Proyectos

«No creo en las charlas motivacionales, creo en los proyectos motivadores» (Phil Jackson)

En estos momentos del verano asoma mucho la palabra proyecto, refiriéndonos al nuevo curso que viene, a la nueva temporada que viene. Y hay una duda que siempre se me ha planteado: ¿por qué cuesta tanto que un proyecto sea consistente en el tiempo? ¿cómo se logra que un proyecto sea un generador de motivación, de impulso y de felicidad para las personas que forman parte de él? Creo que el primer punto está, justamente, en la pregunta: la clave es la persona.

Decía Xavier Marcet que los proyectos son las personas, porque son ellas quienes lo mantienen o lo hacen caer. Son esas personas quienes, en función de su motivación, de su credibilidad en el proyecto, su compromiso, su grado de sentimiento de pertenencia al mismo, deciden o no dar lo mejor de sí mismas para el colectivo. Todo proyecto exige, ante todo, un ejercicio de humildad tremendamente importante. Los proyectos no son carreras por la medalla, son más bien una carrera de ciclismo en el que todo el grupo hace el relevo, tira del equipo, pedaleando en la misma frecuencia, en la misma sintonía, tirando del equipo. Pero, ¿cómo se llega a eso?

Lo primero, es tener una visión (liderazgo) y una estrategia (gestión/planificación) de lo que busco con ese proyecto, con ese grupo de personas, cómo son y cómo las visualizo en el medio y el largo plazo, atendiendo a sus circunstancias personales, a su momento de vida y a su contexto. Una vez que tengo claro ambos componentes, es esencial permitir subir al pelotón a la persona adecuada y dejar que se bajen del mismo las menos adecuadas. Poner a la persona adecuada en el sitio adecuado. Como dice Jim Collins, «tu principal activo no es la gente; tu principal activo es la gente adecuada

Una vez que tengo a la persona adecuada en el asiento adecuado debo pensar en cómo gestiono ese grupo, cómo planifico y estructuro su actividad diaria, con el único fin de que sea un equipo eficaz. Y para ello, Peter Drucker nos da ocho claves en forma de preguntas:

  • ¿Qué hay que hacer?
  • ¿Qué es bueno para la empresa?
  • Desarrollar un plan de acción
  • Responsabilizarse de las decisiones
  • Responsabilizarse de la comunicación
  • Centrarse en las oportunidades y no en los problemas
  • Organizar reuniones productivas
  • Pensar y decir <<nosotros>> en lugar de <<yo>>.

Estos ocho puntos permiten que el grupo esté enfocado, se sienta parte del proceso y realmente esté comprometido con el propósito y con el sentido del proyecto. Pero, una vez que todo el proceso diseñado, cómo lo pongo en marcha, cómo lo desarrollo en mi día a día. Y aquí, bajo mi punto de vista, es donde entra la magia del liderazgo, aparece lo que no se puede medir pero al mismo tiempo es lo que conecta a todas las personas. Hay cinco componentes de la persona que considero esenciales, que son el revestimiento imprescindible para que un proyecto sea eficaz y consistente en el tiempo:

  • Credibilidad
  • Integridad
  • Decencia
  • Coherencia
  • Bondad

Estas cualidades de la persona bien podrían ser parte de lo que para Jim Collins es el liderazgo nivel 5; un tipo de liderazgo que es el que conduce realmente a la excelencia. «Se trata de líderes tranquilos, reservados e incluso tímidos; líderes que combinan modestia y humildad extrema con una intensa determinación profesional. Son más parecidos a Lincoln y a Sócrates que a Patton o a César«. Conforme hemos ido avanzando en tecnología, en IA, en ciberdata, hemos ido olvidando que quienes transforman lo imposible en posible son las personas, que son las que sostienen los equipos y, en consecuencia, los proyectos. Personas que, la mayoría de las veces, quieren un líder en el que poder creer sin temor; que nunca les mienta; que sea consecuente con las decisiones que tome; y, por encima todo, que demuestre una bondad a prueba de todo tipo de adversidad.

Dice José Antonio Marina que «la bondad es la culminación de la inteligencia. La inteligencia no se limita al conocimiento o a la resolución de problemas; sino que su más alta expresión se encuentra en la capacidad de dirigir el comportamiento de manera ética y beneficiosa para uno mismo y para los demás. La bondad no es un valor moral, sino una forma de inteligencia práctica que busca el bienestar común a través de decisiones y acciones bienintencionadas. Es poner el foco en la ética y la compasión como componentes esenciales de una inteligencia plena y efectiva. » Y esto nos conecta, implícitamente, con lo que más desea la gente según Jim Collins: «¿Qué es lo que más desea la gente? Formar parte de un equipo ganador, contribuir a producir resultados visibles y tangibles, sentir la emoción de estar implicado en algo que funciona a toda velocidad. […] Cuando la gente empieza a sentir la magia del impulso al ver resultados tangibles y al sentir que la rueda empieza a ganar velocidad, es cuando la gran mayoría se alinea y arrima el hombro para empujar hacia delante.»

Cualquier proyecto va de eso, de sumar, de arrimar el hombro y empujar hacia delante, de hacer un ejercicio de fe permanente, creyendo en la persona que tienes al lado. Ver lo que otros no ven, proyectar lo que probablemente ni siquiera esa persona imagina. Y cada día recorrer el camino juntos, motivando, siendo exigentes pero cuidadosos, porque el cómo caminamos será siempre más importante que lo que perseguimos. Es el cómo lo que nos define, lo que marca y lo que deja huella en el corazón colectivo de ese equipo. Es la manera en la proyectas la magia, y eres capaz de mantenerla consistente en el tiempo, lo que marca la diferencia entre cumplir o que el equipo, en ese proyecto, obtenga un rendimiento excepcional. Cualquier persona, lo que más desea, es formar parte de un viaje que le entusiasme, que le encienda la mecha de la ilusión, y que la acerque un poquito más a ser feliz, a sentirse plena y sentir que lo que hace realmente vale la pena.

Feliz verano, un fuerte abrazo.

Visión comprometida

«El primer paso para escalar una montaña es comprometerse a llegar a la cumbre. El mapa del territorio se vuelve útil una vez que se ha determinado el punto de llegada. Antes, es sólo un dibujo en un trozo de papel. La aspiración de llegar a la cima es lo que le da importancia y sentido al mapa. El norte confiere al mapa una orientación convencional, pero la visión le otorga una orientación personal. La visión da significado al territorio; gracias a ella existen distinciones entre «lo que me acerca» y «lo que me aleja». De la misma forma, la aspiración de llegar a algún lado es lo que da importancia y sentido a la vida. La visión hace que las situaciones aparezcan como satisfactorias o insatisfactorias. El compromiso con visión produce la energía necesaria para actuar en el mundo. Ese compromiso también prepara la mente para encontrar oportunidades, de otra forma invisibles.»

