Unión FC

¿Qué sentido tiene?

Desde hace unos meses que estoy trabajando en la dirección deportiva de un club de fútbol, nuestro querido Unión FC, hay una pregunta que intento tener siempre en mente para mantener bien el foco: ¿cuál es el valor principal de todo lo que hacemos? ¿Qué sentido tiene todo este trabajo en el fútbol? Para mí hay una respuesta muy clara: prefieren estar aquí, haga calor, llueva, haga frío; entrenando, compartiendo este tiempo de entrenamiento juntos y crecer cada día un poquito más; antes que estar mismamente en la calle.

Me dio que pensar una imagen que vi, que indicaba lo siguiente: «un pibe corriendo en la cancha, uno menos en la calle.» Y como diría Pablo Aimar, «no es poco, pasarla bien». Porque, tal y como están las estadísticas de abandono deportivo conforme los chicos y chicas tienen más edad, es ya todo un reto conseguir fidelizarlos a un club, a un equipo, a unos valores, a una identidad, a una manera de ser y entender no solamente el fútbol, la vida. Si atendemos a las cifras, las tasas de abandono varían entre el 30 y el 60%, siendo la edad crítica alrededor de los doce años; habiendo posteriormente otro pico en el porcentaje de abandono entre los 12 y los 16 años. En España, el 86% de los adolescentes no realiza la actividad física recomendada por la OMS. Y si buscamos un motivo, aparece que el factor determinante que propicia un 70% de abandono de la práctica deportiva en niños y niñas es la especialización temprana. Nos estamos equivocando por completo en dónde ponemos el foco.

Por todo ello, sería conveniente recordar que el deporte en equipo te enseña a competir por ser un poquito mejores que ayer, a entrenar para mejorar, para aprender, porque nunca es tarde para mejorar un poquito más. Aceptar que a veces otro está mejor que tú, pero que en ti puede estar la oportunidad de darle la vuelta al partido en la segunda parte. Nadie es menos, nadie es más, porque todos son imprescindibles para que ese equipo desprenda olor a campeón. Ya no es solo los beneficios físicos, fisiológicos y de bienestar emocional que genera la práctica deportiva, la realización de actividad física. Es que, además, genera un sinfín de experiencias compartidas en forma de aprendizaje que le valdrá, no solamente para esa temporada, sino para la vida.

Este fin de semana se inician ya la mayoría de competiciones en fútbol base, hoy muchos niños y niñas se irán a la cama de los nervios, inquietos, pensando en cómo será eso de jugar un partido de liga. Nosotros, los adultos, tenemos una responsabilidad tremendamente alta en esto, porque en nuestra mano está que sea un momento de disfrute o un momento que quieran olvidar de su cabeza para siempre. Seamos ejemplo de deportividad, de valores, sepamos generar ese contexto de calma tan necesario para ellos y ellas, en el cual sientan que pueden crecer, que pueden ser valientes, pedir el balón y tomar decisiones por sí solos. Esto es lo que te da el deporte, la posibilidad de crecer y creer, de ser valiente, de seguir construyendo tu personalidad para ser cada día un poquito mejor que ayer y, en consecuencia, ayudar al resto del equipo en esa misma tarea. Una tarea que no debe ser otra que la consistente, como se relata en la serie de Ted Lasso hablando sobre Van Gogh, en la búsqueda de la belleza. «Porque cuando encuentras la belleza, encuentras inspiración. Si es que te mantienes tan determinado como Vicent Van Gogh. Nunca pares, no importa cuántos sean los fracasos.»

Cuando formamos parte de un club de fútbol, nuestro propósito va mucho más allá de ganar el partido. Nuestro propósito último debe ser la búsqueda de esa belleza, que reside en la construcción de una cultura correcta de club, sustentarlo en unos valores innegociables que hagan que el cómo compite cada uno de nuestros jugadores sea más importante, por la dignidad y la integridad con que compite, que el resultado que consiguen en cada partido. El fútbol es mucho más que ganar ligas, el fútbol es el medio para que disfruten, para que crezcan, para generar legado en todos ellos, para que recuerden que los viajes se emprenden y acaban juntos, sin fisuras, con honestidad, con decencia y tratando de dejar siempre la camiseta en mejor posición de cómo la encontraste. Esa es nuestra responsabilidad última, ese aporte de valores que hagan crecer a una sociedad que, precisamente, cada vez más carecen de ellos.

Un fuerte abrazo y feliz semana,

Proyectos

«No creo en las charlas motivacionales, creo en los proyectos motivadores» (Phil Jackson)

En estos momentos del verano asoma mucho la palabra proyecto, refiriéndonos al nuevo curso que viene, a la nueva temporada que viene. Y hay una duda que siempre se me ha planteado: ¿por qué cuesta tanto que un proyecto sea consistente en el tiempo? ¿cómo se logra que un proyecto sea un generador de motivación, de impulso y de felicidad para las personas que forman parte de él? Creo que el primer punto está, justamente, en la pregunta: la clave es la persona.

Decía Xavier Marcet que los proyectos son las personas, porque son ellas quienes lo mantienen o lo hacen caer. Son esas personas quienes, en función de su motivación, de su credibilidad en el proyecto, su compromiso, su grado de sentimiento de pertenencia al mismo, deciden o no dar lo mejor de sí mismas para el colectivo. Todo proyecto exige, ante todo, un ejercicio de humildad tremendamente importante. Los proyectos no son carreras por la medalla, son más bien una carrera de ciclismo en el que todo el grupo hace el relevo, tira del equipo, pedaleando en la misma frecuencia, en la misma sintonía, tirando del equipo. Pero, ¿cómo se llega a eso?

Lo primero, es tener una visión (liderazgo) y una estrategia (gestión/planificación) de lo que busco con ese proyecto, con ese grupo de personas, cómo son y cómo las visualizo en el medio y el largo plazo, atendiendo a sus circunstancias personales, a su momento de vida y a su contexto. Una vez que tengo claro ambos componentes, es esencial permitir subir al pelotón a la persona adecuada y dejar que se bajen del mismo las menos adecuadas. Poner a la persona adecuada en el sitio adecuado. Como dice Jim Collins, «tu principal activo no es la gente; tu principal activo es la gente adecuada

Una vez que tengo a la persona adecuada en el asiento adecuado debo pensar en cómo gestiono ese grupo, cómo planifico y estructuro su actividad diaria, con el único fin de que sea un equipo eficaz. Y para ello, Peter Drucker nos da ocho claves en forma de preguntas:

  • ¿Qué hay que hacer?
  • ¿Qué es bueno para la empresa?
  • Desarrollar un plan de acción
  • Responsabilizarse de las decisiones
  • Responsabilizarse de la comunicación
  • Centrarse en las oportunidades y no en los problemas
  • Organizar reuniones productivas
  • Pensar y decir <<nosotros>> en lugar de <<yo>>.

