La verdadera victoria

“La competencia que hace crecer al ser humano es la de cada ser humano consigo mismo.” (David Dóniga Lara)

“Saber quién y cómo eres” dos preguntas fundamentales, y que sin embargo en la mayoría de las ocasiones se plantean tarde en el mejor de los casos, y en la mayoría de las personas no tienen la oportunidad de encontrar a otra persona que se las plantee. Dos preguntas que abren la llave a la posibilidad de generar un verdadero y auténtico auto concepto; dos cuestiones que son el pistoletazo de salida para trabajar en el incremento de la auto confianza, de la auto estima, y el enfoque de la atención en lo que realmente importa: tu camino.

No hablo de tu camino de manera individual, egoísta, y que solo lo recorres tú; porque si algo he dicho en numerosas ocasiones es que somos quienes somos, gracias a las personas con quienes recorremos ese camino. Me refiero, más bien, a evitar la comparación, a evitar como dice muy bien mi amigo David Dóniga, “que los demás sean mi instrumento de medida para medir mis logros, para darme valor.” Tendemos siempre a la comparación cuando los niños son pequeños, con frases tan penosas como “eres el mejor”; acompañadas de palmadas en la espalda que se convierten, con el tiempo, en frustraciones de un grado desmedido que no saben gestionar ni controlar.

Como bien me decía una de las personas más especiales que tengo en mi vida, “tienes que tener muy claro quién eres, y cómo eres, porque eso es lo que te permite ponerte en valor, teniendo muy presente qué es lo que mereces y qué no, aplicado a todos los ámbito de tu vida.” De hecho, hablando de lo que merecemos hay una frase que siempre repito a mis alumnos al terminar las sesiones: “No se conformen con menos de lo que merecen.”

¿Por qué? Porque normalmente, se tiende a infravalorar lo que uno tiene dentro de sí, el potencial que hay en su corazón, en su persona, y en lo que puede llegar a ser. Todos necesitamos que se tiendan puentes de conversación verdaderos, mediante el uso de la pregunta como palanca clave, para que suponga una invitación verdadera a recorrer el camino que merecemos disfrutar, y vivir. Porque la vida no se gana, se disfruta. Porque cuanto más se disfruta, más se crece.

Pero al mismo tiempo, es muy difícil disfrutar de la vida si uno no sabe quién es, cómo es, y no la vive con verdadero amor, con verdadera pasión. Porque como dice David, “sacar lo mejor de ti mismo y estar un poco más cerca de tu potencial servirá, a la vez, a los demás, como estímulo y ejemplo de mejora que incentivará su movimiento, provocará su contagio, su contaminación positiva.” Solamente podemos contagiar de esa manera cuando sabemos quiénes somos realmente, qué tenemos dentro que nos hace diferentes, y qué podemos sumar a las personas con quienes compartimos nuestras vidas. Porque los dones, si no son para compartirlos, carecen de sentido.

Y de ese modo, cuando uno entiende que la vida es ponerse “a disposición del rival, del compañero o del amigo al que nos enfrentamos, ya sea para ganar un premio, alcanzar un ascenso o sacar una sonrisa a un niño, implica comprender que, si damos lo máximo de nosotros, exigiremos al oponente que dé lo máximo de sí mismo, y viceversa” (David Dóniga Lara); solo entonces uno logra comprender que ha logrado ser la mejor versión de sí mismo, siempre con la ayuda de las personas especiales que hay en su vida, y con ello ha logrado la verdadera victoria.

Una victoria que sólo será verdadera, que solamente será auténtica, cuando realmente sepas quién eres, y cómo eres. Dos preguntas a las que dar respuesta es una tarea que se logra compartiendo tu camino con personas que te quieren de verdad, queriéndolas escuchar, y hacerles partícipe de tu crecimiento personal. Un crecimiento personal que está plagado de momentos, de conversaciones, de sonrisas, de miradas que no necesitan hablar, de abrazos, besos, reflexiones; que te llevan de manera verdadera, auténtica, a saber quién quieres ser, y cómo quieres ser.

Que tengan una santa Semana Santa, y nunca dejen de sonreír. Siempre hay una persona que necesita la luz de nuestra sonrisa.  Un fuerte abrazo.

“Ganemos o perdamos, ese resultado será anecdótico y celebrado por ambas partes. La verdadera victoria, gracias a ambos, habrá sido ser la mejor versión posible de uno mismo. Ese es el verdadero crecimiento.” (David Dóniga Lara)
“Nunca tengas miedo a tomar una decisión por miedo al fracaso, al “qué te dirán”; si estas convencido de que es lo que quieres, insiste. Ve a por ello, una y otra vez, más aún si tienes claro que vales mucho.”

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El cambio de perspectiva

Es sorprendente cuánto puede llegar a cambiar nuestra mirada, conforme pasa el tiempo, transcurren los años, y las vivencias pasan por nuestra piel. O puede que no, puede que todo pase delante de nuestros ojos, nada nos afecte, y por tanto no se produzca cambio alguno. Por ese mismo motivo se me planteaba esta cuestión: ¿Cómo y por qué cambiamos?

Hay una frase que últimamente resuena muchísimo en mi cabeza, en mi corazón, y que se le ha dicho en numerosas ocasiones a una persona muy especial para mí, consistente en lo siguiente: “La calidad de nuestras relaciones está relacionada, de manera directa, con la calidad de nuestras conversaciones.” Porque las conversaciones parten de personas, de encuentros, y los encuentros se dan porque existe una voluntad de al menos dos personas por encontrarse, verse, conocerse, o seguir conociéndose. Y a su vez la voluntad  parte de nosotros, de nuestro interior, de nuestro ser.

Dicho esto se debe ser consciente de que para que una conversación afecte, para que una pregunta cale hondo en nuestro corazón, o un consejo, el mensaje de una mirada diferente nuestra, debe haber una predisposición al menos a escuchar de manera verdadera, que no es lo mismo que oír. No, me refiero a escuchar. Porque escuchar, más allá de la capacidad auditiva, es desprenderse de uno mismo para centrar tu atención en la otra persona, en toda su persona, en lo que dice y cómo nos lo dice. Porque el cómo importa, y mucho. Porque la magia está en el cómo dices lo que sientes.

