«No creo en las charlas motivacionales, creo en los proyectos motivadores» (Phil Jackson)
En estos momentos del verano asoma mucho la palabra proyecto, refiriéndonos al nuevo curso que viene, a la nueva temporada que viene. Y hay una duda que siempre se me ha planteado: ¿por qué cuesta tanto que un proyecto sea consistente en el tiempo? ¿cómo se logra que un proyecto sea un generador de motivación, de impulso y de felicidad para las personas que forman parte de él? Creo que el primer punto está, justamente, en la pregunta: la clave es la persona.
Decía Xavier Marcet que los proyectos son las personas, porque son ellas quienes lo mantienen o lo hacen caer. Son esas personas quienes, en función de su motivación, de su credibilidad en el proyecto, su compromiso, su grado de sentimiento de pertenencia al mismo, deciden o no dar lo mejor de sí mismas para el colectivo. Todo proyecto exige, ante todo, un ejercicio de humildad tremendamente importante. Los proyectos no son carreras por la medalla, son más bien una carrera de ciclismo en el que todo el grupo hace el relevo, tira del equipo, pedaleando en la misma frecuencia, en la misma sintonía, tirando del equipo. Pero, ¿cómo se llega a eso?
Lo primero, es tener una visión (liderazgo) y una estrategia (gestión/planificación) de lo que busco con ese proyecto, con ese grupo de personas, cómo son y cómo las visualizo en el medio y el largo plazo, atendiendo a sus circunstancias personales, a su momento de vida y a su contexto. Una vez que tengo claro ambos componentes, es esencial permitir subir al pelotón a la persona adecuada y dejar que se bajen del mismo las menos adecuadas. Poner a la persona adecuada en el sitio adecuado. Como dice Jim Collins, «tu principal activo no es la gente; tu principal activo es la gente adecuada.»
Una vez que tengo a la persona adecuada en el asiento adecuado debo pensar en cómo gestiono ese grupo, cómo planifico y estructuro su actividad diaria, con el único fin de que sea un equipo eficaz. Y para ello, Peter Drucker nos da ocho claves en forma de preguntas:
- ¿Qué hay que hacer?
- ¿Qué es bueno para la empresa?
- Desarrollar un plan de acción
- Responsabilizarse de las decisiones
- Responsabilizarse de la comunicación
- Centrarse en las oportunidades y no en los problemas
- Organizar reuniones productivas
- Pensar y decir <<nosotros>> en lugar de <<yo>>.
Estos ocho puntos permiten que el grupo esté enfocado, se sienta parte del proceso y realmente esté comprometido con el propósito y con el sentido del proyecto. Pero, una vez que todo el proceso diseñado, cómo lo pongo en marcha, cómo lo desarrollo en mi día a día. Y aquí, bajo mi punto de vista, es donde entra la magia del liderazgo, aparece lo que no se puede medir pero al mismo tiempo es lo que conecta a todas las personas. Hay cinco componentes de la persona que considero esenciales, que son el revestimiento imprescindible para que un proyecto sea eficaz y consistente en el tiempo:
- Credibilidad
- Integridad
- Decencia
- Coherencia
- Bondad
Estas cualidades de la persona bien podrían ser parte de lo que para Jim Collins es el liderazgo nivel 5; un tipo de liderazgo que es el que conduce realmente a la excelencia. «Se trata de líderes tranquilos, reservados e incluso tímidos; líderes que combinan modestia y humildad extrema con una intensa determinación profesional. Son más parecidos a Lincoln y a Sócrates que a Patton o a César«. Conforme hemos ido avanzando en tecnología, en IA, en ciberdata, hemos ido olvidando que quienes transforman lo imposible en posible son las personas, que son las que sostienen los equipos y, en consecuencia, los proyectos. Personas que, la mayoría de las veces, quieren un líder en el que poder creer sin temor; que nunca les mienta; que sea consecuente con las decisiones que tome; y, por encima todo, que demuestre una bondad a prueba de todo tipo de adversidad.
Dice José Antonio Marina que «la bondad es la culminación de la inteligencia. La inteligencia no se limita al conocimiento o a la resolución de problemas; sino que su más alta expresión se encuentra en la capacidad de dirigir el comportamiento de manera ética y beneficiosa para uno mismo y para los demás. La bondad no es un valor moral, sino una forma de inteligencia práctica que busca el bienestar común a través de decisiones y acciones bienintencionadas. Es poner el foco en la ética y la compasión como componentes esenciales de una inteligencia plena y efectiva. » Y esto nos conecta, implícitamente, con lo que más desea la gente según Jim Collins: «¿Qué es lo que más desea la gente? Formar parte de un equipo ganador, contribuir a producir resultados visibles y tangibles, sentir la emoción de estar implicado en algo que funciona a toda velocidad. […] Cuando la gente empieza a sentir la magia del impulso al ver resultados tangibles y al sentir que la rueda empieza a ganar velocidad, es cuando la gran mayoría se alinea y arrima el hombro para empujar hacia delante.»
Cualquier proyecto va de eso, de sumar, de arrimar el hombro y empujar hacia delante, de hacer un ejercicio de fe permanente, creyendo en la persona que tienes al lado. Ver lo que otros no ven, proyectar lo que probablemente ni siquiera esa persona imagina. Y cada día recorrer el camino juntos, motivando, siendo exigentes pero cuidadosos, porque el cómo caminamos será siempre más importante que lo que perseguimos. Es el cómo lo que nos define, lo que marca y lo que deja huella en el corazón colectivo de ese equipo. Es la manera en la proyectas la magia, y eres capaz de mantenerla consistente en el tiempo, lo que marca la diferencia entre cumplir o que el equipo, en ese proyecto, obtenga un rendimiento excepcional. Cualquier persona, lo que más desea, es formar parte de un viaje que le entusiasme, que le encienda la mecha de la ilusión, y que la acerque un poquito más a ser feliz, a sentirse plena y sentir que lo que hace realmente vale la pena.
Feliz verano, un fuerte abrazo.