Ilusión, ese potente motor.

»Míster, yo creo que estoy para jugar este sábado si tú lo crees conveniente, me noto muy bien»Con estas palabras, casi metiéndose debajo de mi brazo derecho , y mirándome con una sonrisa de oreja a oreja, me decía uno de mis jugadores que estaba listo después de una lesión que le ha impedido entrenar y jugar durante unas semanas, mientras abandonábamos el campo tras hora y media de entrenamiento.

En ese momento yo me pregunté, ¿por qué se tiende a perder esa ilusión de niño? ¿por qué dejamos de vivir los pequeños instantes de la vida al máximo posible, a medida que transcurre el tiempo? Existe una moda muy equivocada de no valorar lo que se tiene, hasta que se pierden, hasta que nos encontramos en el auténtico y maldito alambre, en el que de un lado lo tienes todo y del otro lado te puedes quedar absolutamente sin nada. ¿Por qué las personas sólo se dan realmente cuenta de cuánto tienen cuando, por un susto, están a punto de quedarse sin nada? Maldita pena que no sabes lo que vale la vida.

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Ingenuo, estúpido, que siempre creíste que todo tenía que ir bien, que todo cuanto tienes es normal, cuando en realidad no hay mentira más grande que esa, de la misma manera que no hay verdad más grande que aquella que dice que la vida, es como la profesión de equilibrista, te puedes mantener o caer, no lo sabes, es impredecible, por eso hay que disfrutar del equilibrio siempre que puedas.

Hace poco, en todos los periódicos, salía en las portadas, noticias de deportes, el grandísimo jugador Aritz Aduriz, que juega en el Athletic Club de Bilbao, porque reventaba el récord de la Europa League, marcando 5 goles en un partido de esa misma competición. Unas semanas más tarde, se convierte en el jugador más veterano de la Selección española en marcar con la elástica del conjunto nacional. Y suma y sigue, no para. ¿Saben cuál es su edad? 35 años. Pero juega con la ilusión, en cada partido, de quien pareciese que fuese a debutar. Tener una ilusión, una causa, una meta, por la que entregar tu vida, por la cual te entregas al máximo.

Los AllBlacks, para dar un significado especial a por qué juegan para su país, se plantean la siguiente pregunta: ‘¿Cúal es mi tarea en el planeta? ¿Qué es aquello que es necesario hacer, que yo tengo conocimiento sobre ello, y que probablemente no suceda a menos que yo tome responsabilidad sobre ello?»  La respuesta a por qué se plantean esta pregunta es sencilla: Porque se trata de hacer las pequeñas cosas de la mejor manera posible, ser cuidadoso con los detalles, cuidando de ti mismo y del equipo, es una cuestión de carácter y humildad; y esto recuerda a la frase de John Wooden: Las victorias son posibles con el talento, pero repetirlas en el tiempo es cuestión de carácterComo entrenador, o jefe, no quieres un grupo de individuos, sino más bien un grupo que lo da absolutamente todo como equipo, y para ello debes darles una causa por la cual ellos quieran entregar su vida.

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Y por último, porque cuando se lucha, se trabaja, se superan adversidades, eres sin darte cuenta motor de esperanza para muchas otras personas que lo están pasando tan mal, o peor que tú, y sólo por esa razón merece la pena vivir con ilusión máxima cada día de tu vida, con una sonrisa bien grande, siendo optimista, sin perder la esperanza de que puedes lograr todo cuanto te propongas. Del documental que abajo comparto contigo, sobre Adriano Malori (te recomiendo encarecidamente que lo veas, emociona), me quedo con la respuesta de Malori a esta pregunta: ¿Cuál es tu principal aprendizaje de todo esto? Que si quieres, puedes. Por ello, recuerda que puedes, pero sin ilusión es imposible, porque sin ilusión no somos nadie. Que tengas una muy buena semana, un gran abrazo.

Nuestros valores deciden nuestro carácter. Nuestro carácter decide nuestros valores. 

Mejores personas forman mejores líderes. 

Líderes conectan el significado personal, con un propósito superior para crear una creencia y un sentido de dirección.

Apunta a la nube más alta.

Gestos sencillos, sonrisas enormes.

