«Lo importante en la búsqueda de tus sueños es que sean tuyos. Si no lo son, será muy fácil desfallecer, rendirse y abandonar con las primeras dificultades que aparezcan. Y da por hecho que siempre aparecerán. Si, por el contrario, tú decidiste libremente perseguir tus sueños, superarás los obstáculos antes o después.»
En el momento que no tienes unos objetivos, unos retos, unos pasos que dar en tu mente, probablemente serán otras personas las que decidan por ti, las que te marquen la pauta. Por ello es vital tener presente cuál debe ser nuestro siguiente paso en nuestro crecimiento personal, porque de esa manera nos estaremos acercando un poco más a ser verdaderamente felices cada día de nuestras vidas.
El problema a veces se presenta en forma de otras personas que no creen en nosotros, en nuestra manera de trabajar, de entender la vida, y no sólo eso sino que además ponen argumentos incongruentes, ilógicos, que esconden otro tipo de razones por las que tú no eres su apuesta para el próximo año, en este caso próxima temporada. Cuando esto sucede uno debe tener muy claro quién es, cómo ha trabajado, los fallos y aciertos cometidos, lo que se lleva en su mochila de aprendizaje y cuál entiende que debe ser su siguiente paso.
Recuerdo cómo Ken Robinson nos anima en su libro El Elemento a la búsqueda de nuestros talentos (¿por qué sólo vamos a tener un talento?), y para ello nos explica que bajo su punto de vista el elemento sigue una cadena formada por cuatro eslabones, fuertemente unidos e interdependientes entre sí: capacidad natural +pasión+actitud+contexto.
En primer lugar uno debe conocerse muy bien para saber dónde están sus capacidades, sus fortalezas, qué es aquello que haces realmente bien; para así asegurarte de que eres capaz de desarrollarlo con un entusiasmo infinito. Tener un compromiso verdadero contigo mismo en el desarrollo de esa capacidad, teniendo presente que nunca es suficiente para desarrollarte y crecer, porque crecer es admitirte vulnerable cada día, es sentir que siempre se puede mejorar. Y por último, es de vital importancia encontrarte en el contexto, en el lugar adecuado, rodearte de personas que también quieren desarrollar esa capacidad natural.
¿Por qué es tan importante el contexto? Porque como bien dice Álvaro Merino, «Nuestro talento debe colocarse cerca de otros talentos para que pueda desarrollarse.»De modo que si nuestra felicidad está conectada con el hecho de encontrarnos con nuestra esencia, y esa esencia aflora cuando ponemos en acción nuestro talento, nuestra capacidad natural, entonces debemos asegurarnos la posibilidad de estar en un contexto en el cual asumir retos nuevos sea una constante, nuestros compañeros/as de trabajo sumen y hagan que nuestro talento crezca, pueda aprender cada día porque se propicia un entorno de aprendizaje y crecimiento, porque de esta manera cada día creceré desarrollando más y más mis talentos, propiciando que el talento de otros/as aumente.
Por ello, es tan necesario como conveniente saber quién eres, cómo quieres desarrollarte, cuáles son las tareas o retos que al hacerlas las horas parecen minutos y los minutos segundos pasándote el tiempo volado. Porque, probablemente, no hay nada más verdadero que la rapidez con la que pasan los días, como para que encima otros decidan cómo tienes que vivirlos, y te arrebaten cómo quieres ser feliz. Como bien decía nuestro maestro José Luis Sampedro, »en mi hambre mando yo». Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y no dejen de ser felices por difícil que a veces pueda parecer. Los vídeos, muy recomendables, espero que les gusten.
El talento ni es escaso ni es territorio exclusivo de unos pocos elegidos. El talento reside en todos porque nuestras fortalezas nos hablan de aquello que amamos hacer. Hacer tareas que nos entusiasman y hacerlas en los lugares adecuados abrazan este concepto. (Álvaro Merino)
Educar a un niño no es hacerle aprender algo que no sabía, sino hacer de él alguien que no existía. (Ruskin)
La manera en la que te ves a ti mismo determina la manera en la que la gente te va a ver. (Paulo Coelho)
La felicidad no es una estación de llegada, sino un modo de viajar.
Un deseo no cambia nada; una decisión cambia todo. El lenguaje es acción. (Álvaro Merino)
«Puede que haya un amigo que le diga cómo, cuando estaba llorando desesperadamente en una cama de hospital recibiendo un tratamiento que salvaba vidas, Sir Alex vino y pasó varias horas levantándolo de su melancolía. Podría ser también que la esposa de un ex jugador, brillando sus ojos con la satisfacción de saber que ella y su marido están sentados allí porque Sir Alex contestó su carta y los invitó a pasar la tarde con él.»
Ésta que ven es una de las imágenes que más me gustó de cuantas se vieron en la celebración de la Duodécima Champions League por parte del Real Madrid, por el significado que tiene la misma . A pesar de los años, no hay una vez que se encuentren Sir Alex Ferguson y Cristiano Ronaldo, que no se fundan en un abrazo sincero como el que se produjo en Cardiff. ¿Cómo se llega a ese nivel de liderazgo?
A punto de terminar el libro Leading, sobre la persona de Sir Alex Ferguson, uno llega a la conclusión de que aspectos como la humildad, la empatía, la inteligencia emocional, son factores claves para lograr conseguir un rendimiento óptimo en un equipo de trabajo, o en este caso concreto en un equipo de fútbol. Resulta un factor decisivo la capacidad del entrenador de generar un entorno de confianza, lo suficientemente sólido para reconocer las debilidades y tratar de solucionar entre todos los conflictos que se presentan a lo largo de una temporada.
Para generar ese entorno de confianza se debe destacar, bajo mi punto de vista, la capacidad para conectar con tus jugadores con el fin de ayudarles a que muestren su mejor versión, pero con la humildad suficiente para pasar desapercibido. Es decir, lejos de los focos, teniendo claro que los absolutos protagonistas son ellos y que tú como entrenador no necesitas la validación, el reconocimiento, de la prensa, de los medios; sino que trabajas, suministras herramientas a tus jugadores con el fin de que sean un poco mejores cada día, a todos los niveles.
Como bien dice mi amigo Álvaro Merino, «los jugadores te escuchan una vez; la segunda vez escuchan lo que haces.» Es decir, tus actos en el día a día hablan por ti, y es con tu manera de ser, día tras día, comportándote de la misma manera independientemente de cuán buena o mala sea la situación como mejor generas el entorno de confianza mencionado anteriormente tan necesario para conseguir resultados extraordinarios, porque como dice cierta frase, «Uno nunca es lo suficientemente grande como para dejar de atender a los pequeños detalles del día a día.» La humildad resulta ser un factor decisivo en el éxito profesional y personal.
Y probablemente ese factor, junto con la capacidad de comportarse siempre de la misma manera pausada, tranquila, durante todas las ruedas de prensa, es lo que le ha llevado a Zinedine Zidane a conseguir, junto con su cuerpo técnico, los éxitos deportivos que ha logrado este Real Madrid CF esta temporada. Cada vez estoy más convencido que cuanto más pausado, más autocontrol desprende con su imagen el entrenador mayor es el grado de confianza que genera en sus jugadores, porque transmiten una imagen de solidez, de control de la situación, actos en definitiva que se traducen en el argumento más sólido para que un jugador termine creyendo en ti. Nuestros actos dicen quiénes somos.
