Notas de un (súper)viviente

Hace unos diez años aproximadamente, estaba sentado delante de mi portátil y me dispuse a escribir el que sería mi primer post que llevaría por título «No olvidemos que somos personas.» Y eso es, justamente, lo que he intentado siempre recordar, que antes que nada está la persona. Por esa razón fui consciente de que las formas importan mucho, que cada detalle, cada gesto, cada palabra y el cómo decimos esa palabra, es la diferencia entre sumar o restar. Sumar, un verbo esencial, porque esta vida va de conseguir hacer sumar (o multiplicar incluso) a quienes están a nuestro lado, con quienes vivimos y convivimos, a quienes amamos con todo nuestro corazón.

Esa fue la razón de iniciar este camino, el de escribir posts creándome primero la página en blospot.com y más tarde en WordPress. Sumar. Ayudar a quien pudiera leer esos posts, tratar de ser de alguna manera motivación, fuerza, impulso para quien lo necesite. ¿Por qué? Porque toda misión, toda acción y todo proyecto requiere de un propósito lo suficientemente fuerte para que se consolide, perdure y sea consistente en el tiempo. Y creo, honestamente, que no hay propósito más bonito en la vida que generar, crear, algo nuevo que pueda servir de ayuda a otras personas. Pero, si te soy honesto, lo que nunca pude imaginar es que ese camino, ese viaje que se inició hace diez años con ese primer post, daría lugar a la publicación del libro que hoy te presento: «Notas de un (súper)viviente.»

Un libro escrito desde el corazón, en el cual en cada hoja, en cada párrafo, va sobre tinta un pedacito de mí. Vivencias, experiencias, reflexiones, opiniones que no son certezas absolutas, tan solo aprendizajes que extraigo como consecuencia de todo lo vivido en estos 34 años de viaje que llevo. Unos momentos y unas reflexiones que escribo para tratar de ayudar de forma doble. Por un lado, para aportar una perspectiva diferente a aquellas personas que, por el motivo que sea, puedan verse reflejadas en esas líneas y que les pueda ayudar a seguir adelante, a avanzar, a no dejar de superarse y seguir enfocados en lo que viene. Si algo he aprendido de cada vivencia, de cada reto afrontado, es que en esta vida uno debe agotar todas las posibilidades de intentarlo, sin perder jamás la fe, la esperanza y el optimismo por creer que se logrará el objetivo. A veces cuesta un poco más, a veces cuesta un poco menos, pero esto es tan cierto como que ningún mar en calma hizo experto al marinero.

Y por otro lado, para ayudar tanto como se pueda en la investigación contra la ELA, ya que una gran parte de los beneficios que se obtengan de la venta de este libro irán destinados a la investigación contra esta maldita y terrible enfermedad. De hecho, el libro llevaba escrito hace varios años pero no ha sido hasta ahora, al poner este propósito en mi vida, lo que me ha impulsado a retomarlo de forma decidida, con fuerza, cuidando cada detalle gracias a la ayuda de la mejor compañera de vida que puedo tener (sin ella, este proyecto no hubiera sido posible) para que por fin lo hayamos podido publicar.

Además, he tenido la suerte infinita de poder contar con dos personas increíbles, amigos de un valor incalculable, que han escrito el prólogo y el epílogo de este libro respectivamente como son Álvaro Merino Jiménez y David Dóniga Lara, a quienes quería aprovechar estas líneas para agradeceros, de todo corazón, vuestro granito de arena, vuestro cariño y vuestro tiempo en este libro, en este proyecto tan especial.

A ti, querido lector, que llevas desde mis primeros posts compartiendo momentos conmigo, lecturas y reflexiones, quería invitarte a este nuevo viaje. Un viaje al que ya se han sumado más de 100 lectores, más de 100 personas que han decidido sumarse cogiendo su pala y empezando a remar al máximo, para avanzar tanto como sea posible, pero eso sí, disfrutando siempre del viaje sin cansarnos jamás del paisaje. A quienes ya estáis remando, gracias de corazón por creer en este viaje y que cada palada vale la pena. A quienes aún no os habéis subido al bote, os esperamos con una sonrisa y con la intención de avanzar tanto como sea posible, porque este viaje no ha hecho más que empezar. Y como diría mi alumno Hugo, «vamos a remar tan fuerte, que va a parecer que el bote lleva motor.» Seguimos remando juntos, esto no para. Un fuerte abrazo, feliz jueves y feliz verano.

«Todo lo que Pablo ha ido alcanzando en su vida ha sido fruto de un entrenamiento sistemático, de una apuesta valiente, donde nunca ha tomado un atajo, donde ha apostado por un esfuerzo sostenido en el tiempo y donde ha generado oportunidades. Y este libro no es diferente al resto de los objetivos que el autor se ha marcado en su vida.»

(Álvaro Merino Jiménez)

«Pablo nos presenta una obra de teatro maravillosa, sublime; una película trepidante que podía haberse convertido en un drama, una comedia, un thriller o en cine de terror; una historia que, pudiendo ser cualquier cosa, él decidió que fuera de Amor. Sí, de Amor. Porque es lo que nos une. Lo opuesto al miedo. Amor en mayúsculas. El Amor que dio origen a todo y que tanto necesitamos para el desarrollo de nuestras almas.Un Amor con mayúsculas que le ha traído hasta aquí y que, con amor, nos invita a conocer para impregnar la conciencia universal de su granito de arena-amor-conciencia.»

(David Dóniga Lara)

Enlace para poder acceder a la compra del libro: https://www.amazon.es/Notas-s%C3%BAper-viviente-Quien-resiste/dp/B09ZCJNDMM/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&crid=3KCVS33LZMZI1&keywords=notas+de+un+%28s%C3%BAper%29viviente&qid=1659603737&sprefix=notas+de+un+s%C3%BAper+viviente%2Caps%2C559&sr=8-1

Disfrutar de los privilegios

«La mente humana se habitúa a lo bueno con una asquerosa facilidad poniendo el zoom sólo en los aspectos vitales que te faltan, difuminando a ratos lo que has dejado en el camino, y los años que llevas quemando rueda en la carretera. […] Normalizar los privilegios es un acto mezquino. Siento bastante bochorno de mí mismo cuando me sucede. Aunque sea humano.»

Hace una semana aproximadamente, leía este fragmento en una publicación del maestro Leiva, en su instagram y desde entonces, no ha parado de resonar dentro de mí, porque quizás en estas semanas he estado tremendamente emocionado, quizás de una forma más especial. He recordado los momentos vividos en las dos despedidas de soltero que me han preparado mis amigos, la emoción y el tremendo nudo en la garganta por valorar todo lo que han invertido en mí todos ellos, ya no solo en las despedidas, sino en estos años de amistad, lo cual es más fascinante, bonito y maravilloso todavía. La despedida fue, quizás, la manera de decir: «Estamos aquí, a tu lado, celebrando vuestro siguiente paso y siempre estaremos ahí.» La amistad, cuando se entiende como un caminar juntos de forma consistente en el tiempo, es imposible que genere emociones tan fuertes que cueste hablar.