Estos ocho puntos permiten que el grupo esté enfocado, se sienta parte del proceso y realmente esté comprometido con el propósito y con el sentido del proyecto. Pero, una vez que todo el proceso diseñado, cómo lo pongo en marcha, cómo lo desarrollo en mi día a día. Y aquí, bajo mi punto de vista, es donde entra la magia del liderazgo, aparece lo que no se puede medir pero al mismo tiempo es lo que conecta a todas las personas. Hay cinco componentes de la persona que considero esenciales, que son el revestimiento imprescindible para que un proyecto sea eficaz y consistente en el tiempo:

  • Credibilidad
  • Integridad
  • Decencia
  • Coherencia
  • Bondad

Estas cualidades de la persona bien podrían ser parte de lo que para Jim Collins es el liderazgo nivel 5; un tipo de liderazgo que es el que conduce realmente a la excelencia. «Se trata de líderes tranquilos, reservados e incluso tímidos; líderes que combinan modestia y humildad extrema con una intensa determinación profesional. Son más parecidos a Lincoln y a Sócrates que a Patton o a César«. Conforme hemos ido avanzando en tecnología, en IA, en ciberdata, hemos ido olvidando que quienes transforman lo imposible en posible son las personas, que son las que sostienen los equipos y, en consecuencia, los proyectos. Personas que, la mayoría de las veces, quieren un líder en el que poder creer sin temor; que nunca les mienta; que sea consecuente con las decisiones que tome; y, por encima todo, que demuestre una bondad a prueba de todo tipo de adversidad.

Dice José Antonio Marina que «la bondad es la culminación de la inteligencia. La inteligencia no se limita al conocimiento o a la resolución de problemas; sino que su más alta expresión se encuentra en la capacidad de dirigir el comportamiento de manera ética y beneficiosa para uno mismo y para los demás. La bondad no es un valor moral, sino una forma de inteligencia práctica que busca el bienestar común a través de decisiones y acciones bienintencionadas. Es poner el foco en la ética y la compasión como componentes esenciales de una inteligencia plena y efectiva. » Y esto nos conecta, implícitamente, con lo que más desea la gente según Jim Collins: «¿Qué es lo que más desea la gente? Formar parte de un equipo ganador, contribuir a producir resultados visibles y tangibles, sentir la emoción de estar implicado en algo que funciona a toda velocidad. […] Cuando la gente empieza a sentir la magia del impulso al ver resultados tangibles y al sentir que la rueda empieza a ganar velocidad, es cuando la gran mayoría se alinea y arrima el hombro para empujar hacia delante.»

Cualquier proyecto va de eso, de sumar, de arrimar el hombro y empujar hacia delante, de hacer un ejercicio de fe permanente, creyendo en la persona que tienes al lado. Ver lo que otros no ven, proyectar lo que probablemente ni siquiera esa persona imagina. Y cada día recorrer el camino juntos, motivando, siendo exigentes pero cuidadosos, porque el cómo caminamos será siempre más importante que lo que perseguimos. Es el cómo lo que nos define, lo que marca y lo que deja huella en el corazón colectivo de ese equipo. Es la manera en la proyectas la magia, y eres capaz de mantenerla consistente en el tiempo, lo que marca la diferencia entre cumplir o que el equipo, en ese proyecto, obtenga un rendimiento excepcional. Cualquier persona, lo que más desea, es formar parte de un viaje que le entusiasme, que le encienda la mecha de la ilusión, y que la acerque un poquito más a ser feliz, a sentirse plena y sentir que lo que hace realmente vale la pena.

Feliz verano, un fuerte abrazo.

Creer

«Toda elección es una oportunidad. Lo que elegimos, compis, muestra quiénes somos, no nuestras habilidades.» (Ted Lasso)

Si tuviera que resumir las reflexiones que me ha regalado Ted Lasso en cada capítulo, todas ellas podrían resumirse en la siguiente: El cómo siempre será más importante que lo que conseguimos. La manera, la forma en la que vivimos, cómo nos comportamos con los demás, nos define absolutamente primero como personas y, posteriormente, como profesionales. El cómo es nuestro sello, nuestra huella, nuestro legado traducido en las emociones que generamos con quienes compartimos nuestra vida.

Ted Lasso es la antítesis de la perfección, podríamos decir que hasta un desastre. No es perfecto en lo metodológico, no es tremendamente perfecto en la preparación, en su planificación; más bien le implementa a menudo altas dosis de imprevisibilidad porque percibe, nota, siente estímulos, que hace que cambie de decisión en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, es absolutamente coherente en su comportamiento. Y eso vale más que cualquier cosa, esa sencillez, esa honestidad, esa espontaneidad sin faltar al respeto, esa creatividad y originalidad, esa chispa de simpatía, es el absoluto pegamento que necesita todo equipo para que todo funcione, para que todo fluya, para que se consiga un perfecto «swing» como diría George Yeomans Pocock.

Ted Lasso llega a un equipo que practica un deporte que no conoce, porque su ámbito es el fútbol americano. Y, a pesar de todo, consigue darle vuelta y conseguir los objetivos deportivos. Coloca un cartel en el vestuario que se convierte en mantra(sí, todo equipo campeón necesita un mantra, algo que trascienda a todos y al mismo tiempo les una). Un cartel que, estéticamente, no está colocado de la mejor manera pero el significado es tan brutal como necesario: «Believe». Porque, para perseguir los sueños, en el trabajo y en la vida, hay que creer. Creer en uno mismo y hacer creer a los demás que se puede. Y eso no tiene nada que ver con lo metodológicamente correcto; más bien con darle al equipo lo que necesita, pero siempre manteniendo impecable la manera en la que se traslada el mensaje.

Y cualquier equipo, lo que requiere de un jefe, de un líder, es honestidad, sencillez, naturalidad, respeto, dignidad, integridad y compromiso. Tan sencillo de decir y tan complejo de encontrar. Cada vez nos volvemos más locos buscando la fórmula perfecta, cuantificada, o la empresa top, o el algoritmo que nos permita destacar; pero seguimos sin darnos cuenta de que no sobrepasar los límites, hacer que predomine el respeto, la escucha, el sentido del humor, la honestidad, es muchísimo más importante, porque es lo que cambia la predisposición de una persona de sumar a restar, de remar a favor o no remar, o remar incluso en contra.

