Tiempo y personas

«Estos son los tiempos difíciles en los cuales un genio desearía vivir. Las grandes necesidades exigen grandes líderes.» (Abigail Adams) 

¿Saben por qué se considera esencial el liderazgo? Porque se centra en la persona. A día de hoy, más que nunca, se considera estrictamente necesario la recuperación de valores, de integridad moral, ética, y conducta ejemplar con dignidad en el día a día. Tenemos un problema muy grave por resolver: la formación de la persona.

La consecuencia de una escasa, o mejor dicho nula, formación de la persona tiene la repercusión inmediata en los niños que se convierten en adolescentes, quienes adquieren una incapacidad espantosa para tomar decisiones correctas, o mejor dicho, tener la personalidad suficiente para de esa manera disponer de una capacidad que les lleve a tomar decisiones. La sociedad, el contexto, todo lo que nos rodea, desvirtúa cada día más qué es importante, qué es esencial, para conseguir la tan ansiada felicidad.

Si la educación es tan importante, ¿por qué seguimos sin cambiar la manera de desarrollar las clases? ¿por qué reventamos a deberes a nuestros pequeños y pequeñas? De verdad, discúlpenme, pero no entiendo que un niño de 9-10-11 años, tenga que estar desde las 18:00 que llega a casa, hasta las 21:00 que va a cenar, sin parar de hacer deberes. Es mentira, no se cambia, y a quien le duela la crítica o carezca de capacidad para ejercerla así mismo, que no lea estás líneas. Pero de cambio nada oiga, estamos peor, mucho peor.

La educación exige no sólo de profesores que dictan o ponen un power point día tras día; pide a voz en grito líderes, personas con una capacidad de transmitir, de saber hacer llegar el mensaje de la manera correcta, para que la comprensión del alumno/a sea lo más completa posible. No es cuestión de enseñar mucho, sino más bien de enseñar muy bien. Calidad, no cantidad. Deberíamos plantearnos si enseñamos a hablar, a expresarse de la manera correcta, a generar contextos en los cuales ellos y ellas generen interacciones, conexiones emocionales. El niño, cuando más aprende, es cuando está involucrado en la tarea, y no como un mero oyente. Deberían recordarlo.

Es vital enseñar también la importancia del tiempo, de saber valorar a la persona que invierte parte de tu tiempo en ti, para que tú aprendas, crezcas, mejores. Eso también se enseña, todo depende del mensaje que mandemos cada día, porque recuerden que con el ejemplo se lidera, es con los hechos con los que se deja huella, y es con el trato que das como más impacto logras en quien te está escuchando. No es lo que dices, sino cómo lo dices.

Enseñemos también a saber valorar la esencia de todo lo que nos rodea, de qué es importante y qué no es tan importante para ser feliz, cuando en realidad se necesita muy poco para ser feliz. Es curioso que cuando hablas con alguien que viaja, o que ha tenido un susto de salud, te dicen lo mismo: «Te das cuenta de que antes, te amargabas el día con cosas que tú creías que eran importantes, y en realidad no lo son.» Por favor, que no tengamos que llegar a ese punto, porque eso también es educación. Enseña a ser feliz con lo justo, que valoren todo lo que tienen. Que no es más feliz el que más tiene, sino el que mejor valora lo que posee. Que no sólo poseer está referido a elementos materiales, sino que tiene que ver mucho más si cabe con una familia que te quiere, con unos amigos que te quieren de verdad, todo eso son posesiones, quizás más verdaderas que un móvil de última generación con el que haces historias de instagram, mientras olvidas a la persona con quien estás cenando. Paradojas de la vida, ¿verdad?

Quizás yo sea demasiado romántico, nostálgico, llamadlo como queráis. Pero soy de quienes mandan un mensaje cuando he disfrutado mucho con una quedada, con una comida o cena entre amigos/as, cuando escribo para decirle a un amigo que me siento afortunado por tener ese vínculo de amistad con él, me sale así, y me sale de lo más profundo de mi corazón. Creo que estaría bien que valorásemos un poco más todo lo que disfrutamos cada día, que quizás es más de lo que pensamos, y e hiciéramos un esfuerzo por no caer en la burbuja que ha diseñado la sociedad, condensada de una felicidad que es totalmente ficticia, que igual que viene, se va.

Hay quien siempre te dice que anda mal de tiempo, y sin embargo hay quien siempre tiene un minuto para ti. La sensación de mucho o poco tiempo es relativa, subjetiva, para cada uno de nosotros, pero el tiempo visto de manera objetiva es el mismo, 24 horas cada día, para todos, la diferencia está otra vez no en el qué, sino en el cómo lo empleas. La escala de prioridades, aquellos elementos a los cuales les damos una determinada importancia mayor o menor, viene determinado en gran parte por la educación y las experiencias vividas.

Como por suerte no todos han vivido una situación límite de salud, por el motivo que sea, que les ha llevado a valorar de una manera más real (no digo mejor ni peor) la vida, hagamos por lo menos todo lo posible mediante la educación, mediante el liderazgo, mediante el ejemplo diario, la transmisión de una enseñanza que de verdad enseñe a vivir, y no a trabajar como máquinas. Hay que enseñar a un niño como un niño, a un adolescente como un adolescente, para que sepa vivir como un adulto responsable, siendo una persona con valores, con dignidad, honestidad y ejemplar.

Enseñamos para el futuro trabajo, un trabajo que encima no sabemos ni dónde estará, en qué puesto, en cuál empresa, y con qué función; cuando en realidad deberíamos enseñar para la vida, para poseer una gran capacidad de adaptación, de conexión y empatía con otras personas, capacidad además para diseñar y generar contextos mediante nuestro liderazgo, para que no sólo yo crezca como persona sino también las personas que me rodean en mi día a día.

Comparto con ustedes un fragmento, del que se puede extraer una lección potente:

«La lección de la polilla
Una noche estaba yo hablando con una polilla. 
Trataba ella de meterse en una bombilla y achicharrarse en el filamento. 
-.¿Por qué se empeñan ustedes en realizar esa maniobra?-le pregunté. 
-¿Se trata de algo convencional en las polillas? ¡Vaya! si se tratara de una vela y no de una bombilla eléctrica, serías ahora un poquito de repugnante ceniza. 
-¿Es que ha perdido usted el juicio?
Tenemos mucho-me respondió. Pero sucede que a veces nos cansamos de usarlo. 
Nos hastiamos de la rutina y buscamos la belleza y la aventura. El fuego es hermoso, y sabemos que acercarnos demasiado nos matará.
Pero, ¿qué importa? 
Es mejor ser feliz un instante, y quemarnos en la belleza, que vivir una larga vida de hastío. Nos enrollamos en una notita de algodón, y luego la hacemos reventar. 
Para eso es la vida. 
Es mejor ser parte de la belleza un instante y luego dejar de existir, que existir para siempre y no ser jamás parte de la belleza. 
Nuestra actitud frente a la vida es:
Lo que fácil se gana, fácil se pierde. 
Somos como eran los humanos antes de ser demasiado civilizados satisfechos. 
-Antes de que pudiera contradecir su filosofía, voló y se inmoló en un encendedor patentado. 
No estoy de acuerdo.
Prefiero tener la mitad de felicidad y el doble de longevidad. 
Pero a la vez, quisiera poder desear algo tan intensamente como ella deseaba quemarse.»

Seguimos con otro pequeño texto:

«Tener auto-respeto lo es todo. Sin él, no somos sino esclavos sin voluntad, al capricho de todo mundo, especialmente de aquellos que tememos o despreciamos… Uno piensa:»Ningún trabajo es suficientemente bueno; después de todo, si me necesitan, si me han contratado, ¿cómo podrían ser ellos (o el trabajo) buenos? La frase magnífica de Groucho Marx lo dice todo en relación con aquellos que no tienen auto-respeto: «No me afiliaría a ningún club que me aceptara como socio.» Se ahogan en el auto-reproche. Para ellos, cada encuentro demanda demasiado y recibe muy poco. Cada palabra sin respuesta se convierte en un monumento a su propia pereza, un epitafio a su culpabilidad. Sin auto-respeto, nos entregamos y hacemos el último sacrificio: vendernos nosotros mismos.»