Y por otro lado, volvió a resonar ese párrafo en mí cierta tarde en la que miraba a mi novia y a nuestra perra, jugando las dos y disfrutando, cuando me encontré otra vez emocionado, otra vez esa sensación de fortuna infinita por sentir que eres parte de algo maravilloso, por ver feliz a la persona que amas, verla disfrutar, olvidándonos por completo de todo lo demás. Fue ahí cuando pensé, qué razón tienes Leiva, sería un mezquino si no tuviera la sensibilidad suficiente para no emocionarme, para no sentir de la forma en que merece, ese momento tan increíble. Es verdad que siempre, debido a todo lo que he vivido a lo largo de mi vida, he tratado de valorar todo lo que tengo, disfrutándolo al máximo. Pero a veces es bueno leer párrafos así, para recordarnos a nosotros mismos que nunca podemos perder la sensibilidad para apreciar la verdadera del belleza del momento, recordando siempre que en esta vida la tarea que debemos completar al acabar el día es, de lejos, la de agotar cada instante como lo que es, un momento que no vuelve, que no se volverá a repetir y precisamente por eso es maravilloso sentirlo como tal.

Es esa sensibilidad y esa capacidad para percibir lo que nos lleva a poner el foco en nuestro propio centro y raíz, en nuestra esencia en definitiva. De esa forma, evitamos vivir distraídos, contemplando la vida de otros y comparándonos permanentemente con ellos, llegando a vivir engañados por la creencia de que para esos a quienes observamos la vida parece ser fácil y por tanto, disfrutan mucho más. Evitar vivir distraídos es, precisamente, evitar que en cualquier momento seamos tan mezquinos que pasemos a normalizar la vida que vivimos y el momento que estamos compartiendo. Porque ese momento, en realidad, jamás va a repetirse. Verás su sonrisa similar, pero no notarás el brillo de sus ojos. Darás un abrazo, pero quizás no lo haces con el sentimiento que debieras. No basta con hacer; es recomendable hacer y sentir, porque solo así nos emocionamos y es esa emoción la que nos mantiene vivos, enfocados y disfrutando con el corazón. Ese, sin duda, es el mejor de los privilegios.

Que tengan un muy buen fin de semana y no miren para fuera, no se comparen, solamente disfruten y vivan como si esa fuera la última vez. Un fuerte abrazo.

Es la vida

Hace unos días iba de paseo con Bimba cuando nos encontramos con un hombre mayor, a quien prácticamente solemos ver todos los días andando por el parque de forma incansable y a la vez admirable. Estaba terminando de hacer las últimas dominadas en las máquinas, cuando Bimba decide que hay que ir a saludarle y con ello le saca la primera sonrisa a nuestro buen hombre. Le pregunto qué tal, cómo está, a lo que me responde que justo terminando de hacer su ejercicio físico, porque antes había estado andando y ya se marchaba para casa. Mientras me lo cuenta, le miro con admiración porque creo que hace falta mucha voluntad para mantener esa rutina día tras día con su edad y le digo que le veo muy bien, que le encuentro genial. Y aquí me regaló la reflexión del día: «Pues qué va hijo, no estoy tan bien. Me han detectado un tumor, me tienen que hacer pruebas y ver cómo hacemos. Pero tengo autocontrol, es la vida hijo; yo sigo caminando todos los días mi hora y media, hago mis 70 dominadas, mis ejercicios, me tomo mi cafetito y disfruto leyendo el periódico. Con eso soy feliz, con eso me vale.»

En cuestión de minutos este buen hombre me había recordado la importancia de la actitud, de querer seguir viviendo y disfrutando de lo que uno tiene, a pesar de que vengan mal dadas y de que la situación en la que nos encontremos para nada sea la deseada. Unida a esa actitud ante la vida va ligada de forma implícita, creo, la esperanza de que todo va a ir bien. Ser optimista en los tiempos que vivimos probablemente sea una tarea difícil, porque uno trata permanentemente de sobreponerse a lo que lee en las noticias, a lo que se escucha en la radio o a lo que se ve en el telediario (hace tiempo opté por no ver ni leer nada al respecto). Pero, precisamente por eso, uno debe agarrarse a la esperanza tan fuerte como le sea posible, porque como muy bien dice el autor Mungi Ingomane, en su libro Ubuntu: «Muchas veces, en los momentos más duros de nuestra vida, lo único que nos queda es la esperanza, y eso puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Nelson Mandela pasó veintisiete años como preso político en la infame cárcel de Robben Island en unas condiciones deplorables. Mientras estaba en prisión, su madre murió; más tarde, también falleció su hijo en un accidente de coche. No se le permitió asistir a ninguno de los dos funerales. Vivió día tras día en una estrecha celda de dos metros de ancho por dos y medio de largo de la que solo salía para hacer trabajos forzados en una cantera. Fue maltratado por los guardias de la prisión y sufrió daños en la vista como consecuencia del reflejo del sol en la piedra. Aún así, nunca perdió la esperanza.»

Si trasladamos esto al deporte, anoche el Real Madrid C.F. en su partido contra el Manchester City, hasta en tres ocasiones logró acortar distancias y mantener intactas las opciones para lograr el pase a la final de la Uefa Champions League, en el partido de vuelta que aún queda por disputar en el Estadio Santiago Bernabéu. El deporte, a través de actuaciones como la de ayer, o en deportes individuales con deportistas como Rafael Nadal, Carlos Alcaraz, Paula Badosa; no para de recordarnos que si hay algo que depende de nosotros es la predisposición a mantener la esperanza intacta, pase lo que pase, mientras sigo poniendo todo de mi parte para acercarme al objetivo, porque como muy bien dijo Borja Iglesias tras la consecución de la Copa del Rey por parte del Real Betis Balompié, «Me encantaría deciros que, cuando se trabaja mucho, siempre se consiguen las cosas, pero no es verdad. Sed buenas personas y las cosas estarán más cercas.»

Y para mantener esa esperanza intacta nada funciona mejor que enfocarnos en lo que nos mantiene vivos, ilusionarnos con el mero hecho de estar bien e ilusionar a quienes amamos de verdad de forma permanente; cuidar los pequeños detalles del día a día con un «gracias», un «te quiero» o un abrazo sincero, porque todo ello carga la batería de la motivación como nada. Nada funciona mejor, nada transmite más esperanza, que comportarnos cada día como una buena persona, respetando, amando y compartiendo. Quien da, quien se entrega, quien suma y multiplica, jamás se cansará del paisaje mientras dure el viaje. Un fuerte abrazo y que tengan una muy buena semana; nunca dejen de sonreír.

«Si hay luz en el alma, habrá belleza en la persona. Si hay belleza en la persona, habrá armonía en la casa. Si hay armonía en la casa, habrá orden en la nación. Si hay orden en la nación, habrá paz en el mundo.»