Por último, y para terminar con este post. Si tan importante es ser un experto en generar y/o transformar estados de ánimo colectivos, con el principal objetivo de lograr, ayudar, a que nuestros jugadores, nuestros trabajadores, sean un poco mejores cada día; si estamos viendo que, probablemente, el liderazgo es el arte del Siglo XXI, por la importancia, el impacto positivo que puede llegar a tener en nuestra sociedad, ¿por qué no le empezamos a dar la importancia que se merece? Insisto, sigo viendo demasiadas conferencias de táctica, técnica, preparación física, algunas incluso demasiado adornadas y con un punto de hasta prepotencia desmedida; y por el contrario, ninguna sobre liderazgo. Creo, honestamente, que no nos iría nada mal poner el foco en este apartado, porque probablemente todo funcionaría bastante mejor.
Sería conveniente recordar que nadie es experto por sí mismo, y que se debería tener la suficiente humildad como para recordar, tener presente cada día, a quienes te enseñaron, a aquellas personas que dejaron en ti ese sello, ese legado, en modo de experiencias, de conocimientos, de manera de ver la vida, el fútbol; que en definitiva invirtieron parte de su tiempo para poner su granito de arena en ti, para que seas un poco mejor cada día. La misma humildad que es necesaria para saber que, cuanto mayor eficacia tiene tu equipo, menos debe notarse su presencia, porque será la mejor forma de ver la calidad de tu liderazgo manteniéndote siempre lejos de los focos.
Reciban un fuerte abrazo, y espero que disfruten de los vídeos porque esta semana merece la pena dedicarle un ratito. Disfrútenlos¡
«IDEAL LOCO: Un arquero quiso cazar la luna. Noche tras noche, sin descansar, lanzó sus flechas hacia el astro. Los vecinos comenzaron a burlarse de él. Inmutable, siguió lanzando sus flechas. Nunca cazó la luna, pero se convirtió en el mejor arquero del mundo. (Alejandro Jodorowsky)
«Yo he aprendido mucho con los jugadores malos; mucho más que con los buenos. Porque con los malos tuve que esforzarme mucho más para encontrar la manera de ayudarlos a mejorar». Hace varios meses leía esta frase de Julio Velasco, y automáticamente se la mandaba a mi compañero Rubén porque me sentí totalmente identificado con ella. Ahora echando la vista atrás, en este momento en el que la temporada termina, me parece que tiene más peso y razón aún si cabe.
Ayer además se abría un debate bonito en twitter que giraba en torno a la pregunta de ¿qué es tener éxito?. Es una pregunta que suele salir sobre todo ahora, cuando se finaliza la temporada, y uno se puede preguntar si ha sido exitosa, o por el contrario ha terminado por ser un completo desastre. En mi opinión, creo que es una pregunta como bien decía mi buen amigo Goyo, muy relacionada con nuestra manera ser, con cómo entendemos esta profesión cada uno de nosotros.
En mi manera particular de ver esta profesión que tanto amo, siento que he cambiado mucho conforme han ido pasando las temporadas, pero siempre hay algo que ha prevalecido en mi: el cómo conseguimos los objetivos, la manera en la que intentas llegar al fin u objetivo que te marcas. Luego descubres que los equipos son líquidos, flexibles, que cambian, que maduran, evolucionan como un ser vivo, y por tanto es absurdo ponerse metas a tan largo plazo. Pensar que sólo tiene éxito el primero, el que gana el campeonato, es absurdo e incoherente.
¿Por qué? Porque de entrada solo gana uno, entonces mi pregunta es: ¿Los otros tantos equipos que quedan por debajo en la clasificación son unos fracasados? No es demagogia, es una realidad. Ni todo puede valer, ni todos los equipos son iguales, de la misma manera que los jugadores que componen cada uno de esos equipos son completamente diferentes. Por ese motivo, para analizar si hemos tenido éxito primero debemos tener muy claro cómo trabajamos nosotros, a qué damos importancia, qué es lo que prevalece en nuestra manera de gestionar el equipo, las herramientas que utilizamos, con qué fin usamos éstas, la comprensión y conocimiento que tenemos de nuestros jugadores, el nivel de sinergia que logramos alcanzar cuando juegan. Tú date cuenta de todos los factores que intervienen a la hora de ganar o perder, y sin embargo tú fijándote simplemente en si asciendes o no.
¿Por qué digo todo esto? Porque es en la manera, en el cómo, donde radica la diferencia. Puedes ganar una liga, lograr un ascenso, y tener a media plantilla descontenta, hasta las narices de ti. O por el contrario, puedes quedar cuarto, quinto, séptimo, y lograr una transformación personal impresionante en tus jugadores que, irremediablemente, te lleva mira tú por dónde, al éxito que tanto ansiabas. Y tú sin saberlo, o sin querer darte cuenta, de que una vez más los grandes logros se consiguen atendiendo a los pequeños detalles cotidianos del día a día.
¿Cuáles son esos pequeños detalles? Vuestro comportamiento como entrenadores, día tras día, semana tras semana, así durante todo el año. No somos conscientes, ni de lejos, del impacto que tenemos en nuestros jugadores con nuestros comportamiento, de cuánto les enseñamos simplemente siendo el mejor ejemplo posible como persona, los valores que demostramos, tener respeto hacia todo cuanto te rodea, la manera en que les hablas, les miras, y les escuchas; debemos hacer un esfuerzo primero por conocerles, por entender cómo sienten, por qué reaccionan de una manera u otra, porque sólo a partir de ese punto estaremos en disposición de empezar a lograr esa transformación que deberíamos buscar (al menos nosotros, la hemos buscado cada año) en todos nuestros jugadores, insisto, en todos.
En ese encuentro personal que se produce con los jugadores comienza el desarrollo deportivo y personal de los mismos, se producen retos constantes, retos en forma de cambios de posición, de sistemas de juego, planes de juego diferentes para diversas situaciones de juego, planes en los cuales todos participan con las rotaciones (imprescindibles para que crean en ti, la confianza se genera con hechos), les explicas cuál es la función de cada uno, su misión para con el equipo en ese partido concreto. ¿Ves que buscamos ganar? Sí, como todos, no conozco a nadie que salga a un partido queriendo perder. Pero una vez más, la diferencia es la manera, el cómo tratas de conseguirlo.
En nuestro caso concreto podemos decir que este año ha dado para utilizar, en lo que a sistemas de juego se refiere, tres diferentes. Y si nos fijamos en las posiciones, exceptuando los dos porteros todos los jugadores han probado, al menos, dos posiciones, una más adelantada y quizás otra algo más retrasada, bien por necesidad o bien porque creíamos que podía suponer un reto de crecimiento bonito para él, para su aprendizaje. Todo ello sumaba al equipo, y el motivo es sencillo: porque ellos vieron que confiábamos plenamente en sus capacidades, que no es lo mismo que el resultado de sus acciones. Les pedíamos esfuerzo, generosidad, trabajo máximo en equipo, humildad, que sumasen lo máximo posible para el colectivo.
Y esto, haber construido un equipo, es sin duda lo que más me emociona cuando termino cada temporada, porque el esfuerzo de cada uno ya no suma, multiplica. Y, por qué multiplica? Porque, como bien dice Julio Velasco, «todo se trata de hacer para que otros hagan. De lograr convencer, para que hagan lo que tú crees que es lo más adecuado para el colectivo.» Sólo generando confianza logras que crean en ti, y generas confianza con tu manera de ser, con tu humanidad, tu liderazgo, tu persona. Porque como bien me decía una de las personas que más quiero, debemos valorar lo que vivimos y cómo lo vivimos con el fin de poder hacer balance de las cosas positivas y negativas que vivimos para que seamos más ricos en sabiduría y formación. Uno debe trabajar para uno mismo, hacer las valoraciones para sí mismo, y no para los demás, ni en función del resultado, porque al final te das cuenta de que lo más importante es aprender cuánto mejor puedas, para ser cada día un poquito mejor. Ese es el mejor camino para que, quienes estén contigo en un equipo, terminen también por ser un poquito mejores cada día. Todo lo bueno termina contagiándose. Algo similar, probablemente, sea lo más próximo para mí a tener éxito no sólo en un equipo de fútbol, sino más importante aún, en la vida.