Querer crecer al mismo tiempo es reflexionar sobre lo que esas conversaciones te aportan, al mismo tiempo que implica un análisis de tu discurso, de tu argumento, durante esas conversaciones para también darte cuenta de cuánto aportas tú a la otra persona, porque una conversación siempre es bidireccional, sino pasa a ser un monólogo que termina teniendo un final irremediable más pronto que tarde. Para que me aporten, debo aportar. Para que me sumen, yo también tengo que aprender a sumar. Porque en el momento que quiero sumar, cambio mi postura y estoy reconociendo que mi versión siempre se puede mejorar, porque solo suma quien aprende, y solo aprende quien reconoce que cada día puede estar lleno de aprendizajes.

Y esos aprendizajes, que suelen conducir a transformaciones personales auténticas y verdaderas, no vienen solamente porque seamos muy buenos, porque estudiemos mucho, leamos siendo perfectos autodidactas. Eso puede valer, pero no es suficiente. Ese aprendizaje, ese contenido cultural, esa experiencia de vida, si no tiene misión, si no va acompañado de un “para qué”, pierde todo su sentido. Además de ello, los mejores aprendizajes (hablando por mi experiencia), uno se va dando cuenta de que proceden de personas maravillosas, que basándose en la pregunta como eje principal de las conversaciones, acompañándola de una mirada que te penetra hasta lo más profundo de tu corazón, logra al menos cambiar tu postura, y acceder a contemplar el tema a tratar desde otra perspectiva, con otro color, con otra mirada.

Tu mirada cambia porque logras que cambie tu corazón, y cuando eso se produce, contemplas la realidad de una manera totalmente diferente. Esto lleva a pensar que esa persona maravillosa que tocó la tecla correcta, en el momento adecuado, y de la manera idónea, te quiere mucho. No te quiere porque te dé la razón en todo; todo lo contrario, te quiere porque te comprende, te entiende, te respeta, pero te invita siempre a mejorar porque cree en ti, porque su confianza en tu persona es ilimitada. Por eso te hace cuestionar, dudar, reflexionar; no con la intención de que te sepas peor que ayer; sino con la firme intención de que contemples una determinada parte de tu vida de una manera que, hasta hace muy poco, ni te planteabas.

Nuestro corazón se hace grande en la medida en que lo inyectamos de conversaciones poderosas, con personas increíbles que nos quieren de verdad, que confían y por ese mismo motivo quieren que no seamos tan rígidos.  Si algo llevo aprendido de un tiempo a esta parte, es que una persona puede llenarte de la manera que menos esperabas, llegando a contemplar tu vida de una manera que no imaginabas que fuera posible. Pero para llegar a ese punto, hay que mover tu voluntad. Hay que acceder a desprenderse de uno mismo, saber qué tipo de personas quieres en tu vida, porque en función de las conversaciones que mantienes con tus amistades, con tu pareja, con tus compañeros de trabajo, tu vida se enriquece o se empobrece por momentos.

La importancia de la mirada, la calidad de nuestro corazón, nos lleva a poder contemplar cada encuentro con esas personas, con nuestros compañeros de trabajo, con nuestros estudiantes (en el caso de ser profesores), como un magnífico instante de oportunidades. De oportunidad para ti por poder aprender de ellos, y de oportunidad para generar esa confianza que tanto necesitamos todos para sacar lo mejor, para seguir con paso firme subiendo nuestro particular Everest, pero siempre recordando que en equipo los objetivos saben mucho mejor, que la vida compartida sabe triplemente mejor, y que es absurdo aprender, leer, incrementar tu conocimiento en definitiva, si no es para otra misión que dejar ese legado en las personas con quienes convives día tras día.

Por tanto, cuidemos nuestras conversaciones, cambiemos nuestra postura, nuestra predisposición en ellas, y estaremos cuidando nuestras relaciones. Hagamos brillar esas personas de la misma manera que lo hace el artesano, y estaremos viviendo cada día con una mirada limpia, profunda, sincera; y un corazón que es capaz de regalar momentos sencillos, pero sumamente extraordinarios. Abrazos que van de corazón a corazón; un “gracias” o un “te quiero” con una mirada que penetra hasta lo más profundo de la persona, son los gestos más sencillos, pero de un valor incalculable.

Que tengan una muy buena semana, y si pueden, vean la ponencia de comparto justo a continuación. Un fuerte abrazo, y sigan sacando su mejor versión cada día.

“Es necesario perdonar para poder avanzar. Tener humildad para reconocer que estamos equivocados.”
“Lo más importante para mí es descubrir cómo es cada individuo. No conoces a estos chicos antes de venir y tienes que descubrir con qué tipo de personalidad tratas. Quién es callado, quién es extrovertido, quién es el más inteligente, quién entiende de qué hablas más rápido…Aprendes a entender a la gente y formas opiniones sobre sobre quién encajaría en qué situación. Para mí, eso es lo más divertido, la parte psicológica. Todo el mundo conoce el talento de los jugadores, pero para mí, lo más importante es conocer quiénes son.” (Gregg Popovich)
“-¿Podrías decirme, por favor, qué camino debo seguir para salir de aquí?
-Esto depende en gran parte del sitio al que quieras llegar. 
-No me importa mucho el sitio. 
-Entonces, tampoco importa mucho el camino.” (Lewis Carroll, Alicia en el país de las Maravillas)
“Cada persona que pasa por nuestra vida es única. Siempre deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros. Habrá los que se llevarán mucho, pero no habrá de los que no nos dejarán nada. Esta es prueba evidente de que dos almas no se encuentran por casualidad.” (Jorge Luis Borges)

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Aceptar y amar

“Es difícil conseguir que el bote vaya tan rápido como uno querría. El enemigo, desde luego, es la resistencia del agua, ya que hay que desplazar la cantidad de agua equivalente al peso de los hombros y el equipo, pero esa misma agua es lo que te aguanta y ese mismo enemigo es tu amigo. La vida es igual: los problemas que tienes que superar también te aguantan y te dan más fuerza para superarlos.” (George Yeoman Pocock)

Cada año en la semana que cae mi cumpleaños lógicamente es un motivo de celebración, de encuentro con las personas que más quieres, e incluso puede suceder que no veas a todos los que quisieras. Pero todas esas semanas tienen en común un nexo de unión: la emoción con la que la vivo, y la reflexión que viene al final de esa semana.

