Unión FC

¿Qué sentido tiene?

Desde hace unos meses que estoy trabajando en la dirección deportiva de un club de fútbol, nuestro querido Unión FC, hay una pregunta que intento tener siempre en mente para mantener bien el foco: ¿cuál es el valor principal de todo lo que hacemos? ¿Qué sentido tiene todo este trabajo en el fútbol? Para mí hay una respuesta muy clara: prefieren estar aquí, haga calor, llueva, haga frío; entrenando, compartiendo este tiempo de entrenamiento juntos y crecer cada día un poquito más; antes que estar mismamente en la calle.

Me dio que pensar una imagen que vi, que indicaba lo siguiente: «un pibe corriendo en la cancha, uno menos en la calle.» Y como diría Pablo Aimar, «no es poco, pasarla bien». Porque, tal y como están las estadísticas de abandono deportivo conforme los chicos y chicas tienen más edad, es ya todo un reto conseguir fidelizarlos a un club, a un equipo, a unos valores, a una identidad, a una manera de ser y entender no solamente el fútbol, la vida. Si atendemos a las cifras, las tasas de abandono varían entre el 30 y el 60%, siendo la edad crítica alrededor de los doce años; habiendo posteriormente otro pico en el porcentaje de abandono entre los 12 y los 16 años. En España, el 86% de los adolescentes no realiza la actividad física recomendada por la OMS. Y si buscamos un motivo, aparece que el factor determinante que propicia un 70% de abandono de la práctica deportiva en niños y niñas es la especialización temprana. Nos estamos equivocando por completo en dónde ponemos el foco.

Por todo ello, sería conveniente recordar que el deporte en equipo te enseña a competir por ser un poquito mejores que ayer, a entrenar para mejorar, para aprender, porque nunca es tarde para mejorar un poquito más. Aceptar que a veces otro está mejor que tú, pero que en ti puede estar la oportunidad de darle la vuelta al partido en la segunda parte. Nadie es menos, nadie es más, porque todos son imprescindibles para que ese equipo desprenda olor a campeón. Ya no es solo los beneficios físicos, fisiológicos y de bienestar emocional que genera la práctica deportiva, la realización de actividad física. Es que, además, genera un sinfín de experiencias compartidas en forma de aprendizaje que le valdrá, no solamente para esa temporada, sino para la vida.

Este fin de semana se inician ya la mayoría de competiciones en fútbol base, hoy muchos niños y niñas se irán a la cama de los nervios, inquietos, pensando en cómo será eso de jugar un partido de liga. Nosotros, los adultos, tenemos una responsabilidad tremendamente alta en esto, porque en nuestra mano está que sea un momento de disfrute o un momento que quieran olvidar de su cabeza para siempre. Seamos ejemplo de deportividad, de valores, sepamos generar ese contexto de calma tan necesario para ellos y ellas, en el cual sientan que pueden crecer, que pueden ser valientes, pedir el balón y tomar decisiones por sí solos. Esto es lo que te da el deporte, la posibilidad de crecer y creer, de ser valiente, de seguir construyendo tu personalidad para ser cada día un poquito mejor que ayer y, en consecuencia, ayudar al resto del equipo en esa misma tarea. Una tarea que no debe ser otra que la consistente, como se relata en la serie de Ted Lasso hablando sobre Van Gogh, en la búsqueda de la belleza. «Porque cuando encuentras la belleza, encuentras inspiración. Si es que te mantienes tan determinado como Vicent Van Gogh. Nunca pares, no importa cuántos sean los fracasos.»

Cuando formamos parte de un club de fútbol, nuestro propósito va mucho más allá de ganar el partido. Nuestro propósito último debe ser la búsqueda de esa belleza, que reside en la construcción de una cultura correcta de club, sustentarlo en unos valores innegociables que hagan que el cómo compite cada uno de nuestros jugadores sea más importante, por la dignidad y la integridad con que compite, que el resultado que consiguen en cada partido. El fútbol es mucho más que ganar ligas, el fútbol es el medio para que disfruten, para que crezcan, para generar legado en todos ellos, para que recuerden que los viajes se emprenden y acaban juntos, sin fisuras, con honestidad, con decencia y tratando de dejar siempre la camiseta en mejor posición de cómo la encontraste. Esa es nuestra responsabilidad última, ese aporte de valores que hagan crecer a una sociedad que, precisamente, cada vez más carecen de ellos.

Un fuerte abrazo y feliz semana,

Legad8

«El carisma no tiene nada que ver con la energía; deriva de la claridad del por qué. Es fruto de un convencimiento absoluto en un ideal mayor que uno mismo. Por su lado, la energía es consecuencia de una buena noche de sueño o de montones de cafeína. La energía puede entusiasmar; pero solo el carisma puede motivar. El carisma se hace acreedor de la lealtad; de la energía, no.» (Simon Sinek)

Pocas veces se ha podido aprender tanto de un jugador de fútbol, no solamente por su capacidad de entendimiento del juego, sino por su comportamiento diario, su absoluta coherencia entre su entendimiento del juego en particular y de la vida en general. Si hubiera que poner un póster de un jugador de fútbol en todas las academias de fútbol base, sin duda sería de Toni Kroos. Por su carisma con compañeros y rivales; por su convencimiento absoluto en un ideal mayor que él mismo consistente en hacer siempre lo correcto; por su lealtad asumiendo todas las consecuencias.

No había más que ver la manera en la que Toni hacía gestos con las manos nada más salir al césped del Santiago Bernabéu, para saber que esos momentos no le gustan nada. Sí, esos momentos en los que los focos se ponen sobre uno, todos los flashes de las cámaras apuntando a la misma persona. Esos instantes por los que pelean millones de personas cada día sin embargo, él, los detesta. Siempre prefirió el segundo plano, disfrutar de cada entrenamiento, de cada partido, de cada rito como el de limpiar sus propias botas. Algo tan sencillo como esto, pero con el significado tan grande que hay detrás que nos viene a decir «de lo mío, me ocupo yo.» El carisma no se compra, se genera de manera natural, espontánea. Y es más grande conforme a los actos, a los hechos, que definen tu persona en el transcurrir de los días. Es evitar hacer ruido de manera innecesaria pero, al mismo tiempo, defender tus valores, tus creencias y tus ideales, cuando corren el riesgo de perderse.

Siempre tuve la impresión de que Toni se retiraría esta temporada cuando confirmó que quería volver a la selección alemana. ¿Por qué? Porque no se había cansado de repetirlo durante todo ese año: «Mi idea es retirarme en lo más alto.» Es el convencimiento absoluto, tu creencia, lo que hace que mantengas la palabra dada. Ese valor tan inmenso y a la vez, tan pisoteado, la palabra dada. No es sencillo ser consecuente y coherente entre lo que dices y haces, evitar los cambios de decisiones, ser ventajista. Pero vale la pena, no por nada en concreto sino por todo. Por tu integridad, por tu coherencia, por tu autenticidad en tu día a día. Quien es capaz de mantener la palabra, incrementa su valor como persona y en consecuencia, su capacidad para generar una fuerte conexión con todas las personas que le rodean. Genera confianza, compromiso, respeto y una influencia tremendamente positiva en toda la institución. Sin esperar nada a cambio, simplemente porque haces y dices a cada momento lo que entiendes que es lo correcto.

Y por último, son ese carisma y ese convencimiento lo que le ha llevado a mantener su lealtad al Real Madrid hasta las últimas consecuencias, hasta el último partido con la camiseta blanca. Cuando cuidas esos tres elementos, sabes que lo correcto es que te retires en el club que te lo dio todo, a quien le diste todo y con quienes compartiste tantos momentos inigualables. La lealtad no se compra, se gana en el cuidado de los pequeños detalles, muestras de cariño, gestos que vuelven lo sencillo, lo cotidiano, en excepcional, por pura calidad humana. Toni siempre entendió muy bien dos conceptos. El primero, jugar a la velocidad que el equipo necesita, porque cuando uno es un líder con mayúsculas, entiende desde el primer momento que está para servir. Y lo segundo, que el fútbol, como la vida, es un juego de equipo y por eso antepone siempre buscar al compañero mejor posicionado antes que intentar la jugada individual.

Colgará las botas tras la Euro un futbolista excepcional, pero lo que le convierte en leyenda es la persona que ha sabido ser y es desde el primer día hasta hoy. El fútbol necesita más futbolistas como Toni, sencillos, educados, respetuosos con todo y con todos, enseñando que cuando realmente amas algo, uno debe hacer un esfuerzo permanente por cuidarlo. Eso es lo que él ha hecho con el balón, en cada entrenamiento y en cada partido, evitar perderlo. Uno debe encargarse de convertir lo que para el resto puede ser un día más, en un día excepcional. Un oportunidad única para seguir peleando por tu sueño, con motivación, con voluntad, con esfuerzo, simplemente porque entiendes que esto es lo correcto. Que tengáis un muy buen final de semana, un fuerte abrazo.

«La energía siempre se puede infundir en una organización para estimular a la gente a que haga cosas. Bonificaciones, ascensos, otras zanahorias e incluso algún que otro palo pueden lograr que las personas se esfuercen, eso seguro, pero las ganancias, al igual que ocurre con las manipulaciones, tienen un corto recorrido. Con el tiempo, semejantes tácticas cuestan más dinero y aumentan el estrés, tanto para el empleado como para el empleador, y al final se convierten en la principal razón para que gente acuda cada día al trabajo. Eso no es lealtad; eso es la versión empleado de un cliente frecuente. La lealtad de los empleados es cuando rechazan más dinero o beneficios para seguir trabajando en la misma empresa. La fidelidad a una empresa derrota a la remuneración y a los beneficios. Y, a menos que seas un astronauta, tampoco es el trabajo que realizamos lo que nos motiva: lo es la causa por la que acudimos a trabajar. No queremos ir a trabajar para levantar un muro, queremos ir a trabajar para edificar una catedral.» (Simon Sinek)

Caminando juntos

«Cuando te levantes por la mañana, piensa en el precioso privilegio de estar vivo, respirar, pensar, disfrutar y amar.»

(Marco Aurelio)

Hace dos noches me emocionaba con mi mujer, mucho, recordando las primeras clases con nuestros alumnos de 1º TSEAS y 1º TSAF DUAL, en especial con una de las clases en las que hablábamos sobre las preguntas básicas. Preguntas como «¿cuál es el mayor reto conseguido? ¿qué puedo aportar? ¿cuál ha sido mi peor momento?» nos permitieron generar un espacio para la escucha desde el corazón, para compartir momentos y, al mismo tiempo, darnos cuenta de cuántos puntos en común tenemos, cuánto compartimos.

Pero hubo un instante que me emocionó mucho, al leer los objetivos individuales y colectivos que se marcan para este curso: «Ser feliz y tener un trabajo que me llene. Trabajar en algo que me dé validez y llevar una vida con la que me sienta satisfecho y equilibrado. Sacarnos el grado siendo felices. Ayudarnos para salir adelante. Ser mejor que ayer.» Cuando como profesor te pones delante de la pizarra y lees cada uno de estos objetivos, no puedes evitar emocionarte. La educación, la formación, nos permite la gran suerte de poder generar estos momentos que son la mejor palanca posible para que quieran crecer, querer avanzar y caminar hacia delante. Es una tremenda responsabilidad que se transforma en felicidad diaria cuando estás con ellos, cuando sientes la fuerza que les da sentirse escuchados de verdad y que les miras con optimismo, con ilusión, transmitiendo ganas, energía y por qué no, empezar a pensar que puedo llegar hasta donde me proponga a base creer, a base de insistir y ser constante.

Estuvimos hablando también de la importancia de seguir siendo agradecidos, de recordar que tenemos una cama donde dormir, una familia en la que sujetarnos y seguir creciendo, un plato de comida, un desayuno, un vaso de leche caliente. Según vas diciendo esto notas cómo se perciben las caras emocionadas, porque estás haciéndoles recordar por todo lo que han pasado para llegar a estar donde están sentados, en ese aula, esperando aprender tanto como sea posible. Y es en ese instante cuando te das cuenta, de que esa emoción, esa ilusión máxima que tienen, es lo que te hace a ti ir cada mañana a dar clase a la universidad como un auténtico avión. Es lo que te hace generarles preguntas, hacerles pensar, ayudarles a crecer generando el mejor contexto posible, a base de autenticidad, honestidad, coherencia y sinceridad. Un profesor nunca debe darle a un alumno lo que quiere, sino lo que necesita. Tener la capacidad para afrontar conversaciones difíciles, escuchando desde el corazón y hablando con honestidad, sin dañar a la persona.

Ayudar a crecer a un grupo de alumnos, a un equipo deportivo o a un departamento, es estar dispuestos a cambiar la velocidad, con tal de llegar juntos al objetivo común, haciendo el camino juntos. Como decía Dave Cooper, «ser vulnerables juntos es la única manera que un equipo tiene de volverse invulnerable.» Aprender, crecer, mejorar, para ser como muy bien decía uno de ellos mejor que ayer. Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo.

«Felicidad. Una palabra que la empleamos poco y que es la base de la vida. Lo más grande que le puede pasar a un ser humano es trabajar en lo que te gusta y levantarte a la hora que quieres. […] Lo más importante es ser número uno en la vida.»

(Pepe Domingo Castaño)

Echa un vistazo

¿Cuántas veces miramos el móvil por pura inercia? ¿Cuántas veces lo has cogido hoy, por ejemplo, hasta leer este post, simplemente porque no tenías «nada que hacer»? ¿Necesitamos estímulos? ¿Tan necesitados estamos de noticias? ¿O es consecuencia de que vamos sin rumbo? ¿Cuánto aguantas leyendo un libro, disfrutándolo? ¿A cuánta velocidad va tu vida? Si vas a mil por hora, igual te conviene empezar a planteártelo de otra manera.

Hace unos días me dispuse a ver uno de los partidos de la fase final de la Kings League, para descubrir ese nuevo fenómeno y saber en qué consistía exactamente. Es cierto que su preparación, montaje y desarrollo tienen una magnitud y un impacto increíbles (a la vista está que el estadio Civitas Metropolitano estaba lleno desde primera hora de la tarde y hubo, otra vez, récord de visualizaciones en todas las plataformas donde se emitió). Pero, a mí, se me planteó una sola pregunta: ¿Cómo hemos llegado a este punto?

Según veía el partido, descubría el paralelismo que tenía el desarrollo del partido con las redes sociales, es decir, la facilidad de ver un reel y otro en instagram, cantidad infinita de vídeos cortos en tik tok; todo se desarrollaba con el mismo patrón: breve duración, muestra de las últimas tendencias basada en tus últimas búsquedas, estímulos de alto impacto, para así mantenerte absorto tanto tiempo como sea posible. Durante un partido de la Kings League puedes ver desde el propio partido, pasando por situaciones de 1vs1 hasta la utilización de cartas en forma de «armas secretas» que faciliten subir un gol al marcador. Estímulo tras estímulo para mantenerte conectado al partido, pero desconectado de todo lo demás, que en realidad es lo que importa.

La primera reflexión que me vino fue que esto, salvo que son varios jugadores y se juega con un balón, difiere mucho del fútbol que entendemos, en el cual se juega durante toda una temporada, con jugadores que pueden ser titulares, suplentes o quedarse en la grada por ser reservas, partidos de una duración de noventa minutos, etc. Y me planteaba la siguiente pregunta: Si en el fútbol, que mueve millones de seguidores, supone una tremenda dificultad el hecho de mantener la atención sostenida en el tiempo por parte de un alto porcentaje de espectadores, ¿qué sucede con la educación? ¿cómo estamos formando? Mi planteamiento consiste en que, creo, estamos generando un problema desde la base en el preciso instante en que, cuando el pequeño o la pequeña molesta, darle una tablet o smartphone para que se entretenga. ¿Por qué? Sencillamente porque estamos pasando de ESTAR con ellos, en su proceso de crecimiento y maduración, a convertirnos en meros espectadores a quienes solo nos faltan las palomitas. Pero esto último dista mucho de lo que es educar.

Cada vez se comprimen más las clases, los contenidos teóricos, al mismo tiempo que se añaden más y más avances tecnológicos, más TICs ,en definitiva, más accesorios, más extras, a ese proceso de maduración, de crecimiento de cada persona desde su infancia. En consecuencia, cada vez menos exigencia para mantener la atención sostenida, menos capacidad para la reflexión, para el pensamiento crítico y más expulsiones de las aulas por el uso indebido del teléfono móvil. ¿Realmente están aprendiendo o están pasando de curso? ¿Van a ser adultos competentes en su futuro puesto de trabajo o serán incapaces de generar confianza y credibilidad en su primera entrevista como candidatos a ese puesto?

Pero si nos vamos al plano personal, ¿cómo está afectando esta tendencia a volver todo proceso más breve en el tiempo? Afecta desde el momento en que, estando con la persona con la que amamos, o con nuestros padres, o con nuestros amigos, necesitamos permanentemente mirar las historias del instagram, mirar los doscientos grupos de whastapp o estar más pendiente de mostrar dónde estamos de vacaciones, o la película que estamos viendo, antes que disfrutar con esa persona. Sin darnos cuenta, estamos perdiendo de manera lenta pero progresiva, la capacidad de apreciar la belleza de cada instante, de saber captar la esencia de cada mirada, de cada caricia, de cada abrazo o cada risa. Cada vez menos humanos, menos enfocados en lo que importa y más pendiente de aparentar lo que en realidad no somos.

Las relaciones personales de hoy, ya sean familiares, de amistad o de pareja, no duran porque no se cree en el largo plazo. Se evita apostar de verdad por esa persona, porque eso exige amar sin condiciones, sin límites, exige honestidad, autenticidad, humildad, sencillez y generosidad. Es dar simplemente porque entiendes la vida de esa manera, porque no necesitas cortar esa relación por aburrimiento y mañana conocer a otra persona. Eres feliz, plenamente, con todo lo que tienes y lo sabes valorar cada día, porque has entendido que la monotonía es maravillosa y que, lejos de ser necesario estar en un permanente bucle de viajes, comidas o cenas en sitios guays (estímulos y más estímulos, de manera repetida en el tiempo), lo único que necesitas es a esa persona o a esas personas para ser feliz y felices.

Hay un concepto muy relacionado con esto en fútbol, que se denomina «amateurismo», consistente en que jamás pierdas la esencia, la pasión, el compromiso, la alegría, que tienes en ti como entrenador, sea cual sea la categoría en la que compita tu equipo, porque al final estás ahí porque te apasiona el fútbol, porque te apasiona sacar lo mejor de tus jugadores, de tu cuerpo técnico y disfrutar de cada entrenamiento como si fuera el último. La idea de que cada entrenamiento es el contexto ideal para que cada jugador muestre lo que es y atisbe lo que puede llegar a ser, en lo que puede convertirse, a base de pasión, de compromiso y esfuerzo por y para un colectivo. Es un instante de desconexión, fuera móviles, fuera tablets, solamente existen mis compañeros, mis jugadores, dos porterías y el balón. ¿No es maravilloso?

Pues esta es la reflexión con la que quiero acabar este post, invitándote a que traslades ese «amateurismo» a tu vida diaria, a tu relación con tu pareja, con tu familia, con tus amigos. Nunca pierdas la esencia de ser quien eres y a la vez quien quieres ser, que sepas captar la magia de un beso, de un abrazo, de una mirada que dispara chispas de alegría, amor y pasión, porque la vida es y será siempre la acumulación de momentos, de instantes, de segundos en los cuales en tu mano está ser capaz de captar y generar todo eso o, por el contrario, encontrarlo aburrido y centrar tu atención en tu móvil, en esa búsqueda permanente de likes para seguir creyendo que molas mucho.

Que tengas una muy buena semana y un mejor verano para desconectar, disfrutar y sonreír tanto como te mereces. Un fuerte abrazo,

«Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia, donde quiera que estén.»

(Miguel de Cervantes; «Don Quijote de la Mancha)

«La gente nunca quiere ser parte del proceso, pero quieren ser parte del resultado. El proceso es donde descubres quién merece ser parte del resultado.»

(Anónimo)

«No te permitas dar límites en los sueños que tengas en la vida: la edad, las limitaciones físicas, lo económico, nada. Solo debes pensar un poco más, solo un poco más. Seguro estarás pensando, «pero tengo que ser coherente, tampoco debo fijarme metas que son factibles.» Tienes toda la razón, pero el ser humano responde en función de las condiciones que se plantea, es decir, se hace más fuerte en la medida en que las circunstancias le exigen serlo.»

(Fabián Goleman)

Talento infinito

Recién comenzado el verano, uno como profesor, entrenador de fútbol; formador en definitiva, tiene más tiempo para pensar, para reflexionar, sobre lo acontecido en este curso o temporada y así ver hacia dónde vamos en la formación de nuestros estudiantes, de nuestros deportistas. A veces, como decía Leiva en una entrevista reciente, es necesario «volver al punto de partida para recordar por qué empezaste.» Esa debería ser la primera pregunta que, una vez terminado todo, te vuelvas a formular: ¿Por qué decidí ser profesor/a, entrenador/a, formador/a? Mi respuesta la tengo clara: el desarrollo del talento.

Cuando hablo o pienso sobre el concepto de talento, me vienen a la cabeza dos reflexiones tremendamente genuinas. La primera es de José Antonio Marina, quien define el talento «como la inteligencia bien dirigida.» Es decir, la capacidad para tomar buenas decisiones, que sean eficaces y eficientes al mismo tiempo. Generar en nuestros estudiantes, en nuestros deportistas, la capacidad de analizar, pensar, razonar y posteriormente decidir, escogiendo la solución más adecuada para ese determinado problema, en ese contexto concreto, de manera autónoma y por sí mismos.

Por otro lado, instantáneamente me viene a la memoria la reflexión de Jorge Valdano, quien en otra entrevista definió el talento como «la velocidad punta de la inteligencia»; introduciendo de manera más palpable si cabe la unidad de tiempo, es decir, ser capaz de tomar decisiones en el menor tiempo posible, con gran capacidad de anticipación al rival para de esa forma generar ventaja, ocupando espacios, habilitando compañeros, para hacer gol. Y aquí se me plantea una duda, ¿el objetivo es simplemente hacer gol? Si lo trasladamos a la educación, ¿el objetivo es simplemente aprobar o sacar buenas notas? Para mí, creo que aquí está uno de los errores cuando nos ponemos a programar, a planificar y desarrollar lo que será el curso que viene o la temporada que viene.

El talento, para mí, es todo lo mencionado anteriormente más pasión, emoción, voluntad y, todo ello, multiplicado por equipo. ¿Por qué? Es sencillo. Cada uno de nosotros, cuando está en la butaca del espectador, ¿qué nos emociona? Efectivamente; el talento en su máximo exponente. Ahora bien, para que esto se produzca en un contexto de competición, en un contexto de tantísima exposición de cara al público, ¿cuál es el trabajo previo a realizar? Generar en ese deportista, en ese alumno, el contexto en el cual crezca mientras se potencia aquello que le apasiona, aquello que le emociona. ¿Para qué? Para que encuentre un sentido en lo que hace, una utilidad, un significado especial que le lleve a esforzarse, a trabajar más y más, para así desarrollar su voluntad. Y, en consecuencia, su autonomía. Las personas, cuando encuentran el sentido y propósito de su tarea cotidiana, transforman el esfuerzo obligado en voluntad compartida. Y justo ahí, aparece el aroma de equipo.

Es en ese instante cuando cada uno comprende que necesita del otro, porque en la vida ,si existe una competición, esa debe ser única y exclusivamente consigo mismo, en lugar de contra el otro. Dice Zygmunt Bauman que «las aptitudes que más necesitamos para dar a esa esfera pública una oportunidad razonable de recuperación son las relacionadas con la interacción con otras personas: dialogar, negociar, comprenderse mutuamente y gestionar o resolver conflictos que inevitablemente surgen en todo ejemplo de vida compartida.» Como profesores, entrenadores y formadores, deberíamos enfocarnos mucho más en generar el contexto más adecuado, pasar posteriormente al cómo desarrollamos nuestra metodología con ellos, descubrir quiénes son, ayudarles, guiarles hacia su talento y así, juntos, llegar a qué queremos que aprendan. El concepto, la idea, las definiciones a aprender, siempre las van a tener a mano; por esa sencilla razón importa mucho más que, a partir de lo que les emociona, lograr que generen sus herramientas en un contexto lo más parecido posible al que luego se encuentren en su vida adulta, ya sea en su trabajo o en la competición.

Uno solamente llega a descubrir su talento, aquello que le apasiona, cuando empieza a conocerse de verdad. Pero para eso hay que dar, previamente, un pasito de valentía, un pasito de atrevimiento para reconocerse y saber quién eres, con tus virtudes y tus defectos, aceptándote tal y como eres. Solamente así comienzas a conectar, comienzas a sentirte vivo, a sentir que puedes aportar como persona. Conocerse y reconocerse es, al mismo tiempo, evitar dar ciertas cosas por hecho, porque a veces te puedes sorprender descubriendo, como decía Leiva, que «todo lo que me acompleja, quizás sea lo que más conecta.» Y uno solamente empieza a quitarse los complejos, los miedos, los temores, y pasa a descubrir lo que más le conecta con el mundo cuando percibe cariño y exigencia desde pequeño, en el deber de tratar de ser su mejor versión cada día.

Ese deber es el que debemos trasladar a nuestros estudiantes, a nuestros deportistas, a base de cariño, de respeto y al mismo tiempo exigencia con lo que uno es y consecuente con la persona en la que quiere convertirse a futuro. Esa misma persona que vemos nosotros, cuando los tenemos delante, cada día, como formadores. Formar es generar oportunidades de crecimiento, para que poco a poco se desarrolle el talento infinito que toda persona tiene dentro de ella. Por la sencilla razón consistente en que, cuando el talento toca la partitura con cariño y ternura, consciente de que ese instante es finito, la emoción que se genera en su corazón y en el de las personas que lo ven, se convierte en un momento mágico e infinito.

Que tengáis una muy buena semana y sed valientes, sigan creciendo, sigan hacia delante y mirando a la vida con ilusión, con una sonrisa y tratando a cada instante como lo que es, un momento que no volverá a repetirse. Un abrazo muy grande,

«Siempre te pone otra copa»

«Muchos entrenadores pueden gritarte o ser simpáticos, pero lo que hace Pop es distinto-relata el entrenador auxiliar Chip Engelland-. Hay dos cosas que para él son imprescindibles: siempre te dice la verdad, sin andarse por las ramas, pero al mismo tiempo te apoya a muerte.»

Cada vez cuesta más encontrar equipos de trabajo con mayúsculas, esa clase de equipo en el que cada uno está dispuesto a hacer lo que haga falta por la persona que tiene a su lado. Y al mismo tiempo, quizás por esa sencilla razón más me apasiona profundizar sobre este tema, aprender cómo se genera, se construye y se mantiene de forma duradera en el tiempo un equipo de trabajo de verdad, un equipo que multiplica su rendimiento año tras año.

Por eso, hoy quiero compartir contigo lo que he leído y he estudiado sobre Gregg Popovich, uno de los mejores entrenadores de la NBA de todos los tiempos, sobre su comportamiento diario con los jugadores, cómo entiende que debe funcionar un equipo para alcanzar logros deportivos excepcionales.

Pensó en Tim Duncan como eje del equipo, de la franquicia, el jugador en torno al cual formar un equipo. Y para ello, se fue de viaje a Islas Vírgenes, donde vivía él, con el fin de conocer a la estrella universitaria. Pasaron cuatro días recorriendo la isla, conociendo a la familia y amigos de Duncan, a nadar en el mar y hablar de todo un poco, salvo de baloncesto. Quería conectar con esa estrella universitaria, ahondar un poco más y comprobar si era lo bastante duro, desinteresado y humilde. Con el paso de los años y el transcurso de las temporadas, ambos forjaron una suerte de relación paternofilial, una conexión de confianza absoluta y despojada de todo tipo de formalidad.

Ahora, para conocer cómo entabla la relación con el resto de jugadores, nos trasladamos a una mañana del 4 de abril de 2014, en la que se respira un ambiente tremendamente incómodo. La noche anterior, los Spurs pierden contra los Oklahoma City Thunder, desaprovechando además una pronta ventaja de 20 a 9, para luego abandonarse a una serie de canastas fallidas y pérdidas de balón. ¿Y cómo entra Gregg Popovich a ese entrenamiento? Con una bandeja de cartón con fruta, un tenedor de plástico y una sonrisa cruzada de lado en la cara. Deja su bandeja y empieza a dar vueltas por el gimnasio, mientras charla con todos y cada uno de sus jugadores. Un toque de codo por aquí, un toque de hombro por allí, les habla en distintos idiomas, se ríe, le brillan los ojos, cómplices, atentos. Como diría R.C. Bunford, director general de los Spurs: «Así es como entiende Pop las relaciones. Siempre te pone otra copa.»

Unos minutos antes, los Spurs se habían reunido en la sala de vídeos para repasar el partido. Se esperaba un visionado de errores, fallos tácticos pero, contra todo pronóstico, lo que salió en la imagen cuando Popovich pulsó el botón fue un documental de la CNN sobre el quincuagésimo aniversario de la Ley del Derecho al Voto. Cuando terminó, Popovich empezó a hacerles preguntas. Siempre hace el mismo tipo de preguntas, personales, directas, centradas en lo fundamental. ¿Y todo esto para qué? Para transmitir la idea de que hay cosas más importantes que el baloncesto, con las que todos estamos conectados. Aprovecha estos momentos para conectar a todo el equipo, para hacerles sentir unidos e integrados.

Otro aspecto importante, es cómo los Spurs organizan el plan de comidas y cenas de equipo. Por un lado, están las cenas de equipo, reuniones habituales del equipo al completo. Después vienen las cenas de grupos más pequeños, encuentros de unos pocos jugadores. Y por último, todas las noches que pasan fuera antes de un partido, están las cenas turísticas. Las organiza Popovich, elige él los restaurantes, a veces incluso dos por noche, para explorar.Y no se trata de organizar cenas que se olvidan al día siguiente; sino momentos que quedan reflejados de forma imborrable en un libro forrado en cuero con los menús y las etiquetas de los vinos que se consumieron en cada local, que se entrega a cada entrenador asistente y a cada jugador. Conectar, conectar y volver a conectar.

De tal forma que, si atendemos a los detalles anteriores, se pueden desgranar los tres puntos gracias a los cuales el método de comunicación de Popovich es tan eficaz:

  1. Establece una conexión personal y cercana, que se traduce en el siguiente mensaje: <<Me importas>>.
  2. Evalúa el rendimiento, dejando bien claro que aquí las expectativas son muy altas.
  3. Genera una perspectiva del entorno, que se traduce en <<La vida es más importante que el baloncesto.>>

De esta forma, Gregg Popovich fija un primer plano creando una conexión individualizada, después abre un plano medio con el que muestra a sus jugadores la realidad de su rendimiento y por último, un plano general para que vean el contexto en el cual acontecen sus interacciones. Todo ello, combinado con absoluta maestría, da lugar a un flujo constante de evaluación mágica en la cual cada momento, cada instante, cuenta a la hora de conformar un patrón relacional.

Por último, quería compartir contigo el momento de mayor cohesión que se produjo en los Spurs. Sucedió el 18 de junio de 2013, en Miami. Los Spurs estaban a punto de ganar su quinto campeonato de la NBA y estaban tan confiados que tenían reservada toda una sala en el restaurante Il Gabbiano. El transcurso del partido parecía dar por hecho ese campeonato, tanto que se puso champán frío en cubos de hielo. Y entonces se produjo el desastre. Miami obtuvo el empate, fueron a la prórroga y ahí el desenlace fue de victoria para Miami.

Tanto los jugadores como entrenadores asistentes dieron por hecho que irían al hotel, pero Popovich tenía otros planes, gritando: ¡Familia! Quiero veros desfilando a todos hacia el restaurante. Pop se fue antes para el restaurante, mandó mover las mesas porque quería que todo el equipo se sentara en el centro, con los entrenadores cerca, rodeados por un círculo externo con las familias. Pidió los entrantes y platos preferidos de los jugadores, eligió el vino y se sentó. Quienes estaban allí con él preparando todo, dicen que nunca le habían visto en ese instante tan triste. Pero, acto seguido, tomó un trago de vino, respiró hondo y se centró en lo que el equipo necesitaba. Saludó a todos los jugadores, repartió abrazos, sonrisas, chistes, conectando con todos los jugadores. Les dedicó tiempo para darles las gracias y reconocer su trabajo. En definitiva, todos empezaron a salir de su silencio, para volver a conectar.

Se tiende a tener la idea equivocada de que un líder, un jefe, un gestor de grupo, está para amplios discursos, para aparecer en primera línea y acaparar los elogios. Por eso, hoy quería compartir contigo el que para mí es uno de los mejores ejemplos que se pueden poner, cuando se habla de cuidar de un equipo, generando un contexto en el cual tu equipo se siente seguro, tienen un futuro en común y todos están conectados. El hecho de que las conversaciones fluyan, de que cada persona dentro del equipo se sienta en la libertad de expresar, opinar y más importante aún, sumar, va mucho más allá de correos interminables o reuniones formales que no conducen a ningún sitio. La confianza para dar pie a esa conversación se genera porque se comparten momentos, en contextos diferentes, que permiten a cada uno sentirse escuchado y apoyado. Y esto, creo, es lo que cualquier persona querría sentir cada día en el equipo del cual forma parte.