Hoy uno de mis peques se ha sorprendido cuando le he dicho: «Ya puedes descansar bien esta noche, porque estás muerto de sueño.» El peque se gira, sorprendido de lo que le he dicho, y me dice: -.¿Cómo sabes que este fin de semana apenas he podido dormir? -. Porque si a estas alturas de la temporada aún no sé cuándo no estáis bien… eso sí que sería un fracaso enorme para mí como entrenador.» No hay nada más bonito que conocer a tus jugadores lo mejor posible, para ayudarles a mejorar lo máximo posible. Que tengáis una muy buena semana, e intenten ser un poquito mejor cada día, ésa es mi invitación. Un fuerte abrazo.
«Sin credibilidad no hay liderazgo. El líder no es el que más sabe, es el que mejor cohesiona, influencia, desarrolla a las personas que de él dependen, entrena a un equipo, y anima a la acción. Las altas expectativas logran grandes resultados. El ejemplo es el mejor discurso y el único que no necesita palabras para explicar una conducta. Al final, un valor es una forma de conducta. No basta con tener valores, hay que convertirlos en HECHOS. Un hecho es una conducta materializada en una acción. No olvides jamás la máxima: Todo cambia, nada permanece.» (Fernando Botella).
«-. Nosotros disfrutamos en el barro Pablo, porque nos van los retos difíciles, de la misma manera que nos quedamos con el chico de barrio, el rebelde, con el que tenemos que tener una mano izquierda espectacular. Porque con esos chicos la línea que separa el respeto de que nos tome el pelo, es muy muy fina. -. Así es Rober, pero cuando te ganas el corazón de ese chico, tienes un jugador incondicional que hará lo imposible por el equipo, por ti, por todos. Y nosotros, como entrenadores, como líderes, como formadores, tenemos la obligación, el deber, de sacar lo mejor de todos ellos.»
Esta es una parte de la conversación que mantuve ayer Lunes con un gran amigo como es Roberto Tello, a quien tuve la fortuna de conocer cuando impartí algunas asignaturas en el curso para el Nivel 2 de entrenador de fútbol, y que para mayor suerte resultó ser vecino mío en la localidad donde vivo. Hablamos de fútbol en concreto, de la vida en general, y en seguida empecé a conectar con ideas, pensamientos, que había leído en el libro que estoy terminando, Mindset: La actitud del éxito.
Todos estos años en los que he trabajado con personas, como entrenador, formador, docente, había adoptado una mentalidad totalmente de crecimiento, sin saberlo. Una mentalidad, una manera de ver la vida, que se centra en la idea de sacar lo mejor de cada persona con quien trabajo, independientemente de lo que se vea a primera vista. Porque como bien decía mi amigo Roberto, «encasillamos con una asombrosa rapidez, hoy en día los entrenadores descartan a los jugadores que les dan el más mínimo problema, bien por su personalidad, o por la razón que sea.» Y cuánta razón tienes amigo; la gente tiene demasiados prejuicios, que les impide ver el talento de la persona que tienen delante, porque poseen una mentalidad fija que es imposible cambiar.
¿Por qué es tan importante adoptar esta mentalidad crecimiento? Porque basas el éxito en el trabajo realizado, en vez de enfocarlo al resultado final. Es saber redirigir las capacidades, el talento, las características de cada jugador hacia un bien común, que sume al colectivo. Llaménme nostálgico, romántico, o como quieran ustedes, pero cuando he entrenado a cualquier equipo lo he hecho, y lo hago con el convencimiento total de que todos pueden sumar, de que en todos hay algo ,por pequeño que sea, en lo que son muy buenos. Y esto, ¿en qué repercute? En que veo lo que otros son incapaces de ver, adoptando una actitud de paciencia, calma, mientras que con el tiempo el talento de todos empieza a mostrarse al mismo tiempo que somos capaces de diseñar la situaciones, los contextos adecuados para que su talento salga a la luz.
No me pregunten por qué, pero siempre empaticé de una manera especial con los jugadores más complejos, con las personalidades más complicadas, probablemente por el reto de que ellos ponían demasiadas barreras entre su corazón y el mío, resultándome muy difícil conectar con ellos. Pero cuando lo lograba, lo que recibía a cambio era una lealtad por su parte a prueba de bombas, un compromiso con todo el equipo inquebrantable, lo que le convertía en un jugador que, en vez de sumar, multiplicaba el rendimiento del equipo. Y de todos ellos hay uno que me será imposible olvidar, que tuve la suerte de dirigir en mi primer año como entrenador además.
Digo suerte porque el aprendizaje que me llevé de la convivencia con él, de lo que tuve hacer para ser capaz de llegar a su corazoncito, sólo lo sabemos él y yo, pero me costó muchísimo. Tenía 12 años, problemas en casa, fumaba, incluso bebía, iba muy mal. Hablé con su padre, nos pusimos manos a la obra, comenzó a sacarle todos los días a correr por el parque junto a su perro; incluso su madre estuvo a punto de suicidarse así que imagínense la situación en casa no era nada fácil.
Pues bien, hay un momento,un instante, que jamás olvidaré por tiempo que pase, por logros deportivos que consiga, y es este: «Acabábamos de ganar la liga, él había conseguido marcar dos goles, y había sido increíble verle jugar saliendo otra vez, como muchas veces antes, desde el banquillo. Pero daba igual, era eléctrico, era energía, era bestial, el más pequeño en altura, y de los más valientes, no dudaba en meter la pierna fuerte abajo. Vino corriendo, me dio un abrazo, y cuando le miré estaba llorando. Se acercó al oído y me dijo: Gracias Pablo, por salvarme la vida.»
Nunca olvidaré esa frase, y creanme que doy gracias a Dios por ser la persona que soy, porque gracias a ello me emociono viviendo momentos así, de ver cómo las personas pueden redirigir su vida, cambiar sus hábitos, y creer que tienen un talento dentro, porque les convenciste de ello. A todos los entrenadores nos gusta tener jugadores fáciles de llevar, perfectos en la técnica, en la táctica, pero si sólo nos centrásemos en ese perfil estaríamos dejando de lado a los otros, a los rebeldes, al chico de barrio, al que te cuestiona, al que te pone a prueba constantemente…pero de la misma manera, probablemente sea el que se iría el primero contigo a la guerra.
Es conveniente recordar que los jugadores, como personas que son, se comportan en base a lo que han vivido, a su situación familiar, a los principios que les han enseñado o les han podido enseñar (porque quizás hasta no tienen ni la referencia de un padre o una madre), por tanto no encasillemos con tanta facilidad, con tanta rapidez; tomémonos un tiempo para observar y escuchar lo que nadie ve ni oye.
La historia de Wooden:
«UCLA tenía unas instalaciones claramente insuficientes. Durante los 16 años que estuvo allí, Wooden hacía los entrenamientos en un gimnasio atestado, oscuro y escasamente ventilado, conocido como la Cabaña O.C. (olor corporal) por el evocador efecto de los cuerpos sudorosos. En el mismo gimnasio muchas veces había partidos de lucha, entrenamiento del equipo de gimnasia, saltos en cama elástica y ensayos de las animadoras a la vez que el entrenamiento de baloncesto. No había sitio para partidos. Al principio, durante unos cuantos años habían tenido que utilizar la Cabaña O.C. y durante los siguientes catorce se vieron obligados a viajar por la zona pidiendo que les prestasen gimnasios de colegios y pueblos. Y luego estaban los jugadores. Cuando los reunió para el primer entrenamiento, se quedó de piedra. Eran tan malos que si hubiera tenido una forma honrosa de marcharse del puesto, lo habría hecho. La prensa había escogido a su equipo como el que acabaría el último de su división. Pero Wooden se puso en manos a la obra y su ridículo equipo no terminó último: terminó ganando el título de su división, con 21 victorias y 7 derrotas durante la temporada. El año siguiente llegaron a las eliminatorias de la NCAA. ¿Qué les dio? Les dio una instrucción constante sobre las habilidad básicas, les dio condicionamiento para su conducta y les dio mentalidad.»
Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y recuerden que la mejor obra es la que aún está por realizarse. Les recomiendo la ponencia del propio John Wooden.
«No puedo imaginar lo que habría sido mi vida si el entrenador Wooden no hubiese sido la luz que me guía. Conforme van pasando los años lo aprecio cada vez más, y sólo puedo rezar para tener la mitad de influencia sobre los jóvenes que entreno que él tuvo en mí.» (Denny Crum)
«La sabiduría del entrenador Wooden tuvo una profunda influencia en mí como deportista, pero fue aún mayor la que tuvo en mí como ser humano. Él es en parte responsable de la persona que soy hoy día.» (Kareem Abdul-Jabbar)
«Hay entrenadores por ahí que han ganado campeonatos utilizando la estrategia del dictador. Yo tengo una filosofía diferente. Para mí, el interés, la compasión y la consideración han sido siempre prioridades del más alto nivel.» (John Wooden)
Ayer leía unas líneas de Álex Rovira que no sólo me encantaron, si no que además tuve la intuición de que podía dar para iniciar el post: «En todo, el veneno está en la dosis. Y en todo, la salud en el equilibrio. Y no hay equilibrio sin consciencia. Salud es darse cuenta.» La importancia de encontrar el equilibrio a nivel emocional, nuestra capacidad para construir puentes por donde fluyen nuestras emociones hacia la felicidad, hacia un estado óptimo de autoestima y confianza, cobra cada vez más valor, presencia, en la búsqueda de la felicidad y el éxito.
Para las personas que constantemente se encuentran en los polos opuestos, en el blanco radiante unos días y por el contrario en otros permanecen en el negro más oscuro posible, donde parece que se acaban sus días. A todos ustedes me gustaría decirles esto: El gris existe, puede ser realmente bonito, y diría que es hasta necesario tenerlo presente. ¿Por qué? Porque la vida perfecta no existe, la realidad perfecta no existe, siempre va a haber problemas, circunstancias a resolver que vienen originadas por la presión, por la tensión. El problema real es que no se sabe convivir en ese contexto. ¿Cuál sería la solución? Mantener nuestra mente siempre enfocada.
Como bien dice Gilbert Enoka, «la presión es expectativa, escrutinio, y consecuencia. Bajo presión, la atención se desvía o se encarrila. Si se desvía, tenemos una respuesta emocional negativa y una conducta que no ayuda. Significa que nos estancamos. Significa que estamos sobrepasados.» Entonces, ¿cómo se hace para controlar esa presión? Vemos la respuesta en los pilotos y montañeros respectivamente. Ambos dos tienen un mantra para situaciones de máxima presión:
Pilotos: -Volar. Navega. Comunicar.
Montañeros: -Evaluar. Ajustar. Actuar.
Como bien nos explica James Kerr, «valiéndose de esta estructura triple, los mantras crean una fuerte concatenación lingüística de eventos, que lleva del caos a la claridad y a la acción. En forma automática.» Para finalizar, Gilbert Enoka resalta la importancia del diseño de mapas conceptuales: «Los mapas y los mantras nos permiten enfrentar la presión con presión, en vez de sentirla, aplicarla. Al controlar la atención, controlamos el rendimiento y, al controlar el rendimiento, controlamos el partido.
Por tanto, cada vez que notemos »que no estamos bien», en vez de llorar, de vivir en la queja, les invito a detectar cuáles son los elementos que hacen que nuestro estado cambie, y en base a esos elementos elaborar nuestra respuesta con tres palabras, acciones, en las cuales enfocando nuestra atención nos devuelvan a un estado óptimo personal. Espero que les resulte de ayuda, y deseo de corazón que tengan una muy buena semana. Un fuerte abrazo, y recuerden siempre que son los dueños de sus actos, los cuales siempre tendrán consecuencias. Les recomiendo que disfruten de los vídeos.
«A donde dirijamos la mente se dirigirán los pensamientos; los pensamientos crean una emoción; la emoción define el comportamiento; el comportamiento define el desempeño. Por lo que, para decirlo de manera simple, si podemos controlar nuestra atención y, por lo tanto, nuestros pensamientos, podemos manejar las emociones y mejorar el desempeño.» (James Kerr)
«Creo que para cualquiera en nuestro terreno que busca rendimiento y busca mejorar…se trata de un cambio de estado….y asegurarse tener la cabeza en un buen lugar.» (Gilbert Enoka).
«El cerebro comprende esencialmente tres partes: instinto, pensamiento y emoción. Bajo presión, invariablemente es el pensamiento el que se bloquea, y eso significa que uno depende de la emoción y el instinto y ya no puede captar los mensajes y la información necesaria para tomar buenas decisiones.» (Gilbert Enoka).
«Todavía me acuerdo de ellos: Pelota de calidad. Sobre línea de ventaja. Mantener pelota viva. Descarga rápida. Si estas cuatro cosas funcionan, estamos bien… Eso nos daba un patrón de juego para resolver el partido.» (Anton Oliver)
«No ha podido ser, pero lo volveré a intentar con todas mis fuerzas en el British Open (siguiente ‘Major’ que jugaba) y si no en el PGA y si no en el Masters. No voy a dejar de intentarlo.» Estas eran las declaraciones de Sergio García, tras finalizar el US Open en Oakmont, una ciudad que estaba siendo testigo de un cambio. Un giro en la manera de ver la competición, en la actitud de un Sergio García que comenzó a valorar más cómo recorría el camino. Un grado de madurez que le llevaría, un año más tarde, a ponerse una chaqueta tan bonita como es la verde del Máster de Augusta.
La contradicción es tan grande como bonita. El deporte de élite se ha convertido en un generador de ansiedades, de estrés, de inconformismo absoluto por el éxito para hoy, aquí, y ahora; pensar más en la victoria que está por venir que en la que se acaba de conseguir independientemente de la gesta que se haya conseguido, dejando de valorar cuánto trabajo, cuánto tiempo, cuánta preparación cuesta conseguir, precisamente eso, la victoria. Porque la realidad es así de cruda, siendo realmente lo excepcional ganar.
Es complejo, porque conforme el nivel deportivo es más grande mayores son los contratos, sus cantidades, las exigencias de los patrocinadores porque quieren verte ganar, porque lo que vende es ganar siempre, el reclamo es mayor, el número de ventas se incrementa, todo sube, y se gana más dinero; de la misma manera que no ganar conlleva pérdidas económicas, que el club se tambalee ante la posibilidad de perder una categoría, de perder la inyección económica de los propietarios. En resumidas cuentas, todos los caminos llevan a la parada de la Victoria.
Sin embargo, lo que todo el mundo parece desconocer o no dar la importancia que merece, es que la parada Victoria se encuentra en un enclave hasta el cual es difícil llegar, con curvas, ascensos, descensos, y que si no se posee la calma, la tranquilidad, la paciencia necesaria, probablemente nunca llegues a esa parada. ¿Curioso verdad? Todos demandan prisa, y sin embargo tú como entrenador, tratas de poner calma en los jugadores, en tu deportista de alto nivel (mal si no lo has hecho ya), y tratas de focalizar su atención en el presente, en lo que acontece, intentas llevar sus miradas a los elementos realmente controlables, intentando que disfruten de lo que viven.