No se puede explicar con palabras lo que ha podido suponer en mi corazón esta semana, por las personas con quienes he podido compartir cada día desde el sábado pasado hasta hoy domingo. Momentos increíbles, amor, risas, abrazos, bromas, reflexiones, que me llevan a pensar en lo afortunado que soy, sinceramente. Pero además de esto, quería hoy compartir con el lector una de las ideas más importantes que me ha ha hecho reflexionar en estos días: la aceptación del pasado y de la incertidumbre.

Aceptación del pasado para ser capaz de valorarlo siempre como algo positivo, como una fuente de energía permanente que me lleve a pensar que gracias a lo vivido soy la persona que soy, para no caer jamás en el victimismo. Que me pueda emocionar, sí, pero siempre para darme fuerzas cuando lo necesite. Siempre, para respirar hondo antes de acometer un nuevo reto, mirar atrás en mi particular Everest y decir: Mira todo lo escalado, mira cada paso dado, cada huella dejada en la nieve es una huella que has dejado en las personas que están a tu lado, de la misma manera que tú dejas huella con tu manera ser en aquellas personas que te quieren. Que siempre mirar atrás sea para tener, si cabe, un motivo de más para seguir creyendo en ti más fuerte que nunca.

Y por otro lado, la aceptación de la incertidumbre que a veces intentamos controlar sin darnos cuenta de que es simplemente imposible. El exceso de control a veces puede generar ansiedad, estrés, que nunca ayudan y siempre restan. Sin embargo, si pasamos de intentar controlar a vivirlo todo lo máximo posible, el aprendizaje posiblemente sea mucho más favorecedor para nosotros. Esto me lleva a la frase en inglés que leí en su momento, y que me encanta: “Tú no siempre necesitas un plan. A veces tú solo necesitas respirar, confiar, ir, y ver qué pasa.” 

Con el paso del tiempo, con la ayuda de las personas adecuadas que te quieren, con tu predisposición a aprender de ellos, uno se da más cuenta si cabe de que no hay nada mejor que el amor. No hay motor más potente que amar. Amar tu vida, amar lo que haces, tener un motivo lo suficientemente potente como para levantarte cada mañana de la cama y querer ir a por todas, doblando la apuesta si hace falta. La actitud de quien sabe que lo importante es la dignidad con la recorres el camino de tu vida, y no los resultados finales que vas consiguiendo. El amor te permite aceptar, te permite escuchar, te permite llorar de emoción. Te da la posibilidad de conocer a personas increíbles. De ser respetuoso, comprensivo, y bondadoso con todos los que te rodean.

En la parte final de un documental sobre la vida de Michael Jordan, lo afirmaba de esta manera: “Lo más grande del juego del baloncesto, para mí, es la pasión. El amor que tengo por él. Porque cuando tú amas algo, lo llevas al extremo con tal de mantener el amor. Eso es lo que hace el amor. El amor hace lo necesario para mantener esa conexión. Si no hubiera mantenido este amor, hubiera sido imposible haber alcanzado todas estas cosas en las que hemos estado hablando. Y de verdad, es este amor el que me ha llevado a ser el mejor jugador de baloncesto que podría ser. Ser el mejor en algo implica que tienes que sentir un amor desmesurado para sortear todos los obstáculos que se van poniendo en tu camino. ” Y esto, si me permitís, se puede llevar a todas las facetas personales: amistades, relaciones de pareja, trabajo, deporte. Es necesario sentir amor desmesurado por todo lo que hacemos.

Es ese mismo amor el que nos permitirá, como decía la frase en la pasada jornada de Santo Tomás de Aquino en nuestra universidad, tener “gratitud y perdón por el pasado, pasión por el presente y esperanza para abrazar el futuro.” Y como bien decía el fragmento del nuevo libro de Álex Rovira, de una foto que me mandó una de las personas más especiales que tengo en mi vida: “Por eso no olvidemos nunca amar sobre los tres pilares de los que hablado en estas páginas: ama comprendiendo, cuidando e inspirando. Harás la vida de los demás más plena y, con ello, la tuya.”

Por tanto, llego a la conclusión de cuán importante es la aceptación del pasado desde una perspectiva positiva que te dé fuerzas para seguir creyendo en ti cada mañana, generar amor y magia a cada instante de tu vida regalando momentos únicos a las personas con quienes vives en tu día a día, y estar enamorado de la vida que tienes para que ese amor te de la ilusión, la motivación, necesarias para que en el futuro más próximo que son las próximas horas, como mucho mañana, siga saliendo la mejor versión de ti mismo, la mejor sonrisa, que tus ojos sean auténticos cañones de fuego que generen calor y energía en quien los mira. Porque todos, absolutamente todos, no solamente necesitamos brillar, es que nos lo merecemos. Merecemos un chispazo de alegría que nos haga ver la vida cada día, aún con todas las adversidades que se pueden presentar, como una oportunidad única de aprendizaje y crecimiento personal.

Que tengáis una muy buena semana, os deseo lo mejor hoy y siempre. Un fuerte abrazo, y por favor, nunca dejéis de sonreír.

