«Cuando fui a la escuela, me preguntaron qué quería ser cuando fuera grande, escribí feliz. Me dijeron que yo no entendía la pregunta. Les dije que no entendían la vida.» (John Lenon)
Y probablemente esto es lo que a día de hoy sucede muchas veces, en muchas ocasiones, y probablemente este sea el motivo de que se genere tanto conflicto, tanta falta de respecto, tanto inconformismo, tantísima infelicidad. Nacemos, crecemos, a una velocidad a veces demasiado rápido, vertiginosa diría yo, tanto que sueles escuchar a la gente decir: «no me da la vida».
Pero es que la vida, querido lector, ni se da, ni te tiene que dar, ni te bajas de la vida ni te subes a la vida, porque la vida simplemente se vive, lo cual ya es mucho decir. Porque vivir es afrontar cada mañana de la mejor manera que puedas, con tus circunstancias, con tus inconvenientes, tus condiciones, tus puntos a favor y en contra, tus debilidades pero también con tus fortalezas (que las tienes, aunque a veces te hagan olvidar que no es así). En la vida se anda, se camina, se gatea, se va en bici, se corre, se va en coche, en tren, pero lo que está claro es que la vida es movimiento, y si no te mueves, te quedas parado. Eso sí, muévete con un objetivo firme, ponte una meta, un sueño, llámalo como quieras, pero tenlo presente.
Sucede a similar escala con la felicidad, o mejor dicho con lo que cada uno entiende por felicidad y ser feliz. Ahora bien, es triste que si tú escribes «síndrome de la falsa felicidad» en el google, todo lo relacionado sea con las redes sociales, esto como mínimo da para pensar y reflexionar un rato sobre ello. Vaya por delante que soy partícipe del uso de las tecnologías, de que debemos actualizarnos, porque nos ayuda en muchos casos a ser más eficientes. Pero soy un enamorado de las personas, de las historias de aquellos y aquellas a quienes la vida me brinda la oportunidad de escuchar, de quienes aprender y con quienes compartir momentos increíbles. No puedo, ni podré entender, esa escena entre amigos donde cada uno tiene su móvil y están todos grabando su historia para subirla al instagram. Lo siento, no me entra en mi cabecita, disculpad.
¿Por qué esa obsesión por alcanzar esa felicidad ideal? En relación con esta pregunta…¿existe la situación ideal?¿la felicidad ideal?¿el amor ideal?¿la vida ideal? Para mi, creo que no la hay, y siento sinceramente que uno es mucho más feliz sabiendo vivir primero, aceptando sus defectos, sabiendo convivir con ellos y aprendiendo para con el tiempo mejorarlos. No creo para nada en la perfección; creo en el respeto hacia todo y hacia todos, hacia la manera que tiene la persona que tengo delante de vivir, de vestir, de hablar, sin pararme a lanzar juicios de valor sin saber absolutamente nada de él o ella, y así sucesivamente con todo. El coche que consideres ideal no lo será porque quizás consuma mucho, la casa que tú crees que es la leche probablemente cuando te llegue la primera factura de la luz dejará de serlo, y así con todo querido lector; porque la realidad por mucho que se empeñen las redes sociales, es que lo ideal no existe. Lo único ideal en esta vida es el periódico granadino que lleva por nombre dicho adjetivo.
Todos los desengaños, las frustraciones, los lamentos, vienen en gran parte por buscar todo eso que consideramos como ideal, aquello que dábamos por hecho que teniéndolo seríamos felices, y sin embargo, llegado ese momento vemos que no es así. ¿Por qué se produce eso? Porque la felicidad, la verdadera no está en nada material, está en ti, dentro de ti. Todo parte de la premisa de aceptarse, quererse, cuidarse, porque no puedes querer, cuidar a nadie, si ni tan siquiera te quieres a ti mismo/a, esa es una realidad. No puedes respetar la opinión de otro, si no lo haces con la tuya propia. No aprenderás nunca a escuchar, si jamás escuchaste a la voz que sale de tu interior. Todo ello implica un acto poderoso de humildad, de conocerse y reconocerse, para a partir de ahí comenzar a saber qué es lo que quiero hacer con mi vida. Solo llegados a este punto estarás en condiciones de saber si te bajas de esta vida o te subes, o quieres ir en patinete; solamente en ese preciso instante sabrás que uno llega a ser feliz desde el momento en que sabe amarse con todo su corazón, amar a las personas que lo rodean, y amar la vida que tiene.