Cada decisión que tomamos nos define. Si somos más de aportar soluciones o de poner excusas; si somos más de generar sinergias o de montar habladurías y vender humo. Uno decide, a cada momento, la persona que es y la persona que quiere ser. Es una cuestión de elección y ser consecuente en esa elección. Es cierto que, según qué momento, tenemos unas cartas u otras, pero tengamos las que tengamos, se juegan mucho mejor desde la coherencia, la integridad y honestidad. Es imposible ser un profesional excepcional si no eres una persona excepcional. Porque lo que te permite a ti, cada día, cuidar la forma en la que transmites y conectas, es la persona que tú eres. Ahí está tu esencia, tu potencial y lo que te permite brillar mientras ayudas a brillar. Brillar para creer que se puede. Hacer creer a otros que, si se cree, se puede y esa creencia se consolida, día tras día, con nuestra decencia, nuestra dignidad y nuestra integridad como persona.

Como diría Ernesto Sabato, «yo creo que la verdad es perfecta para las matemáticas, la química, la filosofía, pero no para la vida. En la vida, la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza cuentan más.» Ted Lasso nos recuerda que el cómo conseguimos nuestras metas, nuestros objetivos, es mucho más importante y trascendente que el objetivo en sí mismo. La vida no entiende de fórmulas de excel, entiende de sentido del humor, de energía, de fuerza, chispa, vibrar, emocionarse y ser agradecido cada día con lo que tenemos, porque ese es nuestro motor, esa es nuestra fuerza y es lo que nos tiene que llevar a seguir siendo valientes y apostar cada día por aquello en lo que creemos, sin dudar, sin titubeos. Porque cuando uno pone integridad, decencia y dignidad en todo lo que hace, puede estar tranquilo, dio lo mejor que tenía. Y esa es la mejor recompensa con la que nos podemos ir a la cama.

Que tengáis un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo y no perdáis nunca esa chispa, esa espontaneidad, ese pequeño niño que tenemos dentro y que nos permite seguir disfrutando al máximo de cada segundo como si fuera el último. Ahí está la magia.

Escribir el juego o leer el juego

Hace unos días, previos al partido entre Manchester City y Real Madrid, leía varios tweets que valoraban con sarcasmo e incluso burla la simpleza de la charla que daba Carlo Ancelotti en uno de los episodios del documental que acaba de estrenarse en Amazon Prime. Algunos de esos tweets cuestionaban cómo era posible que, con tan pobre charla, se hubiese conseguido todo lo que el Real Madrid ganó la pasada temporada. Creo que es una cuestión de percepción. Lo que se ve en ese vídeo, en esa charla, no es simpleza sino sencillez. Y la sencillez es maestría en el más alto exponente.

Isaac Guerrero en su libro «El entrenamiento sistémico basado en las emociones» nos regala una reflexión maravillosa: «El éxito de un jugador en un equipo se fundamenta, entre otros factores, en el encuentro o desencuentro de afectos con los componentes del grupo deportivo hasta obtener concordancias de expectativas e identificaciones de canales de comunicación. […] Estas expectativas pueden ser, entre otras, que el jugador se vea acogido dentro del grupo, que se sienta satisfecho cuando actúa en un sentido que concuerda con el colectivo, o que disfrute cuando se dé cierta complicidad entre sus integrantes o cuando experimente un nivel de bienestar personal alto.»

Con esta reflexión se propone un cambio de paradigma, consistente en aceptar que quizás los entrenadores no somos tan intervencionistas como pensamos (o nos quiere hacer ver nuestro pequeño ego). Prueba de ello, como indica Isaac Guerrero en el propio, es que si por ejemplo en un entrenamiento realizamos una corrección a un jugador sobre un detalle concreto, pasado un tiempo vuelve a cometer (bajo nuestro criterio) el mismo error porque no lo recuerda. Con esto no quiero decir que el entrenamiento no sea importante ni significativo en el crecimiento del deportista, por supuesto que lo es. Pero cada vez estoy más convencido que ser capaces de generar confianza en el jugador, compromiso, motivación, alegría, es mucho más determinante para que se atreva a desarrollar su talento y sea valiente. Emocionar, hacerle sentir parte de algo único, puede ser el desencadenante para que se sienta capacitado para expresarse en el campo tal y como es. Y en eso, Carlo Ancelotti, está demostrando una temporada más ser un absoluto maestro. ¿Cómo lo consigue?

En la respuesta a esa pregunta me viene un reflexión de Menotti sobre cómo entender el trabajo del entrenador: «Debes mirar el fútbol desde los dos lugares, desde lo que plantea el entrenador y el futbolista. El entrenador es un receptor de la magia del futbolista, pero para eso te tienes que preparar para ser un buen observador. Ser capaz de detectar la capacidad de improvisación del futbolista.» Ser capaz de detectar lo que puede llegar a dar el futbolista, probablemente aspectos que ni siquiera él reconozca tener y sin embargo, terminar creyendo que puede. Eso es lo que consigue Carlo Ancelotti y lo está volviendo a hacer esta temporada. Lo que sucede es que no se pone en valor, porque Carlo trabaja en lo intangible, en lo que no se puede ver ni palpar en un terreno de juego ya sea el entrenamiento o el día del partido.

Carlo es tan humilde, tan sencillo, que no somos capaces de percibir el crecimiento de sus jugadores. Pero es Carlo quien consigue que Valverde se atreva a golpear el balón con una determinación pocas veces vista, sin importar la distancia a portería. Es Carlo quien consigue Bellingham, Mbappé, Vinicius o Rodrygo se atrevan a encarar portería, a asumir el regate con atrevimiento y plena convicción de que pueden superar al rival. Es Carlo quien consigue que Asencio marque a Haaland como si llevase jugando en el primer equipo toda la vida. Es Carlo, junto con la ayuda de todo su cuerpo técnico, quienes están consiguiendo que el Real Madrid sea líder en La Liga, semifinalista en la copa del Rey y esté compitiendo de tú a tú a todo un Manchester City, aún teniendo todas las bajas que tiene el equipo. Quizás porque Carlo no pone excusas, se limita a trabajar y ayudar a que sus jugadores crezcan, desde la humildad, desde el compromiso colectivo y desde la valentía.