“Quien ame en plenitud habrá encontrado el sentido de su vida. Amar es vivir y vivir es amar. Amemos mientras vivimos y vivamos mientras amamos. Parafraseando al poeta Miguel Hernández, todos llegamos con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida. Y es nuestra responsabilidad cuidarnos de las tres. Feliz viaje: buena vida, buen amor, buen trabajo y, por supuesto, ¡buena suerte!” (Alex Rovira)
“Nietzsche dijo que debíamos poner en nuestras vidas la seriedad que pone el niño en sus juegos.” (José Ortega y Gasset)
“Siempre he tenido la ambición de ser el mejor constructor de botes del mundo; y sin falsa modestia, creo que he conseguido ese objetivo. Si vendiera Boeings, me temo que perdería el aliciente y me convertiría en un hombre rico, pero en un artesano de segunda. Prefiero seguir siendo un artesano de primera.” (George Yeoman Pocock)



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Ser consciente de lo vivido

“Qué bonito es saber que siempre estás ahí, quiero que sepas que voy a cuidar de ti. Qué bonito es querer y poder confiar. Afortunado yo, por tener tu amistad.” (Manuel Carrasco)

El pasado fin de semana me volvió a suceder. Quizás por la cena, el momento, por la persona con la que estaba, por el recuerdo del que estábamos hablando; me emocioné tanto que no pude evitar llorar por pura emoción. “Necesitas hacer esto más a menudo; no eres consciente de todo lo que has hecho Pablo.” Y efectivamente, creo que a día de hoy no lo soy. Quizás porque di por hecho que ese esfuerzo era lo que tocaba; o probablemente porque no le he dado el significado que tenía. Sin embargo, ahora al echar la vista atrás, me emociona mucho hablar de ciertos temas a los cuales es muy probable que no les haya dado la importancia que merecían. No importancia por repetirme a mí mismo “qué bueno soy”; pero quizás hubiera sido bueno para no dudar tanto de mí en momentos posteriores.

La conversación giraba en torno a las amistades, y de manera concreta hablaba de mi amigo Rafa Selles. Recordaba la semana en la que aprobé Anatomía, y luego posteriormente Fisiología del ejercicio en la última oportunidad que tenía en Junio, para evitar de esa manera ir a Septiembre. Última ocasión para sacar un curso, y una carrera, que sin duda había ido de menos a más. Pero con esa asignatura lo había pasado realmente mal porque por mi problema de audición y el tono de voz de la profesora no me enteraba de las clases, no conseguía escuchar bien, me sentía frustrado (otra vez esa sensación que creía olvidada en la ESO) por no sacar esa asignatura en concreto, y a su vez concluir la licenciatura. Es cierto que hubiera sido tan fácil como solicitar una tutoría antes de llegar a este punto tan extremo, pero el pensamiento mío era que jamás había tenido ayuda anteriormente (y la había solicitado), por mi problema de audición; no la iba a pedir ahora en la Universidad. Lo había convertido, casi sin querer, en un reto personal.

Y recordaba con muchísimo cariño como Rafa se quedó conmigo todas las noches a estudiar, a repasar los conceptos más importantes de la Fisiología del ejercicio, esquemas y más esquemas. Recuerdo perfectamente cómo me eché a llorar diciéndole que no podía, que no aguantaba más, que creía que no iba a aprobar, y él ahí, incansable, inagotable, con esa sonrisa que tantas veces me ha devuelto cuando sabía que estaba tocado. Recuerdo el calor tan abrasador que hacía en esas últimas semanas, que estábamos deseando terminar, irnos a casa, y ahí seguíamos, a machete, haciendo lo posible por sacar esa examen. Jamás se me olvida una de las mañanas siguientes, cuando miré el expediente académico, vi la nota (aprobado), y vi el expediente académico completo. No pude aguantar, tuve que cerrar la puerta de mi habitación, y romper a llorar, porque se me pasaba en mi cabeza toda una carrera, todos esos años, todos esos momentos. Recordando el primer día con mis padres, subiendo por la carretera de la Universidad para ver las instalaciones, cuando ante mi asomaba el reto más bonito que podía afrontar. Todo lo andado, todo lo recorrido, para llegar a este momento que tanto había deseado. Recordando todo esto no pude aguantar las lágrimas, mientras me decía “es bueno, y recomendable, que esto lo hagas más menudo, sacar todo lo que tienes dentro.”

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Muchas veces la propia vida nos marca un ritmo demasiado acelerado, frenético, que hace que no demos importancia al momento que vivimos, ni a recordarlo simplemente con el cariño que se merece. No es una cuestión de darse importancia, más bien creo que es una cuestión de recordar con verdadero cariño, con verdadero amor, todo lo que vamos haciendo y consiguiendo, la persona en la que nos vamos convirtiendo conforme vamos caminando en el camino que es nuestra vida. Probablemente la edad, la experiencia es un grado, te va pausando, te vas tranquilizando, y vas notando cómo percibes todo de otra manera completamente diferente. Pero también creo que influye mucho el dejarse desaprender, para volver a aprender. Escuchar a las personas adecuadas, leer los libros adecuados, aceptar recomendaciones, consejos con gran humildad sabiendo que lo que te dicen es desde el cariño, para que puedas sacar lo mejor de ti. Todo ello conforma un crecimiento brutal en lo personal, que logra que percibamos cada día como se merece, como una oportunidad para brillar tú; y en consecuencia para ayudar a brillar a quienes tienes a tu lado.

Vivir, creo, consiste en aprender constantemente a saber disfrutar del momento, del presente, de lo que tenemos sin dejarnos llevar por lo que nos tratan de vender desde fuera; ser capaces de obviar todo el bombardeo que recibimos en forma de objetos materiales, cosas externas, que no dan la felicidad aunque intenten convencernos de lo contrario. Vivir es saber apreciar la sonrisa de un amigo que va a verte mientras estás dando la clase, aunque tenga que coger un vuelo y vaya justo de tiempo. Vivir es saber enamorarte de unas vistas preciosas desde un lugar maravilloso, saber apreciar la belleza del atardecer, de la brisa y el frescor de los atardeceres de verano, el olor a primavera.Vivir es, para mí, saber valorar todo lo que has vivido cada noche y que te dé fuerzas para afrontar cada mañana con la mayor de las ilusiones.

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Esa noche lloraba porque me acordaba de mis momentos con Rafa, lloraba porque me acordaba de que había sacado una licenciatura de CCAFYD con la ayuda de mis amigos de clase, sin escuchar todo lo bien que escucho ahora, y sin saber que tenía una enfermedad como era la Hepatitis C que me estaba produciendo ya un cansancio notable, y yo sin saberlo. Yo creyendo, una vez más, que era normal sentirse así, y que por tanto había que lidiar con ello, aceptarlo, transformarlo de una excusa a un punto más de motivación, y que no fuera nunca un lugar ni espacio, ni momento, para la queja. “¿Te das cuenta de todo lo que has conseguido?” Era la pregunta esa noche; ahora creo que puedo decir que sí, que solo ahora es cuando empiezo a ser consciente.

