“Obligados”a elegir

“Sin más, pondré la atención en mí y, cosa que resulta muy provechosa, revisaré mi jornada. Nos vuelve muy defectuosos el hecho de que nadie toma en consideración su vida; discurrimos sobre lo que hemos de hacer, y esto raras veces, pero no consideramos lo que hemos hecho; ahora bien, la previsión del futuro depende del pasado.” (Marco Aurelio)

El pasado sábado se volvieron a celebrar, como cada cierto tiempo, las jornadas de puertas abiertas en nuestra Universidad. Un momento clave para los futuros alumnos, a quienes se les da la posibilidad de conocer nuestras instalaciones, servicios que tienen a su disposición, o conocer por vez primera a alguno de los profesores que más tarde tendrán en clase.

Justamente cuando me estaba despidiendo de los padres que habían asistido, uno de ellos me dijo una frase que inicia la reflexión de este título: “Es que jope, cada vez les obligan a tener que elegir, decidir, antes, y están hechos un lío, no saben aun lo que quieren.” Y yo me preguntaba: ¿Cuál es el verdadero problema? ¿Realmente es demasiado pronto para tomar decisiones, con 17-18 años? ¿Acaso no van a tener que elegir, constantemente, durante el resto de su vida? Quizás, después de todo, lo malo es que aún no sepan qué significa tomar decisiones, y la importancia de ello.

El problema de no saber cómo, qué, cuándo, ni qué elegir o decidir, conlleva que uno no termina de aprender qué se siente cuando uno se equivoca, cuando uno acierta, qué implica equivocarse o acertar en las personas con quienes estás conviviendo cada día y cómo les afecta a ellos. Del mismo modo, implica en el chico la nula experiencia de sentir la libertad para decidir, la responsabilidad de ver cómo cambia la dirección de tu camino en función de tus decisiones; porque ya hay otras personas que están decidiendo por ti.

Con esto no quiero decir que al chico, desde edades bien tempranas, se le deje hacer absolutamente lo que quiera, cuando quiera, y como quiera. En absoluto. Más bien, tiene que ver, con saber qué distancia tomar con respecto a él para hacerle saber que estamos ahí, pero al mismo tiempo mediante preguntas (no imposiciones, ni órdenes), invitarle a que sea él quien vaya aprendiendo a decidir. Preguntarles para escucharles, escucharles para saber realmente qué quieren, qué esperan, cómo ven en definitiva el mundo a través de sus ojos.

¿Por qué es vital todo este proceso, y cuidar cada paso en ese crecimiento diario? La razón es muy sencilla: Para evitar la incoherencia. Sí, porque no se puede ser tan incoherente hasta el punto de que se lo demos absolutamente todo hecho desde pequeños, impidiendo que elijan, evitando que se equivoquen, o que acierten, pero en definitiva quitándoles su protagonismo; añadiendo además a eso un ensalzamiento de habilidades, esfuerzos, o atribuyendo méritos mediante recompensas a una serie de comportamientos que, no nos equivoquemos, son deberes, responsabilidades, que tienen, y que sin embargo les hacemos ver que es algo excepcional en ellos.

Hacer excepcional lo que debería ser normal es muy peligroso, más de lo que imaginamos, porque es la consecuencia directa que les lleva a vivir en una burbuja hasta determinada edad en la cual su entrenador, su profesor, su primera pareja, o en su primer trabajo, serán quienes les digan el primer “NO”, o la primera frase del estilo “Esto no se hace así. Te has equivocado”; o por otro lado preguntas del estilo: “¿Cómo hacemos esto?” Cuando esto sucede, es el mismo efecto que si la burbuja se pinchase, se aterrizase desde una altura estrepitosa, y ya solo el mero contacto con el suelo físico de verdad, con sus baches, piedras, o un poco resbaladizo, que puede generar pequeñas caídas asusta, y de qué manera.

Por todo ello no podemos exigirles, a cierta edad, que comiencen a elegir, a decidir, de manera adulta y responsable, si por el contrario durante sus edades más tempranas no aprendieron a hacerlo contestando a pequeñas preguntas, más asequibles acordes a su nivel de madurez. Y no aprendieron no porque no quisieran, sino porque directamente ni se les enseñó, ni más importante aún, no se les permitió ese pequeño espacio, esa distancia tan necesaria, que consiste en confianza, liberta, y responsabilidad, que se traduce en respetar su crecimiento.

Puede ser que dé miedo, vértigo, dejar esa breve distancia, y ver cómo se equivocan, como tienen una pequeña caída: pero creo sin ningún tipo de duda que será mejor tener esa pequeña equivocación, esa breve caída, acorde a su temprana a edad; a que cometan errores de una mayor dimensión, con peores consecuencias, y heridas realmente profundas. Todo este proceso no tiene nada que ver con tratar de ser perfecto, ni competir contra el resto en quien obtiene un mayor grado de puntuación. Este proceso tiene más que ver con un entrenamiento prolongado en el tiempo, un camino de descubrimiento de sí mismo a base de realizar las preguntas adecuadas, en los momentos correctos, para que sea capaz de recorrer este camino o viaje a Ítaca como diría el bueno de Jon Pascua Ibarrola disfrutando del viaje, sin cansarse jamás del paisaje.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y sigan disfrutando de su viaje.