Tenemos dos ejemplos bien claros, muy recientes, en Sergio García y Rafael Nadal. El primero ha ganado el Master de Augusta, una gesta tan extraordinaria como laboriosa, una gesta que para conseguirla le ha obligado a cambiar su mirada, a adoptar una actitud de luchador constante, de perseverancia, sabiendo que igual esta vez no toca, pero que hay que intentarlo, siempre hay que intentarlo con todo tu corazón.¿ Y Rafael Nadal?¿ Qué me dicen? Campeón en el Masters 1000 de Monte Carlo por décima vez; insisto DÉCIMA VEZ.
Ya lo decía Woody Allen, «el 90% del éxito se basa simplemente en insistir», de la misma manera que Julio Velasco nos recuerda que «El deporte enseña y sirve para aprender a perder, además de ganar. Sirve para aprender que para ganar hay que hacer las cosas bien, hay que sacrificarse, hay que ser eficiente y hay que darle importancia a las cosas importantes y a las cosas menos importantes, aunque el precio a pagar sea muy costoso. Pero sirve también para aprender a perder. El verdadero deportista sabe que no se puede ganar siempre. La excepción es ganar siempre. Lo normal es alternar la victoria y la derrota.»
En la misma línea se posiciona un maestro no sólo para el fútbol, sino más importante aún, para la vida, Marcelo Bielsa, quien explica que «Éxito y felicidad no funcionan como sinónimos, hay gente exitosa que no es feliz, y hay gente feliz que no necesita del éxito para serlo. La obligación que tiene todo ser humano es rentabilizar sus opciones de ser feliz. Entonces nosotros deberíamos aclararle a la mayoría que el éxito es una excepción, no es un continuo. Los seres humanos de vez en cuando triunfan pero habitualmente desarrollan, combaten, se esfuerzan y ganan de vez en cuando, muy de vez en cuando.»
Todo ello me recuerda a la charla que impartí en el Colegio Arenales, a los chicos apuntados allí a la actividad de fútbol. Les pregunté qué entendían ellos por éxito, y la contestación de uno de ellos me reafirmó, más aún si cabe, en que todavía se siguen haciendo muchas cosas mal: «Que me admiren». La sociedad está mal enfocada. No se debe buscar la admiración, la alabanza, porque eso no es éxito, es puro interés. Éxito es tener la garantía de que se puso el corazón cada día, cada segundo, que se dio lo mejor para el colectivo, para el equipo de trabajo, que se disfrutó en los buenos momentos, se supo sufrir cuando tocó, recordando siempre que se está obligado a insistir, tener paciencia, y no perder nunca la motivación, la ilusión, ni la ambición por ser mejor que ayer. Probablemente, pensando y viviendo así, nos encontraremos más veces de las que imaginamos con un éxito que es quizás más verdadero. Por más deprisa que quiera ir su entorno, detenga el tiempo, párelo, porque en la tranquilidad, en la mirada pausada se disfruta más. Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y sigan insistiendo, que todo llega.
«Muchos dice que las utopías son idioteces. Pero en todo caso serán idioteces vitales. Un profesor que no deja a sus alumnos pensar en utopías y equivocarse es un muy mal profesor.» (Richard Sennett)
«La mayor causa de los fracasos es querer adelantar los éxitos. Los éxitos llegan cuando han de llegar, no antes.» (Jose Luis Martínez)
Nos acercamos poco a poco al tramo final de la temporada, donde cada equipo se la juega por conseguir alcanzar los objetivos marcados en rojo a principio de temporada. Una temporada que ha tenido altibajos, momentos buenos, muy buenos, pero también malos, muy malos, todo ello no sorprende a nadie, es más, se debió de tener en cuenta desde que arrancó la pretemporada. Lo defino como un tramo en el que se ven expuestas las carencias y los puntos fuertes a partes iguales de los entrenadores. ¿Cómo? En sus comportamientos diarios.
¿Por qué consideré siempre el liderazgo como la parte esencial de un entrenador? Porque probablemente, es mi humilde opinión, es ahora cuando más se necesita, cuando más se requiere, porque todo lo demás está desgastado. Con »todo lo demás» me refiero a la táctica, a la técnica, a la preparación física; todo ello cada semana se encuentra más al límite y por ello no es momento de »experimentos de laboratorio», de »innovar», o »apuntarse medallas». El equipo se debió trabajar antes, asimilar y afianzar planes de juego para las diferentes situaciones que se vayan presentando. Ahora lo que se requiere es máxima optimización de los recursos.
La solidez de nuestro liderazgo se observa en las decisiones que tomamos, en el comportamiento que ponemos en práctica cada día con lo que decimos y hacemos. La principal diferencia entre los equipos que consiguen, a pesar del cansancio, seguir ganando y los que cada vez se meten más en problemas, en la mayoría de los casos, es porque el grupo no cree en su entrenador. La credibilidad, la confianza en tu trabajo, es algo que cuesta mucho ganar pero por el contrario, se puede perder en un sólo segundo. ¿Cuáles son los factores que resultan determinantes, más aún si cabe en este momento de la temporada, en nuestro liderazgo? Para mí, son los siguientes:
–Ser predecible: Mostrarse de la misma manera día tras día, semana tras semana, sin variaciones de tu carácter independientemente de lo que acontezca a nivel deportivo. Este tipo de comportamiento genera confianza en el jugador, porque sabe cómo va a reaccionar su entrenador, su cuerpo técnico.
–Ser consecuente: Se debe recordar siempre que cada acto tiene una consecuencia inmediata, en lo que decimos en las ruedas de prensa, en las decisiones que tomamos en base a lo que sucede en el día a día. A cada decisión que tomamos debe venir precedida de una argumentación sólida, y contar con que se producirá una consecuencia inmediata.
–Ser coherente: La utilización y/o adopción de posturas diferentes en función del contexto en el que me encuentre, sumado a la variación del mensaje que lanzamos, repercute de manera directa en nuestra credibilidad. Es decir, no puedo lanzar un mensaje de puertas para fuera, y luego en el vestuario de puertas para adentro, mostrarme totalmente diferente. El jugador analiza cada detalle, estamos observados en todo momento, y en el momento que fallamos, que no somos coherentes, pierde toda la confianza que depositó en ti.
–Ser honesto: Una verdad puede molestar en el momento, pero una mentira duele toda una vida. Si somos incapaces de ser honestos con nosotros mismos, es inviable que seamos honestos con las personas que lideramos. Los conflictos se solucionan afrontándolos de cara, sin mirar a un lado o evitándolos, porque como dice Álex Rovira, »las ventanas que se rompen hay que repararlas de inmediato.»
–Ser humilde: Hay una frase que me encanta referida a este aspecto, »El arte de dirigir consiste en saber cuándo hay que abandonar la batuta para no molestar a la orquesta» (Herbert Von Karajan). Estamos para servir, para suministrar las herramientas idóneas a nuestros jugadores con el fin de ayudarles a que muestren su mejor versión. Es una cuestión de hablar en plural, de que domine el »nosotros» sobre el »yo».
Todos estos factores permiten al entrenador optimizar el rendimiento de sus jugadores, modificando ciertos detalles de los planes de juego ya existentes, y sabiendo que ellos los van a poner en práctica. ¿Por qué? La respuesta es tan sencilla como compleja: Porque creen en ti, porque se lo has demostrado con tu comportamiento durante todo el año, actuando como una persona íntegra, con valores, honesta, cercana, y consecuente con sus actos, nunca evitando responsabilidades. Y esto, probablemente, sea lo más difícil para un entrenador en lo que a un equipo de fútbol se refiere, y perfectamente se puede llevar al mundo de la empresa.