El pasado verano era la segunda vez que pasábamos unos días en Mojácar, porque cada año nos gusta compartir unos días de verano para poner todos los asuntos al día, y desconectar absolutamente de todo. En el hotel donde nos alojábamos volvimos a ver a Mahamadou (le pusimos »Mahama», mote cariñoso), una persona que terminó por ganarse nuestro corazón y cariño. Era sensacional verle cada instante, de cada día, con una sonrisa espectacular a todo el mundo, salía de la cocina donde trabajaba para regalar un beso, un abrazo, a cualquier niño que se lo pedía, conectaba de manera increíble con todas las personas, pero los niños eran una debilidad para él. 

Tal fue el cariño con el que nos trató, que se me ocurrió una idea. Tenía en el coche dos trofeos que ganamos en una competición de fútbol hace dos años, de modo que fui a por uno de ellos, corté un trozo de cartulina para ponerlo y pegarlo como título del trofeo, y en él escribí: »Para la persona más increíble de Mojácar.» Y la penúltima noche, cuando fuimos a cenar, me acerqué, y se lo di diciéndole que era para él, porque se lo merecía. Más tarde, desde la terraza, vi cómo emocionado enseñaba el trofeo a todas las personas que tenían un comercio allí en el complejo hotelero, fue a mostrárselo a su jefe, y veías en su cara una emoción tal, que no me esperaba en absoluto. 

¿Alguna vez nos hemos parado realmente a pensar que un simple detalle, a quien se lo merece, le puede sacar una sonrisa enorme? ¿Nos sentimos afortunados de las personas con quienes compartimos nuestra vida? ¿Valoramos un simple »buenos días» de quien se acuerda de nosotros, un »cómo estás»? Tenemos un poder increíble para hacer feliz a quien nos quiere, simplemente siendo agradecidos por todo lo que nos dan sin esperar nada a cambio. No es tan difícil ser original, tan sólo hay que querer serlo, pero lo que sucede es que a muchos les puede más su vergüenza, su timidez, su falta de personalidad, les puede más el »qué pensará cuando lea el mensaje», que ver su reacción.

No hay nada más bonito que ser que ser auténticos/as, porque reconociendo nuestros valores más profundos podemos comprender el tipo de persona, de líder, que somos, y en consecuencia el tipo de persona que deseamos liderar. La autenticidad es la marca de un verdadero líder, la cual comienza con dos conceptos como son honestidad e integridad. La honestidad nos permite acceder a una visión verdadera de nosotros mismos, mientras que la integridad consigue que el trabajo, el ocio, nuestra vida en definitiva quede realizada de la mejor manera posible.

Si nuestros valores, pensamientos, palabras, y acciones están alineados, entonces nuestra palabra será nuestro mundo. Conociéndonos a nosotros mismos, viviremos nuestra visión; en consecuencia, seremos capaz de conocer a otras personas de una manera auténtica, profunda, y sincera, viviendo con ellas instantes, momentos, que son sencillos pero que suelen transcurrir entre sonrisas enormes.

Te deseo un feliz Domingo, y que disfrutes al máximo de la semana que está a punto de comenzar. Un abrazo fuerte, honesto, y cariñoso.

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El cantero

A veces en otros deportes encontramos lecciones maravillosas, de superación, de perseverancia, como la que a continuación relato.

»Hay un niño solo jugando al cricket en un patio trasero. El sonido de la pelota, producto del impacto del bate sobre la misma, se hace eco en todo el vecindario, un barrio normal de una típica ciudad australiana. El bate es una pala de cricket, la bola es una pelota de golf, y el juego consiste en lanzar la bola contra una pared curva, ondulada, una y otra vez, de tal manera que cada vez que la pelota vuelve ésta lo hace con un ángulo diferente, al azar. 

A veces es con un efecto cortado, otras veces parece que la bloquease, y sin embargo en otras ocasiones conduce la bola hacia dónde él niño quiere, pero siempre la golpea, cada instante. El niño hace esto cada mañana, cada tarde, cada día, cada año, durante una década. En su primer partido del colegio, a la edad de 12 años, anota 115 puntos. Para el tercer partido, el capitán del equipo contrario rechaza presentar a su equipo en el campo si él es seleccionado para jugar.

Unos años más tarde, durante su primera temporada en el club de cricket, el chico anota 995 carreras en tan sólo 9 entradas. En el año 1927, juega su primer partido de máximo nivel. Al año siguiente, juega para su país. 20 años más tarde se retira, con un porcentaje de acierto del 99,94% , tan sólo perdiendo una carrera de distancia corta. 

