Unión FC

¿Qué sentido tiene?

Desde hace unos meses que estoy trabajando en la dirección deportiva de un club de fútbol, nuestro querido Unión FC, hay una pregunta que intento tener siempre en mente para mantener bien el foco: ¿cuál es el valor principal de todo lo que hacemos? ¿Qué sentido tiene todo este trabajo en el fútbol? Para mí hay una respuesta muy clara: prefieren estar aquí, haga calor, llueva, haga frío; entrenando, compartiendo este tiempo de entrenamiento juntos y crecer cada día un poquito más; antes que estar mismamente en la calle.

Me dio que pensar una imagen que vi, que indicaba lo siguiente: «un pibe corriendo en la cancha, uno menos en la calle.» Y como diría Pablo Aimar, «no es poco, pasarla bien». Porque, tal y como están las estadísticas de abandono deportivo conforme los chicos y chicas tienen más edad, es ya todo un reto conseguir fidelizarlos a un club, a un equipo, a unos valores, a una identidad, a una manera de ser y entender no solamente el fútbol, la vida. Si atendemos a las cifras, las tasas de abandono varían entre el 30 y el 60%, siendo la edad crítica alrededor de los doce años; habiendo posteriormente otro pico en el porcentaje de abandono entre los 12 y los 16 años. En España, el 86% de los adolescentes no realiza la actividad física recomendada por la OMS. Y si buscamos un motivo, aparece que el factor determinante que propicia un 70% de abandono de la práctica deportiva en niños y niñas es la especialización temprana. Nos estamos equivocando por completo en dónde ponemos el foco.

Por todo ello, sería conveniente recordar que el deporte en equipo te enseña a competir por ser un poquito mejores que ayer, a entrenar para mejorar, para aprender, porque nunca es tarde para mejorar un poquito más. Aceptar que a veces otro está mejor que tú, pero que en ti puede estar la oportunidad de darle la vuelta al partido en la segunda parte. Nadie es menos, nadie es más, porque todos son imprescindibles para que ese equipo desprenda olor a campeón. Ya no es solo los beneficios físicos, fisiológicos y de bienestar emocional que genera la práctica deportiva, la realización de actividad física. Es que, además, genera un sinfín de experiencias compartidas en forma de aprendizaje que le valdrá, no solamente para esa temporada, sino para la vida.

Este fin de semana se inician ya la mayoría de competiciones en fútbol base, hoy muchos niños y niñas se irán a la cama de los nervios, inquietos, pensando en cómo será eso de jugar un partido de liga. Nosotros, los adultos, tenemos una responsabilidad tremendamente alta en esto, porque en nuestra mano está que sea un momento de disfrute o un momento que quieran olvidar de su cabeza para siempre. Seamos ejemplo de deportividad, de valores, sepamos generar ese contexto de calma tan necesario para ellos y ellas, en el cual sientan que pueden crecer, que pueden ser valientes, pedir el balón y tomar decisiones por sí solos. Esto es lo que te da el deporte, la posibilidad de crecer y creer, de ser valiente, de seguir construyendo tu personalidad para ser cada día un poquito mejor que ayer y, en consecuencia, ayudar al resto del equipo en esa misma tarea. Una tarea que no debe ser otra que la consistente, como se relata en la serie de Ted Lasso hablando sobre Van Gogh, en la búsqueda de la belleza. «Porque cuando encuentras la belleza, encuentras inspiración. Si es que te mantienes tan determinado como Vicent Van Gogh. Nunca pares, no importa cuántos sean los fracasos.»

Cuando formamos parte de un club de fútbol, nuestro propósito va mucho más allá de ganar el partido. Nuestro propósito último debe ser la búsqueda de esa belleza, que reside en la construcción de una cultura correcta de club, sustentarlo en unos valores innegociables que hagan que el cómo compite cada uno de nuestros jugadores sea más importante, por la dignidad y la integridad con que compite, que el resultado que consiguen en cada partido. El fútbol es mucho más que ganar ligas, el fútbol es el medio para que disfruten, para que crezcan, para generar legado en todos ellos, para que recuerden que los viajes se emprenden y acaban juntos, sin fisuras, con honestidad, con decencia y tratando de dejar siempre la camiseta en mejor posición de cómo la encontraste. Esa es nuestra responsabilidad última, ese aporte de valores que hagan crecer a una sociedad que, precisamente, cada vez más carecen de ellos.

Un fuerte abrazo y feliz semana,

Visión comprometida

«El primer paso para escalar una montaña es comprometerse a llegar a la cumbre. El mapa del territorio se vuelve útil una vez que se ha determinado el punto de llegada. Antes, es sólo un dibujo en un trozo de papel. La aspiración de llegar a la cima es lo que le da importancia y sentido al mapa. El norte confiere al mapa una orientación convencional, pero la visión le otorga una orientación personal. La visión da significado al territorio; gracias a ella existen distinciones entre «lo que me acerca» y «lo que me aleja». De la misma forma, la aspiración de llegar a algún lado es lo que da importancia y sentido a la vida. La visión hace que las situaciones aparezcan como satisfactorias o insatisfactorias. El compromiso con visión produce la energía necesaria para actuar en el mundo. Ese compromiso también prepara la mente para encontrar oportunidades, de otra forma invisibles.»

(Fred Kofman)

Compromiso y visión, eso es lo que se desprendía de las declaraciones que hizo Toni Martínez, declarado mvp del partido disputado entre Real Sociedad y Deportivo Alavés. Apenas había podido entrenar, solamente visualizar el entrenamiento del equipo para saber qué esperaba Luis García Plaza de él y todo esto teniendo en cuenta que se había hecho los 661 kms que separan Oporto de Vitoria mientras se cerraba su fichaje, según indican algunas fuentes de periódicos locales de Vitoria. Pues bien, para sorpresa de todos, logra el segundo gol que da la victoria al Deportivo Alavés contra la Real Sociedad y vuelve a marcar ayer, en su estreno como local en el estadio de Mendizorroza.

Septiembre es el mes de los inicios de nuevos proyectos, porque cada proyecto es nuevo aunque sea el mismo sitio, el mismo lugar. Eso lo saben bien en el Deportivo Alavés, quienes han sabido construir un proyecto deportivo ilusionante, que derrocha fuerza, energía, motivación e ilusión a raudales. Han sabido combinar fichajes de jugadores jóvenes con hambre, con ganas de aportar; con jugadores experimentados, que tienen esa mirada como dice Xavier Marcet, “más sabia que experta, gente que pueda aportar otra mirada y ponga otro calibre a los compromisos.”

La dirección deportiva, con Sergio Fernández al frente, ha sabido implementar esa visión de lo que buscan como equipo, como entidad, como institución, en cada paso dado en la confección de la plantilla. Una visión impregnada de sentido, de poner un propósito compartido desde el inicio hasta el final de cada entrenamiento, de cada partido. Un sentido que, explicado por su entrenador Luis García Plaza, no es otro que tener muy claro que “en el Deportivo Alavés, o compites y vas, o no la vas a rascar. […] O te dejas la vida aquí, o no vas a poder jugar.”