Conforme la temporada o el año avanza debemos tener presente que el cansancio es mayor, el desgaste normalmente hace que la paciencia de las personas con quienes trabajamos sea menor, la capacidad para asimilar conceptos nuevos también disminuye, y pueden más la motivación y ambición por ser mejor jugador cada día, el orgullo, el sentimiento de responsabilidad, por hacer las cosas bien. Pero para que todo esto salga a escena, se vea reflejado en los jugadores cada Sábado o cada Domingo, previamente debe existir un desarrollo de un liderazgo sólido por parte del entrenador y todo su cuerpo técnico. Que tengan una muy buena semana, siempre tratando de mostrar su mejor versión, e irradiando luz con más fuerza que nunca. Un fuerte abrazo.
«La verdadera originalidad no busca una nueva forma, sino una nueva visión.» (Edith Wharton).
«Hay una forma de conocimiento no racional, que conoce lo que la razón no conoce, el espirit de finesse, la razón del corazón, intuición directa (sentir, comprender), que penetra donde la deducción no puede llegar. Pascal llega a estas cuestiones a través del análisis de la condición humana.» (Michele Federico Sciacca).
«Triste discípulo aquel que no supera a su maestro.» (Leonardo Da Vinci)
«Hay muchas formas de ganar y pocas formas de gustar.» (Rodrigo Zacheo)
«Un pensamiento táctico, cualquiera que sea, necesita un jugador de excepción que verdaderamente lo interprete. Porque nadie lo interpreta mejor que él. Tal vez porque sea jugador…y¡artista! Una cosa es el sabio que domina la ciencia creada; otra, el artista que lo recrea y reproduce. Una cosa es la razón que sabe distinguir; otra, el corazón que sabe intuir y unir. Por eso, ¡el corazón tiene razones que la razón no entiende!» (Manuel Sérgio Vieira).
En la mañana de ayer, mientras veía el partido de 2ªB entre Rayo Majadahonda y CF Fuenlabrada con buena gente, uno de los amigos me realizó la pregunta que posteriormente se convirtió en desafío para finalmente ser la idea, núcleo, en torno a la cual girase este nuevo post que hoy comparto contigo: «Pablo investiga sobre carácter y personalidad, es lo mismo? no es lo mismo? Cómo se muestran ambos en un terreno de juego? Se pueden entrenar? Es una tema bonito, creo». Ya lo creo que sí amigo, tanto que da para un post nuevo.
Carácter y personalidad, siempre ha existido un uso quizás descontrolado, excesivo, por parte de estos dos términos sin saber muy bien la mayoría de las veces si realmente los estamos empleando de la manera correcta. De hecho, si miramos la palabra griega «Ethos», el significado que aparece está referido al carácter, la personalidad. De esa misma raíz proviene la palabra ética y se utiliza para designar las creencias, los principios, los valores, los códigos, y la cultura de una organización. Ahora bien, teniendo siempre presente el consejo de mi amigo Álvaro de cuestionarme absolutamente todo lo que leo o escucho, no estoy de acuerdo con meter en la misma definición de esa palabra los términos de carácter y personalidad.
No quiero extenderme demasiado porque luego quiero añadir citas bibliográficas para aportar mayor solidez a la reflexión, de modo que para verlo de una manera más clara y visible, voy a compararlo con un barco. La personalidad sería la calidad de los materiales con los cuales se ha fabricado ese barco, es decir, la madera que sostiene toda la estructura, la tela con la que se ha realizado las velas, los tornos que permiten que el timón gire hacia uno u otro lado con mayor fluidez, eficacia, y precisión; el material con el que están fabricados los cañones que permitirá un mayor alcance y puntería sobre los navíos piratas, por ejemplo. Es decir, lo que viene de fábrica, de serie.
¿Y qué sería el carácter? La tripulación que dirige ese barco, desde el patrón del barco hasta el ultimo marinero de a bordo, quienes hacen posible que el barco navegue en la dirección y sentido correctos, los que facilitan que el barco salga airoso de cualquier tempestad posible por grave que pueda parecer, por bravo que se presente el mar, quienes lo convierten en un navío ganador, implacable, ante cualquier barco pirata que acomete en ellos el intento de asalto. Son los que cuidan del barco, solucionando las adversidades que pueden presentarse en forma de choques con rocas, reparación de la proa, para que el barco siga su rumbo sin desviarse de su objetivo o meta.
Sí, efectivamente me vas pillando, porque lo que estoy diciendo es que nuestro carácter moldea nuestra personalidad. La personalidad viene condicionada por lo que traemos »de fábrica», en nuestra genética, pero como bien sabemos gracias a Carol Dweck , »la personalidad no es algo sólido, fijo, sino más bien líquido, moldeable, que se puede ir modificando en base a las experiencias que vivimos, y más concreto aún, de qué manera asimilamos nosotros/as esas experiencias.» Nuestro carácter sin embargo es lo que permite que nuestra personalidad crezca, mejore, tenga una dirección y un sentido. Esto es lo que dice John Wooden acerca del carácter: «La habilidad puede llevarte a la cumbre pero se necesita carácter para mantenerse allí. Es muy fácil empezar a creer que uno puede ponerse en marcha automáticamente, sin la preparación adecuada. Se necesita un carácter verdadero para seguir trabajando tanto como antes, o incluso más, cuando ya has llegado. Cuando leas que un deportista o un equipo gana una y otra vez, recuérdate a ti mismo: Más que habilidad, lo que tiene es carácter. »
En palabras de Toni Nadal encontramos también una reflexión acerca del carácter: El carácter ha sido para nosotros el tronco del árbol; un tronco que había que reforzar sobre todo en sus primeros años de formación, intentando que creciera fuerte, grueso, bien anclado en el suelo. Y permíteme que yo añada un elemento: Para mí la personalidad es la semilla de ese árbol, el inicio, el comienzo de ese proceso de crecimiento, la parte genética que llevamos en nuestro ADN pero que puede crecer mejor o peor de la misma manera que cuidemos con mayor o menor mimo a esa semilla para que el árbol crezca de la manera correcta. Lo que supone para la personalidad la educación, el entorno, las experiencias, es similar a la calidad de la agua, la tierra, que sea una zona de sol donde pueda llegar de la manera adecuada la luz solar para favorecer el mejor crecimiento posible de ese árbol.
Por último me apoyo en un gran referente, José Antonio Marina, para rematar a gol esta reflexión. Él divide la inteligencia en dos tipos: Inteligencia generadora e inteligencia ejecutiva. Pues bien, yo asocio la personalidad a esa inteligencia generadora, es decir, el lugar donde se generan numerosas propuestas, donde residen los estímulos, pensamientos, imágenes, sentimientos que emergen. Y la inteligencia ejecutiva la relacionaría directamente con el carácter, con la parte o componente que toma las decisiones en función de hacia dónde quiero orientar mi acción, entendiendo por carácter aquello que me permite crecer, o por el contrario permanecer estancado.
Finalizando con esta reflexión acerca de qué es carácter y personalidad, se suelen plantear dos preguntas: ¿Se puede entrenar el carácter? Sí, sin lugar a dudas, y entiendo que entrenando el carácter entrenas tu personalidad, ya que concebimos a ésta última como algo líquido, moldeable, en base a las experiencias y retos que vamos superando. ¿Se puede tener un carácter fuera del campo distinto al que se tiene dentro del campo? Permíteme que te conteste en palabras de Mahatma Ghandi: «Nadie puede hacer el bien en un espacio de su vida, mientras hace daño en otro. La vida es un todo indivisible.» El carácter se muestra a partir de una personalidad íntegra, auténtica, lo que se traduce en que ese mismo carácter sea vea de la misma manera, indistintamente de cuál sea el contexto o situación en la que nos veamos implicados.