 “la finalidad de la vida es el propio desarrollo. Realizar la propia naturaleza de la forma más perfecta posible…ésa es la razón de ser de cada uno en este mundo. Hoy en día, la gente tiene miedo de sí misma. Han olvidado el más importante de todos los deberes, el deber que cada uno tiene consigo mismo. Son caritativos, desde luego. Dan de comer a los hambrientos, y visten al mendigo. Pero sus almas se mueren de hambre, y están desnudas. Nuestra raza ha perdido su coraje. Quizás nunca lo tuvimos. El terror a la sociedad, que es la base de la moral, el terror a Dios, que es el secreto de la religión…ésas son las dos cosas que nos gobiernan.”(Óscar Wilde)
“Parte de tu capacidad para dirigir el país no tiene que ver con las leyes o normas, consiste en dar forma a la actitud, definir la cultura, y crear conciencia.
Cuando nos convertimos en presidente olvidamos lo que nos ha llevado ahí, que es nuestra capacidad de llegarle a la gente.
Tiene derecho a una opinión propia, pero no ha hechos propios.” (Barack Obama)
“El señorío interior del hombre, cuando va bien concertado con la naturaleza, adopta respecto a los acontecimientos una posición tal, que en todo momento puede modificarla fácilmente, a tenor de las circunstancias. No tiene preferencia por ninguna materia determinada; se dirige a los objetos principales, aunque con la debida reserva, y si alguno se le opone, conviértelo en materia de tu propia virtud, no de otra manera que el fuego cuando se apodera de los cuerpos que se le echan encima. Una pequeña mecha se apagaría, pero un fuego vehemente asimila pronto cuando se le arroja, lo convierte en sí mismo y se levanta así más alto.”(Marco Aurelio)
“El que se pierde en la vida, es el que no sigue a nada ni a nadie.” (José Antonio Fernández Bravo)
“Las decisiones que tomes en tu vida tienes que tomarlas con mucha claridad, y para ti, porque con quien vas a estar toda tu vida es contigo.” (José Antonio Fernández Bravo)
“Evolucionar significa simplemente cambiar de equivocación.” (José Antonio Fernández Bravo)

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Navidad y el resto del año

“Apenas amanezca, hazte en tu interior esta cuenta: hoy tropezaré con algún entrometido, con algún insolente, con un doloso, un envidioso, un egoísta. Todos estos vicios les sobrevinieron por ignorancia del bien y el mal. Pero yo, habiendo observado que la naturaleza del bien es lo bello, y que la del mal es lo torpe, y que la condición del pecador mismo es tal que no deja de ser mi pariente, participante, no de mi sangre o prosapia, pero sí de una misma inteligencia  y de una partícula de divinidad, no puedo recibir afrenta de ninguno de ellos, porque ninguno podría mancharme con su infamia.” (Marco Aurelio)

En estos días de Navidad, de reencuentros, de conversaciones retomadas que en su momento se perdieron, he escuchado a menudo la siguiente frase, en diferentes conversaciones: “te veo bien”; pero con cierta actitud de curiosidad, de querer saber más sobre el motivo de por qué está tan bien esa persona. Y a esto le añado otra frase típica más, de estas fechas navideñas: “nos tenemos que ver más.” Ambas resuenan estos días hasta el agotamiento, pero con la misma intensidad que aparecen se van. Y ese es justo el problema, que la amistad, el sentimiento de cariño, la confianza, no se construye en fiestas navideñas.

Hay una frase, del último anuncio de Braun (el cual comparto con vosotros al final del post), que me parece sensacional: “Las cosas de nuestra vida no deberían diseñarse para acabar tirándose, para acabar obsoletas, para ser sustituidas, sino para perdurar en el tiempo.” Lo mágico de preparar (que no comprar) un regalo en estas fechas, el sentido último de todo no debería ser el hecho de regalar, sino el significado que podrá tener para la persona que lo recibe, el impacto que tendrá en su corazón, los motivos, los recuerdos que evoca, el momento por el cual está pasando.

Por el contrario, se tiende a hacer con los regalos lo mismo que con los gestos y los detalles diarios, puro compromiso y quedar bien cuando en realidad no es necesario, de verdad. Y a veces, incluso, ese mero compromiso, ese gesto sin amor ni verdadera preocupación, causa más daño que efecto positivo en quien lo recibe por ser más consciente aún, si cabe, de lo poco que le importa a la otra persona.

Deberíamos ser más cuidadosos en cómo invertimos el tiempo con las personas que queremos; no por recibir nada a cambio (aunque siempre lo esperamos), porque como dice Marco Aurelio: “Si ejecutas la acción presente siguiendo la recta razón, celosamente, con firmeza, benevolencia y sin preocupación superflua, antes bien, conservando tu genio constantemente puro, como si debieras restituirlo al punto; si añadieres la condición de no esperar nada ni nada evitar, dándote por satisfecho con el trabajo presente conforme a la naturaleza y, en cuanto digas o propongas, con una sinceridad heroica, vivirás feliz. Y nadie podrá impedírtelo.”; sino por ser felices. Porque no nos engañemos, todos queremos ser felices, vivir feliz, y ver felices a las personas que queremos.

Pero para lograr esto último, para alcanzar esta felicidad y teniendo en cuenta que el ser humano es un ser relacional, hay que querer de verdad, de manera constante en el tiempo y no por fechas concretas (cumpleaños, Navidad, Semana Santa,…), no, no funciona así. A mi manera de verlo, es el mismo proceso que acontece con un artista en relación con su obra, de la misma manera que lo hacían Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, todos ellos se enamoraban de su obra, conversaban con ella, disfrutaban de ese proceso, de cada avance, de la utilización de materiales de primera calidad, estudiaban a fondo la perspectiva, los ángulos, la utilización de una tonalidad concreta de color u otra; el proceso, una vez más, es la esencia.

No existen los plazos, no existen las fechas, no existen los límites de lo que es poco o es mucho; pero lo que sí existe y probablemente funcione con cada uno de nuestros proyectos vitales es la nobleza, la honestidad, la autenticidad, de todos y cada uno de nuestros actos cuando verdaderamente salen del corazón. A todos nos emociona vivenciar momentos así, a todos nos gusta presenciar un acto así e incluso nos emociona aún no siendo uno mismo quien lo recibe. Entonces, si nos emociona, ¿por qué no emocionar nosotros?¿por qué no apartar el cinismo, la hipocresía, el engaño, la mentira, y empezar a ser auténticos?