Les deseo una muy buena semana, y les animo a que comiencen a descubrir cuál es el siguiente paso que deben dar. Un fuerte abrazo
Este discurso, en los Premios Feroz, me encantó por todo lo que significa. Seamos auténticos, libres, y respetuosos.
«Gran parte de la toma de temperatura de un edificio se hace liderando caminando alrededor del mismo. No puedes tomar grandes decisiones sentado en tu oficina. Los líderes más efectivos son quienes se muestran visibles y móviles por todo el edificio, no solo en la oficina sino además en las aulas, en el campo de entrenamiento, en la cafetería. Lideras dejando huella en cada área del edificio. Cuando consigues interactuar con tu equipo de trabajo, con la organización, en todo el edificio al mismo tiempo consigues romper la separación física que ya de por sí existe mediante escaleras, muros, entre todas las áreas que componen el edificio.» (Mike Smith)
Anoche mientras estaba viendo la película El Becario, recordaba este párrafo del libro que estoy terminando de leer, You Win in the Locker Room First (Jon Gordon & Mike Smith), y encontraba ciertas similitudes en la figura de Ben, nuestro querido becario con lo que yo entiendo ejercer un liderazgo humano. De entrada, quiere ser becario en una empresa con 70 años, un hecho que lo dice todo sobre él. Una persona que se hace sentir cercana, que se gana a todos sus compañeros y compañeras por su simpatía, su capacidad de escucha, trabajo muy bien realizado y capacidad para transmitir tranquilidad cuando más falta hace.
Además el personaje de Ben me trasladaba a la clase que había tenido lugar en el Máster con mis alumnos de la especialidad de Educación Física. Podría decir «la clase que impartí», pero no estaría siendo objetivo. Fue un absoluto debate desde el inicio hasta el final, un debate organizado, intercalado con presentaciones de los alumnos en grupos de tres donde cada uno de ellos analizó al detalle cada curso con respecto al boletín, ese archivo que en el ministerio consideran tan importante donde aparecen los contenidos, los resultados de aprendizaje, pero que bien haría el propio ministerio en actualizar, porque hace falta, mucha falta.
Y precisamente, en esas presentaciones uno de los temas que salió a debatir fue la capacidad que debemos tener los docentes de despertar el asombro del alumno/a que tenemos delante cada día, llegando a la conclusión de que no podemos fallarles en ese sentido. El colegio puede ser un aburrimiento, un trauma, un drama, o por el contrario, podemos conseguir que sea una absoluta pasada cada día de su vida, haciéndoles funcionar a base de motivarles, asombrarles, sorprenderles, involucrándoles en su aprendizaje. Precisamente así es Ben, cuya edad dice ser de 70 pero tiene un espíritu, un alma joven, unos ojos que quieren seguir aprendiendo, que miran a la vida con humildad, valentía, y queriendo vivir la vida con emoción, a la vez que transmitir esa emoción a quienes les rodea con un elemento muy sencillo: siendo cercano, siendo humano.
Ben representa esa persona que haría falta en cualquier empresa, por su capacidad para sonreír aún estando hecho polvo por dentro. Por ser el pegamento que puede juntar las piezas rotas por una discusión que, creíamos, no tenía solución. Por ser la clase de persona que te genera tranquilidad cuando el grado de estrés puede ser insoportable, por ser capaz de saber cómo y darte ese empujón para que de una vez por todas, te animes a dar ese paso al frente. Todos deberíamos tener un Ben en nuestra vida, o mejor aún, todos podríamos representar un poco de ese Ben en cada día de nuestras vidas.
