Crecer desde el compromiso

Hace unos días, en una cena con mi novia y dos amigos, les reconocía que a día de hoy no dejaba de emocionarme un sonido tan sencillo, tan normal, como maravilloso: el cantar de los pájaros. De hecho, había aprendido con el tiempo a diferenciar cuáles son, de entre los que suele haber por la zona, los que estaban en los árboles gracias al sonido que emitían al comunicarse. Lejos de haber pasado a ser algo más común y sin importancia, para mí siempre ha sido una razón por la que sacar una sonrisa. Y quizás, por ello, estoy plenamente convencido que justo de eso trata la vida, de emocionarse y sacar sonrisas.  

Tendemos a confundir que la exigencia debe estar reñida con la seriedad, con la frialdad, en lugar de ir ligada a ayudar a que la otra persona saque lo mejor, a hacer que se trabaje disfrutando con lo que se hace y que lo haga partiendo del compromiso, de la voluntad, de incrementar el nivel de maestría un poquito más cada día. De no perder la ilusión por vivir, a fin de cuentas, sin estar esperando constantemente a recibir estímulos externos que muchas veces solo alimentan nuestro pequeño ego porque el foco lo tenemos puesto en nosotros y no en la persona que tenemos en frente.  

Decía mi buen amigo Álvaro Merino en su libro Equipos con futuro, el cual recomiendo encarecidamente desde ya para disfrutarlo ahora en verano, “que todo empieza con un brillo en los ojos”. Y cuánta razón tiene, deberíamos hacer brillar mucho más y más veces los ojos de las personas que tenemos delante, de las personas a quienes amamos, con quienes trabajamos, porque la vida se vive mucho mejor cuando ves a las personas que están a tu lado felices. Y con ello me viene al recuerdo una frase de Otto Scharmer, que venía en el libro que os recomiendo: “Pasar del ego al eco: Hacer el cambio del ego al eco significa que cuando hago algo, tengo realmente conciencia de lo que significa para ti, en lugar de estar cegado a la realidad del otro.” ¿Cuánto eco tiene, entonces, lo que hago en mi día a día? ¿Soy consciente de lo que puede significar para ti, por ejemplo, este post que estás leyendo?  

Para generar compromiso en tu equipo de trabajo, primero uno tiene que estar realmente comprometido con la vida que vive, con la vida que le ha tocado vivir y tener la voluntad para exprimir al máximo cada segundo de ella. Es esencial, por tanto, tener interiorizado el pensamiento de la fugacidad que envuelve a cada momento. Podremos vivir un momento similar, casi idéntico, pero no será lo mismo, no será igual. Y esa es la magia que nos falta captar. Ese es el componente mágico que nos cuesta pillar y que impide, a su vez, que nos emocionemos realmente con lo que hacemos, con lo que vivimos y que seamos capaces de transmitirlo todo eso que sentimos a las personas, al grupo que gestionamos y lideramos.  

Decía César Luis Menotti que “no hay que llorar cuando se pierde sino cuando se traiciona el compromiso.” Y es justo lo que ayer recalcó Luis Enrique nada más terminar el encuentro frente a Italia: “Estoy cansado de ver torneos de alevines y no sé por qué lloran, en el fútbol hay que ganar y perder. El rival ha ganado y hay que enseñar a los niños pequeños que cuando se pierde no hay que llorar, hay que levantarse.” Es precisamente este verbo, levantarse, el que sí habría que enseñar al niño desde bien pequeño, porque como muy bien decía el seleccionador español en otra de las ruedas de prensa, “no hay que preocuparse por los errores o aciertos, hay que preocuparse por los intentos.” Intentarlo una y otra vez es tener la voluntad de querer crecer cada día, de querer experimentar para ayudar a crecer a los que están a tu lado, porque la vida que vivimos deja de tener sentido cuando éste no es trascendente, cuando no tenemos un propósito que nos lleve a poner el foco en otra persona.  

Por ello, en esta Euro2020, Luis Enrique nos regala una reflexión para mí esencial a todos los profesores, entrenadores, directivos; gestores de equipo en definitiva, consistente en la vital importancia de hacer creer a un grupo de personas hasta dónde se puede llegar cuando el compromiso colectivo supera al ego individual, donde cada componente entiende a la perfección su responsabilidad individual con el colectivo al mismo tiempo que les ayuda a relativizar tanto la victoria como la derrota. Porque precisamente, como él dijo en una de sus primeras ruedas de prensa, “esto es un juego de niños en comparación con lo que me ha tocado vivir.” Darle la dimensión y perspectiva adecuada a cada momento, sabiendo al mismo tiempo trasladar ese mensaje al grupo es un aspecto crucial que ayuda a relativizar y al mismo tiempo a que el grupo se enfoque en el crecimiento, en la transformación del equipo y en consecuencia, a que esos ojos no dejen nunca de brillar.  

Que tengáis un muy buen final de semana, un fuerte abrazo y saquen cada día lo mejor que tienen, no se guarden nada.  

“No existe nada como darle contenido a la vida, como la hermosura de querer vivirla, como el arte de luchar por ella e intentar transmitirla.”

(José Mújica) 

“La felicidad no es una cuestión de intensidad sino de equilibrio, orden, ritmo y armonía.”

(Thomas Merton)

“Un hombre vale solo por lo que demuestra a través de sus actos u omisiones. Lo que uno hace o dice puede muy bien destruir su propio honor, más no el ajeno.”

(Arthur Schopenhauer)

Aprovecho para indicaros el enlace del nuevo libro escrito por mi buen amigo Álvaro Merino con Joan Capdevila, citado en este post, para quien quiera disfrutarlo aprovechando el verano: https://359.es/shop/producto/equipos-con-futuro-alvaro-merino/

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