control.

Ayer los partidos de playoffs de ascenso a 2ªB nos regalaban una lección aplicable a cualquier escenario (el deporte, como dice mi buen amigo Álvaro Merino, nos regala lecciones de aprendizaje muy potentes cada día para nuestra vida). Recuerdo que el comentarista en cierto momento dijo que era increíble y sorprendente los resultados que se estaban dando, algo con lo que no estoy nada de acuerdo. En una fase de playoffs como la que se está disputando, a partido único, con innumerables factores totalmente nuevos, estos partidos son de todo menos predecible, como la vida misma. La lección que nos regalan este tipo de eliminatorias es que centrarse en uno mismo, concentrarse en el momento que vives, en lo que puedes controlar y poner todo lo que hay dentro de ti en cada acción para sumar al equipo en cada disputa de partido intentando que ese equipo saque la mejor versión de sí mismo, es la disposición más realista que uno puede tener ante un reto similar.

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Porque como muy bien dice Bill George, “para los auténticos líderes hay recompensas especiales. Ningún éxito personal puede igualar el placer de liderar a un grupo de personas que lucha por un resultado que merezca la pena. Cuando llegas al final y te dispones a cruzar la meta junto a los demás, todo el dolor y el sufrimiento que has padecido desaparece rápidamente y es remplazado por una profunda satisfacción interna que proviene del hecho de haber logrado fortalecer a los demás y, por tanto, de haber logrado un mundo mejor. Este es el orgullo y la satisfacción del auténtico liderazgo.

Cuando nos centramos en nuestro proyecto, en las personas que lo componen, somos realmente capaces de aportar ese valor añadido tan necesario para que todo el equipo crezca, avance y quiera sumar a una sociedad tan necesitada de educación, valores, compromiso, solidaridad y sensibilidad. Es precisamente el instante en el momento en el que esto sucede cuando, todo lo que nos rodea fuera, no nos importa en absoluto, no nos distrae, ni nos quema, ni nos amarga la existencia porque lo que tenemos frente a nosotros nos llega al corazón, nos toca y se convierte en una fuerza tremendamente poderosa que nos ayuda cada día a mostrar lo que tenemos dentro de nosotros. Miremos dentro para ser capaces de vivir con, por y para quienes están a nuestro lado. Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo y nunca dejen de seguir su camino rodeado de personas auténticas. 

“Los miembros de un buen equipo se respetan. Los miembros de un gran equipo se admiran.” (Pep Marí)

“Todos tenemos la semilla del liderazgo en nosotros mismos, tanto para los negocios como para trabajar en el gobierno o para ser un voluntario de una ONG. El desafío consiste en conocernos lo suficientemente bien para saber dónde podemos usar nuestro liderazgo para servir a los demás.” (Ann Fudge)

“El punto de partida de la trayectoria de un auténtico líder es entender su propia historia vital. Tu historia vital te proporciona el contexto de tus experiencias y, a través de ellas, puedes encontrar la inspiración para dejar tu huella.” (Bill George)



 

 

“Guarda, guarda, guarda.”

“Sonó el pistoletazo de salida, los botes salieron adelante con impulso, y el telegrafista anclado en la ribera le dio al teclado para que el mundo supiera que la trigésimo octava regata anual de primeros equipos de Poughkeepsie finalmente había empezado. Durante cinco paladas, los siete botes fueron codo con codo y remaron con intensidad. Entonces Washington súbitamente aflojó y el resto de competidores le pasaron por delante. A Bobby Moch no le importaba, era justo lo que quería. […] Para que los chicos mantuvieran el ritmo, Moch se puso a cantar su nuevo mantra haciéndolo coincidir con cada palada -<<Guarda, guarda, guarda>>, recordándoles que el secreto era conservar las fuerzas.” 

Y justamente eso, conservar las fuerzas, es quizás la tarea que debemos tener en estos días en nuestra cabeza. Debemos cambiar nuestro plan, bajar la intensidad para, de ese modo, incrementar el volumen, la duración, y en consecuencia, nuestra capacidad de aguante en estos días de confinamiento que aún nos quedan. Para lograr saber cómo hacer esto, cómo ponerlo en práctica, la reflexión me la lanzó el propio Berlín en uno de los capítulos de La Casa de Papel, en una conversación El Profesor: “Sigue haciendo lo que te apasiona. Sigue cultivando la belleza.” No se pueden dar consejos más claros, más breves, pero a la vez más potentes, durante estos días.

Hacer lo que te apasiona logra que te llenes de energía, que te vuelvas a reenganchar a lo bello de la vida si es que aún estabas desconectado por completo de ello. Vivir apasionado es vivir conectado con lo más esencial de ti, con lo que te ha permitido conocerte, descubrirte, y por ello saber hacia dónde debes caminar, qué camino coger, y qué tareas debes abordar. Hacer lo que te apasiona te conduce a construir con absoluta belleza, con total determinación, porque has logrado entender que la belleza va unido a lo bueno, a lo que tiene sentido, va ligado a un propósito de vida, a sumarte a ti, y lo que es más importante aún, a la vida de las personas que quieres y con quienes creces como persona.

El hecho de vivir apasionado te lleva, en uno u otro modo, a seguir cultivando belleza. ¿Pero qué es eso?¿Qué se requiere para cultivar belleza? Vivir con amor, en eso consiste, resumido en tres palabras. Vivir con amor es vivir desde la mirada más profunda, sincera, honesta, hacia las personas que quieres, que amas, tratando de ayudarles en estos momentos más que nunca a que no dejen de contemplar la vida con ojos que derrochen luz, energía, fuerza, ojos que estén llenos de esperanza, de fe, y así nunca dejar de creer.