Muchas veces en nuestro día a día se nos presentan las dudas, los temores, de una manera que nos hacen olvidar que por más grandes que sean, la única manera de lidiar con ellos, es enfocarse en el presente (que es lo único que podemos controlar), y aún pudiéndolo controlar tener claro que habrá ocasiones en que el futuro no sea el que esperábamos, pero sí el que nos toca afrontar. Y si aún con todo, no creemos en nuestras capacidades, echa la vista atrás. Mira lo que has recorrido, lo que has vivido, y cómo saliste fortalecido de todo cuanto afrontaste:

“Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No!. Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de Arena.” (Haruki Murakami)

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y por favor, sepan disfrutar de una manera más auténtica de todo cuanto tengan. Les recomiendo que se paren a ver el vídeo, es de las mejores ponencias que he visto.

 

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Nuestra gran virtud

“Cada virtud solo necesita un hombre; pero la amistad necesita dos.” (Michel de Montaigne) 

Somos el resultado de las fuentes de las que bebemos, como bien diría mi amigo Álvaro Merino. Hace muy pocos días lo hablaba con una persona muy especial para mí, la idea de qué importante es elegir bien, y concretando sobre todo en tus amistades, en tus relaciones. Muchas veces no somos conscientes de cuánto nos pueden llegar a sumar o restar, multiplicar o dividir, resultando todo ello en una transformación positiva o negativa. De nosotros depende, es cierto, pero…¿cómo se llega a ese nexo de unión tan potente?

Amor es, sin duda, el ingrediente esencial para cualquier tipo de relación. Porque amar es a su vez respetar, comprender, entender, aceptar, todo lo que la otra persona es en su esencia, sin atender a otro tipo de aspectos que le rodeen, aspectos que nada tienen que ver con nuestra persona, aspectos que van más allá de lo material, de una cuenta corriente, de posesiones, nada de eso tiene que ver con lo supone una amistad, una relación verdadera. Se dice que los amigos de verdad son pocos, pero tiene su lógica: Pocos son aquellos y aquellas que están dispuestos, al igual que tú, a comprender, entender, y aceptar; en definitiva a amar.

Y esto a su vez es perfectamente aplicable a la pareja. A veces idealizamos demasiado el concepto de amor de pareja, de la misma manera que se idealiza desmesuradamente quien dice que tiene muchos amigos. El amor de pareja está lejos de marcarse en un contexto de Mr Wonderful, pero como dice esa misma persona tan querida para mí, hay que reivindicar también el derecho a estar mal algún día, a estar fastidiado o fastidiada por una mala noticia, por un bache emocional producto de algo que no sale como quieres, no pasa nada, de hecho es bueno. Es bueno sentir como, después de la oscuridad, se puede volver a resurgir como el ave Fénix.

Es bueno y necesario que en este camino de la vida tus amistades, tu pareja, te vean en tus días buenos y no tan buenos, en diferentes situaciones, en diferentes contextos, cómo asimilas y asimilan el éxito, el fracaso en un proyecto (siempre será mejor fracaso que error, porque error implica inmovilismo y por tanto no crecimiento personal); cómo aceptas una crítica constructiva, cómo te dejas aconsejar o no, de la misma manera que ves en ellos y ellas cómo calan tus consejos, tus opiniones, tus planteamientos compartidos. Todo esto que al final es una relación verdadera y auténtica, si observamos, siempre se sostienen bajo tres pilares: comprender, entender, y aceptar.

Por tanto, cuidar tus relaciones personales es cuidar tu calidad de vida, es al mismo tiempo cuidar de una manera minuciosa, cotidiana, pausada, tu crecimiento personal, tu avance, tu progreso como persona, como amigo, como hijo, como pareja, es en definitiva decidir cada día en base a las decisiones que tomamos cuánto deseamos crecer, cuánto estamos dispuestos a desaprender para volver a aprender, soltar las viejas creencias y abrazar nuevas opiniones, nuevos puntos de vista, nuevos contextos, que en muchas ocasiones nos marcan, nos dejan una huella emocional tan bonita, tan insuperable, que implica a su vez un gran crecimiento significativo personal.

Como diría Xavier Marcet al comienzo de su libro, debemos evitar por todo los medios la mediocridad. Y para ello,  señalo alguno de los puntos que me parecen muy interesantes: 1) La importancia de pensar2) Respetar a los que arriesgan3) Admirar el talento y otorgarle prioridad4) Respetar mucho el esfuerzo.5) Liderar es servir6) La autenticidad es la nueva core competence diferencial.7) Evitar la autocomplacencia.8) Talento llama talento.9) Ser buena persona, preferir la honestidad.  Y me detengo aquí en este valor de la persona, honestidad, porque lo considero como uno de los aspectos esenciales de la persona, que a su vez determina en un alto grado todas sus relaciones. Un valor que puede responder, perfectamente, a esta pregunta: ¿cuánto vales tú como persona?

Evitar la mentira, no aceptar comprarse bajo ningún precio, es algo que hoy en día se pone a prueba de manera constante, en diferentes contextos, en diferentes niveles, pero es una realidad que existe. Y no es cuestión de la cantidad de dinero de la que estemos hablando, sino más bien de educación, de aquello que nos han enseñado en casa, aquello que nos han enseñado que es lo más importante, y que verdaderamente de manera incuestionable, debe seguir siendo lo más importante durante toda nuestra vida. Evitar la traición, la mentira, la crítica desmedida, tiene que ver con aquellos valores innegociables que siempre hemos defendido. Tiene mucho que ver con la fuerza de la palabra tuya, la fuerza de la palabra de todas y cada una de tus amistades en cada tema tratado, en cada promesa, en cada hecho, en cada vivencia. Quizás no te reporte un beneficio cortoplacista, pero a largo plazo, conforme vayas recorriendo el camino de tu vida (un camino que jamás recorres solo, porque de la misma manera que nos necesitan, necesitamos de esas personas que tanto queremos; y porque más allá de necesidades, la vida compartida siempre sabrá doblemente mejor) te darás cuenta de que haberte mantenido siempre fiel a tu palabra, el hecho de haber sido honesto y sincero, te reportará momentos inolvidables que quedan marcados para siempre en nuestro corazón.