El compromiso, la credibilidad, saber gobernarse a sí mismo, saber focalizar la atención mediante una visión, implementar un significado mediante la comunicación eficaz, generar confianza mediante el posicionamiento, el despliegue el yo a través del auto-concepto; todos estos elementos son imprescindibles, se pueden transmitir mediante el liderazgo, y por eso es tan importante la presencia del mismo en las aulas. Sería bueno un ejercicio de reflexión, para ver de qué manera podemos enfocar la educación con el firme objetivo de ayudar a formar personas. Entendamos la educación, la enseñanza, como una herramienta que tiene por fin la transmisión de valores a otras personas, con un propósito, una finalidad, una misión que trascienda verdaderamente en su significado.

Que el niño que en su momento fuimos, jamás se avergüence del adulto en quien nos hemos convertido. Un fuerte abrazo, que tengáis una muy buena semana, y recuerden que nos mueven los sentimientos, las caricias, las sonrisas, los abrazos, las palabras que salen directamente del corazón. Es tan sencillo como dedicar tiempo a la persona. Tiempo y persona, ambos insustituibles.




«Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, a aprender más, a hacer más y a ser más, entonces eres un líder.»(Johan Quincy Adams)

mufasa y simba

Pensar con el corazón

«Ten el coraje de seguir tu corazón e intuición, porque de alguna forma ya saben lo que en verdad quieres ser. Todo lo demás, es secundario»  (Steve Jobs)

A raíz de una conversación con un buen amigo ayer, me dio para reflexionar sobre la toma de decisión, y en concreto, cómo realizamos este proceso. Por un lado, están claros los mecanismos, secuencias de pensamiento, análisis, reflexión, que nos llevan finalmente a las decisiones que tomamos a cada minuto. Pero sin embargo, de otra parte, están esas decisiones de peso, esos momentos en los cuales sabemos de una decisión importante, y justo en ese momento sin saber cómo ni por qué, interviene nuestro corazón.

Fiamos a nuestro puro instinto, corazonadas, impulsos, llamémoslo como queramos, pero probablemente estaríamos de acuerdo en que en esas decisiones intervienen factores relacionados con los sentimientos, con la confianza, la experiencia de vida que tenemos, en definitiva todo lo que se aleja de las estadísticas, de las probabilidades, y porcentajes. Hay algo poderoso en nuestro interior, que definitivamente nos mueve más de lo que nos imaginamos en las decisiones más importante que tomamos.

Recuerdo el día que paseando por Santander, vi en una pared un dibujo precioso, en el que se podía leer claramente: Piensa con el corazón. Eduard Punset afirma que «hasta hace muy poquito, no había conciencia. Se ha descubierto estos años atrás que hemos vivido sin conciencia, hemos vivido con el corazón, hemos vivido con la intuición.» La pregunta que se me plantea es, ¿cómo se piensa con el corazón? Pues bien, si tuviera que dar una respuesta a esta cuestión, estaría basada en tres elementos: sencillez, eficacia y sentimiento.

Sencillez porque, dado los entornos VUCA (volátiles, inciertos, complejos, y ambigüos) en los que vivimos, nos demandan que tengamos una manera de pensar sencilla, con una gran capacidad de síntesis porque estamos tomando decisiones permanentemente. De hecho, como bien dice Álvaro Merino, somos el producto de nuestras decisiones.

Eficacia, para ser capaces de conseguir aquellos objetivos, metas, que nos marcamos cada día, cada mes, cada año, y así durante toda nuestra vida. Los objetivos son esos elementos que nos mueven de la cama cada mañana, porque cuando estamos inmersos en ese camino, en ese proceso, tenemos ese sentimiento de felicidad. Estoy realizando un trabajo que tiene un sentido, y que me hace feliz, pero soy capaz de invertir el tiempo necesario, sin excederme demasiado en ello.

Y sentimiento, porque creo que al final es lo que nos mueve, esa fuerza interior que nos lleva a dar lo máximo de nosotros mismos. Porque tenemos sentimientos de pertenencia al equipo en el cual trabajo, un sentimiento de compromiso para con las personas con quienes convivo día a día, sentimiento de felicidad por el bienestar que experimento al encontrarme en el contexto que me hace crecer, como profesional y como persona.

No siempre es bueno tener excesiva información, o pensar demasiado en determinados asuntos. De hecho, otra vez Eduard Punset afirma que «muchas veces es mejor tener menos información, que más información para decidir bien.» De hecho, yo iría un poco más allá, y cambiaría menos por mejor información. Y esto me lleva a recordar algo que me pareció muy interesante por parte de Álvaro Merino, cuando hablaba de aprendizaje: «No somos más expertos por ejemplo, por estar haciendo 10,20 años una tarea concreta, porque podríamos llevar todo ese tiempo haciendo esta tarea mal. Por tanto, no es una cuestión de cantidad, sino más bien referido a la calidad de nuestras acciones y decisiones. Cuanto mayor calidad hay en lo que hacemos, mejor es nuestro crecimiento y aprendizaje»

¿Y cómo se consigue ese aprendizaje de calidad? Logrando diseñar un aprendizaje que sea trascendente, que marque y deje una huella en el corazón de quien vivencia determinadas situaciones. Recuerdo la pirámide invertida de Edgar Dale, en la cual afirma que el niño recuerda el 90% de aquello en lo que formó parte de ello, fue parte activa de su proceso de aprendizaje.  Como bien dice Jaime Sampaio, en lo referido al fútbol,  es que matamos progresivamente la creatividad del jugador de fútbol con tanta repetición, con tanta tarea cerrada. Y yo pregunto, ¿de qué sirve la tarea cerrada, si el fútbol al igual que la vida, es un entorno VUCA que está cambiando a cada momento?

Esto me lleva a concluir este post creyendo que deberíamos pensar menos pero con más calidad, y sentir más, lo cual no quiere decir que dejemos de analizar, de ver probabilidades, estudiar porcentajes, porque hay veces que es estrictamente necesario realizar ese tipo de acciones. Pero tengamos siempre presente, que nunca lo vamos a tener todo controlado, ni vamos a tener la certeza absoluta de nada, ni todo bien atado, porque la vida sorprende a cada momento. Y además, porque queramos o no nos mueve la emoción, el sentimiento, lo que llega a nuestro corazón.

«El corazón tiene razones que la razón desconoce.» (Blaise Pascal) 

Que tengan un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo.

Andrea Pirlo

De la plaza a 3ª División

«No deberías hacer diferencia entre la vida real y la arquería; para ambas, existe sólo una verdad. En cada disparo, debes renovar tu existencia y reintegrarte con el universo, porque es sólo al unir tu ser con el universo como este ser se torna real. Por esto la meta del arquero es elevar su carácter y entrenar su espíritu al apuntar a si mismo. Es también la razón por la que debe hacer énfasis no en la técnica sino en el espíritu. El verdadero llamado de la arquería es, por lo tanto, adquirir más influencia sobre tu propio espíritu, haciéndolo más caballeresco y tanto más humano y, de este modo, producir más verdaderos sabios y santos.» (Dogen Zenji)

Hace un par de semanas me enviaban un artículo de un periódico deportivo, relatando que ya sólo quedaban dos equipos en toda España que hubiesen ganado todos sus partidos de liga. Estos equipos eran el UD Logroñés y el Moralo CP, siendo éste último el equipo del pueblo en el que viví toda mi infancia y posterior adolescencia. La noticia me emocionó porque en ese equipo hay jugadores con los que he crecido, con quienes compartí momentos de mi infancia en el Colegio, jugando al fútbol en la plaza del Ayuntamiento, y todos esos recuerdos comenzaron a llegar a mi mente.

Tras hablar con Lolo, uno de esos jugadores, a quien conozco desde que éramos unos niños jugando en la plaza del Ayuntamiento partidos que para nosotros eran de máxima importancia (sí, esos partidos que ahora no ves en la calle y que tanto echo de menos), llegaba a la conclusión que se transforma en reflexión en este post: la importancia de en quién nos vamos transformando, conforme avanza nuestra vida. Es cierto que luego vimos nuestros caminos separados, él con sus amistades, yo con las mías, él se quedó allí, yo me marché a Madrid en busca de oportunidades, de poder seguir creciendo. Pero siempre nos hemos alegrado de vernos.

Porque siempre hay algo que te une a esa persona, en nuestro caso la pasión que sentimos por el fútbol, la dedicación y la ilusión como él bien decía «como si fuese un niño» cuando llegan los días previos al partido. Cada uno de nosotros tenemos la infancia que nos toca, no la elegimos, no tenemos ese poder de decidir; pero lo realmente bonito es la persona en quien te vas convirtiendo a medida que vas dando pasos, tu capacidad para conducir y/o reconducir tu vida hacia lo que te apasiona, hacia lo que amas, buscando sacar la mejor versión de tu persona día tras día.

