Pensar con el corazón

“Ten el coraje de seguir tu corazón e intuición, porque de alguna forma ya saben lo que en verdad quieres ser. Todo lo demás, es secundario”  (Steve Jobs)

A raíz de una conversación con un buen amigo ayer, me dio para reflexionar sobre la toma de decisión, y en concreto, cómo realizamos este proceso. Por un lado, están claros los mecanismos, secuencias de pensamiento, análisis, reflexión, que nos llevan finalmente a las decisiones que tomamos a cada minuto. Pero sin embargo, de otra parte, están esas decisiones de peso, esos momentos en los cuales sabemos de una decisión importante, y justo en ese momento sin saber cómo ni por qué, interviene nuestro corazón.

Fiamos a nuestro puro instinto, corazonadas, impulsos, llamémoslo como queramos, pero probablemente estaríamos de acuerdo en que en esas decisiones intervienen factores relacionados con los sentimientos, con la confianza, la experiencia de vida que tenemos, en definitiva todo lo que se aleja de las estadísticas, de las probabilidades, y porcentajes. Hay algo poderoso en nuestro interior, que definitivamente nos mueve más de lo que nos imaginamos en las decisiones más importante que tomamos.

Recuerdo el día que paseando por Santander, vi en una pared un dibujo precioso, en el que se podía leer claramente: Piensa con el corazón. Eduard Punset afirma que “hasta hace muy poquito, no había conciencia. Se ha descubierto estos años atrás que hemos vivido sin conciencia, hemos vivido con el corazón, hemos vivido con la intuición.” La pregunta que se me plantea es, ¿cómo se piensa con el corazón? Pues bien, si tuviera que dar una respuesta a esta cuestión, estaría basada en tres elementos: sencillez, eficacia y sentimiento.

Sencillez porque, dado los entornos VUCA (volátiles, inciertos, complejos, y ambigüos) en los que vivimos, nos demandan que tengamos una manera de pensar sencilla, con una gran capacidad de síntesis porque estamos tomando decisiones permanentemente. De hecho, como bien dice Álvaro Merino, somos el producto de nuestras decisiones.

Eficacia, para ser capaces de conseguir aquellos objetivos, metas, que nos marcamos cada día, cada mes, cada año, y así durante toda nuestra vida. Los objetivos son esos elementos que nos mueven de la cama cada mañana, porque cuando estamos inmersos en ese camino, en ese proceso, tenemos ese sentimiento de felicidad. Estoy realizando un trabajo que tiene un sentido, y que me hace feliz, pero soy capaz de invertir el tiempo necesario, sin excederme demasiado en ello.

Y sentimiento, porque creo que al final es lo que nos mueve, esa fuerza interior que nos lleva a dar lo máximo de nosotros mismos. Porque tenemos sentimientos de pertenencia al equipo en el cual trabajo, un sentimiento de compromiso para con las personas con quienes convivo día a día, sentimiento de felicidad por el bienestar que experimento al encontrarme en el contexto que me hace crecer, como profesional y como persona.

No siempre es bueno tener excesiva información, o pensar demasiado en determinados asuntos. De hecho, otra vez Eduard Punset afirma que “muchas veces es mejor tener menos información, que más información para decidir bien.” De hecho, yo iría un poco más allá, y cambiaría menos por mejor información. Y esto me lleva a recordar algo que me pareció muy interesante por parte de Álvaro Merino, cuando hablaba de aprendizaje: “No somos más expertos por ejemplo, por estar haciendo 10,20 años una tarea concreta, porque podríamos llevar todo ese tiempo haciendo esta tarea mal. Por tanto, no es una cuestión de cantidad, sino más bien referido a la calidad de nuestras acciones y decisiones. Cuanto mayor calidad hay en lo que hacemos, mejor es nuestro crecimiento y aprendizaje”

¿Y cómo se consigue ese aprendizaje de calidad? Logrando diseñar un aprendizaje que sea trascendente, que marque y deje una huella en el corazón de quien vivencia determinadas situaciones. Recuerdo la pirámide invertida de Edgar Dale, en la cual afirma que el niño recuerda el 90% de aquello en lo que formó parte de ello, fue parte activa de su proceso de aprendizaje.  Como bien dice Jaime Sampaio, en lo referido al fútbol,  es que matamos progresivamente la creatividad del jugador de fútbol con tanta repetición, con tanta tarea cerrada. Y yo pregunto, ¿de qué sirve la tarea cerrada, si el fútbol al igual que la vida, es un entorno VUCA que está cambiando a cada momento?

Esto me lleva a concluir este post creyendo que deberíamos pensar menos pero con más calidad, y sentir más, lo cual no quiere decir que dejemos de analizar, de ver probabilidades, estudiar porcentajes, porque hay veces que es estrictamente necesario realizar ese tipo de acciones. Pero tengamos siempre presente, que nunca lo vamos a tener todo controlado, ni vamos a tener la certeza absoluta de nada, ni todo bien atado, porque la vida sorprende a cada momento. Y además, porque queramos o no nos mueve la emoción, el sentimiento, lo que llega a nuestro corazón.

“El corazón tiene razones que la razón desconoce.” (Blaise Pascal) 

Que tengan un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo.

Andrea Pirlo

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