Y esta, en definitiva, creo que es nuestra gran virtud, nuestra esencia que a su vez está compuesta de la persona que decidimos ser cada mañana desde que nos levantamos hasta que volvemos a la cama buscando ese momento de descanso y paz con uno mismo, ese momento de pausa en el que uno quizás es más consciente, si cabe, de lo importante que es cuidar la calidad de nuestras decisiones porque son las que determinan la calidad de nuestras amistades, de nuestras relaciones y, a su vez, son las que marcan con una intensidad imborrable en nuestro corazón los momentos que vivimos, que compartimos, mientras avanzamos en un viaje en el cual el secreto probablemente sea no cansarse jamás del paisaje, como diría el bueno de Jon Pascua Ibarrola. Somos lo que somos gracias a la manera en que vivimos; y si algo puedo deciros, es que cuanto más auténtico eres, más momentos inolvidables te regala la vida.

Feliz año, deseo de corazón que todos vuestros sueños, retos, objetivos, se cumplan poco a poco, pero recuerda una cosa. Los mejores objetivos, los mejores retos, que se terminan consiguiendo son los que se logran en equipo. Concluyo con un fragmento de un relato que, creo, os sonará:

-Adiós-dijo el zorro-. Aquí está mi secreto. Es muy simple: solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. -Lo esencial es invisible a los ojos-repitió el Principito a fin de recordarlo. -Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante. -Es el tiempo que he perdido en mi rosa…-dijo el Principito a fin de recordarlo. -Los hombres han olvidado esta verdad-dijo el zorro-. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…-Soy responsable de mi rosa…-repitió el Principito a fin de recordarlo. 

“Aquel que tiene un “por qué” para vivir se enfrenta a todos los “cómo”. (Friedrich Nietzsche.)

“No hay alivio más grande que comenzar a ser lo que se es. No estamos en el mundo para realizar los sueños de nuestros padres, sino los propios.” Alejandro Jodorowsky)

“Serás tan valioso para los demás, como lo hayas sido para ti mismo.” (Marcus T. Cicero)

“Sí-escucha decir a alguien el guerrero-. Necesito entenderlo todo antes de tomar una decisión. Quiero tener la libertad de cambiar de idea. El guerrero desconfía de esa frase. También él puede tener la misma libertad, pero eso no le impide asumir un compromiso, aunque no se comprenda exactamente por qué lo hizo. Un guerrero de la luz toma decisiones. Su alma es libre como las nubes en el cielo, pero él está comprometido con su sueño. En su camino libremente elegido, tiene que levantarse en horas que no le gustan, hablar con gente que no aporta nada, hacer algunos sacrificios. Los amigos comentan: Tú no eres libre. El guerrero es libre, pero sabe que horno abierto no cuece pan.” (Manual del guerrero de la luz)

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Brillar cuando llueve

“Lo mismo es nuestra vida que una comedia; no se atiende a si es larga, sino a si la han representado bien. Termina donde quieras, mientas pongas un buen final.” (Lucio Anneo Séneca)

“Papá, ¿te acuerdas de antes de que cumpliera 5 años? Desde los 3 a los 5 años era una llorona. Lloraba todos los días. El día que cumplí 5 años, decidí que no lloraría más. Es lo más difícil que he hecho en mi vida. Y si yo puedo dejar de lloriquear, tú puedes dejar de ser un cascarrabias.” Esta es la contestación que le da Nikki a su padre, Martin Seligman; una contestación que como muy bien dice mi amigo Luismi (quien me dio a conocer este momento con el que inicio el post) es una reflexión tan potente que cambiaría la forma de Martin Seligman de entender el mundo, y de entenderse. Como muy bien me decía en el mensaje mi amigo: “Se puede ser y dejar de ser. Dentro de los límites de la física, la biología y el realismo.”

No se me ocurría mejor manera de comenzar este post, que comenzarla de manera conjunta con él, con Luismi, con uno de los buenos, de los grandes, con uno de esos leales que más allá de sumar, me multiplican. Porque este post va de esto, de lo que podemos cambiar, de que debemos cambiar porque el cambio es crecimiento, de que el cambio comienza en nuestra día a día con la compañía que elegimos, con lo que leemos, con lo que escuchamos, y con cuánto aprovechamos el tiempo mientras estamos con esas personas. En unos momentos en los que llegan las Navidades, ese momento que viene como anillo al dedo para la reflexión, para organizar encuentros, para comprobar cuánto y a la vez nada hemos cambiado cuando estamos con quien realmente somos, y no con quien forzamos una identidad que nada tiene que ver con nuestra esencia.

Esta lectura, este momento en el que quedamos tú y yo, querido lector, quisiera que fuera un momento para recordar lo que verdaderamente es importante, cuál es el concepto de triunfar en esta vida (que no es mío, sino de Jordi Nomen, pero me parece tan acertado que sería estúpido no compartirlo contigo); cuál es el verdadero motivo de vivir la vida que nos ha tocado; para qué estamos aquí, cuál es nuestra función; lo que deberíamos de empezar a hacer bien, y los detalles que deberíamos pensar en comenzar a cuidar. Allá voy.

Porque si tu mayor deseo es triunfar, recuerda que triunfar, tener éxito, tiene mucho que ver con lo que dice Jordi Nomen: “Triunfar es distinguir la verdad de la mentira, los tonos de gris que hay en el blanco y el negro, y saber hacer del error el fundamento para avanzar con acierto. Triunfar es vencer el miedo de fracasar sabiendo que el principal fracaso es no haberlo intentado. Por último, hijo, triunfar es tener la íntima satisfacción de saber superar los retos y ayudar a los demás a superar los suyos, ofrecer y pedir ayuda, esculpir el propio perfil de quien quieres ser, sin negar de dónde vienes ni dejar de crecer. Triunfar, hijo, significa, dejar huella y descubrir el amor por el trabajo bien hecho, anticipo del amor por uno mismo y por los demás. ¡Yo también quiero que seas un triunfador, hijo mío!”