El Deportivo Alavés, con este proyecto deportivo, nos recuerda que de nada vale ponernos a soñar en septiembre si no estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros día a día, paso a paso, en lo individual y en lo colectivo. La importancia que pueda tener un proyecto se la das tú, con tu sentido del buen hacer, tomándote tu tiempo, disfrutando de lo que haces y con quien lo llevas a cabo. A veces, es necesario creer para ver. Soñar, dispuesto a construir para convertir ese sueño en realidad. Se construye comprometiéndose de manera honesta, sin aspavientos, de manera sencilla, pero sabiendo interpretar a cada momento lo que las personas necesitan de ti. Tener paciencia para encontrar la sintonía perfecta, esa sintonía cuya frecuencia haga que todos pasen de la estática, a la dinámica. De ser meros observadores, a ser parte de su propio crecimiento. Porque es en el crecimiento personal donde uno muestra su mejor versión profesional, siendo capaz de mantenerla de manera consistente en el tiempo. Suena sencillo, pero cada vez cuesta más encontrarlo.

Encuentra tu montaña, comprométete de verdad y empieza a subir. Pero recuerda, lo más importante, mientras subes, mientras notas cómo el cansancio va aumentando, es que te permitas parar y contemplar el paisaje. Disfruta del viaje, un fuerte abrazo y buena semana.

«Bien pensado tampoco es que estemos mucho tiempo aquí. Si hablas con alguien que haya cumplido los ochenta o los noventa te hará la reflexión de que parece mentira que la vida pase tan deprisa. El tiempo se nos escurre de las manos como la arena, y ya no vuelve. Vive hoy con arrojo, pasión, excelencia y amor. Corre hacia lo que te atemoriza. Sé el defensor de quienes te rodean. Y escarba en tu interior para que salga a relucir una parte mayor de tu auténtico ser» (Robin Sharma)

«Sólo un guerrero es capaz de soportar el camino del conocimiento. Un guerrero no puede quejarse o lamentar nada. Su vida es un permanente desafío y los desafíos no son buenos ni malos. Los desafíos son simplemente desafíos. La diferencia básica entre un hombre ordinario y un guerrero es que el guerrero toma todo como un desafío, mientras que el hombre ordinario toma todo como una bendición o una maldición.» (Don Juan, chamán tolteca)

«La dignidad humana no depende de la efectividad, sino de la coherencia entre el comportamiento y los valores. Esta posibilidad de actuar con dignidad es absolutamente básica e inalienable. Al igual que la responsabilidad, la dignidad es tan incondicional como la humanidad del ser humano. Solo depende del obrar acorde con la conciencia y los valores.» (Fred Kofman)

Talento infinito

Recién comenzado el verano, uno como profesor, entrenador de fútbol; formador en definitiva, tiene más tiempo para pensar, para reflexionar, sobre lo acontecido en este curso o temporada y así ver hacia dónde vamos en la formación de nuestros estudiantes, de nuestros deportistas. A veces, como decía Leiva en una entrevista reciente, es necesario «volver al punto de partida para recordar por qué empezaste.» Esa debería ser la primera pregunta que, una vez terminado todo, te vuelvas a formular: ¿Por qué decidí ser profesor/a, entrenador/a, formador/a? Mi respuesta la tengo clara: el desarrollo del talento.

Cuando hablo o pienso sobre el concepto de talento, me vienen a la cabeza dos reflexiones tremendamente genuinas. La primera es de José Antonio Marina, quien define el talento «como la inteligencia bien dirigida.» Es decir, la capacidad para tomar buenas decisiones, que sean eficaces y eficientes al mismo tiempo. Generar en nuestros estudiantes, en nuestros deportistas, la capacidad de analizar, pensar, razonar y posteriormente decidir, escogiendo la solución más adecuada para ese determinado problema, en ese contexto concreto, de manera autónoma y por sí mismos.

Por otro lado, instantáneamente me viene a la memoria la reflexión de Jorge Valdano, quien en otra entrevista definió el talento como «la velocidad punta de la inteligencia»; introduciendo de manera más palpable si cabe la unidad de tiempo, es decir, ser capaz de tomar decisiones en el menor tiempo posible, con gran capacidad de anticipación al rival para de esa forma generar ventaja, ocupando espacios, habilitando compañeros, para hacer gol. Y aquí se me plantea una duda, ¿el objetivo es simplemente hacer gol? Si lo trasladamos a la educación, ¿el objetivo es simplemente aprobar o sacar buenas notas? Para mí, creo que aquí está uno de los errores cuando nos ponemos a programar, a planificar y desarrollar lo que será el curso que viene o la temporada que viene.

El talento, para mí, es todo lo mencionado anteriormente más pasión, emoción, voluntad y, todo ello, multiplicado por equipo. ¿Por qué? Es sencillo. Cada uno de nosotros, cuando está en la butaca del espectador, ¿qué nos emociona? Efectivamente; el talento en su máximo exponente. Ahora bien, para que esto se produzca en un contexto de competición, en un contexto de tantísima exposición de cara al público, ¿cuál es el trabajo previo a realizar? Generar en ese deportista, en ese alumno, el contexto en el cual crezca mientras se potencia aquello que le apasiona, aquello que le emociona. ¿Para qué? Para que encuentre un sentido en lo que hace, una utilidad, un significado especial que le lleve a esforzarse, a trabajar más y más, para así desarrollar su voluntad. Y, en consecuencia, su autonomía. Las personas, cuando encuentran el sentido y propósito de su tarea cotidiana, transforman el esfuerzo obligado en voluntad compartida. Y justo ahí, aparece el aroma de equipo.

Es en ese instante cuando cada uno comprende que necesita del otro, porque en la vida ,si existe una competición, esa debe ser única y exclusivamente consigo mismo, en lugar de contra el otro. Dice Zygmunt Bauman que «las aptitudes que más necesitamos para dar a esa esfera pública una oportunidad razonable de recuperación son las relacionadas con la interacción con otras personas: dialogar, negociar, comprenderse mutuamente y gestionar o resolver conflictos que inevitablemente surgen en todo ejemplo de vida compartida.» Como profesores, entrenadores y formadores, deberíamos enfocarnos mucho más en generar el contexto más adecuado, pasar posteriormente al cómo desarrollamos nuestra metodología con ellos, descubrir quiénes son, ayudarles, guiarles hacia su talento y así, juntos, llegar a qué queremos que aprendan. El concepto, la idea, las definiciones a aprender, siempre las van a tener a mano; por esa sencilla razón importa mucho más que, a partir de lo que les emociona, lograr que generen sus herramientas en un contexto lo más parecido posible al que luego se encuentren en su vida adulta, ya sea en su trabajo o en la competición.

Uno solamente llega a descubrir su talento, aquello que le apasiona, cuando empieza a conocerse de verdad. Pero para eso hay que dar, previamente, un pasito de valentía, un pasito de atrevimiento para reconocerse y saber quién eres, con tus virtudes y tus defectos, aceptándote tal y como eres. Solamente así comienzas a conectar, comienzas a sentirte vivo, a sentir que puedes aportar como persona. Conocerse y reconocerse es, al mismo tiempo, evitar dar ciertas cosas por hecho, porque a veces te puedes sorprender descubriendo, como decía Leiva, que «todo lo que me acompleja, quizás sea lo que más conecta.» Y uno solamente empieza a quitarse los complejos, los miedos, los temores, y pasa a descubrir lo que más le conecta con el mundo cuando percibe cariño y exigencia desde pequeño, en el deber de tratar de ser su mejor versión cada día.