El nombre del chico era Donald Bradman, el mejor deportista de cualquier generación. Bradman aprendió su juego en las calles de Bowral, golpeando una bola de golf contra una pared curva una y otra vez.»

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Cuánto más aleatorios sean nuestros entrenamientos, mayor opciones les presentemos a los jugadores, mayor es la dificultad, más les hacemos pensar, analizar, observar cada detalle, para encontrar soluciones a cada momento del juego. De la misma manera, Johan Cruyff nos dice en su libro que, probablemente, el hecho de entrenar y jugar tantísimo tiempo en las calles de Amsterdam le ayudó a perfeccionar su técnica en el control del balón y la toma de decisión. Cómo él bien decía, »era consciente de que quizás mi físico no era mi mayor virtud, de modo que traté de encontrar elementos como el bordillo, en el cual el balón botaba de una manera aleatoria cada vez, para forzarme a mejorar el control del mismo, saber colocar bien mi cuerpo, mantener el equilibrio, e incluso sacar ventaja de toda esta situación para superar a mis rivales.»

Todo nos recuerda a una gran lección que nos brindan los AllBlacks, que tiene mucho que ver con el »Train to Win», que no tiene tanto que ver con la victoria en sí, como verdaderamente en el proceso que nos lleva a ella, porque introducimos una gran cantidad de elementos relacionados con entrenar la capacidad de análisis de los/as niños/as, ordenar la secuencia de pensamiento de nuestros jugadores en función de los elementos que aparecen, la presión de estar atentos a diversas variables, y no poder dejar de pensar en momento alguno, porque una distracción supone darle ventaja a tu rival.

Como nos cuenta el cuerpo técnico de los AllBlacks, »Al arrojar todo tipo de situaciones de resolución de problemas y aleatorización de las situaciones, encontramos que esto nos ofrecía un mejor aprendizaje a largo plazo. No tiene ningún sentido esquivar los desafíos.»  El largo plazo entendido como la enseñanza de pensamiento, análisis del juego y comprensión del mismo, a la vez que enseñamos a gestionar sus emociones, sus miedos, su falta de confianza, su capacidad para poner el foco de atención en los elementos adecuados, cómo evitar las distracciones.

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Siempre me ha gustado la idea de Johan Cruyff, en lo referente a que más importante que la victoria es aún la manera en que la consigas, y tiene mayor significado en fútbol base si cabe. La manera de jugar será tan enriquecedora como sea el aprendizaje que le demos a los jugadores, y este proceso necesita tiempo, paciencia, constancia, la misma que el cantero:

»Cuando nada parece ayudar, voy donde el cantero y lo miro martillar su roca, tal vez unas cien veces sin que ni siquiera se note una grieta en ella. Sin embargo, al centésimo primer martillo ésta se partirá en dos; y sé que no será debido al último golpe, sino a todos los que vinieron antes.» (Jacob Riis). 

»A person who is taught at home will stand with confidence in the community.»

»The way the sapling is shaped determines how the tree grows.»

»In America, I also noticed that the primary aim of top-level sport is to entertain the public. I’ve always said that’s how it should be, but it was great to see that, in what is perhaps the greatest sporting country in the world, that is exactly how they think. Spectators work hard all week. When they leave the stadium after the match they have to go home happy and be satisfied with the what they have seen.»

Johan Cruyff

Que tengan un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo, y disfruten de cada segundo como si fuera el último.

Lo que jamás pasará de moda

Uno se asombra de ver el poder que tiene la sociedad, el contexto, el entorno, las tendencias, las »modas», para envolver a las personas, influenciarlas, la creación de tendencias, una auténtica carrera de ir »a la última», la fijación de metas a muy corto plazo, el resultado o rendimiento instantáneo, la atención a lo que está por venir en vez de atender al instante que vives, el significado de familia, de hogar, de amistad, cada vez más roto por momentos.

Es encender la televisión, escuchar la radio, para darte cuenta de que vamos mal, muy mal de hecho. ¿Alguien gira la botella 20.000 veces hasta que logra que caiga de pie? Todos empiezan a hacerlo; Piqué se corta las mangas de la camiseta de la selección, y en cuestión de minutos es #trendingtopic en Twitter, desconocemos la causa, pero, ¿qué más da?, le ponemos a parir, total, todo el mundo lo hace. ¿Y qué hay del incremento de suicidios?¿de los casos de abuso sexual?¿Qué sucede con lo referente al abuso escolar?¿Y los sucesos de violencia machista? ¿Qué hay de la nula o poca credibilidad en la clase política? Todo esto, ¿no vende?. En consecuencia, ¿no me interesa?.

