«El carisma no tiene nada que ver con la energía; deriva de la claridad del por qué. Es fruto de un convencimiento absoluto en un ideal mayor que uno mismo. Por su lado, la energía es consecuencia de una buena noche de sueño o de montones de cafeína. La energía puede entusiasmar; pero solo el carisma puede motivar. El carisma se hace acreedor de la lealtad; de la energía, no.» (Simon Sinek)
Pocas veces se ha podido aprender tanto de un jugador de fútbol, no solamente por su capacidad de entendimiento del juego, sino por su comportamiento diario, su absoluta coherencia entre su entendimiento del juego en particular y de la vida en general. Si hubiera que poner un póster de un jugador de fútbol en todas las academias de fútbol base, sin duda sería de Toni Kroos. Por su carisma con compañeros y rivales; por su convencimiento absoluto en un ideal mayor que él mismo consistente en hacer siempre lo correcto; por su lealtad asumiendo todas las consecuencias.
No había más que ver la manera en la que Toni hacía gestos con las manos nada más salir al césped del Santiago Bernabéu, para saber que esos momentos no le gustan nada. Sí, esos momentos en los que los focos se ponen sobre uno, todos los flashes de las cámaras apuntando a la misma persona. Esos instantes por los que pelean millones de personas cada día sin embargo, él, los detesta. Siempre prefirió el segundo plano, disfrutar de cada entrenamiento, de cada partido, de cada rito como el de limpiar sus propias botas. Algo tan sencillo como esto, pero con el significado tan grande que hay detrás que nos viene a decir «de lo mío, me ocupo yo.» El carisma no se compra, se genera de manera natural, espontánea. Y es más grande conforme a los actos, a los hechos, que definen tu persona en el transcurrir de los días. Es evitar hacer ruido de manera innecesaria pero, al mismo tiempo, defender tus valores, tus creencias y tus ideales, cuando corren el riesgo de perderse.
Siempre tuve la impresión de que Toni se retiraría esta temporada cuando confirmó que quería volver a la selección alemana. ¿Por qué? Porque no se había cansado de repetirlo durante todo ese año: «Mi idea es retirarme en lo más alto.» Es el convencimiento absoluto, tu creencia, lo que hace que mantengas la palabra dada. Ese valor tan inmenso y a la vez, tan pisoteado, la palabra dada. No es sencillo ser consecuente y coherente entre lo que dices y haces, evitar los cambios de decisiones, ser ventajista. Pero vale la pena, no por nada en concreto sino por todo. Por tu integridad, por tu coherencia, por tu autenticidad en tu día a día. Quien es capaz de mantener la palabra, incrementa su valor como persona y en consecuencia, su capacidad para generar una fuerte conexión con todas las personas que le rodean. Genera confianza, compromiso, respeto y una influencia tremendamente positiva en toda la institución. Sin esperar nada a cambio, simplemente porque haces y dices a cada momento lo que entiendes que es lo correcto.
Y por último, son ese carisma y ese convencimiento lo que le ha llevado a mantener su lealtad al Real Madrid hasta las últimas consecuencias, hasta el último partido con la camiseta blanca. Cuando cuidas esos tres elementos, sabes que lo correcto es que te retires en el club que te lo dio todo, a quien le diste todo y con quienes compartiste tantos momentos inigualables. La lealtad no se compra, se gana en el cuidado de los pequeños detalles, muestras de cariño, gestos que vuelven lo sencillo, lo cotidiano, en excepcional, por pura calidad humana. Toni siempre entendió muy bien dos conceptos. El primero, jugar a la velocidad que el equipo necesita, porque cuando uno es un líder con mayúsculas, entiende desde el primer momento que está para servir. Y lo segundo, que el fútbol, como la vida, es un juego de equipo y por eso antepone siempre buscar al compañero mejor posicionado antes que intentar la jugada individual.
Colgará las botas tras la Euro un futbolista excepcional, pero lo que le convierte en leyenda es la persona que ha sabido ser y es desde el primer día hasta hoy. El fútbol necesita más futbolistas como Toni, sencillos, educados, respetuosos con todo y con todos, enseñando que cuando realmente amas algo, uno debe hacer un esfuerzo permanente por cuidarlo. Eso es lo que él ha hecho con el balón, en cada entrenamiento y en cada partido, evitar perderlo. Uno debe encargarse de convertir lo que para el resto puede ser un día más, en un día excepcional. Un oportunidad única para seguir peleando por tu sueño, con motivación, con voluntad, con esfuerzo, simplemente porque entiendes que esto es lo correcto. Que tengáis un muy buen final de semana, un fuerte abrazo.
«La energía siempre se puede infundir en una organización para estimular a la gente a que haga cosas. Bonificaciones, ascensos, otras zanahorias e incluso algún que otro palo pueden lograr que las personas se esfuercen, eso seguro, pero las ganancias, al igual que ocurre con las manipulaciones, tienen un corto recorrido. Con el tiempo, semejantes tácticas cuestan más dinero y aumentan el estrés, tanto para el empleado como para el empleador, y al final se convierten en la principal razón para que gente acuda cada día al trabajo. Eso no es lealtad; eso es la versión empleado de un cliente frecuente. La lealtad de los empleados es cuando rechazan más dinero o beneficios para seguir trabajando en la misma empresa. La fidelidad a una empresa derrota a la remuneración y a los beneficios. Y, a menos que seas un astronauta, tampoco es el trabajo que realizamos lo que nos motiva: lo es la causa por la que acudimos a trabajar. No queremos ir a trabajar para levantar un muro, queremos ir a trabajar para edificar una catedral.» (Simon Sinek)
Pablo, gracias por tus reflexiones. Personas como Kroos son un ejemplo de vida. Así se alcanza la excelencia. Un afectuoso saludo.
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