“Sin embargo, si alguien había sido más listo que Al Ullbrickson, era su propio timonel: el chico bajito con su propia llave de la asociación Phi Beta Kappa. Y ahora echaría el resto. De repente se inclinó hacia Don Hume y gritó: <<¡Diez de las grandes para Ulbrickson!>>. Ocho remos largos de pícea se hundieron en el agua diez veces. Entonces Moch gritó de nuevo: ¡Diez más para Pocock!. Otras diez paladas enormes. ¡Diez más para papá y mamá!>>. Muy lentamente, el Husky Clipper se deslizó por delante de Columbia y empezó a acercarse a la Marina, que estaba segunda.”  Saber en qué momento gastar una bala, o la bala, meter una píldora que incremente el pico de intensidad en emociones, en motivación, es tan importante y tan esencial en estos días como evitar gastarlas todas de golpe. Solamente de esa forma lograremos mantener, en mayor o menor grado, un buen estado óptimo en nuestra pareja, en nuestros padres, hermanos, amigos, alumnos; dosificar la intensidad de esas sorpresas es tan vital como mantener en el tiempo nuestra cabeza enfocada en lo que suma, en nuestras posibilidades, abrazando con total esperanza el momento de subir de ritmo, como Bobby Moch con el bote del Husky Clipper.

“En el bote, Moch estaba fuera de sí. <<¡OK!¡Ahora, ahora, ahora!>>gritó. Don Hume subió el ritmo a treinta y cinco, luego a treinta y seis y, más adelante, a treinta y siete. En el lado de estribor, Joe Rantz lo siguió con la suavidad de la seda. El bote empezó a tener swing. La proa empezó a levantarse del agua. Washington dejó atrás a los guardiamarinas como si su bote estuviera clavado en el agua.” Y esta es una de las claves, de las que hemos hablado más veces, lograr el swing en aquello que hagas, sentir que alcanzas un estado en el cual pierdes la noción del tiempo porque, como ellos en el bote, haces lo que te apasiona, y lo haces cuidando al máximo la belleza de cada gesto, logrando una sinergia entre cada uno de los miembros del bote que de solo verlo o imaginarlo, emociona.

“Y en esos últimos doscientos metros, en un extraordinario esfuerzo de velocidad, a cuarenta paladas por minuto y aporreando el agua hasta convertirla en espuma, Washington adelantó a California. Con cada palada, los chicos les sacaban un asiento. En el momento en que los botes cruzaron la línea de meta, en los últimos coletazos del crepúsculo, se vio una grieta de agua entre la popa del Husky Clipper y la proa del California Clipper.” Sí, esfuerzo, como el esfuerzo nuestro cada día por olvidarnos de que las circunstancias, las condiciones, no están ayudando pero que aún se puede, y se debe, hacer lo que te apasiona en la medida en que puedas. Porque es el único modo de construir algo bello, que a su vez será bueno y estará lleno de bondad. Los actos buenos, bellos, y bondadosos siempre fueron la llave para sacar lo mejor de las personas a quienes amamos, con quienes tenemos relación; porque están llenos de paciencia, de comprensión, de compromiso, y confianza. Porque es esta la vía para creer, como hizo Bobby Moch desde el timonel marcando el ritmo de paladas, en una victoria plena, llena de esfuerzo, de sentimiento de equipo.

Deseo de corazón que estéis lo mejor posible, que tengáis calma, paciencia, y no pierdan la fe ni la esperanza. Un fuerte abrazo, y que tengáis una muy buena semana.

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“Obligados”a elegir

“Sin más, pondré la atención en mí y, cosa que resulta muy provechosa, revisaré mi jornada. Nos vuelve muy defectuosos el hecho de que nadie toma en consideración su vida; discurrimos sobre lo que hemos de hacer, y esto raras veces, pero no consideramos lo que hemos hecho; ahora bien, la previsión del futuro depende del pasado.” (Marco Aurelio)

El pasado sábado se volvieron a celebrar, como cada cierto tiempo, las jornadas de puertas abiertas en nuestra Universidad. Un momento clave para los futuros alumnos, a quienes se les da la posibilidad de conocer nuestras instalaciones, servicios que tienen a su disposición, o conocer por vez primera a alguno de los profesores que más tarde tendrán en clase.

Justamente cuando me estaba despidiendo de los padres que habían asistido, uno de ellos me dijo una frase que inicia la reflexión de este título: “Es que jope, cada vez les obligan a tener que elegir, decidir, antes, y están hechos un lío, no saben aun lo que quieren.” Y yo me preguntaba: ¿Cuál es el verdadero problema? ¿Realmente es demasiado pronto para tomar decisiones, con 17-18 años? ¿Acaso no van a tener que elegir, constantemente, durante el resto de su vida? Quizás, después de todo, lo malo es que aún no sepan qué significa tomar decisiones, y la importancia de ello.

El problema de no saber cómo, qué, cuándo, ni qué elegir o decidir, conlleva que uno no termina de aprender qué se siente cuando uno se equivoca, cuando uno acierta, qué implica equivocarse o acertar en las personas con quienes estás conviviendo cada día y cómo les afecta a ellos. Del mismo modo, implica en el chico la nula experiencia de sentir la libertad para decidir, la responsabilidad de ver cómo cambia la dirección de tu camino en función de tus decisiones; porque ya hay otras personas que están decidiendo por ti.

Con esto no quiero decir que al chico, desde edades bien tempranas, se le deje hacer absolutamente lo que quiera, cuando quiera, y como quiera. En absoluto. Más bien, tiene que ver, con saber qué distancia tomar con respecto a él para hacerle saber que estamos ahí, pero al mismo tiempo mediante preguntas (no imposiciones, ni órdenes), invitarle a que sea él quien vaya aprendiendo a decidir. Preguntarles para escucharles, escucharles para saber realmente qué quieren, qué esperan, cómo ven en definitiva el mundo a través de sus ojos.

¿Por qué es vital todo este proceso, y cuidar cada paso en ese crecimiento diario? La razón es muy sencilla: Para evitar la incoherencia. Sí, porque no se puede ser tan incoherente hasta el punto de que se lo demos absolutamente todo hecho desde pequeños, impidiendo que elijan, evitando que se equivoquen, o que acierten, pero en definitiva quitándoles su protagonismo; añadiendo además a eso un ensalzamiento de habilidades, esfuerzos, o atribuyendo méritos mediante recompensas a una serie de comportamientos que, no nos equivoquemos, son deberes, responsabilidades, que tienen, y que sin embargo les hacemos ver que es algo excepcional en ellos.