Raúl, más conocido como «Rulo» me lo decía unas navidades (cuando aún podía ir en esas fechas a hacer una visita): «Después del año tan bueno que hicimos, recibí ofertas de otros equipos para irme, ganando más dinero. Pero al final, miras lo que tienes aquí, el grupo que se está formando, que yo quiero sacarme lo que estoy estudiando para poder tener más opciones de trabajo. El buen rollo que hay con los compañeros, el grupo que somos, es lo que nos ha llevado a estar donde estamos». Esta conversación, salvando la distancias, me lleva a la que mantuve con Nano hace dos semanas, contándome que mucha gente no entendió su decisión en ese momento, pero que él se basó en lo que necesitaba para ser feliz, qué era aquello que quería, y que su cuerpo le pedía.

No todo en esta vida es dinero; quizás para algunos sí, eso ya es cuestión de preferencias. Pero bajo mi punto de vista, el dinero en cantidades desorbitadas, la fama, y todo lo que le acompaña, se va con la misma rapidez que viene porque nada de lo que hay ahí es sincero, honesto. Todo puro interés. De la misma manera que para mí lo realmente importante es en qué clase de persona me estoy convirtiendo, mientras sigo creciendo en mi día a día, también considero clave la capacidad nuestra de desprendernos de todo lo que nos sobra, de todo aquello que no es necesario llevar consigo, hasta saber quedarnos con la esencia, con lo que realmente importa, lo que nos hace felices, aquello que nos hace fluir y donde sacamos todo nuestro talento.

Hace unos días en la Universidad tuvimos un seminario de nuestra misión, la de nuestra Universidad, que me encantó por todo lo que me llevé de esos dos días. Y hubo una actividad en la cual, separado en columnas, aparecía: 0-10 años/10-20 años/20-30 años/ para que escribieras en cada columna los acontecimientos relevantes. Yo llegaba tarde porque había tenido dos reuniones antes, y cuando mi compañera me explicó la tarea, mi contestación fue tan breve como contundente: «¿Qué me he pasado? Demasiado, en tan poco tiempo.» Empecé a escribir en cada columna, y luego cuando tuve explicarlo, exponerlo a los compañeros, no pude evitar emocionarme mucho. Porque con una vista rápida a las columnas, uno veía cuán difícil ha resultado a lo largo de estos años, la cantidad de veces que he afrontado realidades nada agradables, y cómo había conseguido con la ayuda de la gente que me quiere, salir de todas ellas.

Justo en ese momento recordé unas líneas que David Dóniga me dedicó, y que las tengo guardadas como si de un tesoro se tratase, para cuando pueda publicar mi libro: «La realidad es que, una vez repartidos los papeles, no hay vuelta atrás. Lo único que podemos hacer es aceptar con amor lo que nos ha tocado y hacer una interpretación de Óscar; una actuación que disfrutemos como «enanos» durante su desarrollo, con sus momentos de drama, comedia y, como no, de romanticismo, y que al bajar el telón nos reconforte por haber dado todo y haber gozado como ese actor que termina exhausto y orgulloso del trabajo bien hecho. Pablo nos presenta una obra de teatro maravillosa, sublime; una película trepidante que podía haberse convertido en un drama, una comedia, un thriller o en cine de terror; una historia que, pudiendo ser cualquier cosa, él decidió que fuera de Amor.»

Porque, como bien dice y me recuerda mi amiga Gemma, «el amor es el camino.» De la misma manera que a Lolo, Dani Herrero, y Rulo su amor por el fútbol les ha llevado a disfrutar del momento en el que se encuentra su equipo actualmente, a mí el amor que siento por la vida, por disfrutar de ella cada día al máximo hasta quedar exhausto, es lo que me impulsa cada mañana a levantarme con la batería cargada al máximo para no sólo tratar de ser yo la mejor versión posible, sino lo que es más importante aún, sacar la mejor versión de todas las personas que nos rodean. Sólo importa el momento presente, y conviene recordar que todo empieza y termina en la persona. Pon amor en cada gesto que tengas, y vivirás momentos únicos.

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y pongan amor en cada pequeña tarea que hagan, en cada acción que realicen.

«Es importante ser inteligente, tener talento, títulos, y ser buen líder, pero más importante es ser buena persona.»

«Cuando con el arco uno estimula al espíritu, y cuando con la flecha uno concentra el espíritu considerando que el blanco es la Verdad, y cuando uno dispara con veneración, invariablemente se da en el blanco.» (Yangzu) 

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Todos necesitamos luz

«Con seguridad no hay otra cosa que el propósito único del momento presente. Toda la vida de un hombre es una sucesión de momento tras momento. Si uno comprende completamente el momento presente, no habrá nada más que hacer, y no quedará nada por perseguir.» (Yamamoto Tsunetomo)

Hay quienes pueden vivir en el pasado, mientras que otros miran al futuro con excesivo optimismo creyendo que es ahí en ese espacio de tiempo donde se encuentran todas las soluciones, lo cual creo que es un grave error. La única realidad que vale es el momento que vivimos, y lo más sensato quizás sea construir el futuro inmediato en base al instante que vivimos, mirando en nuestros apuntes de la vida para aprender de los errores (mal llamados fracaso, porque el único fracaso es no intentarlo) que hemos cometido con el fin de mostrar nuestra mejor versión.

A veces puede suceder que lo de tratar de mostrar nuestra mejor versión no sea tan fácil como parece, porque los comienzos suelen ser por lo general difíciles, instantes de dudas, de fragilidad. Por ejemplo, los equipos que he tenido la suerte de entrenar hasta ahora exceptuando uno, todos empezaron «mal» en lo que a resultado se refiere. ¿Por qué? Porque siempre sucede lo mismo, nervios, miedo a atreverse, miedo a ser valiente, miedo a tomar decisiones, falta de confianza en uno mismo. Factores que sólo el tiempo y el trabajo diario es capaz de mejorar.

¿De qué manera hemos conseguido siempre revertir la situación? Centrándonos en el momento presente, en la confianza, y adoptar un estado de ánimo situado en el término medio. Ser feliz cuando se está muy bien, pero ser feliz cuando quizás no estamos todo lo bien que quisiéramos es una de las claves para lograr revertir las malas rachas que todos atravesamos. Recuerdo una frase de Marcos Jiménez, referente a la gestión de equipos: «Al jugador tienes que darle vidilla cada día, tienes que engancharle, enchufarle. Porque cada uno viene con mil problemas, cansado del trabajo de todo el día, y aún con todo viene aquí a entrenar con el equipo e intentar dar lo máximo.»

Muy relacionado con esto último, Rita Pierson afirma que todo es una cuestión de relaciones, donde la diferencia está en cuánto de grande es tu capacidad para conectar con las personas, para dejar huella, para hacerla sentir de tal manera que un día te diga: «Sabe Mrs Walker, usted cambió mi vida. Me hizo sentir que era alguien, cuando en el fondo sabía que no lo era.» Todos, absolutamente todos, necesitamos de un campeón, de un referente, de una luz que brille con fuerza para que nos guíe en el camino adecuado en nuestro crecimiento personal, porque nadie nace sabiendo de todo.

De hecho, creo que uno es producto de las decisiones que toma, y esas decisiones las toma en base a la vida que ha vivido, una vida que vive en base a las relaciones personales que con el tiempo ha sido capaz de consolidar, fomentar, cultivar, y cuidar con sumo detalle. No es una cuestión de regalos, es una cuestión de gestos sencillos pero diarios. Si yo le preguntase de quién se acuerda especialmente, probablemente no sabría quién es la persona en la que está pensando, pero sí imagino el motivo: Porque confió en usted, a pesar de las circunstancias fue una persona leal que siempre estuvo a su lado.

Quizás suene demasiado brusca la frase, pero recuerdo una que enuncia Sir Alex Ferguson en su biografía Leading: «Seis personas son suficientes para llevar un ataúd, por tanto seis personas es un número suficiente de personas leales que uno puede tener a su lado durante toda su vida». Quitándole un poco de drama a la frase, el significado potente que extraigo es que lo realmente importante, es la calidad de nuestras relaciones, no la cantidad.

El legado que uno puede dejar en un futuro no está basado en el dinero, ni en las propiedades, sino que tiene más que ver con los corazones que llegaste a tocar, las sonrisas que pudiste llegar a sacar, el brillo que devolviste a esos ojos tristes que una vez te miraron, y esto se consigue tratando de ser la mejor persona posible, lo cual no implica «caer bien» a todo el mundo. En absoluto, tiene más que ver con una manera de ser y una personalidad auténticas, unos valores y un código ético innegociables.