Carlo Ancelotti hizo creer en Lisboa que en el minuto 93´se puede dar la vuelta a una final de Champions. Eran doce años sin ganar la Champions. Y con ello, se produjo algo que trasciende a todo y llegar hasta el día de hoy: hacer recuperar la grandeza del Real Madrid, que reside en su ADN ganador. Siempre hasta el final. Y uno pelea hasta el final cuando, desde la individualidad, está dispuesto a todo para que el equipo gane. Carlo Ancelotti es capaz de invitar al aporte colectivo a cada jugador, al disfrute de jugar al juego que les apasiona desde niños. Ese grado de intervención en un equipo no entiende de excesivos conos, picas o minivallas. Parte de entender la emoción de las personas que componen ese equipo, cada día, percibiendo cómo están y qué necesitan en cada entrenamiento, para lograr sacar la mejor versión de ellos. Y eso, lamentablemente, no se ve, solamente se puede sentir. Se siente cuando te olvidas de ti, como jefe y recuerdas que estás ahí para ser el líder que tu equipo necesita que seas, no el que quieren que seas.

Como diría Isaac Guerrero en su libro, «más que potenciar la lectura del juego, deberíamos potenciar la escritura del juego ya que lo que lees ya pasó, es por esto que debemos escribir el juego, anticipar las decisiones, aunque sea de manera inconsciente.» Carlo Ancelotti ha decidido escribir el juego, facilitando que emerja el talento que tiene cada jugador, pero partiendo de las emociones. Que se sienta feliz, que sienta que tiene un propósito colectivo por el que pelear, como él dice, «con energía.» ¿Acaso esto no es lo que nos gustaría que tuviera cualquier responsable de equipo/jefe/directivo/entrenador?

Que tengáis un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo.

«El peor líder es aquel a quien la gente desprecia. El buen líder es aquel a quien la gente reverencia. El gran líder es aquel que hace decir a la gente: lo hicimos nosotros.» (Lao Tse)

«Los temas no humanísticos tales como las estadísticas, los diagramas de flujo, las finanzas o la alta tecnología son esenciales para administrar una empresa exitosa, pero las empresas no quiebran por falta de ese conocimiento tecnológico: su fracaso tiene que ver con las personas. Las compañías que quiebran parecen incapaces de aprender que las personas no operan con efectividad no por ser incompetentes en los aspectos técnicos de sus tareas, sino por la forma en que son tratadas por los demás y como ellas tratan a los demás. (William Glasser)

Una banda de jazz

«No hay calidad, ni perfección, ni excelencia, sin ética.»

(Xavier Marcet)

A menudo, cuando se inicia un desafío en un club de fútbol los primeros pasos son poner el foco en la metodología, en los entrenamientos, en el modelo de juego, todo con el fin de poder obtener los tres puntos en el siguiente partido. Pero, de la misma manera y con la misma intensidad, se nos debería plantear la siguiente cuestión: ¿cómo convenzo a ese grupo de jugadores para que jueguen al 120%, de manera consistente, toda una temporada? ¿qué más debe haber para que la pelota ruede con la intensidad necesaria, con ese olor a campeón? Creo que, para todo ello, hay un paso previo: actuar desde la ética y desde la sencillez.

Comportarse de manera ética implica ser consecuente con la persona que tú eres, con el lugar en el que estás, la responsabilidad que tienes, respetar unos límites y unos valores que son innegociables. El cómo importa mucho más que lo que consigues, porque el cómo es lo que te define, es tu comportamiento diario, es tu identidad, es tu marca personal, es lo que te permite comportarte siempre acorde a lo que el equipo requiere de ti. La ética, además, es lo que te permite antes que nada ser humano, comprender, escuchar más que hablar, observar con un detalle extraordinario todo cuanto sucede antes de tomar decisión alguna. La ética es lo que te facilita ser cauto, ser prudente y saber cuándo es el momento, cuál es la manera y qué es necesario decir.

Por otro lado, llevar tu comportamiento diario a una sencillez magistral es evitar que los procesos se alarguen de manera innecesaria, asegurándote que exista la burocracia justa y necesaria, quitar los envoltorios y quedarte con la esencia. No hay nada más difícil que volver los procesos tremendamente complejos en extraordinariamente sencillos. Porque actuar de manera sencilla es hacerlo de una forma altamente eficiente, es decir, invierto el menor tiempo posible, el menor gasto de energía posible, en conseguir el mejor resultado posible. Y para esto, creo, no hay mejor estrategia que conocer a las personas. Un líder da a un equipo lo que necesita, no lo que quiere; y para ello es necesario conocer cada detalle de ese equipo, de ese vestuario, diseñando el contexto necesario para cada momento que permita su crecimiento, su progreso y su evolución colectiva partiendo del crecimiento individual.

Decía Xavier Marcet en una de sus últimas columnas que «no hay excelencia sin crecer haciendo crecer a los demás», y cuando somos líderes, gestores, de un equipo de fútbol, esto es lo que debe marcar la pauta diaria de trabajo. ¿Cuánto hago crecer a mis jugadores? Y esto nos lleva a otra reflexión. ¿Somos capaces de despertar su talento? ¿somos capaces de despertarlo, desarrollarlo y que lo ponga al servicio del equipo? ¿Por qué nos hemos vuelto tan academicistas? ¿Por qué se ha perdido esa esencia del fútbol callejero? Esa esencia, bajo mi punto de vista, nunca debió perderse; porque ese talento de la calle es imprevisibilidad para el rival, es sorpresa, es desconcierto y es duda. Es, al mismo tiempo, lo que hace que el espectador se levante de su asiento, que le genere una emoción inigualable porque ve talento puro, esa esencia del original, la chispa mágica, esa jugada que se queda para siempre en la retina.

Recuerdo una frase de Jorge Valdano, que decía que «el talento es la velocidad punta de la inteligencia», frase que a su vez encuentro tremendamente vinculada a esta otra de Xavier Marcet consistente en que «siempre preferiremos la grandeza de un detalle espontáneo a la perfección enlatada». La grandeza espontánea sucede cuando la persona se siente con la suficiente confianza y está lo suficientemente comprometida con el proyecto, para atreverse a saltarse la partitura. Sí, es verdad, hay veces en las que hay que saltarse la partitura, ser valiente, porque sientes que es el momento de decidir, de marcar la diferencia. Claro está, siempre desde un orden colectivo y salvaguardando esos valores innegociables. Pero el talento, como diría José Antonio Marina, «es la inteligencia bien dirigida»; y dirigir bien es liderar desde el corazón, dando a cada jugador su espacio, su lugar, sus momentos de conversar, de reflexionar, para que a través del diseño de contextos retadores, desafiantes y ambiciosos, sepa que en ese minuto del partido toca saltarse la partitura y hacer un «solo». Como sucede en una banda jazz.