El problema de vivir »en la moda» es que se carece de personalidad, educación, valores, se vive para la opinión de los demás, en vez de vivir para fomentar nuestro ser, nuestra autenticidad, nuestro valor como persona. Decía el gran Johan Cruyff que le gustaría que la gente le recordarse como un deportista responsable; esto lo dice una persona que dice no recordar sus goles, quien ha regalado sus medallas a sus nietos, porque lo que realmente le importa es el proceso, el camino que se recorre y la manera en que se hace ese camino.

Me viene a la memoria una de las frases que más me gustaron de la película Un monstruo viene a verme, y que precisamente es este sabio monstruo quien la recita: »No importa lo que digas, lo que sientas; lo que verdaderamente importa es lo que hagas.» Porque el hacer está ligado de manera directa con tu forma de ser, con tu educación, con tus actos; porque son esos mismos actos los que dejarán o no una huella imborrable en las personas con quienes has pasado cada momento de tu vida. Una huella que siempre recordarán con cariño, porque justamente eso, vivir momentos inolvidables, es algo que jamás pasará de moda.

Que tengan un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo. Y disfruten de la vida. El vídeo que adjunto, muy recomendable.

»Quédate hoy conmigo, vive conmigo un día y una noche y te mostraré el origen de todos los poemas. Tendrás entonces todo cuanto hay de grande en la Tierra y el Sol y nada tomarás ya nunca de segunda ni de tercera mano, ni mirarás con el espectro de los libros. Tampoco contemplarás el mundo con mis ojos. Ni tomarás las cosas de mis manos. Aprenderás a escuchar en todas direcciones. Y dejarás que la esencia del Universo se filtre por tu ser.»

Walt Whitman

 

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Predicar con el ejemplo

Siempre digo que nosotros, los entrenadores, aprendemos tanto o más de nuestros jugadores que ellos de nosotros, porque o bien nos regalan de lecciones con esa espontaneidad tan suya o nos hacen reflexionar acerca de aspectos que siempre hemos leído, escuchado, e incluso en este caso aspecto que creo en él, siendo básico cuando pretendes liderar (que no mandar) en un equipo de fútbol. Me estoy refiriendo a ejercer de modelo, a liderar con hechos, o como se suele decir, predicar con el ejemplo.

Nos encontrábamos en el cambio de un ejercicio a otro el pasado jueves, cuando uno de mis jugadores dijo esto: »Vosotros, los entrenadores, siempre decís que tenemos que coger una buena forma física, lo repetís de manera constante, pero luego algunos no lo lleváis a cabo con vosotros mismos»; a lo que yo le pregunté: Y nosotros, ¿estamos en forma o no? »Claro que sí, y nos gusta que así sea.» Cuando además esta reflexión resulta que la hace un jugador de la etapa de alevines, tiene más transcendencia si cabe.

Transcendencia porque reafirma con más fuerza aún que somos, para ellos, su modelo a seguir y eso es una realidad que no se nos debe olvidar nunca. ¿Por qué? La razón es sencilla, y se encuentra en la congruencia entre lo que digo, y lo que hago. Este sencillo acto da a nuestra forma de ser, actuar, a nuestro liderazgo, credibilidad a la vez que soy consecuente, lo que me lleva a ser predecible. Estos tres elementos, tener credibilidad, ser consecuente, y predecible, generan un entorno de confianza que facilita la predisposición del jugador a querer aprender, a escucharte, observarte, y analizarte; para terminar siguiéndote.

¿Cómo le voy a pedir a mi jugador que esté en forma, si mi aspecto está lejos de considerarse saludable? ¿Cómo pedirle que tengan un comportamiento ejemplar en el terreno de juego, si a mí me expulsan a menudo en los partidos por montar espectáculos lamentables? ¿De qué manera le pido que crea en sí mismo, si yo no creo en mí, cuanto más en él? ¿Cómo transmitirle tranquilidad, si yo no sé ser paciente? ¿De qué sirve decirles que hay que leer, que se debe seguir aprendiendo, si yo no toco un libro en meses?

