¿Quién es el enemigo?

“La mejor manera de vivir es darle importancia a todo lo que uno haga.” (Quino)

No podía empezar este post de otra manera que acordándome de alguien que, a través del cómic, nos ha invitado a reflexionar tantísimo de manera permanente durante todos estos años. Y de todas las reflexiones y frases que podía elegir hoy comienzo con esta. Porque esconde la esencia del post de hoy: encontrar al enemigo, al que todos creemos tener cerca pero que quizás nunca existió.

Lo digo porque normalmente los enemigos aparecen cuando uno deja de mirar a su camino para observar con envidia, con frustración, con remordimiento y a veces hasta rabia el camino que recorre la persona que tiene a su lado. Es una cuestión de foco, de mirada y de manera entender la vida. Darle importancia a todo lo que uno haga es, implícitamente, no dársela a lo que hagan los demás. No me refiero con esto a que no nos alegremos de los logros, de las metas que las personas que amamos consiguen, porque eso no es el camino que ellos recorren sino más bien la consecución o llegada a una meta volante dentro del propio camino.

Me refiero, más bien, a que cuando uno pone toda su energía, toda su pasión, todo su compromiso, en la tarea que le ocupa a cada momento no puede hacer más que crecer. Porque no se desgasta con los logros de otro, ni se para a valorarlo si lo consiguió de manera merecida o no, ni se cuestiona si ese logro es mejor que el suyo, más complejo, o más difícil de conseguir. Directamente no le importa, porque lo importante es lo que le ocupa en ese preciso instante.

Y esto solamente se consigue alcanzando la velocidad que uno necesita, ni más lento, ni más rápido, tan simple como la velocidad que uno requiere para disfrutar de la vida, para disfrutar él y las personas con quienes comparte ese momento. Una cuestión de foco de atención, una vez más. Les pongo un ejemplo para que lo entiendan: Los entrenadores de fútbol a veces, con mayor o menor tendencia, nos metemos en la inercia de querer más, de querer un equipo “mejor”, en una categoría superior, con la idea de escalar hasta llegar al primer equipo. Pero el problema es que es tal inercia que uno adquiere con el transcurso de los días, que termina olvidándose por completo de lo que jamás puede caer en el olvido: Darle máxima importancia al equipo que ahora entrenas.

Se llega a un punto en el que nos olvidamos de la tarea que nos ocupa, ya sea educar a nuestro grupo de alumnos, entrenar a nuestro equipo de fútbol del barrio, liderar nuestro pequeño departamento de ventas. Y todo porque empezamos a mirar hacia fuera, empezamos a creer que merecemos más de lo que en ese momento tenemos, empezamos a mirar los ascensos o logros de otros compañeros y así de la misma manera que aparecen la envidia, la frustración, comienza a desaparecer de nuestra vida el disfrute, nuestras ganas de crecer y nuestro empeño por cuidar los pequeños detalles.

¿Y qué sucede cuando desaparece esa atención a los pequeños detalles, esa pasión por la vida que uno vive? Les contesto con una moraleja que me enseñó mi pareja hace unos días:

“Si recoges 100 hormigas negras y 100 hormigas rojas y las pones en un jarro de vidrio nada pasará, pero si tomas el jarro, lo sacudes violentamente y lo dejas en la mesa, las hormigas comenzarán a matarse entre sí. Los rojas creen que las negras son las enemigas mientras que las negras creen que las rojas son las enemigas cuando el verdadero enemigo es la persona que sacudió el jarro. Lo mismo ocurre en la sociedad. Hombre vs Mujeres. Izquierda vs Derecha. Rico vs Pobre. Fe vs Ciencia. Joven vs Viejo. Profesor vs Alumno. Etcétera. Antes de ponernos de pelear entre nosotros debemos preguntarnos. ¿Quién sacudió el jarro?

Quizás el origen del problema venga porque, desde pequeños, educamos en que hay que ser el mejor, en que debemos saber absolutamente de todo, controlar de todo, ser el primero, obtener el mayor número de ventas y, lo que es peor, a cualquier precio. Pero como muy bien dice un buen amigo siempre importará el cómo conseguimos aquello que logramos, la manera en la que recorremos nuestro viaje determina el grado de felicidad que obtenemos en el transcurso del mismo. Un grado de felicidad que solamente se puede obtener cuando uno demuestra dignidad e integridad en su manera de vivir y entender la vida. Porque como muy bien dijo en su momento Pasolini:

“Pienso que es necesario educar a las nuevas generaciones en el valor de la derrota. En no ser un trepador social. Ante este mundo de ganadores vulgares y deshonestos, de prevaricadores falsos, ante esta antropología del ganador de lejos prefiero al que pierde.”

Que tengan una muy buena semana y, sobre todo, vayan paso a paso, momento a momento, partido a partido. Un fuerte abrazo, sean felices.

“¿Quiere decir eso que no podemos elogiar entusiásticamente a nuestros hijos cuando hacen algo muy bien? ¿Tenemos que reprimir nuestra admiración por sus éxitos? No, para nada. Solo significa que debemos mantenernos alejados de cierta clase de elogios: los que juzgan su inteligencia o su talento, o los que implican que nos enorgullecemos de su inteligencia o de su talento en lugar del trabajo que han realizado.” (Carol S. Dweck)

“No me vengan con lamentos

Hablo de sobrevivir

Y seguir coronando montañas y seguir conquistando escaleras

En el tiempo de descuento, regateando al porvernir.” (Leiva y Jopaquín Sabina-Partido a partido)

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