Con los regalos navideños pasa lo mismo que con nuestro comportamiento, nuestros gestos, y nuestros detalles hacia las personas que queremos, que no deberían hacerse para luego dejarlos a un lado, para que acaben obsoletos, o finalmente siendo sustituidos por la verdadera personalidad que sale a relucir en el resto de ocasiones de manera cotidiana; sino más bien deberían ser gestos de amor, de bondad, de cariño, que perduren toda una vida. Y eso no se construye en Navidad, sino los restantes días del año. Solo de esa manera podrás saber , verdaderamente, por qué ves tan bien a la persona que tienes delante.

Siento haber estado tan desaparecido por aquí durante todo este tiempo, prometo no tardar tanto la próxima vez. Un fuerte abrazo, feliz año 2020, y que tengáis la mejor salud posible para disfrutar la vida que merecéis.

“Cuida que ninguno pueda decir de ti con verdad que no eres hombre sencillo o bueno; antes bien, que se engañe quien pensare de ti alguna de estas cosas. Esto depende totalmente de ti. Porque ¿quién te impide el ser bueno y sincero? Forma el juicio de que no te conviene vivir si no eres así, pues la razón no dicta que debas vivir siendo de otra manera.” (Marco Aurelio)
“En ningún lugar encuentra el hombre refugio más apacible, más tranquilo, que en su propia alma, sobre todo cuando atesora aquellos bienes que, con una sola ojeada, nos devuelven enseguida la libertad del espíritu: y lo que yo llamo liberad de espíritu no es otra cosa que el estado de un alma bien ordenada.” (Marco Aurelio)

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El compromiso de dar

“Vivimos en un mundo donde el funeral importa más que el muerto, la boda más que el amor y el físico más que el intelecto. Vivimos en la cultura del envase que desprecia el contenido.” (Eduardo Galeano)

Hace unos días mantenía una conversación con uno de los mejores amigos que uno puede tener, de esas conversaciones que aportan, que suman, y en las cuales se intercambian las preguntas, las reflexiones, con el ánimo de crecer, de sumarse el uno al otro. Charlamos sobre la importancia del compromiso, de cómo establecer este componente tan importante (y tan despreciado en la sociedad) en su equipo de voleibol, y mientras transcurría la conversación en mi mente aparecía esta pregunta que da pie al post de hoy: ¿Y qué hay de nuestro compromiso en nuestra vida, en nuestro día a día?¿Con nuestras amistades?¿Con nuestra pareja?¿Con la familia?¿Cuánto damos, y de qué manera? ¿Sin nada a cambio, o esperando recibir?

De lo que uno se da cuenta con el paso del tiempo es que el compromiso es un componente esencial en nuestras relaciones, pero al mismo tiempo uno va percibiendo que nadie se compromete si no confía (preciosa frase de mi amigo Álvaro Merino), entonces, ¿por qué nos cuesta confiar?¿qué sucede para que sea tan difícil encontrar una relación de confianza? En mi opinión, porque no sabemos contemplar el verdadero valor de las relaciones personales; como bien dice Eduardo Galeano arriba: nos quedamos en el envase.

Hace un tiempo, viendo la serie Peaky Blinders, hubo un intercambio de frases entre Tomas y Joe Shelby que me llamaron sorprendentemente la atención: ” -.¿Recuerdas cuando éramos niños, y nos cubríamos las espaldas el uno al otro? -. Sí, pero ya no somos niños Joe. -. Cierto, pero nos seguimos teniendo el uno al otro. ” ¿Cuántos de nosotros, pasado un tiempo prudencial, podríamos decir eso? Difícil, bastante complicado. Y sin embargo no logramos comprender que la vida se vive de otra manera, se percibe totalmente diferente, cuando día tras día sacas lo mejor de ti con las personas con quienes compartes tu vida. El compromiso de ser y estar sin esperar nada a cambio, sin hacer nada por obligación, simplemente por sumar, por hacer un poquito mejor la vida de otra persona.

Pero para alcanzar ese compromiso contigo primero, y en consecuencia con los demás, uno debe aprender a disfrutar de la sencillez de cada momento, a saber perdonar cuando procede, tener la suficiente humildad para reconocer los errores cometidos, ser claro, transparente, sin mentiras, mostrándote tal y como eres, respetar a la persona que tienes delante evitando que sea como tú querrías que fuera; a todos estos detalles hay que sumar el componente más importante, vital, y esencial: amor auténtico.

Y digo auténtico porque amar no es hacer ver a la otra persona que solamente tú la quieres, que solamente tú le vas a poder regalar esa felicidad que tú consideras verdadera. No. Amar es comprender la singularidad del ser, entender su realidad, aceptándola tal y como es, cuidando mucho el lenguaje que utilizamos en nuestras conversaciones, cómo hablamos y más importante aún cómo escuchamos. Todo ello es lo que genera, como muy bien diría Don Alfonso López Quintás, el verdadero encuentro en el que se produce una experiencia auténticamente reversible.

Por otro lado, es imprescindible que alcancemos esa sensibilidad que nos haga emocionarnos de manera verdadera y auténtica por ver a una persona a quien queremos tantísimo con buena y recuperada salud; que nos emocionemos por poder dar un abrazo  a un amigo que ves durante cuatro minutos en un encuentro fortuito, pero que se tiene que marchar porque debe seguir trabajando. Sentir el nudo en la garganta simplemente por estar cenando con tu pareja, tus amigos, y ves sus sonrisas, ves sus ojos brillando por disfrutar de ese momento tan agradable. Y notar una emoción preciosa por poder dar un beso a tu padre y a tu madre cada noche cuando te vas a dormir. También ahí debemos adquirir el compromiso con nosotros mismos, para saber apreciar esa belleza tan bonita, tan sencilla, pero a la vez tan potente.