(Fred Kofman)

Compromiso y visión, eso es lo que se desprendía de las declaraciones que hizo Toni Martínez, declarado mvp del partido disputado entre Real Sociedad y Deportivo Alavés. Apenas había podido entrenar, solamente visualizar el entrenamiento del equipo para saber qué esperaba Luis García Plaza de él y todo esto teniendo en cuenta que se había hecho los 661 kms que separan Oporto de Vitoria mientras se cerraba su fichaje, según indican algunas fuentes de periódicos locales de Vitoria. Pues bien, para sorpresa de todos, logra el segundo gol que da la victoria al Deportivo Alavés contra la Real Sociedad y vuelve a marcar ayer, en su estreno como local en el estadio de Mendizorroza.

Septiembre es el mes de los inicios de nuevos proyectos, porque cada proyecto es nuevo aunque sea el mismo sitio, el mismo lugar. Eso lo saben bien en el Deportivo Alavés, quienes han sabido construir un proyecto deportivo ilusionante, que derrocha fuerza, energía, motivación e ilusión a raudales. Han sabido combinar fichajes de jugadores jóvenes con hambre, con ganas de aportar; con jugadores experimentados, que tienen esa mirada como dice Xavier Marcet, “más sabia que experta, gente que pueda aportar otra mirada y ponga otro calibre a los compromisos.”

La dirección deportiva, con Sergio Fernández al frente, ha sabido implementar esa visión de lo que buscan como equipo, como entidad, como institución, en cada paso dado en la confección de la plantilla. Una visión impregnada de sentido, de poner un propósito compartido desde el inicio hasta el final de cada entrenamiento, de cada partido. Un sentido que, explicado por su entrenador Luis García Plaza, no es otro que tener muy claro que “en el Deportivo Alavés, o compites y vas, o no la vas a rascar. […] O te dejas la vida aquí, o no vas a poder jugar.”

El Deportivo Alavés, con este proyecto deportivo, nos recuerda que de nada vale ponernos a soñar en septiembre si no estamos dispuestos a dar lo mejor de nosotros día a día, paso a paso, en lo individual y en lo colectivo. La importancia que pueda tener un proyecto se la das tú, con tu sentido del buen hacer, tomándote tu tiempo, disfrutando de lo que haces y con quien lo llevas a cabo. A veces, es necesario creer para ver. Soñar, dispuesto a construir para convertir ese sueño en realidad. Se construye comprometiéndose de manera honesta, sin aspavientos, de manera sencilla, pero sabiendo interpretar a cada momento lo que las personas necesitan de ti. Tener paciencia para encontrar la sintonía perfecta, esa sintonía cuya frecuencia haga que todos pasen de la estática, a la dinámica. De ser meros observadores, a ser parte de su propio crecimiento. Porque es en el crecimiento personal donde uno muestra su mejor versión profesional, siendo capaz de mantenerla de manera consistente en el tiempo. Suena sencillo, pero cada vez cuesta más encontrarlo.

Encuentra tu montaña, comprométete de verdad y empieza a subir. Pero recuerda, lo más importante, mientras subes, mientras notas cómo el cansancio va aumentando, es que te permitas parar y contemplar el paisaje. Disfruta del viaje, un fuerte abrazo y buena semana.

«Bien pensado tampoco es que estemos mucho tiempo aquí. Si hablas con alguien que haya cumplido los ochenta o los noventa te hará la reflexión de que parece mentira que la vida pase tan deprisa. El tiempo se nos escurre de las manos como la arena, y ya no vuelve. Vive hoy con arrojo, pasión, excelencia y amor. Corre hacia lo que te atemoriza. Sé el defensor de quienes te rodean. Y escarba en tu interior para que salga a relucir una parte mayor de tu auténtico ser» (Robin Sharma)

«Sólo un guerrero es capaz de soportar el camino del conocimiento. Un guerrero no puede quejarse o lamentar nada. Su vida es un permanente desafío y los desafíos no son buenos ni malos. Los desafíos son simplemente desafíos. La diferencia básica entre un hombre ordinario y un guerrero es que el guerrero toma todo como un desafío, mientras que el hombre ordinario toma todo como una bendición o una maldición.» (Don Juan, chamán tolteca)

«La dignidad humana no depende de la efectividad, sino de la coherencia entre el comportamiento y los valores. Esta posibilidad de actuar con dignidad es absolutamente básica e inalienable. Al igual que la responsabilidad, la dignidad es tan incondicional como la humanidad del ser humano. Solo depende del obrar acorde con la conciencia y los valores.» (Fred Kofman)

Legad8

«El carisma no tiene nada que ver con la energía; deriva de la claridad del por qué. Es fruto de un convencimiento absoluto en un ideal mayor que uno mismo. Por su lado, la energía es consecuencia de una buena noche de sueño o de montones de cafeína. La energía puede entusiasmar; pero solo el carisma puede motivar. El carisma se hace acreedor de la lealtad; de la energía, no.» (Simon Sinek)

Pocas veces se ha podido aprender tanto de un jugador de fútbol, no solamente por su capacidad de entendimiento del juego, sino por su comportamiento diario, su absoluta coherencia entre su entendimiento del juego en particular y de la vida en general. Si hubiera que poner un póster de un jugador de fútbol en todas las academias de fútbol base, sin duda sería de Toni Kroos. Por su carisma con compañeros y rivales; por su convencimiento absoluto en un ideal mayor que él mismo consistente en hacer siempre lo correcto; por su lealtad asumiendo todas las consecuencias.

No había más que ver la manera en la que Toni hacía gestos con las manos nada más salir al césped del Santiago Bernabéu, para saber que esos momentos no le gustan nada. Sí, esos momentos en los que los focos se ponen sobre uno, todos los flashes de las cámaras apuntando a la misma persona. Esos instantes por los que pelean millones de personas cada día sin embargo, él, los detesta. Siempre prefirió el segundo plano, disfrutar de cada entrenamiento, de cada partido, de cada rito como el de limpiar sus propias botas. Algo tan sencillo como esto, pero con el significado tan grande que hay detrás que nos viene a decir «de lo mío, me ocupo yo.» El carisma no se compra, se genera de manera natural, espontánea. Y es más grande conforme a los actos, a los hechos, que definen tu persona en el transcurrir de los días. Es evitar hacer ruido de manera innecesaria pero, al mismo tiempo, defender tus valores, tus creencias y tus ideales, cuando corren el riesgo de perderse.