Recuerden el último anuncio de Fontvella, en el que el niño sale cantando en la ducha de los vestuarios cantando a pleno pulmón la misma canción que escucha cantar a su madre en la ducha del baño de su casa. Enseñamos más con nuestros actos, que con los mensajes que pretendemos transmitir día tras día. De modo que, si queremos un equipo de trabajo, un equipo de fútbol o del deporte que sea, modélico y ejemplar; empecemos siéndolo nosotros, y sólo así podremos exigir.

Como bien dice Gilbert Enoka, »El hecho de que sea de sentido común no significa que sea una práctica común.» 

Leaders are teachers. 

»Todos tenemos un propósito en la vida, un don singular o un talento especial que podemos dar a los demás.»

Deepak Chopra.

»No podrás encontrar ninguna pasión si te conformas con una vida que es menos de la que eres capaz de vivir.»

Nelson Mandela.

Adjunto al post el documental Informe Robinson: El Milagro de Carolina Marín, espero que les resulte interesante, hay mucha información valiosa que se puede extraer del mismo:

 

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y recordad, el camino se hace al andar, de modo que no te pares.

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¿Por qué?

Todo comienza preguntándonos ‘’¿Por qué? ¿Por qué estamos haciendo esto? ¿Por qué me estoy sacrificando por este proyecto? ¿Cuál es nuestro mayor propósito?’’ La importancia de estas preguntas es tal que las respuestas a las mismas tienen la habilidad de transformar a un grupo de individuos, en un colectivo tan potente como profundo sea el propósito que encontremos para nuestro proyecto.

Sería bueno encontrar nuestro propósito más profundo, porque el poder de atracción que tiene es descomunal, siendo capaz de alinear, unir, mediante un pegamento emocional tan potente como es el de cualquier cultura (religión, nación, o equipo), basado en el sentido de identidad y un propósito. Una cultura que tiene sus pilares en las personalidades, carácter, creencias, valores, de cada uno de los jugadores que componen tu equipo, y cómo tú eres capaz de unir todo ello, enfocándolo, dirigiéndolo, hacia un propósito común, de manera que llevas su atención a los más profundo de su interior.

No podemos olvidar nunca que, más allá de las motivaciones extrínsecas, las personas quieren formar parte de algo que sea mucho más grande que ellos mismos, quieren formar parte de un proyecto del cual sentirse orgullosos/as, un proyecto por el que luchar, sacrificarse, y en el que creen. Simon Sinek, autor de Star With Why, explica que ‘’Las personas no compran lo que haces, compran por qué lo haces. Sostiene que, debido al nervio del centro límbico que está en lo más profundo conectado con el núcleo pre-lingüístico de nuestro cerebro, la forma en que sentimos sobre algo es más importante que lo que pensamos sobre ello. Por ello, cuando tenemos opción, seguimos nuestro instinto.

 Posiblemente logres que los jugadores entiendan jugadas, sistemas, modelos de juego, pero si no logramos ir un poco más allá, nos resultará imposible que alcancen un nivel de competición extraordinario, que se dejen la vida el uno por el otro, que eleven su nivel de juego hasta cotas insospechables, porque para eso deberemos contestar a una pregunta: ¿Porqué hacerlo?

Smith y Gilbert Enoka, entrenadores que forman parte del cuerpo técnico de los AllBlacks, nos dejan varias enseñanzas importante: ‘’Hay una gran tradición que consiste en utilizar la camiseta lo mejor posible, para dejarla en mejor lugar que cuando te la pusiste, debes dejar la camiseta en mejor lugar. Cuanto más se tiene que jugar, mejor juegas.’’

 Como dice el neurólogo canadiense, Donald Calne, ‘’La razón conduce a conclusiones. La emoción conduce a la acción. Si deseas un mayor rendimiento, comienza con un propósito más elevado.’’

 Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y nunca olviden que lo mejor siempre estará por llegar. Adjunto conferencia de Simon Sinek, muy recomendable si tenéis tiempo para poder verla. Espero que la disfrutéis¡¡

‘’Porque hoy en día quien derrame su sangre conmigo será mi hermano.’’

Henry V

 ‘’El que tiene un por qué para vivir puede soportar casi cualquier cómo.’’