Hacer excepcional lo que debería ser normal es muy peligroso, más de lo que imaginamos, porque es la consecuencia directa que les lleva a vivir en una burbuja hasta determinada edad en la cual su entrenador, su profesor, su primera pareja, o en su primer trabajo, serán quienes les digan el primer “NO”, o la primera frase del estilo “Esto no se hace así. Te has equivocado”; o por otro lado preguntas del estilo: “¿Cómo hacemos esto?” Cuando esto sucede, es el mismo efecto que si la burbuja se pinchase, se aterrizase desde una altura estrepitosa, y ya solo el mero contacto con el suelo físico de verdad, con sus baches, piedras, o un poco resbaladizo, que puede generar pequeñas caídas asusta, y de qué manera.

Por todo ello no podemos exigirles, a cierta edad, que comiencen a elegir, a decidir, de manera adulta y responsable, si por el contrario durante sus edades más tempranas no aprendieron a hacerlo contestando a pequeñas preguntas, más asequibles acordes a su nivel de madurez. Y no aprendieron no porque no quisieran, sino porque directamente ni se les enseñó, ni más importante aún, no se les permitió ese pequeño espacio, esa distancia tan necesaria, que consiste en confianza, liberta, y responsabilidad, que se traduce en respetar su crecimiento.

Puede ser que dé miedo, vértigo, dejar esa breve distancia, y ver cómo se equivocan, como tienen una pequeña caída: pero creo sin ningún tipo de duda que será mejor tener esa pequeña equivocación, esa breve caída, acorde a su temprana a edad; a que cometan errores de una mayor dimensión, con peores consecuencias, y heridas realmente profundas. Todo este proceso no tiene nada que ver con tratar de ser perfecto, ni competir contra el resto en quien obtiene un mayor grado de puntuación. Este proceso tiene más que ver con un entrenamiento prolongado en el tiempo, un camino de descubrimiento de sí mismo a base de realizar las preguntas adecuadas, en los momentos correctos, para que sea capaz de recorrer este camino o viaje a Ítaca como diría el bueno de Jon Pascua Ibarrola disfrutando del viaje, sin cansarse jamás del paisaje.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y sigan disfrutando de su viaje.

 “la finalidad de la vida es el propio desarrollo. Realizar la propia naturaleza de la forma más perfecta posible…ésa es la razón de ser de cada uno en este mundo. Hoy en día, la gente tiene miedo de sí misma. Han olvidado el más importante de todos los deberes, el deber que cada uno tiene consigo mismo. Son caritativos, desde luego. Dan de comer a los hambrientos, y visten al mendigo. Pero sus almas se mueren de hambre, y están desnudas. Nuestra raza ha perdido su coraje. Quizás nunca lo tuvimos. El terror a la sociedad, que es la base de la moral, el terror a Dios, que es el secreto de la religión…ésas son las dos cosas que nos gobiernan.”(Óscar Wilde)
“Parte de tu capacidad para dirigir el país no tiene que ver con las leyes o normas, consiste en dar forma a la actitud, definir la cultura, y crear conciencia.
Cuando nos convertimos en presidente olvidamos lo que nos ha llevado ahí, que es nuestra capacidad de llegarle a la gente.
Tiene derecho a una opinión propia, pero no ha hechos propios.” (Barack Obama)
“El señorío interior del hombre, cuando va bien concertado con la naturaleza, adopta respecto a los acontecimientos una posición tal, que en todo momento puede modificarla fácilmente, a tenor de las circunstancias. No tiene preferencia por ninguna materia determinada; se dirige a los objetos principales, aunque con la debida reserva, y si alguno se le opone, conviértelo en materia de tu propia virtud, no de otra manera que el fuego cuando se apodera de los cuerpos que se le echan encima. Una pequeña mecha se apagaría, pero un fuego vehemente asimila pronto cuando se le arroja, lo convierte en sí mismo y se levanta así más alto.”(Marco Aurelio)
“El que se pierde en la vida, es el que no sigue a nada ni a nadie.” (José Antonio Fernández Bravo)
“Las decisiones que tomes en tu vida tienes que tomarlas con mucha claridad, y para ti, porque con quien vas a estar toda tu vida es contigo.” (José Antonio Fernández Bravo)
“Evolucionar significa simplemente cambiar de equivocación.” (José Antonio Fernández Bravo)

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Con vos iremos

“-Amigos, quiero saber cuáles de vosotros queréis venir conmigo. Dios os lo pagará a los que vengáis, pero igualmente satisfecho quedaré con los que aquí permanezcáis.

Habló entonces Álvar Yáñez, su primo hermano:

-Con vos iremos todos, Cid, por las tierras deshabitadas y por las pobladas, y nunca os fallaremos mientras estemos vivos y sanos; en vuestro servicio emplearemos nuestras mulas y nuestros caballos, el dinero y los vestidos; siempre os serviremos como leales amigos y vasallos.”

De esta forma da comienzo la historia del Cid Rodrigo Díaz, o como también se le conocerá, El Cid Campeador, y precisamente ya con estas primeras líneas se me planteaban las primeras preguntas, las primeras reflexiones: ¿Sería esto viable hoy en día?¿En qué se ha cambiado?¿Dónde quedaron la lealtad y la palabra dada?¿Cómo hemos desarrollado nuestro círculo de amistad, de confianza?¿Qué nos mueve a sentir lealtad y respeto por una persona?

Si uno se para a observar, es tremendo cómo se han desarrollado las relaciones de amistad hasta el día de hoy. Sorprende ver y escuchar cómo no dejan de suceder las historias de decepciones, de discusiones, entre relaciones de amistad, siendo cada vez más difícil encontrar grupos de amigos que mantienen lazos fuertes de confianza, de unión, y de entendimiento. La persona, sin duda, con el paso del tiempo ha ido olvidando lo que realmente es importante.

Hasta ayer siempre había querido escribir este post, pero no sabía cómo desarrollarlo. Pero después de tener la gran suerte de conocer al profesor y doctor Don Alfonso López Quintás, comprendí por qué han cambiado tanto las relaciones, y la manera en que las concebimos, desde los tiempos del Cid Campeador hasta el día de hoy.  Gracias a él supe que todo encuentro parte de una relación entre dos personas, quienes generan un estado de plenitud. Con ello, se genera un campo de juego, que les enriquece a ambos, porque es una experiencia reversible.