Proverbio chino

Hace tiempo, cuando yo era joven, si un viajero que estaba atravesando el país se detenía en un pueblo, no tenía que pedir comida ni agua. En cuanto paraba, la gente se la ofrecía y le daba conversación. Esta es una de las facetas del ubuntu, pero no es la única. El ubuntu no significa que hemos de dejar de lado nuestro propio bienestar. La cuestión es, ¿qué puedes hacer tú para apoyar a tu comunidad y ayudarla así a mejorar? Estas son las cosas que de verdad importan. Si eres capaz de hacerlo, habrás conseguido algo muy importante.»

Nelson Mandela

El deber bien cumplido

La foto que se ve en el encabezado de este post fue la invitación a la reflexión de manera imprevista, casi sin esperarlo, que desembocaría finalmente en el post que hoy comparto contigo. Me planteé la siguiente cuestión: ¿Si una persona es incapaz de llevar su carro hasta el sitio correcto, cómo puede creerse en el derecho de reivindicar lo que sea en cualquier otro momento? ¿Y qué sucede con las mascarillas que aparecen de forma continuada en el suelo, en lugar de ser depositadas en la basura? En mi humilde opinión, hemos olvidado por completo que no basta con cumplir con los deberes cotidianos, sino que además hay que cumplirlos de la forma correcta.

La vida no se puede vivir para cumplirla, de ninguna manera. A la vida hay que entregarse en cuerpo y alma, entregándote, exigiéndote lo máximo como persona y en consecuencia, como profesional. Ese es el primer deber de todos, el más básico y a la vez el más importante. Porque uno solamente se entrega de verdad cuando tiene la sensación, cada noche, de irse a la cama con el deber bien cumplido. El deber de escuchar con el corazón, el deber de querer de verdad a las personas que amas, el deber de buscar soluciones a los problemas que te plantean tus compañeros de trabajo, tus alumnos; el deber de respetar opiniones al mismo tiempo que guardo las formas con quien me relaciono; el deber de poner calma cuando la situación se pone tensa. El deber de obrar bien, en definitiva, porque lo que debemos hacer es buscar un bien común y no el que solamente me beneficia a mí.

La vida no se vive en el plano del ego individual, en el plano de las «medallitas» que me pongo en el pecho, de la prepotencia de creer que cualquiera hoy va a «comprar tu libro». Nada más lejos de la realidad; esto no va de «vender libros», sino más bien de generar creencias, espacios de encuentro, contextos estimulantes que hacen crecer a las personas que tienes a tu alrededor, generando momentos en los que uno percibe y dice lo que es necesario comunicar, cuidando las formas con gran detalle.

Ese es el deber bien cumplido para mí, recordar de forma permanente la responsabilidad que uno tiene como persona, como hijo, como pareja, como profesor, como compañero de trabajo, en cada proyecto de vida compartido y en base a ello vivir de forma coherente, consecuente y honesta, sin engañar, sin mentir. Esto es lo que te permite mirar a las personas a los ojos, con total transparencia y haciéndoles sentir que vamos en el camino correcto, juntos y con el sentido de sacar lo mejor de nosotros.

Además, esta misma sensación del deber bien cumplido es la que nos recuerda que en la vida es tremendamente importante saber cuándo estamos en la posición de pedir y cuándo dar; cuándo aparecen también obligaciones además de derechos. Porque son las obligaciones en determinados momentos, las que nos hacen salir de nuestra zona cómoda, de querer poner un pie fuera para sentir el riesgo y recordar que para crecer hay que ser también valiente. Hablo de la obligación básica de salir de las monotonía para probar lecturas nuevas, contextos de crecimiento personal, pequeños retos que nos permitan mantener viva siempre esa inquietud y esa ambición porque crecer, mejorar. Desaprender para volver a aprender.

Hace unos días nos reíamos en uno de nuestros cafés, cuando estábamos reunidos los tres profesores que conformamos el bloque troncal de asignaturas del ciclo de TSEAS, junto con nuestros increíbles alumnos que tenemos en prácticas este curso. Y todo viene porque, estando a martes, no se me ocurre otra cosa que decir:¡¡vaya, cómo se me está pasando la semana!!» A lo que se empezó a reír Alfonso, uno de mis compañeros, diciéndome: «¡¡Hombre, ni que estuviéramos a jueves!!» Es verdad, llevaba razón, pero estar tan ilusionado con la vida que llevo, con las personas con quienes comparto esos proyectos, con los retos que van apareciendo y los que uno se genera de manera propia, hace que vivir la vida pase de ser un cumplido a querer vivirla bien, de la mejor manera posible, que no es otra forma que siendo feliz, respetando, queriendo de verdad y al mismo tiempo exigiéndome para tener la sensación al irme a la cama del deber bien cumplido.

Que tengan una muy buena semana y no dejen de exigirse, de sacar lo mejor que tienen. Porque una persona «enchufada», con ganas, es un verdadero regalo para las demás. Un fuerte abrazo, cuídense y disfruten de cada instante.

«Liderar es servir, no servirse. Liderar es crear un perímetro de confianza donde sea posible crecer haciendo crecer. Liderar es reunir gente comprometida entorno a preguntas fundamentales. Líderes que crezcan haciendo crecer a los demás.»

(Xavier Marcet)

«Cuando deseas algo con mucha intensidad, ningún sacrificio es demasiado grande.»

Rafael Nadal

«Es mejor encender una vela que maldecir la oscuridad.»

Confucio

«¿De dónde sacas tiempo? De no perderlo.

Reflexión de Álvaro Merino, acerca de la importancia de la gestión de la atención.

¿Para qué vivimos?

«El amor es lo que cambia el rumbo de la vida. Muchas veces la vida está enfocada hacia algo (gloria, dinero, sexo, éxito), pero cuando te enamoras esa vida va hacia alguien. La mayor distinción entre las personas es quienes viven para algo y quienes viven para alguien.» (Fernando Savater)

¿Qué tiene el amor que nos hace sentir tan vivos? Un componente esencial que va implícito en el propio acto de amar: darse al 100% con un enfoque y un sentido muy claros. Es pasar de poner el foco en ti a ponerlo en la persona que amas, en la persona que tienes frente a ti, con quien compartes tu vida de forma diaria y cotidiana. De repente, notas que tus acciones van en una dirección, con un enfoque muy claro, miras de otra manera, escuchas de otra forma, utilizas el plural en lugar del singular. Pasas del ego a la humildad, de poner los focos en ti a ponerlos en quien realmente lo necesita y estás atento a cada pequeño detalle.