Siempre tuve la impresión de que Toni se retiraría esta temporada cuando confirmó que quería volver a la selección alemana. ¿Por qué? Porque no se había cansado de repetirlo durante todo ese año: «Mi idea es retirarme en lo más alto.» Es el convencimiento absoluto, tu creencia, lo que hace que mantengas la palabra dada. Ese valor tan inmenso y a la vez, tan pisoteado, la palabra dada. No es sencillo ser consecuente y coherente entre lo que dices y haces, evitar los cambios de decisiones, ser ventajista. Pero vale la pena, no por nada en concreto sino por todo. Por tu integridad, por tu coherencia, por tu autenticidad en tu día a día. Quien es capaz de mantener la palabra, incrementa su valor como persona y en consecuencia, su capacidad para generar una fuerte conexión con todas las personas que le rodean. Genera confianza, compromiso, respeto y una influencia tremendamente positiva en toda la institución. Sin esperar nada a cambio, simplemente porque haces y dices a cada momento lo que entiendes que es lo correcto.

Y por último, son ese carisma y ese convencimiento lo que le ha llevado a mantener su lealtad al Real Madrid hasta las últimas consecuencias, hasta el último partido con la camiseta blanca. Cuando cuidas esos tres elementos, sabes que lo correcto es que te retires en el club que te lo dio todo, a quien le diste todo y con quienes compartiste tantos momentos inigualables. La lealtad no se compra, se gana en el cuidado de los pequeños detalles, muestras de cariño, gestos que vuelven lo sencillo, lo cotidiano, en excepcional, por pura calidad humana. Toni siempre entendió muy bien dos conceptos. El primero, jugar a la velocidad que el equipo necesita, porque cuando uno es un líder con mayúsculas, entiende desde el primer momento que está para servir. Y lo segundo, que el fútbol, como la vida, es un juego de equipo y por eso antepone siempre buscar al compañero mejor posicionado antes que intentar la jugada individual.

Colgará las botas tras la Euro un futbolista excepcional, pero lo que le convierte en leyenda es la persona que ha sabido ser y es desde el primer día hasta hoy. El fútbol necesita más futbolistas como Toni, sencillos, educados, respetuosos con todo y con todos, enseñando que cuando realmente amas algo, uno debe hacer un esfuerzo permanente por cuidarlo. Eso es lo que él ha hecho con el balón, en cada entrenamiento y en cada partido, evitar perderlo. Uno debe encargarse de convertir lo que para el resto puede ser un día más, en un día excepcional. Un oportunidad única para seguir peleando por tu sueño, con motivación, con voluntad, con esfuerzo, simplemente porque entiendes que esto es lo correcto. Que tengáis un muy buen final de semana, un fuerte abrazo.

«La energía siempre se puede infundir en una organización para estimular a la gente a que haga cosas. Bonificaciones, ascensos, otras zanahorias e incluso algún que otro palo pueden lograr que las personas se esfuercen, eso seguro, pero las ganancias, al igual que ocurre con las manipulaciones, tienen un corto recorrido. Con el tiempo, semejantes tácticas cuestan más dinero y aumentan el estrés, tanto para el empleado como para el empleador, y al final se convierten en la principal razón para que gente acuda cada día al trabajo. Eso no es lealtad; eso es la versión empleado de un cliente frecuente. La lealtad de los empleados es cuando rechazan más dinero o beneficios para seguir trabajando en la misma empresa. La fidelidad a una empresa derrota a la remuneración y a los beneficios. Y, a menos que seas un astronauta, tampoco es el trabajo que realizamos lo que nos motiva: lo es la causa por la que acudimos a trabajar. No queremos ir a trabajar para levantar un muro, queremos ir a trabajar para edificar una catedral.» (Simon Sinek)

ADN Real Madrid

«Nuestro Real Madrid solo tenía una consigna que se heredaba a lo largo del tiempo: callar y ganar. Éramos los mejores y nos chillaban por eso, pero nosotros no hacíamos caso a nadie. Éramos un equipo de currantes con frac. Siempre salíamos a ganar. Teníamos respeto incluso a los equipos de Segunda. Nos obsesionaba perder y hacer el rídiculo. Las <<santiaguinas>> que nos daba el presidente eran siempre sobre este asunto. No le gustaba que sacáramos pecho.» (Paco Gento)

A veces el deporte, el fútbol, nos regala reflexiones maravillosas para aplicar en nuestro día a día, sin importar en el contexto en el que trabajemos. En este caso concreto, el Real Madrid nos ha regalado en una semana un auténtico ejercicio de superación, de compromiso colectivo y una capacidad para pelear por tus objetivos que se eleva hasta un nivel inalcanzable. Y la pregunta para quienes nos apasiona la gestión de grupos, tras ver los partidos contra Manchester City y FC Barcelona es: ¿cómo puede ser posible? ¿cómo han sido capaces?

En el Real Madrid han sabido combinar muy bien, en mi humilde opinión, tres componentes: ADN, liderazgo humano y sinergia implacable. En la introducción a este post cito esa reflexión de Paco Gento, que condensa muy bien en qué consiste ese ADN. El Real Madrid ha sido capaz de trasladar, desde entonces hasta el día de hoy, de manera impecable ese ADN traducido en hábito diario. El objetivo de ser los mejores, pero sin compararse con nadie, poniéndote la vara de medir en ti. Al mismo tiempo, lograr el equilibrio tan necesario entre ambición y humildad, consiguiendo que el club crezca cada día, por propia voluntad, por predisposición a querer creer y crecer hasta lograrlo, por sentimiento de pertenencia, compromiso hacia un escudo que sabes que debes dejar en mejor posición que cuando llegaste el primer día.

En segundo lugar, encontramos un liderazgo humano que reside en la figura de Carlo Ancelotti, quien ha sabido entender perfectamente qué es lo que necesita el Real Madrid a cada instante. Y esto es tremendamente importante, porque no todos los liderazgos encajan en cualquier equipo, ni en cualquier institución. Esa pausa tranquila, esa mirada serena pero a la vez cargada de personalidad, ese breve minuto necesario antes de responder en el cual sabe cuál es la frase correcta acorde a cada escenario, a cada momento y con cada jugador han hecho de él que se pasase de calificarle negativamente como «alineador» a ser el entrenador de referencia, con mayúsculas, a tener muy presente a día de hoy. Ha convertido en arte la capacidad de permanecer en un segundo plano, anteponer su humildad a su ego individual, consiguiendo con esto potenciar tanto a jugadores como a cuerpo técnico, encontrándoles su lugar en el cual poder explotar todas y cada una de sus cualidades, para que sumen al grupo. El grupo, eso siempre fue y será lo importante.

