Desprendido de sí mismo

“Sólo porque usted no está realmente desprendido de sí mismo, por eso lo siente. Y sin embargo, es todo muy sencillo. De una simple hoja de bambú usted puede aprender de qué se trata. Bajo el peso de la nieve se inclina, más y más. De repente, la carga se desliza y cae, sin que la hoja se haya movido. Igual que ella, permanezca en la mayor tensión posible hasta que el disparo ‘caiga’. Así es, en efecto: cuando la tensión está “cumplida”, el tiro tiene que caer, desprenderse del arquero como la nieve de la hoja, aún antes de que él lo haya pensado.” (Zen en el arte del tiro con arco) 

Esta explicación me pareció sublime, magistral, y maravillosa a partes iguales. El arquero, en su afán de entender y aprender el arte del tiro con arco, no alcanza a comprender cómo realizar el perfecto tiro de la flecha al blanco. Todo ello, toda esta maestría, lleva al autor a ocupar un libro para lograr transmitir que la clave está en en ese concepto de “desprenderse de sí mismo”.

¿Pero de qué hablamos cuando nos referimos a este término? Para mí, lo que he logrado entender durante el viaje en este libro, es que nuestra atención debe estar enfocada en el proceso, única y exclusivamente pues solo de esa manera lograremos realizar el tiro perfecto, manteniendo incluso olvidado por completo el blanco. De hecho, el maestro pone un ejemplo práctico al aprendiz llevándolo a una sala completamente a oscuras, sin saber exactamente dónde está el arco; sostiene el mismo, realiza todo el ritual, disparando la primera flecha y acertando de lleno en el blanco. No conforme con ello, saca una segunda flecha, vuelve a realizar todo el ritual de manera meticulosa, para atravesar por completo la primera flecha, ajustando la segunda en el mismo blanco.

tiro con arco

El arte del tiro con arco, al igual que el arte de la espada, no pretende lograr una eficacia máxima de matar al adversario, sino que tiene que ver con algo mucho más profundo, un concepto que va mucho más allá, con una trascendencia enorme en el desarrollo de la persona que tiene que ver con el aprendizaje, el autoconocimiento, la capacidad de fluir en cada instante sin tener presente nada más que el gesto o acción que estoy realizando. Ser capaz de mantener mente y cuerpo alineados, en la misma dirección, con el mismo sentido, con un control absoluto sobre el ser para estar. De hecho, es tal el trabajo de ese concepto de fluidez, de lograr que no se pueda discernir el comienzo y el fin de cada acción, sino entender que es un todo, que se encuentra en el tratado del arte de la espada otro ejemplo muy clasificador.

“El aprendiz ha de adquirir un nuevo sentido o, mejor dicho, una nueva presencia de todos sus sentidos que le permita esquivar, como presintiéndolos, los golpes que lo amenazan. Una vez que domine ese arte de hurtar el cuerpo, ya no tendrá necesidad de seguir con indivisa atención los movimientos de su enemigo o de varios enemigos a la vez. En el mismo instante en que ve y presiente lo que está por suceder, ya se ha sustraído instintivamente a los efectos de tal acción, <> entre percibir el peligro y esquivarlo.” ¿No es maravilloso? Estar tan metido en el desarrollo, que no seamos capaces de diferenciar cuándo comienza y termina cada movimiento.

¿Acaso no debería ser ese el fin último en la vida? ¿Disfrutar de cada momento, de manera plena y absoluta? Nos condicionamos demasiado por el resultado final, por la evaluación, cuando deberíamos poner nuestra atención en los pequeños detalles, en el proceso, en el armado y construcción del proyecto, ser muy atento y cuidadoso con cada gesto, con cada acción que realizamos. En cada segundo, en cada minuto, en cada hora que vivimos; ahí está la clave para saber fluir como ser, para estar, para conocer, y saber reconocerse.

Vivimos demasiado condicionados, con elementos que terminan por condicionar y distorsionar nuestro foco de atención. En las últimas reflexiones que he venido haciendo en mi mente, a mi manera de verlo, creo que sólo deberían ocuparnos dos conceptos: congruencia y honestidad, ambos referidos primero conmigo mismo. Mantener mi congruencia entre lo que digo y lo que hago de manera constante en el tiempo, así como ser honesto conmigo mismo, teniendo presente la manera en la que vivo siendo consciente de cuáles son mis valores, y si realmente son innegociables, me lleva a generar un autoconcepto firme, sólido, sin fisuras, que a su vez genera confianza no sólo en mí sino también en las personas que tengo a mi alrededor.

¿Y por qué considero todo esto tan importante? Porque quien posee congruencia en sus palabras y actos, quien es honesto hacia su persona, construye un autoconcepto real y verdadero, siendo coherente con lo que cree oportuno hacer, con las decisiones que toma, con las amistades que tiene, y con el trabajo que busca. Probablemente no serán los mejores trabajos, ni las amistades que todos querríamos tener (o sí, no lo sabemos ni debemos juzgarlo); lo que tengo muy claro es que quien tiene un autoconcepto firme, estará en disposición de comenzar a ser coherente con aquello que persigue, aquello que le motiva a levantarse de la cama cada mañana, a fluir, a disfrutar del momento, sin prestar atención a lo que vendrá después, al resultado final.

tiro con arco 2

Construyamos el futuro disfrutando del presente, teniendo claro quiénes somos, para lograr estar en ese preciso instante de manera verdadera y auténtica.

Os deseo una muy buena, les mando un fuerte abrazo, y comparto dos vídeos que creo merece la pena detenerse a verlos.

“Nos volvemos sabios haciendo preguntas, y aún si éstas no son respondidas nos volvemos sabios, porque una pregunta bien hecha lleva su respuesta en la espalda, así como un caracol lleva su caparazón.” (Shunryu Suzuki Roshi)
“El punto más importante en nuestra práctica es tener un esfuerzo correcto o perfecto. El esfuerzo correcto dirigido en la dirección correcta es necesario. Si tu esfuerzo está dirigido en la dirección incorrecta, especialmente si no te das cuenta de esto, es un esfuerzo engañado. El esfuerzo en nuestra práctica debe ser dirigido desde el logro hacia el no-logro”. (Shunryu Suzuki Roshi)
“Si tu práctica es buena, sin que te des cuenta de ello llegarás a estar orgulloso de tu práctica. El orgullo está de más. Lo que haces está bien, pero se le ha agregado más. De modo que debes deshacerte de eso que está de más. Este punto es muy, muy importante, pero generalmente no somos lo suficientemente sutiles como para advertirlo, y vamos en la dirección equivocada.” (Shunryu Suzuki Roshi)


 

El aguador

“Brasil es otra cultura-me explicó-. Aquí no hay un modo de pensar uniforme, y existe menos educación oficial. Hay algunos niños muy pobres que solo van a la escuela un par de años antes de empezar a jugar, y el capitán tiene que ser consciente de eso. Nosotros necesitamos a un líder que sea un guía para muchas, muchas cuestiones. De modo que ser capitán en Brasil pone a prueba la naturaleza más profunda de su personalidad. Has de intentar entender a la gente, conocer sus orígenes. Si los comprendes mejor, puedes ayudarlos más. Necesitamos líderes que sostengan a los jugadores, ¿me entiende? Si le impones un tipo de liderazgo que no es natural, ellos no respetarán al líder.” (Carlos Alberto Torres)

Quisiera aprovechar la historia de la selección de Brasil con sus capitanes, para que sea más clara mi visión sobre el papel del liderazgo en la sociedad, o mejor dicho, el líder que, creo, necesita la sociedad y el momento que hoy en día vivimos. Brasil declaró su independencia de Portugal en 1822, pero la realidad es que nunca ha sido una nación en el sentido en que la mayoría entendemos el término. Por su gran variedad de provincias, ciudades-estado, clases, identidades étnicas, visiones políticas, microculturas; todo ello hace realmente difícil que se logre ese sentimiento de nación. Excepto cuando se trata de futebol, de la selección nacional de fútbol.

Por otro lado, ese mismo futebol le dio otro regalo a Brasil: el excepcional carácter brasileño, propiciado por la mezcla de influencias culturales, el futvoley, todo ello parecía crear las condiciones perfectas para el nacimiento de portentos futbolísticos, con una esencia diferente, caracterizada por la alegría de vivir y la creatividad en un terreno de juego. Y precisamente, por todos estos componentes, se precisa y se requiere el papel de un líder que no es la estrella con más talento del equipo, que no es el que acapara los focos sino más bien, jugadores que permanecen en la segunda línea, en la retaguardia, sosteniendo al equipo, solucionando problemas, levantando a sus compañeros cuantas veces es necesario. Desde Hilderaldo Luiz Bellini, pasando por Mauro Ramos de Oliveira, Carlos Alberto Torres, todos ellos cumplían una serie de rasgos muy determinados en los cuales la humildad, la huida del ego, hacía que sobre sus hombros recayera la función del aguador.

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La función del aguador está clara, ¿verdad? Que al equipo no le falte agua; esa sería la respuesta más simple pero eso, quedaría demasiado simplón. La realidad es que es mucho más que eso, es quien entiende a sus compañeros, quien logra que todo encaje, que todo funcione, que el estado anímico del equipo sea el idóneo para competir en cada partido. Mirar por el equipo, más que por ti, teniendo presente que no eres imprescindible, que no lo haces por acaparar la atención. No, solo lo hacemos por el equipo, por amor a tus compañeros. Es un acto de amor, de humildad, de bondad, que inevitablemente actúa como pegamento ante cada fisura, ante cada daño, cada elemento que puede propiciar la ruptura de la sinergia de ese equipo.

Teniendo claro, y corroborado con datos, que esa manera de entender el liderazgo es sin duda la idónea para la sociedad en la que vivimos, ¿por qué no la ponemos en práctica? ¿por qué no funcionar el docente en la escuela con sus alumnos de esa manera? ¿o los entrenadores de deporte base con sus jugadores? La clave es trabajar desde el segundo plano, lo más lejos posible de los focos, diseñando los contextos más desafiantes, que estimulen la capacidad de trabajar en equipo, de socializarse, de aprender,de superar retos; sin que se note desde fuera que estamos ahí. Como dice muy bien mi amigo Álvaro Merino: “El nivel más elevado de liderazgo no es otro que conseguir la absoluta invisibilidad. Al final, cuando nos convertimos en invisibles para nuestros alumnos, para nuestros hijos, es porque hemos alcanzado el nivel más elevado de liderazgo. Porque liderar no es otra cosa que un permanente ejercicio de desapego.”

Quienes trabajamos en la docencia, en el deporte, estamos obligados a hacerlo de esta manera porque es la única que llevará al alumno, al jugador, al crecimiento verdadero como persona, sintiéndose el absoluto protagonista de este proceso. Como bien diría una persona mágica que he conocido este fin de semana, Antonio, “esto implica siempre un absoluto ejercicio de vulnerabilidad, vulnerabilidad entendida como que no soy nadie sin el otro, que no soy perfecto, que siempre puedo y debo aprender. Aprender para mejorar, y mejorar para ayudar a que quien tengo a mi lado sea mejor. Actitud de servicio.” Humildad, vulnerabilidad, actitud de servicio, bondad, amor, son componentes claves que debemos llevar implícitos en nuestra persona, en nuestro ser, para ESTAR de una manera verdadera y auténtica.

Por último, quisiera compartir con vosotros y vosotras una historia increíble, porque eleva a al máximo exponente la figura del aguador. Una historia humana de servicio, de amor, de bondad, empatía, permaneciendo en la más absoluta oscuridad, en un segundo plano, invisible al resto, logrando conseguir una auténtica hazaña. Me encanta lo que dice, el contenido de sus pensamientos, y da para reflexionar un buen rato. Solo deseo que les guste.

Nicholas Winton

 

Debemos ser conscientes de hacia dónde vamos, de la sociedad en la que vivimos, y de cuánto nos queda por hacer. La tarea exige esfuerzo, trabajo, hasta quedarnos agotados por completo, pero como seres humanos, como personas, debemos ser nosotros quienes seamos el motor de cambio que necesita este mundo, para darle la vuelta a la tortilla, para ir más allá, mirar más allá, y de esa manera lograr que nuestra vida cobre sentido, significado, y propósito. Conseguir visualizar para qué estoy aquí.

Les deseo una muy buena semana, y que si no han comenzado la búsqueda de su para qué, desde hoy inicien ese camino tan necesario. Un fuerte abrazo.


“Un gran líder se dedica a hacer todo lo necesario para hacer más probable el éxito, aunque ello resulte impopular, o controvertido, o escandaloso, o del todo invisible para los demás. Un líder tiene que comprometerse, por encima de todo lo demás, a que las cosas salgan bien.” (Sam Walker)
“La verdad es que el liderazgo constituye una carga incesante. No es algo que la gente debiera ejercer a mayor gloria propia, o siquiera porque tenga mucho carisma o un talento incomparable. Es algo que debería ejercer porque tiene la humildad y la fortaleza necesarias para prescindir de sus méritos, y de su propia satisfacción y bienestar en aras del equipo; no solo en los momentos de presión, sino en cada minuto de cada día.” (Sam Walker)

 

Por comodidad

“¿Podemos quitarle la grapa al examen? Es para no estar todo el rato dando la vuelta al papel, por comodidad.” Esto me lo decían en la vigilancia de un examen el sábado, y no es necesario que diga quién lo dijo porque lo interesante está ahí, en el contenido y trasfondo de esa frase. Es de esas veces que uno sabe que ya tiene el título, y el guión, de su próximo post delante de sí cuando vive un determinado instante. Por comodidad.

Inevitablemente me acordé de la frase que me dijo un buen amigo, Manu, que consistía en que “tener proyectos es la mejor manera de conservarse joven, la ilusión que genera lo exige”. Por tanto, si queremos tener proyectos debemos quitarnos de la mente la idea de la comodidad, la idea de obtenerlo todo con el menor coste posible en cada instante que vivimos en nuestras vidas. Si observamos, todas las últimas aplicaciones que han aparecido a bombo y platillo generan un confort, una comodidad, fuera de lo común. Aplicaciones para comprar ropa, para comprar comida y que te la lleven a domicilio, aplicaciones para comparar esto y aquello; nos hemos cargado en cuestión de pocos años el proceso mediante el cual obtienes un producto.

Es cierto que generan facilidades, pero más allá de eso, lo que está propiciando es comodidad y quitando tiempo que puedes compartir con tu familia, con tu pareja, mientras recorres ese proceso, el de ir a hacer la compra por ejemplo, o el de irte a comer fuera porque antes o después queréis aprovechar para visitar un lugar concreto dando un paseo. Todo eso, queda ventilado y eliminado de un plumazo. Por comodidad. Porque la comodidad te hace permanecer en esa zona tan cómoda, tan confortable, de la que no te quieres ir pero que, por otro lado, no paras de quejarte por el compañero, por la cantidad de trabajo, por el horario, por la lejanía del gimnasio, porque tienes que subir escaleras, porque bla bla bla… ¿No te gusta? Cámbialo, pero asume las consecuencias.

Lahm

Y eso es precisamente, lo que no estamos dispuestos a asumir, las consecuencias de ser el motor de cambio sea el proceso que sea en el que estemos inmersos. Porque generar un cambio implica adoptar un nuevo patrón de conducta, querer enfrentarte a situaciones nuevas que sabes que no vas a controlar, que quizás hasta generen más trabajo, más nervios y más intranquilidad por asumir retos nuevos, en contextos diferentes, en los cuales ya no estás tan cómodo como antes. De hecho, hay una frase muy dada al uso que es: “Si algo funciona, no lo toques.” Y esa, querido lector, es una de las grandes mentiras que te pueden contar.

Porque por mucho que funcione, sea lo que sea, la sociedad, el contexto, cambian a una velocidad de auténtico vértigo de modo que, o modificamos nuestra marca, nuestro producto, nuestra persona, nuestra versión, o nos estamos quedando estancados. Y si te quedas en el sitio anclado, luego no te quejes porque estabas avisado. Los AllBlacks siempre tienen presente este lema: “Cuando estés en el top de tu juego, modifica tu plan de juego. Busca el hueco.” Es un cambio de mentalidad, y de paradigma, absolutos. Es tener siempre presentes que uno debe permanecer en constante mejora, buscando ideas, lanzando preguntas, cuestionándose a cada momento, y poniendo en práctica lo que aprenda aunque al principio el resultado no sea el esperado. No es una cuestión sólo de resultados, sino más bien una cuestión de actitud.