En relación a este debate comparto estas líneas que muestran de una manera preciosa ambos elementos:
«El entrenador está sentado en primera fila, solo, repasando mentalmente los escuetos mensajes que quiere exponer. No es un día para grandes discursos, pero aunque todavía duela lo ocurrido en Champions es necesario un penúltimo esfuerzo: la recompensa en forma de título es muy grande. Ha de conseguir que el equipo remonte su desánimo. Da vueltas a varias ideas mientras el número 4 parpadea, rojo intenso, desde la pantalla. Entonces llega Lahm. Sin hacer ruido, se sienta a su lado. -Hola, Pep. -Hola, Pipo. No hablan. Durante dos minutos, ambos miran la pantalla sin abrir la boca. El silencio es absoluto en la sala oscura. Capitán y entrenador parecen hipnotizados por el número 4 y probablemente repasan lo que han tenido que luchar para estar ahí, a las puertas de un nuevo título. Es una escena que simboliza la convivencia de estos tres años. No necesitan decirse nada para comprenderlo todo. Y entonces, en mitad de esta atmósfera casi mística, aparece, ruidoso y vociferante, Thomas Müller, se sienta con estrépito junto a Pep y empieza a soltar sus bromas. Entrenador y capitán ríen a carcajadas: esto es el equipo. El silencio inteligente y cómplice de Lahm y el alboroto ruidoso de Müller.»
«Puede que me equivoque, pero sigo siendo yo.» (Antígona)
«La batalla más dura la tengo todos los días conmigo mismo.» (Napoleón Bonaparte)
«Yo creo que la verdad es perfecta para las matemáticas, la química, la filosofía, pero no para la vida. En la vida, la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza cuentan más.» (Ernesto Sabato)
«Le preguntaron a Salvador Dalí si pintar era difícil. Él contestó: Es fácil o imposible.»
«Para cuando me llegue la inspiración, que me encuentre trabajando.» (Pablo Picasso)
»¿De qué sirve ser capaces de diseñar la sesión de entrenamiento ideal, si después no sabemos explicársela a nuestros jugadores? Porque es precioso ese tema, ¿no? Las cargas en lo que a aspectos físicos se refiere, los tiempos de recuperación, las distancias, si se ajusta a la realidad del juego o no cada, pero…¿y los jugadores? ¿vienen con ganas de entrenar?¿qué hay de su grado de motivación?Un poquito más allá aún…¿cuál es su grado de predisposición a escucharme cada día?»
Todo esto me lo planteaba a modo de reflexión en mi cabeza, porque todavía no termino de entender la poca importancia que se le da a la comunicación cuando verdaderamente es nuestra herramienta más potente para conseguir la máxima eficacia en nuestros respectivos trabajos. Y cuando salen charlas o reuniones como la que tuve hace unos días, ves, observas, analizas, llegando a la pregunta de por qué no se le presta atención a esta herramienta, cuando en realidad si la comunicación falla, la sesión no sirve para nada absolutamente.
Estaréis diciendo: »Pablo, te estás pasando». Creo que no de verdad, y vamos a ir a poco a poco. Os habéis parado a analizar cómo llegan vuestros jugadores cada día, y cómo es su estado de ánimo ese día, los problemas que hayan podido tener (si es un niño ya hay problemas de bullying y/o acaso escolar; si es un adolescente el alcohol, las modas, las drogas; y con un adulto problemas de pareja, problemas de salud con sus padres y/o sus hijos/as), en definitiva, que todo el mundo tiene problemas, todo el mundo nunca está igual, y en función de eso debemos saber cómo hablarles, cómo activarles para modificar su grado de predisposición a entrenar cada día.
Porque honestamente, y estoy cada vez más seguro de esto, hay un componente de motivación relacionado con lo que le aporta el fútbol, el pertenecer a ese equipo en concreto, que es lo que le levanta de la cama y/o de la silla y hace que venga a entrenar, y es un componente que tiene mucho que ver con considerar el fútbol, el equipo, como lo más importante porque DISFRUTA jugándolo más que con cualquier otro deporte y/o afición, porque probablemente es su vía de escape, el contexto en el cual canaliza todas las emociones de todo un día entero, entonces…¿cómo no dar la importancia que tiene la calidad de la conversación que podemos entablar con ellos?
Foto realizada por Pedro Javier Martín Ruiz.
¿Cuáles pueden ser los factores determinantes para ser capaces de manejar esta herramienta, la conversación, con un alto grado de maestría? Voy con ellos:
-Contacto visual: Es vital que mires a los ojos a la persona a la que hablas, a quien estás dirigiendo la palabra porque en función de cómo le mires alcanzas un mayor grado de credibilidad o no, logras captar su atención o no, y de esa manera asegurarte que está ENTENDIENDO (que no oyendo o escuchando, sino comprendiendo el mensaje) lo que tú le estás diciendo.
-Claridad: Para que un mensaje sea claro la capacidad de análisis por tu parte debe ser muy alta y muy buena previamente, para saber QUÉ quieres decir, CÓMO transmites el mensaje, y PARA QUÉ lo comunicas, cuál es tu finalidad, evitando también que exista el menor ruido ambiente posible. De la misma manera que preparas un entrenamiento se prepara una conversación, y dentro de esa preparación también interviene tu capacidad de OBSERVACIÓN a tus jugadores en cada entrenamiento, en cada momento, para saber cuáles son su patrones de movimiento, comportamiento, y conducta.
-Capacidad de síntesis: Nunca se me olvidará esta frase de Marcos, »el exceso de información produce desinformación». Apostar por la cantidad de información normalmente no conduce a buen puerto, sin embargo la calidad de lo que dices es clave. Además debemos contemplar que el factor tiempo es clave, es decir, la capacidad de las personas para mantener focalizada su atención en un alto grado es breve por lo que es conveniente adaptarnos a este dato importante.
-El tono de la conversación: La capacidad para variar el tono de la conversación, en función de a qué le queremos dar especial importancia o algún aspecto sobre el cual ponemos especial énfasis, la utilización de manera maestra de las pausas, saber cuándo parar una conversación y de qué manera hacerlo. Incluso es vital,a veces, saber como dice Sir Alex Ferguson «que a veces un momento de silencio es más potente y tiene más efecto que cualquier cosa que puedas decir.»
Si queremos ser mejores entrenadores, o jefes de departamento, mejores líderes en definitiva que consigan sacar lo mejor de su gente, no estaría de más empezar a tener en cuenta una herramienta tan importante como es la conversación, porque nada utilizamos de manera tan asidua y con tantísima frecuencia como esta, además de ser tan importante como compleja de manera con maestría. Requiere por nuestra parte una altísima capacidad de adaptación al contexto, al momento, y a la persona, comportándonos como un auténtico camaleón.
De hecho le doy tanta importancia porque tuve durante cuatro años la suerte de aprender de Marcos Jiménez sobre todo lo que en este post se trata, observándole en entrenamientos, en partidos, y recuerdo que en su momento hablábamos sobre los vídeos motivaciones y que yo por aquél entonces le miraba incrédulo cuando me decía que no creía mucho en ellos porque era difícil encontrar uno que no hubiesen visto los jugadores, que les cautivase y que tuviese el efecto que él buscaba en ese momento.
