Todos necesitamos luz

«Con seguridad no hay otra cosa que el propósito único del momento presente. Toda la vida de un hombre es una sucesión de momento tras momento. Si uno comprende completamente el momento presente, no habrá nada más que hacer, y no quedará nada por perseguir.» (Yamamoto Tsunetomo)

Hay quienes pueden vivir en el pasado, mientras que otros miran al futuro con excesivo optimismo creyendo que es ahí en ese espacio de tiempo donde se encuentran todas las soluciones, lo cual creo que es un grave error. La única realidad que vale es el momento que vivimos, y lo más sensato quizás sea construir el futuro inmediato en base al instante que vivimos, mirando en nuestros apuntes de la vida para aprender de los errores (mal llamados fracaso, porque el único fracaso es no intentarlo) que hemos cometido con el fin de mostrar nuestra mejor versión.

A veces puede suceder que lo de tratar de mostrar nuestra mejor versión no sea tan fácil como parece, porque los comienzos suelen ser por lo general difíciles, instantes de dudas, de fragilidad. Por ejemplo, los equipos que he tenido la suerte de entrenar hasta ahora exceptuando uno, todos empezaron «mal» en lo que a resultado se refiere. ¿Por qué? Porque siempre sucede lo mismo, nervios, miedo a atreverse, miedo a ser valiente, miedo a tomar decisiones, falta de confianza en uno mismo. Factores que sólo el tiempo y el trabajo diario es capaz de mejorar.

¿De qué manera hemos conseguido siempre revertir la situación? Centrándonos en el momento presente, en la confianza, y adoptar un estado de ánimo situado en el término medio. Ser feliz cuando se está muy bien, pero ser feliz cuando quizás no estamos todo lo bien que quisiéramos es una de las claves para lograr revertir las malas rachas que todos atravesamos. Recuerdo una frase de Marcos Jiménez, referente a la gestión de equipos: «Al jugador tienes que darle vidilla cada día, tienes que engancharle, enchufarle. Porque cada uno viene con mil problemas, cansado del trabajo de todo el día, y aún con todo viene aquí a entrenar con el equipo e intentar dar lo máximo.»

Muy relacionado con esto último, Rita Pierson afirma que todo es una cuestión de relaciones, donde la diferencia está en cuánto de grande es tu capacidad para conectar con las personas, para dejar huella, para hacerla sentir de tal manera que un día te diga: «Sabe Mrs Walker, usted cambió mi vida. Me hizo sentir que era alguien, cuando en el fondo sabía que no lo era.» Todos, absolutamente todos, necesitamos de un campeón, de un referente, de una luz que brille con fuerza para que nos guíe en el camino adecuado en nuestro crecimiento personal, porque nadie nace sabiendo de todo.

De hecho, creo que uno es producto de las decisiones que toma, y esas decisiones las toma en base a la vida que ha vivido, una vida que vive en base a las relaciones personales que con el tiempo ha sido capaz de consolidar, fomentar, cultivar, y cuidar con sumo detalle. No es una cuestión de regalos, es una cuestión de gestos sencillos pero diarios. Si yo le preguntase de quién se acuerda especialmente, probablemente no sabría quién es la persona en la que está pensando, pero sí imagino el motivo: Porque confió en usted, a pesar de las circunstancias fue una persona leal que siempre estuvo a su lado.

Quizás suene demasiado brusca la frase, pero recuerdo una que enuncia Sir Alex Ferguson en su biografía Leading: «Seis personas son suficientes para llevar un ataúd, por tanto seis personas es un número suficiente de personas leales que uno puede tener a su lado durante toda su vida». Quitándole un poco de drama a la frase, el significado potente que extraigo es que lo realmente importante, es la calidad de nuestras relaciones, no la cantidad.

El legado que uno puede dejar en un futuro no está basado en el dinero, ni en las propiedades, sino que tiene más que ver con los corazones que llegaste a tocar, las sonrisas que pudiste llegar a sacar, el brillo que devolviste a esos ojos tristes que una vez te miraron, y esto se consigue tratando de ser la mejor persona posible, lo cual no implica «caer bien» a todo el mundo. En absoluto, tiene más que ver con una manera de ser y una personalidad auténticas, unos valores y un código ético innegociables.

A modo de conclusión, sería bueno que recordásemos cada día dos aspectos importantes: ser humildes y responsables. Humildes porque sin el tiempo que otras personas han invertido en nosotros, no seríamos ni de lejos la persona en quien nos hemos convertido. Y por otro lado, sentir la responsabilidad que tenemos como personas de transmitir el mejor legado posible a las generaciones futuras, en forma de educación, aprendizaje, experiencias, transformado todo ello en momentos inolvidables.

Quería compartir contigo estas líneas, para terminar el post de esta semana:

«Algunos se crean sus propios mundos y otros nos inventamos nuestros propios universos. No hay que pensar en pequeño, debes crear el universo de tu mundo. Y para ello necesitas crear tu círculo de fuerza, tu archipiélago de sinceridad. Tener alrededor a esa gente única que te da energía. Somos energía y debemos buscar energías que nos den fuerza y jamás nos mientan. Si no lo haces, no estás vivo. Si no buscas, si no compartes y, sobre todo, si no das, te quedarás en un mundo pequeño y te volverás insignificante. Y recuerda que un universo lo pueden formar tan sólo dos personas.» (Albert Espinosa)

«El éxito no es el final, el fracaso no es fatal: es el coraje de continuar lo que cuenta.» (Winston Churchill)




 

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El partido que no jugué nada.

«El baloncesto siempre fue un deporte que me había gustado, y decidí a apuntarme al equipo del pueblo en el que vivía, en Navalmoral de la Mata, porque estaba cansado del tenis, de jugar, entrenar, y practicar en un deporte individual como ese. Lo que desconocía era lo que pasaría nada más empezar la liga, justo en el primer partido. 

Jugábamos contra el Cacereño, en su casa, en ese imponente pabellón multiusos denominado Ciudad de Cáceres, un lugar en el que se había respirado el aroma de la ACB, un pabellón donde cualquier chaval de 14-15 años querría jugar. Imagínate mi ilusión, mis ganas por jugar y ayudar al equipo, por empezar a experimentar sensaciones…y sin embargo, fue uno de los peores días por la sensación de tristeza, de engaño, de frustración, que tenía nada más terminar el partido. Volvíamos a casa, y no había jugado ni un solo minuto.»

Desde aquí antes de nada, quisiera dar las gracias a ese «increíble» entrenador que tuve durante ese año, en el que decidí probar, jugar, y entrenar al baloncesto. Porque gracias a todo lo que me hizo sentir, experimentar, tuve muy claro siempre cómo jamás debía tratar a un jugador si algún día me decidía a ser entrenador. Gracias, por esas enseñanzas tan poderosas.

Ahora que empiezan las temporadas, o han empezado, en deportes de equipo como el fútbol, baloncesto, balonmano, voleibol, waterpolo, estos días siempre me acuerdo muchísimo de esa experiencia que tuve siendo cadete, cuando formé parte del equipo de baloncesto del pueblo. Y la primera pregunta que se me viene a la mente es: ¿por qué hay entrenadores que siguen comportándose como tiranos? Los equipos de deportes colectivos no son administraciones, son equipos de personas, y además, personas en proceso de crecimiento quienes probablemente, lo que tú les digas, lo que tú hagas, y cómo te comportes, les dejará una marca muy profunda para el resto de su vida, que puede ser muy positiva o muy negativa.

Uno de los aspectos más complejos que se le plantean a un entrenador son las rotaciones, la utilización a lo largo de toda la temporada de todos sus jugadores. Pues miren, yo creo que no es tan difícil y es más, creo que es imprescindible tener un aspecto muy claro: valore el trabajo diario, el compromiso y esfuerzo  de todos sus jugadores. Y le irá bien, a la larga le irá muy bien. ¿Por qué? Porque estás demostrando que crees en ellos, mediante tus actos, mediante hechos, que al final es lo que cuenta.

Al final de la temporada pasada le escuché decir a un entrenador de fútbol base, que no creía en «eso de las rotaciones, que por él jugarían siempre los mismo y fuera.» Lo que no sabe o desconoce este entrenador, es que los buenos, si el resto del equipo no mejora, terminan acomodándose y no siendo tan buenos, porque cualquier jugador que quiera crecer necesita de una competencia real en su puesto, y esa misma competencia se produce cuando les das a todos la oportunidad de crecer por creer en ellos. A partir de esa creencia se genera confianza, y cuando te ganas su confianza, obtienes un compromiso, un esfuerzo, y un trabajo sin límite por parte de todos y cada uno de ellos.

Por ello, si tú estableces como vara de medir, como listón, el grado de trabajo, sacrificio, esfuerzo cada semana, las convocatorias serán justas porque eres honesto, porque existe una congruencia entre lo que dices y lo que haces. Alguno estará pensando que si hace eso, perderá en el comienzo de temporada más partidos de los que debería. Pues bien me adelanto a ese pensamiento, y le contesto: Si usted, querido entrenador, está en una categoría «baja» pensando así, está equivocado porque en esas categorías no vale de nada  ganar por ganar, lo que usted debe es formar, enseñar, hacer competitiva esa plantilla, y probablemente a largo plazo eso genere unos beneficios que ni usted imagina. Pero, si por el contrario, usted es entrenador de una plantilla con un nivel medio-alto o muy alto, el problema es que no tiene la valentía suficiente, ¿cuál es su problema? Utilice a todos sin excepción, crea en ellos, y de esa manera incrementará la participación, la calidad de la plantilla, la competitividad en cada puesto, incrementando a su vez el tan importante sentimiento de pertenencia de todos y cada uno de sus jugadores, porque ven que realmente (no sólo de boquita) usted cree y confía plenamente en ellos.

No hay malos ni buenos, ni onces titulares ni onces de segundas partes (recuerdo mucho lo que decía al respecto Víctor Sánchez del Amo); lo que tenemos delante son jugadores diferentes, con personalidades distintas, y sobre todo en nuestro caso, niños, adolescentes, que no son adultos en miniatura, son proyectos de adulto, que es totalmente diferente. Ello conlleva que, casi con toda seguridad, ese equipo, ese deporte, para ellos es lo máximo, no hay nada más importante, motivo por el cual ponen máxima ilusión, máxima motivación, en cada entrenamiento para…¿adivina qué? Sentirse querido y respetado, exactamente igual que las personas adultas. Porque hay aspectos esenciales de la vida que nunca cambian, y no hay energía más potente que darle a una persona la suficiente confianza para sentirse querido y respetado. Con eso, probablemente te lleves una grata sorpresa a final de temporada. Eso es lo que yo llevo haciendo desde que di comienzo a mi carrera como entrenador; justo lo que jamás sentí como jugador en ese equipo de baloncesto.

Que tengas una muy buena semana, y disfrutes lo máximo posible con tu equipo durante toda esta temporada. Un abrazo muy fuerte, nos vemos la próxima semana.

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«Con seguridad no hay otra cosa que el propósito único del momento presente. Toda la vida de un hombre es una sucesión de momento tras momento. Si uno comprende completamente el momento presente, no habrá nada más que hacer, y no quedará nada por perseguir.» (Yamamoto Tsunetomo)

«Si la mente es apropiada entonces el disparo será correcto. Si la conducta de disparar es correcta entonces el soltar (la cuerda) también será correcto.» (Proverbio de Kyudo)

 

Generar responsabilidades

Ultimamente me viene a la cabeza una reflexión, que es la que pongo en común hoy con la persona que está al otro lado de la pantalla, leyendo estas líneas, consistente en la nula apariencia del sentimiento de responsabilidad, pero no en términos laborales, familiares, quisiera ir un poco más allá. Hablo de la responsabilidad de vivir de manera digna.

Es esta última palabra, digna, la que me lleva al pensamiento de Marcelo Bielsa, quien decía que «lo importante no es el resultado final sino más bien la dignidad con la que recorremos el camino, observando al mismo tiempo la persona en quien nos vamos transformando.» Salvaguardar los valores, el código ético, en conclusión todo aquello que cada uno consideramos innegociables y que nos ayuda a vivir nuestra vida de una manera u otra.

Y dentro precisamente de ese código ético aparece para mí un elemento imprescindible que es la responsabilidad, mi deber moral como persona en la manera en la que vivo mi día a día asumiendo primero que mis actos tienen consecuencias, y que esos actos deben sumar, nunca restar. Esto me lleva a la responsabilidad de vivir con educación, respeto, y teniendo claro que el ejemplo, el liderazgo que llegue a ejercer puede sumar o restar en un futuro. A mi me gustaría que sumase, que dejase un valor añadido en todas las personas con quienes convivo, con quienes trabajo, porque soy de esas personas que sienten que tenemos una enorme responsabilidad en cómo verán el mundo nuestras futuras generaciones.

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Unas generaciones futuras que desconocen, sin embargo, lo que significa la palabra responsabilidad, y es bueno recordarlo en los tiempos que corren. Según el diccionario de la RAE, aparecen los siguientes significados: -. Cualidad de responsable. -. Deuda, obligación de reparar y satisfacer, por sí o por otra persona, a consecuencia de un delito, de una culpa o de otra causa legal. -. Cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado. -. Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente. Esto, queridas generaciones futuras, significa responsabilidad.

Estamos cometiendo el error, en mi humilde opinión, de favorecer el pensamiento desde demasiado pronto de que sólo existen los derechos, se propicia la negación de escucha del pequeño hacia el adulto escudándose en el «No quiero», «No me apetece», y quizás en vez de lidiar con ello, de asumirlo como algo normal dentro del proceso de maduración de un niño o una niña, tomamos la vía rápida de hacer esta o aquella tarea evitando que la hiciesen ellos, ya sea esa tarea recoger la mesa, preparar la mochila para el entrenamiento, realizar los deberes, mirar la agenda para saber lo que tiene mañana, ayudar a limpiar la casa; y muchas más situaciones que a más de uno le estarán resultando familiares.

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La consecuencia de no afrontar esta situación enseñando cuáles son las responsabilidades que uno tiene, y que debe asumir porque es esencial que sepa, reconozca, que tiene responsabilidades como la persona que es; es absolutamente terrible porque nos hemos situado en un marco donde parece que sólo hay derechos, donde nadie asume su parte de responsabilidad en las decisiones que se toman, en las conversaciones que se deberían entablar para solucionar conflictos en un contexto en el cual echar más leña al fuego sólo propicia que las chispas alcancen una superficie mayor.

Normalmente los problemas vienen generados porque ninguna de las dos partes asume su parte de responsabilidad en el deber de encontrar una solución, que a su vez lleve a encontrar un contexto más favorecedor para ambas partes. El ego, la poca o nula humildad, la incapacidad para escuchar a la otra persona, el ansia de poder, la mentira utilizada como excusa ante la incapacidad para encontrar soluciones, la permanente acción de mandar la pelota de un tejado a otro como si de un patio de colegio de guardería se tratase, me lleva a pensar que lo estamos haciendo muy mal en la educación, y además, más grave aún si me lo permiten, somos totales desconocedores de la gran responsabilidad que tenemos en el país que verán nuestros hijos e hijas dentro de unos años.

Hoy por la mañana leía unas líneas muy acertadas: «Si haces planes para un año, siembre arroz. Si los haces por dos lustros, planta árboles. Si los haces para toda la vida, educa a una persona.» Cada vez miramos menos a largo plazo en lo que a comportamientos se refiere, al deber moral que uno tiene con la sociedad en la que vive, porque lo tenemos. La sociedad no está mal, penosamente mal porque sí. Esta así porque hemos querido nosotros, como ciudadanos, llegar a este punto de conflicto permanente, de crisis latente que parece que va a desencadenar en el peor de los finales posibles. ¿Por qué? Porque seguimos evitando responsabilidades, y echando la culpa a cualquier aspecto, cosa, o elemento, en vez de ser auto-críticos.

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Y creedme, el motor del cambio somos nosotros, nada ni nadie va a venir a solucionar la situación tan caótica, tan penosa, que actualmente atraviesa nuestro país, a todos los niveles. Cada uno, desde el político incapaz hasta el ciudadano sinvergüenza de a pie, debe pararse por un instante, y realizarse esta pregunta, la misma que planteaba Simon Sinek en una de sus conferencias: ¿Estoy haciendo todo lo posible, todo lo que está en mi mano, para conseguir construir un mundo mejor? Porque recuerden, todo empieza y termina en la persona. Acompañando a esta reflexión quisiera terminar con este pensamiento de Daisetx T. Suzuki:

«El hombre es un ser pensante, pero sus grandes obras las realiza cuando no calcula ni piensa. Debemos reconquistar el candor infantil a través de largos años de ejercitación en el arte de olvidarnos de nosotros mismos. Logrado esto, el hombre piensa sin pensar. Piensa como la lluvia que cae del cielo; piensa como las olas que se desplazan en el mar; piensa como las estrellas que iluminan el cielo nocturno, como la verde fronda que brota bajo el tibio viento primaveral. De hecho, él mismo es la lluvia, el mar, las estrellas, la fronda. Una vez que el hombre haya alcanzado ese estado de evolución espiritual, será maestro Zen de la vida. No necesita, como el pintor, de lienzo, pinceles ni colores. No necesita, como el arquero, de arco, flecha ni blanco, ni de otros recursos. Se sirve de sus miembros, de su cuerpo, cabeza y órganos. Su vida en el Zen se expresa por medio de todos esos instrumentos importantes como manifestaciones suyas. Sus manos y pies son los pinceles. Y todo el universo es el lienzo sobre el cual pintará su vida durante setenta, ochenta y hasta noventa años. El cuadro así pintado se llama <<historia>>.»

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo.


Y te deseo Sunny Days, cuantos más, mejor 😉

Ponle amor a tu vida

«Hace unos días hijo me vino a la cabeza, cuando estabas en el colegio todavía en Secundaria, y volvías ya por la tarde, dejaste la mochila en el ascensor porque no podías con ella de lo cansado que llegabas. Claro hijo, ¿cómo no ibas a estar cansado si tenías Hepatitis C? Lo increíble es el esfuerzo que has hecho, desde siempre, para seguir el ritmo de otros chicos, irte a jugar con ellos, y mil cosas más, porque querías disfrutar con ellos. Aún con lo que tenías en aquel momento.» 

Esas palabras me las decía hace unos días mi madre, y reconozco que nunca me había acordado de ese tipo de momentos, de esos instantes en los que no podía más, donde el cuerpo me decía basta, hasta aquí hemos llegado por hoy, y yo pensaba que era lo más normal del mundo. Que el resto de chicos y chicas de mi edad, ¿por qué no? estarían igual de cansados, que no tenía por qué pasarme nada en especial.

Pero la realidad era bien distinta a eso. Tenía la enfermedad que tenía, desde que nací porque es lo que a veces la vida se cobra cuando uno se arriesga para salvar precisamente eso, tu propia vida. Ahora, ya curado, me viene una pregunta a la cabeza: ¿Qué era lo que me movía a hacer constantemente esfuerzos, para vivir la vida a tope, aún estando cansado? Porque perfectamente podría haber puesto excusas, parar de hacer deporte, parar de bajar a jugar con los amigos a la calle al fútbol, desapuntarme de los equipos en los que competí, simplemente diciendo: Es que estoy cansado. 

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Sin embargo, nunca he parado, pero… ¿por qué? Tras reflexionar sobre ello, creo saber el motivo que siempre me ha impulsado a vivir la vida al máximo, aún estando muy fastidiado: el amor que siento por vivir. No me he dado cuenta yo solo, en absoluto, sino más bien ha sido un amigo, una persona increíble, quien me ha hecho consciente de este aspecto. David hace unos días me dedicó un texto maravilloso cuyo fin no puedo desvelar, porque es una sorpresa, pero hay unas líneas que quisiera extraer: «[…]una historia que, pudiendo ser cualquier cosa, él decidió que fuera de amor. Sí, de Amor. Porque es lo que nos une. Lo opuesto al miedo. Amor en mayúsculas. El amor que dio origen a todo y que tanto necesitamos para el desarrollo de nuestras almas. «

Esto puede recordar, en cierto punto, a una marca de bebida deportiva cuyo lema es: la bebida de los que nos morimos por vivir. De hecho fíjate, conectado con el amor me viene a la mente este Manual de supervivencia:

Tragarse el orgullo no engorda. Ir de duro no te hace más fuerte. Las lágrimas salen, pero también llenan. Perdonar engrandece. Pedir perdón te hace inmenso. Preguntar te hace sabio. Quedarte con la duda te vuelve imbécil. Amar no es de débiles. Odiar es para el corazón débil. Quererte a ti mismo es necesario. Ser tú mismo es esencial.

Amar la vida que tengo, con sus circunstancias a resolver en cada momento, me ha llevado a querer vivir cada día de mi vida al máximo, con la mayor intensidad posible como si no hubiera un mañana. Y esto, en una sociedad que parece que nos obliga a pensar en el mañana y olvidar el presente, a añorar más lo que no se tiene que lo que uno tiene a su alcance, hace que a veces nos obligue a cambiar, nos haga olvidar por un instante, lo que realmente es importante.

El amor es el ingrediente esencial en cualquier relación que se quiera convertir en duradera en el tiempo, porque te lleva a hacer cualquier esfuerzo por mantener ese vínculo, es relación. Es lo que nos lleva a conectar con las personas, a tener una empatía verdadera, estar pendiente, tratar de aportar luz en la oscuridad de otros, es una cuestión de conexión. Porque la vida, compartida, sabe doblemente mejor.

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Amor es lo que falta en cualquier tarea de la vida cotidiana en la que existe un proceso de aprendizaje, porque cuando amas lo que haces no te importa la cantidad de tiempo que dedicas con tal de que dejes un legado, una huella imborrable en otras personas. Un legado no a modo de clases magistrales, sino más bien tiene mucho que ver con vivencias del día a día, trata de personas que hacen un trabajo de conocimiento, descubrimiento, búsqueda de significados, reflexiones, pensamientos, y puesta en común de experiencias de la vida que se traduce un salto cualitativo del aprendizaje, en lo que a la persona se refiere.

Nos encontramos en un momento de crisis en lo que a emociones se refiere, en un contexto donde el marketing, la sociedad, nos trata de vender la imagen, la pasarela, el postureo que tan de moda está, esa alfombra roja con su despliegue de medios, pero que a su vez contiene un vacío de sentimientos estrepitoso, una carencia de valores que lleva a tomar decisiones equivocadas, y unas decisiones equivocadas que terminan por convertir a las personas en seres humanos carentes de felicidad, porque terminan por darse cuenta que la verdadera felicidad no tiene nada que ver con lo material, y sí mucho que ver con lo que no se ve con los ojos, con lo intangible, lo que permanece oculto a simple vista.

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Quizás por eso en estos momentos más que nunca, sea necesario poner todo el amor posible en cada gesto que tenemos con las personas que nos rodean, cuidar nuestras amistades, trasladar lecciones de vida en vez de clases magistrales a nuestros alumnos/as, a nuestros jugadores/as, porque no sabemos si el día de mañana esos jóvenes que tendremos delante se desarrollarán en el contexto laboral que sueñan tener, pero lo que es seguro 100% es que serán personas adultas, por eso es tan importante que las lecciones de vida, las experiencias vitales que compartamos con ellos, contengan amor verdadero.

Porque es el amor, como muy bien dice David, lo que nos une, lo que fortalece, lo que da fuerza y alienta, lo que te empuja o por lo menos a mí me ha empujado, a vivir la vida con la mayor fuerza, con la mayor intensidad posible cada día de mi vida aún cuando estaba tremendamente fastidiado, en días en los que no me apetecía ni levantarme de la cama y no sólo me levantaba, sino que seguía contagiando optimismo, fuerza, y luz a quienes probablemente también lo necesitaban. Amor para brillar, brillar para vivir, y vivir para crecer amando con amor verdadero hacia todo lo que te rodea.

Que tengas una muy buena semana, y hagas lo que hagas, hazlo con amor. Un fuerte abrazo.

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«Se trata más bien de si nuestro trabajo nos llena. Si le dieran a elegir entre ser arquitecto por 75.000 dólares al año y trabajar todos los días en una cabina de peaje durante el resto de su vida por 100.000 dólares, ¿qué elegiría? Seguramente lo primero, porque ofrece complejidad, autonomía y una relación entre el esfuerzo y la recompensa que por otra parte implica el mero hecho de hacer un trabajo creativo, y para la mayor parte de nosotros esto vale más que el dinero.» (Malcolm Gladwell)

 

Con el paso del tiempo

«Nos íbamos ya de vuelta para casa el pasado Lunes después de jugar durante dos horas y media al pádel, todos contra todos, y me dice Aguilera: «Pablete no has estado mal, pero se te da mejor enseñar eh» , con esa sonrisa suya inconfundible, la misma que hace 7 años cuando le conocí. Y viene otro comentario de otro de ellos «Ya ves eh, como cuando se ponía  todo serio cuando estábamos corriendo a dolor antes del entreno, gritando a tope.» Fue como trasladarse en el tiempo 8 años atrás, cuando todo empezó, para recordar momentos que aún están grabados a la par que eres consciente de cómo te recuerdan quienes estuvieron contigo esas temporadas.»

Esa misma noche les escribí un mensaje en el grupo de Whatapp que tenemos, porque me salía del corazón expresar la emoción que tenía por ver que ,aún pasando tanto tiempo, seguimos conservando una amistad, una relación duradera, que está sustentada en la vivencia de momentos de todo tipo, los momentos propios que te regala una temporada tras otra con un grupo que primero estuve en Cadetes, y más tarde en Juveniles. Muchos años, muchas vivencias, muchos recuerdos, muchos instantes que desembocan como resultado en una amistad.

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Hablaba con una grandísima persona como es Pedro la semana pasada, y me decía que probablemente una de las mayores gratificaciones que tiene esta tarea como formador es que le enseñas unos valores a los jugadores que, quizás en ese momento no eran conscientes de la importancia que tenían, pero más tarde con el paso de los años recuerdan esos valores traducidos en comportamientos por nuestra parte, en hechos, en momentos que te llevan consecuentemente a dejar grabado en su corazón un recuerdo inolvidable, a la vez que aplicable para los problemas que se les puedan presentar en su día a día.

Esa noche cuando estaba a punto de dormirme me acordaba de muchos momentos preciosos que he vivido con ese grupo de jugadores, como la participación en la VillarrealCup jugando todo el torneo con 12 jugadores viendo cómo un equipo que estaba físicamente destrozado era capaz de pasar a la siguiente fase, entregándose por completo. Me venía a la mente la semana del partido contra el Rayo Vallecano, desde el primer día de entrenamiento cuando les reunimos a todos para decirles que vamos a ganar el partido, que va a ser muy duro, que probablemente solo tendremos 2-3 oportunidades pero que, si las aprovechamos, estaríamos muy cerca de conseguir los tres puntos. O el partido contra el URJC Móstoles dos semanas más tarde, en una situación límite para seguir agarrados al sueño de lograr la permanencia, volviendo a ganar y consiguiendo lo que parecía casi imposible.

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Casi imposible, muy difícil, complejo, son adjetivos que siempre han ido ligados a mí desde que era pequeño, recién nacido, sin parar de hacer frente a problemas, obligado a madurar quizás más rápido que el resto para saber gestionar diferentes situaciones; es probablemente lo que me lleva a proyectar esa idea, esa imagen, consistente en que nuestra actitud, nuestro carácter, nuestro trabajo en equipo, es lo que nos lleva a lograr que el listón se mantenga siempre lo más alto posible, dando lo mejor de nosotros mismos en cada entrenamiento, en cada partido. Se juega como se entrena, y se entrena como se vive, porque cuando adquieres unos hábitos, basado en unas creencias y valores que consideras innegociables, eso te lleva a contemplar la competición como un proceso de crecimiento tanto deportivo como personal. Y quizás por eso, por mi manera de ser y entender la vida, 8 años más tarde jugadores como ellos guarden ese recuerdo.

Un recuerdo que quizás, no lo sé, les ha ayudado en sus vidas a entender que nadie puede hacer nuestro camino por nosotros, por lo que quienes acertamos, fallamos, nos levantamos, crecemos, aprendemos, somos nosotros a la vez que nuestros valores, nuestras creencias, nuestros pensamiento son nuestra huella, nuestro sello de identidad. Por eso es tan importante, como decía un buen amigo como es Carlos anoche, que al jugador desde pequeño se le transmita como un legado valores tan esenciales como el respeto hacia todo lo que te rodea, la humildad, la capacidad de esfuerzo y trabajo, la atención a los detalles pequeños; en definitiva la construcción de la persona que probablemente es la esencia, el alma, del deportista de élite.

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Por eso es tan importante esta pregunta para los entrenadores, formadores, educadores: ¿Para qué estamos aquí? ¿Qué fin busco con mi trabajo? Para mí la clave reside en la manera, en el cómo. Cómo entrenas, cómo transmites, cómo les hablas, cómo les escuchas, cómo les haces reflexionar mediante preguntas, cómo son tus actos en el día a día para con ellos, la imagen que ellos ven, la que tú proyectas, ¿Cómo es?. Porque de esas preguntas probablemente salga un legado en forma de momentos, de enseñanzas, de interacciones, de conversaciones, que se queda en ellos para el resto de sus vidas. Un legado que, casi con toda seguridad, perdurará con el paso del tiempo.

Que tengan un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo, y comiencen desde hoy a dejar un legado en forma de semilla; una semilla que se transformará en árboles que nunca verás crecer. Brillar para que otros brillen.

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«Cuando tenemos objetivos retadores y complejos, nuestro rendimiento mejora siempre. La actitud competitiva en el deporte y en la vida nos facilita el hecho de llegar más allá de donde nos habíamos imaginado.» (Álvaro Merino)
«Si crees que no puedes mejorar, no sabes nada de la vida […] eso no significa que vayas a ganar más.» (Rafael Nadal)
«El tiempo es un jefe que ofrece igualdad. Cada ser humano tiene exactamente el mismo número de horas y minutos cada día. Las personas ricas no pueden comprar más horas. Los científicos no pueden inventar más minutos. Y no puedes guardar tiempo para gastarlo otro día. Aún así, el tiempo es increíblemente justo y misericordioso. No importa cuánto hayas perdido en el pasado, todavía tienes un día completo. El éxito depende de que hagas un uso prudente de él mediante la planificación y el establecimiento de prioridades.» (Denis Waitley)
«La vida es territorio de los valientes que creen que la actitud es el camino de la victoria.» (Álvaro Merino)

Tenerlo claro

«Lo importante en la búsqueda de tus sueños es que sean tuyos. Si no lo son, será muy fácil desfallecer, rendirse y abandonar con las primeras dificultades que aparezcan. Y da por hecho que siempre aparecerán. Si, por el contrario, tú decidiste libremente perseguir tus sueños, superarás los obstáculos antes o después.»

En el momento que no tienes unos objetivos, unos retos, unos pasos que dar en tu mente, probablemente serán otras personas las que decidan por ti, las que te marquen la pauta. Por ello es vital tener presente cuál debe ser nuestro siguiente paso en nuestro crecimiento personal, porque de esa manera nos estaremos acercando un poco más a ser verdaderamente felices cada día de nuestras vidas.

El problema a veces se presenta en forma de otras personas que no creen en nosotros, en nuestra manera de trabajar, de entender la vida, y no sólo eso sino que además ponen argumentos incongruentes, ilógicos, que esconden otro tipo de razones por las que tú no eres su apuesta para el próximo año, en este caso próxima temporada. Cuando esto sucede uno debe tener muy claro quién es, cómo ha trabajado, los fallos y aciertos cometidos, lo que se lleva en su mochila de aprendizaje y cuál entiende que debe ser su siguiente paso.

Recuerdo cómo Ken Robinson nos anima en su libro El Elemento a la búsqueda de nuestros talentos (¿por qué sólo vamos a tener un talento?), y para ello nos explica que bajo su punto de vista el elemento sigue una cadena formada por cuatro eslabones, fuertemente unidos e interdependientes entre sí: capacidad natural +pasión+actitud+contexto. 

En primer lugar uno debe conocerse muy bien para saber dónde están sus capacidades, sus fortalezas, qué es aquello que haces realmente bien; para así asegurarte de que eres capaz de desarrollarlo con un entusiasmo infinito. Tener un compromiso verdadero contigo mismo en el desarrollo de esa capacidad, teniendo presente que nunca es suficiente para desarrollarte y crecer, porque crecer es admitirte vulnerable cada día, es sentir que siempre se puede mejorar. Y por último, es de vital importancia encontrarte en el contexto, en el lugar adecuado, rodearte de personas que también quieren desarrollar esa capacidad natural.

¿Por qué es tan importante el contexto? Porque como bien dice Álvaro Merino, «Nuestro talento debe colocarse cerca de otros talentos para que pueda desarrollarse.» De modo que si nuestra felicidad está conectada con el hecho de encontrarnos con nuestra esencia, y esa esencia aflora cuando ponemos en acción nuestro talento, nuestra capacidad natural,  entonces debemos asegurarnos la posibilidad de estar en un contexto en el cual asumir retos nuevos sea una constante, nuestros compañeros/as de trabajo sumen y hagan que nuestro talento crezca, pueda aprender cada día porque se propicia un entorno de aprendizaje y crecimiento, porque de esta manera cada día creceré desarrollando más y más mis talentos, propiciando que el talento de otros/as aumente.

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Por ello, es tan necesario como conveniente saber quién eres, cómo quieres desarrollarte, cuáles son las tareas o retos que al hacerlas las horas parecen minutos y los minutos segundos pasándote el tiempo volado. Porque, probablemente, no hay nada más verdadero que la rapidez con la que pasan los días, como para que encima otros decidan cómo tienes que vivirlos, y te arrebaten cómo quieres ser feliz. Como bien decía nuestro maestro José Luis Sampedro, »en mi hambre mando yo». Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y no dejen de ser felices por difícil que a veces pueda parecer. Los vídeos, muy recomendables, espero que les gusten.

El talento ni es escaso ni es territorio exclusivo de unos pocos elegidos. El talento reside en todos porque nuestras fortalezas nos hablan de aquello que amamos hacer. Hacer tareas que nos entusiasman y hacerlas en los lugares adecuados abrazan este concepto. (Álvaro Merino)
Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía. (Ruskin)
La manera en la que te ves a ti mismo determina la manera en la que la gente te va a ver. (Paulo Coelho)
La felicidad no es una estación de llegada, sino un modo de viajar.
Un deseo no cambia nada; una decisión cambia todo. El lenguaje es acción. (Álvaro Merino)



Lo que nadie ve

«-. Nosotros disfrutamos en el barro Pablo, porque nos van los retos difíciles, de la misma manera que nos quedamos con el chico de barrio, el rebelde, con el que tenemos que tener una mano izquierda espectacular. Porque con esos chicos la línea que separa el respeto de que nos tome el pelo, es muy muy fina. -. Así es Rober, pero cuando te ganas el corazón de ese chico, tienes un jugador incondicional que hará lo imposible por el equipo, por ti, por todos. Y nosotros, como entrenadores, como líderes, como formadores, tenemos la obligación, el deber, de sacar lo mejor de todos ellos.»

Esta es una parte de la conversación que mantuve ayer Lunes con un gran amigo como es Roberto Tello, a quien tuve la fortuna de conocer cuando impartí algunas asignaturas en el curso para el Nivel 2 de entrenador de fútbol, y que para mayor suerte resultó ser vecino mío en la localidad donde vivo. Hablamos de fútbol en concreto, de la vida en general, y en seguida empecé a conectar con ideas, pensamientos, que había leído en el libro que estoy terminando, Mindset: La actitud del éxito.

Todos estos años en los que he trabajado con personas, como entrenador, formador, docente, había adoptado una mentalidad totalmente de crecimiento, sin saberlo. Una mentalidad, una manera de ver la vida, que se centra en la idea de sacar lo mejor de cada persona con quien trabajo, independientemente de lo que se vea a primera vista. Porque como bien decía mi amigo Roberto, «encasillamos con una asombrosa rapidez, hoy en día los entrenadores descartan a los jugadores que les dan el más mínimo problema, bien por su personalidad, o por la razón que sea.» Y cuánta razón tienes amigo; la gente tiene demasiados prejuicios, que les impide ver el talento de la persona que tienen delante, porque poseen una mentalidad fija que es imposible cambiar.

¿Por qué es tan importante adoptar esta mentalidad crecimiento? Porque basas el éxito en el trabajo realizado, en vez de enfocarlo al resultado final. Es saber redirigir las capacidades, el talento, las características de cada jugador hacia un bien común, que sume al colectivo. Llaménme nostálgico, romántico, o como quieran ustedes, pero cuando he entrenado a cualquier equipo lo he hecho, y lo hago con el convencimiento total de que todos pueden sumar, de que en todos hay algo ,por pequeño que sea, en lo que son muy buenos. Y esto, ¿en qué repercute? En que veo lo que otros son incapaces de ver, adoptando una actitud de paciencia, calma, mientras que con el tiempo el talento de todos empieza a mostrarse al mismo tiempo que somos capaces de diseñar la situaciones, los contextos adecuados para que su talento salga a la luz.

No me pregunten por qué, pero siempre empaticé de una manera especial con los jugadores más complejos, con las personalidades más complicadas, probablemente por el reto de que ellos ponían demasiadas barreras entre su corazón y el mío, resultándome muy difícil conectar con ellos. Pero cuando lo lograba, lo que recibía a cambio era una lealtad por su parte a prueba de bombas, un compromiso con todo el equipo inquebrantable, lo que le convertía en un jugador que, en vez de sumar, multiplicaba el rendimiento del equipo. Y de todos ellos hay uno que me será imposible olvidar, que tuve la suerte de dirigir en mi primer año como entrenador además.

Digo suerte porque el aprendizaje que me llevé de la convivencia con él, de lo que tuve hacer para ser capaz de llegar a su corazoncito, sólo lo sabemos él y yo, pero me costó muchísimo. Tenía 12 años, problemas en casa, fumaba, incluso bebía, iba muy mal. Hablé con su padre, nos pusimos manos a la obra, comenzó a sacarle todos los días a correr por el parque junto a su perro; incluso su madre estuvo a punto de suicidarse así que imagínense la situación en casa no era nada fácil.

Pues bien, hay un momento,un instante, que jamás olvidaré por tiempo que pase, por logros deportivos que consiga, y es este: «Acabábamos de ganar la liga, él había conseguido marcar dos goles, y había sido increíble verle jugar saliendo otra vez, como muchas veces antes, desde el banquillo. Pero daba igual, era eléctrico, era energía, era bestial, el más pequeño en altura, y de los más valientes, no dudaba en meter la pierna fuerte abajo. Vino corriendo, me dio un abrazo, y cuando le miré estaba llorando. Se acercó al oído y me dijo: Gracias Pablo, por salvarme la vida.» 

Nunca olvidaré esa frase, y creanme que doy gracias a Dios por ser la persona que soy, porque gracias a ello me emociono viviendo momentos así, de ver cómo las personas pueden redirigir su vida, cambiar sus hábitos, y creer que tienen un talento dentro, porque les convenciste de ello. A todos los entrenadores nos gusta tener jugadores fáciles de llevar, perfectos en la técnica, en la táctica, pero si sólo nos centrásemos en ese perfil estaríamos dejando de lado a los otros, a los rebeldes, al chico de barrio, al que te cuestiona, al que te pone a prueba constantemente…pero de la misma manera, probablemente sea el que se iría el primero contigo a la guerra.

Es conveniente recordar que los jugadores, como personas que son, se comportan en base a lo que han vivido, a su situación familiar, a los principios que les han enseñado o les han podido enseñar (porque quizás hasta no tienen ni la referencia de un padre o una madre), por tanto no encasillemos con tanta facilidad, con tanta rapidez; tomémonos un tiempo para observar y escuchar lo que nadie ve ni oye.

La historia de Wooden:

«UCLA tenía unas instalaciones claramente insuficientes. Durante los 16 años que estuvo allí, Wooden hacía los entrenamientos en un gimnasio atestado, oscuro y escasamente ventilado, conocido como la Cabaña O.C. (olor corporal) por el evocador efecto de los cuerpos sudorosos. En el mismo gimnasio muchas veces había partidos de lucha, entrenamiento del equipo de gimnasia, saltos en cama elástica y ensayos de las animadoras  a la vez que el entrenamiento de baloncesto. No había sitio para partidos. Al principio, durante unos cuantos años habían tenido que utilizar la Cabaña O.C. y durante los siguientes catorce se vieron obligados a viajar por la zona pidiendo que les prestasen gimnasios de colegios y pueblos. Y luego estaban los jugadores. Cuando los reunió para el primer entrenamiento, se quedó de piedra. Eran tan malos que si hubiera tenido una forma honrosa de marcharse del puesto, lo habría hecho. La prensa había escogido a su equipo como el que acabaría el último de su división. Pero Wooden se puso en manos a la obra y su ridículo equipo no terminó último: terminó ganando el título de su división, con 21 victorias y 7 derrotas durante la temporada. El año siguiente llegaron a las eliminatorias de la NCAA. ¿Qué les dio? Les dio una instrucción constante sobre las habilidad básicas, les dio condicionamiento para su conducta y les dio mentalidad.» 

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y recuerden que la mejor obra es la que aún está por realizarse. Les recomiendo la ponencia del propio John Wooden.

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«No puedo imaginar lo que habría sido mi vida si el entrenador Wooden no hubiese sido la luz que me guía. Conforme van pasando los años lo aprecio cada vez más, y sólo puedo rezar para tener la mitad de influencia sobre los jóvenes que entreno que él tuvo en mí.» (Denny Crum)

«La sabiduría del entrenador Wooden tuvo una profunda influencia en mí como deportista, pero fue aún mayor la que tuvo en mí como ser humano. Él es en parte responsable de la persona que soy hoy día.» (Kareem Abdul-Jabbar)

«Hay entrenadores por ahí que han ganado campeonatos utilizando la estrategia del dictador. Yo tengo una filosofía diferente. Para mí, el interés, la compasión y la consideración han sido siempre prioridades del más alto nivel.» (John Wooden)

Los grises existen

Ayer leía unas líneas de Álex Rovira que no sólo me encantaron, si no que además tuve la intuición de que podía dar para iniciar el post: «En todo, el veneno está en la dosis. Y en todo, la salud en el equilibrio. Y no hay equilibrio sin consciencia. Salud es darse cuenta.»  La importancia de encontrar el equilibrio a nivel emocional, nuestra capacidad para construir puentes por donde fluyen nuestras emociones hacia la felicidad, hacia un estado óptimo de autoestima y confianza, cobra cada vez más valor, presencia, en la búsqueda de la felicidad y el éxito.

Para las personas que constantemente se encuentran en los polos opuestos, en el blanco radiante unos días y por el contrario en otros permanecen en el negro más oscuro posible, donde parece que se acaban sus días. A todos ustedes me gustaría decirles esto: El gris existe, puede ser realmente bonito, y diría que es hasta necesario tenerlo presente. ¿Por qué? Porque la vida perfecta no existe, la realidad perfecta no existe, siempre va a haber problemas, circunstancias a resolver que vienen originadas por la presión, por la tensión. El problema real es que no se sabe convivir en ese contexto. ¿Cuál sería la solución? Mantener nuestra mente siempre enfocada.

Como bien dice Gilbert Enoka, «la presión es expectativa, escrutinio, y consecuencia. Bajo presión, la atención se desvía o se encarrila. Si se desvía, tenemos una respuesta emocional negativa y una conducta que no ayuda. Significa que nos estancamos. Significa que estamos sobrepasados.» Entonces, ¿cómo se hace para controlar esa presión? Vemos la respuesta en los pilotos y montañeros respectivamente. Ambos dos tienen un mantra para situaciones de máxima presión:

Pilotos: -Volar. Navega. Comunicar. 

Montañeros: -Evaluar. Ajustar. Actuar. 

Como bien nos explica James Kerr, «valiéndose de esta estructura triple, los mantras crean una fuerte concatenación lingüística de eventos, que lleva del caos a la claridad y a la acción. En forma automática.»  Para finalizar, Gilbert Enoka resalta la importancia del diseño de mapas conceptuales: «Los mapas y los mantras nos permiten enfrentar la presión con presión, en vez de sentirla, aplicarla. Al controlar la atención, controlamos el rendimiento y, al controlar el rendimiento, controlamos el partido. 

Por tanto, cada vez que notemos »que no estamos bien», en vez de llorar, de vivir en la queja, les invito a detectar cuáles son los elementos que hacen que nuestro estado cambie, y en base a esos elementos elaborar nuestra respuesta con tres palabras, acciones, en las cuales enfocando nuestra atención nos devuelvan a un estado óptimo personal. Espero que les resulte de ayuda, y deseo de corazón que tengan una muy buena semana. Un fuerte abrazo,  y recuerden siempre que son los dueños de sus actos, los cuales siempre tendrán consecuencias. Les recomiendo que disfruten de los vídeos.

«A donde dirijamos la mente se dirigirán los pensamientos; los pensamientos crean una emoción; la emoción define el comportamiento; el comportamiento define el desempeño. Por lo que, para decirlo de manera simple, si podemos controlar nuestra atención y, por lo tanto, nuestros pensamientos, podemos manejar las emociones y mejorar el desempeño.» (James Kerr)
«Creo que para cualquiera en nuestro terreno que busca rendimiento y busca mejorar…se trata de un cambio de estado….y asegurarse tener la cabeza en un buen lugar.» (Gilbert Enoka).
«El cerebro comprende esencialmente tres partes: instinto, pensamiento y emoción. Bajo presión, invariablemente es el pensamiento el que se bloquea, y eso significa que uno depende de la emoción y el instinto y ya no puede captar los mensajes y la información necesaria para tomar buenas decisiones.» (Gilbert Enoka).
«Todavía me acuerdo de ellos: Pelota de calidad. Sobre línea de ventaja. Mantener pelota viva. Descarga rápida. Si estas cuatro cosas funcionan, estamos bien… Eso nos daba un patrón de juego para resolver el partido.» (Anton Oliver)

lucas y nico eguibar

 


Cambiar la mirada

«No ha podido ser, pero lo volveré a intentar con todas mis fuerzas en el British Open (siguiente ‘Major’ que jugaba) y si no en el PGA y si no en el Masters. No voy a dejar de intentarlo.» Estas eran las declaraciones de Sergio García, tras finalizar el US Open en Oakmont, una ciudad que estaba siendo testigo de un cambio. Un giro en la manera de ver la competición, en la actitud de un Sergio García que comenzó a valorar más cómo recorría el camino. Un grado de madurez que le llevaría, un año más tarde, a ponerse una chaqueta tan bonita como es la verde del Máster de Augusta.

La contradicción es tan grande como bonita. El deporte de élite se ha convertido en un generador de ansiedades, de estrés, de inconformismo absoluto por el éxito para hoy, aquí, y ahora; pensar más en la victoria que está por venir que en la que se acaba de conseguir independientemente de la gesta que se haya conseguido, dejando de valorar cuánto trabajo, cuánto tiempo, cuánta preparación cuesta conseguir, precisamente eso, la victoria. Porque la realidad es así de cruda, siendo realmente lo excepcional ganar.

marcelo bielsa

Es complejo, porque conforme el nivel deportivo es más grande mayores son los contratos, sus cantidades, las exigencias de los patrocinadores porque quieren verte ganar, porque lo que vende es ganar siempre, el reclamo es mayor, el número de ventas se incrementa, todo sube, y se gana más dinero; de la misma manera que no ganar conlleva pérdidas económicas, que el club se tambalee ante la posibilidad de perder una categoría, de perder la inyección económica de los propietarios. En resumidas cuentas, todos los caminos llevan a la parada de la Victoria.

Sin embargo, lo que todo el mundo parece desconocer o no dar la importancia que merece, es que la parada Victoria se encuentra en un enclave hasta el cual es difícil llegar, con curvas, ascensos, descensos, y que si no se posee la calma, la tranquilidad, la paciencia necesaria, probablemente nunca llegues a esa parada. ¿Curioso verdad? Todos demandan prisa, y sin embargo tú como entrenador, tratas de poner calma en los jugadores, en tu deportista de alto nivel (mal si no lo has hecho ya), y tratas de focalizar su atención en el presente, en lo que acontece, intentas llevar sus miradas a los elementos realmente controlables, intentando que disfruten de lo que viven.

Sergio García

Tenemos dos ejemplos bien claros, muy recientes, en Sergio García y Rafael Nadal. El primero ha ganado el Master de Augusta, una gesta tan extraordinaria como laboriosa, una gesta que para conseguirla le ha obligado a cambiar su mirada, a adoptar una actitud de luchador constante, de perseverancia, sabiendo que igual esta vez no toca, pero que hay que intentarlo, siempre hay que intentarlo con todo tu corazón.¿ Y Rafael Nadal?¿ Qué me dicen? Campeón en el Masters 1000 de Monte Carlo por décima vez; insisto DÉCIMA VEZ.

Ya lo decía Woody Allen, «el 90% del éxito se basa simplemente en insistir», de la misma manera que Julio Velasco nos recuerda que «El deporte enseña y sirve para aprender a perder, además de ganar. Sirve para aprender que para ganar hay que hacer las cosas bien, hay que sacrificarse, hay que ser eficiente y hay que darle importancia a las cosas importantes y a las cosas menos importantes, aunque el precio a pagar sea muy costoso. Pero sirve también para aprender a perder. El verdadero deportista sabe que no se puede ganar siempre. La excepción es ganar siempre. Lo normal es alternar la victoria y la derrota.»

rafa nadal montecarlo

En la misma línea se posiciona un maestro no sólo para el fútbol, sino más importante aún, para la vida, Marcelo Bielsa, quien explica que «Éxito y felicidad no funcionan como sinónimos, hay gente exitosa que no es feliz, y hay gente feliz que no necesita del éxito para serlo. La obligación que tiene todo ser humano es rentabilizar sus opciones de ser feliz. Entonces nosotros deberíamos aclararle a la mayoría que el éxito es una excepción, no es un continuo. Los seres humanos de vez en cuando triunfan pero habitualmente desarrollan, combaten, se esfuerzan y ganan de vez en cuando, muy de vez en cuando.»

Todo ello me recuerda a la charla que impartí en el Colegio Arenales, a los chicos apuntados allí a la actividad de fútbol. Les pregunté qué entendían ellos por éxito, y la contestación de uno de ellos me reafirmó, más aún si cabe, en que todavía se siguen haciendo muchas cosas mal: «Que me admiren». La sociedad está mal enfocada. No se debe buscar la admiración, la alabanza, porque eso no es éxito, es puro interés. Éxito es tener la garantía de que se puso el corazón cada día, cada segundo, que se dio lo mejor para el colectivo, para el equipo de trabajo, que se disfrutó en los buenos momentos, se supo sufrir cuando tocó, recordando siempre que se está obligado a insistir, tener paciencia, y no perder nunca la motivación, la ilusión, ni la ambición por ser mejor que ayer. Probablemente, pensando y viviendo así, nos encontraremos más veces de las que imaginamos con un éxito que es quizás más verdadero. Por más deprisa que quiera ir su entorno, detenga el tiempo, párelo, porque en la tranquilidad, en la mirada pausada se disfruta más. Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y sigan insistiendo, que todo llega.

«Muchos dice que las utopías son idioteces. Pero en todo caso serán idioteces vitales. Un profesor que no deja a sus alumnos pensar en utopías y equivocarse es un muy mal profesor.» (Richard Sennett)

«La mayor causa de los fracasos es querer adelantar los éxitos. Los éxitos llegan cuando han de llegar, no antes.» (Jose Luis Martínez)



Decisiones que definen

Nos acercamos poco a poco al tramo final de la temporada, donde cada equipo se la juega por conseguir alcanzar los objetivos marcados en rojo a principio de temporada. Una temporada que ha tenido altibajos, momentos buenos, muy buenos, pero también malos, muy malos, todo ello no sorprende a nadie, es más, se debió de tener en cuenta desde que arrancó la pretemporada. Lo defino como un tramo en el que se ven expuestas las carencias y los puntos fuertes a partes iguales de los entrenadores. ¿Cómo? En sus comportamientos diarios.

¿Por qué consideré siempre el liderazgo como la parte esencial de un entrenador? Porque probablemente, es mi humilde opinión, es ahora cuando más se necesita, cuando más se requiere, porque todo lo demás está desgastado. Con »todo lo demás» me refiero a la táctica, a la técnica, a la preparación física; todo ello cada semana se encuentra más al límite y por ello no es momento de »experimentos de laboratorio», de »innovar», o »apuntarse medallas». El equipo se debió trabajar antes, asimilar y afianzar planes de juego para las diferentes situaciones que se vayan presentando. Ahora lo que se requiere es máxima optimización de los recursos.

La solidez de nuestro liderazgo se observa en las decisiones que tomamos, en el comportamiento que ponemos en práctica cada día con lo que decimos y hacemos. La principal diferencia entre los equipos que consiguen, a pesar del cansancio, seguir ganando y los que cada vez se meten más en problemas, en la mayoría de los casos, es porque el grupo no cree en su entrenador. La credibilidad, la confianza en tu trabajo, es algo que cuesta mucho ganar pero por el contrario, se puede perder en un sólo segundo. ¿Cuáles son los factores que resultan determinantes, más aún si cabe en este momento de la temporada, en nuestro liderazgo? Para mí, son los siguientes:

Ser predecible: Mostrarse de la misma manera día tras día, semana tras semana, sin variaciones de tu carácter independientemente de lo que acontezca a nivel deportivo. Este tipo de comportamiento genera confianza en el jugador, porque sabe cómo va a reaccionar su entrenador, su cuerpo técnico.

Ser consecuente: Se debe recordar siempre que cada acto tiene una consecuencia inmediata, en lo que decimos en las ruedas de prensa, en las decisiones que tomamos en base a lo que sucede en el día a día. A cada decisión que tomamos debe venir precedida de una argumentación sólida, y contar con que se producirá una consecuencia inmediata.

Ser coherente: La utilización y/o adopción de posturas diferentes en función del contexto en el que me encuentre, sumado a la variación del mensaje que lanzamos, repercute de manera directa en nuestra credibilidad. Es decir, no puedo lanzar un mensaje de puertas para fuera, y luego en el vestuario de puertas para adentro, mostrarme totalmente diferente. El jugador analiza cada detalle, estamos observados en todo momento, y en el momento que fallamos, que no somos coherentes, pierde toda la confianza que depositó en ti.

Ser honesto: Una verdad puede molestar en el momento, pero una mentira duele toda una vida. Si somos incapaces de ser honestos con nosotros mismos, es inviable que seamos honestos con las personas que lideramos. Los conflictos se solucionan afrontándolos de cara, sin mirar a un lado o evitándolos, porque como dice Álex Rovira, »las ventanas que se rompen hay que repararlas de inmediato.»

Ser humilde: Hay una frase que me encanta referida a este aspecto, »El arte de dirigir consiste en saber cuándo hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta» (Herbert Von Karajan). Estamos para servir, para suministrar las herramientas idóneas a nuestros jugadores con el fin de ayudarles a que muestren su mejor versión. Es una cuestión de hablar en plural, de que domine el »nosotros» sobre el »yo».

Todos estos factores permiten al entrenador optimizar el rendimiento de sus jugadores, modificando ciertos detalles de los planes de juego ya existentes, y sabiendo que ellos los van a poner en práctica. ¿Por qué? La respuesta es tan sencilla como compleja: Porque creen en ti, porque se lo has demostrado con tu comportamiento durante todo el año, actuando como una persona íntegra, con valores, honesta, cercana, y consecuente con sus actos, nunca evitando responsabilidades. Y esto, probablemente, sea lo más difícil para un entrenador en lo que a un equipo de fútbol se refiere, y perfectamente se puede llevar al mundo de la empresa.

Conforme la temporada o el año avanza debemos tener presente que el cansancio es mayor, el desgaste normalmente hace que la paciencia de las personas con quienes trabajamos sea menor, la capacidad para asimilar conceptos nuevos también disminuye, y pueden más la motivación y ambición por ser mejor jugador cada día, el orgullo, el sentimiento de responsabilidad, por hacer las cosas bien. Pero para que todo esto salga a escena, se vea reflejado en los jugadores cada Sábado o cada Domingo, previamente debe existir un desarrollo de un liderazgo sólido por parte del entrenador y todo su cuerpo técnico. Que tengan una muy buena semana, siempre tratando de mostrar su mejor versión, e irradiando luz con más fuerza que nunca. Un fuerte abrazo.

«La verdadera originalidad no busca una nueva forma, sino una nueva visión.» (Edith Wharton).

«Hay una forma de conocimiento no racional, que conoce lo que la razón no conoce, el espirit de finesse, la razón del corazón, intuición directa (sentir, comprender), que penetra donde la deducción no puede llegar. Pascal llega a estas cuestiones a través del análisis de la condición humana.» (Michele Federico Sciacca).

«Triste discípulo aquel que no supera a su maestro.» (Leonardo Da Vinci)

«Hay muchas formas de ganar y pocas formas de gustar.» (Rodrigo Zacheo)

«Un pensamiento táctico, cualquiera que sea, necesita un jugador de excepción que verdaderamente lo interprete. Porque nadie lo interpreta mejor que él. Tal vez porque sea jugador…y¡artista! Una cosa es el sabio que domina la ciencia creada; otra, el artista que lo recrea y reproduce. Una cosa es la razón que sabe distinguir; otra, el corazón que sabe intuir y unir. Por eso, ¡el corazón tiene razones que la razón no entiende!» (Manuel Sérgio Vieira). 

Pellegrino-Vigo