Que tengas un muy buen inicio de semana, un fuerte abrazo.

«El envoltorio puede ser importante, el contenido debe serlo.»

(Paco de Lucía)

«Elige una ruta que en el fondo de tu alma no te avergüence.»

(Hiromu Arakawa)

Contextos burbuja

«El talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad.»

(Johann Wolfgang von Goethe)

Cada vez se escucha hablar más de cómo desarrollar el talento, los dones, pero casi al mismo tiempo se comprueba cómo cae en el olvido un componente tan esencial de la persona como es el carácter. Decía Toni Nadal que «la frustración viene de una falta de ánimo de la gente, de una sobre valoración personal, de creerte que por ser quien eres tienes derecho a todo y todo te tiene que salir bien a la primera, además de una búsqueda exagerada de la inmediatez«; y creo que no puede tener más razón. Teniendo presente esto, ¿cómo se hace para evitar caer en este comportamiento que vemos tan a menudo? Evitando los contextos burbuja.

Como educadores, como formadores o entrenadores, una de nuestras mayores capacidades es la de diseñar el contexto más adecuado para que las personas a quienes formamos crezcan de manera plena. Por tanto, al mismo tiempo tenemos la responsabilidad de cuidar cada detalle en el diseño y construcción de ese escenario, desarrollando una forma de entender la enseñanza y la vida que evite el halago fácil, el feedback superficial y la complacencia. Necesitamos recuperar la esencia de la persona, desarrollar su capacidad de adaptación, evitar la queja (más conocido en la actualidad como estoicismo), generar oportunidades en lugar de esperarlas y aceptar que hay personas mejores que yo, más guapas que yo, pero que no pasa nada, porque la vara de medir la pongo conmigo mismo, no para compararme con el resto.

Decía Ginaluca Vialli, hablando de lo que trataba de enseñar a sus hijas, que «intento enseñarles que, en la vida, no pasa nada por ser vulnerable, por llorar o por estar triste. Hay que aceptar esas emociones naturales a lo que te pasa. Asimilarlas y tener presente que pasarán. Si nunca estás triste, ¿cómo sabes lo bueno que es estar feliz?» Y esto me lleva a la siguiente cuestión, relacionada con la educación que damos hoy en día: ¿qué se necesita para ser feliz? Hay un recuerdo que siempre me viene a la mente, cuando unas Navidades en la mañana de los Reyes Magos y tras abrir los regalos en casa de mis abuelos, nos olvidamos de todos los juguetes y me bajé con mi primo a jugar al fútbol con un balón tan desgastado que la cámara parecía estar a punto de salirse. A mí, en ese momento, me pudo más las ganas de disfrutar con mi primo y jugar con él (seguramente, al verlo, los Reyes Magos de Oriente se llevaron las manos a la cabeza). Quizás esta manera de entender la vida vaya en el sentido contrario de lo que hay actualmente, plagado de contenido en redes sociales, con una búsqueda permanente de lo material y la necesidad imperiosa de mostrarlo al mundo. Pero es esta tendencia lo que convierte en necesario y urgente recuperar ese otro concepto de felicidad e intentar enseñarlo cada día, compartirlo con ellos, porque esa formación no viene en ningún libro.

Es verdad que hay veces que parece que nuestros alumnos, o nuestros jugadores de nuestros equipos, nos ponen a prueba, por estar insoportables o inaguantables no logran comprenderlo cuando les transmitimos ese mensaje. Pero cuando esto sucede conviene tener en mente dos reflexiones, que ayudan a entender para qué estamos los profesores y/o formadores: entender que enseñar es un acto amor, en el cual entiendo la singularidad del ser de cada alumno y lo veo como la persona que está llamada a ser; y por otro lado, recordar con humildad que todos tuvimos esa edad y nos gustó que con nosotros tuvieran paciencia, calma, para guiarnos por el camino correcto y empleando las formas adecuadas. Hace tiempo que la información está alcance de un click, para estudiar o leer todo lo que desees. Por esa misma razón, nuestro valor diferencial está en cómo hacemos llegar y qué finalidad le damos a la información que nosotros sabemos, tanto la que está en los apuntes como nuestras experiencias de vida, a los alumnos, deportistas, que tenemos delante. Decirles lo que necesitan escuchar, no lo que quieren. Exigirles indicándoles la finalidad, al mismo tiempo que elevamos nuestra autoexigencia al mismo nivel.

La enseñanza, la formación, va mucho más allá de un mero número. Tiene más que ver con entender que todo consiste en la búsqueda de un propósito, que te lleve a ser tan feliz como se pueda cada día, encontrar un sentido que te lleva a querer mejorar, a querer crecer para sacar lo mejor de ti y darlo a las personas que tienes al lado. Un camino que requiere de paciencia en lugar de inmediatez, en el que se busca la felicidad y no el placer, que se disfruta más y mejor cuando lo haces en equipo, escuchando más que hablando, exigiendo y exigiéndote, siendo consistente ante la dificultad en lugar de instalarte en la queja y el lloriqueo permanente, dejando que la persona brille sin tocar su sombra. Esa es la clave, al menos para mí, para evitar los contextos burbuja.

Un fuerte abrazo y que tengan una muy buena semana.

«Tú vives siempre en tus actos. Con la punta de los dedos pulsas el mundo, le arrancas auroras, triunfos, colores, alegrías: es tu musica. La vida es lo que tú tocas.»

(Pedro Salinas)

Notas de un (súper)viviente

Hace unos diez años aproximadamente, estaba sentado delante de mi portátil y me dispuse a escribir el que sería mi primer post que llevaría por título «No olvidemos que somos personas.» Y eso es, justamente, lo que he intentado siempre recordar, que antes que nada está la persona. Por esa razón fui consciente de que las formas importan mucho, que cada detalle, cada gesto, cada palabra y el cómo decimos esa palabra, es la diferencia entre sumar o restar. Sumar, un verbo esencial, porque esta vida va de conseguir hacer sumar (o multiplicar incluso) a quienes están a nuestro lado, con quienes vivimos y convivimos, a quienes amamos con todo nuestro corazón.