Nietzsche

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Humilde valentía

Estábamos ya todos listos, preparados, con ganas, mucha ilusión, porque nos enfrentábamos a los que en ese momento eran líderes de la liga, en su casa, contra jugadores mucho más grandes que los nuestros, que tenían más fuerza también, pero quizás por eso el reto motivaba mucho más, porque nos encanta el reto, creemos que cuanto mayor es el esfuerzo, mayor es el logro que se obtiene, pero…

Percibía, sentía en ellos un pequeño grado de duda, parecían decirme con la mirada: »Pablo, ¿crees que vamos a poder jugarles de igual a igual? Son mucho más grandes que nosotros. En la ida nos ganaron 0-2 en casa Pablo, ¿por qué ahora sí? Tienen mucha más fuerza que nosotros…» Todo eso, en una mirada. Y quizás por eso decidí actuar, si bien es cierto que ya tenía muy clara la idea, la pequeña historia que quería contarles, con el fin de darles un motivo, una razón a la que agarrarse para seguir creyendo, tratando de llevar su atención al »se puede», »sigamos creyendo», »tengamos fe en nosotros»; creo que fue la charla más emotiva de toda la temporada…

»-. Sé que muchos de vosotros aún os acordáis del partido de ida, de lo grande que eran esos jugadores, la fuerza que tenían, y cuánto nos costó ser competitivos en los duelos cuerpo a cuerpo, y que por ese motivo dudáis de que hoy seamos capaces de hacerles frente. Ahora bien, ¿cuál fue la conclusión que sacamos de ese partido? Que lo perdimos nosotros ya de antemano, porque jugamos con miedo, con dudas, con nervios, todo ello sin motivo alguno. No creímos en nosotros, y en consecuencia perdimos. ¿Verdad o mentira?

-. Sí, tienes toda la razón Pablo, ese día no fuimos nosotros. 

-. Pues bien, hoy sí tenéis que jugar con esa personalidad que tenéis, con ese carácter que es lo que nos ha hecho estar donde estamos a día de hoy. Todo lo que tenemos, todo lo que somos, lo hemos conseguido a base de creer en nuestro trabajo, ¿por qué íbamos a dejar de creer hoy? No hay ningún motivo para dudar. Sólo os pido una cosa hoy chicos, que seáis valientes, no podemos dejar de disfrutar y jugar como sabemos por un miedo infundado que hemos creado nosotros, por unos nervios que no sabemos ni de dónde vienen. Hoy, más que nunca, debemos ser valientes, con humildad sabiendo cuáles son nuestros puntos débiles para reforzarlos bien, pero valientes, atrevidos, porque es así como entendemos que hay que jugar y vivir la vida, lo llevamos diciendo toda la temporada, valentía para jugar arriesgando, siendo ofensivos, contundentes, tocando el balón, combinando, siendo atrevidos, porque es así como lo venimos haciendo. Mirad, en la última de las intervenciones que tuve de pequeñito, el cirujano salió fuera porque debía hablar con mis padres, hacerles saber que la operación podría ir bien o no, que estaba en juego mi vida pero que era la única opción de que saliese adelante, por tanto debían tomar una decisión. Y mis padres, siendo valientes, dijeron que adelante, que al menos había que intentarlo, había que pelear hasta el final. Su valentía es la consecuencia de que hoy, Sábado, esté delante de un grupo de personas increíble que me ha hecho disfrutar de una manera inimaginable; valéis mucho, de modo que sólo os pido una cosa: Hoy sed más valientes que nunca, como en cierto momento lo fueron mis padres. Prometedme que lo seréis…»

Centré mi mirada en todos, y lo que vi me hizo llorar. 20 jugadores con ojos llenos de lágrimas, algunos con un tic nervioso en la pierna que le hacía moverla a una intensidad vertiginosa, como queriéndome decir: »Estoy como loco por salir Pablo, y darlo todo por este equipo»; otros no eran capaz de levantar la mirada del suelo por la emoción que tenían, y otros sólo con la mirada me decían »Gracias por confiar en mí, en nosotros». Pocas veces he vivido un momento así en un vestuario, antes de un partido. ¿La consecuencia? Uno de los mejores partidos, todos compitiendo al máximo nivel posible, con ilusión, ambición, motivación, sin el más mínimo margen para la duda. ¿El resultado? Victoria por 0-1. Y una demostración más, para ellos, de que cuando la creencia colectiva es sólida, un equipo muestra su cara más competitiva.

Como bien dijo Ibai Gómez posteriormente al partido FC Barcelona-Deportivo Alavés, »la clave está siendo la ilusión con la que juega el equipo.»  Y es que sin ilusión, confianza, fe, y convicción, es mucho más difícil conseguir los retos que nos proponemos día tras día. Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo.

»Nuestros valores deciden nuestro carácter. Nuestro carácter decide nuestro valor.»