¿Por qué es tan importante sentir todo lo anterior en el corazón? Porque es esa emoción lo que nos lanza a escribir a las personas que queremos, preguntarles cómo están, cómo se encuentran, querer verlas cada semana, querer compartir con ellas momentos sencillos, pero extraordinariamente bonitos. Es esa emoción la que nos impulsa a sacar lo mejor de nosotros, no para quedárnoslo para nuestro beneficio, sino para que ellos tengan un motivo más para querer brillar con más fuerza, con más luz, una luz que a su vez produzca el despertar en la persona que la vea en su día a día.

Por todo ello, comprometernos a dar lo mejor que tenemos en nuestro corazón es el mejor propósito que nos podemos marcar cada día, cada mañana, cuando nos levantamos de la cama; porque no aprendemos por lo que nos dicen, sino según como vivimos, en base a lo que nos emociona, a lo que nos llega, nos trasciende, y nos hace sentir en lo más profundo de nosotros que hay un elemento que nos une, y que es inigualable: el amor.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte a,brazo, y amen, lo mejor que puedan.

“…Me he puesto a escribir casi en la madrugada, con urgencia, como quien saliera a la calle a pedir ayuda ante la amenaza de un incendio (…). Les pido que nos detengamos a pensar en la grandeza a la que todavía podemos aspirar si nos atrevemos a valorar la vida de otra manera. Les pido ese coraje que nos sitúa en la verdadera dimensión del hombre. Todos, una y otra vez, nos doblegamos. Pero hay algo que no falla y es la convicción de que -únicamente- los valores del espíritu nos pueden salvar de este terremoto que amenaza la condición humana.” (Miguel de Unamuno)
“Si no adviertes que los demás son uno contigo, no podrás amarlos. Tu amor por los demás es el resultado del autoconocimiento, no su causa. Cuando sabes, más allá de toda duda, que la misma vida fluye a través de todos, […] los amarás a todos de forma natural.” (Nisargadatta Maharaj)
“Solo cuando hayas encontrado tu verdad más profunda podrás convertirte en un modelo para los demás e inspirar confianza en vez de cinismo.” (Fred Kofman)

Eddie Jaku

 

Con vos iremos

“-Amigos, quiero saber cuáles de vosotros queréis venir conmigo. Dios os lo pagará a los que vengáis, pero igualmente satisfecho quedaré con los que aquí permanezcáis.

Habló entonces Álvar Yáñez, su primo hermano:

-Con vos iremos todos, Cid, por las tierras deshabitadas y por las pobladas, y nunca os fallaremos mientras estemos vivos y sanos; en vuestro servicio emplearemos nuestras mulas y nuestros caballos, el dinero y los vestidos; siempre os serviremos como leales amigos y vasallos.”

De esta forma da comienzo la historia del Cid Rodrigo Díaz, o como también se le conocerá, El Cid Campeador, y precisamente ya con estas primeras líneas se me planteaban las primeras preguntas, las primeras reflexiones: ¿Sería esto viable hoy en día?¿En qué se ha cambiado?¿Dónde quedaron la lealtad y la palabra dada?¿Cómo hemos desarrollado nuestro círculo de amistad, de confianza?¿Qué nos mueve a sentir lealtad y respeto por una persona?

Si uno se para a observar, es tremendo cómo se han desarrollado las relaciones de amistad hasta el día de hoy. Sorprende ver y escuchar cómo no dejan de suceder las historias de decepciones, de discusiones, entre relaciones de amistad, siendo cada vez más difícil encontrar grupos de amigos que mantienen lazos fuertes de confianza, de unión, y de entendimiento. La persona, sin duda, con el paso del tiempo ha ido olvidando lo que realmente es importante.

Hasta ayer siempre había querido escribir este post, pero no sabía cómo desarrollarlo. Pero después de tener la gran suerte de conocer al profesor y doctor Don Alfonso López Quintás, comprendí por qué han cambiado tanto las relaciones, y la manera en que las concebimos, desde los tiempos del Cid Campeador hasta el día de hoy.  Gracias a él supe que todo encuentro parte de una relación entre dos personas, quienes generan un estado de plenitud. Con ello, se genera un campo de juego, que les enriquece a ambos, porque es una experiencia reversible.

Dicho esto, se debe tener en cuenta que para que se dé un encuentro, deben plantearse las siguientes condiciones:

  1. Generosidad.
  2. Disponibilidad
  3. Cordialidad
  4. Fidelidad
  5. Paciencia
  6. Comunicación
  7. Participación en tareas comunes

Se debe tener presente que, todos estos valores, cuando los asumimos para generar ese encuentro tan necesario, se transforman en virtudes. Y aquí, al llegar a este punto, pude comprender por qué a día de hoy no existe esa lealtad, ese valor de la palabra, ese valor de la amistad, que se tenía hace un tiempo.

Comprendí que se ha perdido por completo la escala de valores, porque se tiende a tener muy poca generosidad con la otra persona. No se logra comprender que nunca se debe esperar nada a cambio, sino dar porque realmente te quiero, porque mi cariño y mi amor hacia hace que quiera darte lo mejor de mí.

Hay que tener en cuenta, además, que las relaciones no se dan ni se producen, ni se mantienen, cuando uno quiere sino que hay que estar, y hacerle sentir a la otra persona que realmente estás. Es conocida la frase de que “para tomar unas cervezas siempre hay muchos, pero cuando llegan los momentos difíciles, pocos son los que se quedan.” No hace falta llegar a este extremo, aunque es cierto, pero es tan verdad como que no abundan los mensajes de qué tal estás, y sin embargo sí abundan la no respuesta a ese mensaje. Seguimos sin saber apreciar que, todo cuanto tenemos, nada es tan valioso como el tiempo que invierte esa persona contigo. Nos sigue faltando sensibilidad, mucha. Así marchamos.