Porque con el tiempo, te vas dando cuenta, de que cada equipo tiene muchas similitudes con una banda de jazz, en la cual como dice Xavier Marcet, «todos tienen su espacio, su momento singular, pero solamente resultan un éxito si colectivamente son capaces de crear algo que vaya más allá de la suma de individualidades. La confianza en los demás es lo que nos permite crear organizaciones en las que el todo trascienda la suma de las partes.» Si somos capaces de generar el contexto adecuado, la confianza y el compromiso aparecen para sintonizar en la frecuencia correcta a todo el equipo. La vida va de comprender, de escuchar, de observar, de analizar, para saber cuál es la mejor decisión a tomar en cada instante, con el único fin de sumar a la persona o personas que tienes a tu lado. No es solamente que sepamos tocar nuestro instrumento a la perfección, sino que sepamos para qué lo tocamos, con quién, cómo y por qué. Eso es lo que da sentido a todo, ese nuestro verdadero sentido, nuestro propósito y cuando uno lo encuentra, lo siente y lo toma; todo se vuelve más sencillo, que no fácil. Ayuda a iluminar, a llenar de brillo los ojos de esas personas y no pararás de obtener la mejor versión de cada uno de ellos. No hay mejor legado que ese.

Aprovecho para desearte una muy Feliz Navidad, que puedas disfrutar muchísimo de estos días rodeado/a de las personas que más te quieren y próspero Año Nuevo. Que el 2025 sea un año repleto de alegrías, de sueños por cumplir y de bendiciones, para ti y tu familia. Un fuerte abrazo y seguimos remando juntos.

«Los líderes no actúan como robots, simplemente inspiran, dan confianza, respiran propósito, ahuyentan arrogancias. No son máquinas expendedoras de powerpoints,: son gente capaz de combinar los planes con la confianza y saben que su trabajo es ayudar a que todos encuentren su espacio y tengan su momento solista, su espacio de aportación singular. Le ponen swing. Desbloquean. Inspiran. Los resultados llegan así, desde la confianza: al crecer haciendo crecer.» (Xavier Marcet)

«Liderar es ayudar a crear oportunidades, comprometerse en concretar oportunidades y tener altura de miras para saber compartirlas.» (Xavier Marcet)

Lecciones de la selección española: Viaje hacia la simplicidad y el éxito

«Seamos libres como el principio de una canción[…], le pido al cielo que pueda reírme de ser como soy.» No es casualidad, leyendo la letra de la canción Potra salvaje, que sea la que más resuena a todo volumen en el vestuario de nuestra selección española que ayer consiguió el pase a la final de la Eurocopa de Alemania. Porque eso es ese grupo de jugadores, libres y desenfadados. Dos componentes que se han perdido de manera progresiva en un fútbol cada vez más rígido, menos flexible y que se olvida por momentos del talento de la calle, ese olor especial de barrio que levanta del asiento al espectador, que le hace vibrar, que emociona a jugador y aficionado.

Ese talento callejero es lo que desprendía el balón de Lamine que entró por toda la escuadra, o el control orientado de Olmo para después pegarle al balón con el alma. Sin temor, con valentía, como si estuvieran en la plaza del pueblo. De eso se trata, en el fútbol y en la vida, de apostar creyendo en ti, de intentarlo, te caes, te levantas, te caes, te levantas. Los resultados extraordinarios, en el fútbol y en la vida, se consiguen cuando uno es capaz de simplificar un mundo complejo en una idea muy simple que lo unifique todo y te guíe. Esto es lo que nos enseña Isaiah Berlin, en su ensayo El erizo y el zorro, donde se relata que el zorro cada día espera en silencio, oculto, en el cruce del camino. Cualquiera diría que es la apuesta segura en este duelo, por su rapidez, velocidad y habilidad. Y más viendo ese andar tranquilo del erizo, que no hace otra cosa que buscar comida y cuidar su guarida.

Sin embargo, en cada enfrentamiento, el desenlace es el mismo. El zorro, pensando que ya lo tiene, salta y brinca a la velocidad del rayo. Sin embargo, el erizo sintiendo el peligro, mira hacia arriba, se enrolla en una perfecta bola de púas afiladas apretando en todas direcciones, haciendo que el zorro desista y se marche al bosque para trazar otra estrategia al día siguiente. La lección que nos regala el erizo es que, por complejo que sea el mundo, lo más importante es ser capaz de reducir todos tus desafíos y dilemas a ideas simples y elementales. Simplificar el mundo complejo en tres puntos, como muy bien indica el autor: 1) En qué puedes ser el mejor del mundo. 2) Qué dirige tu motor. 3) Qué es lo que más te apasiona.

Casualidad o no, estos tres puntos y otros más, son varias de las similitudes que comparten esta selección y la que comandó el Sabio de Hortaleza cuando ganaron la Eurocopa. Ambas tenían muy claro en qué eran los mejores del mundo, sabían qué es lo que dirigía su motor y que les apasionaba el fútbol, pero más allá de eso, les apasiona viajar juntos, sumar, estar comprometidos, que el grupo permanezca unido para así sobreponerse a cualquier contrariedad que se plantee en cualquiera de los partidos. Como dice Jim Collins en su libro Good to Great, «si se suben al autobús las personas adecuadas, será mucho más fácil cambiar la dirección. […] Si en el autobús va la gente adecuada, el problema de cómo motivarla y dirigirla, desaparece. Las personas adecuadas se automotivan por su propio impulso para producir los mejores resultados y formar parte de la creación de algo extraordinario. Tener una visión excelente no sirve de nada si no tienes a la gente adecuada.» Eso, unido al perfil bajo y humilde de Luis de la Fuente gestor y líder de este grupo, son varias de las lecciones que nos regala esta selección española, no solamente para cómo obtener el máximo rendimiento de un equipo de fútbol, también para cómo sacar tu mejor versión en tu día a día, en todos tus ámbitos, y la mejor versión de las personas que están a tu lado.

Decía Stockdale en una conversación con Jim Collins: «Nunca confundas la fe en sobrevivir con saber acatar con disciplina los hechos más adversos que se avecinen, sean cuales sean.» Esto es lo que ha hecho la selección española para llegar hasta la final y es lo que deberíamos tener presente todos, cada día, para seguir creciendo, aportando, sumando valor donde estemos y haciendo mejores a quienes están a nuestro lado. Se trata del viaje, el viaje hacia hacer lo correcto, consiguiendo cada día ser un poquito mejor que ayer, tratando de dar respuesta a la pregunta: ¿Qué estás haciendo aquí? ¿Cuál es tu papel en el mundo? Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo.

