«Toda elección es una oportunidad. Lo que elegimos, compis, muestra quiénes somos, no nuestras habilidades.» (Ted Lasso)
Si tuviera que resumir las reflexiones que me ha regalado Ted Lasso en cada capítulo, todas ellas podrían resumirse en la siguiente: El cómo siempre será más importante que lo que conseguimos. La manera, la forma en la que vivimos, cómo nos comportamos con los demás, nos define absolutamente primero como personas y, posteriormente, como profesionales. El cómo es nuestro sello, nuestra huella, nuestro legado traducido en las emociones que generamos con quienes compartimos nuestra vida.
Ted Lasso es la antítesis de la perfección, podríamos decir que hasta un desastre. No es perfecto en lo metodológico, no es tremendamente perfecto en la preparación, en su planificación; más bien le implementa a menudo altas dosis de imprevisibilidad porque percibe, nota, siente estímulos, que hace que cambie de decisión en un abrir y cerrar de ojos. Sin embargo, es absolutamente coherente en su comportamiento. Y eso vale más que cualquier cosa, esa sencillez, esa honestidad, esa espontaneidad sin faltar al respeto, esa creatividad y originalidad, esa chispa de simpatía, es el absoluto pegamento que necesita todo equipo para que todo funcione, para que todo fluya, para que se consiga un perfecto «swing» como diría George Yeomans Pocock.
Ted Lasso llega a un equipo que practica un deporte que no conoce, porque su ámbito es el fútbol americano. Y, a pesar de todo, consigue darle vuelta y conseguir los objetivos deportivos. Coloca un cartel en el vestuario que se convierte en mantra(sí, todo equipo campeón necesita un mantra, algo que trascienda a todos y al mismo tiempo les una). Un cartel que, estéticamente, no está colocado de la mejor manera pero el significado es tan brutal como necesario: «Believe». Porque, para perseguir los sueños, en el trabajo y en la vida, hay que creer. Creer en uno mismo y hacer creer a los demás que se puede. Y eso no tiene nada que ver con lo metodológicamente correcto; más bien con darle al equipo lo que necesita, pero siempre manteniendo impecable la manera en la que se traslada el mensaje.
Y cualquier equipo, lo que requiere de un jefe, de un líder, es honestidad, sencillez, naturalidad, respeto, dignidad, integridad y compromiso. Tan sencillo de decir y tan complejo de encontrar. Cada vez nos volvemos más locos buscando la fórmula perfecta, cuantificada, o la empresa top, o el algoritmo que nos permita destacar; pero seguimos sin darnos cuenta de que no sobrepasar los límites, hacer que predomine el respeto, la escucha, el sentido del humor, la honestidad, es muchísimo más importante, porque es lo que cambia la predisposición de una persona de sumar a restar, de remar a favor o no remar, o remar incluso en contra.
Cada decisión que tomamos nos define. Si somos más de aportar soluciones o de poner excusas; si somos más de generar sinergias o de montar habladurías y vender humo. Uno decide, a cada momento, la persona que es y la persona que quiere ser. Es una cuestión de elección y ser consecuente en esa elección. Es cierto que, según qué momento, tenemos unas cartas u otras, pero tengamos las que tengamos, se juegan mucho mejor desde la coherencia, la integridad y honestidad. Es imposible ser un profesional excepcional si no eres una persona excepcional. Porque lo que te permite a ti, cada día, cuidar la forma en la que transmites y conectas, es la persona que tú eres. Ahí está tu esencia, tu potencial y lo que te permite brillar mientras ayudas a brillar. Brillar para creer que se puede. Hacer creer a otros que, si se cree, se puede y esa creencia se consolida, día tras día, con nuestra decencia, nuestra dignidad y nuestra integridad como persona.
Como diría Ernesto Sabato, «yo creo que la verdad es perfecta para las matemáticas, la química, la filosofía, pero no para la vida. En la vida, la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza cuentan más.» Ted Lasso nos recuerda que el cómo conseguimos nuestras metas, nuestros objetivos, es mucho más importante y trascendente que el objetivo en sí mismo. La vida no entiende de fórmulas de excel, entiende de sentido del humor, de energía, de fuerza, chispa, vibrar, emocionarse y ser agradecido cada día con lo que tenemos, porque ese es nuestro motor, esa es nuestra fuerza y es lo que nos tiene que llevar a seguir siendo valientes y apostar cada día por aquello en lo que creemos, sin dudar, sin titubeos. Porque cuando uno pone integridad, decencia y dignidad en todo lo que hace, puede estar tranquilo, dio lo mejor que tenía. Y esa es la mejor recompensa con la que nos podemos ir a la cama.
Que tengáis un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo y no perdáis nunca esa chispa, esa espontaneidad, ese pequeño niño que tenemos dentro y que nos permite seguir disfrutando al máximo de cada segundo como si fuera el último. Ahí está la magia.