Caemos en el tremendo error de que, cuanto más cariño o confianza hay, no tiene por qué haber respeto, educación, hacia los gestos de la persona. Nada más lejos de la realidad. A más años de amistad, a más confianza, a mayor relación familiar (como es el caso de una madre, un padre, o un hermano), mayor cordialidad. No nos equivoquemos. Un “gracias”, un “perdón” cuando nos hemos equivocado, es necesario y hasta obligatorio decirlo, independientemente del grado de confianza que haya en una relación, porque es la mejor señal para hacer entender a la otra persona que la quiero, que la sigo valorando como se merece de verdad.

Ser fieles a esa relación, a lo que se cuenta, a lo que se dice, al valor de la palabra dada es otro factor, otro componente de las relaciones que cada vez se ve vulnerado con mayor frecuencia. Y parece que hay que recordar que cuesta mucho ganar la confianza de una persona, de un grupo, pero cuesta muy poco perderla, puede ser en cuestión de segundos de hecho. Y si a todo lo anterior añadimos la poca paciencia mostrada a veces, sobre todo en los conflictos, para encontrar una solución que nos devuelva a un punto común; si tenemos en cuenta la poca o nula comunicación existente a veces en esas relaciones de amistad o de pareja, relaciones entre dos personas al fin y al cabo, que están deseando verse pero luego no disfrutan ni saben disfrutar de cada palabra, de cada mirada, y de cada gesto de complicidad, la consecuencia es efectivamente que se ha perdido la perspectiva de todo, pero sobre todo, se ha perdido la concienciación de cómo se genera un encuentro verdadero entre dos personas.

Tras lecturas como las del Cantar de Mío Cid, o presenciar clases tan humanas y magistrales como la que tuve la suerte ayer de presenciar, y emocionarme, con Don Alfonso López Quintás, llego a la conclusión de que cuantas más cosas accesorias ha ido teniendo el ser humano con el transcurso del tiempo, más ha ido olvidando la esencia de la vida, de las relaciones personales, y la escala de valores por la cual cualquier persona debería regirse. Y probablemente esa sea la tarea más importante que los formadores, los educadores, los docentes, toda persona que en definitiva está vinculada a la enseñanza tiene encomendada en estos momentos: transmitir la idea de que todo parte del encuentro, y en concreto, de la relación que pueden crear dos personas, de corazón a corazón. Recuperar lo esencial, lo que sin lugar a dudas jamás debió perderse en este caminar, un caminar que deberíamos hacer conservando nuestra dignidad e integridad.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo.

“Educar es dejar aparecer todo el potencial de nuestros niños para que un día se conviertan en adultos con herramientas de valor para poder manejarse en entornos cada día más complejos.” (Álvaro Merino Jiménez)
“En nuestro mundo de disyunciones, lo prudente es prepararse y es apostar por innovar, aunque no sea fácil y aunque a veces los resultados tarden en llegar. No hay innovación sin riesgo, pero el gran riesgo es no innovar.” (Xavier Marcet)
“Humildad para reconocer errores y dejarse ayudar, y generosidad para hacer el trabajo de los demás si hace falta.” (Xesco Espar)

el cid campeador

 

Aceptar y seguir

“Aceptar que habrá posesiones que no salgan bien, y hay que seguir jugando” De ese modo terminaba el seleccionador del combinado español de baloncesto, Sergio Escariolo, su charla previa al partido contra Australia. El paso previo a poder disputar la final  que hoy, contra la selección argentina, ha terminado 75-95. Campeones del mundo, otra vez. Otra vez tratando de convertir lo extraordinario, en algo normal, como si lo de hoy fuera lo lógico. Y nada más lejos de la realidad.

Digo esto porque hoy la selección española, hace unas semanas Rafael Nadal con la consecución del US Open después de 4 horas y 50′ de partido nos están regalando lecciones que según la manera en que las contemplemos pueden ser valiosas, o pasar totalmente desapercibidas. Pero de todo lo que se puede extraer de ambos ejemplos, me quedo con una palabra: consistencia. Que en palabras de nuestro seleccionador Sergio Escariolo bien podría equivaler a aceptar y seguir.

En uno de sus últimos artículos, Xaviert Marcet nos regalaba frases reveladoras como la siguiente: “Las empresas consistentes reaccionan rápido ante los primeros síntomas de debilidad de sus mercados. La consistencia no se fía de las inercias ni cree en superioridades morales o de marca de sus productos o servicios. Cuando hay señales de cambio (y, si puede ser, un poquito antes) toman decisiones correctoras o innovadoras. Las empresas consistentes viven de saber mantener la tensión siempre. Las empresas de éxito se relajan en sus celebraciones y creen que todo se arregla con un buen anuncio en el descanso de la Super Bowl o justo después de las campanadas de fin de año. Las empresas consistentes buscan el compromiso de su gente, de sus clientes, de sus proveedores.”

Vamos Rafa post

Y señalo este párrafo porque aparece una palabra que me parece clave, más aún si cabe en estos momentos de comienzo de clases en el curso académico, de temporadas en los equipos de deporte de base, así como en nuestros proyectos personales: COMPROMISO. ¿Por qué? Bajo mi punto de vista, el compromiso es uno de los elementos fundamentales para que nuestros proyectos sean disfrutados, y saquen nuestra mejor versión. No digo que a más compromiso, más éxito; no. Digo que a más compromiso, más disfrute con todo aquello que afronto cada día de mi vida, y más capacidad para persistir, para insistir, para defender y luchar aquello que quiero para mi equipo de trabajo.

Es importante diferenciar esto, sobre todo para aquellos que solamente buscan el éxito para la adulación posterior, porque lo primero que habría que preguntar es qué es éxito para ellos. Eso por un lado, y segundo dejar bien claro que siempre habrá factores que no estén en tu mano, que no puedas controlar, y que te impidan llegar al objetivo o meta que en un momento te marcaste. Ahora bien, si nos centramos en el compromiso de disfrutar de cada instante, de aprovechar cada momento haciendo brillar a quienes están a tu lado; conseguirás o no aquello que otros llaman éxito, lo que sí es seguro es que estarás en mejor predisposición de afrontar todo lo que esté por venir.

