Momento de despedidas

Nunca me han gustado las despedidas, es más es que probablemente las odio porque me emociono muchísimo, son tantísimos recuerdos, tantas vivencias, de todos los colores, de todas las intensidades posibles, que la emoción que me invade en estas semanas finales cuando la temporada termina es muy grande. Decía el bueno de Gabriel García Márquez que “la vida no es la que uno vive, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda”.

La vida se puede vivir de dos maneras; siendo una mera copia o siendo auténtico. Las copias las encontramos a diario, estamos hartos de plagios andantes que van, cumplen su tarea y se van. Y la vida no está para cumplir, la vida está para vivirla, para ayudar a quien lo necesita, para emocionar y emocionarse, para ayudar a mejorar y en consecuencia mejorarse, para invitar a reflexionar y reflexionar uno mismo, para crear vínculos de unión tan fuertes que incluso pasados unos años, tus jugadores (en mi caso) te recuerden y notes que ese abrazo es como el primero que te dieron.

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Soy de los que se emociona cuando leen mensajes del estilo: “Muchas gracias por todo el apoyo que me distes y que me sigues dando. Seguiré esforzándome y poniendo el máximo de actitud”; “Eres un gran ejemplo. Muchas gracias por todo lo que me has enseñado.” Todos estos mensajes en jugadores que se acuerdan de ti, que se despiden porque se marchan a otro club. Entiendo la vida, los cursos académicos, las temporadas, como una entrega absoluta de mi persona hacia mis alumnos, mis jugadores, con el fin máximo de ayudarles a que saquen su mejor versión cada día de sus vidas. Eso implica un grado de actuación, de involucrarte, que no está pagado, que no se hace por dinero. O entiendes la vida de esa manera, o no lo harás nunca.  De hecho, recuerdo una frase que leí y me gustó muchísimo: “los entrenadores poseen dos vidas: la suya propia, y la que viven con todo su equipo.”

Lo mejor de ser auténtico/a es que las conexiones que estableces con todos cuantos te rodean son increíbles, porque esta vida a veces ya es demasiado cruda como para que tú seas más borde aún. Esto no quiere decir que le tengas que caer bien a todos/as, en absoluto, más bien ser auténtico implica que habrá gente a la que no le gustes, incluso que te odien, eso es así. Pero por el contrario, los recuerdos que dejes en aquellos/as con quienes fuiste capaz de conectar se quedarán grabados en su corazón para el resto de sus vidas. Y ese recuerdo no tiene nada que ver con tu titulación, con tus estudios, tiene que ver con tu persona, con tu calidad humana.

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Ser auténtico/a es, en definitiva, dejar tu legado en forma de semillas en todas las personas que lideres durante tu vida, teniendo presente que se convertirán en árboles que jamás verás crecer. Un legado que tiene su potencial en tu persona, en tu corazón, y que se ha ido impregnando mediante conversaciones, momentos, situaciones, que nunca volverán a repetirse al menos esa temporada. Crea un momento tan intenso que jamás pueda olvidarse, un recuerdo tan bonito que se quede escrito en otros corazones con rotulador permanente. Hay una frase que siempre recuerdo: “eres lo que haces, eres lo que dices que haces, pero también lo que recuerdan de ti y, sobre todo, eres lo que esa gente siente cuando lo recuerda.”

Que tengáis una muy buena semana, y disfruten de las cosas sencillas que nos regala la vida. Un abrazo muy grande.

“Lo realmente importante es luchar para vivir la vida, para sufrirla y para gozarla, perder con dignidad y atreverse de nuevo. La vida es maravillosa si no se le tiene miedo.”(Charlie Chaplin).
“No es el crítico el que importa, ni el que señala cómo el otro tropezó o cómo el que hace las cosas podría haberlas hecho mejor. El mérito es de quien está realmente en la arena, con el rostro desfigurado por el polvo y el sudor y la sangre; que se esfuerza valientemente; que yerra; que se queda corto una y otra vez, porque no hay esfuerzo sin error ni deficiencias, pero que realmente está intentando hacer lo que hay que hacer; que conoce los grandes entusiasmos, las grandes devociones; que se empeña en una causa digna; que, en el mejor caso, conoce al final el triunfo del gran logro, y en el peor de los casos, si fracasa, al menos lo hace habiéndose atrevido, de modo que su lugar no estará nunca con las almas tímidas que no conocen ni la victoria ni la derrota.” (Theodore Roosevelt)

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