Dicho esto, se debe tener en cuenta que para que se dé un encuentro, deben plantearse las siguientes condiciones:

  1. Generosidad.
  2. Disponibilidad
  3. Cordialidad
  4. Fidelidad
  5. Paciencia
  6. Comunicación
  7. Participación en tareas comunes

Se debe tener presente que, todos estos valores, cuando los asumimos para generar ese encuentro tan necesario, se transforman en virtudes. Y aquí, al llegar a este punto, pude comprender por qué a día de hoy no existe esa lealtad, ese valor de la palabra, ese valor de la amistad, que se tenía hace un tiempo.

Comprendí que se ha perdido por completo la escala de valores, porque se tiende a tener muy poca generosidad con la otra persona. No se logra comprender que nunca se debe esperar nada a cambio, sino dar porque realmente te quiero, porque mi cariño y mi amor hacia hace que quiera darte lo mejor de mí.

Hay que tener en cuenta, además, que las relaciones no se dan ni se producen, ni se mantienen, cuando uno quiere sino que hay que estar, y hacerle sentir a la otra persona que realmente estás. Es conocida la frase de que “para tomar unas cervezas siempre hay muchos, pero cuando llegan los momentos difíciles, pocos son los que se quedan.” No hace falta llegar a este extremo, aunque es cierto, pero es tan verdad como que no abundan los mensajes de qué tal estás, y sin embargo sí abundan la no respuesta a ese mensaje. Seguimos sin saber apreciar que, todo cuanto tenemos, nada es tan valioso como el tiempo que invierte esa persona contigo. Nos sigue faltando sensibilidad, mucha. Así marchamos.

Caemos en el tremendo error de que, cuanto más cariño o confianza hay, no tiene por qué haber respeto, educación, hacia los gestos de la persona. Nada más lejos de la realidad. A más años de amistad, a más confianza, a mayor relación familiar (como es el caso de una madre, un padre, o un hermano), mayor cordialidad. No nos equivoquemos. Un “gracias”, un “perdón” cuando nos hemos equivocado, es necesario y hasta obligatorio decirlo, independientemente del grado de confianza que haya en una relación, porque es la mejor señal para hacer entender a la otra persona que la quiero, que la sigo valorando como se merece de verdad.

Ser fieles a esa relación, a lo que se cuenta, a lo que se dice, al valor de la palabra dada es otro factor, otro componente de las relaciones que cada vez se ve vulnerado con mayor frecuencia. Y parece que hay que recordar que cuesta mucho ganar la confianza de una persona, de un grupo, pero cuesta muy poco perderla, puede ser en cuestión de segundos de hecho. Y si a todo lo anterior añadimos la poca paciencia mostrada a veces, sobre todo en los conflictos, para encontrar una solución que nos devuelva a un punto común; si tenemos en cuenta la poca o nula comunicación existente a veces en esas relaciones de amistad o de pareja, relaciones entre dos personas al fin y al cabo, que están deseando verse pero luego no disfrutan ni saben disfrutar de cada palabra, de cada mirada, y de cada gesto de complicidad, la consecuencia es efectivamente que se ha perdido la perspectiva de todo, pero sobre todo, se ha perdido la concienciación de cómo se genera un encuentro verdadero entre dos personas.

Tras lecturas como las del Cantar de Mío Cid, o presenciar clases tan humanas y magistrales como la que tuve la suerte ayer de presenciar, y emocionarme, con Don Alfonso López Quintás, llego a la conclusión de que cuantas más cosas accesorias ha ido teniendo el ser humano con el transcurso del tiempo, más ha ido olvidando la esencia de la vida, de las relaciones personales, y la escala de valores por la cual cualquier persona debería regirse. Y probablemente esa sea la tarea más importante que los formadores, los educadores, los docentes, toda persona que en definitiva está vinculada a la enseñanza tiene encomendada en estos momentos: transmitir la idea de que todo parte del encuentro, y en concreto, de la relación que pueden crear dos personas, de corazón a corazón. Recuperar lo esencial, lo que sin lugar a dudas jamás debió perderse en este caminar, un caminar que deberíamos hacer conservando nuestra dignidad e integridad.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo.

“Educar es dejar aparecer todo el potencial de nuestros niños para que un día se conviertan en adultos con herramientas de valor para poder manejarse en entornos cada día más complejos.” (Álvaro Merino Jiménez)
“En nuestro mundo de disyunciones, lo prudente es prepararse y es apostar por innovar, aunque no sea fácil y aunque a veces los resultados tarden en llegar. No hay innovación sin riesgo, pero el gran riesgo es no innovar.” (Xavier Marcet)
“Humildad para reconocer errores y dejarse ayudar, y generosidad para hacer el trabajo de los demás si hace falta.” (Xesco Espar)

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Aceptar y seguir

“Aceptar que habrá posesiones que no salgan bien, y hay que seguir jugando” De ese modo terminaba el seleccionador del combinado español de baloncesto, Sergio Escariolo, su charla previa al partido contra Australia. El paso previo a poder disputar la final  que hoy, contra la selección argentina, ha terminado 75-95. Campeones del mundo, otra vez. Otra vez tratando de convertir lo extraordinario, en algo normal, como si lo de hoy fuera lo lógico. Y nada más lejos de la realidad.

Digo esto porque hoy la selección española, hace unas semanas Rafael Nadal con la consecución del US Open después de 4 horas y 50′ de partido nos están regalando lecciones que según la manera en que las contemplemos pueden ser valiosas, o pasar totalmente desapercibidas. Pero de todo lo que se puede extraer de ambos ejemplos, me quedo con una palabra: consistencia. Que en palabras de nuestro seleccionador Sergio Escariolo bien podría equivaler a aceptar y seguir.

En uno de sus últimos artículos, Xaviert Marcet nos regalaba frases reveladoras como la siguiente: “Las empresas consistentes reaccionan rápido ante los primeros síntomas de debilidad de sus mercados. La consistencia no se fía de las inercias ni cree en superioridades morales o de marca de sus productos o servicios. Cuando hay señales de cambio (y, si puede ser, un poquito antes) toman decisiones correctoras o innovadoras. Las empresas consistentes viven de saber mantener la tensión siempre. Las empresas de éxito se relajan en sus celebraciones y creen que todo se arregla con un buen anuncio en el descanso de la Super Bowl o justo después de las campanadas de fin de año. Las empresas consistentes buscan el compromiso de su gente, de sus clientes, de sus proveedores.”