A modo de conclusión, sería bueno que recordásemos cada día dos aspectos importantes: ser humildes y responsables. Humildes porque sin el tiempo que otras personas han invertido en nosotros, no seríamos ni de lejos la persona en quien nos hemos convertido. Y por otro lado, sentir la responsabilidad que tenemos como personas de transmitir el mejor legado posible a las generaciones futuras, en forma de educación, aprendizaje, experiencias, transformado todo ello en momentos inolvidables.

Quería compartir contigo estas líneas, para terminar el post de esta semana:

«Algunos se crean sus propios mundos y otros nos inventamos nuestros propios universos. No hay que pensar en pequeño, debes crear el universo de tu mundo. Y para ello necesitas crear tu círculo de fuerza, tu archipiélago de sinceridad. Tener alrededor a esa gente única que te da energía. Somos energía y debemos buscar energías que nos den fuerza y jamás nos mientan. Si no lo haces, no estás vivo. Si no buscas, si no compartes y, sobre todo, si no das, te quedarás en un mundo pequeño y te volverás insignificante. Y recuerda que un universo lo pueden formar tan sólo dos personas.» (Albert Espinosa)

«El éxito no es el final, el fracaso no es fatal: es el coraje de continuar lo que cuenta.» (Winston Churchill)




 

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El partido que no jugué nada.

«El baloncesto siempre fue un deporte que me había gustado, y decidí a apuntarme al equipo del pueblo en el que vivía, en Navalmoral de la Mata, porque estaba cansado del tenis, de jugar, entrenar, y practicar en un deporte individual como ese. Lo que desconocía era lo que pasaría nada más empezar la liga, justo en el primer partido. 

Jugábamos contra el Cacereño, en su casa, en ese imponente pabellón multiusos denominado Ciudad de Cáceres, un lugar en el que se había respirado el aroma de la ACB, un pabellón donde cualquier chaval de 14-15 años querría jugar. Imagínate mi ilusión, mis ganas por jugar y ayudar al equipo, por empezar a experimentar sensaciones…y sin embargo, fue uno de los peores días por la sensación de tristeza, de engaño, de frustración, que tenía nada más terminar el partido. Volvíamos a casa, y no había jugado ni un solo minuto.»

Desde aquí antes de nada, quisiera dar las gracias a ese «increíble» entrenador que tuve durante ese año, en el que decidí probar, jugar, y entrenar al baloncesto. Porque gracias a todo lo que me hizo sentir, experimentar, tuve muy claro siempre cómo jamás debía tratar a un jugador si algún día me decidía a ser entrenador. Gracias, por esas enseñanzas tan poderosas.

Ahora que empiezan las temporadas, o han empezado, en deportes de equipo como el fútbol, baloncesto, balonmano, voleibol, waterpolo, estos días siempre me acuerdo muchísimo de esa experiencia que tuve siendo cadete, cuando formé parte del equipo de baloncesto del pueblo. Y la primera pregunta que se me viene a la mente es: ¿por qué hay entrenadores que siguen comportándose como tiranos? Los equipos de deportes colectivos no son administraciones, son equipos de personas, y además, personas en proceso de crecimiento quienes probablemente, lo que tú les digas, lo que tú hagas, y cómo te comportes, les dejará una marca muy profunda para el resto de su vida, que puede ser muy positiva o muy negativa.

Uno de los aspectos más complejos que se le plantean a un entrenador son las rotaciones, la utilización a lo largo de toda la temporada de todos sus jugadores. Pues miren, yo creo que no es tan difícil y es más, creo que es imprescindible tener un aspecto muy claro: valore el trabajo diario, el compromiso y esfuerzo  de todos sus jugadores. Y le irá bien, a la larga le irá muy bien. ¿Por qué? Porque estás demostrando que crees en ellos, mediante tus actos, mediante hechos, que al final es lo que cuenta.

Al final de la temporada pasada le escuché decir a un entrenador de fútbol base, que no creía en «eso de las rotaciones, que por él jugarían siempre los mismo y fuera.» Lo que no sabe o desconoce este entrenador, es que los buenos, si el resto del equipo no mejora, terminan acomodándose y no siendo tan buenos, porque cualquier jugador que quiera crecer necesita de una competencia real en su puesto, y esa misma competencia se produce cuando les das a todos la oportunidad de crecer por creer en ellos. A partir de esa creencia se genera confianza, y cuando te ganas su confianza, obtienes un compromiso, un esfuerzo, y un trabajo sin límite por parte de todos y cada uno de ellos.

Por ello, si tú estableces como vara de medir, como listón, el grado de trabajo, sacrificio, esfuerzo cada semana, las convocatorias serán justas porque eres honesto, porque existe una congruencia entre lo que dices y lo que haces. Alguno estará pensando que si hace eso, perderá en el comienzo de temporada más partidos de los que debería. Pues bien me adelanto a ese pensamiento, y le contesto: Si usted, querido entrenador, está en una categoría «baja» pensando así, está equivocado porque en esas categorías no vale de nada  ganar por ganar, lo que usted debe es formar, enseñar, hacer competitiva esa plantilla, y probablemente a largo plazo eso genere unos beneficios que ni usted imagina. Pero, si por el contrario, usted es entrenador de una plantilla con un nivel medio-alto o muy alto, el problema es que no tiene la valentía suficiente, ¿cuál es su problema? Utilice a todos sin excepción, crea en ellos, y de esa manera incrementará la participación, la calidad de la plantilla, la competitividad en cada puesto, incrementando a su vez el tan importante sentimiento de pertenencia de todos y cada uno de sus jugadores, porque ven que realmente (no sólo de boquita) usted cree y confía plenamente en ellos.

No hay malos ni buenos, ni onces titulares ni onces de segundas partes (recuerdo mucho lo que decía al respecto Víctor Sánchez del Amo); lo que tenemos delante son jugadores diferentes, con personalidades distintas, y sobre todo en nuestro caso, niños, adolescentes, que no son adultos en miniatura, son proyectos de adulto, que es totalmente diferente. Ello conlleva que, casi con toda seguridad, ese equipo, ese deporte, para ellos es lo máximo, no hay nada más importante, motivo por el cual ponen máxima ilusión, máxima motivación, en cada entrenamiento para…¿adivina qué? Sentirse querido y respetado, exactamente igual que las personas adultas. Porque hay aspectos esenciales de la vida que nunca cambian, y no hay energía más potente que darle a una persona la suficiente confianza para sentirse querido y respetado. Con eso, probablemente te lleves una grata sorpresa a final de temporada. Eso es lo que yo llevo haciendo desde que di comienzo a mi carrera como entrenador; justo lo que jamás sentí como jugador en ese equipo de baloncesto.

Que tengas una muy buena semana, y disfrutes lo máximo posible con tu equipo durante toda esta temporada. Un abrazo muy fuerte, nos vemos la próxima semana.

huesca

 


 

«Con seguridad no hay otra cosa que el propósito único del momento presente. Toda la vida de un hombre es una sucesión de momento tras momento. Si uno comprende completamente el momento presente, no habrá nada más que hacer, y no quedará nada por perseguir.» (Yamamoto Tsunetomo)

«Si la mente es apropiada entonces el disparo será correcto. Si la conducta de disparar es correcta entonces el soltar (la cuerda) también será correcto.» (Proverbio de Kyudo)

 

Generar responsabilidades

Ultimamente me viene a la cabeza una reflexión, que es la que pongo en común hoy con la persona que está al otro lado de la pantalla, leyendo estas líneas, consistente en la nula apariencia del sentimiento de responsabilidad, pero no en términos laborales, familiares, quisiera ir un poco más allá. Hablo de la responsabilidad de vivir de manera digna.

Es esta última palabra, digna, la que me lleva al pensamiento de Marcelo Bielsa, quien decía que «lo importante no es el resultado final sino más bien la dignidad con la que recorremos el camino, observando al mismo tiempo la persona en quien nos vamos transformando.» Salvaguardar los valores, el código ético, en conclusión todo aquello que cada uno consideramos innegociables y que nos ayuda a vivir nuestra vida de una manera u otra.