De la misma manera, creo que a veces se nos olvidó que aquí estamos para hacer la vida un poco mejor de las personas que tenemos cerca, con quienes convivimos día tras día. Es fácil brillar en los días de sol, y cuando uno tiene el ánimo perfecto.  Pero tu vida verdaderamente cobra sentido cuando, aún en tu peor día, por una discusión o el motivo que sea, ves los ojos tristes de la persona que tienes delante, y entonces quitas el botón de automático, pasas de poner el foco en ti a ponerlo sobre la otra persona, para arrojar un poco de luz, un poco de energía, una sonrisa, un abrazo, un “vamos, que esto lo sacamos”, con cariño, con amor. Desprenderse de uno mismo, para poner el foco en la otra persona es un acto de humildad tan potente, que hace que la llama de la esperanza vuelva a brillar. Hoy más que nunca es tiempo de esperanza, es tiempo de brillar, y ayudar a brillar. Es fácil que la llama brille en día soleado; lo difícil es que aún cayendo la mundial de agua, tú aguantes esa llama y la mantengas viva. Porque como dice mi amigo Rafa, #siemprehayquesumar .

Y referente a los detalles, me viene a la mente la frase de Epicuro de Samos: “Quien no considera lo que tiene como riqueza mayor es infortunado aunque sea el dueño del mundo.”  Volvamos a recuperar la sensibilidad de cuando éramos pequeños, ese nivel de percepción, de sorpresa, de asombro que nos lleva a la alegría por todo lo que tenemos, que es mucho más de lo que imaginamos, y recodemos siempre no porque lo que tengamos implica que siempre va a estar ahí. De la misma manera que podemos llegar a ser completamente idiotas por añorar lo que no tenemos, podemos llegar a ser sumamente tontos no aceptando que la vida que tenemos es un regalo, que las personas que conocemos por amigos son una bendición; pero también convendría recordar que todo lo bueno, hay que atenderlo y cuidarlo para que la magia jamás desaparezca.

Porque la magia no te la da la Navidad. La Navidad nos ayuda a recordar lo que fuimos, los momentos que vivimos, las sonrisas que una vez aparecieron en nuestra boca y que vimos en nuestros padres, abuelos, primos, amigos. Pero la Navidad también nos invita a recordar que esto no debería darse solo en estas fechas; que más bien Navidad debería ser cada día de nuestra vida, porque la magia está en nosotros. No está en nada externo; lo externo puede ayudar más o menos, pero la magia está en ti, en tu corazón, en la manera en que miras al mundo, dar sin esperar nada a cambio, dar desprendiéndote por completo de ti porque vives y actúas del modo en que eres feliz, y eres feliz porque lo haces según aquello en lo que crees. Porque como dice Martin Seligman al comienzo del post, “se puede ser y dejar de ser”. Yo te invito a que seamos, a que estemos, a que nos reconozcamos, hoy y siempre, con el único fin de ser felices. Eso es lo que para ti deseo, querido lector, que hoy y siempre seas feliz sabiendo valorar lo que tienes, en lugar de pensar en lo que podrías tener.

Que tengan una muy buena semana, y feliz Navidad. Recuerden, la magia está dentro de vosotros. Un fuerte abrazo

“El hombre es un auriga que conduce un carro tirado por dos briosos caballos: el placer y el deber. El arte del auriga consiste en templar la fogosidad del caballo negro (placer) y acompasarse con el blanco (deber) para correr sin perder el equilibrio.” (Platón)
“Somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, pues, no es un acto, sino un hábito.” (Aristóteles)
“A lo largo de mi vida profesional, de quien más he aprendido es de los directivos humildes. Gente que combina visión, pasión, exigencia y humildad. Personas que encarnan un modo de hacer que compatibiliza la ambición de los negocios y de los proyectos con un talante personal contenido. Los grandes desafíos requieren grandes compromisos, y la altivez nunca fue la madre de compromisos consistentes. Y, finalmente, los directivos humildes no necesitan decirlo todo, hacen de la brevedad una forma de respeto a los demás. Procuran no ocuparles demasiado espacio, saben que su gente también tiene trabajo. Respetar a su gente significa no convocarla a cualquier reunión.” (Xavier Marcet)
“Bello es lo que nos conmueve, sea cual sea la textura de la piel que lo recubre. Hay belleza en la sonrisa carcomida del mundo porque la belleza, intuyo, no depende de lo admirado, sino de la calidad de la mirada que lo percibe o el sentido admirativo que se recrea y de la pureza del corazón que lo siente.” (Jordi Nomen)

 

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No tener proyecto

“El hombre no es sabio por lo que dice, el hombre es sabio por lo que HACE”. 

Se ha llegado a un punto en el que, a pesar de tener toda la información posible a nuestro alcance en cuestión de segundos, lejos de ser esto una consecuencia positiva que incremente las capacidades del ser humano y contra todo pronóstico, lo ha convertido en más estúpido, cómodo, si cabe. El ser humano se ha acostumbrado a pensar, a leer, a actuar, y en definitiva a vivir, sin pararse a pensar el por qué y para qué de sus acciones. En consecuencia, la situación ha degenerado tantísimo que parece que vale todo, que cualquier movimiento tiene suficientes motivos, cualquier discurso es válido, pero el problema ya no solo es de quien lo dice, sino de quien lo recibe porque no pone filtros, porque el envoltorio del caramelo emboba tanto, que no se analiza lo podrido que está por dentro.