Años más tarde, después de leer, seguir observando, mirando, y aprendiendo, llego a la conclusión de que tenía plena razón. Como bien dice Phil Jackson, y que lo recuerda constantemente en sus intervenciones Álvaro Merino, »nada motiva más que un proyecto sólido y atractivo» . Y ese proyecto no se sustenta principalmente de sesiones de trabajo, que estén bien medidas y cuantificadas en función del día de la semana que sea (por supuesto, también es importante pero no es lo ÚNICO); ese proyecto tiene su soporte en las personas que lo llevan a cabo, en la calidad de sus conversaciones para mantener a todos los jugadores con esa mecha viva de ilusión, motivación, porque querer venir a entrenar con la mejor predisposición posible.
Este es un ejemplo extraído del libro de Martí Perarnau, Pep Guardiola: La metamorfosis:
»Así que tras despedirse de Tuchel con un largo abrazo, Pep se dirige al centro del Signal Iduna Park y pide explicaciones a Medhi Bendita, que ha sustituido a Xabi Alonso en el último minuto: -Medhi, ¿le has dado las instrucciones a Kimmich?. -Sí Pep, se lo he dicho, pero había mucho ruido. Entonces le pregunta a Kimmich: -¿Has oído las instrucciones de Benatia? -No, Pep, no las he oído. -¡¡¡Joder, tenías que colocarte de mediocentro!!! -Lo siento, no le he escuchado. -Tenías que colocarte por delante de la defensa de cuatro y mantener la posición, pero te has ido de la zona y hemos perdido el control. Tienes que estar atento a cuando te dan una instrucción. -Lo siento, no me he enterado… En ese punto terminó la corrección. Pep abrazó a su jugador, al que adora como a un hijo. -Has jugado sensacional, Josh. Eres bueno, muy bueno. ¡¡¡Te dije que podías hacerlo, te lo dije!!!-Gracias, Pep, ha sido duro, pero ha salido bien. -No, bien no. Ha salido cojonudo. Eres la hostia, Josh, eres la hostia. Estoy muy orgulloso de ti.
»Nos jugamos la vida en las conversaciones que tenemos, y también en las que no.» (Álvaro González-Alorda)
«La calidad de tu liderazgo depende de la calidad de tus conversaciones.» (Álvaro González-Alorda)
«Lo que podemos decir en palabras tal vez sea más limitado que lo que podemos hacer con las cosas. Es posible que el trabajo artesanal (y el fútbol es un trabajo artesanal, no lo olvidemos) establezca un campo de destreza y de conocimiento que trasciende las capacidades verbales humanas para explicarlo; describir con precisión cómo hacer un nudo corredizo es una tarea que pone a prueba las capacidades del más profesional de los escritores.» (Richard Sennet)
«Crear pensamientos en otra mente: eso es comunicar. Nunca te ven; ven la imagen que de vos se forma en sus mentes.» (Santiago Sinelnicof)
«Un mendigo estuvo junto a una carretera durante más de treinta años. Un día, un desconocido pasó por allí. -¿Una limosna?- murmuró el mendigo, alargando mecánicamente su gorra de béisbol. -No tengo nada que darte-dijo el desconocido. A continuación preguntó: -¿Sobre qué estás sentado?-Nada-respondió el mendigo-. Solo es una vieja caja. He estado sentado en ella desde no sé cuándo. -Has mirado dentro alguna vez-preguntó el desconocido. -No-dijo el mendigo,¿para qué? No hay nada dentro. -Echa una mirada-insistió el desconocido. El mendigo consiguió abrir la tapa. Con infinita sorpresa, incredulidad y dicha vio que la caja estaba llena de oro.»
Pedimos o esperamos aquello que muchas veces está dentro de nosotr@s, pero que por algún motivo no hemos sido capaces de descubrirlo. Eso, asociado a la aceptación de dichos que se han convertido en típicos, comunes, de uso frecuente, como aquello de que si trabajas obtendrás recompensa, si quieres puedes, o que la vida te devuelve aquello que le das, hace que muchas veces nos podamos sentir frustrados, o vivir en la permanente queja porque esa recompensa no llega.
No es que me pase al lado pesimista de la vida sino más bien me he acostumbrado a ser realista, a vivir cada vez más en el presente sin mirar al pasado o intentar predecir lo que sucederá en el futuro. Todas estas reflexiones vienen gracias a una conversación que tuve con una muy buena persona que ha jugado como portero en diversos equipos, pudiendo disfrutar mucho del fútbol pero a la vez pasándolo realmente mal en varias ocasiones. Cuando escuchaba sus historias, sus experiencias, y empezaba a entrelazar con otras conversaciones, con el audio que había escuchado de mi buen amigo Álvaro de la semana pasada y que os adjunto en este post, me empezaron a llegar reflexiones que hoy comparto con vosotr@s.
La conversación que tuve con él el pasado viernes me reafirma en la idea de que lo más importante es vivir el día a día, no tener un pensamiento fijo ni rígido porque la realidad es que en esta vida te puede pasar de todo tanto bueno como malo. ¿Que si eres constante, trabajador, y sacrificado, hay más posibilidades de conseguir aquello que quieres? Por supuesto, nadie lo discute, pero también sería bueno que tuviésemos presente que puede pasar que no consigas nada. Nada como resultado final, y aquí es donde radica la importancia de fluir, de contemplar la vida como algo líquido, flexible, maleable, que puede variar su curso en el momento más inesperado.
Focalizar la atención en lo que hacemos en cada preciso instante, ser valientes y tomar decisiones, disfrutar de la transformación que sufre con el paso del tiempo no sólo el equipo sino también nosotros como entrenadores, como formadores, como personas, teniendo la predisposición para aprender de manera permanente de todo cuanto nos rodea, aceptar el desafío de perder el control de nuestra vida en el sentido de dejar que la propia vida nos sorprenda como bien me decía mi amigo Javier. Todo ello ayuda y mucho, más de lo que te puedas imaginar, a que seas feliz con la vida que vives.
Porque la realidad de todo esto es ,como bien dice Álvaro en el audio, que estamos a una llamada de que todo se vaya al garete. Es cierto, estarás pensando »Vaya Pablo, pero también puede sonar el teléfono para algo bueno.» Por supuesto, y nadie lo niega, pero contemplar lo negativo no es malo, solamente nos ayuda a valorar un poquito más lo que tenemos, lo que vivimos. Que no sea necesario pasar por una enfermedad, por un accidente, para ser realmente conscientes de todas las cosas buenas que nos pasan cada día, que son muchas pero igual no las ves. De la misma manera que me decía Amaro el viernes, estamos constantemente lanzando la moneda al aire, a cara o cruz. Y lo más importante, para mí, es que tener siempre presente que te puede salir cualquier cosa independientemente del trabajo que hayas hecho, de cuánto te hayas esforzado, por lo que disfruta de lo que haces, de tu vida, porque eso sí que es posible.
Una vez me dijo otro gran amigo, Jesús, una frase que trato de no olvidar nunca: ‘‘Tú, Pablo, eres capaz de ser feliz siempre, incluso en momentos como el de ahora en el cual quizás no tienes todo lo que merecerías, todo lo que a los demás nos gustaría que tuvieses.» Te deseo que tengas una muy buena semana, y si ves que no hay motivos suficientes, mira en la caja, quizás la vida te sorprenda también a ti…o no, pero disfruta del momento de averigüarlo. Un fuerte abrazo.
PD: Los vídeos, muy recomendables.
»Quienes no han encontrado su verdadera riqueza, que es la radiante alegría del Ser y la profunda e inconmovible paz que la acompaña, son mendigos, aunque posean grandes riquezas materiales. Están buscando fuera de sí mismos migajas de placer o satisfacción, de estima, seguridad o amor, cuando dentro tienen un tesoro que, además de incluir todas esas cosas, es mucho más grande que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecer.» (Eckhart Tolle)