Ese deber es el que debemos trasladar a nuestros estudiantes, a nuestros deportistas, a base de cariño, de respeto y al mismo tiempo exigencia con lo que uno es y consecuente con la persona en la que quiere convertirse a futuro. Esa misma persona que vemos nosotros, cuando los tenemos delante, cada día, como formadores. Formar es generar oportunidades de crecimiento, para que poco a poco se desarrolle el talento infinito que toda persona tiene dentro de ella. Por la sencilla razón consistente en que, cuando el talento toca la partitura con cariño y ternura, consciente de que ese instante es finito, la emoción que se genera en su corazón y en el de las personas que lo ven, se convierte en un momento mágico e infinito.

Que tengáis una muy buena semana y sed valientes, sigan creciendo, sigan hacia delante y mirando a la vida con ilusión, con una sonrisa y tratando a cada instante como lo que es, un momento que no volverá a repetirse. Un abrazo muy grande,

Contextos burbuja

«El talento se educa en la calma y el carácter en la tempestad.»

(Johann Wolfgang von Goethe)

Cada vez se escucha hablar más de cómo desarrollar el talento, los dones, pero casi al mismo tiempo se comprueba cómo cae en el olvido un componente tan esencial de la persona como es el carácter. Decía Toni Nadal que «la frustración viene de una falta de ánimo de la gente, de una sobre valoración personal, de creerte que por ser quien eres tienes derecho a todo y todo te tiene que salir bien a la primera, además de una búsqueda exagerada de la inmediatez«; y creo que no puede tener más razón. Teniendo presente esto, ¿cómo se hace para evitar caer en este comportamiento que vemos tan a menudo? Evitando los contextos burbuja.

Como educadores, como formadores o entrenadores, una de nuestras mayores capacidades es la de diseñar el contexto más adecuado para que las personas a quienes formamos crezcan de manera plena. Por tanto, al mismo tiempo tenemos la responsabilidad de cuidar cada detalle en el diseño y construcción de ese escenario, desarrollando una forma de entender la enseñanza y la vida que evite el halago fácil, el feedback superficial y la complacencia. Necesitamos recuperar la esencia de la persona, desarrollar su capacidad de adaptación, evitar la queja (más conocido en la actualidad como estoicismo), generar oportunidades en lugar de esperarlas y aceptar que hay personas mejores que yo, más guapas que yo, pero que no pasa nada, porque la vara de medir la pongo conmigo mismo, no para compararme con el resto.

Decía Ginaluca Vialli, hablando de lo que trataba de enseñar a sus hijas, que «intento enseñarles que, en la vida, no pasa nada por ser vulnerable, por llorar o por estar triste. Hay que aceptar esas emociones naturales a lo que te pasa. Asimilarlas y tener presente que pasarán. Si nunca estás triste, ¿cómo sabes lo bueno que es estar feliz?» Y esto me lleva a la siguiente cuestión, relacionada con la educación que damos hoy en día: ¿qué se necesita para ser feliz? Hay un recuerdo que siempre me viene a la mente, cuando unas Navidades en la mañana de los Reyes Magos y tras abrir los regalos en casa de mis abuelos, nos olvidamos de todos los juguetes y me bajé con mi primo a jugar al fútbol con un balón tan desgastado que la cámara parecía estar a punto de salirse. A mí, en ese momento, me pudo más las ganas de disfrutar con mi primo y jugar con él (seguramente, al verlo, los Reyes Magos de Oriente se llevaron las manos a la cabeza). Quizás esta manera de entender la vida vaya en el sentido contrario de lo que hay actualmente, plagado de contenido en redes sociales, con una búsqueda permanente de lo material y la necesidad imperiosa de mostrarlo al mundo. Pero es esta tendencia lo que convierte en necesario y urgente recuperar ese otro concepto de felicidad e intentar enseñarlo cada día, compartirlo con ellos, porque esa formación no viene en ningún libro.

Es verdad que hay veces que parece que nuestros alumnos, o nuestros jugadores de nuestros equipos, nos ponen a prueba, por estar insoportables o inaguantables no logran comprenderlo cuando les transmitimos ese mensaje. Pero cuando esto sucede conviene tener en mente dos reflexiones, que ayudan a entender para qué estamos los profesores y/o formadores: entender que enseñar es un acto amor, en el cual entiendo la singularidad del ser de cada alumno y lo veo como la persona que está llamada a ser; y por otro lado, recordar con humildad que todos tuvimos esa edad y nos gustó que con nosotros tuvieran paciencia, calma, para guiarnos por el camino correcto y empleando las formas adecuadas. Hace tiempo que la información está alcance de un click, para estudiar o leer todo lo que desees. Por esa misma razón, nuestro valor diferencial está en cómo hacemos llegar y qué finalidad le damos a la información que nosotros sabemos, tanto la que está en los apuntes como nuestras experiencias de vida, a los alumnos, deportistas, que tenemos delante. Decirles lo que necesitan escuchar, no lo que quieren. Exigirles indicándoles la finalidad, al mismo tiempo que elevamos nuestra autoexigencia al mismo nivel.

La enseñanza, la formación, va mucho más allá de un mero número. Tiene más que ver con entender que todo consiste en la búsqueda de un propósito, que te lleve a ser tan feliz como se pueda cada día, encontrar un sentido que te lleva a querer mejorar, a querer crecer para sacar lo mejor de ti y darlo a las personas que tienes al lado. Un camino que requiere de paciencia en lugar de inmediatez, en el que se busca la felicidad y no el placer, que se disfruta más y mejor cuando lo haces en equipo, escuchando más que hablando, exigiendo y exigiéndote, siendo consistente ante la dificultad en lugar de instalarte en la queja y el lloriqueo permanente, dejando que la persona brille sin tocar su sombra. Esa es la clave, al menos para mí, para evitar los contextos burbuja.

Un fuerte abrazo y que tengan una muy buena semana.

«Tú vives siempre en tus actos. Con la punta de los dedos pulsas el mundo, le arrancas auroras, triunfos, colores, alegrías: es tu musica. La vida es lo que tú tocas.»

(Pedro Salinas)

Todo cobra sentido

«No puedes unir los puntos mirando hacia delante; solo puedes unirlos mirando hacia atrás. Así que tienes que confiar en que los puntos de alguna manera se unirán en tu futuro. Tienes que confiar en algo: tu instinto, Dios, destino, vida, karma. Lo que sea. Este acercamiento nunca me ha decepcionado y ha hecho toda la diferencia en mi vida.» (Steve Jobs)

Hay momentos en la vida en los que uno percibe que todo empieza a cobrar sentido, porque todo el camino recorrido a base de no perder la esperanza, de seguir siempre hacia delante mirando con optimismo y tratando de sacar lo mejor que uno tiene dentro, te lleva a un punto de tu vida en el cual sientes que valió la pena. Pero no por una cuestión de ego o por un logro individual que ensalza tu autoestima; más bien porque ves un grado de felicidad en las personas que más quieres en tu vida que hace imposible no emocionarse.

Esta fue la emoción que sentí en numerosos instantes, con una fuerza increíble, durante todo el fin de semana en el que tuvo lugar nuestra boda, nuestro día; ese que con tantísima ilusión y emoción estábamos esperando. Ese día que, por más que te hayan dicho tus amigos que vas a sentirte de esa forma, vas a experimentar este sentimiento; da igual, hasta que no lo vives no eres realmente consciente de que lo que uno siente en ese momento supera a cualquier relato que te hayan podido contar. Es todo mucho más bonito que eso, es tremendamente maravilloso.