Y es que nos hemos acostumbrado a los discursos vacíos, a la oratoria fácil que sabe tocar muy bien los sentimientos de la gente logrando que el sentimiento envuelva a la conciencia con una palabrería barata de contenido, pero de coste muy alto en lo que a consecuencias se refiere. No se deja de escuchar proyectos por todos lados, proyectos de líderes políticos, proyectos de empresarios, proyectos de coordinadores en fútbol base, proyectos de líderes de equipos deportivos, pero….¿verdaderamente cuál es ese proyecto? No sabrían contestar, porque no lo saben, porque el nivel de concreción de sus líneas de acción es tan bajo, es tan pésimo, que rezan para que no haya una pregunta que busque rascar un poquito entre tanto cemento de mentira, entre tanto envoltorio brillante.

¿Y esto, por qué se produce? Porque hemos dejado de analizar, de reflexionar, de pensar en definitiva, y es mucho más cómodo dejarse llevar por parte del que recibe el discurso, el mensaje, el proyecto. Puede más la predisposición que el paso a la acción, dando únicamente por válido aquello en lo que yo creo, independientemente de la burrada que se esté divagando o diciendo. Tanto si estoy a favor, como si estoy en contra, se ha dejado de cuestionar todo aquello que nos dicen, y bien podría aplicarse aquí el famoso mito de la caverna de Platón, en el cual podrían ser infinitas las personas que hoy en día prefieren permanecer dentro de la caverna, a salir ahí fuera y descubrir la verdad de las cosas.

Esto me lleva a la reflexión de que, si de un tiempo a esta parte es difícil encontrar líderes (ya sean políticos, deportivos, o sociales) que presenten un proyecto de verdad, con su línea estratégica a seguir (todo bien escrito, no solo hablado), con sus objetivos, acciones a llevar a cabo, pasos, focos de acción, decisiones a tomar en los próximos meses; es porque los que están al otro lado, los que escuchan y reciben el mensaje, a esos receptores les vale cualquier mensaje. Se dejan envolver por colores, tradiciones, banderas, escudos de fútbol, sin pararse a pensar o analizar por un instante las consecuencias de aquello que votan o están a favor, y eso es un verdadero problema. No se quiere un proyecto de verdad, porque eso implicaría hacer trabajar la mente del que lee o escucha ese proyecto, y eso requiere un esfuerzo que en la mayoría de las ocasiones no se está dispuesto a realizar.

Por el contrario, si el mensaje que se emite es un mensaje banal, vacío, que toca un poco los sentimientos (que no son los de pertenencia, porque por pertenencia se entiende otra cosa totalmente diferente), que genera un poco de crispación porque ese mensaje siempre de una manera directa o indirecta deja en mal lugar al contrincante (porque siempre hay una competencia que hundir); con esos dos ingredientes es más que suficiente para conseguir que las masas aplaudan al “líder”, que le sigan, aún siendo tan triste que si uno se parase a preguntar: ¿Por qué y para qué le sigues? la respuesta sería tan vacía como el discurso que acaban de escuchar.

Un tiempo más tarde, cuando ese mensaje deja de funcionar, cuando el oyente, el seguidor, se siente engañado y que le han tomado el pelo, sucede lo mismo una y otra vez: no se asumen las responsabilidades, y echamos la pelota a otro tejado. Quizás, solo quizás, se debiera hacer un poco de autocrítica en lo que a uno mismo se refiere, cuánto se ha hecho por avanzar, mantenerse en el sitio, o incluso retroceder por mera comodidad diciendo aquello de ” es que yo no puedo hacer nada”. Ya lo decía bien claro Platón en su momento: “La fortaleza de la ciudad reside en el valor de sus ciudadanos.” Y probablemente ese sea otro gran problema que se viene dando los últimos años, consistente en hacer poco, muy poco, o nada; pero criticar, “rajar”, y buscar la medalla de manera incesante; siendo muy difícil que una sociedad avance de esta manera porque la culpa siempre la tendrá otro, siempre habrá otro que cometa el fallo, que no sepa gestionar, que no sepa trabajar; en lugar, una vez más, de hacer autocrítica y saber ver qué estoy haciendo yo por mi empresa, y si yo estoy verdaderamente alineado con lo que se defiende en ella.

No deberíamos por tanto equivocarnos, y creo estar casi convencido de que, del mismo modo que un equipo de fútbol es lo que el entrenador, sus capitanes, jugadores, proyectan día tras día, un país es lo que el ciudadano proyecte día tras día. “Día tras día”; no un momento puntual, en una situación concreta; sino más bien tiene que ver con el hacer cotidiano, con lo diario. ¿Y cómo logramos revertir esta situación? Efectivamente…teniendo un proyecto, un proyecto de país, un proyecto de empresa, un proyecto de equipo de fútbol, del asunto que ocupe; y manteniéndote fiel, coherente, y consecuente con ello hasta las últimas consecuencias. Diseñando una hoja de ruta, unos objetivos enmarcados en una temporalidad, unas líneas de acción, pasos a seguir, análisis constante, sentimiento de vulnerabilidad (esa palabra que tanto miedo da porque puede más mi medalla, que el bien colectivo), pruebas de ensayo-error (como la propia vida, pero al mismo tiempo impidiendo el inmovilismo), y más factores a tener en cuenta que es lo que, verdaderamente, convierten y definen a un proyecto. La segunda pregunta sería: ¿Estamos dispuestos a tener un proyecto, y asumirlo, con todo lo que conlleva? Porque como bien diría Ernest Hemingway, “el secreto de la sabiduría, del poder y del conocimiento es la humildad.” 

Que tengan una muy buena semana, y recuerden, somos el producto de las decisiones que tomamos. Un fuerte abrazo, buen puente, y disfruten de lo que la vida les regala.

“Yo no enseño a dirigir personas. Yo enseño a dominarse a uno mismo.” (Peter Drucker)
“Comete más errores. Triunfa antes.” (David Kelly)
“Si yo tuviera una hora para resolver un problema y mi vida dependiera de la solución, gastaría los primeros 55 minutos para determinar la pregunta apropiada, porque una vez que supiera la pregunta correcta, podría resolver el problema en menos de cinco minutos.” (Albert Einstein)
“Un cacahuete flotando en una piscina, ¿sigue siendo un fruto seco? Y un veneno caducado, ¿te mata más?” (Luis Piedrahita)
“Reimaginar es la principal tarea -y responsabilidad- de nuestra generación. (Tom Peters)

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