Porque la mayoría de las veces, por no decir todas, y es lo que nos recuerdan tanto la selección española como Rafael Nadal, como tantos otros deportistas, es que ganen o pierdan siempre siguen insistiendo, siempre intentan estar preparados para el próximo movimiento, para el próximo golpe, para una nueva aventura (ya lo decía Shakleton: siempre hay un nuevo movimiento). El partido, como la vida, no para, y hay que seguir jugando pierdas o no tu posesión como dice Sergio; pierdas o no el punto que estás jugando como afirmaba Rafael en la entrevista posterior a la final; siempre sigo y trato de enfocarme en el momento que acontece. Eso es compromiso conmigo mismo, y con todas las personas con quienes comparto ese proyecto: dar lo mejor de mi en cada instante de mi vida. Eso sí lo puedo controlar.

Equipo SEB

Como dice Fred Kofman: “Para ser un gran líder, debes comprender que buscar el éxito es, de forma paradójica, el modo incorrecto de lograrlo. El éxito es como la felicidad, no puede perseguirse directamente. Cuanto más directamente busques la felicidad, menos probable será que lo consigas. Perseguir la felicidad directamente te puede llevar a un placer hedonista a corto plazo, pero no te dará la felicidad auténtica. Para alcanzar el éxito debes vivir una vida con sentido y propósito. También debes perseguir la significatividad, la autorrealización y la autotrascendencia; no solo para ti sino para todos los que trabajan contigo.”

Compromiso conmigo mismo y las personas que quiero para dotar de significado a todo aquello que realizamos, ponemos en marcha, a cada momento de nuestra vida, trabajando en la realización como persona, e intentando que tenga una trascendencia. Consistencia para que significatividad, autorrealización y autotrascendencia se extiendan en el tiempo con todas las personas con quienes trabajamos en nuestro día a día: familia, pareja, compañeros, alumnos, generando en ellos entusiasmo y amor. No vivimos, ni trabajamos, para obtener likes. Vivimos para que, de alguna manera, ayudemos a encontrar a otras personas el significado, el sentido, y la trascendencia de sus vidas. Si lo conseguimos, desconozco si seremos unas personas de éxito o no, pero lo que sí es seguro es que nuestra vida será plena.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y les recomiendo que disfruten de los vídeos.



“Nos parecemos a muchas otras criaturas en su deseo de ser felices, pero la búsqueda de significado es la clave singular de lo que nos hace ser humanos.” (Roy Baumeister)
“La felicidad sin sentido caracteriza a una vida relativamente superficial, egocéntrica o incluso egoísta, en la que las cosas van bien, las necesidades y el deseo se satisfacen fácilmente y se evitan las dificultades y los compromisos exigentes.” (Roy Baumeister)
“La diferencia básica entre un hombre ordinario y un guerrero es que el guerrero se lo toma todo como un desafío, mientras que el hombre ordinario se lo toma todo como una bendición o una maldición.” (Don Juan, chamán mexicano)

 

Vivir

“Solo hay que vivir, vivir, vivir. Que nadie pueda etiquetar mis pasos. Soy timonel de mi propio barco.” Estas son las letras de una de las canciones de Pablo Alborán, y las elijo porque hoy quiero hablar sobre esto, lo que hacemos cada día a nuestra manera, vivir. Es curioso cómo de todas las acciones que llevamos a cabo cada día, si hay una que realizamos sí o sí es esta, la de vivir. Y sin embargo, ¿sabemos vivir? ¿qué es vivir?¿catalogamos la vida de los demás? ¿nos ocupamos de aprender a vivir?

Vivir de manera plena tiene que ver contigo, y poco con lo de fuera. Es saber centrarse en el momento presente disfrutando, o mejor dicho sabiendo disfrutar de cada momento, de cada instante que se vive prácticamente como si fuera el último. Porque la realidad, aunque tendamos a olvidar, es que no sabemos si será el último. Como decía Yamamoto Tsunetomo, “con seguridad no hay otra cosa que el propósito único del momento presente. Toda la vida de un hombre es una sucesión de momento tras momento. Si uno comprende completamente el momento presente, no habrá nada más que hacer, y no quedará nada por perseguir.”

Vivir alcanza su auténtico y verdadero significado cuando dejas un poquito de tu corazón en cada gesto, en cada acción, de tu día a día. Del mismo modo que le explicaba George Yeoman Pocock a Joe Rantz mientras construía uno de sus botes de remo: “Pocock se quedó en silencio, dio unos pasos hacia atrás para ver mejor el armazón del bote, se puso las manos en la cadera y estudió detenidamente el trabajo que había hecho hasta entonces. Dijo que, para él , el arte de construir un bote era como una religión. No bastaba con dominar los detalles técnicos. Había que entregarse espiritualmente, había que rendirse completamente. Cuando terminabas y te alejabas del bote, había que sentir que habías dejado en él, para siempre, una parte de ti mismo, un pedacito de corazón. Se volvió a Jose. “El remo-le dijo-es así. Y buena parte de la vida también es así; al menos las cosas que importan.”

Y aquí es donde aparece otra idea importante, “las cosas que importan” que tiene mucho que ver con la capacidad de relativizar, pero esta capacidad debemos entender que es personal, subjetiva, de cada uno de nosotros. Por tanto se debe cuidar mucho las valoraciones que hacemos de la vida de la persona que tenemos en frente, tratando de darle lecciones o intentando hacerle ver cuál es la decisión correcta. ¿Correcta?¿Incorrecta? Eso solo lo sabe cada persona, en su propio camino y con sus propias circunstancias. Querer de verdad es respetar estas condiciones, permaneciendo a su lado, e insuflarle energía, alegría de vivir en el recorrer de ese camino; pero nunca etiquetando o enjuiciando. Porque como muy bien dice Pablo Alborán en la canción, “soy timonel de mi propio barco”.