»El reto de cada equipo es construir un sentimiento de unidad, y de dependencia de unos en otros.»

Vince Lombardi

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Olor a campeón

Una vez leí que los campeones de verdad ya lo son antes de que nadie les cuelgue la medalla, entran a la cancha, a la pista, al terreno de juego, sintiéndose como tal. Y es cierto, por lo menos a mí como entrenador me ha pasado, cuando notas, sientes, percibes, que el estado de ánimo del equipo es brutal, inquebrantable, sólido, ves sus gestos, sus miradas, respiran como campeones, entrenan como campeones, y en consecuencia, compiten como campeones.

Probablemente la cuestión esté en hacerles sentir campeones desde el momento en el que entran al vestuario por primera vez, en vez de esperar a que se gane un partido para considerarlos como tal. ¿Por qué les consideramos personas de éxito sólo cuando ganan nuestros jugadores? ¿Por qué cambia la actitud el entrenador hacia ellos en función del resultado de cada fin de semana? ¿Por qué lo considero un error enorme adoptar para con ellos está actitud tan pésima, de darles cariño cuando ganan y ser reacio incluso al saludo cuando pierden?

Nuestros jugadores ya son campeones desde el primer momento que llegan a ese vestuario, porque con un gesto están demostrándonos a nosotros y a sus compañeros, que quieren crecer, que están dispuestos a escuchar, a mejorar, a entrenar a tope, a sacrificarse por un objetivo colectivo, por un bien común, a convivir, a mostrarse vulnerables, aceptar el fallo, el error, levantar al compañero cuando lo necesite. ¿Acaso no es esta una actitud de campeón? Si es así, ¿por qué no les tratamos como tal desde el primer día?

Hagamos sentirles que son indispensables para el equipo a todos y cada uno de nuestros jugadores, ayudémosles a descubrir cuál puede ser su lugar, su hueco, en el cual poder desarrollar su talento, sus habilidades. Es llevar la pregunta que un buen amigo me hizo »¿En qué eres bueno?» al colectivo, es decir, »¿En qué puedo ser bueno para el equipo?». Debemos esforzarnos en encontrar esa función, esa tarea, porque a partir de ahí podremos establecer objetivos personales para cada uno, para que perciban que están creciendo, mejorando, y en consecuencia, hacerles ver que el equipo lo nota, lo percibe, mejora. De esta manera estaremos trabajando, entrenando, su mente en la manera en que ayudamos al jugador a poner el foco en aquello que queremos que mejore, abstrayéndole de cualquier otro aspecto, y de esta manera el grupo, el equipo, sale fortalecido.

Hay una frase del seleccionador nacional de USA, Mike Krzyzewsky que me causó un enorme impacto:

«Recuerdo que en Beijing, España había vencido a Lituania y nosotros debíamos enfrentar en la otra semifinal a Argentina. Estábamos por entrar al campo, en el túnel, donde el público no te ve, y unos metros atrás estaban los argentinos, bailando abrazados, alentándose. Yo iba con Mike D’Antoni, uno de mis asistentes, y al ver eso le dije ‘Mike, olvídate del scouting que hicimos, es a esto a lo que debemos vencer'», confesó el entrenador de 69 años que conquistó el oro en Pekin y Londres, tras el triunfo argentino en Atenas 2004.

«El compromiso que tenían esos muchachos hacia su país y hacia el compañero, su hermandad, es lo que ocurre cuando tienes continuidad, compromiso y talento».

Por último, Gonzalo Vilariño, de quien adjunto a este post su ponencia en Ted (gracias Goyo por descubrírmela)  lanza una reflexión muy buena, y es que quizás el secreto esté en vivir la vida, y en este caso el día a día del equipo, de la manera más intensa posible, sin querer perdernos un detalle de nada, como el deportista a quien él guiaba en la entrada a la pista, que le pidió que le fuese describiendo con el más absoluto detalle todas las emociones que Gonzalo podía ver. Si somos capaces de transmitir nuestra emoción por ser un poquito mejores cada día, probablemente tengamos delante un equipo de campeones desde el primer instante que empecemos a trabajar con ellos.

Les recomiendo que vean las dos ponencias que les adjunto a continuación, porque su contenido es bueno para reflexionar sobre ello. Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo.

»Dos cosas te definen: Tu paciencia cuando no tienes nada, y tu actitud cuando lo tienes todo.»

Zig Ziglar

»La mente crea abismos, el corazón tiende puentes.»