Y dentro precisamente de ese código ético aparece para mí un elemento imprescindible que es la responsabilidad, mi deber moral como persona en la manera en la que vivo mi día a día asumiendo primero que mis actos tienen consecuencias, y que esos actos deben sumar, nunca restar. Esto me lleva a la responsabilidad de vivir con educación, respeto, y teniendo claro que el ejemplo, el liderazgo que llegue a ejercer puede sumar o restar en un futuro. A mi me gustaría que sumase, que dejase un valor añadido en todas las personas con quienes convivo, con quienes trabajo, porque soy de esas personas que sienten que tenemos una enorme responsabilidad en cómo verán el mundo nuestras futuras generaciones.

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Unas generaciones futuras que desconocen, sin embargo, lo que significa la palabra responsabilidad, y es bueno recordarlo en los tiempos que corren. Según el diccionario de la RAE, aparecen los siguientes significados: -. Cualidad de responsable. -. Deuda, obligación de reparar y satisfacer, por sí o por otra persona, a consecuencia de un delito, de una culpa o de otra causa legal. -. Cargo u obligación moral que resulta para alguien del posible yerro en cosa o asunto determinado. -. Capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente. Esto, queridas generaciones futuras, significa responsabilidad.

Estamos cometiendo el error, en mi humilde opinión, de favorecer el pensamiento desde demasiado pronto de que sólo existen los derechos, se propicia la negación de escucha del pequeño hacia el adulto escudándose en el «No quiero», «No me apetece», y quizás en vez de lidiar con ello, de asumirlo como algo normal dentro del proceso de maduración de un niño o una niña, tomamos la vía rápida de hacer esta o aquella tarea evitando que la hiciesen ellos, ya sea esa tarea recoger la mesa, preparar la mochila para el entrenamiento, realizar los deberes, mirar la agenda para saber lo que tiene mañana, ayudar a limpiar la casa; y muchas más situaciones que a más de uno le estarán resultando familiares.

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La consecuencia de no afrontar esta situación enseñando cuáles son las responsabilidades que uno tiene, y que debe asumir porque es esencial que sepa, reconozca, que tiene responsabilidades como la persona que es; es absolutamente terrible porque nos hemos situado en un marco donde parece que sólo hay derechos, donde nadie asume su parte de responsabilidad en las decisiones que se toman, en las conversaciones que se deberían entablar para solucionar conflictos en un contexto en el cual echar más leña al fuego sólo propicia que las chispas alcancen una superficie mayor.

Normalmente los problemas vienen generados porque ninguna de las dos partes asume su parte de responsabilidad en el deber de encontrar una solución, que a su vez lleve a encontrar un contexto más favorecedor para ambas partes. El ego, la poca o nula humildad, la incapacidad para escuchar a la otra persona, el ansia de poder, la mentira utilizada como excusa ante la incapacidad para encontrar soluciones, la permanente acción de mandar la pelota de un tejado a otro como si de un patio de colegio de guardería se tratase, me lleva a pensar que lo estamos haciendo muy mal en la educación, y además, más grave aún si me lo permiten, somos totales desconocedores de la gran responsabilidad que tenemos en el país que verán nuestros hijos e hijas dentro de unos años.

Hoy por la mañana leía unas líneas muy acertadas: «Si haces planes para un año, siembre arroz. Si los haces por dos lustros, planta árboles. Si los haces para toda la vida, educa a una persona.» Cada vez miramos menos a largo plazo en lo que a comportamientos se refiere, al deber moral que uno tiene con la sociedad en la que vive, porque lo tenemos. La sociedad no está mal, penosamente mal porque sí. Esta así porque hemos querido nosotros, como ciudadanos, llegar a este punto de conflicto permanente, de crisis latente que parece que va a desencadenar en el peor de los finales posibles. ¿Por qué? Porque seguimos evitando responsabilidades, y echando la culpa a cualquier aspecto, cosa, o elemento, en vez de ser auto-críticos.

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Y creedme, el motor del cambio somos nosotros, nada ni nadie va a venir a solucionar la situación tan caótica, tan penosa, que actualmente atraviesa nuestro país, a todos los niveles. Cada uno, desde el político incapaz hasta el ciudadano sinvergüenza de a pie, debe pararse por un instante, y realizarse esta pregunta, la misma que planteaba Simon Sinek en una de sus conferencias: ¿Estoy haciendo todo lo posible, todo lo que está en mi mano, para conseguir construir un mundo mejor? Porque recuerden, todo empieza y termina en la persona. Acompañando a esta reflexión quisiera terminar con este pensamiento de Daisetx T. Suzuki:

«El hombre es un ser pensante, pero sus grandes obras las realiza cuando no calcula ni piensa. Debemos reconquistar el candor infantil a través de largos años de ejercitación en el arte de olvidarnos de nosotros mismos. Logrado esto, el hombre piensa sin pensar. Piensa como la lluvia que cae del cielo; piensa como las olas que se desplazan en el mar; piensa como las estrellas que iluminan el cielo nocturno, como la verde fronda que brota bajo el tibio viento primaveral. De hecho, él mismo es la lluvia, el mar, las estrellas, la fronda. Una vez que el hombre haya alcanzado ese estado de evolución espiritual, será maestro Zen de la vida. No necesita, como el pintor, de lienzo, pinceles ni colores. No necesita, como el arquero, de arco, flecha ni blanco, ni de otros recursos. Se sirve de sus miembros, de su cuerpo, cabeza y órganos. Su vida en el Zen se expresa por medio de todos esos instrumentos importantes como manifestaciones suyas. Sus manos y pies son los pinceles. Y todo el universo es el lienzo sobre el cual pintará su vida durante setenta, ochenta y hasta noventa años. El cuadro así pintado se llama <<historia>>.»

Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo.


Y te deseo Sunny Days, cuantos más, mejor 😉

Ponle amor a tu vida

«Hace unos días hijo me vino a la cabeza, cuando estabas en el colegio todavía en Secundaria, y volvías ya por la tarde, dejaste la mochila en el ascensor porque no podías con ella de lo cansado que llegabas. Claro hijo, ¿cómo no ibas a estar cansado si tenías Hepatitis C? Lo increíble es el esfuerzo que has hecho, desde siempre, para seguir el ritmo de otros chicos, irte a jugar con ellos, y mil cosas más, porque querías disfrutar con ellos. Aún con lo que tenías en aquel momento.» 

Esas palabras me las decía hace unos días mi madre, y reconozco que nunca me había acordado de ese tipo de momentos, de esos instantes en los que no podía más, donde el cuerpo me decía basta, hasta aquí hemos llegado por hoy, y yo pensaba que era lo más normal del mundo. Que el resto de chicos y chicas de mi edad, ¿por qué no? estarían igual de cansados, que no tenía por qué pasarme nada en especial.

Pero la realidad era bien distinta a eso. Tenía la enfermedad que tenía, desde que nací porque es lo que a veces la vida se cobra cuando uno se arriesga para salvar precisamente eso, tu propia vida. Ahora, ya curado, me viene una pregunta a la cabeza: ¿Qué era lo que me movía a hacer constantemente esfuerzos, para vivir la vida a tope, aún estando cansado? Porque perfectamente podría haber puesto excusas, parar de hacer deporte, parar de bajar a jugar con los amigos a la calle al fútbol, desapuntarme de los equipos en los que competí, simplemente diciendo: Es que estoy cansado. 

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Sin embargo, nunca he parado, pero… ¿por qué? Tras reflexionar sobre ello, creo saber el motivo que siempre me ha impulsado a vivir la vida al máximo, aún estando muy fastidiado: el amor que siento por vivir. No me he dado cuenta yo solo, en absoluto, sino más bien ha sido un amigo, una persona increíble, quien me ha hecho consciente de este aspecto. David hace unos días me dedicó un texto maravilloso cuyo fin no puedo desvelar, porque es una sorpresa, pero hay unas líneas que quisiera extraer: «[…]una historia que, pudiendo ser cualquier cosa, él decidió que fuera de amor. Sí, de Amor. Porque es lo que nos une. Lo opuesto al miedo. Amor en mayúsculas. El amor que dio origen a todo y que tanto necesitamos para el desarrollo de nuestras almas. «

Esto puede recordar, en cierto punto, a una marca de bebida deportiva cuyo lema es: la bebida de los que nos morimos por vivir. De hecho fíjate, conectado con el amor me viene a la mente este Manual de supervivencia:

Tragarse el orgullo no engorda. Ir de duro no te hace más fuerte. Las lágrimas salen, pero también llenan. Perdonar engrandece. Pedir perdón te hace inmenso. Preguntar te hace sabio. Quedarte con la duda te vuelve imbécil. Amar no es de débiles. Odiar es para el corazón débil. Quererte a ti mismo es necesario. Ser tú mismo es esencial.