Aprovechando que hablamos de barcos, y de remos, quisiera concluir este post con varios extractos que resumen muy bien cómo sentir ese momento felicidad. Un momento que, como muchas veces he dicho, se siente de manera verdadera en compañía de al menos otra persona. Porque probablemente, o yo al menos lo veo así, para mí vivir es tratar de ser feliz el mayor tiempo posible, y muchas veces ser feliz es ver la cara de felicidad plena en la cara de la otra persona, ver cómo brillan sus ojos, ver como se torna esa sonrisa tan increíble en su cara, ver que día tras días las personas que quieres de verdad crecen, avanzan, cumplen objetivos, incrementan su confianza, se atreven con retos nuevos; en definitiva: viven.

Es algo que solo puedes sentir, de la misma manera que sucede en el arte del tiro con arco, cuando te abandonas de todo lo exterior, te despojas de todo lo que tenga que ver con lo accesorio, y te centras en ser capaz de sentir en lo más profundo de tu corazón ese sentimiento de felicidad, de sentir cómo te llena por dentro. Es ahí cuando sabes que te sientes vivo, que estás viviendo: “Ese día Joe remó como nunca había conseguido remar antes: como Pocock le había dicho que remara, entregándose completamente al esfuerzo del equipo, como si fuera una extensión del compañero de delante y del de atrás, siguiendo perfectamente la palada de Hume, transmitiéndosela a Shorty, al que tenía detrás, en un flujo continuo de músculo y madera. Joe lo vivió como una transformación, como si se hubiera apoderado de él una especie de magia. Lo más parecido que le venía a la memoria era la noche de primer curso en que se encontró en el Lago Union con las luces de Seattle centelleando en el agua y la respiración de sus compañeros de equipo sincronizada como la suya, tal como delataba el vaho que espiraban en el ambiente oscuro y frío. Ahora, al salir del bote en el crepúsculo, se dio cuenta de que la transformación no nacía tanto de que él intentara hacer lo que le había dicho Pocock, como del hecho de que su equipo era un puñado de chicos con los que podía hacerlo. Sencillamente confiaba en ellos. Al final era así de sencillo.”

¿Y por qué sentían ese swing, ese estado de disfrutar del momento, de ese instante, de vivir como concepto elevado a la máxima potencia? Quizás esto nos ayude a entenderlo, entre otros factores: “Había una razón muy sencilla para explicar lo que pasaba. A los chicos del Clipper se les había seleccionado con una competencia muy dura, y de la selección había surgido una especie de personalidad común: todos eran hábiles, todos eran duros, y todos eran muy decididos, pero también eran todos buenas personas. Todos tenían orígenes humildes o habían sufrido una cura de humildad debido a los estragos de la época. Cada uno a su manera, habían aprendido que en en la vida no se podía dar nada por supuesto, que, a pesar de su fuerza, belleza y juventud, en el mundo había fuerzas que los superaban. Los retos a los que se habían enfrentado juntos les habían enseñado la humildad-la necesidad de integrar sus egos individuales en el bote como conjunto-y la humildad era la puerta de entrada común a través de la cual ahora podían juntarse y empezar a hacer lo que no habían podido hacer antes.”

Remando como un solo hombre

Concluyo este post con una reflexión que me llevé al hilo del documental que pude ver de Álex Roca y Valentí San Juan. Probablemente vivir sea la consecución de saber encontrar la felicidad en cada instante que vivimos, compartiéndola con las personas que queremos. Luchar de manera constante por los objetivos, sueños, que perseguimos aún sabiendo que habrá momentos duros que afrontar siempre, más o menos complejos. Y recordar que todo aquello que hacemos, decimos, en cada momento de nuestras vidas tiene más trascendencia de la que podríamos imaginar; por tanto, cuidemos lo que decimos, la calidad de nuestras acciones, y la manera en que tocamos el corazón de las personas que están a nuestro lado.

Os comparto un vídeo que, creo, merece la pena que veáis. Un fuerte abrazo, feliz domingo, y que tengáis una bonita manera de vivir.

 

“La mayoría de las personas no descubren qué es más importante en la vida hasta que son demasiado mayores para actuar en consecuencia. Pasan gran parte de sus mejores años persiguiendo objetivos que al final importan poco. Aunque la sociedad nos invita a llenar nuestras vidas de objetos materiales, la mejor parte de nosotros sabe que los placeres más simples son los que nos enriquecen y nos llenan. No importa que nuestra sea situación sea difícil o acomodada, todos poseemos una gran riqueza de sencillas bendiciones a nuestro alrededor, a la espera de que la valoremos. Si lo hacemos, nuestra felicidad aumenta. Nuestra gratitud se propaga. Y cada día se convierte en un asombroso regalo.” (Robin Sharma)
“Lo bien que vivas depende de cómo ames. El corazón es más sabio que la razón. Hónralo. Confía en él. Síguelo.” (Robin Sharma)

 

Si vibras, emocionas

¿Por qué es tan importante emocionar? Sin duda, porque cuando nuestras emociones entran en juego, nuestro aprendizaje, nuestra vivencia en el día a día, deja tal huella en los corazones que perdura más tiempo del que pudiéramos imaginar. Pero, ¿cómo podemos lograr esto? Es la pregunta que se me planteaba estos días, y a la que hoy trato de armar una respuesta en base a conferencias, conversaciones, y reflexiones con diferentes personas.