Y es que la vida va precisamente de eso, de pequeños detalles que lo único que exigen es atención para que nada pase desapercibido. Lo preocupante es que, rodeados de tanto medio tecnológico, lejos de estar más conectados que nunca en realidad nos encontramos demasiado distantes, todo demasiado políticamente correcto, todo muy frío, apenas sin sentimiento, casi todo por obligación. No paras de observar pandillas de chavales en las plazas y todos con el móvil delante; personas que pasean a su perro, ese que luego dirán que es su compañía perfecta, olvidándose por completo de él porque van pendientes de su móvil. Así podría enumerar infinidad de ejemplos, situaciones, o momentos que se ven a diario y que te hacen constatar que quizás estamos realmente olvidando lo que es importante.

Olvidamos que desconocemos por completo lo que va a suceder en los próximos diez minutos, y no es una frase hecha, es la más profunda y absoluta realidad. Quizás deberíamos tener esa sensación grabada a fuego, porque nos llevaría con más facilidad al siguiente planteamiento consistente en que lo realmente importante no es dónde estás, ni qué estás haciendo, sino con quién estás viviendo ese momento. Esa persona con la que estás sentado en un banco de madera durante horas, o en la terraza de casa hablando de todo, riendo, disfrutando; eso es justo lo que siempre deberíamos recordar. Porque si te das cuenta la playa o la montaña son realmente mágicas si es con esa persona con quien la disfrutas, con quien la compartes.

Quizás por eso amar de verdad, desde la autenticidad, sea algo tan maravilloso; porque es lo que realmente te acerca a esa sensación de plenitud. Ni el éxito profesional, ni el éxito social, te harán sentir de esa manera tan plena:

«-Mitch, si lo que quieres es presumir ante los que están en la cumbre, olvídalo. Te despreciarán de todos modos. Y si lo que quieres es presumir ante los que están por debajo, olvídalo. No harán más que envidiarte. Un alto nivel social no te llevará a ninguna parte. Solo un corazón abierto te permitirá flotar equitativamente entre todos. […] Haz las cosas que te salen del corazón. Cuando las hagas, no estarás insatisfecho, no tendrás envidia, no desearás las cosas de otra persona. Por el contrario, lo que recibirás a cambio te abrumará.»

Amar de verdad es abandonar lo políticamente correcto para pasar a expresarte desde tu coherencia con lo que sientes, con el sentimiento que late en lo más profundo de tu corazón y expresarlo con absoluta autenticidad. No reserves tanto esos besos, esos abrazos, esas risas, esos mensajes o llamadas porque nunca es tarde si se dice con amor. Al revés, probablemente si hubiera un poquito más de amor quizás no habría tanto conflicto tan absurdo, tanto nivel de crispación y tensión diaria, porque todos estaríamos enfocados en amar para ver a la otra persona feliz, amar para ayudarla a que saque lo mejor que tiene dentro día tras día, porque estás convencido de que es capaz de llegar hasta donde se proponga. Porque su sonrisa es tu felicidad.

Y eso es justo lo que te deseo a ti, que sonrías, que seas feliz y que encuentres esa felicidad que tanto buscas. Pero recuerda, quizás no esté tan lejos de ti como piensas. Un fuerte abrazo y feliz Navidad.

«El tiempo que tenemos no es corto; es que perdemos mucho. La vida se nos ha dado con largueza suficiente para emplearla en la realización de cosas de máxima importancia, si se hace buen uso de ella. Pero cuando se disipa entre lujos y negligencias y se gasta en cosas inútiles, cuando llega el último trance inexorable, sentimos que se nos ha ido la vida, sin reparar siquiera que se va. Lo cierto es que no recibimos una vida corta, somos nosotros los que la acortamos; ni somos indigentes sino pródigos. Pues así como las riquezas copiosas y regias, cuando llega a manos de un mal dueño, al momento se disipan; y cuando caen en manos de un buen administrador se acrecientan, aunque sean escasas, con su mismo uso, así también nuestra vida ofrece muchas posibilidades a quien la ordena correctamente.» (Séneca)

No te rindas

«Cuando tenía 15 años me fichó el Verona. Me metieron en un antiguo monasterio. Éramos seis jugadores juveniles en una habitación diminuta con tres literas. Los primeros tres meses fueron geniales, pero luego se puso pesado, porque no tenía ni idea de cuándo podría volver a casa. Y vivía con 20 euros semanales que me daba mi agente, el mismo que me había invitado al campamento. Siempre lo gastaría en las mismas cosas: 5 euros para llamar a mi familia en Brasil, algunos más para shampoo, desodorante y dentrífico. Los fines de semana los pasaba en un cibercafé para charlar con amigos y familiares por MSN. A veces, cuando realmente quería un capricho, iba a la plaza principal de Verona y compraba un batido en McDonald’s. Cuesta un euro. ¿Papas fritas, hamburguesa? ¡Olvídalo, hombre! La Cajita Feliz era para los niños ricos. Luego me sentaba en una escalera en la esquina de la plaza y simplemene…miraba. Veía a la gente ir y venir. Observaba los pájaros y los turistas y dejaba vagar mis pensamientos. Así pasaba mis sábados por la tarde […]

Las semanas posteriores a la Eurocopa fueron mágicas. Pasé un tiempo en Verona, donde no había estado durante mucho tiempo y visité el monasterio. Desafortunadamente, todos estaban de vacaciones, pero fue muy emocionante ver mi casa de catorce años antes. Luego fui a la plaza principal, entré al McDonald’s y compré un batido. Me senté en las escaleras de la esquina, donde había pasado tantas tardes cuando era adolescente y simplemente…miré. Luego cerré los ojos y retrocedí en el tiempo. Y era como si pudiera ver a mi yo de quince años sentado a mi lado. Nadie le prestó atención. Nadie sabía de su nostalgia ni de las conversaciones que mantenía con sus padres. No era más que un niño tímido y flaco bebiendo un batido de un euro. Pero yo sabía de todas las dificultades que había soportado. Así que me incliné y susurré lo mismo que le diría a todos los niños que persiguen un sueño.

Le dije: «No te rindas, hombre.

Pase lo que pase, no te rindas.»

(Jorginho, jugador del Chelsea FC)

Cuando somos pequeños todos soñamos de una manera asombrosa, con increíble vitalidad, ilusión y energía. Nos imaginamos nuestras profesiones del futuro, lo que haremos o no, la ciudad en la que viviremos o con quién nos gustaría pasar el resto de nuestras vidas. Pero sin embargo, de forma igualmente sorprendente uno descubre que conforme la edad avanza la persona tiende a perder esa energía, esa ilusión y esa vitalidad por continuar soñando e imaginando futuras metas personales, profesionales, que le impulsen a ir hacia delante. Y eso es un gran error que nunca deberíamos permitirnos, parar de soñar.

Soñar es una invitación continua a no parar de caminar, a seguir descubriendo caminos que nos llevan la mayor parte de las veces a salir de nuestra zona de confort, evita que perdamos esa tensión competitiva tan necesaria en el crecimiento personal porque nos mantiene atentos, mirando con los ojos vivos de un niño que jamás perdió la ilusión por perseguir su pequeño sueño. Ya lo decía Jarabe de Palo en una de sus canciones magistrales: «Sueño con los ojos abiertos, puede que pienses que estoy loco porque me creo lo que sueño.» Esa es la clave, creerse lo que uno sueña y ponerse a funcionar para ello, sin parar de avanzar cada día.

