Hoy te invito a una reflexión conjunta, que recorre dos ciudades españolas maravillosas: Sevilla y San Sebastián. En esas dos ciudades, cada uno a su manera, hay dos entrenadores que han generado momentos históricos en sus respectivos clubes como son José Luis Mendilibar e Imanol Alguacil. El primero, con la consecución de la séptima Europa League para el Sevilla FC. Por otro lado, Imanol ha llevado hasta la cuarta plaza a la Real Sociedad S.A.D, algo que no se conseguía desde la temporada 2021-2013. Ambos empezando desde abajo, ambos borrando etiquetas y desmontando prejuicios.
Si vemos su recorrido, en los dos cabe destacar quizás un elemento sobre todos los demás, consistente en la forma en la que sus jugadores hablan de ellos. Cariño, respeto y, en algunos casos, incluso admiración, por lo que han sido capaz de generar en ellos. ¿No es eso lo más difícil? ¿No debería ser eso lo que prime cuando un club contrata a un entrenador, o si extrapolamos esta reflexión, lo que una empresa debería tener presente cuando contrata a una persona responsable de un departamento?
Un equipo de fútbol, un departamento de ventas; en definitiva un equipo de trabajo, busca conseguir sus objetivos y para eso necesita ser eficaz y eficiente. Pero, ¿cómo conseguir esto? Poniendo el foco en lo que realmente importa, que son ellos, tu equipo, en lugar de en tu persona. Detenerte a escuchar, detenerte a mirar con cariño, para saber qué necesita cada uno y al mismo tiempo, qué necesita el equipo de ellos para todos seguir creciendo. Así es como se cuidan los detalles, cuidando a las personas primero.
Cuidar a la persona es invitarle a crecer con absoluta confianza, darle el permiso de equivocarse sin dejar de supervisar que todo va bien; darle la posibilidad de generar contextos donde la opinión, el debate, el intercambio de parecer, la muestra de diferentes perspectivas, no solamente debería ser una opción, debería ser algo implícito en el devenir semanal del equipo. Cuidar a la persona, cuidar al equipo, no es darle lo que quiere, es darles lo que necesitan. Es evitar interrumpir cuando lo que requiere el momento es cariño en forma de escucha y silencio mientras le observas. Es dar y darte la posibilidad de que se equivoquen y equivocarte tú; sí, no pasa nada, muéstrate humano, porque ser perfecto no va de conseguir resultados inmaculados sino, más bien, que el proceso sea inmaculado, salvaguardando siempre la dignidad y la integridad de todo tu equipo.
Más importante que alcanzar la perfección es, sin duda, mantener en todo momento esa humildad tan necesaria para conservar una actitud de suplente, la actitud de aspirante, personalidad amateur en el sentido de que nunca te conformes con lo que sabes, sino que siempre quieras aprender más y más, de todos, impidiendo poner el chip en automático, como si lo que te fueran a decir no te pudiera sorprender o impresionar. Muchas veces no es tanto el mensaje que nos dicen, como sí nuestra predisposición a tomar lo que nos cuentan con el valor y la importancia que merece.
A veces atendemos más a la cantidad, en lugar de cuidar la calidad de lo que pensamos, hacemos y decimos. La calidad se demuestra en la espontaneidad de un abrazo, de una sonrisa, en esa capacidad para sorprender a las personas con quienes trabajamos, a la personas a quienes amamos y con quienes compartimos nuestro día a día. Los detalles no entienden de un guión preestablecido, tienen más que ver con la memoria, recordando quién necesita un chute de positividad, de cariño, de alegría, para seguir adelante, para seguir aprovechando cada segundo como si fuera el último y así grabar momentos que se queden en la retina de manera infinita.
Se tiende a poner el foco en la calidad de un proceso, pero quizás, lo importante es apostar por la calidad humana de la persona que tenemos delante, para que realmente se cumpla el proceso. No hay proceso sin personas de calidad, no hay personas de calidad si no hay bondad, amor, honestidad y humildad. Y esto es, sin duda, lo que un equipo necesita para mostrar su mejor versión en cada partido, en cada día de trabajo, en cada día de su vida.
Un fuerte abrazo, que tengáis un muy buen final de semana.
«No hay calidad sin humanidad, detrás de los productos y servicios hay personas. La calidad no puede excluir ni la autenticidad, ni la empatía. Siempre preferimos la grandeza de un detalle espontáneo a la perfección enlatada. Siempre preferiremos la calidad con alma, por eso los pluscuamperfectos no podrán secuestrar la calidad. No hay calidad sin excelencia sin buenas personas detrás.»