Es tan maravilloso que tiene ese punto de magia que perdura en el corazón para siempre, tanto que a día de hoy y escribiendo estas líneas me sigo emocionando como si estuviera allí, reviviéndolo de nuevo. Las sonrisas de mis amigos y esa emoción en sus ojos por poder estar todos juntos, por lo que íbamos a vivir desde el día de antes; las caras de felicidad de mi familia, mis primos, mis tíos, todos deseando disfrutar de ese día como niños; el recuerdo de quienes nos observaban desde el cielo; la sonrisa de mis padres desde el viernes y compartiendo juntos cada momento al máximo; la manera en la que fueron avanzando las horas hasta que me encontraba junto a mi madre esperándola a ella, a la mujer de mi vida. Ese momento inolvidable que tantas veces había soñado e imaginado, en el que entra en la catedral, vestida de blanco y agarrada del brazo de mi suegro y sientes que no puedes parar de llorar por una emoción tan bonita.

Porque ves su sonrisa, porque ves la manera tan mágica en la que brillan sus ojos, porque ese día se cumple nuestro sueño, ese día que tantas veces y durante tantos ratos nos hemos imaginado. El día en el que dices Sí, quiero, mientras la tomas de la mano, la miras a los ojos y sientes que no puedes tener más suerte, que no puede haber una suerte mayor que ver y sentir cómo es ese grado de amor con ella, de cariño, de confianza, de comprensión, de entendimiento, de conexión, es tan grande que la emoción por el momento que estás viviendo sabes que la llevarás contigo siempre, en tu corazón. Vivir, desde ese instante, para verla sonreír, para verla feliz, para crecer y caminar juntos.

Y es justo, en esos instantes, cuando percibes que todo cobra sentido. Que realmente valió la pena cada paso que diste, nunca dejar de confiar en el proceso, en el camino, seguir sacando lo mejor de ti para ayudar a que otros brillen. Seguir sumando, seguir arrimando el hombro tanto como sea necesario, sin poner una sola excusa, sin titubear, sin dudar de ti; siempre hacia delante y con ganas de más, de seguir creciendo y compartiendo momentos con esas personas tan especiales que forman parte de tu vida. Son esas mismas personas quienes ese día, viéndote emocionado durante todo el fin de semana, en ese altar esperando a quien hoy es tu mujer, saben lo importante que es para ti y se emocionan, lo sienten y lo viven como un día mágico, inolvidable y que llevaremos en el corazón para toda la vida.

Porque para mí la vida va precisamente de eso, de vivir momentos irrepetibles mientras emocionas a tu mujer, a tus padres, a tu familia, a tus amigos, en definitiva a quienes tienes en tu corazón y los cuidas con detalles sencillos pero sinceros. Nunca es tarde para decir «te quiero», para dar un abrazo o un beso de verdad, para dar las gracias porque te siguen queriendo y cuidando de ti, valorando todo lo que uno tiene y exprimiendo cada instante como si fuera el último. Vivir para sentir, sentir para emocionarse y emocionarse para sentirse vivo a cada instante, amando y cuidando a quienes están a nuestro lado.

Que tengáis una muy buena semana y por favor, nunca dejéis de caminar hacia delante. Un fuerte abrazo.

Fotografía: @ernesto.naranjo

Notas de un (súper)viviente

Hace unos diez años aproximadamente, estaba sentado delante de mi portátil y me dispuse a escribir el que sería mi primer post que llevaría por título «No olvidemos que somos personas.» Y eso es, justamente, lo que he intentado siempre recordar, que antes que nada está la persona. Por esa razón fui consciente de que las formas importan mucho, que cada detalle, cada gesto, cada palabra y el cómo decimos esa palabra, es la diferencia entre sumar o restar. Sumar, un verbo esencial, porque esta vida va de conseguir hacer sumar (o multiplicar incluso) a quienes están a nuestro lado, con quienes vivimos y convivimos, a quienes amamos con todo nuestro corazón.

Esa fue la razón de iniciar este camino, el de escribir posts creándome primero la página en blospot.com y más tarde en WordPress. Sumar. Ayudar a quien pudiera leer esos posts, tratar de ser de alguna manera motivación, fuerza, impulso para quien lo necesite. ¿Por qué? Porque toda misión, toda acción y todo proyecto requiere de un propósito lo suficientemente fuerte para que se consolide, perdure y sea consistente en el tiempo. Y creo, honestamente, que no hay propósito más bonito en la vida que generar, crear, algo nuevo que pueda servir de ayuda a otras personas. Pero, si te soy honesto, lo que nunca pude imaginar es que ese camino, ese viaje que se inició hace diez años con ese primer post, daría lugar a la publicación del libro que hoy te presento: «Notas de un (súper)viviente.»

Un libro escrito desde el corazón, en el cual en cada hoja, en cada párrafo, va sobre tinta un pedacito de mí. Vivencias, experiencias, reflexiones, opiniones que no son certezas absolutas, tan solo aprendizajes que extraigo como consecuencia de todo lo vivido en estos 34 años de viaje que llevo. Unos momentos y unas reflexiones que escribo para tratar de ayudar de forma doble. Por un lado, para aportar una perspectiva diferente a aquellas personas que, por el motivo que sea, puedan verse reflejadas en esas líneas y que les pueda ayudar a seguir adelante, a avanzar, a no dejar de superarse y seguir enfocados en lo que viene. Si algo he aprendido de cada vivencia, de cada reto afrontado, es que en esta vida uno debe agotar todas las posibilidades de intentarlo, sin perder jamás la fe, la esperanza y el optimismo por creer que se logrará el objetivo. A veces cuesta un poco más, a veces cuesta un poco menos, pero esto es tan cierto como que ningún mar en calma hizo experto al marinero.

Y por otro lado, para ayudar tanto como se pueda en la investigación contra la ELA, ya que una gran parte de los beneficios que se obtengan de la venta de este libro irán destinados a la investigación contra esta maldita y terrible enfermedad. De hecho, el libro llevaba escrito hace varios años pero no ha sido hasta ahora, al poner este propósito en mi vida, lo que me ha impulsado a retomarlo de forma decidida, con fuerza, cuidando cada detalle gracias a la ayuda de la mejor compañera de vida que puedo tener (sin ella, este proyecto no hubiera sido posible) para que por fin lo hayamos podido publicar.

Además, he tenido la suerte infinita de poder contar con dos personas increíbles, amigos de un valor incalculable, que han escrito el prólogo y el epílogo de este libro respectivamente como son Álvaro Merino Jiménez y David Dóniga Lara, a quienes quería aprovechar estas líneas para agradeceros, de todo corazón, vuestro granito de arena, vuestro cariño y vuestro tiempo en este libro, en este proyecto tan especial.