Soñar nos permite mantenernos enfocados en nuestros objetivos, sean personales, familiares o laborales, porque ese enfoque hace que toda nuestra manera de entender la vida cobre sentido. Esto permite mantener ese sueño más o menos vivo cada día, a cada momento y en consecuencia podremos mantener esa perseverancia tan necesaria para avanzar, para no rendirse y siempre seguir con una sonrisa, con un brillo en los ojos, porque lo que soñamos ya lo sentimos en nuestro corazón.

Sentirlo para ser capaz de verlo y visualizarlo, imaginar los pros y los contras de cada sueño que perseguimos, de cada meta volante a la que estamos dispuestos a llegar nos permite soñar despiertos con los pies en la tierra, siendo conscientes y tratando de ser coherentes a cada momento. Soñar porque lo que anhelamos es realización personal, felicidad nuestra y de nuestra familia, de las personas que más quieres y que más te quieren. Soñar para crecer siempre desde la persona hacia el profesional, porque eso implica que nuestra sensibilidad, nuestra percepción, nuestro optimismo, nuestra ilusión, nuestra motivación mejora y en consecuencia hacemos mejor la vida de aquellas personas a quienes queremos con todo nuestro corazón. Soñar, en definitiva, para invitar a soñar, a recuperar esas ganas por superarse, por crecer y ver la vida siempre como una oportunidad de crecimiento diario.

Ese crecimiento diario conlleva sacrificios, esfuerzo, altísimo grado de implicación y dedicación, por eso quizás la clave sea no solo disfrutar del momento en el que conseguimos que los sueños se materialicen en realidad sino, más bien, ser capaces de soñar despiertos disfrutando de cada instante que vivimos, sin perder un ápice de sensibilidad y percepción, sintiéndonos vivos y plenos por el esfuerzo que realizamos nosotros y las personas que nos quieren. Como diría la triatleta paralímpica Susana Rodríguez, «Para mí, el secreto es tener claro en qué situación real me encuentro y sacar el máximo partido de ella. Esto es aplicable a todas las facetas, tanto a la profesional como a la personal».

E incluso a veces, cuando el sueño por razones o factores que no podamos controlar, resulte que no somos capaces de convertirlo del todo en realidad, siempre habrá valido la pena el hecho de intentarlo. Porque te diste la oportunidad de creer en ti, de confiar en tu valentía, en tu atrevimiento, en tu optimismo y haberte esforzado hasta llegar exhausto a la meta teniendo presente que habrás crecido en comparación a la versión tuya que inició ese camino. Porque habremos aprovechado cada instante, cada momento de nuestra vida y esa es una tarea que siempre debería quedar cumplida cuando nos metamos en la cama cada noche, dispuestos a soñar para seguir avanzando a la mañana siguiente.

Que tengan una muy buena semana, disfruten con lo que sueñan y atrévanse a avanzar a hacia ello. Un fuerte abrazo.

Ser un número uno

«La simplicidad es la suprema sofisticación»

(Leonardo Da Vinci)

Hace unas semanas escuchaba decir a Pablo Motos que «un número uno te lo puedes encontrar en un restaurante y es un camarero; y es un número uno, que no se le escapa una mesa,que la segunda vez que vas ya sabe lo que quieres tomar […]» y la verdad es que no pude estar más de acuerdo con él. Pero, además, decía tres aspectos de la persona que son esenciales para mí: actitud, esfuerzo y visión. Componentes esenciales e imprescindibles para llegar a ser un número uno al mismo tiempo que se logra alcanzar esa suprema sofisticación a la que se refiere el maestro Leonardo Da Vinci. Pero, ¿cómo se logra ser un número uno y que se entiende por ello?

En la mayoría de las ocasiones tendemos a creer que para ser un número uno es necesario volverse complejo, complicarlo todo, convirtiendo así cualquier tarea o proceso en un trayecto demasiado arduo, tedioso y lento. Sinceramente, creo que estamos equivocados. El camino, al menos para mí, en lo que a crecimiento personal y profesional se refiere para lograr ser un número uno en aquello que haces gira en torno al concepto de eficiencia. Ser eficiente implica ser capaz de realizar tu tarea de la mejor forma posible, en el menor tiempo posible. Y esto sí tiene que ver con simplicidad, palabra que si buscamos en el diccionario nos indicará aquello que no tiene complicación, que no se vuelve complejo.

¿Por qué es tan importante evitar la complicación? Porque esto nos permite conectar mejor con las personas con quienes vivimos, con quienes trabajamos, porque somos capaces de transmitir de manera eficaz el mensaje que queremos trasladar y además lograr hacerle sentir con las dosis adecuadas de motivación, pasión y compromiso que cada persona necesita. Y para llegar a ese punto se requieren los tres aspectos que menciona Pablo Motos en la entrevista: esfuerzo, actitud y visión.

Esfuerzo para poner empeño y gran capacidad de trabajo en todo aquello que requiere aprendizaje por nuestra parte, porque sí, el aprendizaje requiere de esfuerzo por entender, por comprender e interiorizar lo que estoy trabajando para luego aplicarlo de una manera coherente y consecuente con la persona que soy. Actitud para mantener ese esfuerzo de manera permanente en el tiempo, día tras día, semana tras semana. Y visión para darle sentido a nuestra formación, a la vida que vivimos y encontrar la respuesta a la pregunta que deberíamos hacernos cada uno que es para qué hago esto o aquello, qué sentido tiene esta tarea, este trabajo, para mí y para las personas con quienes estoy.

Y con todo, daríamos con la respuesta a por qué hacer todo esto de esta forma, porqué ser un número uno, que no es otra que aquella que consiste en entender que todo cuanto hago lo llevo a cabo de esa forma porque entiendo que es lo correcto. Hacer lo correcto sin esperar nada a cambio, solo porque entiendes que es tu responsabilidad ya no solo como profesional, sino como persona, que trasciende a todo. Ser un número uno no es necesariamente acaparar portadas, likes o patrocinio de marcas; tiene más que ver con lograr hacer un poquito mejor la vida de las personas que están a tu lado.

Ser un número uno, para mí, tiene más que ver con tener la capacidad de trabajar, de esforzarte cada día por mejorar, por seguir creciendo, para de esa forma tener algo que ofrecer o dar que pueda servir de estímulo o palanca de crecimiento para quienes están contigo. Está más relacionado con mantener la humildad día tras día como dijo en la rueda de prensa post partido Giannis Antetokounmpo enfocándote exclusivamente en el presente, evitando el ego por lo que lograste en el pasado o la prepotencia de dar por hecho lo que puedes llegar a conseguir en el futuro generándote falsas expectativas. Y por último, pero no por ello menos importante, ser un número uno exige también decir siempre la verdad. Esa es la única manera de ser coherente y consecuente con aquello que defiendes, con tus valores innegociables y mantenerlos hasta las últimas consecuencias. Decir la verdad es respetarte a ti y respetar a las personas que quieres, demostrarles lo importantes que son para ti a cada instante y que todo lo que haces es con un cariño y un amor que es auténtico, verdadero y honesto.