Una de las reflexiones que me llevé a casa el sábado fue aquella consistente en qué importante es dar la posibilidad de expresarse, de opinar sin ataduras, con respeto, con educación, pero hacer partícipes a las personas. Detesto ser yo el que da las chapas, y cada vez siento que me gusta más aprender de ellos también, de mis alumnos, escucharles, escuchar sus reflexiones, ver su trabajo realizado, sus experiencias de vida en circunstancias que a mí se me pueden presentar mañana, poder opinar sobre ello, intercambiando puntos de vista; todo ello hace que el tiempo vuele, y que el aprendizaje sea muy potente por parte de todos.
La última reflexión tiene que ver con un detalle, que se me presentó al presenciar cierto momento. Quizás yo soy muy nostálgico, romántico, por apreciar e incluso emocionarme al ver ciertas escenas, pero soy así, y además me gusta ser así. Llegué a la cafetería mientras charlaba con dos alumnos de la especialidad en la que soy profe, me fui a la barra a pedir un café, y cuando volví me senté con ellos en la mesa. Al principio no me di cuenta, hasta que realmente fui consciente de que estábamos todos los alumnos de la especialidad y yo sentados en la misma mesa charlando, conversando. Me emocionó porque les vi a gusto, cómodos, sin estar forzados, como un grupo…como un equipo.
Y la reflexión está relacionada con esto. Creo firmemente, tal y como dice Idriss Aberkane, que «en una sociedad cada vez más rica en lo que respecta a las interacciones humanas, esta máxima está de plena actualidad. Si se educara a cada ser humano en la noción de psicatriz, este comprendería por qué sus semejantes o él mismo se comportan a veces de un modo pueril y malintencionado. La fuente más abundante de psicatrices es el miedo al abandono, que se traduce en miedo a ser rechazado por el grupo. Cuando el cerebro debe escoger entre la primera opción (dejar de lado el grupo y abrazar la verdad) y la segunda (permanecer con el grupo y rechazar la verdad), la decisión, desafortunadamente, se toma a menudo y de forma inapelable en favor de la segunda.»
Es decir, si el ser humano es capaz de permanecer en un grupo, aún sabiendo que «ese mundo» es malsano conocido; ¿cuánto margen de duda habrá si se le ofrece la oportunidad de pertenecer a un grupo, a un contexto, el cual le puede aportar muchísimo y posee todos los requisitos imprescindibles para que se produzca un enriquecimiento personal y profesional? ¿Por qué no trasladar la dinámica de equipos, el liderazgo de equipos deportivos y de trabajo al aula? Muchas veces creo que mitificamos el liderazgo como algo inalcanzable, de la misma manera que cuando hablamos de valores. Honestamente creo que es mucho más sencillo que todo eso, y que ambos liderazgo y valores, no es una cuestión de cuánto hablemos de ellos sino más bien, de cómo los aplicamos en nuestro día a día, en nuestra persona, en nuestro comportamiento y con nuestros actos.
Cada vez, y con esto ya termino (espero no estar aburriendo al lector), estoy más convencido de que es imposible ser un gran profesional si no somos grandes personas, entendiendo por esto que las grandes personas verdaderamente entienden el comportamiento del ser humano, y todo lo que va implícito en el mismo. Nunca conseguiremos obtener el máximo rendimiento de nuestros trabajadores, de nuestros jugadores, de nuestros alumnos, si no hacemos un esfuerzo por llegar a su persona a la vez que intentamos generar un entorno de confianza que garantice su compromiso, primero con ellos mismos y en consecuencia con el grupo. Solo de esta manera se logra que el grupo, la empresa, el equipo, funcione y crezca, produciéndose de esta forma interacciones, exista empatía, sinergia, conexiones, que mejoran a todos cuantos participan en este proceso, y en consecuencia convierte al grupo, al equipo de trabajo, en un grupo con una alta productividad, eficaz, y cohesionado.