Y por último, una sinergia implacable encontrada en el equipo, en esa relación que se ha establecido entre los jugadores, fruto del trabajo primero de toda la dirección deportiva en la toma de decisión respecto a los fichajes, siguiendo una pauta muy clara; y por otro lado, como consecuencia del excelente trabajo de todo el cuerpo técnico y de Carlo Ancelotti, sabiendo ubicar a cada jugador en su contexto, desarrollando todas sus potencialidades, puliendo sus aristas y trabajando mucho en que el jugador sea capaz de encontrar soluciones, dándole esa capacidad y la vez confianza para decidir pero siempre enfocados en sumar al grupo. Han sido capaces de generar un ecosistema en el cual se disfruta de la exigencia máxima, de la inconformidad por querer siempre un poquito más, por propia voluntad individual de sumar al grupo, al equipo, para lograr un rendimiento excepcional. No importa dónde juegue, no importa cuánto juegue; lo único importante es ganar para seguir creciendo, crecer para seguir avanzando y avanzar para estar cada día, cada entrenamiento, cada partido, más cerca del objetivo.

Y yo les pregunto: ¿Quién no querría sentir un ADN similar en su empresa? Se malgasta muchas veces el tiempo en quejarnos, en poner excusas cuando no se consiguen objetivos, cuando en realidad lo único en lo que se está pensando el lunes es en que por favor, que llegue pronto el viernes. El Real Madrid nos ha regalado la semana pasada una lección increíble, sobre qué se necesita para conseguir resultados excepcionales pero también nos han recordado a todos que para conseguirlos no existen los atajos, no existen las medias tintas. Tan solo vale estar bien enfocado y de manera consistente en el tiempo, en sumar, en arrimar el hombro, en mantener intacta tu voluntad de ser un poquito mejor cada día mientras disfrutas al mismo tiempo de ese crecimiento, de esa mejora, no solamente tuya, sino ayudando a quienes están a tu lado. Como diría Don Alfredo Di Stéfano, «ningún jugador es tan bueno como todos juntos.»

Que tengas una muy buena semana, un fuerte abrazo y, ojalá, cada día estés un poquito más cerca de conseguir levantar tu particular Copa de Europa. Todos tenemos una que, algún día, soñamos con alcanzar.

Caminando juntos

«Cuando te levantes por la mañana, piensa en el precioso privilegio de estar vivo, respirar, pensar, disfrutar y amar.»

(Marco Aurelio)

Hace dos noches me emocionaba con mi mujer, mucho, recordando las primeras clases con nuestros alumnos de 1º TSEAS y 1º TSAF DUAL, en especial con una de las clases en las que hablábamos sobre las preguntas básicas. Preguntas como «¿cuál es el mayor reto conseguido? ¿qué puedo aportar? ¿cuál ha sido mi peor momento?» nos permitieron generar un espacio para la escucha desde el corazón, para compartir momentos y, al mismo tiempo, darnos cuenta de cuántos puntos en común tenemos, cuánto compartimos.

Pero hubo un instante que me emocionó mucho, al leer los objetivos individuales y colectivos que se marcan para este curso: «Ser feliz y tener un trabajo que me llene. Trabajar en algo que me dé validez y llevar una vida con la que me sienta satisfecho y equilibrado. Sacarnos el grado siendo felices. Ayudarnos para salir adelante. Ser mejor que ayer.» Cuando como profesor te pones delante de la pizarra y lees cada uno de estos objetivos, no puedes evitar emocionarte. La educación, la formación, nos permite la gran suerte de poder generar estos momentos que son la mejor palanca posible para que quieran crecer, querer avanzar y caminar hacia delante. Es una tremenda responsabilidad que se transforma en felicidad diaria cuando estás con ellos, cuando sientes la fuerza que les da sentirse escuchados de verdad y que les miras con optimismo, con ilusión, transmitiendo ganas, energía y por qué no, empezar a pensar que puedo llegar hasta donde me proponga a base creer, a base de insistir y ser constante.

Estuvimos hablando también de la importancia de seguir siendo agradecidos, de recordar que tenemos una cama donde dormir, una familia en la que sujetarnos y seguir creciendo, un plato de comida, un desayuno, un vaso de leche caliente. Según vas diciendo esto notas cómo se perciben las caras emocionadas, porque estás haciéndoles recordar por todo lo que han pasado para llegar a estar donde están sentados, en ese aula, esperando aprender tanto como sea posible. Y es en ese instante cuando te das cuenta, de que esa emoción, esa ilusión máxima que tienen, es lo que te hace a ti ir cada mañana a dar clase a la universidad como un auténtico avión. Es lo que te hace generarles preguntas, hacerles pensar, ayudarles a crecer generando el mejor contexto posible, a base de autenticidad, honestidad, coherencia y sinceridad. Un profesor nunca debe darle a un alumno lo que quiere, sino lo que necesita. Tener la capacidad para afrontar conversaciones difíciles, escuchando desde el corazón y hablando con honestidad, sin dañar a la persona.

Ayudar a crecer a un grupo de alumnos, a un equipo deportivo o a un departamento, es estar dispuestos a cambiar la velocidad, con tal de llegar juntos al objetivo común, haciendo el camino juntos. Como decía Dave Cooper, «ser vulnerables juntos es la única manera que un equipo tiene de volverse invulnerable.» Aprender, crecer, mejorar, para ser como muy bien decía uno de ellos mejor que ayer. Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo.

«Felicidad. Una palabra que la empleamos poco y que es la base de la vida. Lo más grande que le puede pasar a un ser humano es trabajar en lo que te gusta y levantarte a la hora que quieres. […] Lo más importante es ser número uno en la vida.»

(Pepe Domingo Castaño)

Talento infinito

Recién comenzado el verano, uno como profesor, entrenador de fútbol; formador en definitiva, tiene más tiempo para pensar, para reflexionar, sobre lo acontecido en este curso o temporada y así ver hacia dónde vamos en la formación de nuestros estudiantes, de nuestros deportistas. A veces, como decía Leiva en una entrevista reciente, es necesario «volver al punto de partida para recordar por qué empezaste.» Esa debería ser la primera pregunta que, una vez terminado todo, te vuelvas a formular: ¿Por qué decidí ser profesor/a, entrenador/a, formador/a? Mi respuesta la tengo clara: el desarrollo del talento.

Cuando hablo o pienso sobre el concepto de talento, me vienen a la cabeza dos reflexiones tremendamente genuinas. La primera es de José Antonio Marina, quien define el talento «como la inteligencia bien dirigida.» Es decir, la capacidad para tomar buenas decisiones, que sean eficaces y eficientes al mismo tiempo. Generar en nuestros estudiantes, en nuestros deportistas, la capacidad de analizar, pensar, razonar y posteriormente decidir, escogiendo la solución más adecuada para ese determinado problema, en ese contexto concreto, de manera autónoma y por sí mismos.