Vamos Rafa post

Y señalo este párrafo porque aparece una palabra que me parece clave, más aún si cabe en estos momentos de comienzo de clases en el curso académico, de temporadas en los equipos de deporte de base, así como en nuestros proyectos personales: COMPROMISO. ¿Por qué? Bajo mi punto de vista, el compromiso es uno de los elementos fundamentales para que nuestros proyectos sean disfrutados, y saquen nuestra mejor versión. No digo que a más compromiso, más éxito; no. Digo que a más compromiso, más disfrute con todo aquello que afronto cada día de mi vida, y más capacidad para persistir, para insistir, para defender y luchar aquello que quiero para mi equipo de trabajo.

Es importante diferenciar esto, sobre todo para aquellos que solamente buscan el éxito para la adulación posterior, porque lo primero que habría que preguntar es qué es éxito para ellos. Eso por un lado, y segundo dejar bien claro que siempre habrá factores que no estén en tu mano, que no puedas controlar, y que te impidan llegar al objetivo o meta que en un momento te marcaste. Ahora bien, si nos centramos en el compromiso de disfrutar de cada instante, de aprovechar cada momento haciendo brillar a quienes están a tu lado; conseguirás o no aquello que otros llaman éxito, lo que sí es seguro es que estarás en mejor predisposición de afrontar todo lo que esté por venir.

Porque la mayoría de las veces, por no decir todas, y es lo que nos recuerdan tanto la selección española como Rafael Nadal, como tantos otros deportistas, es que ganen o pierdan siempre siguen insistiendo, siempre intentan estar preparados para el próximo movimiento, para el próximo golpe, para una nueva aventura (ya lo decía Shakleton: siempre hay un nuevo movimiento). El partido, como la vida, no para, y hay que seguir jugando pierdas o no tu posesión como dice Sergio; pierdas o no el punto que estás jugando como afirmaba Rafael en la entrevista posterior a la final; siempre sigo y trato de enfocarme en el momento que acontece. Eso es compromiso conmigo mismo, y con todas las personas con quienes comparto ese proyecto: dar lo mejor de mi en cada instante de mi vida. Eso sí lo puedo controlar.

Equipo SEB

Como dice Fred Kofman: “Para ser un gran líder, debes comprender que buscar el éxito es, de forma paradójica, el modo incorrecto de lograrlo. El éxito es como la felicidad, no puede perseguirse directamente. Cuanto más directamente busques la felicidad, menos probable será que lo consigas. Perseguir la felicidad directamente te puede llevar a un placer hedonista a corto plazo, pero no te dará la felicidad auténtica. Para alcanzar el éxito debes vivir una vida con sentido y propósito. También debes perseguir la significatividad, la autorrealización y la autotrascendencia; no solo para ti sino para todos los que trabajan contigo.”

Compromiso conmigo mismo y las personas que quiero para dotar de significado a todo aquello que realizamos, ponemos en marcha, a cada momento de nuestra vida, trabajando en la realización como persona, e intentando que tenga una trascendencia. Consistencia para que significatividad, autorrealización y autotrascendencia se extiendan en el tiempo con todas las personas con quienes trabajamos en nuestro día a día: familia, pareja, compañeros, alumnos, generando en ellos entusiasmo y amor. No vivimos, ni trabajamos, para obtener likes. Vivimos para que, de alguna manera, ayudemos a encontrar a otras personas el significado, el sentido, y la trascendencia de sus vidas. Si lo conseguimos, desconozco si seremos unas personas de éxito o no, pero lo que sí es seguro es que nuestra vida será plena.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y les recomiendo que disfruten de los vídeos.



“Nos parecemos a muchas otras criaturas en su deseo de ser felices, pero la búsqueda de significado es la clave singular de lo que nos hace ser humanos.” (Roy Baumeister)
“La felicidad sin sentido caracteriza a una vida relativamente superficial, egocéntrica o incluso egoísta, en la que las cosas van bien, las necesidades y el deseo se satisfacen fácilmente y se evitan las dificultades y los compromisos exigentes.” (Roy Baumeister)
“La diferencia básica entre un hombre ordinario y un guerrero es que el guerrero se lo toma todo como un desafío, mientras que el hombre ordinario se lo toma todo como una bendición o una maldición.” (Don Juan, chamán mexicano)

 

La sencillez de un niño

Es cierto que conforme uno crece se incrementan las responsabilidades, las tareas que debe afrontar, los desafíos, que uno debe perseguir de manera progresiva. Pero, ¿por qué esto nos lleva, en determinados momentos, a complicarnos en exceso la vida? ¿por qué no somos capaces de atender a lo importante, en lugar de estar bombardeando nuestra mente con pensamientos que solamente desgastan? Qué importante es saber disfrutar.

Como contaba Mauricio Pochettino en su libro, en la escapada que realizan a Argentina: “La lejanía de la urbe agudiza los pensamientos y los sentidos. A lo mejor no son tan ingeniosas las ideas que se nos ocurren, pero lo parecen. Disfruté inmensamente de los momentos en grupo y también de algún paseo en solitario al embarcadero, un rincón tranquilo y maravilloso. Un día que agarré la bicicleta coincidí con Jesús, que había salido a correr. Decidimos seguir juntos el paseo; yo pedaleando y el al trote. La energía era brutal, no hacía falta que habláramos, nos sentíamos parte de algo mucho más grande.”

Sentirte parte de algo mucho más grande que tú consigue que uno se desprenda de sí mismo, y se centre en todo lo que le rodea: la persona con quien está; si se encuentra solo percibir los rayos del sol, el sonido de las olas cuando rompen, el cantar de los pájaros cuando vuelan por encima de ti. ¿Por qué dejamos de fijarnos en la belleza de todo cuanto nos rodea? La belleza, qué importante es; pero me la guardo para el próximo post.