Normalmente añado citas de autores; esta vez va a ser distinto porque una frase la escuché anoche en la película, y la otra es el estado de WhatsApp de un amigo al que quiero muchísimo, quien seguramente se reconocerá cuando la lea (te debo los derechos de autor):
«Nunca te equivocarás al hacer lo correcto.» (Película El Becario)
«Lo que está mal, está mal aunque lo haga todo el mundo. Lo que está bien, está bien aunque no lo haga nadie.» (Un muy buen amigo)
«Mi filosofía no es motivar a los jugadores con los discursos, sino motivarlos con un buen proyecto. Así es como aprenden a ser a ser competitivos, pues la competitividad no es algo que pueda enseñarse.» (Phil Jackson)
Hace pocos días que ha echado andar el nuevo año 2018, y acorde a estas fechas es normal, cotidiano, común, ver cómo sobre todo en las redes sociales las personas se marcan nuevos retos, nuevos objetivos, con el fin de dar un giro radical a su vida. La primera pregunta que me planteo es, ¿por qué esperar a esta fecha para marcarnos objetivos? Una vez más, creo que las modas, la fuerza de las tendencias, ejerce demasiada influencia en las personas. O mejor dicho, la personalidad del ser humano cada vez es más endeble, más frágil, hasta el punto de ser una esclava sometida a la tendencia, al «trending topic». De la misma manera que la veleta se mueve, en función de hacia dónde sople el viento, pero esa reflexión la dejo para otro momento.
No veo mal que nos pongamos retos nuevos, propósitos, objetivos, que nos marquemos ciertas metas, de hecho lo veo fenomenal. Ahora bien, para que uno se ponga retos creo que primero debe conocerse y reconocerse. Es necesario hacer un ejercicio de honestidad, de saber realmente quiénes somos, en qué puntos nos encontramos, y en qué dirección nos movemos, o diciéndolo de una manera diferente, podemos realizarnos la siguiente pregunta: ¿estoy haciendo todo lo posible para conseguir lo que quiero? ¿persigo «x» objetivo porque realmente me hace feliz, o porque está de moda? ¿soy feliz ahora mismo, con todo lo que tengo?
Enlazando con lo que dice Phil Jackson en el comienzo del post, creo que es mucho más efectivo el diseño de un proyecto factible y que nos ilusione, en vez de marcarnos objetivos que pueden ser preciosos, pero quizás sean poco realistas, poco alcanzables, y que hasta ni realmente nos ilusionen de verdad. ¿Por qué son importantes estos factores? Porque cuando uno se marca objetivos debe ser consciente de que requiere ser constante, con una alta capacidad de esfuerzo, aceptación de errores y/o equivocaciones durante el camino, y tener claro que la felicidad no está en el final, en la consecución del objetivo, sino que quizás conviene más ser feliz mientras nos encaminamos hacia dicha meta.
A fin de cuentas, hay que ser humildes, honestos, en el sentido de reconocer que puede que ponga todo lo que está en mi mano, y no conseguir los objetivos que me marco. Porque siempre habrá variables, factores, que serán incontrolables, que no estén en mi mano. Por esa misma razón, lo verdaderamente importante es diseñar un proyecto lo suficientemente potente como para que me mantenga con el listón de motivación, ilusión, alegría, y felicidad lo más arriba posible cada día de mi vida. Es decir, que ese proyecto sea para ti el mejor despertador posible, que te levantes de la cama y contemples cada día como una oportunidad única para seguir mejorando en aquello que quieres conseguir.
Conseguir objetivos, metas, resultados, es realmente precioso por el momento, por poder disfrutar de ese ansiado «final feliz» como si una película de Hollywood se tratase, pero efectivamente eso mejor lo dejamos para el cine. La vida es otra historia, y aquí el final puede ser feliz o triste, por eso lo más real, lo más honesto, lo más verdadero, es saber diseñar un proyecto que te ilusione, configurar el camino que te lleve a esa meta, pero siempre recordando que la meta que un día te marcaste siempre debe ser el comienzo de un nuevo camino por recorrer.
Puede parecer una incongruencia pero no lo es, de hecho quien diga lo contrario creo que mentiría. Bajo mi punto de vista, es esencial, imprescindible, para vivir con fuerza, con ilusión, con alegría y una sonrisa en la cara, que nos marquemos constantemente metas, sueños, objetivos; pero por favor que nuestra ilusión, nuestra alegría de vivir, la sonrisa con la que hacemos brillar a otras personas, no dependa nunca de la consecución de dichos objetivos, sino más bien de saberte ganador, un auténtico «winner» por haberte atrevido, por ser valiente, por conocerte y reconocerte. Porque cuando uno se marca objetivos ambiciosos, pero alcanzables, al mismo tiempo está reconociendo que siempre, siempre, siempre, se puede mejorar, y que la mejor obra es la que está por hacer. Ese es el valor de la vida, y yo solo puedo desear que seas feliz, que te conozcas y te reconozcas, para que camines hacia tu mejor versión, esa que saca lo mejor de ti, con la que eres verdaderamente feliz.