Amar la vida que tengo, con sus circunstancias a resolver en cada momento, me ha llevado a querer vivir cada día de mi vida al máximo, con la mayor intensidad posible como si no hubiera un mañana. Y esto, en una sociedad que parece que nos obliga a pensar en el mañana y olvidar el presente, a añorar más lo que no se tiene que lo que uno tiene a su alcance, hace que a veces nos obligue a cambiar, nos haga olvidar por un instante, lo que realmente es importante.

El amor es el ingrediente esencial en cualquier relación que se quiera convertir en duradera en el tiempo, porque te lleva a hacer cualquier esfuerzo por mantener ese vínculo, es relación. Es lo que nos lleva a conectar con las personas, a tener una empatía verdadera, estar pendiente, tratar de aportar luz en la oscuridad de otros, es una cuestión de conexión. Porque la vida, compartida, sabe doblemente mejor.

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Amor es lo que falta en cualquier tarea de la vida cotidiana en la que existe un proceso de aprendizaje, porque cuando amas lo que haces no te importa la cantidad de tiempo que dedicas con tal de que dejes un legado, una huella imborrable en otras personas. Un legado no a modo de clases magistrales, sino más bien tiene mucho que ver con vivencias del día a día, trata de personas que hacen un trabajo de conocimiento, descubrimiento, búsqueda de significados, reflexiones, pensamientos, y puesta en común de experiencias de la vida que se traduce un salto cualitativo del aprendizaje, en lo que a la persona se refiere.

Nos encontramos en un momento de crisis en lo que a emociones se refiere, en un contexto donde el marketing, la sociedad, nos trata de vender la imagen, la pasarela, el postureo que tan de moda está, esa alfombra roja con su despliegue de medios, pero que a su vez contiene un vacío de sentimientos estrepitoso, una carencia de valores que lleva a tomar decisiones equivocadas, y unas decisiones equivocadas que terminan por convertir a las personas en seres humanos carentes de felicidad, porque terminan por darse cuenta que la verdadera felicidad no tiene nada que ver con lo material, y sí mucho que ver con lo que no se ve con los ojos, con lo intangible, lo que permanece oculto a simple vista.

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Quizás por eso en estos momentos más que nunca, sea necesario poner todo el amor posible en cada gesto que tenemos con las personas que nos rodean, cuidar nuestras amistades, trasladar lecciones de vida en vez de clases magistrales a nuestros alumnos/as, a nuestros jugadores/as, porque no sabemos si el día de mañana esos jóvenes que tendremos delante se desarrollarán en el contexto laboral que sueñan tener, pero lo que es seguro 100% es que serán personas adultas, por eso es tan importante que las lecciones de vida, las experiencias vitales que compartamos con ellos, contengan amor verdadero.

Porque es el amor, como muy bien dice David, lo que nos une, lo que fortalece, lo que da fuerza y alienta, lo que te empuja o por lo menos a mí me ha empujado, a vivir la vida con la mayor fuerza, con la mayor intensidad posible cada día de mi vida aún cuando estaba tremendamente fastidiado, en días en los que no me apetecía ni levantarme de la cama y no sólo me levantaba, sino que seguía contagiando optimismo, fuerza, y luz a quienes probablemente también lo necesitaban. Amor para brillar, brillar para vivir, y vivir para crecer amando con amor verdadero hacia todo lo que te rodea.

Que tengas una muy buena semana, y hagas lo que hagas, hazlo con amor. Un fuerte abrazo.

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«Se trata más bien de si nuestro trabajo nos llena. Si le dieran a elegir entre ser arquitecto por 75.000 dólares al año y trabajar todos los días en una cabina de peaje durante el resto de su vida por 100.000 dólares, ¿qué elegiría? Seguramente lo primero, porque ofrece complejidad, autonomía y una relación entre el esfuerzo y la recompensa que por otra parte implica el mero hecho de hacer un trabajo creativo, y para la mayor parte de nosotros esto vale más que el dinero.» (Malcolm Gladwell)

 

Mira lejos

Hace cuatro días leía en el instagram de mi amigo Álvaro Merino una frase que me encantó: «Solo cabe progresar cuando se piensa en grande. Solo es posible avanzar cuando se mira lejos. (José Ortega y Gasset).»  Comienzos de Septiembre, un mes en el cual es típico marcarte objetivos para este nuevo curso, esta nueva temporada, porque quieres que todo vaya bien, muy bien, lo mejor posible de hecho. Lo malo es que no es cuestión de un mes, sino de un plazo de tiempo mucho más amplio, y por ese motivo te recuerdo un ingrediente indispensable para que te acerques al éxito en el cumplimiento de dichas metas u objetivos: constancia.

«El éxito es talento más preparación. El problema de este punto de vista es que, cuanto más miran los psicólogos las carreras de los mejor dotados, menor les parece el papel del talento innato; y mayor el que desempeña la preparación.» Extraigo este párrafo del libro Fueras de serie: Por qué unas personas tienen éxito y otras no (Malcolm Gladwell), porque se reafirma en la necesidad de ser perseverante, constante, en el desempeño de la tarea que nos ocupe. Además, en el mismo se encuentra un experimento como prueba número uno de la importancia de las horas que dedicamos a aquello en lo que queremos mejorar.

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El experimento consistió en dividir a los violinistas de la Academia de Música de Berlín. En el primer grupo estaban las estrellas, en el segundo los denominados «buenos», y en el tercero los estudiantes que tenían pocas probabilidades de llegar a tocar profesionalmente. ¿Dónde radicó la diferencia? En el número de horas que tocaban en el curso de toda su carrera, produciéndose un dato muy relevante. Cuando los estudiantes acumulaban ocho años de carrera era el momento en el cual comenzaban a surgir diferencias, de manera.

Los estudiantes que terminaron como los mejores de su clase empezaban ya tocando más horas  que todos los demás: seis horas/semana a los nueve años, ocho horas/semana a los doce, dieciséis a los catorce, y así sucesivamente, hasta que a los veinte tocaban bien por encima de las treinta horas semanales. De hecho, la realidad era que, a los veinte años, los intérpretes de élite habían acumulado diez mil horas de práctica cada uno. De modo que el tiempo de dedicación, la constancia, se aparece como un ingrediente esencial en la adquisición de grado de maestría.

2017 US Open Tennis Championships - Day 14

Ahora nos vamos al deporte, a nuestros deportistas que no paran de darnos lecciones. Alberto Contador ganando la penúltima etapa de la Vuelta Ciclista a España, Rafael Nadal (otra vez número 1 del ranking ATP) ganando el US Open, al mismo tiempo que Garbiñe Muguruza vuelve también a ser número 1 ganando además el Wimbledon 2017, y la selección española masculina de baloncesto acercándose cada vez más a otra final en un Eurobasket. Me quedo en estos últimos porque, durante la retransmisión posterior al partido contra Turquía enfocan a Pau Gasol en el vestuario y le hablan sobre la idea de hacer una fiesta por la consecución de la victoria, a lo que el propio Pau contesta tajante: «¿fiesta?¿dónde? Concentración, concentración.» 

Este tipo de deportistas que tenemos la suerte de disfrutar en España, no paran de enseñarnos que en esta vida uno no puede rendirse jamás, que no hay motivo para dejar de pelear por aquello que te motiva, que te ilusiona, por tus objetivos, tus metas, tus sueños, pero al mismo tiempo es bueno tener presente que el camino que se recorre es muy largo, lleno de obstáculos, muros, dificultades, y por estos mismos motivos ser constante en el grado de esfuerzo que pones en tu día a día cuidando los pequeños detalles se convierte en un elemento esencial para la consecución de esos objetivos.

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A nivel personal si algo me ha enseñado la vida es que debes poner máxima pasión, máxima ilusión, motivación, en cada tarea que llevas a cabo en tu día a día. Nunca podemos fallarnos a nosotros mismos, eso sería imperdonable. Aunque el día sea malo, aunque los obstáculos a simple vista parezcan demasiado grandes o difíciles de salvar, si algo tengo claro es que lo que marca la diferencia entre llegar a conseguirlo o no es cuánto estás dispuesto a poner de tu parte.