Como muy bien decía Arthur Schopenhauer, «así es precisamente la vida: sólo podemos perseguir seriamente y con fortuna un anhelo, sea placer, honor, riqueza, saber, arte o virtud, cuando renunciamos a cuantas pretensiones nos alejan del mismo. Por eso, justamente, ni el mero querer ni el mero poder resultan suficientes, sino que un hombre debe saber también lo que quiere y lo que puede: así mostrará carácter y podrá hacer algo a derechas.»

Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo y disfruten tanto como puedan de cada segundo.

«La racionalidad es la virtud básica del hombre, la fuente de todas sus otras virtudes. El vicio básico del hombre, la fuente de todos sus males es el acto de desenfocar su mente, la suspensión de su consciencia, que no es ceguere, sino negarse a ver, que no es ignorancia, sino negarse a conocer. La irracionalidad es rechazar la herramienta de supervivencia del hombre y, por lo tanto, es adentrarse en un curso de destrucción ciega; lo que es antimente es antivida.»

(Arthur Schopenhauer)

Las cartas que jugamos

«A mí lo que más me gusta es ver cómo se esfuerzan en el campo, cómo trabajan, cómo defienden, que tengan actitud hombre, luego ya jugar bien o no pues depende de cada fin de semana, pero por lo menos que se esfuercen.» Esto me lo repetía mi abuelo Agustín cada fin de semana que iba al pueblo de mis padres, o cada vez que hablábamos por teléfono y terminábamos hablando de fútbol. Además, si a eso se le añade que en los últimos años de su vida yo ya estaba entrenando equipos de fútbol, con más razón hablar de fútbol, de pasión, de esfuerzo, de estar motivados, en definitiva entender la vida de una manera muy concreta: a base de trabajo y compromiso.

Y es que ayer, con la victoria del Atlético de Madrid que les conducía a la consecución del Campeonato de Liga, me acordé muchísimo de él, de tantas conversaciones que hemos tenido que son muchas y de las reflexiones que me ha regalado durante mi crecimiento desde bien pequeño. Una de ellas es con las que inicio hoy este post, que gira en torno a la importancia de saber sacar el máximo rendimiento de lo que se tiene, es decir, de las habilidades, del talento y las capacidades que poseemos. Decía José Antonio Marina en el último libro suyo que estoy leyendo que «a nosotros nos caen unas cartas, pero somos nosotros quienes decidimos cómo jugamos nuestras cartas en esta partida tan trepidante que es la vida»; y en conexión con esta reflexión días más tarde escuchaba al ex-jugador y ahora entrenador del Sao Paulo, Hernán Crespo, decir lo siguiente:» No sois culpable del lugar donde naciste, pero sí de dónde vas a querer estar.»

Para mí, la clave está ahí, en cómo somos capaces de sacar el máximo rendimiento posible a nuestras capacidades, a nuestro talento y unirlo todo a una dosis altísima de fe, de esperanza en que los logros terminan llegando. También es cierto que desconocemos el factor tiempo, cuánto tardaremos en hacerlo, cuánto tiempo nos llevará la tarea, el proyecto en el que estemos metidos, pero no es tan importante el cuánto se tarda como sí cuánto se disfruta de lo que haces, de si lo vives de manera plena, «como si fueras a morir mañana» como dice el maestro Leiva en su canción.

Esto implica que a veces tienes cartas malas, pero tu «farol» es tan grande, que sales vencedor porque fue tal tu convicción que no hubo atisbo de duda en tu rostro. O quizás, tuviste una mano grandiosa de cartas, el rival también, pero tu estrategia fue más inteligente y mejor adaptada a lo que se necesitaba en ese momento. Pues así es con todo, en el fútbol, en la vida, la mayoría de las veces gana quien sabe jugar mejor sus cartas, quien sabe leer el momento con la precisión de un cirujano y sabe aplicar la solución adecuada para cada circunstancia a resolver. Porque quiere solucionarlo, porque tiene la actitud, la valentía, la iniciativa y el compromiso consigo mismo de tratar de dar lo mejor que tiene.

Son precisamente, esos componentes, los que a mí me ayudaron infinitamente a salir de momentos tan tremendamente duros en lo anímico, como son la actitud, la valentía, tener iniciativa y no haber abandonado nunca el compromiso de tratar de ser la mejor persona posible, para que las personas con las que vivo estén bien. La actitud para afrontar una segunda operación en el oído derecho, para así lograr tener un implante osteointegrado Baha que me ha dado la posibilidad, a día de hoy, de seguir emocionándome cuando escucho los pájaros que pasan por encima de mí. Una actitud que me enfocó en lo que podría tener de calidad de vida, en lugar de pensar en lo frustrante que podría ser si la operación salía mal por segunda vez.

La valentía para asumir con veintisiete años, que una tarde tus padres te llaman para que vayas a casa y puedan darte la noticia en persona que estás enfermo de Hepatitis C, y aún con todo tras una cuestión de horas entender que aunque la enfermedad es grave, aún hay margen para pensar que todo va a ir bien y que te curarás. Vuelves a emocionarte y vuelves a llorar mucho de emoción cuando te dan el alta hospitalaria diciéndote que, definitivamente, años más tarde estás curado de esa Hepatitis C. Y mientras que has ido superando, poco a poco, todos esos malos momentos de tu particular partida, tú siempre has intentado jugar de la mejor forma posible tus cartas, las que te tocaron, las que no elegiste, pero con las que sí decidiste los pasos que querías dar para llegar hasta donde hoy estás.

Por eso, con lo que uno ha ido viviendo la vida te va grabando a fuego, como bien dice Ernesto Sabato, que «yo creo que la verdad es perfecta para las matemáticas, la química, la filosofía, pero no para la vida. En la vida, la ilusión, la imaginación, el deseo y la esperanza cuentan más.» Es eso, justamente, la ilusión, la imaginación, el deseo o el querer de verdad, la esperanza, lo que no podemos dejar de transmitir a nuestros alumnos, a nuestros jugadores, porque la vida no para de enseñarnos que siempre hay una pequeña rendija por la que se cuela la luz, energía pura llena de amor para entregarnos a la tarea de vivir para ser feliz y vivir enseñándoles que ser feliz no es más que marcharte a la cama cada noche con la sensación de que te vaciaste, que lo diste todo y que la tarea de vivir la realizaste de la mejor forma posible.