Álex Rovira

»Liderar de forma eficaz se alimenta de una suma equilibrada de exigencia y afecto. El esfuerzo repetido en el tiempo es a lo que llamamos sacrificio. Mantener el esfuerzo en el tiempo es aprender a esperar la recompensa.»

Álvaro Merino

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Fase 2: Storming

Dentro del seguimiento que hacemos en las fases de vida de un equipo, esta es la fase más compleja de un equipo de alto rendimiento. De hecho, es la fase en la que el 60% de los equipos pierde toda posibilidad de llegar al alto rendimiento. ¿Qué es lo que sucede en esta fase?

Una vez que el líder ha marcado el objetivo, el propósito, el qué, la siguiente fase es el cómo, cuál es la manera que vamos a tener de alcanzar esos objetivos. ¿Qué sucede aquí? Los miembros de un equipo llevan mucho tiempo habituados a hacer las cosas de una determinada manera, todas las personas hemos generado hábitos, de modo que cuando entra un líder nuevo y propone una manera diferente de hacer las cosas lógicamente no nos vemos tan capaces, ni tan hábiles, de hacerlas de una manera distinta. Y es aquí donde aparecen los comportamientos del miedo.

¿Para qué cambiar? Esta es la pregunta que se hacen tus jugadores, tus empleados, quizás porque empiezan a verse no tan capaces como se veían antes, y eso provoca miedo. Aquí se producen comportamientos que ponen en entredicho cuál es la estrategia y cuales son los procedimientos planteados por el líder. Es posible que muchos miembros del equipo se rebelen contra la nueva manera de actuar. Si el entrenador accede a esas situaciones que van en contra de cuáles son los procedimientos que ha marcado, se rompe cualquier posibilidad de seguir creciendo como equipo, y aquí se acaba esa posibilidad de alcanzar el alto rendimiento.

8 de cada 10 equipos pierden esa posibilidad en esta fase. Lógicamente, el líder debe seguir trabajando en esa directividad hacia la tarea porque esta nueva propuesta de hacer las cosas es diferente en el equipo. Pero el comportamiento emocional tiene que tomar un mayor protagonismo, tenemos que reforzar aquellos comportamientos que, sin ser todavía hábitos adquiridos, están en la línea de lo que queremos buscar a futuro, tenemos que reforzar los comportamientos positivos de determinados miembros del equipo, y castigar y anular aquellos comportamientos que vayan totalmente en contra del procedimiento que hemos marcado.

Una fase tremendamente compleja, que aquellos líderes que son capaces de salir de ella tienen mucho camino hecho hacia el alto rendimiento. Próxima semana, más… 😉

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo.

»La conexión es la razón por la que estamos aquí. Es aquello que da finalidad y sentido a nuestras vidas.»

Brent Brown

»Oír lo nunca oído es una disciplina necesaria para convertirse en un buen gobernante -aseguró el maestro-. Sólo cuando aprende a prestar atención a los corazones de las personas, los dolores sin expresar y las quejas no habladas, el gobernante puede albergar la esperanza de inspirar confianza al pueblo, comprender si algo está mal y satisfacer las necesidades verdaderas de los ciudadanos.

Oír lo nunca oído… Se trata de una aptitud que todos los miembros del grupo necesitan, no sólo el líder. En el caso del baloncesto, los estadísticos cuentan las asistencias que realizan los jugadores o los pases que conducen a anotar puntos; por mi parte , siempre me ha interesado más que los jugadores se centren en el pase que conduce al pase que conduce a los puntos. El desarrollo de esa clase de conciencia requiere tiempo pero, una vez que la consigues, lo invisible se torna invisible y el partido se despliega ante tus ojos como si fuera un relato. 

Con el propósito de reforzar la conciencia, me gustaba tener a los jugadores pendientes de lo que sucedería a continuación. Durante un entrenamiento estaban tan apáticos que decidí apagar las luces y hacer que jugasen a oscuras… Tarea nada fácil cuando intentas coger un pase estratosférico de Michael Jordan. En otra ocasión, tras una derrota bochornosa, decidí que realizaran las prácticas en el más absoluto de los silencios. Algunos entrenadores pensaron que estaba loco, pero a mí me importaba que los jugadores despertasen, aunque solo fuera por un instante, para ver lo nunca visto y oír lo nunca oído. 

Phil Jackson

Hundred Miles

Liverpool v Manchester United - Premier League