Hace unos años que tenía en mente escribir mi libro, y ese pensamiento, ese sueño, se convirtió en una realidad el pasado mes de Agosto, aprovechando los meses de verano para completarlo. Ha sido una experiencia preciosa, realmente bonita, pero aún con todo las complejidades no han terminado, las dificultades siguen estando ahí porque por ejemplo, no sé cómo voy a conseguir financiarlo para que se lance la primera edición. Pero, ¿eso lo convierte en algo imposible de conseguir? No, porque tengo claro que lo que vale la pena necesita de tiempo, trabajo, y ganas de reinventarse.

Era difícil imaginar que podría escuchar por ambos lados, y ahora disfruto de esa oportunidad gracias a un implante osteointegrado en mi lado derecho. Me vine abajo cuando me detectaron Hepatitis C por las transfusiones, y ahora disfruto de estar con una energía que hacía tiempo que no sentía. Por tanto, estoy obligado a creer, la vida me ha enseñado que nunca hay que dejar de luchar, que rendirse jamás debe considerarse una opción.

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Quería terminar el post de esta manera, con una invitación a ti para que te mantengas firme en aquello que te has propuesto, porque quizás a veces los objetivos no se consiguen cuando uno quiere, sino más bien cuando las circunstancias son las propicias, pero la constancia, la perseverancia, el trabajo diario, probablemente te acerque a lo que deseas.No te desanimes, y mira lejos.

Que tengan una muy buena semana, les recomiendo los vídeos que adjunto a continuación, creo que les van a emocionar:

«Observa con ojos brillantes al mundo que te rodea porque los secretos más grandes están siempre escondidos en los sitios más insospechados. Aquellos que no creen en la magia nunca la encontrarán.» (Roald Dahl)

«Llegar a una meta es el punto de partida hacia otra.» (John Dewey)

«¿Que sería de la vida, si no tuviéramos el valor de intentar algo nuevo?» (Vincent van Gogh)

 

Una mirada con perspectiva

«Una prueba evidente para juzgar el éxito es analizar si se ha conseguido lo que se pretendía; si se ha alcanzado el objetivo elegido. Incluso esta medida tan obvia, sin embargo, resulta más compleja de lo que parece. La consecución de los objetivos no depende únicamente de la capacidad y el esfuerzo del individuo, ya que también hay que tener en cuenta las fuerzas externas, personificadas en esta aventura, y en las condiciones del mar y del hielo.»

Ayer en twitter se pudo leer, según muchos/as, un auténtico drama que no paraba de traducirse en frases del estilo: «No puede ser¡¡; Es imposible que esto suceda!!» Y así podríamos seguir durante sucesivas líneas. Usain Bolt se lesionaba en la final de relevos 4×100 metros, la que sería su última carrera, su última prueba como deportista en activo, como atleta. Y se lesionó, no pudo terminar la prueba, ahí se terminó todo. El hombre que había reventado los récords con un ritmo imperial, inigualable, el mismo que nos mantuvo pegados a la televisión durante tantos años, se lesionaba en el…¿peor momento?.

¿Por qué seguimos valorando tanto el resultado final?¿Por qué se establece que el exitoso, únicamente, es el que gana la prueba?¿Por qué tiene que haber finales soñados? Lo primero de todo, y que quede bien claro, no me alegro por la lesión de un deportista, ya sea Usain Bolt o un jugador de la categoría de Juveniles (te mando un abrazo enorme Joan Curune, y me alegro mucho que estés volviendo a disfrutar del fútbol porque te lo mereces por la persona que eres). Pero creo que ayer el deporte nos volvía a regalar una lección muy potente, y es la importancia de valorar lo conseguido disfrutando del proceso. Este momento nos demuestra cuán exigente es el deporte de élite, y lo complicado que es ganar porque hay tantísimas fuerzas externas (como bien dicen las líneas del comienzo del post), que todo ello convierte el hecho de ganar en algo realmente extraordinario, de una dificultad máxima.

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Hace pocos días leía una frase de Luis Pasamontes que me encantó, y decía así: «Eres campeón desde el primer día que te atreves a jugar.» Hay que darle importancia al atrevimiento de los chicos y chicas que se animan a practicar una actividad, porque en ese mismo momento se están poniendo a prueba, quieren superarse, quieren descubrir un contexto nuevo, personas nuevas, amistades nuevas, una persona en quien creer como es su entrenador/a, y el esfuerzo que deben hacer es muy grande, por eso es verdad que son unos campeones. No se debe esperar al resultado final del fin de semana para estar orgulloso de tu equipo; valora el esfuerzo diario, la entrega, la ilusión, la pasión que le ponen en cada entrenamiento.

Porque la realidad, y esto es ampliable a la élite, es que de la misma manera que todos buscamos ganar deberíamos también recordar que hay una enorme cantidad de factores externos que no controlamos, que se escapan de nuestras manos, que pueden llevarnos a la derrota. En la vida no existen las matemáticas, no hay nada predecible por mucho que nos empeñemos en diseñar situaciones reales de juego en los entrenamientos, y quizás al mismo tiempo por eso tiene tanto mérito conseguir la victoria. Cada vez somos menos conscientes de cuánto cuesta ganar, y del trabajo tan grande que hay detrás, sabiendo que aún con todo puede que no ganes.

Todos buscamos la victoria, no hay duda, pero no es lo mismo una victoria vacía que una victoria con contenido, con un argumento. ¿Cómo se consigue lo segundo? Diseñando un contexto enriquecedor en lo que a aprendizaje se refiere, el cual requiere de tres pilares imprescindibles: Confianza, Compromiso, y Credibilidad (gracias por enseñármelo Álvaro, nunca se me olvidará). Y con esto, ¿somos menos «competitivos»? Para nada, al contrario, lo que somos es más realistas, porque estamos poniendo el foco de la atención de nuestro equipo de trabajo en el día a día, en el proceso. En vez de basar el éxito en un resultado final, de esta manera basamos el éxito en el desarrollo, en el crecimiento diario de las personas que trabajan con nosotros.

Fíjate qué sorpresa, resulta que si conseguimos todo esto, el diseño de un entorno desafiante, con retos difíciles pero alcanzables, logramos el compromiso de todo nuestro equipo lo que nos lleva a un incremento en el estado anímico de los deportistas, en su lealtad ya no sólo hacia a ti (que es importante), sino hacia el equipo (más importante aún, porque no hay nada más importante que el colectivo). En consecuencia, esa lealtad lleva al jugador a hacer un esfuerzo mayor, a una mayor exigencia diaria que normalmente (si las lesiones no lo impiden) se traducirá en un aumento del rendimiento deportivo individual, que afecta de manera positiva al rendimiento deportivo del colectivo. Y esto, inesperadamente, te acerca más a la victoria de lo que pudieras imaginar.

Evitar poner toda la atención en el resultado final hace que se eviten sentimientos de frustración, de fracaso, al mismo tiempo que propicias en tu equipo de trabajo un mayor disfrute en el día a día, aportas una mayor dosis de realidad al escenario, al contexto que vas diseñando, facilitas un mayor disfrute de tu equipo de trabajo en la convivencia diaria, un disfrute indispensable porque mañana no sabemos lo que va a suceder, porque como bien dice el golfista Miguel Ángel Jiménez, «cuanto más disfruto, más mejoro.» Un equipo con un rendimiento óptimo requiere de un estado anímico adecuado, y estar anímicamente bien tiene más que ver con el trabajo diario, con la sensación de dar lo mejor de ti cada día de tu vida, que con centrarse en un resultado final.

Ayer Usain Bolt, a mí, me recordó lo difícil que es ser el mejor en algo, pero también me has enseñado en estos años la importancia de ser feliz haciendo lo que más te gusta, como es tu actitud en tu preparación de cara a los Juegos Olímpicos. Ayer no tuviste el final soñado, porque la vida es así, pero tranquilo, por mi parte te recordaré porque varias veces vi un avión en una pista de atletismo. Sigue volando, la vida está para disfrutarla y ser feliz, porque como me dijo un buen amigo cierta tarde, la vida es tan sencilla como disfrutarla.

Pachomaturana

Feliz Domingo, y que tengáis una buenísima semana. Un abrazo muy grande, y no dejéis de sonreír.