En una entrevista del programa El Partidazo le preguntaban a Joaquín, jugador del Real Betis Balompié, cómo hacía para seguir aguantando ese nivel de exigencia temporada tras temporada y esta fue su contestación: «Yo me refugio en la alegría, en llenar la mente de ilusión. En ir a entrenar cada día con alegría, tratando de disfrutar al máximo de cada momento. Estar contento para mí es fundamental.» Y es que nunca deberíamos perder la alegría de vivir, la chispa del humor, la magia de la pasión por lo que hacemos, porque esa es la mejor receta no solo para que nuestra vida cobre sentido, si no lo que es más importante aún, transmitir ese mensaje de realidad, optimismo y compromiso a nuestros alumnos, a nuestros jugadores, porque solamente desde la dignidad, la autenticidad y la integridad podemos afrontar nuestros retos, objetivos, metas, con la actitud adecuada. Una actitud que nos recordará, a cada momento, que la vida se vive una vez y por esa sencilla razón estamos obligados a aprovechar cada instante como lo que es, mágico e irrepetible.

Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo y enhorabuena a todos los atléticos por ese campeonato de liga. Es, sin duda, otra forma de entender la vida. Sean felices.

«En resumen lo importante no es averiguar si existe algo más grande, algo más allá de lo conocido, esa necesidad de lo desconocido, sino ver lo que produce en nosotros la confusión, las guerras, la diferencia de clases, el esnobismo, la búsqueda de la fama, la acumulación de conocimientos, la evasión a través de la música, del arte o de tantas otras maneras. De modo que lo importante es ver las cosas como son, ver lo que somos en realidad: a partir de ahí es posible avanzar, porque entonces resulta relativamente fácil soltar lo conocido.» (Epicteto)

«Quien sabe hacer música la hace, quien sabe menor la enseña, quien sabe menos todavía la organiza, y quien no sabe la critica.» (Luciano Pavarotti)

«Es evidente que una persona que vive plenamente, que ve las cosas como son, que está contenta con lo que tiene, que no está confundida, que tiene claridad, una persona así nunca pregunta cuál es el propósito de la vida; para ella, el mismo vivir es el principio y el fin. Por tanto, el problema radica en que como nuestra vida está tan vacía, deseamos encontrarle un propósito y nos esforzamos por conseguirlo.» (Epicteto)

Dar el primer paso

Decía José Antonio Marina que el talento es la inteligencia bien dirigida y por ello podríamos llegar a deducir que esa inteligencia bien dirigida es la que nos ayuda a tomar las decisiones correctas, las adecuadas para cada momento. ¿Pero cómo decidimos? ¿Nos han enseñado a decidir alguna vez? ¿Qué importancia tiene el mero hecho de tomar decisiones? Pues en mi humilde opinión, tiene toda la importancia, porque somos el producto de las decisiones que tomamos a cada momento.

Por esta sencilla razón los formadores, profesores, entrenadores de deporte de base, debemos enseñar varios aspectos que son tremendamente importantes. El primero de ellos no es tanto indicarles, como sí dar el espacio correcto para que el alumno o jugador tenga iniciativa para querer elegir, para querer decidir, cuál es la dirección que toma su camino. Una vez tomada la decisión o elección, el siguiente paso es que aprenda y asuma la responsabilidad de la decisión que se toma. Porque quien la toma es él o ella, no su padre, ni su madre, ni el entrenador. ¿Esto qué evita? La excusa barata, las lamentaciones, el victimismo; en lugar de asumir con madurez la elección que hemos hecho. Crecer, madurar, es aprender poco a poco que mis aciertos y errores son míos, por tanto quien debe aprender de ambos es uno mismo. Porque como decía Pep Marí, el problema no es cometer errores, equivocaciones, o malas decisiones. El verdadero problema es cometer ese mismo error una y otra vez.

Y con esto llegamos a otro punto que para mí es esencial, la humildad de reconocer que somos seres humanos. Esto implica que debemos huir de la perfección, de la meta o resultado final, y que debemos ayudar a entender a nuestros alumnos, a nuestros jugadores, que es tremendamente más importante recorrer ese camino académico y personal con dignidad e integridad, que obtener nueves o dieces en todas las asignaturas. Obtener un nuevo o un diez no me evita realizar conductas como tirar toallitas, mascarillas, bolsas, a la calle; o insultar, vacilar, o reírme del personal que trabaja en un edificio. Lo que me lleva a evitar todas estas pésimas conductas es mi dignidad y mi integridad como persona, es decir, valorar siempre de la forma correcta a las personas con quienes estoy conviviendo.

Una vez que tenemos la responsabilidad y la humildad, lo único que nos falta es la valentía para dar el primer paso. Pero normalmente aquí cometemos un error de manera generalizada y es que tendemos a pensar que ese primer paso debemos darlo sí o sí solos. Y considero que es un error. Recuerdo que una vez me dijo un muy buen amigo que no es tan importante la marca del autobús que conduces, como las personas que tú decides que se suban a ese autobús y qué razón tiene. Nadie es en sí mismo y es bueno recordar que hay decisiones que pueden ser perfectamente compartidas, valoradas, en conjunto con las personas que te quieren de verdad, con quienes siempre están y estarán a tu lado. Por su experiencia, por su conocimiento, por su apoyo y sobre todo por su amor hacia ti te escucharán, valorarán tus inquietudes, tus miedos, tus reflexiones y entre todos suele ser más factible llegar a buen puerto.

Y es ahí, cuando estás a punto de llegar a buen puerto cuando aparece nuestro corazón. Como dice Pacheta en su libro: «Efectivamente. Por eso te hablo de la razón, de la razón que que proporcionan los datos, pero sobre todo del corazón. Siempre. La información es valiosa, pero no lo es todo. Los datos me orientan, pero la decisión va con la pasión, con el corazón, que es la piedra angular. Acertar desde la intuición también te otorga autoridad moral. Yo reivindico la sensibilidad y la intuición.»

No puedo estar más de acuerdo con él, porque siempre he sentido y sentiré que es imposible vivir la vida sin pasión. Hacer las tareas por hacerlas, o hacerlas con pasión, es decidir si vives la vida con un propósito, con un sentido o no. Es la pasión lo que te lleva, sencillamente, a vivir de manera real y verdadera cada momento que compartes, a emocionarte por todo lo que vives cada día, a evitar que el más mínimo momento caiga en lo vulgar y en lo común. La pasión es lo que te ayuda a poner en valor cada decisión, cada elección, porque sientes que te importa y mucho. Vivir la vida con pasión te ayuda a tomar decisiones honestas, sinceras, comprometidas y dignas; y eso es justo lo que siempre hay que buscar.