Por otro lado, instantáneamente me viene a la memoria la reflexión de Jorge Valdano, quien en otra entrevista definió el talento como «la velocidad punta de la inteligencia»; introduciendo de manera más palpable si cabe la unidad de tiempo, es decir, ser capaz de tomar decisiones en el menor tiempo posible, con gran capacidad de anticipación al rival para de esa forma generar ventaja, ocupando espacios, habilitando compañeros, para hacer gol. Y aquí se me plantea una duda, ¿el objetivo es simplemente hacer gol? Si lo trasladamos a la educación, ¿el objetivo es simplemente aprobar o sacar buenas notas? Para mí, creo que aquí está uno de los errores cuando nos ponemos a programar, a planificar y desarrollar lo que será el curso que viene o la temporada que viene.

El talento, para mí, es todo lo mencionado anteriormente más pasión, emoción, voluntad y, todo ello, multiplicado por equipo. ¿Por qué? Es sencillo. Cada uno de nosotros, cuando está en la butaca del espectador, ¿qué nos emociona? Efectivamente; el talento en su máximo exponente. Ahora bien, para que esto se produzca en un contexto de competición, en un contexto de tantísima exposición de cara al público, ¿cuál es el trabajo previo a realizar? Generar en ese deportista, en ese alumno, el contexto en el cual crezca mientras se potencia aquello que le apasiona, aquello que le emociona. ¿Para qué? Para que encuentre un sentido en lo que hace, una utilidad, un significado especial que le lleve a esforzarse, a trabajar más y más, para así desarrollar su voluntad. Y, en consecuencia, su autonomía. Las personas, cuando encuentran el sentido y propósito de su tarea cotidiana, transforman el esfuerzo obligado en voluntad compartida. Y justo ahí, aparece el aroma de equipo.

Es en ese instante cuando cada uno comprende que necesita del otro, porque en la vida ,si existe una competición, esa debe ser única y exclusivamente consigo mismo, en lugar de contra el otro. Dice Zygmunt Bauman que «las aptitudes que más necesitamos para dar a esa esfera pública una oportunidad razonable de recuperación son las relacionadas con la interacción con otras personas: dialogar, negociar, comprenderse mutuamente y gestionar o resolver conflictos que inevitablemente surgen en todo ejemplo de vida compartida.» Como profesores, entrenadores y formadores, deberíamos enfocarnos mucho más en generar el contexto más adecuado, pasar posteriormente al cómo desarrollamos nuestra metodología con ellos, descubrir quiénes son, ayudarles, guiarles hacia su talento y así, juntos, llegar a qué queremos que aprendan. El concepto, la idea, las definiciones a aprender, siempre las van a tener a mano; por esa sencilla razón importa mucho más que, a partir de lo que les emociona, lograr que generen sus herramientas en un contexto lo más parecido posible al que luego se encuentren en su vida adulta, ya sea en su trabajo o en la competición.

Uno solamente llega a descubrir su talento, aquello que le apasiona, cuando empieza a conocerse de verdad. Pero para eso hay que dar, previamente, un pasito de valentía, un pasito de atrevimiento para reconocerse y saber quién eres, con tus virtudes y tus defectos, aceptándote tal y como eres. Solamente así comienzas a conectar, comienzas a sentirte vivo, a sentir que puedes aportar como persona. Conocerse y reconocerse es, al mismo tiempo, evitar dar ciertas cosas por hecho, porque a veces te puedes sorprender descubriendo, como decía Leiva, que «todo lo que me acompleja, quizás sea lo que más conecta.» Y uno solamente empieza a quitarse los complejos, los miedos, los temores, y pasa a descubrir lo que más le conecta con el mundo cuando percibe cariño y exigencia desde pequeño, en el deber de tratar de ser su mejor versión cada día.

Ese deber es el que debemos trasladar a nuestros estudiantes, a nuestros deportistas, a base de cariño, de respeto y al mismo tiempo exigencia con lo que uno es y consecuente con la persona en la que quiere convertirse a futuro. Esa misma persona que vemos nosotros, cuando los tenemos delante, cada día, como formadores. Formar es generar oportunidades de crecimiento, para que poco a poco se desarrolle el talento infinito que toda persona tiene dentro de ella. Por la sencilla razón consistente en que, cuando el talento toca la partitura con cariño y ternura, consciente de que ese instante es finito, la emoción que se genera en su corazón y en el de las personas que lo ven, se convierte en un momento mágico e infinito.

Que tengáis una muy buena semana y sed valientes, sigan creciendo, sigan hacia delante y mirando a la vida con ilusión, con una sonrisa y tratando a cada instante como lo que es, un momento que no volverá a repetirse. Un abrazo muy grande,

Notas de un (súper)viviente

Hace unos diez años aproximadamente, estaba sentado delante de mi portátil y me dispuse a escribir el que sería mi primer post que llevaría por título «No olvidemos que somos personas.» Y eso es, justamente, lo que he intentado siempre recordar, que antes que nada está la persona. Por esa razón fui consciente de que las formas importan mucho, que cada detalle, cada gesto, cada palabra y el cómo decimos esa palabra, es la diferencia entre sumar o restar. Sumar, un verbo esencial, porque esta vida va de conseguir hacer sumar (o multiplicar incluso) a quienes están a nuestro lado, con quienes vivimos y convivimos, a quienes amamos con todo nuestro corazón.

Esa fue la razón de iniciar este camino, el de escribir posts creándome primero la página en blospot.com y más tarde en WordPress. Sumar. Ayudar a quien pudiera leer esos posts, tratar de ser de alguna manera motivación, fuerza, impulso para quien lo necesite. ¿Por qué? Porque toda misión, toda acción y todo proyecto requiere de un propósito lo suficientemente fuerte para que se consolide, perdure y sea consistente en el tiempo. Y creo, honestamente, que no hay propósito más bonito en la vida que generar, crear, algo nuevo que pueda servir de ayuda a otras personas. Pero, si te soy honesto, lo que nunca pude imaginar es que ese camino, ese viaje que se inició hace diez años con ese primer post, daría lugar a la publicación del libro que hoy te presento: «Notas de un (súper)viviente.»

Un libro escrito desde el corazón, en el cual en cada hoja, en cada párrafo, va sobre tinta un pedacito de mí. Vivencias, experiencias, reflexiones, opiniones que no son certezas absolutas, tan solo aprendizajes que extraigo como consecuencia de todo lo vivido en estos 34 años de viaje que llevo. Unos momentos y unas reflexiones que escribo para tratar de ayudar de forma doble. Por un lado, para aportar una perspectiva diferente a aquellas personas que, por el motivo que sea, puedan verse reflejadas en esas líneas y que les pueda ayudar a seguir adelante, a avanzar, a no dejar de superarse y seguir enfocados en lo que viene. Si algo he aprendido de cada vivencia, de cada reto afrontado, es que en esta vida uno debe agotar todas las posibilidades de intentarlo, sin perder jamás la fe, la esperanza y el optimismo por creer que se logrará el objetivo. A veces cuesta un poco más, a veces cuesta un poco menos, pero esto es tan cierto como que ningún mar en calma hizo experto al marinero.