«Al contemplar la tumba de Shackleton y el túmulo que nosotros, sus compañeros, erigimos en su memoria en aquella colina azotada por los vientos de Georgia del Sur me daba la impresión de que, de todos sus logros y triunfos su único fallo fue el más glorioso. Con su sacrificio, dio su propia vida para salvar a todos y cada uno de sus hombres.» (Frank Worsley)
«Ahora que aparece el término de periodización táctica…nosotros teníamos periodización de vida. Si nosotros jugábamos el Domingo, por la noche no íbamos a salir, olvídese, a algunos les alcanzaba hasta el Lunes. Y de pronto ya teníamos sesión el Martes, pero sabíamos que el Martes poquito porque el Miércoles sabíamos que venía la parte difícil, la física, y en alguna ocasión nos mandaban a subir al monte a alguno. El Miércoles por la noche descansábamos porque sabíamos que el Jueves había que jugar el partido, para que el Míster le pusiera a uno. Y el Viernes por la noche también descansábamos porque sabíamos que el partido estaba ahí. Eso lo sabíamos, y hoy en día parece que no saben de la periodización de vida, y piensan que la rumba es constante, que la rumba es constante. No no no, yo creo que el jugador de fútbol tiene que entender que él tiene que prepararse, no sólo para que el entrenador tenga los ejercicios, el modelo de juego, o para repasar durante la semana. No, tiene que tener un modelo de vida que le permita rendir el día que tiene que rendir». (Francisco «Pacho» Maturana)

Listen, learn,…then Lead

 

Lecciones de Shackleton

Hace unos días leía estas líneas: «Solo algunos pocos dirigirán una nación; algunos más dirigirán compañías; muchos más dirigirán departamentos o grupos pequeños. Quienes no sean jefes de departamento, serán supervisores. Quienes siguen en la línea de ensamblaje, pueden hacerlo en el sindicato. Como en el caso de otras habilidades complejas, algunos comienzan con unas destrezas más desarrolladas que otros. Pero lo que hemos determinado es que las cuatro »administraciones» pueden aprenderse, desarrollarse y mejorarse. Y como los vinos finos, estas capacidades son la quintaesencia de algo más amplio: paz, productividad y, quizás, la libertad misma.»

Esto me llevaba a recordar el libro que ahora también termino de leer, sobre las 10 estrategias que Shackleton utilizó en su expedición antártica para lograr que toda su  toda su tripulación volviese a tierra firme sana y salva. ¿Qué tipo de liderazgo ejerció?¿Cómo fue su comportamiento en una situación tan al límite donde está en juego, ni más ni menos, que la supervivencia? Hoy comparto con vosotros esas 10 estrategias que se dan en la figura, persona, de Sir Ernest Shackleton que son perfectamente aplicables en nuestro día a día, y que puede ayudarte a liderar de una manera más eficaz el grupo de trabajo que en estos momentos estés guiando.

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-Estrategia 1: Nunca pierda de vista la última meta y concentre su energía en objetivos a corto plazo. Nuestra capacidad como líder para poner el foco de todo el grupo en un nuevo marco, y a su vez en un nuevo objetivo o meta a corto plazo realista a la vez que alcanzable es clave para el éxito en la consecución de metas. Vivimos en un mundo cambiante, volátil, que nos exige como líderes tener la capacidad de adaptarnos, y saber hacia dónde dirigimos la atención de nuestro grupo de trabajo.

-Estrategia 2: Dé ejemplo personal con símbolos y conductas visibles y fáciles de recordar. Esto me recuerda a la frase de mi amigo Álvaro Merino, referente a que los jugadores te escuchan el primer día, y a partir del segundo escuchan lo que haces. Nuestra conducta diaria, nuestros pequeños gestos constantes en el tiempo, son el mensaje más potente que podemos lanzar a nuestra gente para que crean en nosotros.

-Estrategia 3: Inspire optimismo y autoconfianza, pero aférrese a la realidad. Nadie quiere a un líder pesimista, o por el contrario demasiado iluso. Hay que mantener la esperanza, la fe siempre, pero con los pies en la tierra teniendo presente que se puede producir un giro en los acontecimientos en cualquier momento. En el término medio está la virtud.

-Estrategia 4: Cuide de sí mismo: mantenga su resistencia y déjese de complejos de culpa. No por pensar demasiado, ni hacer de más somos mejores. La clave no está tanto en la cantidad como sí en la calidad de las acciones que llevamos a cabo cada día, y para que esa calidad se mantenga en un nivel óptimo hay que saber cuándo parar y tomarse un respiro. Es bueno conocerse, autogestionarse, y marcar los tiempos adecuados en cada momento.

-Estrategia 5: Refuerce constantemente el mensaje de grupo: <>. El establecimiento de una identidad compartida favorece, a su vez, la consolidación de un sentimiento de pertenencia sólido que genera un ambiente óptimo para el trabajo en equipo y facilita la comunicación entre todos los miembros del equipo. Por ello, hablar en plural, evitar el ensalzamiento de individuos concretos, y todos los mensajes que lancemos referentes al colectivo favorecerá el fortalecimiento del grupo como tal.

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-Estrategia 6: Minimice las diferencias de estatus e insista en la cortesía y el respeto mutuo. Tan importante es saber que hay jugadores que marcan la diferencia en un determinado momento, como tener siempre presente que para llegar a ese momento el trabajo del resto del equipo habrá sido descomunal, imprescindible, y esencial. De modo que es bueno evitar cualquier diferencia desmesurada en lo que a estatus dentro de un grupo de trabajo se refiere, de la misma manera que propiciamos día a día una relación de respeto y educación entre todos. Es imposible que todos sean amigos, pero lo que es innegociable es el respeto y aceptación entre todos.

-Estrategia 7: Domine el conflicto. Maneje el enfado en dosis pequeñas, atraiga a los disidentes e impida luchas de poder innecesarias. El conflicto es parte intrínseca en la convivencia diaria, por ello es bueno saber cuándo debemos intervenir y cortar de raíz, porque esto a su vez permite a los miembros discutir, intercambiar opiniones, sabiendo dónde está el límite, la línea que separa lo aceptable de lo inadmisible porque puede suponer una ruptura en el funcionamiento del grupo. Pero nunca jamás giremos la cabeza, hagamos caso omiso a un conflicto porque eso sí generará un problema que puede terminar siendo irreversible.

-Estrategia 8: Encuentre algo que celebrar y algún motivo con el que reír. Las personas viven para ser felices, para disfrutar de pequeños momentos cada día de su vida y eso es algo que no debemos olvidar nunca. No es necesario grandes parafernalias, festivales, ni gastos desmesurados. Más bien tiene que ver con pequeños gestos, detalles, celebraciones en petit comité para reforzar ese vínculo afectivo. La risa es el componente más potente para incrementar el estado de ánimo de un grupo.

-Estrategia 9: Esté dispuesto a asumir el Gran Riesgo. En este apartado también me acuerdo de la sección del libro Legado, referido a los AllBlacks sobre su capacidad para ir hacia la brecha, para modificar su juego cuando se encontraban en la cima del mismo. A veces es necesario asumir riesgos por los beneficios que conlleva para todo el equipo, aunque el riesgo también sea grande. Toda decisión lleva implícita una consecuencia, por ello es bueno valorar beneficios e inconvenientes de manera constante, aunque a veces sin darnos cuenta lo más arriesgado es no arriesgarse. Somos el producto de nuestras decisiones.

-Estrategia 10: Creatividad tenaz. Nunca abandone, siempre hay otro movimiento. Paciencia y creatividad son dos factores imprescindibles cuando nos encontramos inmersos en la búsqueda de soluciones, además de saber esperar al momento oportuno porque la vida siempre te brindará nuevas oportunidades en forma de giros inesperados. Sólo hay que saber ser paciente, y mantener nuestra mente despierta para tener soluciones preparadas ante cualquier imprevisto, por disparatadas que nos puedan parecer.

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Para terminar, me gustaría compartir contigo estas reflexiones:

«Al final, todo es cuestión de cómo se siente la gente. Gran parte del trabajo consiste en lograr que la gente se sienta conectada, con acceso real al liderazgo, en hacer que se sientan parte de una comunidad que defienda realmente sus intereses. Es cierto que no podemos satisfacer todas las peticiones y que no siempre lo hacemos bien. Pero sin duda es la idea (y el espíritu que hay detrás de ese enfoque.» (Barry Salzberg)
«No creo que tengamos un auténtico pesimista entre nosotros. En realidad, buena parte de nuestra alegría se debe al orden y a la rutina que ha establecido Sir E. Las tareas cotidianas y la rutina inspiran confianza, y el estado de ánimo del líder se refleja, como es natural, en todo el grupo. » (F. Worsley)

Que tengan un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo, y no dejen nunca de liderar su vida cada día.

Os dejo por aquí la última entrevista que me realizaron, por si fuera de vuestro interés:

La victoria completa se consigue con esfuerzo

Y para quien quiera verlo: