¿Qué sentido tiene?
Desde hace unos meses que estoy trabajando en la dirección deportiva de un club de fútbol, nuestro querido Unión FC, hay una pregunta que intento tener siempre en mente para mantener bien el foco: ¿cuál es el valor principal de todo lo que hacemos? ¿Qué sentido tiene todo este trabajo en el fútbol? Para mí hay una respuesta muy clara: prefieren estar aquí, haga calor, llueva, haga frío; entrenando, compartiendo este tiempo de entrenamiento juntos y crecer cada día un poquito más; antes que estar mismamente en la calle.
Me dio que pensar una imagen que vi, que indicaba lo siguiente: «un pibe corriendo en la cancha, uno menos en la calle.» Y como diría Pablo Aimar, «no es poco, pasarla bien». Porque, tal y como están las estadísticas de abandono deportivo conforme los chicos y chicas tienen más edad, es ya todo un reto conseguir fidelizarlos a un club, a un equipo, a unos valores, a una identidad, a una manera de ser y entender no solamente el fútbol, la vida. Si atendemos a las cifras, las tasas de abandono varían entre el 30 y el 60%, siendo la edad crítica alrededor de los doce años; habiendo posteriormente otro pico en el porcentaje de abandono entre los 12 y los 16 años. En España, el 86% de los adolescentes no realiza la actividad física recomendada por la OMS. Y si buscamos un motivo, aparece que el factor determinante que propicia un 70% de abandono de la práctica deportiva en niños y niñas es la especialización temprana. Nos estamos equivocando por completo en dónde ponemos el foco.

Por todo ello, sería conveniente recordar que el deporte en equipo te enseña a competir por ser un poquito mejores que ayer, a entrenar para mejorar, para aprender, porque nunca es tarde para mejorar un poquito más. Aceptar que a veces otro está mejor que tú, pero que en ti puede estar la oportunidad de darle la vuelta al partido en la segunda parte. Nadie es menos, nadie es más, porque todos son imprescindibles para que ese equipo desprenda olor a campeón. Ya no es solo los beneficios físicos, fisiológicos y de bienestar emocional que genera la práctica deportiva, la realización de actividad física. Es que, además, genera un sinfín de experiencias compartidas en forma de aprendizaje que le valdrá, no solamente para esa temporada, sino para la vida.
Este fin de semana se inician ya la mayoría de competiciones en fútbol base, hoy muchos niños y niñas se irán a la cama de los nervios, inquietos, pensando en cómo será eso de jugar un partido de liga. Nosotros, los adultos, tenemos una responsabilidad tremendamente alta en esto, porque en nuestra mano está que sea un momento de disfrute o un momento que quieran olvidar de su cabeza para siempre. Seamos ejemplo de deportividad, de valores, sepamos generar ese contexto de calma tan necesario para ellos y ellas, en el cual sientan que pueden crecer, que pueden ser valientes, pedir el balón y tomar decisiones por sí solos. Esto es lo que te da el deporte, la posibilidad de crecer y creer, de ser valiente, de seguir construyendo tu personalidad para ser cada día un poquito mejor que ayer y, en consecuencia, ayudar al resto del equipo en esa misma tarea. Una tarea que no debe ser otra que la consistente, como se relata en la serie de Ted Lasso hablando sobre Van Gogh, en la búsqueda de la belleza. «Porque cuando encuentras la belleza, encuentras inspiración. Si es que te mantienes tan determinado como Vicent Van Gogh. Nunca pares, no importa cuántos sean los fracasos.»
Cuando formamos parte de un club de fútbol, nuestro propósito va mucho más allá de ganar el partido. Nuestro propósito último debe ser la búsqueda de esa belleza, que reside en la construcción de una cultura correcta de club, sustentarlo en unos valores innegociables que hagan que el cómo compite cada uno de nuestros jugadores sea más importante, por la dignidad y la integridad con que compite, que el resultado que consiguen en cada partido. El fútbol es mucho más que ganar ligas, el fútbol es el medio para que disfruten, para que crezcan, para generar legado en todos ellos, para que recuerden que los viajes se emprenden y acaban juntos, sin fisuras, con honestidad, con decencia y tratando de dejar siempre la camiseta en mejor posición de cómo la encontraste. Esa es nuestra responsabilidad última, ese aporte de valores que hagan crecer a una sociedad que, precisamente, cada vez más carecen de ellos.
Un fuerte abrazo y feliz semana,