Esa fue la razón de iniciar este camino, el de escribir posts creándome primero la página en blospot.com y más tarde en WordPress. Sumar. Ayudar a quien pudiera leer esos posts, tratar de ser de alguna manera motivación, fuerza, impulso para quien lo necesite. ¿Por qué? Porque toda misión, toda acción y todo proyecto requiere de un propósito lo suficientemente fuerte para que se consolide, perdure y sea consistente en el tiempo. Y creo, honestamente, que no hay propósito más bonito en la vida que generar, crear, algo nuevo que pueda servir de ayuda a otras personas. Pero, si te soy honesto, lo que nunca pude imaginar es que ese camino, ese viaje que se inició hace diez años con ese primer post, daría lugar a la publicación del libro que hoy te presento: «Notas de un (súper)viviente.»

Un libro escrito desde el corazón, en el cual en cada hoja, en cada párrafo, va sobre tinta un pedacito de mí. Vivencias, experiencias, reflexiones, opiniones que no son certezas absolutas, tan solo aprendizajes que extraigo como consecuencia de todo lo vivido en estos 34 años de viaje que llevo. Unos momentos y unas reflexiones que escribo para tratar de ayudar de forma doble. Por un lado, para aportar una perspectiva diferente a aquellas personas que, por el motivo que sea, puedan verse reflejadas en esas líneas y que les pueda ayudar a seguir adelante, a avanzar, a no dejar de superarse y seguir enfocados en lo que viene. Si algo he aprendido de cada vivencia, de cada reto afrontado, es que en esta vida uno debe agotar todas las posibilidades de intentarlo, sin perder jamás la fe, la esperanza y el optimismo por creer que se logrará el objetivo. A veces cuesta un poco más, a veces cuesta un poco menos, pero esto es tan cierto como que ningún mar en calma hizo experto al marinero.

Y por otro lado, para ayudar tanto como se pueda en la investigación contra la ELA, ya que una gran parte de los beneficios que se obtengan de la venta de este libro irán destinados a la investigación contra esta maldita y terrible enfermedad. De hecho, el libro llevaba escrito hace varios años pero no ha sido hasta ahora, al poner este propósito en mi vida, lo que me ha impulsado a retomarlo de forma decidida, con fuerza, cuidando cada detalle gracias a la ayuda de la mejor compañera de vida que puedo tener (sin ella, este proyecto no hubiera sido posible) para que por fin lo hayamos podido publicar.

Además, he tenido la suerte infinita de poder contar con dos personas increíbles, amigos de un valor incalculable, que han escrito el prólogo y el epílogo de este libro respectivamente como son Álvaro Merino Jiménez y David Dóniga Lara, a quienes quería aprovechar estas líneas para agradeceros, de todo corazón, vuestro granito de arena, vuestro cariño y vuestro tiempo en este libro, en este proyecto tan especial.

A ti, querido lector, que llevas desde mis primeros posts compartiendo momentos conmigo, lecturas y reflexiones, quería invitarte a este nuevo viaje. Un viaje al que ya se han sumado más de 100 lectores, más de 100 personas que han decidido sumarse cogiendo su pala y empezando a remar al máximo, para avanzar tanto como sea posible, pero eso sí, disfrutando siempre del viaje sin cansarnos jamás del paisaje. A quienes ya estáis remando, gracias de corazón por creer en este viaje y que cada palada vale la pena. A quienes aún no os habéis subido al bote, os esperamos con una sonrisa y con la intención de avanzar tanto como sea posible, porque este viaje no ha hecho más que empezar. Y como diría mi alumno Hugo, «vamos a remar tan fuerte, que va a parecer que el bote lleva motor.» Seguimos remando juntos, esto no para. Un fuerte abrazo, feliz jueves y feliz verano.

«Todo lo que Pablo ha ido alcanzando en su vida ha sido fruto de un entrenamiento sistemático, de una apuesta valiente, donde nunca ha tomado un atajo, donde ha apostado por un esfuerzo sostenido en el tiempo y donde ha generado oportunidades. Y este libro no es diferente al resto de los objetivos que el autor se ha marcado en su vida.»

(Álvaro Merino Jiménez)

«Pablo nos presenta una obra de teatro maravillosa, sublime; una película trepidante que podía haberse convertido en un drama, una comedia, un thriller o en cine de terror; una historia que, pudiendo ser cualquier cosa, él decidió que fuera de Amor. Sí, de Amor. Porque es lo que nos une. Lo opuesto al miedo. Amor en mayúsculas. El Amor que dio origen a todo y que tanto necesitamos para el desarrollo de nuestras almas.Un Amor con mayúsculas que le ha traído hasta aquí y que, con amor, nos invita a conocer para impregnar la conciencia universal de su granito de arena-amor-conciencia.»

(David Dóniga Lara)

Enlace para poder acceder a la compra del libro: https://www.amazon.es/Notas-s%C3%BAper-viviente-Quien-resiste/dp/B09ZCJNDMM/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&crid=3KCVS33LZMZI1&keywords=notas+de+un+%28s%C3%BAper%29viviente&qid=1659603737&sprefix=notas+de+un+s%C3%BAper+viviente%2Caps%2C559&sr=8-1

Disfrutar de los privilegios

«La mente humana se habitúa a lo bueno con una asquerosa facilidad poniendo el zoom sólo en los aspectos vitales que te faltan, difuminando a ratos lo que has dejado en el camino, y los años que llevas quemando rueda en la carretera. […] Normalizar los privilegios es un acto mezquino. Siento bastante bochorno de mí mismo cuando me sucede. Aunque sea humano.»

Hace una semana aproximadamente, leía este fragmento en una publicación del maestro Leiva, en su instagram y desde entonces, no ha parado de resonar dentro de mí, porque quizás en estas semanas he estado tremendamente emocionado, quizás de una forma más especial. He recordado los momentos vividos en las dos despedidas de soltero que me han preparado mis amigos, la emoción y el tremendo nudo en la garganta por valorar todo lo que han invertido en mí todos ellos, ya no solo en las despedidas, sino en estos años de amistad, lo cual es más fascinante, bonito y maravilloso todavía. La despedida fue, quizás, la manera de decir: «Estamos aquí, a tu lado, celebrando vuestro siguiente paso y siempre estaremos ahí.» La amistad, cuando se entiende como un caminar juntos de forma consistente en el tiempo, es imposible que genere emociones tan fuertes que cueste hablar.

Y por otro lado, volvió a resonar ese párrafo en mí cierta tarde en la que miraba a mi novia y a nuestra perra, jugando las dos y disfrutando, cuando me encontré otra vez emocionado, otra vez esa sensación de fortuna infinita por sentir que eres parte de algo maravilloso, por ver feliz a la persona que amas, verla disfrutar, olvidándonos por completo de todo lo demás. Fue ahí cuando pensé, qué razón tienes Leiva, sería un mezquino si no tuviera la sensibilidad suficiente para no emocionarme, para no sentir de la forma en que merece, ese momento tan increíble. Es verdad que siempre, debido a todo lo que he vivido a lo largo de mi vida, he tratado de valorar todo lo que tengo, disfrutándolo al máximo. Pero a veces es bueno leer párrafos así, para recordarnos a nosotros mismos que nunca podemos perder la sensibilidad para apreciar la verdadera del belleza del momento, recordando siempre que en esta vida la tarea que debemos completar al acabar el día es, de lejos, la de agotar cada instante como lo que es, un momento que no vuelve, que no se volverá a repetir y precisamente por eso es maravilloso sentirlo como tal.

Es esa sensibilidad y esa capacidad para percibir lo que nos lleva a poner el foco en nuestro propio centro y raíz, en nuestra esencia en definitiva. De esa forma, evitamos vivir distraídos, contemplando la vida de otros y comparándonos permanentemente con ellos, llegando a vivir engañados por la creencia de que para esos a quienes observamos la vida parece ser fácil y por tanto, disfrutan mucho más. Evitar vivir distraídos es, precisamente, evitar que en cualquier momento seamos tan mezquinos que pasemos a normalizar la vida que vivimos y el momento que estamos compartiendo. Porque ese momento, en realidad, jamás va a repetirse. Verás su sonrisa similar, pero no notarás el brillo de sus ojos. Darás un abrazo, pero quizás no lo haces con el sentimiento que debieras. No basta con hacer; es recomendable hacer y sentir, porque solo así nos emocionamos y es esa emoción la que nos mantiene vivos, enfocados y disfrutando con el corazón. Ese, sin duda, es el mejor de los privilegios.

Que tengan un muy buen fin de semana y no miren para fuera, no se comparen, solamente disfruten y vivan como si esa fuera la última vez. Un fuerte abrazo.

Es la vida

Hace unos días iba de paseo con Bimba cuando nos encontramos con un hombre mayor, a quien prácticamente solemos ver todos los días andando por el parque de forma incansable y a la vez admirable. Estaba terminando de hacer las últimas dominadas en las máquinas, cuando Bimba decide que hay que ir a saludarle y con ello le saca la primera sonrisa a nuestro buen hombre. Le pregunto qué tal, cómo está, a lo que me responde que justo terminando de hacer su ejercicio físico, porque antes había estado andando y ya se marchaba para casa. Mientras me lo cuenta, le miro con admiración porque creo que hace falta mucha voluntad para mantener esa rutina día tras día con su edad y le digo que le veo muy bien, que le encuentro genial. Y aquí me regaló la reflexión del día: «Pues qué va hijo, no estoy tan bien. Me han detectado un tumor, me tienen que hacer pruebas y ver cómo hacemos. Pero tengo autocontrol, es la vida hijo; yo sigo caminando todos los días mi hora y media, hago mis 70 dominadas, mis ejercicios, me tomo mi cafetito y disfruto leyendo el periódico. Con eso soy feliz, con eso me vale.»

En cuestión de minutos este buen hombre me había recordado la importancia de la actitud, de querer seguir viviendo y disfrutando de lo que uno tiene, a pesar de que vengan mal dadas y de que la situación en la que nos encontremos para nada sea la deseada. Unida a esa actitud ante la vida va ligada de forma implícita, creo, la esperanza de que todo va a ir bien. Ser optimista en los tiempos que vivimos probablemente sea una tarea difícil, porque uno trata permanentemente de sobreponerse a lo que lee en las noticias, a lo que se escucha en la radio o a lo que se ve en el telediario (hace tiempo opté por no ver ni leer nada al respecto). Pero, precisamente por eso, uno debe agarrarse a la esperanza tan fuerte como le sea posible, porque como muy bien dice el autor Mungi Ingomane, en su libro Ubuntu: «Muchas veces, en los momentos más duros de nuestra vida, lo único que nos queda es la esperanza, y eso puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Nelson Mandela pasó veintisiete años como preso político en la infame cárcel de Robben Island en unas condiciones deplorables. Mientras estaba en prisión, su madre murió; más tarde, también falleció su hijo en un accidente de coche. No se le permitió asistir a ninguno de los dos funerales. Vivió día tras día en una estrecha celda de dos metros de ancho por dos y medio de largo de la que solo salía para hacer trabajos forzados en una cantera. Fue maltratado por los guardias de la prisión y sufrió daños en la vista como consecuencia del reflejo del sol en la piedra. Aún así, nunca perdió la esperanza.»

Si trasladamos esto al deporte, anoche el Real Madrid C.F. en su partido contra el Manchester City, hasta en tres ocasiones logró acortar distancias y mantener intactas las opciones para lograr el pase a la final de la Uefa Champions League, en el partido de vuelta que aún queda por disputar en el Estadio Santiago Bernabéu. El deporte, a través de actuaciones como la de ayer, o en deportes individuales con deportistas como Rafael Nadal, Carlos Alcaraz, Paula Badosa; no para de recordarnos que si hay algo que depende de nosotros es la predisposición a mantener la esperanza intacta, pase lo que pase, mientras sigo poniendo todo de mi parte para acercarme al objetivo, porque como muy bien dijo Borja Iglesias tras la consecución de la Copa del Rey por parte del Real Betis Balompié, «Me encantaría deciros que, cuando se trabaja mucho, siempre se consiguen las cosas, pero no es verdad. Sed buenas personas y las cosas estarán más cercas.»

Y para mantener esa esperanza intacta nada funciona mejor que enfocarnos en lo que nos mantiene vivos, ilusionarnos con el mero hecho de estar bien e ilusionar a quienes amamos de verdad de forma permanente; cuidar los pequeños detalles del día a día con un «gracias», un «te quiero» o un abrazo sincero, porque todo ello carga la batería de la motivación como nada. Nada funciona mejor, nada transmite más esperanza, que comportarnos cada día como una buena persona, respetando, amando y compartiendo. Quien da, quien se entrega, quien suma y multiplica, jamás se cansará del paisaje mientras dure el viaje. Un fuerte abrazo y que tengan una muy buena semana; nunca dejen de sonreír.

«Si hay luz en el alma, habrá belleza en la persona. Si hay belleza en la persona, habrá armonía en la casa. Si hay armonía en la casa, habrá orden en la nación. Si hay orden en la nación, habrá paz en el mundo.»

Proverbio chino

Hace tiempo, cuando yo era joven, si un viajero que estaba atravesando el país se detenía en un pueblo, no tenía que pedir comida ni agua. En cuanto paraba, la gente se la ofrecía y le daba conversación. Esta es una de las facetas del ubuntu, pero no es la única. El ubuntu no significa que hemos de dejar de lado nuestro propio bienestar. La cuestión es, ¿qué puedes hacer tú para apoyar a tu comunidad y ayudarla así a mejorar? Estas son las cosas que de verdad importan. Si eres capaz de hacerlo, habrás conseguido algo muy importante.»

Nelson Mandela