Legad8

«El carisma no tiene nada que ver con la energía; deriva de la claridad del por qué. Es fruto de un convencimiento absoluto en un ideal mayor que uno mismo. Por su lado, la energía es consecuencia de una buena noche de sueño o de montones de cafeína. La energía puede entusiasmar; pero solo el carisma puede motivar. El carisma se hace acreedor de la lealtad; de la energía, no.» (Simon Sinek)

Pocas veces se ha podido aprender tanto de un jugador de fútbol, no solamente por su capacidad de entendimiento del juego, sino por su comportamiento diario, su absoluta coherencia entre su entendimiento del juego en particular y de la vida en general. Si hubiera que poner un póster de un jugador de fútbol en todas las academias de fútbol base, sin duda sería de Toni Kroos. Por su carisma con compañeros y rivales; por su convencimiento absoluto en un ideal mayor que él mismo consistente en hacer siempre lo correcto; por su lealtad asumiendo todas las consecuencias.

No había más que ver la manera en la que Toni hacía gestos con las manos nada más salir al césped del Santiago Bernabéu, para saber que esos momentos no le gustan nada. Sí, esos momentos en los que los focos se ponen sobre uno, todos los flashes de las cámaras apuntando a la misma persona. Esos instantes por los que pelean millones de personas cada día sin embargo, él, los detesta. Siempre prefirió el segundo plano, disfrutar de cada entrenamiento, de cada partido, de cada rito como el de limpiar sus propias botas. Algo tan sencillo como esto, pero con el significado tan grande que hay detrás que nos viene a decir «de lo mío, me ocupo yo.» El carisma no se compra, se genera de manera natural, espontánea. Y es más grande conforme a los actos, a los hechos, que definen tu persona en el transcurrir de los días. Es evitar hacer ruido de manera innecesaria pero, al mismo tiempo, defender tus valores, tus creencias y tus ideales, cuando corren el riesgo de perderse.

Siempre tuve la impresión de que Toni se retiraría esta temporada cuando confirmó que quería volver a la selección alemana. ¿Por qué? Porque no se había cansado de repetirlo durante todo ese año: «Mi idea es retirarme en lo más alto.» Es el convencimiento absoluto, tu creencia, lo que hace que mantengas la palabra dada. Ese valor tan inmenso y a la vez, tan pisoteado, la palabra dada. No es sencillo ser consecuente y coherente entre lo que dices y haces, evitar los cambios de decisiones, ser ventajista. Pero vale la pena, no por nada en concreto sino por todo. Por tu integridad, por tu coherencia, por tu autenticidad en tu día a día. Quien es capaz de mantener la palabra, incrementa su valor como persona y en consecuencia, su capacidad para generar una fuerte conexión con todas las personas que le rodean. Genera confianza, compromiso, respeto y una influencia tremendamente positiva en toda la institución. Sin esperar nada a cambio, simplemente porque haces y dices a cada momento lo que entiendes que es lo correcto.

Y por último, son ese carisma y ese convencimiento lo que le ha llevado a mantener su lealtad al Real Madrid hasta las últimas consecuencias, hasta el último partido con la camiseta blanca. Cuando cuidas esos tres elementos, sabes que lo correcto es que te retires en el club que te lo dio todo, a quien le diste todo y con quienes compartiste tantos momentos inigualables. La lealtad no se compra, se gana en el cuidado de los pequeños detalles, muestras de cariño, gestos que vuelven lo sencillo, lo cotidiano, en excepcional, por pura calidad humana. Toni siempre entendió muy bien dos conceptos. El primero, jugar a la velocidad que el equipo necesita, porque cuando uno es un líder con mayúsculas, entiende desde el primer momento que está para servir. Y lo segundo, que el fútbol, como la vida, es un juego de equipo y por eso antepone siempre buscar al compañero mejor posicionado antes que intentar la jugada individual.

Colgará las botas tras la Euro un futbolista excepcional, pero lo que le convierte en leyenda es la persona que ha sabido ser y es desde el primer día hasta hoy. El fútbol necesita más futbolistas como Toni, sencillos, educados, respetuosos con todo y con todos, enseñando que cuando realmente amas algo, uno debe hacer un esfuerzo permanente por cuidarlo. Eso es lo que él ha hecho con el balón, en cada entrenamiento y en cada partido, evitar perderlo. Uno debe encargarse de convertir lo que para el resto puede ser un día más, en un día excepcional. Un oportunidad única para seguir peleando por tu sueño, con motivación, con voluntad, con esfuerzo, simplemente porque entiendes que esto es lo correcto. Que tengáis un muy buen final de semana, un fuerte abrazo.

«La energía siempre se puede infundir en una organización para estimular a la gente a que haga cosas. Bonificaciones, ascensos, otras zanahorias e incluso algún que otro palo pueden lograr que las personas se esfuercen, eso seguro, pero las ganancias, al igual que ocurre con las manipulaciones, tienen un corto recorrido. Con el tiempo, semejantes tácticas cuestan más dinero y aumentan el estrés, tanto para el empleado como para el empleador, y al final se convierten en la principal razón para que gente acuda cada día al trabajo. Eso no es lealtad; eso es la versión empleado de un cliente frecuente. La lealtad de los empleados es cuando rechazan más dinero o beneficios para seguir trabajando en la misma empresa. La fidelidad a una empresa derrota a la remuneración y a los beneficios. Y, a menos que seas un astronauta, tampoco es el trabajo que realizamos lo que nos motiva: lo es la causa por la que acudimos a trabajar. No queremos ir a trabajar para levantar un muro, queremos ir a trabajar para edificar una catedral.» (Simon Sinek)

ADN Real Madrid

«Nuestro Real Madrid solo tenía una consigna que se heredaba a lo largo del tiempo: callar y ganar. Éramos los mejores y nos chillaban por eso, pero nosotros no hacíamos caso a nadie. Éramos un equipo de currantes con frac. Siempre salíamos a ganar. Teníamos respeto incluso a los equipos de Segunda. Nos obsesionaba perder y hacer el rídiculo. Las <<santiaguinas>> que nos daba el presidente eran siempre sobre este asunto. No le gustaba que sacáramos pecho.» (Paco Gento)

A veces el deporte, el fútbol, nos regala reflexiones maravillosas para aplicar en nuestro día a día, sin importar en el contexto en el que trabajemos. En este caso concreto, el Real Madrid nos ha regalado en una semana un auténtico ejercicio de superación, de compromiso colectivo y una capacidad para pelear por tus objetivos que se eleva hasta un nivel inalcanzable. Y la pregunta para quienes nos apasiona la gestión de grupos, tras ver los partidos contra Manchester City y FC Barcelona es: ¿cómo puede ser posible? ¿cómo han sido capaces?

En el Real Madrid han sabido combinar muy bien, en mi humilde opinión, tres componentes: ADN, liderazgo humano y sinergia implacable. En la introducción a este post cito esa reflexión de Paco Gento, que condensa muy bien en qué consiste ese ADN. El Real Madrid ha sido capaz de trasladar, desde entonces hasta el día de hoy, de manera impecable ese ADN traducido en hábito diario. El objetivo de ser los mejores, pero sin compararse con nadie, poniéndote la vara de medir en ti. Al mismo tiempo, lograr el equilibrio tan necesario entre ambición y humildad, consiguiendo que el club crezca cada día, por propia voluntad, por predisposición a querer creer y crecer hasta lograrlo, por sentimiento de pertenencia, compromiso hacia un escudo que sabes que debes dejar en mejor posición que cuando llegaste el primer día.

En segundo lugar, encontramos un liderazgo humano que reside en la figura de Carlo Ancelotti, quien ha sabido entender perfectamente qué es lo que necesita el Real Madrid a cada instante. Y esto es tremendamente importante, porque no todos los liderazgos encajan en cualquier equipo, ni en cualquier institución. Esa pausa tranquila, esa mirada serena pero a la vez cargada de personalidad, ese breve minuto necesario antes de responder en el cual sabe cuál es la frase correcta acorde a cada escenario, a cada momento y con cada jugador han hecho de él que se pasase de calificarle negativamente como «alineador» a ser el entrenador de referencia, con mayúsculas, a tener muy presente a día de hoy. Ha convertido en arte la capacidad de permanecer en un segundo plano, anteponer su humildad a su ego individual, consiguiendo con esto potenciar tanto a jugadores como a cuerpo técnico, encontrándoles su lugar en el cual poder explotar todas y cada una de sus cualidades, para que sumen al grupo. El grupo, eso siempre fue y será lo importante.

Y por último, una sinergia implacable encontrada en el equipo, en esa relación que se ha establecido entre los jugadores, fruto del trabajo primero de toda la dirección deportiva en la toma de decisión respecto a los fichajes, siguiendo una pauta muy clara; y por otro lado, como consecuencia del excelente trabajo de todo el cuerpo técnico y de Carlo Ancelotti, sabiendo ubicar a cada jugador en su contexto, desarrollando todas sus potencialidades, puliendo sus aristas y trabajando mucho en que el jugador sea capaz de encontrar soluciones, dándole esa capacidad y la vez confianza para decidir pero siempre enfocados en sumar al grupo. Han sido capaces de generar un ecosistema en el cual se disfruta de la exigencia máxima, de la inconformidad por querer siempre un poquito más, por propia voluntad individual de sumar al grupo, al equipo, para lograr un rendimiento excepcional. No importa dónde juegue, no importa cuánto juegue; lo único importante es ganar para seguir creciendo, crecer para seguir avanzando y avanzar para estar cada día, cada entrenamiento, cada partido, más cerca del objetivo.

Y yo les pregunto: ¿Quién no querría sentir un ADN similar en su empresa? Se malgasta muchas veces el tiempo en quejarnos, en poner excusas cuando no se consiguen objetivos, cuando en realidad lo único en lo que se está pensando el lunes es en que por favor, que llegue pronto el viernes. El Real Madrid nos ha regalado la semana pasada una lección increíble, sobre qué se necesita para conseguir resultados excepcionales pero también nos han recordado a todos que para conseguirlos no existen los atajos, no existen las medias tintas. Tan solo vale estar bien enfocado y de manera consistente en el tiempo, en sumar, en arrimar el hombro, en mantener intacta tu voluntad de ser un poquito mejor cada día mientras disfrutas al mismo tiempo de ese crecimiento, de esa mejora, no solamente tuya, sino ayudando a quienes están a tu lado. Como diría Don Alfredo Di Stéfano, «ningún jugador es tan bueno como todos juntos.»

Que tengas una muy buena semana, un fuerte abrazo y, ojalá, cada día estés un poquito más cerca de conseguir levantar tu particular Copa de Europa. Todos tenemos una que, algún día, soñamos con alcanzar.

Coherente contigo mismo

«Yo soy como los que nada tienen y todo lo poseen, porque soy coherente con mis ideas.»

(Tomás Moro)

A menudo se habla de la motivación, de la ilusión, por retos nuevos, por objetivos o retos tremendamente desafiantes, pero tendemos casi a la misma velocidad a olvidarnos de la esencia, la nuestra, construida a base de decisiones que deberíamos tomar partiendo de la coherencia. Pero, ¿qué es la coherencia? ¿qué es ser coherente? Ser coherente contigo mismo es alcanzar el equilibrio, el punto medio, entre tener una actitud consistente de vencerme en lo pequeño y poseer una visión de águila, una visión larga, que me ayude a proyectar mis próximos pasos, hacia dónde quiero caminar y cómo quiero transitar ese camino.

Vencerme en lo pequeño, de manera consistente en el tiempo, es evitar las excusas de tener un mal día, decir que hace frío, o estoy cansado/a y seguir hacia delante, seguir creciendo. El crecimiento nos lleva al descubrimiento, a conocer otras ideas, otras perspectivas, otras experiencias, ya que gracias a la suma de todos esos momentos, situaciones, uno termina por comprender que para llegar a donde quieres, debes primero saber por dónde no quieres ir. Aprendes, al mismo tiempo, a saber decir que no. Esto es esencial, porque tan pronto aprendas a decir «no», podrás dedicarte a las cuestiones que importan, disfrutando de la vida que realmente quieres.

Pero todo camino se continúa de la forma adecuada cuando tenemos esa visión de águila, amplia, que nos permite establecer cuáles son las siguientes metas volantes que quiero ir alcanzando y lo más importante aún, para qué quiero seguir transitando por ese camino. Caminar sin sentido es caminar sin rumbo, sin orientación y esto solamente nos conduce, irremediablemente al punto de partida, a no avanzar, a no saber ni tan siquiera por qué me encuentro en este punto. Cuando hablo de metas volantes, de objetivos, sueños, no estoy refiriéndome solamente a cuestiones materiales. Hablo, además, de nuestra vida personal, de saber quién soy, con quién quiero vivirla y cómo quiero afrontarla, porque todo va de la mano.

Y, al menos yo, solamente la entiendo de una manera, que consiste en ser coherente a cada instante con mis principios, mis valores y mis ideas, recordando siempre que el cómo es siempre más importante que lo que consigues, poner en primer lugar el «nosotros» antes que el «yo». Es en el cómo vives cada día donde, al menos para mí, reside la verdadera y plena felicidad que se compone de instantes como despertarte y ver sonreír a tu mujer y al mayor regalo que nos ha dado la vida que es nuestra hija, disfrutar de tus padres viéndoles bien, ver felices, confiados y que quieren seguir creciendo a tus amigos, a tus compañeros de trabajo. Ser capaz, en definitiva, de no perder nunca la sensibilidad de valorar lo pequeño, de apreciar y disfrutar de la luz como el maravilloso regalo que es, porque no durará para siempre.

Que tengáis un fin de semana increíble, un fuerte abrazo y disfruten del camino, tanto como puedan.

«No es el viento el que decide tu destino, es la orientación que le das a la vela. El viento es el mismo para todos.»

(Jim Rohn)

«Recuerda que donde está tu corazón, está también tu tesoro.»

(Helen Schuchman y William Thetford)

«La felicidad no está en la posada, sino en el camino.»

(Don Quijote de la Mancha)

Cosas vs acciones

«Cuando me pregunto qué sigue ya no tengo respuesta, entonces eso la verdad me genera bastante angustia. Creo que ese es el problema, por lo que se vuelven locos los más grandes. Llega un momento en el que haces todo lo que querés, cumplís todo lo que querés. Por eso trato de tener una vida bastante tranquila y ordinaria, porque si llega un momento en el que cualquier cosa que quieres la tenés, entonces no existe margen para la frustración, no existe motivo para ser feliz, no existe motivo para levantarte porque ya lo tenés todo. Es en ese momento cuando me viene la angustia, porque veo que se me va a ir de las manos y no quiero que sea ahora.»

(Duki)

Quiero despedir este año 2023 con esta reflexión que nos regalaba el cantante Duki el pasado 1 de diciembre, mientras se encontraba en la presentación de la gira de sus próximos conciertos. Instantes después de esas palabras, tuvo que abandonar la sala de prensa visiblemente emocionado. Y la reflexión que a mí me genera, es que quizás debiéramos sustituir una palabra por otra, reemplazando la palabra «cosa» por la palabra «acción.»

Si llevamos nuestra mirada hacia las cosas que se pueden comprar, hacia lo que se vuelve alcanzable, hacia lo tangible, en un momento u otro puedes llegar a sentir que la vida carece de sentido, que no encuentras la felicidad por más que la persigues, por más que la compras. Nunca te abandona esa sensación de que siempre te falta un poquito para llegar. Sin embargo, te propongo ahora ese cambio de palabras, introduciendo la palabra acción. ¿Qué es lo que sucede? Que una acción va ligada a un sentido, a un propósito trascendente, que va mucho más allá de ti mismo. El sentido y el propósito deben ser dignos, decentes, moralmente intachables y eso solamente se llega a conseguir cuando eres capaz de mantener tu brújula interior siempre enfocada.

Lograr mantener esa brújula interior siempre bien enfocada implica conocerse y reconocerse, crecer y ayudar a crecer, amar de verdad, emocionarse, no dejar nunca de dar las gracias, ser humilde y aprender de cada instante, de cada persona y de cada lección que te regalan. Mantener nuestra brújula interior siempre bien enfocada es, en definitiva, cultivar nuestro interior para dar lo mejor de nosotros mismos, para que cada decisión que tomemos sea desde la dignidad, desde la integridad y la decencia, recordando que el cómo vivimos, es mucho más importante que lo que conseguimos. Cuando nuestra brújula interior está bien enfocada, nos lleva hacia un norte donde las cosas dejan de ser importantes, los sitios dejan de ser relevantes y donde lo realmente esencial es cómo y con quién vives cada momento, cada instante, en esa ruta, en ese camino, que te lleva hacia un norte que no te conduce a ninguna meta final, siempre será una meta volante que te planteará la misma pregunta: ¿Y ahora qué?

Una pregunta que no está relacionada con cosas, sino más bien, contigo, con tus inquietudes, con tu crecimiento personal, con aprender cada día un poco más y mejor, para saber cómo darte a las personas que quieres y que te quieren. Es una pregunta, además, maravillosa, porque te permite recordar permanentemente que la felicidad, eso que se tiende a perseguir a veces hasta con un punto de desesperanza, no es otra cosa que estar aquí y ahora. Que la felicidad es saber apreciar la belleza de cada instante, como lo que realmente es, un momento que no se volverá a repetir. Cuando se adquiere este nivel de conciencia, uno empieza a percibir y a saber diferenciar, lo que es importante y lo que es urgente. Y llegados a este punto, lo que uno pide cada noche al acostarse es que lo importante, las personas que amas, tengan la mejor salud posible para seguir disfrutando de este maravilloso viaje que es la vida. Todo lo demás, deja de ser relevante.

Por ello, para este nuevo año 2024 que está a puntito de llegar, les deseo la mejor salud posible para seguir caminando hacia delante, una brújula interior siempre bien enfocada que les ayude a tomar las decisiones correctas a cada momento y mucho amor, para quererse bien y querer como se merece a las personas que están a tu lado. Que el amor de verdad, la actitud de campeón y la nobleza de su corazón, les lleven por un 2024 cargado de salud, paz y felicidad, un abrazo muy grande.

«Atreverse es perder el equilibrio momentáneamente. No hacerlo es perderse a uno mismo.»

(Soren Kierkegaard)

«La perfección moral lleva consigo que se viva cada día como si fuere el último, sin apresurarse ni amilanarse ni obrar con ficción.»

(Marco Aurelio)

«Sólo el árbol que ha resistido las embestidas del viento es realmente vigoroso, porque es en esa lucha cuando sus raíces, puestas a prueba, se hacen fuertes.»

(Séneca)

«Eres lo que compartes.»

(Charles Webster Leadbeater)

«Es mucho más hermoso iluminar que simplemente brillar; de la misma manera que es más hermoso transmitir a los demás lo que se ha contemplado que sólo contemplar.»

(Santo Tomás de Aquino)