Uno de los grandes retos, creo, para cualquiera es justamente esto: no necesitar ir a un sitio alejado, para disfrutar de la belleza de cuanto nos rodea. Debemos ser capaces de apartar trabajo y vida, atendiendo al trabajo cuando toque; pero atender a nuestra vida cuando estemos en nuestro tiempo, en nuestro espacio, en ese encuentro contigo mismo. Para que el trabajo sea de calidad, nuestro tiempo de descanso de cada día (que debemos tenerlo), también debe poseer esa máxima calidad.

Una de las reflexiones que me encantó de Mauricio, al respecto de este “darle vueltas a la cabeza” fue la siguiente: “Es que me di cuenta de una cosa. Darle vueltas a las cosas, buscar donde no hay, intentar la cuadratura del círculo, es un esfuerzo innecesario. La solución está en continuar confiando en el proceso. En la esencia. En encontrar en uno mismo la pasión y las respuestas para superar cualquier obstáculo . Eso fue lo que nos enseñó el Lago Escondido.”  No es casualidad que otra vez, en otro libro, se resalte la importancia de saberte enfocar en el presente, en el proceso, en la manera en que lo recorres independientemente de que el resultado final sea bueno o no tan positivo como esperabas; presente y paciencia se antojan claves para lograr esa tranquilidad, esa pausa, tan necesaria en nuestro día a día.

Y precisamente esto, ser capaces de encontrar en cada uno de nosotros la pasión que nos mueve a sacar nuestra mejor versión cada día, me conecta con la última reflexión de Pochettino, tras tener una de esas charlas de las que solamente puedes tener 2-3 durante la temporada, pero que obtiene unos efectos como él mismo dice “milagrosos”: “…los jugadores se sumergen en su conciencia y cada uno regresa a un punto determinado de su pasado. No sabes a cuál exactamente, pero te lleva a un reencuentro con una versión más joven de ti mismo; el chico que amaba el fútbol y la persona que eres ahora se funden en uno. Y cuando eso ocurre, al salir de nuevo a entrenar vuelven a disfrutar, se ríen, corren, y hacen un gran esfuerzo, están conscientes, receptivos, abiertos a lo que les diga.” 

¿Y cuál es la imagen que se me venía justo cuando leía estas líneas del libro? La imagen que vi hace unos días en Twitter, de un pequeño aficionado del Manchester United, pisando por primera vez Old Trafford, con una cara de asombro, de sorpresa, de felicidad, que me dejaron encantado por verlo reflejado en su cara. Casi al mismo tiempo, se me venía la siguiente pregunta: ¿Por qué abandonamos este estado? ¿Por qué conforme crecemos necesitamos más y más, para alcanzar ese asombro, esa alegría, esa conciencia? ¿Por qué con el paso del tiempo nos ocupa más la vida de la persona de al lado, que la nuestra propia? Quizás porque el paso de niño a adulto no ha sido completado de la forma correcta.

Probablemente crecer signifique asumir responsabilidades, claro que sí, pero sin olvidar que el crecimiento no está reñido con felicidad, con seguir asombrándonos de momentos cotidianos, con saber dar las gracias por cuanto tenemos, con pedir perdón cuando uno se equivoca, con no meterte en la vida de los demás, con evitar la crítica desmedida, la opinión nada constructiva. Crecer es, también, saber ser feliz con la vida que tienes, con el momento que atraviesas, teniendo siempre claro que nada es para siempre. Existirán momentos buenos, otros no tan buenos, otros malos, y otros muy malos; pero en nosotros está (igual que la pasión por mejorar) saber cuándo ocuparse y no pre-ocuparse. Por todo ello, la respuesta la tenemos en ellos: los niños.

En su capacidad para atender al momento que viven, de manera despreocupada, sin atender a lo que harán diez minutos o dos horas más tarde. En sus ganas de querer socializar, de querer compartir lo que tienen, en sus sonrisas sanas sin esperar nada a cambio en un futuro, en su imaginación, su creatividad, su alegría. Si es necesario, fijémonos en ellos para saber de dónde venimos, cómo hemos llegado hasta el punto en el que estamos, y de qué manera queremos recorrer el camino que nos queda por hacer. Como decía cierta frase: “Que el niño que fuiste en su momento, jamás se avergüence del adulto que ahora eres.”

Que tengan una muy feliz semana, y si están de vacaciones, disfrútenlas como se merece. Sepan disfrutar de cada día de la semana, de las personas que tienen al lado, y den las gracias a menudo. Un fuerte abrazo.

como niños


 

Vivir

“Solo hay que vivir, vivir, vivir. Que nadie pueda etiquetar mis pasos. Soy timonel de mi propio barco.” Estas son las letras de una de las canciones de Pablo Alborán, y las elijo porque hoy quiero hablar sobre esto, lo que hacemos cada día a nuestra manera, vivir. Es curioso cómo de todas las acciones que llevamos a cabo cada día, si hay una que realizamos sí o sí es esta, la de vivir. Y sin embargo, ¿sabemos vivir? ¿qué es vivir?¿catalogamos la vida de los demás? ¿nos ocupamos de aprender a vivir?

Vivir de manera plena tiene que ver contigo, y poco con lo de fuera. Es saber centrarse en el momento presente disfrutando, o mejor dicho sabiendo disfrutar de cada momento, de cada instante que se vive prácticamente como si fuera el último. Porque la realidad, aunque tendamos a olvidar, es que no sabemos si será el último. Como decía Yamamoto Tsunetomo, “con seguridad no hay otra cosa que el propósito único del momento presente. Toda la vida de un hombre es una sucesión de momento tras momento. Si uno comprende completamente el momento presente, no habrá nada más que hacer, y no quedará nada por perseguir.”

Vivir alcanza su auténtico y verdadero significado cuando dejas un poquito de tu corazón en cada gesto, en cada acción, de tu día a día. Del mismo modo que le explicaba George Yeoman Pocock a Joe Rantz mientras construía uno de sus botes de remo: “Pocock se quedó en silencio, dio unos pasos hacia atrás para ver mejor el armazón del bote, se puso las manos en la cadera y estudió detenidamente el trabajo que había hecho hasta entonces. Dijo que, para él , el arte de construir un bote era como una religión. No bastaba con dominar los detalles técnicos. Había que entregarse espiritualmente, había que rendirse completamente. Cuando terminabas y te alejabas del bote, había que sentir que habías dejado en él, para siempre, una parte de ti mismo, un pedacito de corazón. Se volvió a Jose. “El remo-le dijo-es así. Y buena parte de la vida también es así; al menos las cosas que importan.”