A ti, querido lector, que llevas desde mis primeros posts compartiendo momentos conmigo, lecturas y reflexiones, quería invitarte a este nuevo viaje. Un viaje al que ya se han sumado más de 100 lectores, más de 100 personas que han decidido sumarse cogiendo su pala y empezando a remar al máximo, para avanzar tanto como sea posible, pero eso sí, disfrutando siempre del viaje sin cansarnos jamás del paisaje. A quienes ya estáis remando, gracias de corazón por creer en este viaje y que cada palada vale la pena. A quienes aún no os habéis subido al bote, os esperamos con una sonrisa y con la intención de avanzar tanto como sea posible, porque este viaje no ha hecho más que empezar. Y como diría mi alumno Hugo, «vamos a remar tan fuerte, que va a parecer que el bote lleva motor.» Seguimos remando juntos, esto no para. Un fuerte abrazo, feliz jueves y feliz verano.

«Todo lo que Pablo ha ido alcanzando en su vida ha sido fruto de un entrenamiento sistemático, de una apuesta valiente, donde nunca ha tomado un atajo, donde ha apostado por un esfuerzo sostenido en el tiempo y donde ha generado oportunidades. Y este libro no es diferente al resto de los objetivos que el autor se ha marcado en su vida.»

(Álvaro Merino Jiménez)

«Pablo nos presenta una obra de teatro maravillosa, sublime; una película trepidante que podía haberse convertido en un drama, una comedia, un thriller o en cine de terror; una historia que, pudiendo ser cualquier cosa, él decidió que fuera de Amor. Sí, de Amor. Porque es lo que nos une. Lo opuesto al miedo. Amor en mayúsculas. El Amor que dio origen a todo y que tanto necesitamos para el desarrollo de nuestras almas.Un Amor con mayúsculas que le ha traído hasta aquí y que, con amor, nos invita a conocer para impregnar la conciencia universal de su granito de arena-amor-conciencia.»

(David Dóniga Lara)

Enlace para poder acceder a la compra del libro: https://www.amazon.es/Notas-s%C3%BAper-viviente-Quien-resiste/dp/B09ZCJNDMM/ref=sr_1_1?__mk_es_ES=%C3%85M%C3%85%C5%BD%C3%95%C3%91&crid=3KCVS33LZMZI1&keywords=notas+de+un+%28s%C3%BAper%29viviente&qid=1659603737&sprefix=notas+de+un+s%C3%BAper+viviente%2Caps%2C559&sr=8-1

Es la vida

Hace unos días iba de paseo con Bimba cuando nos encontramos con un hombre mayor, a quien prácticamente solemos ver todos los días andando por el parque de forma incansable y a la vez admirable. Estaba terminando de hacer las últimas dominadas en las máquinas, cuando Bimba decide que hay que ir a saludarle y con ello le saca la primera sonrisa a nuestro buen hombre. Le pregunto qué tal, cómo está, a lo que me responde que justo terminando de hacer su ejercicio físico, porque antes había estado andando y ya se marchaba para casa. Mientras me lo cuenta, le miro con admiración porque creo que hace falta mucha voluntad para mantener esa rutina día tras día con su edad y le digo que le veo muy bien, que le encuentro genial. Y aquí me regaló la reflexión del día: «Pues qué va hijo, no estoy tan bien. Me han detectado un tumor, me tienen que hacer pruebas y ver cómo hacemos. Pero tengo autocontrol, es la vida hijo; yo sigo caminando todos los días mi hora y media, hago mis 70 dominadas, mis ejercicios, me tomo mi cafetito y disfruto leyendo el periódico. Con eso soy feliz, con eso me vale.»

En cuestión de minutos este buen hombre me había recordado la importancia de la actitud, de querer seguir viviendo y disfrutando de lo que uno tiene, a pesar de que vengan mal dadas y de que la situación en la que nos encontremos para nada sea la deseada. Unida a esa actitud ante la vida va ligada de forma implícita, creo, la esperanza de que todo va a ir bien. Ser optimista en los tiempos que vivimos probablemente sea una tarea difícil, porque uno trata permanentemente de sobreponerse a lo que lee en las noticias, a lo que se escucha en la radio o a lo que se ve en el telediario (hace tiempo opté por no ver ni leer nada al respecto). Pero, precisamente por eso, uno debe agarrarse a la esperanza tan fuerte como le sea posible, porque como muy bien dice el autor Mungi Ingomane, en su libro Ubuntu: «Muchas veces, en los momentos más duros de nuestra vida, lo único que nos queda es la esperanza, y eso puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Nelson Mandela pasó veintisiete años como preso político en la infame cárcel de Robben Island en unas condiciones deplorables. Mientras estaba en prisión, su madre murió; más tarde, también falleció su hijo en un accidente de coche. No se le permitió asistir a ninguno de los dos funerales. Vivió día tras día en una estrecha celda de dos metros de ancho por dos y medio de largo de la que solo salía para hacer trabajos forzados en una cantera. Fue maltratado por los guardias de la prisión y sufrió daños en la vista como consecuencia del reflejo del sol en la piedra. Aún así, nunca perdió la esperanza.»

Si trasladamos esto al deporte, anoche el Real Madrid C.F. en su partido contra el Manchester City, hasta en tres ocasiones logró acortar distancias y mantener intactas las opciones para lograr el pase a la final de la Uefa Champions League, en el partido de vuelta que aún queda por disputar en el Estadio Santiago Bernabéu. El deporte, a través de actuaciones como la de ayer, o en deportes individuales con deportistas como Rafael Nadal, Carlos Alcaraz, Paula Badosa; no para de recordarnos que si hay algo que depende de nosotros es la predisposición a mantener la esperanza intacta, pase lo que pase, mientras sigo poniendo todo de mi parte para acercarme al objetivo, porque como muy bien dijo Borja Iglesias tras la consecución de la Copa del Rey por parte del Real Betis Balompié, «Me encantaría deciros que, cuando se trabaja mucho, siempre se consiguen las cosas, pero no es verdad. Sed buenas personas y las cosas estarán más cercas.»

Y para mantener esa esperanza intacta nada funciona mejor que enfocarnos en lo que nos mantiene vivos, ilusionarnos con el mero hecho de estar bien e ilusionar a quienes amamos de verdad de forma permanente; cuidar los pequeños detalles del día a día con un «gracias», un «te quiero» o un abrazo sincero, porque todo ello carga la batería de la motivación como nada. Nada funciona mejor, nada transmite más esperanza, que comportarnos cada día como una buena persona, respetando, amando y compartiendo. Quien da, quien se entrega, quien suma y multiplica, jamás se cansará del paisaje mientras dure el viaje. Un fuerte abrazo y que tengan una muy buena semana; nunca dejen de sonreír.

«Si hay luz en el alma, habrá belleza en la persona. Si hay belleza en la persona, habrá armonía en la casa. Si hay armonía en la casa, habrá orden en la nación. Si hay orden en la nación, habrá paz en el mundo.»

Proverbio chino

Hace tiempo, cuando yo era joven, si un viajero que estaba atravesando el país se detenía en un pueblo, no tenía que pedir comida ni agua. En cuanto paraba, la gente se la ofrecía y le daba conversación. Esta es una de las facetas del ubuntu, pero no es la única. El ubuntu no significa que hemos de dejar de lado nuestro propio bienestar. La cuestión es, ¿qué puedes hacer tú para apoyar a tu comunidad y ayudarla así a mejorar? Estas son las cosas que de verdad importan. Si eres capaz de hacerlo, habrás conseguido algo muy importante.»