Porque la comodidad, la facilidad, la zona de confort, llámalo como quieras, no existe, es mentira querido lector porque todo cuesta. Lo que hoy vale, lo que hoy funciona, dentro de un tiempo no muy lejano dejará de funcionar, por tanto es necesario evolucionar, renovarse, crecer, mantener la ilusión, tener proyectos que te mantengan vivo. La mayoría de las veces no hay cambio porque en realidad no queremos, porque sabemos perfectamente que un cambio implica modificar, en mayor o menor grado, lo que veníamos haciendo hasta el momento. Y ese cambio requiere de un período de tiempo, para lograr una adaptación al nuevo entorno, al nuevo contexto, a las nuevas exigencias que conllevará.

A raíz de evitar esta comodidad, o por lo menos creo yo que hay que evitarla, me viene a la memoria lo sucedido entre Philipp Lahm, capitán del Bayer de Munich y la directiva del club. Los jugadores tienen prohibido “rajar”, criticar al equipo en medios de comunicación, pero sin embargo Lahm estimó oportuno hablar claro ante un medio en una entrevista concertada, con el fin de alcanzar una mayor visibilidad sobre lo que él consideraba, era el problema por el cual su equipo no era eficaz para conseguir victorias. Esta entrevista implicó tener que dar explicaciones ante toda la directiva, la correspondiente multa económica, y que muchos de sus compañeros le mirasen con cara de pocos amigos. Aún con todo, tras el empate conseguido contra el Shalke 04, llegaron las victorias que permitieron al Bayern Múnich ganar la Copa alemana, la liga, y la Champions League. Y no solo eso, sino ayudar mucho a definir el estilo de juego que quería el Bayer Múnich para en base a ello, realizar los fichajes oportunos.

“El ejemplo de Lahm sugiere que la tranquilidad no es más importante que la verdad; al menos la clase de verdad que plantea un capitán del cual conocemos su apasionado compromiso, que trabaja al servicio del equipo y que evita atacar a sus compañeros en el ámbito personal. Para liderar de manera eficaz, creía Lahm, un capitán tiene que decirle la verdad no solo al poder, sino también al resto del equipo. <<Eso de que tenéis que ser once amigos es una idea absolutamente romántica>>, me decía. “

Quien quiere crecer, debe arriesgar, y quien arriesga debe contemplar que el resultado quizás no será el que espera. Pero tampoco será la misma persona que comenzó ese proceso, ese recorrido, ese camino. Y eso es lo verdaderamente importante, avanzar sin perder la ilusión, ir hacia delante precisamente para mantener viva esa ilusión, ilusión que viene generada por un proyecto, un proyecto que es nada más, y nada menos, que tu propia vida. Siéntete protagonista, siéntete vivo, y sigue caminando hacia delante. Como diría cierto Capitán: “Mis tropas siempre van hacia delante.” 

Les mando un fuerte abrazo, y que tengan una muy buena semana. Siempre Avanti. Quisiera recordar a Quini, no porque le conociera en persona (por desgracia, no tuve la oportunidad), sino porque llama la atención el cariño que ha dejado en los corazones de tantísima gente. Como bien dijo un buen amigo hace poco, ése es el mejor y mayor legado que podemos dejar en esta sociedad tan falta de valores. Estas líneas van por ti, Quini:

“El título más valioso que puedes conseguir en esta vida es el de buena persona. No lo conceden las Universidades. Sólo lo otorgan los valores.” (Pep Marí)

Quini

 

 

Ternura, límites, y comunicación

“Las sociedades pueden ser inteligentes y estúpidas según sus modos de vida, los valores aceptados, las instituciones o las metas que se propongan.” (José Antonio Marina) 

Y la nuestra, la que vamos construyendo poco a poco, paso a paso, va camino de ser tremendamente estúpida. Duele decirlo, más si cabe teniendo en cuenta que el ser humano posee inteligencia, lo que pasa es que no basta con tenerla, hay que aplicarla, y aplicarla de la manera correcta.

Nos vamos adentrando cada vez más en un contexto, en un marco muy concreto en el cual se vislumbra una crisis demasiado grande como para, al menos, no tratar de atenderla. Una crisis sumamente compleja, peligrosa, y diría hasta contagiosa, a la cual si no somos capaces de poner remedio terminará con nosotros. Hablo de una crisis de personalidad, de una crisis en lo referente a la forma de ser y actuar, que necesita de un giro, de un estudio, de un impulso positivo que sea capaz de reconducirla. Porque no vamos bien, y la acción de meter la cabeza bajo tierra cual avestruz, aunque sea la táctica de nuestra grandísima clase política, creanme que esa táctica no funciona.

Reflexionando sobre ello, y enlazándolo con una parte de los libros que ando revisando, llego a la conclusión de que el principal problema antes que nada, es la imposición del “YO” ante el “NOSOTROS”; la absoluta victoria momentánea del ego ante la humildad, por la necesidad de mostrar, porque el hecho de no poseer una personalidad lo suficientemente bien construida y armada lleva a necesitar que alguien, sea quien sea, valide nuestros actos. El problema es que esto ni funciona, ni va a funcionar, porque  el ser humano es un ser social, por tanto necesita relacionarse. La cuestión, la duda, es si sabemos relacionarnos.

La construcción de la personalidad, que a su vez determina la calidad de las relaciones sociales del ser humano, pueden depender perfectamente de tres componentes: la ternura, los límites, y la comunicación. Al mismo tiempo, sobre la comunicación para que pueda fluir de manera correcta, debería de ser práctica, con un componente físico, y coherente.

Todos necesitamos ternura, amor, cariño, para que se genere un contexto en el cual la persona se sienta atendida, generándose en ella confianza. Ahora bien, un exceso de ternura lleva a la sobreprotección, al miedo de que le suceda absolutamente todo, y todo pasa por evitar sentimientos de frustración, de fracaso, de tristeza. Y ahí está el fallo, en evitar todos esos sentimientos, todos esos momentos, durante su etapa de crecimiento. Porque la cuestión no es que viva esos momentos, sentimientos; sino más bien que aprenda a encajarlos, aceptarlos, y obtener un aprendizaje potente para lo que esté por venir.