Te mando un fuerte abrazo, y deseo que tengas una muy buena semana siendo valiente.
«En el baloncesto, como en la vida, la verdadera felicidad viene de estar presente en cada momento y no solo cuando las cosas van como quieres»(Phil Jackson)
«La victoria es dulce, pero no hace que la vida vaya a ser más fácil la próxima temporada o incluso al día siguiente.»(Phil Jackson)
«Después de todo, no estamos tan viejos como para dejar de soñar. Ni tan jóvenes como para besar a cualquier sapo. Estamos en esa edad donde uno sabe lo que quiere, lo que no quiere y con quién quiere complicarse la vida.» (Mind of Brando)
«Las cosas suceden porque crees en ellas, y creer en las cosas hace que sucedan.» (Frank Lloyd Wright)
«Nada debilita más al artista, al general, al hombre de poder, que la incesante consecución de su voluntad y su deseo: solo en el fracaso el artista conoce su verdadera relación con la obra, solo en la derrota el general advierte errores, solo en la caída en desgracia alcanza el hombre de Estado la verdadera visión de conjunto de la política. La continua riqueza ablanda, el continuo aplauso vuelve obtuso; solo la interrupción da nueva tensión y elasticidad creadora al giro en vacío. Solo la desdicha da profundidad y amplitud a la mirada que otea la realidad del mundo.» (Stefan Zweig)
(Uno de los mejores equipos, de los mejores grupos humanos, que tanto me dieron y tanto me enseñaron. Un año precioso)
«Los animales nos dan lecciones en lo que atañe a la exploración y la liberación de nuestro potencial. Proceden por ensayo y error, y consiguen realizar movimientos, tanto físicos como intelectuales, que jamás hubiéramos imaginado. Algunas serpientes, como la Chrysopelea ornata, que vive en Vietnam, ¡pueden saltar de árbol en árbol y volar una distancia que puede alcanzar los cien metros! Otras, como la mamba negra, pueden moverse a más de 30 kilómetros por hora apoyándose en hierbas altas, y la mayoría puede nadar tanto por encima como por debajo del agua. Las serpientes han encontrado todas esas posturas y todos esos estados posibles de su kinesfera por ensayo y error, algo muy característico de la naturaleza, completamente distinto de la economía humana, y que explica su durabilidad: sin miedo al futuro, sin arrepentirse del pasado.» (Idriss Aberkane)
Es sorprendente cómo los seres humanos manejamos la incertidumbre, y cuán diferente es el comportamiento de los animales en esos mismos entornos de duda, de estado dubitativo, cuando no sabes qué es lo que va a suceder no sólo mañana, sino mismamente en las próximas horas. La pregunta que deberíamos hacernos es: ¿qué es lo que me genera incertidumbre y por qué? ¿Queremos tenerlo todo controlado para tener mayor tranquilidad? ¿O quizás nos puede entrar ese complejo de inferioridad, si al tomar la decisión resulta que es equivocada?¿Tenemos miedo a cometer errores?
He reflexionado un poco estos días a raíz de escuchar, leer, y pensar al respecto porque me parece un tema apasionante. La primera conclusión que saco es que dudamos cuando algo no nos apasiona, cuando no sentimos el amor suficiente para dedicarnos a ello de manera plena. Puede pasar que una tarea que pensábamos que podría ser nuestro entorno, nuestro elemento, luego resulta que no es para tanto, que quizás mis expectativas eran demasiado altas. Y esto me lleva a la segunda cuestión: Si dudamos de una tarea que en teoría nos apasionaba, es que realmente no nos conocemos y estamos demasiado cerrados o con poca predisposición a que la vida nos sorprenda.