Y aquí es donde aparece otra idea importante, “las cosas que importan” que tiene mucho que ver con la capacidad de relativizar, pero esta capacidad debemos entender que es personal, subjetiva, de cada uno de nosotros. Por tanto se debe cuidar mucho las valoraciones que hacemos de la vida de la persona que tenemos en frente, tratando de darle lecciones o intentando hacerle ver cuál es la decisión correcta. ¿Correcta?¿Incorrecta? Eso solo lo sabe cada persona, en su propio camino y con sus propias circunstancias. Querer de verdad es respetar estas condiciones, permaneciendo a su lado, e insuflarle energía, alegría de vivir en el recorrer de ese camino; pero nunca etiquetando o enjuiciando. Porque como muy bien dice Pablo Alborán en la canción, “soy timonel de mi propio barco”.

Aprovechando que hablamos de barcos, y de remos, quisiera concluir este post con varios extractos que resumen muy bien cómo sentir ese momento felicidad. Un momento que, como muchas veces he dicho, se siente de manera verdadera en compañía de al menos otra persona. Porque probablemente, o yo al menos lo veo así, para mí vivir es tratar de ser feliz el mayor tiempo posible, y muchas veces ser feliz es ver la cara de felicidad plena en la cara de la otra persona, ver cómo brillan sus ojos, ver como se torna esa sonrisa tan increíble en su cara, ver que día tras días las personas que quieres de verdad crecen, avanzan, cumplen objetivos, incrementan su confianza, se atreven con retos nuevos; en definitiva: viven.

Es algo que solo puedes sentir, de la misma manera que sucede en el arte del tiro con arco, cuando te abandonas de todo lo exterior, te despojas de todo lo que tenga que ver con lo accesorio, y te centras en ser capaz de sentir en lo más profundo de tu corazón ese sentimiento de felicidad, de sentir cómo te llena por dentro. Es ahí cuando sabes que te sientes vivo, que estás viviendo: “Ese día Joe remó como nunca había conseguido remar antes: como Pocock le había dicho que remara, entregándose completamente al esfuerzo del equipo, como si fuera una extensión del compañero de delante y del de atrás, siguiendo perfectamente la palada de Hume, transmitiéndosela a Shorty, al que tenía detrás, en un flujo continuo de músculo y madera. Joe lo vivió como una transformación, como si se hubiera apoderado de él una especie de magia. Lo más parecido que le venía a la memoria era la noche de primer curso en que se encontró en el Lago Union con las luces de Seattle centelleando en el agua y la respiración de sus compañeros de equipo sincronizada como la suya, tal como delataba el vaho que espiraban en el ambiente oscuro y frío. Ahora, al salir del bote en el crepúsculo, se dio cuenta de que la transformación no nacía tanto de que él intentara hacer lo que le había dicho Pocock, como del hecho de que su equipo era un puñado de chicos con los que podía hacerlo. Sencillamente confiaba en ellos. Al final era así de sencillo.”

¿Y por qué sentían ese swing, ese estado de disfrutar del momento, de ese instante, de vivir como concepto elevado a la máxima potencia? Quizás esto nos ayude a entenderlo, entre otros factores: “Había una razón muy sencilla para explicar lo que pasaba. A los chicos del Clipper se les había seleccionado con una competencia muy dura, y de la selección había surgido una especie de personalidad común: todos eran hábiles, todos eran duros, y todos eran muy decididos, pero también eran todos buenas personas. Todos tenían orígenes humildes o habían sufrido una cura de humildad debido a los estragos de la época. Cada uno a su manera, habían aprendido que en en la vida no se podía dar nada por supuesto, que, a pesar de su fuerza, belleza y juventud, en el mundo había fuerzas que los superaban. Los retos a los que se habían enfrentado juntos les habían enseñado la humildad-la necesidad de integrar sus egos individuales en el bote como conjunto-y la humildad era la puerta de entrada común a través de la cual ahora podían juntarse y empezar a hacer lo que no habían podido hacer antes.”

Remando como un solo hombre

Concluyo este post con una reflexión que me llevé al hilo del documental que pude ver de Álex Roca y Valentí San Juan. Probablemente vivir sea la consecución de saber encontrar la felicidad en cada instante que vivimos, compartiéndola con las personas que queremos. Luchar de manera constante por los objetivos, sueños, que perseguimos aún sabiendo que habrá momentos duros que afrontar siempre, más o menos complejos. Y recordar que todo aquello que hacemos, decimos, en cada momento de nuestras vidas tiene más trascendencia de la que podríamos imaginar; por tanto, cuidemos lo que decimos, la calidad de nuestras acciones, y la manera en que tocamos el corazón de las personas que están a nuestro lado.

Os comparto un vídeo que, creo, merece la pena que veáis. Un fuerte abrazo, feliz domingo, y que tengáis una bonita manera de vivir.

 

“La mayoría de las personas no descubren qué es más importante en la vida hasta que son demasiado mayores para actuar en consecuencia. Pasan gran parte de sus mejores años persiguiendo objetivos que al final importan poco. Aunque la sociedad nos invita a llenar nuestras vidas de objetos materiales, la mejor parte de nosotros sabe que los placeres más simples son los que nos enriquecen y nos llenan. No importa que nuestra sea situación sea difícil o acomodada, todos poseemos una gran riqueza de sencillas bendiciones a nuestro alrededor, a la espera de que la valoremos. Si lo hacemos, nuestra felicidad aumenta. Nuestra gratitud se propaga. Y cada día se convierte en un asombroso regalo.” (Robin Sharma)
“Lo bien que vivas depende de cómo ames. El corazón es más sabio que la razón. Hónralo. Confía en él. Síguelo.” (Robin Sharma)

 

Si vibras, emocionas

¿Por qué es tan importante emocionar? Sin duda, porque cuando nuestras emociones entran en juego, nuestro aprendizaje, nuestra vivencia en el día a día, deja tal huella en los corazones que perdura más tiempo del que pudiéramos imaginar. Pero, ¿cómo podemos lograr esto? Es la pregunta que se me planteaba estos días, y a la que hoy trato de armar una respuesta en base a conferencias, conversaciones, y reflexiones con diferentes personas.