No hay nada más bonito en esta vida que vivir el camino de forma honesta, sincera, auténtica y verdadera. Desconozco que si eso repercute en la cuenta bancaria, pero la felicidad que uno siente en su corazón es de un valor incalculable. Recuerdo además, la anécdota que nos contaban dos maravillosos amigos este fin de semana, sobre el propietario de la panadería Brulée. Le ofrecieron un valioso gesto a devolver, si enviaba uno de sus increíbles roscones a una determina persona que lógicamente no tendría que esperar la cola tan descomunal que había fuera en la calle. Y su respuesta fue tan contundente como sus valores: «Lo siento, pero no. Me debo a la gente que viene cada día a desayunar aquí, a comprar el pan aquí, y que aguarda su tiempo en la cola para llevarse un roscón. No podría fallar a ninguno de esos clientes.» Los valores deben siempre permanecer innegociables, porque cuando eso sucede, las decisiones que se toman siempre son las correctas.

A modo de conclusión quería compartir con vosotros la reflexión de Malcolm Gladwell al respecto:

«Creo que, cuando se trata de conocernos y de conocer el mundo, prestamos demasiada atención a los grandes temas y muy poco a los detalles de los momentos fugaces. ¿Qué pasaría si tomásemos en serio nuestro instinto? ¿Si dejásemos de explorar el horizonte con un telescopio y empezásemos a examinar nuestra manera de decidir y de comportarnos con el más potente de los microscopios? Creo que cambiarían la forma de librar las guerras, los productos que vemos en las estanterías, las películas, la manera de formar a los agentes de policía, los consejos que se dan a las parejas, las entrevistas de trabajo y muchas otras cosas. Y, combinando todos esos pequeños cambios lograríamos crear un mundo diferente y mejor. Creo-y espero que cuando terminen este libro también lo crean ustedes-que la tarea de conocernos y conocer nuestro comportamiento exige ser conscientes de que vale tanto lo percibido en un abrir y cerrar de ojos como en meses de análisis racional. <<Siempre he considerado la opinión científica más objetiva que el juicio estético>, dijo Mario True, la conservadora de la sección de antigüedades del Museo Getty, cuando por fin quedó clara la naturaleza del kurós.<<Ahora sé que estaba equivocada>>.»

(Malcolm Gladwell)

Que tengan una muy buena y feliz Semana Santa, un fuerte abrazo.

El arte de sonreír

«No son las cosas que nos pasan las que nos dañan, sino nuestra opinión sobre ellas.»

(Epicteto)

«Nunca se sabe cuándo va a venir el hostión, hay que aprovechar claro, hay que ser humildes.» Esta frase la decía el gran Enrique San Francisco, en una de sus múltiples visitas al programa de televisión El Hormiguero, y me recordó muchísimo a esta otra frase que suele decirme mi buen amigo Álvaro Merino: «Pablo, siempre estamos a 5′ de recibir una llamada y que todo se vaya al garete». Cuánta razón tienen ambos y, al mismo tiempo, qué importante es recordar esto en tiempos como los que hoy vivimos.

Saber vivir se ha convertido, sin duda, en la tarea más difícil pero a la vez más necesaria para todos. Saber vivir para disfrutar de cada momento que nos brinda la vida, aprovechando cada instante como si fuera el último, con energía, con ganas, con entusiasmo, con motivación; en definitiva con una actitud y un compromiso fuera de toda dudas con la firme intención de sacar lo mejor que uno tiene dentro. Esto supone un ejercicio constante y permanente cada día de estar centrado en lo que nos ocupa para evitar pre-ocuparnos, poner nuestro foco de atención en lo que sí podemos resolver, ayudar en la medida en que se pueda siempre pero también recordar que la vida hay que vivirla con alegría, con sentido del humor, con sonrisas y risas, porque cada momento que se vive es irrecuperable.

Como dice José Rojo Pacheta en su libro «Un equipo honesto: Así ascendimos a Primera», escrito conjuntamente con Juan Carlos Cubeiro (muy recomendable, por cierto): «Yo a la gente que siempre me da malas noticias no le cojo el teléfono. Lo evito. El mal rollo lo evito. Hay gente que te engrandece si habla mal de ti. Incluso lo que te afecta, que te afecte lo menos posible. Hay que disfrutar, con los amigos, con la familia, con un buen paseo por el bosque…La vida es demasiado corta como para no disfrutar.» A la vida hay que ponerle un poquito de salseo, un poquito más de buen rollo, para sacar sonrisas, para hacer que no solo disfrutes tú sino también la gente que quiere vivir esos momentos contigo. Porque la vida está para vivirla, para disfrutarla, saber saborearla y sentir que tenemos suerte por todo lo que tenemos. No se trata de vivir al límite, a la carrera o como un pollo sin cabeza. No. Se trata de meter una marcha menos, pararte, detenerte, y contemplar de verdad cada momento como lo que es, un regalo maravilloso.

Así, contemplando, es como me quedé ayer sábado con la última de las sesiones que llevó a cabo una de nuestras alumnas del Máster Universitario de Profesor en ESO, Bachillerato, FP y Enseñanza de Idiomas. La sesión consistió en poner en práctica la expresión de sentimientos mediante nuestro cuerpo, sin hablar, pero tratando de conectar en todo momento con el resto de compañeros. Y cuando llegamos a la última canción se produjo uno de esos momentos mágicos que a uno se le pone la «gallina de piel» como diría el maestro Johan Cruyff. Empezó a sonar Hakuna Matata, y todos los grupos empezaron a interpretar esa canción con gestos de emoción, de alegría, de total despreocupación mientras escuchábamos una letra que define a la perfección lo que todos hemos necesitamos y que quizás ahora, más que nunca, es de obligado cumplimiento: Hakuna Matata, vive y deja vivir. Vive y sé feliz.

Y mientras uno ve una escena así, tan bonita, tan natural, siendo la última sesión de la mañana y después de cuatro horas de clase sin parar, al mismo tiempo te das cuenta de lo necesario que es la alegría en nuestras vidas. Que no hay nada más noble y digno que vivir tu vida de la forma más íntegra posible, al mismo tiempo que respetando la forma en la que desean vivir las personas que están a tu lado. Siempre recuerdo una frase de Jorge Valdano, que decía que «a los optimistas habría que pagarles el doble»; y tiene usted toda la razón querido Jorge, porque son ellos los que tiran del carro cuando probablemente nadie más cree en la causa, en el sentido, y en el propósito de la tarea que están llevando a cabo. Pero es que justamente de eso va la vida, de insistir, de ser constante en los días buenos y no tan buenos, para conseguir que día tras día todos rememos juntos en perfecta sintonía. Una sintonía, sin duda alguna, que debe ir acompañada en cierto modo de nuestro particular Hakuna Matata.

Que tengan un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo y recordad: Vivan y dejen vivir.

«No esperes que los eventos sucedan como deseas, sino desea que ocurran como son, y tu vida transcurrirá sin problemas.»

(Epicteto)

«No está en nuestro poder tener lo que deseamos, pero sí está en nuestro poder no desear lo que no tenemos y aprovechar todo lo que nos ha llegado.»

(Séneca)

«En la vida, nuestro primer trabajo es dividir y distinguir las cosas en dos categorías: las circunstancias externas que no puedo controlar, y las decisiones que tomo con respecto a ellas y que tengo bajo mi control.»

(Epicteto)