Y por otro lado, para ayudar tanto como se pueda en la investigación contra la ELA, ya que una gran parte de los beneficios que se obtengan de la venta de este libro irán destinados a la investigación contra esta maldita y terrible enfermedad. De hecho, el libro llevaba escrito hace varios años pero no ha sido hasta ahora, al poner este propósito en mi vida, lo que me ha impulsado a retomarlo de forma decidida, con fuerza, cuidando cada detalle gracias a la ayuda de la mejor compañera de vida que puedo tener (sin ella, este proyecto no hubiera sido posible) para que por fin lo hayamos podido publicar.

Además, he tenido la suerte infinita de poder contar con dos personas increíbles, amigos de un valor incalculable, que han escrito el prólogo y el epílogo de este libro respectivamente como son Álvaro Merino Jiménez y David Dóniga Lara, a quienes quería aprovechar estas líneas para agradeceros, de todo corazón, vuestro granito de arena, vuestro cariño y vuestro tiempo en este libro, en este proyecto tan especial.

A ti, querido lector, que llevas desde mis primeros posts compartiendo momentos conmigo, lecturas y reflexiones, quería invitarte a este nuevo viaje. Un viaje al que ya se han sumado más de 100 lectores, más de 100 personas que han decidido sumarse cogiendo su pala y empezando a remar al máximo, para avanzar tanto como sea posible, pero eso sí, disfrutando siempre del viaje sin cansarnos jamás del paisaje. A quienes ya estáis remando, gracias de corazón por creer en este viaje y que cada palada vale la pena. A quienes aún no os habéis subido al bote, os esperamos con una sonrisa y con la intención de avanzar tanto como sea posible, porque este viaje no ha hecho más que empezar. Y como diría mi alumno Hugo, «vamos a remar tan fuerte, que va a parecer que el bote lleva motor.» Seguimos remando juntos, esto no para. Un fuerte abrazo, feliz jueves y feliz verano.

«Todo lo que Pablo ha ido alcanzando en su vida ha sido fruto de un entrenamiento sistemático, de una apuesta valiente, donde nunca ha tomado un atajo, donde ha apostado por un esfuerzo sostenido en el tiempo y donde ha generado oportunidades. Y este libro no es diferente al resto de los objetivos que el autor se ha marcado en su vida.»

(Álvaro Merino Jiménez)

«Pablo nos presenta una obra de teatro maravillosa, sublime; una película trepidante que podía haberse convertido en un drama, una comedia, un thriller o en cine de terror; una historia que, pudiendo ser cualquier cosa, él decidió que fuera de Amor. Sí, de Amor. Porque es lo que nos une. Lo opuesto al miedo. Amor en mayúsculas. El Amor que dio origen a todo y que tanto necesitamos para el desarrollo de nuestras almas.Un Amor con mayúsculas que le ha traído hasta aquí y que, con amor, nos invita a conocer para impregnar la conciencia universal de su granito de arena-amor-conciencia.»

(David Dóniga Lara)

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Es la vida

Hace unos días iba de paseo con Bimba cuando nos encontramos con un hombre mayor, a quien prácticamente solemos ver todos los días andando por el parque de forma incansable y a la vez admirable. Estaba terminando de hacer las últimas dominadas en las máquinas, cuando Bimba decide que hay que ir a saludarle y con ello le saca la primera sonrisa a nuestro buen hombre. Le pregunto qué tal, cómo está, a lo que me responde que justo terminando de hacer su ejercicio físico, porque antes había estado andando y ya se marchaba para casa. Mientras me lo cuenta, le miro con admiración porque creo que hace falta mucha voluntad para mantener esa rutina día tras día con su edad y le digo que le veo muy bien, que le encuentro genial. Y aquí me regaló la reflexión del día: «Pues qué va hijo, no estoy tan bien. Me han detectado un tumor, me tienen que hacer pruebas y ver cómo hacemos. Pero tengo autocontrol, es la vida hijo; yo sigo caminando todos los días mi hora y media, hago mis 70 dominadas, mis ejercicios, me tomo mi cafetito y disfruto leyendo el periódico. Con eso soy feliz, con eso me vale.»

En cuestión de minutos este buen hombre me había recordado la importancia de la actitud, de querer seguir viviendo y disfrutando de lo que uno tiene, a pesar de que vengan mal dadas y de que la situación en la que nos encontremos para nada sea la deseada. Unida a esa actitud ante la vida va ligada de forma implícita, creo, la esperanza de que todo va a ir bien. Ser optimista en los tiempos que vivimos probablemente sea una tarea difícil, porque uno trata permanentemente de sobreponerse a lo que lee en las noticias, a lo que se escucha en la radio o a lo que se ve en el telediario (hace tiempo opté por no ver ni leer nada al respecto). Pero, precisamente por eso, uno debe agarrarse a la esperanza tan fuerte como le sea posible, porque como muy bien dice el autor Mungi Ingomane, en su libro Ubuntu: «Muchas veces, en los momentos más duros de nuestra vida, lo único que nos queda es la esperanza, y eso puede suponer la diferencia entre la vida y la muerte. Nelson Mandela pasó veintisiete años como preso político en la infame cárcel de Robben Island en unas condiciones deplorables. Mientras estaba en prisión, su madre murió; más tarde, también falleció su hijo en un accidente de coche. No se le permitió asistir a ninguno de los dos funerales. Vivió día tras día en una estrecha celda de dos metros de ancho por dos y medio de largo de la que solo salía para hacer trabajos forzados en una cantera. Fue maltratado por los guardias de la prisión y sufrió daños en la vista como consecuencia del reflejo del sol en la piedra. Aún así, nunca perdió la esperanza.»

Si trasladamos esto al deporte, anoche el Real Madrid C.F. en su partido contra el Manchester City, hasta en tres ocasiones logró acortar distancias y mantener intactas las opciones para lograr el pase a la final de la Uefa Champions League, en el partido de vuelta que aún queda por disputar en el Estadio Santiago Bernabéu. El deporte, a través de actuaciones como la de ayer, o en deportes individuales con deportistas como Rafael Nadal, Carlos Alcaraz, Paula Badosa; no para de recordarnos que si hay algo que depende de nosotros es la predisposición a mantener la esperanza intacta, pase lo que pase, mientras sigo poniendo todo de mi parte para acercarme al objetivo, porque como muy bien dijo Borja Iglesias tras la consecución de la Copa del Rey por parte del Real Betis Balompié, «Me encantaría deciros que, cuando se trabaja mucho, siempre se consiguen las cosas, pero no es verdad. Sed buenas personas y las cosas estarán más cercas.»