Por ello, cada vez estoy más convencido de la importancia de establecer vínculos, con cada persona con quien compartimos cada día de nuestras vidas. Y para establecer estos vínculos es verdaderamente sorprendente que, si preguntamos a una persona cuáles son aquellas referencias que tuvo en su vida, sus referentes, aparecen dos respuestas muy claras: “Me hacía sentir seguro. Pude ser yo”. Es decir, un espacio de seguridad y de confianza. Qué dos aspectos tan importantes, que creo se puede llevar a cualquier ámbito. ¿Acaso no nos gusta estar con una persona, con quien me siento seguro y puedo ser yo mismo?

Pero para lograr ese tipo de recuerdo, de huella emocional, en esas personas, uno primero quizás deba plantearse dos cuestiones: “¿Quién eres tú? ¿Qué quieres?”. Porque en función de la calidad humana de estas respuestas consigues establecer unos puentes verdaderos, auténticos, y de calidad humana, con las personas con quienes creces, vives, en tu día a día. Encontrar los valores que definen tu persona, y saber cuáles son tus propósitos en tu vida es lo que te lleva, sin duda alguna, a definir tu comportamiento. Son las preguntas adecuadas, para recorrer el camino adecuado.

Toda vez que sabemos quiénes somos, y qué queremos desde que nos levantamos cada día por la mañana, la principal consecuencia es que uno logra entender que para establecer vínculo verdaderos uno mismo necesita hacer un total ejercicio de desprendimiento de sí mismo, que le permita centrarse en la persona que tiene en frente. Y esto solamente se puede conseguir si dejamos de marcarnos objetivos, y pasamos a establecer propósitos. ¿Por qué digo esto? El argumento me lo dio una persona a quien tengo un especial cariño, y que creo es muy enriquecedor: “Porque los objetivos se terminan agotando; sin embargo los propósitos son para toda la vida. Normalmente si uno analiza los objetivos, se dará cuenta de que muchas veces van referidos a lograr algo que tiene una fecha de fin. Sin embargo, el propósito tiene que ver  con un aspecto de nuestra vida, de la persona, que no tiene comienzo ni fin porque está interiorizado en nosotros, y normalmente hace que lleve mi atención a la persona que tengo en frente con actitud de servicio.”

Si a esto le añadimos la diferencia en el concepto de frutos y logros, comenzamos a entender cuándo las relaciones que establecemos son verdaderas, auténticas, cuándo éstas nos permiten emocionar a las personas con quienes vivimos. La clave radica en que los logros son individuales, son las “medallas” que nos ponemos a título personal, los premios que uno recibe; sin embargo, cuando hablamos de frutos nos referimos a preservar la calidad de lo que preparamos para otros con la mejor calidad posible. Una calidad que se traduce en cariño, en amor, en pasión por dar lo mejor de nosotros para otros. Porque solo cuando se olvida de sí misma, y se centra en la persona que tiene en frente, la persona alcanza la verdadera plenitud y felicidad de vivir la vida.

Como bien dice Emmanuel Faber en su discurso, no es una cuestión de poder, dinero, o gloria. Más bien tiene que ver con “descubrir cómo la normalidad nos aisla”, porque la normalidad tiene a apagar la creatividad, a anular las emociones porque hay que ceñirse a reglas de curriculum, a normativas de empresa; y un largo listado de tareas que nos convierten en seres humanos comunes y rutinarios. Y sin embargo, solo se consigue la verdadera plenitud, la verdadera felicidad, en las personas que queremos (y en consecuencia, en nosotros), cuando somos creativos, cuando somos alegres, con capacidad para sorprender y asombrar con pequeños detalles cada día que refuerzan esos vínculos tan necesarios. Cuando se es capaz de reconocer a la persona que tengo delante, de generarle esa seguridad, y a la vez esa libertad para que pueda ser quien quiera ser. Emmanuel Faber dice que “He descubierto que se puede vivir con muy poco, y ser feliz.” Efectivamente, porque la cuestión no radica en tener mucho, sino en que lo tengamos sea de calidad. Menos siempre es, y será, más.

No alcanzamos a lograr comprender que las medallas individuales deben quedar atrás, los premios por nuestro trabajo, por nuestras funciones; que todo ello puede estar genial para llenar la pared de nuestro despacho. Pero la verdadera realidad es que no debemos esperar eso; que uno debe vivir con absoluta pasión cada día de su vida, y entregarse a las personas que quiere, generando esa seguridad y esa libertad que tanto necesitamos. Una seguridad y una libertad que nos conduce a un profundo respeto y amor por la persona que tenemos delante, porque lo que pretendemos es que descubra quién es y qué quiere. Porque nadie es en sí mismo; cuando uno consigue vibrar cada día, emociona a quienes están a su lado. Y esa emoción es el paso previo a la mejor sonrisa posible en la cara que tiene en frente.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y generen esos espacios de seguridad, de libertad, que tan necesarios son para el crecimiento personal de cada persona.

“…que seamos las relaciones que tenemos, cómo las tenemos y con quién, nos refriega una obviedad que demasiadas veces olvidamos: que hemos venido a este mundo a amar y a ser amados, a dar y a recibir. Todo es amor o bien su negación, que tiene una gama que va desde la indiferencia hasta el odio, siempre tan opuesto y tan próximo al amor. O celebramos el amor o exhibimos a golpes y gritos su ausencia. Ternura y violencia son expresiones puras del mismo deseo y necesidad: el de estar pendiente el uno del otro, ya sea para cuidarnos o hacernos daño, para salvarnos o matarnos. Y como hemos venido aquí a relacionarnos, la educación es el arte y oficio sublime de aprender a hacerlo mientras se enseña, y de enseñar a hacerlo mientras se aprende. Es más verbo que sustantivo, más ejemplo que discurso, vive del hecho y no de la palabra, impone la realidad sobre la idealización. Solo estando de verdad, de todo corazón, siempre, puedes aprender y enseñar a estar.” (Carles Capdevila)
“¿Se está haciendo correctamente lo correcto o mejorando una estupidez?”

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