Nelson Mandela

Aceptar y amar

«Es difícil conseguir que el bote vaya tan rápido como uno querría. El enemigo, desde luego, es la resistencia del agua, ya que hay que desplazar la cantidad de agua equivalente al peso de los hombros y el equipo, pero esa misma agua es lo que te aguanta y ese mismo enemigo es tu amigo. La vida es igual: los problemas que tienes que superar también te aguantan y te dan más fuerza para superarlos.» (George Yeoman Pocock)

Cada año en la semana que cae mi cumpleaños lógicamente es un motivo de celebración, de encuentro con las personas que más quieres, e incluso puede suceder que no veas a todos los que quisieras. Pero todas esas semanas tienen en común un nexo de unión: la emoción con la que la vivo, y la reflexión que viene al final de esa semana.

No se puede explicar con palabras lo que ha podido suponer en mi corazón esta semana, por las personas con quienes he podido compartir cada día desde el sábado pasado hasta hoy domingo. Momentos increíbles, amor, risas, abrazos, bromas, reflexiones, que me llevan a pensar en lo afortunado que soy, sinceramente. Pero además de esto, quería hoy compartir con el lector una de las ideas más importantes que me ha ha hecho reflexionar en estos días: la aceptación del pasado y de la incertidumbre.

Aceptación del pasado para ser capaz de valorarlo siempre como algo positivo, como una fuente de energía permanente que me lleve a pensar que gracias a lo vivido soy la persona que soy, para no caer jamás en el victimismo. Que me pueda emocionar, sí, pero siempre para darme fuerzas cuando lo necesite. Siempre, para respirar hondo antes de acometer un nuevo reto, mirar atrás en mi particular Everest y decir: Mira todo lo escalado, mira cada paso dado, cada huella dejada en la nieve es una huella que has dejado en las personas que están a tu lado, de la misma manera que tú dejas huella con tu manera ser en aquellas personas que te quieren. Que siempre mirar atrás sea para tener, si cabe, un motivo de más para seguir creyendo en ti más fuerte que nunca.

Y por otro lado, la aceptación de la incertidumbre que a veces intentamos controlar sin darnos cuenta de que es simplemente imposible. El exceso de control a veces puede generar ansiedad, estrés, que nunca ayudan y siempre restan. Sin embargo, si pasamos de intentar controlar a vivirlo todo lo máximo posible, el aprendizaje posiblemente sea mucho más favorecedor para nosotros. Esto me lleva a la frase en inglés que leí en su momento, y que me encanta: «Tú no siempre necesitas un plan. A veces tú solo necesitas respirar, confiar, ir, y ver qué pasa.» 

Con el paso del tiempo, con la ayuda de las personas adecuadas que te quieren, con tu predisposición a aprender de ellos, uno se da más cuenta si cabe de que no hay nada mejor que el amor. No hay motor más potente que amar. Amar tu vida, amar lo que haces, tener un motivo lo suficientemente potente como para levantarte cada mañana de la cama y querer ir a por todas, doblando la apuesta si hace falta. La actitud de quien sabe que lo importante es la dignidad con la recorres el camino de tu vida, y no los resultados finales que vas consiguiendo. El amor te permite aceptar, te permite escuchar, te permite llorar de emoción. Te da la posibilidad de conocer a personas increíbles. De ser respetuoso, comprensivo, y bondadoso con todos los que te rodean.

En la parte final de un documental sobre la vida de Michael Jordan, lo afirmaba de esta manera: «Lo más grande del juego del baloncesto, para mí, es la pasión. El amor que tengo por él. Porque cuando tú amas algo, lo llevas al extremo con tal de mantener el amor. Eso es lo que hace el amor. El amor hace lo necesario para mantener esa conexión. Si no hubiera mantenido este amor, hubiera sido imposible haber alcanzado todas estas cosas en las que hemos estado hablando. Y de verdad, es este amor el que me ha llevado a ser el mejor jugador de baloncesto que podría ser. Ser el mejor en algo implica que tienes que sentir un amor desmesurado para sortear todos los obstáculos que se van poniendo en tu camino. » Y esto, si me permitís, se puede llevar a todas las facetas personales: amistades, relaciones de pareja, trabajo, deporte. Es necesario sentir amor desmesurado por todo lo que hacemos.

Es ese mismo amor el que nos permitirá, como decía la frase en la pasada jornada de Santo Tomás de Aquino en nuestra universidad, tener «gratitud y perdón por el pasado, pasión por el presente y esperanza para abrazar el futuro.» Y como bien decía el fragmento del nuevo libro de Álex Rovira, de una foto que me mandó una de las personas más especiales que tengo en mi vida: «Por eso no olvidemos nunca amar sobre los tres pilares de los que hablado en estas páginas: ama comprendiendo, cuidando e inspirando. Harás la vida de los demás más plena y, con ello, la tuya.»

Por tanto, llego a la conclusión de cuán importante es la aceptación del pasado desde una perspectiva positiva que te dé fuerzas para seguir creyendo en ti cada mañana, generar amor y magia a cada instante de tu vida regalando momentos únicos a las personas con quienes vives en tu día a día, y estar enamorado de la vida que tienes para que ese amor te de la ilusión, la motivación, necesarias para que en el futuro más próximo que son las próximas horas, como mucho mañana, siga saliendo la mejor versión de ti mismo, la mejor sonrisa, que tus ojos sean auténticos cañones de fuego que generen calor y energía en quien los mira. Porque todos, absolutamente todos, no solamente necesitamos brillar, es que nos lo merecemos. Merecemos un chispazo de alegría que nos haga ver la vida cada día, aún con todas las adversidades que se pueden presentar, como una oportunidad única de aprendizaje y crecimiento personal.

Que tengáis una muy buena semana, os deseo lo mejor hoy y siempre. Un fuerte abrazo, y por favor, nunca dejéis de sonreír.

«Quien ame en plenitud habrá encontrado el sentido de su vida. Amar es vivir y vivir es amar. Amemos mientras vivimos y vivamos mientras amamos. Parafraseando al poeta Miguel Hernández, todos llegamos con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida. Y es nuestra responsabilidad cuidarnos de las tres. Feliz viaje: buena vida, buen amor, buen trabajo y, por supuesto, ¡buena suerte!» (Alex Rovira)
«Nietzsche dijo que debíamos poner en nuestras vidas la seriedad que pone el niño en sus juegos.» (José Ortega y Gasset)
«Siempre he tenido la ambición de ser el mejor constructor de botes del mundo; y sin falsa modestia, creo que he conseguido ese objetivo. Si vendiera Boeings, me temo que perdería el aliciente y me convertiría en un hombre rico, pero en un artesano de segunda. Prefiero seguir siendo un artesano de primera.» (George Yeoman Pocock)



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Ser consciente de lo vivido

«Qué bonito es saber que siempre estás ahí, quiero que sepas que voy a cuidar de ti. Qué bonito es querer y poder confiar. Afortunado yo, por tener tu amistad.» (Manuel Carrasco)

El pasado fin de semana me volvió a suceder. Quizás por la cena, el momento, por la persona con la que estaba, por el recuerdo del que estábamos hablando; me emocioné tanto que no pude evitar llorar por pura emoción. «Necesitas hacer esto más a menudo; no eres consciente de todo lo que has hecho Pablo.» Y efectivamente, creo que a día de hoy no lo soy. Quizás porque di por hecho que ese esfuerzo era lo que tocaba; o probablemente porque no le he dado el significado que tenía. Sin embargo, ahora al echar la vista atrás, me emociona mucho hablar de ciertos temas a los cuales es muy probable que no les haya dado la importancia que merecían. No importancia por repetirme a mí mismo «qué bueno soy»; pero quizás hubiera sido bueno para no dudar tanto de mí en momentos posteriores.