La necesidad de poner límites es sumamente obvia, y sin embargo, creemos que por poner límites estamos queriendo menos. Nada más lejos de la realidad, porque cuando realmente una persona te importa, le quieres, sabes perfectamente que es necesario marcar unos límites en cuanto a normas, conductas, comportamientos, que van definiendo a su vez su ética, sus valores. No poner límites no es sinónimo de querer más; al contrario, es ocuparte muy poco por la formación. No todo vale, ni de cualquier manera.

Y referente a la comunicación, es nuestra herramienta más poderosa en la construcción de relaciones personales. Lo malo, es que aún sabiéndolo muy pocas veces se enseña a hablar en público, cómo generar conversaciones interesantes, o por ejemplo, saber cómo acompañar lo que dices con un correcto lenguaje no verbal. Precisamente referido a esto, quiero resaltar la figura de Tim Duncan, el absoluto líder de los San Antonio Spurs: “Él no juzga a las personas-decía Popovich sobre Duncan-. Intenta entender quiénes son, qué hacen y cuáles son sus puntos fuertes. La cuestión es que sabe captar muy bien a la gente. Cuando supimos eso de él, supimos que íbamos a poder traer aquí a casi cualquiera, a menos que fuera un asesino en serie, y él iba a saber qué hacer con él. Cuando Tim Duncan te toca la nuca o te pasa el brazo alrededor, o se inclina hacia ti y te dice algo durante un tiempo muerto, es fantástico. Sabe que recibir su atención es una auténtica pasada para el desarrollo y la autoconfianza de sus compañeros, y ese reconocimiento ha hecho de él el líder que es.” 

A día de hoy, lo que sucede es que no se controla ninguno de estos aspectos. Otorgamos ternura desmedida, sin límites, y no enseñamos a comunicar de la manera correcta. Este absoluto desastre en términos de enseñanza, que primero deben darse en casa y posteriormente en la escuela, se traduce en comportamientos que rozan los términos legales, en faltas de respeto, en la construcción de una persona que vive por y para ella, lo que supone un atentado primero contra ella misma sin saberlo, en consecuencia sobre la sociedad en la cual vive cada día. Y la única manera no solo de paliar este dolor, sino de encontrar una solución al problema, pasa por saber cómo y cuándo aplicar cada uno de los componentes de los que hemos hablado anteriormente.

Tenía mucha razón José Antonio Marina, cuando decía que “Las sociedades pueden encanallarse cuando se encierran en un hedonismo complaciente, y carecen de tres sentimientos básicos: compasión, respeto y admiración.” Fíjense que estos sentimientos están estrechamente relacionados con la humildad y la vulnerabilidad, elementos esenciales para saberse no mejor ni peor que el resto, sino sencillamente diferente. Y que además, por ese mismo motivo serán nuestras relaciones personales las que nos complementen, ayudándonos a ser mejores personas, y en consecuencia mejores profesionales, cada día de nuestra vida.

Recuerden el lema de los AllBlacks: Mejores personas hacen mejores AllBlacks. Por tanto, un excelente profesional debe ser una excelente personal; pero para ello necesitamos enriquecernos de todo cuanto nos rodea, siendo esto solamente posible haciendo un ejercicio poderoso de humildad y predisposición al aprendizaje, a la escucha atenta, observando, conservando la maravillosa actitud del niño que cree que aún pueden sorprenderle. Porque la realidad, es que la vida a cada instante, a cada momento, nos sorprende. Sepamos apreciarlo, y valorarlo.

Les mando un fuerte abrazo, y que tengan una muy buena semana.

“Y, mas que un hombre al uso que sabe su doctrina, soy, en el buen sentido de la palabra, bueno.” (Antonio Machado)

“En mi soledad he visto cosas muy claras, que no son verdad.” (Antonio Machado)

“Me has agregado la fuerza de todos los que viven. Me has dado la libertad que no tiene el solitario. Me enseñaste a encender la bondad, como el fuego. Me hiciste construir sobre la realidad como sobre una roca. Me hiciste adversario del malvado y muro del frenético. Me has hecho ver la caridad del mundo y la posibilidad de la alegría.” (Pablo Neruda)

el aguador

 

Invierte en tu patrimonio

 

“El dinero lo puedes tirar contra la pared; tus hijos pueden incluso no respetarte. Por eso, el único patrimonio que tenemos de verdad somos nosotros, y rara vez invertimos en nosotros.” (Michael Robinson)

El pasado sábado era especial, porque la clase que había preparado para nuestro grupo del Máster en la especialidad de Educación Física era un concepto de clase que nunca había hecho, que jamás había llevado a cabo. Y la ilusión por ver cómo quedaba todo, por percibir si era una experiencia positiva, productiva, para los alumnos, hacía que sintiese ese hormigueo producto de la inquietud, de lo nuevo, de la exploración. Como diría Idriss Aberkane en su libro, “Nunca se persevera tanto como cuando se ama lo que hace. La pregunta ¿Cuándo fue la última vez que hice algo por primera vez? es la misma pregunta que motivó a los “hombres honestos” del Renacimiento a explorar y practicar varias disciplinas de forma paralela. De Al-Ghazali a Miguel Ángel, Giordano Bruno, Leonardo Da Vinci o Richard Francis Burton, todos ellos tenían un punto en común: la pasión por lo nuevo, también conocida como neofilia.” Y es esto mismo, lo que me movía a sentir esas sensaciones durante esa mañana.

Obviamente no voy a lanzar ningún tipo de valoración sobre la clase, eso se lo dejo a quienes fueron los protagonistas absolutos: los alumnos y alumnas. En mi caso, quiero ir un poco más allá, enfocándome en el proceso, en el cómo se llega a este punto. La organización, la idea de cómo llevar a cabo la clase, no parte solamente de mí sino que implica una serie de reuniones  profesores míos en ese mismo Master, que ahora son compañeros y amigos, preguntándoles su punto de vista, cómo podía llevar a cabo la clase, qué material emplear, cómo grabarlo, cómo asignar los roles; lo que viene siendo todo el desarrollo completo. Todo ese proceso de creación de la clase, diseño, ideas, reflexiones, lo disfruté tanto como el mismo día que tuvo lugar dicha clase, y esto me lleva a pensar en el verdadero patrimonio que tenemos a nuestros alrededor, del cual muy pocas  veces somos conscientes.

En una sociedad tan marcada por el egocentrismo, por la individualidad, por la necesidad de validación (casi llegando al punto de adulación), es más necesario que nunca ser conscientes de cuánto y cuán valioso es el patrimonio que tenemos en nosotros, y alrededor de nosotros. Patrimonio en forma de personas, de amigos, de profesionales con más experiencia que nosotros, puntos de vista diferentes que enriquecen. Como dijo en su momento Jonas Salk, “Mi actitud es siempre la de permanecer abierto, la de continuar explorando, indagando. Creo que es el modo en que las cosas funcionan en la naturaleza. Hay muchas personas de mente estrecha, rígidas, pero esa no es mi inclinación.” Ni tampoco la mía; creo que pocas experiencias me gustan más que aquellas en las que escuchando, observando, opinando, y reflexionando, crezco. Me ayuda a sentirme más vivo, más pleno, porque sigo manteniendo la capacidad de disfrutar de lo cotidiano, de lo sencillo, pero a la vez, lo esencial.

Ojalá algún día entendamos, y sobre todo lleguemos a darnos cuenta a tiempo, de cuánta riqueza tenemos a nuestros alrededor en forma de personas, amistades, familia, que se transforman en vivencias, experiencias, aprendizaje, mediante los cuales no solo nos hacen mejor a nosotros, sino que suma también a aquellas personas con quienes convivimos. Este post es una invitación a la reflexión de cuánto inviertes en tu patrimonio, recordando siempre que una vida plena está estrechamente ligada a la siguiente pregunta: ¿Para qué estoy aquí? Dar sin esperar nada a cambio, entregarte a fondo en cada tarea que haces, te reporta un sentimiento de plenitud que no se puede comprar con ninguna cantidad económica. Porque todo lo que haces, y todo lo que vives, comienza a tener un significado, y eso supera a todo lo demás.

Concluyo con unas líneas extraídas del último libro que ahora me encuentro leyendo, estudiando, y reflexionando:

“Cuando nuestra entrevista tocaba a su fin, le pregunté si pensaba que su esfuerzo era contagioso. <<Creo que cuando ves a un compañero trabajando al máximo y darlo todo (no me refiero a mí, sino a cualquiera), lo que no puedes hacer es quedarte ahí y dejar que un jugador del otro equipo te pase por delante-me respondió-. Si todo el mundo está dando el cien por cien y tú das solo el ochenta, se nota. Así que creo que eso hace que todo el mundo dé el cien por cien.” (Entrevista a Carles Puyol, para el libro Capitanes)”
 “Haz lo que tu hombría te ordena; de nadie sino de ti mismo esperes aplauso; pues el que más probablemente vive y muere es quien hace y observa sus leyes, que a sí mismas se hicieron. Cualquier otra vida es muerte en vida, un mundo donde no moran sino fantasmas, un soplo, una brisa, un sonido, una voz, un tintineo de la campana del camello.” (Richard Francis Burton)
“Poco puede aprender el que no sabe desaprender.” (Richard Francis Burton)

Que tengan una muy buena semana, y sean felices. Un fuerte abrazo.

Charla completa con Michael Robinson

El capitán Jaime Nava, en su discurso con la selección española de Rugby

Rugby España

Fuente: (EFE)

 

30 Oportunidades

” Es esencial entender que las batallas se ganan en su mayor parte en el corazón de las personas” (Vince Lombardi)

Y probablemente eso mismo, afrontar cada pequeña o gran batalla entregando todo mi corazón en la tarea, ha sido lo que me ha llevado a estar donde estoy. Porque al final uno aprende que, lo que está en nuestra mano ante la adversidad, es simplemente pelear, presentar batalla, unir fuerzas, poner pasión, y afrontar la tarea de la mejor manera posible.

Ayer cumplía 30 años, una cifra que me parece preciosa, realmente bonita. Lo mejor de todo, es que si hace exactamente 6 años me dicen que los iba a cumplir de esta manera, sinceramente no me lo hubiera creído. Y era ese mismo pensamiento, al mismo tiempo que recordaba momentos especiales que he vivido durante esa franja de tiempo, el culpable de que se me formara un nudo en la garganta bastante considerable. Pero a su vez pensaba, bendita emoción, mereces emocionarte por eso.

Justo con 24 años asumía que era necesario operarme otra vez, porque las pérdidas de audición ya eran lo suficientemente significativas como para no atenderlas. Pero por más necesarias que fueran, eso no quita que no tuviera miedo a que otra vez la operación no sirviera para nada. Por aquel entonces además, sabía ya a qué se debía ese cansancio extremo que notaba a menudo, y por el cual tuve que cuidar mucho mis tiempos de descanso. A todo esto, súmale el no tener apenas trabajo, demasiado tiempo libre buscando motivaciones, algo a lo que agarrarme, a lo que aferrarme.

Tuve muy claro que mis ilusiones me las tenía que marcar yo, decidí ponerme a estudiar más aún si cabe sobre liderazgo, sobre cómo controlar mis emociones, mi cabeza, para que no me traicionase nunca. Aprender a centrar mi atención en lo que suma, en lo positivo, y de esa manera mantenerme implacable en la consecución de los objetivos que tenía por delante: 1-Que todo el proceso de la operación y post operatorio saliera bien. 2- Curarme (mantenerme de la mejor manera posible, hasta que apareciese el tratamiento). Al mismo tiempo que tener muy claro, que iba para un plazo medio-largo de tiempo, que debía ser paciente, mantenerme sereno pero sin perder la esperanza ni un solo día.

De esa manera, mes tras mes, sucesivamente fueron pasando. Primero la operación del implante, luego la recuperación, hasta que en Diciembre la vida me regaló la posibilidad de saber qué era eso de escuchar por el lado derecho, y cómo se siente uno experimentando semejante sensación. El grado de felicidad aumentaba, por todo lo que empezaba a vivir, experimentar, en mi día a día. Pero aún quedaba otra meta volante: Curarme. Y para ello, más paciencia, más serenidad, porque desconocía cuándo saldría el tratamiento.

Llegaron los controles, las revisiones, todo se mantenía, y yo fiel a la promesa que en su momento le hice a la doctora de cuidarme al máximo. De repente, una sucesión de acontecimientos, “Pablo, no vas a tener que entrar al ensayo, te metemos ya con el tratamiento. El 22 de Diciembre lo comienzas.” Ese viaje de vuelta a casa jamás se me olvidará, llorando desde que me subí en el coche hasta que llegué al garaje. La meta volante más cerca, pensé. Hay que seguir, se puede conseguir, y hay que pelear por ello.

De esa manera, a partir del 22 de Diciembre se fueron sumando las semanas, los controles, las revisiones, las consultas donde veíamos cómo estaban los análisis, y con todo ello se llega a la fecha marcada en rojo del 7 de Junio. La meta, ahí la tienes, la estás rozando, sólo te queda un sprint, el día que cambió mi vida. “Pablo, estás curado, todo genial.” En ese preciso momento no puedes contenerte, es imposible mantenerte impasible ante el hecho de conseguir estar bien de verdad, o como diría mi amigo Marcos, “como un avión”.

Conseguida esa meta, faltaba la siguiente: conseguir una opción de trabajo,un lugar donde crecer, donde aprender. Y apareció, como las oportunidades que te brinda Dios en forma de personas, en forma de momentos, y traté por todos los medios de aprovechar esas oportunidades al máximo, de disfrutarlas y lograr que disfrutasen quienes estaban conmigo. Así hasta el día de hoy que te escribo estas líneas, emocionado por ver el camino recorrido, pero con la misma actitud de siempre, la que me levanta de la cama día tras día: nunca es suficiente.

Conformarme no va conmigo, y ahora que siento estar en el lugar donde siempre quise trabajar, mi sentimiento es que debo dar lo mejor de mi cada día. Hacia mis padres, mi familia, hacia mis amigos/as, a mis compañeros de trabajo, porque no hay mejor manera de sentirte pleno que devolviendo lo que Dios y la vida te ha regalado. Por desgracia, creo que no existe una receta con pautas, ni yo soy quien para dártelas porque no me considero ni me consideraré una persona de éxito. A parte, cada uno debería preguntarse…¿qué es el éxito para mí? Yo, personalmente, prefiero asegurarme de ser feliz, de que hago lo que me apasiona, y ayudo a brillar a quienes a mi lado están.

Pero hay unas claves, que Sam Walker en su libro Capitanes, reúne y que son a su vez los siete rasgos de los capitanes de equipos de élite:

“1- Extrema tenacidad y capacidad de concentrase en la competición. 

2- Un juego agresivo que pone a prueba los límites de las normas. 

3-La disposición a realizar un trabajo ingrato en la sombra. 

4-Un estilo de comunicación discreto, práctico y democrático. 

5-La capacidad de motivar a otros con apasionadas exhibiciones no verbales.

6-Fuertes convicciones y coraje para diferenciarse.

7-Un férreo control emocional.”

Creo que si somos capaces de aplicar esos rasgos a nuestra personalidad, a nuestro carácter, en definitiva, a lo que nos define, probablemente nos acercaríamos más de lo que imaginamos a nuestros objetivos, a nuestras metas. A mí, en mi caso concreto, mostrarme siempre predispuesto a aprender al mismo tiempo que tratar siempre, en cada momento, de dar lo mejor de mí, me ha ayudado mucho. Espero que a ti, querido lector, te sirva de ayuda, y si compartir esta reflexión en el día de hoy resulta útil, brindo por ello.

Porque el motivo de esta página, de contar mis experiencias, lo que he vivido, como justamente he leído esta tarde en twitter (y me ha encantado, gracias de corazón) no es con la pretensión de dar lecciones de vida, sino más bien plasmar sobre la pantalla una reflexión, un punto de vista, una manera de entender y sentir la vida, que si puede resultar útil entonces estará cobrando todo el sentido y significado que yo deseo que tenga está pagina. Es el motivo con el que se creó, con el fin último como bien dice la portada, que tú seas capaz de encontrar Tu mejor versión.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y deseo de corazón que sean felices, que vivan su vida de manera auténtica y verdadera. Esa es la mejor victoria que pueden lograr. Cada día, cada semana, cada año, una oportunidad de encontrar tu mejor versión.

clase gemma

“Nunca fue una cuestión de contratos o de dinero. Nunca presté atención a los premios MVP o a cuánto respaldo lograba, solo a cuántos títulos ganábamos”. (Bill Russell)

 

 

 

 

Nuestro peor enemigo

“Para ser un líder humilde como Swen, George, y Carl, tú debes perder tu ego. Creo que para ser un líder exitoso tienes que tener un ego que te conduzca a ser grande, pero debes dejar tu ego y servir al equipo con el objetivo de ser grandes. Debes perder tu ego, por tanto deja de enfocarte en ti y comienza a enfocarte en tu equipo. Después de todo, la humildad no significa que pienses menos en ti. Significa que piensas menos en ti mismo, y piensas más en el equipo.” (Mike Smith)

Es sin duda uno de los mayores enemigos de la persona en su día a día, en sus relaciones,  en su manera de entender todo cuanto le rodea. Estoy hablando del ego, el que tenemos en nuestro interior, el que muchas veces alimentamos conscientemente, otras inconsciente, o por el contrario potenciamos el ego de la persona que tenemos delante sin darnos cuenta, o siendo plenamente conscientes. No lo sé, eso lo dejo a tu elección querido lector.

Lo que sí es claro es que el ego puede y mucho, ¿por qué? Muy sencillo, porque impedir el ego o mejor dicho, evitar que el ego gobierne sobre nosotros implica que hay que hacer un trabajo de educación importante, un ejercicio de consciencia muy potente, teniendo muy claro para qué estamos aquí, qué es lo que hemos venido a hacer, cuál es la tarea, función, misión, que queremos desempeñar. Es una cuestión de prioridades, de saber hacia dónde se inclina nuestra balanza.

Muchas veces el problema viene desde pequeñitos, desde que comenzamos a decir aquello de “qué bueno es”, “eres el mejor”, y así suma y sigue…esas frases repetidas de manera inadecuada, por sistema, a lo largo del tiempo, acompañado de gestos como las “palmadas”,  los aplausos, terminan por conformar un sistema de validación del  cual después en la vida de adulto resulta muy complicado salir. Y el problema viene porque no educamos para ayudar a que otros sean mejor, sino a que yo sea el mejor, aquel, aquella, dícese hijo, primo, sea el mejor o él o ella crea que es el/la mejor.

De hecho como bien dice Idriss Aberkane, “la peor mentira que transmite la vida puntuada es esta: en las cosas importantes, el éxito y el fracaso son individuales. En las cosas sin importancia, en cambio, pueden ser colectivos. Se trata de una mentira mayúscula. Desde la caza del mamut hasta el desembarco de Normandía, pasando por la construcción de las pirámides, todo lo que ha cambiado el mundo son éxitos o fracasos colectivos. En cambio, lo que no lo cambia se reduce siempre a éxitos o fracasos individuales. Así es”

Es decir, necesitamos necesaria e implícitamente de otras personas para tener éxito en nuestra vida. Y yendo un poco más allá, el éxito normalmente llega cuando antepones la humildad al ego, cuando antepones el escuchar a los demás a escucharte a ti, cuando pasas de atenderte a ti a servir a los demás, ahí es cuando uno tiene éxito porque es precisamente en ese instante, en ese momento, cuando te olvidas del objetivo y te enfocas en el camino.

El ego impide establecer relaciones sanas, verdaderas, y duraderas, porque crees sinceramente que nadie te puede aportar nada interesante. Que tú y solo tú sabes de todo, sin existir ninguna predisposición a escuchar al menos, a atender peticiones y/o consejos, refugiándote en la idea de trabajar para ti, con el objetivo de ser el mejor. El problema real de todo esto, es que el ser humano es un ser social que necesita establecer relaciones, es una condición indispensable para poder seguir desarrollándose, mejorando día a día, y sí, para poder seguir disfrutando de la vida.

Probablemente estarás pensando que todo lo que digo son aspectos obvios, pues bien, te lanzo esta pregunta: Si es algo obvio, ¿por qué seguimos haciéndolo tan mal? Sí querido lector, lo estamos haciendo muy mal, y si destaco el ego en el post de esta semana es porque es el culpable de pésimas relaciones personales, el origen de discusiones, conflictos, y una larga lista de situaciones indeseadas que podrían evitarse con una postura de humildad.

En vez de educar en los términos que he marcado arriba, en destacar lo que hace bien una y otra vez, una y otra vez, sabiendo el daño que hace, sería mucho mejor educar para la vida, educar para ser resolutivo, eficaz, una persona con capacidad para pensar, analizar, tomar decisiones, reflexionar. Tener presente que es necesario escuchar, tener predisposición a sumar en vez de restar, y que quienes somos formadores, entrenadores, líderes, seamos capaces de diseñar el contexto necesario para modificar esos comportamientos negativos, y transformarlos en una actitud ejemplar, una persona que pase de restar a sumar a la sociedad. Esa es nuestra misión, nada más y nada menos. Plantar semillas de árboles que nunca veremos crecer.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y conecten con las personas que les rodean. Hay mucho que aprender, mucho por mejorar, y mucho camino por recorrer; seamos un poco más humanos.

“Si quieres construir un equipo ganador, debes valorar a todos los miembros de tu equipo por quienes son, no por lo que hacen. Tienes que verles más allá de su uniforme y número. No puedes mirar a tu equipo como X’s y O’s en una pizarra blanca, o costes en un sistema de finanzas. Más allá de que están siendo pagados como deportistas profesionales, recibiendo becas de educación por jugar a un deporte en el instituto, empleados en tu compañía, o personas que pueden ayudarte a ganar un campeonato universitario, tienes que tener siempre presente que debajo de cada uniforme o puesto de trabajo permanece una persona que tiene retos, inquietudes personales, dolor, daño, un ser humano con deseos y necesidades. Cada persona, no importa cuán exitosa sea, quiere sentirse apreciado, querido, respetado, y valorado. Todos quieren sentir ese cuidado, ese cariño. Todos, en última instancia, quieren ser amados.” (Mike Smith)

leganés