Y para mantener esa esperanza intacta nada funciona mejor que enfocarnos en lo que nos mantiene vivos, ilusionarnos con el mero hecho de estar bien e ilusionar a quienes amamos de verdad de forma permanente; cuidar los pequeños detalles del día a día con un «gracias», un «te quiero» o un abrazo sincero, porque todo ello carga la batería de la motivación como nada. Nada funciona mejor, nada transmite más esperanza, que comportarnos cada día como una buena persona, respetando, amando y compartiendo. Quien da, quien se entrega, quien suma y multiplica, jamás se cansará del paisaje mientras dure el viaje. Un fuerte abrazo y que tengan una muy buena semana; nunca dejen de sonreír.

«Si hay luz en el alma, habrá belleza en la persona. Si hay belleza en la persona, habrá armonía en la casa. Si hay armonía en la casa, habrá orden en la nación. Si hay orden en la nación, habrá paz en el mundo.»

Proverbio chino

Hace tiempo, cuando yo era joven, si un viajero que estaba atravesando el país se detenía en un pueblo, no tenía que pedir comida ni agua. En cuanto paraba, la gente se la ofrecía y le daba conversación. Esta es una de las facetas del ubuntu, pero no es la única. El ubuntu no significa que hemos de dejar de lado nuestro propio bienestar. La cuestión es, ¿qué puedes hacer tú para apoyar a tu comunidad y ayudarla así a mejorar? Estas son las cosas que de verdad importan. Si eres capaz de hacerlo, habrás conseguido algo muy importante.»

Nelson Mandela

Influir es iluminar el camino

«El que influye en ti te ilumina el camino y te ilumina a ti.»

Hace una semana, en una de las clases con mis alumnos de 1º de TAFAD, de manera imprevista y como consecuencia del tema que se estaba tratando en clase, se me venía a la mente la que es sin duda mi idea de tesis: la influencia del profesor en la voluntad del alumno. Es una conversación que he tenido en numerosas ocasiones con una persona muy importante en mi crecimiento personal, y que esa mañana según los alumnos iban expresando sus ideas me venía a la mente cada conversación mantenida con él.

Me pareció que es de esos momentos espectaculares que puede vivir un profesor, cuando percibe las opiniones de sus alumnos, sus reflexiones, de manera sincera, honesta , y se genera un clima de confianza que nos suma a todos los que estamos presentes en ese aula por cada aportación, por cada idea, que me parece tan bueno que merecía un post, por ellos, tanto por mis alumnos de 1º como los de 2º de TAFAD, por lo que me hacen reflexionar y mejorar cada día.

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Partiendo de la premisa de que era en la asignatura de Metodología, estábamos hablando  de cómo entendemos que debía ser un profesor, en cuanto al cuidado de los detalles, de la manera en la que transmite, el modo en que mira, lo que dice y cómo lo dice. De manera inesperada, ellos empezaron a opinar, a reflexionar sobre ello, sobre lo que consideran muy importante, diría hasta clave, para que ellos estén motivados en clase. Hasta que llegamos a un punto que me pareció verdaderamente interesante: Cuánto y cómo cambia la percepción en el alumno, en base al respeto que tiene por el profesor que tiene delante, entre hacer un trabajo o estudiar por obligación centrado en la nota, y hacer un trabajo disfrutando de lo que hace enfocado en el momento, en lugar de en el resultado final.

Fue precisamente ahí cuando me acordé de esa persona tan especial, y de nuestras conversaciones, llegando al siguiente pensamiento: Qué importante es nuestro comportamiento diario, nuestra motivación, la manera en la que entramos en clase, cómo les saludamos, cómo nos presentamos el primer día, y de qué manera somos capaces de mantener esa actitud todos los días. Está claro que no estoy diciendo nada nuevo, pero sí da que pensar que ellos mismos te lo digan así, y que reconozcan que tu conducta de algún modo ejerce tal influencia en ellos, que cambia su perspectiva, su visión, su foco, y hasta su manera de vivir/sentir tus clases.

Y esto me lleva a otra reflexión. Qué importante es para el profesor desprenderse de sí mismo, para ser capaz de percibir de manera viva, sentida, la transformación que tiene lugar en sus alumnos en aspectos que van más allá de lo académico. La timidez de unos, la falta de confianza en otros, ver cómo todo eso producto de la sinergia entre ellos, de la comunicación a través del contexto idóneo, es capaz de ayudar a crecer a un grupo de individuos como grupo. El liderazgo que ejercen unos sobre otros, la importancia de saber mirar a cada alumno de la manera necesaria para generar confianza, cuidar tu comunicación verbal y no verbal para transmitir pasión en cada conocimiento, en cada información, que compartes con ellos.

Ha habido una frase de la conversación de esta mañana que me ha encantado, y decía así: «Ayudar a encontrar su verdad.» Con el corazón creo que es justo para lo que estamos los profesores, para ayudar a cada alumno a encontrar su verdad. Ese es probablemente uno de los rasgos más importantes de la influencia que puede ejercer el profesor, mediante su liderazgo invisible, en sus alumnos. Ser ese guía, ese acompañar al lado de cada alumno en su camino, sin imponer, sin forzar rutas, sino más bien caminar a su lado. Porque caminar a su lado es entender su ritmo, es entender sus tropiezos, sus dificultades, sus miedos, sus alegrías, sus libertades, sus pausas, sus distintas velocidades. Acompañar es hacer sentir a esa persona que no está solo, pero que es dueño de sus decisiones, y que son esas decisiones las que paso a paso construyen su camino.

Siempre he sido de los que afirmaba que un profesor es algo más que un mero transmisor de conocimientos, pero este curso me está reafirmando en esa posición, en que enseñar va mucho más allá de la mera transmisión de conocimientos, y al mismo tiempo son mis alumnos quienes me están reforzando la idea de que en una sociedad como en la que hoy vivimos, donde sobra información y contenidos, probablemente más importante que nunca sea mediante nuestra influencia, ayudarles a encontrar su verdad, su para qué. Esa verdad, ese para qué, que les haga brillar los ojos cada día con ilusión para que jamás dejen de crecer.

Cuando en días como ayer, tras finalizar el examen teórico de fútbol de la 2ª evaluación, se despiden de ti con un abrazo sentido y verdadero porque es la última vez que los ves hasta la graduación, uno solo puedo sentirse agradecido por poder vivir de verdad qué es ser profesor, haber visto su crecimiento (en este caso en apenas dos meses), y  sentir en tu corazón que realmente estás ejerciendo la profesión que te apasiona, que te encuentras en el lugar que siempre quisiste estar.

Gracias por cada clase, por cada semana, y por las reflexiones que me llevo para casa cada día que estoy con vosotros. Seguid creciendo.

Un fuerte abrazo, que tengan una muy buena semana, y no se conformen nunca con menos de lo que merecen.

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Aceptar y amar

«Es difícil conseguir que el bote vaya tan rápido como uno querría. El enemigo, desde luego, es la resistencia del agua, ya que hay que desplazar la cantidad de agua equivalente al peso de los hombros y el equipo, pero esa misma agua es lo que te aguanta y ese mismo enemigo es tu amigo. La vida es igual: los problemas que tienes que superar también te aguantan y te dan más fuerza para superarlos.» (George Yeoman Pocock)

Cada año en la semana que cae mi cumpleaños lógicamente es un motivo de celebración, de encuentro con las personas que más quieres, e incluso puede suceder que no veas a todos los que quisieras. Pero todas esas semanas tienen en común un nexo de unión: la emoción con la que la vivo, y la reflexión que viene al final de esa semana.

No se puede explicar con palabras lo que ha podido suponer en mi corazón esta semana, por las personas con quienes he podido compartir cada día desde el sábado pasado hasta hoy domingo. Momentos increíbles, amor, risas, abrazos, bromas, reflexiones, que me llevan a pensar en lo afortunado que soy, sinceramente. Pero además de esto, quería hoy compartir con el lector una de las ideas más importantes que me ha ha hecho reflexionar en estos días: la aceptación del pasado y de la incertidumbre.

Aceptación del pasado para ser capaz de valorarlo siempre como algo positivo, como una fuente de energía permanente que me lleve a pensar que gracias a lo vivido soy la persona que soy, para no caer jamás en el victimismo. Que me pueda emocionar, sí, pero siempre para darme fuerzas cuando lo necesite. Siempre, para respirar hondo antes de acometer un nuevo reto, mirar atrás en mi particular Everest y decir: Mira todo lo escalado, mira cada paso dado, cada huella dejada en la nieve es una huella que has dejado en las personas que están a tu lado, de la misma manera que tú dejas huella con tu manera ser en aquellas personas que te quieren. Que siempre mirar atrás sea para tener, si cabe, un motivo de más para seguir creyendo en ti más fuerte que nunca.

Y por otro lado, la aceptación de la incertidumbre que a veces intentamos controlar sin darnos cuenta de que es simplemente imposible. El exceso de control a veces puede generar ansiedad, estrés, que nunca ayudan y siempre restan. Sin embargo, si pasamos de intentar controlar a vivirlo todo lo máximo posible, el aprendizaje posiblemente sea mucho más favorecedor para nosotros. Esto me lleva a la frase en inglés que leí en su momento, y que me encanta: «Tú no siempre necesitas un plan. A veces tú solo necesitas respirar, confiar, ir, y ver qué pasa.» 

Con el paso del tiempo, con la ayuda de las personas adecuadas que te quieren, con tu predisposición a aprender de ellos, uno se da más cuenta si cabe de que no hay nada mejor que el amor. No hay motor más potente que amar. Amar tu vida, amar lo que haces, tener un motivo lo suficientemente potente como para levantarte cada mañana de la cama y querer ir a por todas, doblando la apuesta si hace falta. La actitud de quien sabe que lo importante es la dignidad con la recorres el camino de tu vida, y no los resultados finales que vas consiguiendo. El amor te permite aceptar, te permite escuchar, te permite llorar de emoción. Te da la posibilidad de conocer a personas increíbles. De ser respetuoso, comprensivo, y bondadoso con todos los que te rodean.

En la parte final de un documental sobre la vida de Michael Jordan, lo afirmaba de esta manera: «Lo más grande del juego del baloncesto, para mí, es la pasión. El amor que tengo por él. Porque cuando tú amas algo, lo llevas al extremo con tal de mantener el amor. Eso es lo que hace el amor. El amor hace lo necesario para mantener esa conexión. Si no hubiera mantenido este amor, hubiera sido imposible haber alcanzado todas estas cosas en las que hemos estado hablando. Y de verdad, es este amor el que me ha llevado a ser el mejor jugador de baloncesto que podría ser. Ser el mejor en algo implica que tienes que sentir un amor desmesurado para sortear todos los obstáculos que se van poniendo en tu camino. » Y esto, si me permitís, se puede llevar a todas las facetas personales: amistades, relaciones de pareja, trabajo, deporte. Es necesario sentir amor desmesurado por todo lo que hacemos.

Es ese mismo amor el que nos permitirá, como decía la frase en la pasada jornada de Santo Tomás de Aquino en nuestra universidad, tener «gratitud y perdón por el pasado, pasión por el presente y esperanza para abrazar el futuro.» Y como bien decía el fragmento del nuevo libro de Álex Rovira, de una foto que me mandó una de las personas más especiales que tengo en mi vida: «Por eso no olvidemos nunca amar sobre los tres pilares de los que hablado en estas páginas: ama comprendiendo, cuidando e inspirando. Harás la vida de los demás más plena y, con ello, la tuya.»

Por tanto, llego a la conclusión de cuán importante es la aceptación del pasado desde una perspectiva positiva que te dé fuerzas para seguir creyendo en ti cada mañana, generar amor y magia a cada instante de tu vida regalando momentos únicos a las personas con quienes vives en tu día a día, y estar enamorado de la vida que tienes para que ese amor te de la ilusión, la motivación, necesarias para que en el futuro más próximo que son las próximas horas, como mucho mañana, siga saliendo la mejor versión de ti mismo, la mejor sonrisa, que tus ojos sean auténticos cañones de fuego que generen calor y energía en quien los mira. Porque todos, absolutamente todos, no solamente necesitamos brillar, es que nos lo merecemos. Merecemos un chispazo de alegría que nos haga ver la vida cada día, aún con todas las adversidades que se pueden presentar, como una oportunidad única de aprendizaje y crecimiento personal.

Que tengáis una muy buena semana, os deseo lo mejor hoy y siempre. Un fuerte abrazo, y por favor, nunca dejéis de sonreír.

«Quien ame en plenitud habrá encontrado el sentido de su vida. Amar es vivir y vivir es amar. Amemos mientras vivimos y vivamos mientras amamos. Parafraseando al poeta Miguel Hernández, todos llegamos con tres heridas: la del amor, la de la muerte, la de la vida. Y es nuestra responsabilidad cuidarnos de las tres. Feliz viaje: buena vida, buen amor, buen trabajo y, por supuesto, ¡buena suerte!» (Alex Rovira)
«Nietzsche dijo que debíamos poner en nuestras vidas la seriedad que pone el niño en sus juegos.» (José Ortega y Gasset)
«Siempre he tenido la ambición de ser el mejor constructor de botes del mundo; y sin falsa modestia, creo que he conseguido ese objetivo. Si vendiera Boeings, me temo que perdería el aliciente y me convertiría en un hombre rico, pero en un artesano de segunda. Prefiero seguir siendo un artesano de primera.» (George Yeoman Pocock)



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