La conversación giraba en torno a las amistades, y de manera concreta hablaba de mi amigo Rafa Selles. Recordaba la semana en la que aprobé Anatomía, y luego posteriormente Fisiología del ejercicio en la última oportunidad que tenía en Junio, para evitar de esa manera ir a Septiembre. Última ocasión para sacar un curso, y una carrera, que sin duda había ido de menos a más. Pero con esa asignatura lo había pasado realmente mal porque por mi problema de audición y el tono de voz de la profesora no me enteraba de las clases, no conseguía escuchar bien, me sentía frustrado (otra vez esa sensación que creía olvidada en la ESO) por no sacar esa asignatura en concreto, y a su vez concluir la licenciatura. Es cierto que hubiera sido tan fácil como solicitar una tutoría antes de llegar a este punto tan extremo, pero el pensamiento mío era que jamás había tenido ayuda anteriormente (y la había solicitado), por mi problema de audición; no la iba a pedir ahora en la Universidad. Lo había convertido, casi sin querer, en un reto personal.

Y recordaba con muchísimo cariño como Rafa se quedó conmigo todas las noches a estudiar, a repasar los conceptos más importantes de la Fisiología del ejercicio, esquemas y más esquemas. Recuerdo perfectamente cómo me eché a llorar diciéndole que no podía, que no aguantaba más, que creía que no iba a aprobar, y él ahí, incansable, inagotable, con esa sonrisa que tantas veces me ha devuelto cuando sabía que estaba tocado. Recuerdo el calor tan abrasador que hacía en esas últimas semanas, que estábamos deseando terminar, irnos a casa, y ahí seguíamos, a machete, haciendo lo posible por sacar esa examen. Jamás se me olvida una de las mañanas siguientes, cuando miré el expediente académico, vi la nota (aprobado), y vi el expediente académico completo. No pude aguantar, tuve que cerrar la puerta de mi habitación, y romper a llorar, porque se me pasaba en mi cabeza toda una carrera, todos esos años, todos esos momentos. Recordando el primer día con mis padres, subiendo por la carretera de la Universidad para ver las instalaciones, cuando ante mi asomaba el reto más bonito que podía afrontar. Todo lo andado, todo lo recorrido, para llegar a este momento que tanto había deseado. Recordando todo esto no pude aguantar las lágrimas, mientras me decía «es bueno, y recomendable, que esto lo hagas más menudo, sacar todo lo que tienes dentro.»

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Muchas veces la propia vida nos marca un ritmo demasiado acelerado, frenético, que hace que no demos importancia al momento que vivimos, ni a recordarlo simplemente con el cariño que se merece. No es una cuestión de darse importancia, más bien creo que es una cuestión de recordar con verdadero cariño, con verdadero amor, todo lo que vamos haciendo y consiguiendo, la persona en la que nos vamos convirtiendo conforme vamos caminando en el camino que es nuestra vida. Probablemente la edad, la experiencia es un grado, te va pausando, te vas tranquilizando, y vas notando cómo percibes todo de otra manera completamente diferente. Pero también creo que influye mucho el dejarse desaprender, para volver a aprender. Escuchar a las personas adecuadas, leer los libros adecuados, aceptar recomendaciones, consejos con gran humildad sabiendo que lo que te dicen es desde el cariño, para que puedas sacar lo mejor de ti. Todo ello conforma un crecimiento brutal en lo personal, que logra que percibamos cada día como se merece, como una oportunidad para brillar tú; y en consecuencia para ayudar a brillar a quienes tienes a tu lado.

Vivir, creo, consiste en aprender constantemente a saber disfrutar del momento, del presente, de lo que tenemos sin dejarnos llevar por lo que nos tratan de vender desde fuera; ser capaces de obviar todo el bombardeo que recibimos en forma de objetos materiales, cosas externas, que no dan la felicidad aunque intenten convencernos de lo contrario. Vivir es saber apreciar la sonrisa de un amigo que va a verte mientras estás dando la clase, aunque tenga que coger un vuelo y vaya justo de tiempo. Vivir es saber enamorarte de unas vistas preciosas desde un lugar maravilloso, saber apreciar la belleza del atardecer, de la brisa y el frescor de los atardeceres de verano, el olor a primavera.Vivir es, para mí, saber valorar todo lo que has vivido cada noche y que te dé fuerzas para afrontar cada mañana con la mayor de las ilusiones.

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Esa noche lloraba porque me acordaba de mis momentos con Rafa, lloraba porque me acordaba de que había sacado una licenciatura de CCAFYD con la ayuda de mis amigos de clase, sin escuchar todo lo bien que escucho ahora, y sin saber que tenía una enfermedad como era la Hepatitis C que me estaba produciendo ya un cansancio notable, y yo sin saberlo. Yo creyendo, una vez más, que era normal sentirse así, y que por tanto había que lidiar con ello, aceptarlo, transformarlo de una excusa a un punto más de motivación, y que no fuera nunca un lugar ni espacio, ni momento, para la queja. «¿Te das cuenta de todo lo que has conseguido?» Era la pregunta esa noche; ahora creo que puedo decir que sí, que solo ahora es cuando empiezo a ser consciente.

Muchas veces en nuestro día a día se nos presentan las dudas, los temores, de una manera que nos hacen olvidar que por más grandes que sean, la única manera de lidiar con ellos, es enfocarse en el presente (que es lo único que podemos controlar), y aún pudiéndolo controlar tener claro que habrá ocasiones en que el futuro no sea el que esperábamos, pero sí el que nos toca afrontar. Y si aún con todo, no creemos en nuestras capacidades, echa la vista atrás. Mira lo que has recorrido, lo que has vivido, y cómo saliste fortalecido de todo cuanto afrontaste:

«Y cuando la tormenta de arena haya pasado, tú no comprenderás cómo has logrado cruzarla con vida. ¡No!. Ni siquiera estarás seguro de que la tormenta haya cesado de verdad. Pero una cosa sí quedará clara. Y es que la persona que surja de la tormenta no será la misma persona que penetró en ella. Y ahí estriba el significado de la tormenta de Arena.» (Haruki Murakami)

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y por favor, sepan disfrutar de una manera más auténtica de todo cuanto tengan. Les recomiendo que se paren a ver el vídeo, es de las mejores ponencias que he visto.

 

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Nuestra gran virtud

«Cada virtud solo necesita un hombre; pero la amistad necesita dos.» (Michel de Montaigne) 

Somos el resultado de las fuentes de las que bebemos, como bien diría mi amigo Álvaro Merino. Hace muy pocos días lo hablaba con una persona muy especial para mí, la idea de qué importante es elegir bien, y concretando sobre todo en tus amistades, en tus relaciones. Muchas veces no somos conscientes de cuánto nos pueden llegar a sumar o restar, multiplicar o dividir, resultando todo ello en una transformación positiva o negativa. De nosotros depende, es cierto, pero…¿cómo se llega a ese nexo de unión tan potente?