Por ello, cada vez estoy más convencido de la importancia de establecer vínculos, con cada persona con quien compartimos cada día de nuestras vidas. Y para establecer estos vínculos es verdaderamente sorprendente que, si preguntamos a una persona cuáles son aquellas referencias que tuvo en su vida, sus referentes, aparecen dos respuestas muy claras: “Me hacía sentir seguro. Pude ser yo”. Es decir, un espacio de seguridad y de confianza. Qué dos aspectos tan importantes, que creo se puede llevar a cualquier ámbito. ¿Acaso no nos gusta estar con una persona, con quien me siento seguro y puedo ser yo mismo?

Pero para lograr ese tipo de recuerdo, de huella emocional, en esas personas, uno primero quizás deba plantearse dos cuestiones: “¿Quién eres tú? ¿Qué quieres?”. Porque en función de la calidad humana de estas respuestas consigues establecer unos puentes verdaderos, auténticos, y de calidad humana, con las personas con quienes creces, vives, en tu día a día. Encontrar los valores que definen tu persona, y saber cuáles son tus propósitos en tu vida es lo que te lleva, sin duda alguna, a definir tu comportamiento. Son las preguntas adecuadas, para recorrer el camino adecuado.

Toda vez que sabemos quiénes somos, y qué queremos desde que nos levantamos cada día por la mañana, la principal consecuencia es que uno logra entender que para establecer vínculo verdaderos uno mismo necesita hacer un total ejercicio de desprendimiento de sí mismo, que le permita centrarse en la persona que tiene en frente. Y esto solamente se puede conseguir si dejamos de marcarnos objetivos, y pasamos a establecer propósitos. ¿Por qué digo esto? El argumento me lo dio una persona a quien tengo un especial cariño, y que creo es muy enriquecedor: “Porque los objetivos se terminan agotando; sin embargo los propósitos son para toda la vida. Normalmente si uno analiza los objetivos, se dará cuenta de que muchas veces van referidos a lograr algo que tiene una fecha de fin. Sin embargo, el propósito tiene que ver  con un aspecto de nuestra vida, de la persona, que no tiene comienzo ni fin porque está interiorizado en nosotros, y normalmente hace que lleve mi atención a la persona que tengo en frente con actitud de servicio.”

Si a esto le añadimos la diferencia en el concepto de frutos y logros, comenzamos a entender cuándo las relaciones que establecemos son verdaderas, auténticas, cuándo éstas nos permiten emocionar a las personas con quienes vivimos. La clave radica en que los logros son individuales, son las “medallas” que nos ponemos a título personal, los premios que uno recibe; sin embargo, cuando hablamos de frutos nos referimos a preservar la calidad de lo que preparamos para otros con la mejor calidad posible. Una calidad que se traduce en cariño, en amor, en pasión por dar lo mejor de nosotros para otros. Porque solo cuando se olvida de sí misma, y se centra en la persona que tiene en frente, la persona alcanza la verdadera plenitud y felicidad de vivir la vida.

Como bien dice Emmanuel Faber en su discurso, no es una cuestión de poder, dinero, o gloria. Más bien tiene que ver con “descubrir cómo la normalidad nos aisla”, porque la normalidad tiene a apagar la creatividad, a anular las emociones porque hay que ceñirse a reglas de curriculum, a normativas de empresa; y un largo listado de tareas que nos convierten en seres humanos comunes y rutinarios. Y sin embargo, solo se consigue la verdadera plenitud, la verdadera felicidad, en las personas que queremos (y en consecuencia, en nosotros), cuando somos creativos, cuando somos alegres, con capacidad para sorprender y asombrar con pequeños detalles cada día que refuerzan esos vínculos tan necesarios. Cuando se es capaz de reconocer a la persona que tengo delante, de generarle esa seguridad, y a la vez esa libertad para que pueda ser quien quiera ser. Emmanuel Faber dice que “He descubierto que se puede vivir con muy poco, y ser feliz.” Efectivamente, porque la cuestión no radica en tener mucho, sino en que lo tengamos sea de calidad. Menos siempre es, y será, más.

No alcanzamos a lograr comprender que las medallas individuales deben quedar atrás, los premios por nuestro trabajo, por nuestras funciones; que todo ello puede estar genial para llenar la pared de nuestro despacho. Pero la verdadera realidad es que no debemos esperar eso; que uno debe vivir con absoluta pasión cada día de su vida, y entregarse a las personas que quiere, generando esa seguridad y esa libertad que tanto necesitamos. Una seguridad y una libertad que nos conduce a un profundo respeto y amor por la persona que tenemos delante, porque lo que pretendemos es que descubra quién es y qué quiere. Porque nadie es en sí mismo; cuando uno consigue vibrar cada día, emociona a quienes están a su lado. Y esa emoción es el paso previo a la mejor sonrisa posible en la cara que tiene en frente.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y generen esos espacios de seguridad, de libertad, que tan necesarios son para el crecimiento personal de cada persona.

“…que seamos las relaciones que tenemos, cómo las tenemos y con quién, nos refriega una obviedad que demasiadas veces olvidamos: que hemos venido a este mundo a amar y a ser amados, a dar y a recibir. Todo es amor o bien su negación, que tiene una gama que va desde la indiferencia hasta el odio, siempre tan opuesto y tan próximo al amor. O celebramos el amor o exhibimos a golpes y gritos su ausencia. Ternura y violencia son expresiones puras del mismo deseo y necesidad: el de estar pendiente el uno del otro, ya sea para cuidarnos o hacernos daño, para salvarnos o matarnos. Y como hemos venido aquí a relacionarnos, la educación es el arte y oficio sublime de aprender a hacerlo mientras se enseña, y de enseñar a hacerlo mientras se aprende. Es más verbo que sustantivo, más ejemplo que discurso, vive del hecho y no de la palabra, impone la realidad sobre la idealización. Solo estando de verdad, de todo corazón, siempre, puedes aprender y enseñar a estar.” (Carles Capdevila)
“¿Se está haciendo correctamente lo correcto o mejorando una estupidez?”

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