Amor es, sin duda, el ingrediente esencial para cualquier tipo de relación. Porque amar es a su vez respetar, comprender, entender, aceptar, todo lo que la otra persona es en su esencia, sin atender a otro tipo de aspectos que le rodeen, aspectos que nada tienen que ver con nuestra persona, aspectos que van más allá de lo material, de una cuenta corriente, de posesiones, nada de eso tiene que ver con lo supone una amistad, una relación verdadera. Se dice que los amigos de verdad son pocos, pero tiene su lógica: Pocos son aquellos y aquellas que están dispuestos, al igual que tú, a comprender, entender, y aceptar; en definitiva a amar.

Y esto a su vez es perfectamente aplicable a la pareja. A veces idealizamos demasiado el concepto de amor de pareja, de la misma manera que se idealiza desmesuradamente quien dice que tiene muchos amigos. El amor de pareja está lejos de marcarse en un contexto de Mr Wonderful, pero como dice esa misma persona tan querida para mí, hay que reivindicar también el derecho a estar mal algún día, a estar fastidiado o fastidiada por una mala noticia, por un bache emocional producto de algo que no sale como quieres, no pasa nada, de hecho es bueno. Es bueno sentir como, después de la oscuridad, se puede volver a resurgir como el ave Fénix.

Es bueno y necesario que en este camino de la vida tus amistades, tu pareja, te vean en tus días buenos y no tan buenos, en diferentes situaciones, en diferentes contextos, cómo asimilas y asimilan el éxito, el fracaso en un proyecto (siempre será mejor fracaso que error, porque error implica inmovilismo y por tanto no crecimiento personal); cómo aceptas una crítica constructiva, cómo te dejas aconsejar o no, de la misma manera que ves en ellos y ellas cómo calan tus consejos, tus opiniones, tus planteamientos compartidos. Todo esto que al final es una relación verdadera y auténtica, si observamos, siempre se sostienen bajo tres pilares: comprender, entender, y aceptar.

Por tanto, cuidar tus relaciones personales es cuidar tu calidad de vida, es al mismo tiempo cuidar de una manera minuciosa, cotidiana, pausada, tu crecimiento personal, tu avance, tu progreso como persona, como amigo, como hijo, como pareja, es en definitiva decidir cada día en base a las decisiones que tomamos cuánto deseamos crecer, cuánto estamos dispuestos a desaprender para volver a aprender, soltar las viejas creencias y abrazar nuevas opiniones, nuevos puntos de vista, nuevos contextos, que en muchas ocasiones nos marcan, nos dejan una huella emocional tan bonita, tan insuperable, que implica a su vez un gran crecimiento significativo personal.

Como diría Xavier Marcet al comienzo de su libro, debemos evitar por todo los medios la mediocridad. Y para ello,  señalo alguno de los puntos que me parecen muy interesantes: 1) La importancia de pensar2) Respetar a los que arriesgan3) Admirar el talento y otorgarle prioridad4) Respetar mucho el esfuerzo.5) Liderar es servir6) La autenticidad es la nueva core competence diferencial.7) Evitar la autocomplacencia.8) Talento llama talento.9) Ser buena persona, preferir la honestidad.  Y me detengo aquí en este valor de la persona, honestidad, porque lo considero como uno de los aspectos esenciales de la persona, que a su vez determina en un alto grado todas sus relaciones. Un valor que puede responder, perfectamente, a esta pregunta: ¿cuánto vales tú como persona?

Evitar la mentira, no aceptar comprarse bajo ningún precio, es algo que hoy en día se pone a prueba de manera constante, en diferentes contextos, en diferentes niveles, pero es una realidad que existe. Y no es cuestión de la cantidad de dinero de la que estemos hablando, sino más bien de educación, de aquello que nos han enseñado en casa, aquello que nos han enseñado que es lo más importante, y que verdaderamente de manera incuestionable, debe seguir siendo lo más importante durante toda nuestra vida. Evitar la traición, la mentira, la crítica desmedida, tiene que ver con aquellos valores innegociables que siempre hemos defendido. Tiene mucho que ver con la fuerza de la palabra tuya, la fuerza de la palabra de todas y cada una de tus amistades en cada tema tratado, en cada promesa, en cada hecho, en cada vivencia. Quizás no te reporte un beneficio cortoplacista, pero a largo plazo, conforme vayas recorriendo el camino de tu vida (un camino que jamás recorres solo, porque de la misma manera que nos necesitan, necesitamos de esas personas que tanto queremos; y porque más allá de necesidades, la vida compartida siempre sabrá doblemente mejor) te darás cuenta de que haberte mantenido siempre fiel a tu palabra, el hecho de haber sido honesto y sincero, te reportará momentos inolvidables que quedan marcados para siempre en nuestro corazón.

Y esta, en definitiva, creo que es nuestra gran virtud, nuestra esencia que a su vez está compuesta de la persona que decidimos ser cada mañana desde que nos levantamos hasta que volvemos a la cama buscando ese momento de descanso y paz con uno mismo, ese momento de pausa en el que uno quizás es más consciente, si cabe, de lo importante que es cuidar la calidad de nuestras decisiones porque son las que determinan la calidad de nuestras amistades, de nuestras relaciones y, a su vez, son las que marcan con una intensidad imborrable en nuestro corazón los momentos que vivimos, que compartimos, mientras avanzamos en un viaje en el cual el secreto probablemente sea no cansarse jamás del paisaje, como diría el bueno de Jon Pascua Ibarrola. Somos lo que somos gracias a la manera en que vivimos; y si algo puedo deciros, es que cuanto más auténtico eres, más momentos inolvidables te regala la vida.

Feliz año, deseo de corazón que todos vuestros sueños, retos, objetivos, se cumplan poco a poco, pero recuerda una cosa. Los mejores objetivos, los mejores retos, que se terminan consiguiendo son los que se logran en equipo. Concluyo con un fragmento de un relato que, creo, os sonará:

-Adiós-dijo el zorro-. Aquí está mi secreto. Es muy simple: solo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos. -Lo esencial es invisible a los ojos-repitió el Principito a fin de recordarlo. -Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante. -Es el tiempo que he perdido en mi rosa…-dijo el Principito a fin de recordarlo. -Los hombres han olvidado esta verdad-dijo el zorro-. Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa…-Soy responsable de mi rosa…-repitió el Principito a fin de recordarlo. 

«Aquel que tiene un «por qué» para vivir se enfrenta a todos los «cómo». (Friedrich Nietzsche.)

«No hay alivio más grande que comenzar a ser lo que se es. No estamos en el mundo para realizar los sueños de nuestros padres, sino los propios.» Alejandro Jodorowsky)

«Serás tan valioso para los demás, como lo hayas sido para ti mismo.» (Marcus T. Cicero)

«Sí-escucha decir a alguien el guerrero-. Necesito entenderlo todo antes de tomar una decisión. Quiero tener la libertad de cambiar de idea. El guerrero desconfía de esa frase. También él puede tener la misma libertad, pero eso no le impide asumir un compromiso, aunque no se comprenda exactamente por qué lo hizo. Un guerrero de la luz toma decisiones. Su alma es libre como las nubes en el cielo, pero él está comprometido con su sueño. En su camino libremente elegido, tiene que levantarse en horas que no le gustan, hablar con gente que no aporta nada, hacer algunos sacrificios. Los amigos comentan: Tú no eres libre. El guerrero es libre, pero sabe que horno abierto no cuece pan.» (Manual del guerrero de la luz)

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