Creo que se nos pasan demasiados detalles por alto, demasiados momentos desapercibidos porque el miedo a probar, o la falsa convicción de intentarlo en otras ocasiones, nos impide ser nosotros mismos. Con esto no digo que no haya que pensar antes de tomar decisiones, más bien es una invitación a ser valientes tomando el papel de protagonista que nos corresponde, no mirar tanto si se acertará o no sino más bien disfrutar con el proceso de aprendizaje-vida en el que nos hayamos inmersos. Porque vivir es probar, es intentar, es interaccionar, es conocer, aprender, en definitiva, vivir es sentirte vivo.
Hay tres frases del comunicador Phil Waknell, que al leerlas me encantaron: 1- ¡Vaya, no lo sabía! 2- Me alegro de saberlo. 3- Tengo ganas de saber más. Cuando dejas de tratarte como un crack, o de comerte la cabeza preguntándote por esto que pasó o lo que sucederá mañana,.., cuando dejas todo eso a un lado y te pones a vivir, te dices: !Me voy a comer cada día de mi vida¡ Al final uno se da cuenta de cuánto puede llegar a cambiar la película, y realmente es el momento en el que empiezas a disfrutar de todo. Lo dijo en su momento José Luis Sampedro: Jamás podrán quitarme la capacidad de decidir, en mi hambre mando yo.
Y hablando de ese hambre, pero en otro contexto, como bien diría Idriss Aberkane, hay que dejarse llevar por el hambre y no avergonzarse por ello. Nunca tengas vergüenza de maravillarte, y no te creas jamás que un profesional es aquel que no se maravilla. Nos han obligado a ir perdiendo esa capacidad de asombro que teníamos de niños, de la misma manera que cuando éramos pequeños no teníamos vergüenza, timidez, por probar y errar, intentar y equivocarnos, daba igual porque volvíamos a intentarlo hasta que aprendíamos. Hemos perdido la valentía, la originalidad, la iniciativa, del niño que fuimos, cuando en realidad el mundo que hoy conocemos demanda personas abiertas, comunicadoras, valientes, con iniciativas, apasionadas, con ganas de vivir.
De la misma manera que el león puede perder su presa si duda un solo instante, a nosotros nos puede suceder la paradoja de que pasan oportunidades por delante de nuestras narices, mientras pensamos y pensamos sin saber que hacer cuando a veces es tan simple como vivir la vida en vez de pensarla. Las decisiones tomadas en el pasado, las experiencias vividas, han conformado poco a poco la persona que a día de hoy somos, pero desconocemos cuál será nuestra versión mejorada dentro de un mes o un año, porque nos sabemos a qué nos enfrentaremos. Por tanto, la incertidumbre está implícita al hecho de vivir, pero lo que podemos configurar es nuestra actitud ante ese futuro incierto que se nos presenta ante nosotros. Recuerda: sin miedo al futuro, sin arrepentirte del pasado.
Les mando un fuerte abrazo, y les deseo un Feliz 2018. Los vídeos están en inglés, sé que puede ser un obstáculo pero pueden poner subtítulos. Creedme, merece la pena verlos para emocionarse un poco, porque es el fiel reflejo de cuándo se ha logrado construir un equipo de verdad.
«Me intriga cada vez más una pregunta: ¿Dónde está el conocimiento, fuera o dentro de nuestra cabeza? Cada uno de nosotros asimilamos parte de los conocimientos que hay fuera. Los significados están en nuestras cabezas, pero tienen su origen en la cultura.» (Jerome Bruner)
«Vivimos siempre dentro de un bucle prodigioso en el que lo que hacemos configura la cultura que nos queda que, a su vez, nos configura a nosotros.» (Idriss Aberkane)
«Si tu meta es ser duro, debes cuidarla siendo blando. Si tu meta es ser fuerte, debes mantenerla siendo débil. Lo que comienza blando y acumula debe llegar a ser duro. Lo que comienza débil y acumula debe llegar y ser fuerte. Míralos acumular, y sabrás de dónde vienen las bendiciones y los desastres. Los fuertes conquistan a aquellos más débiles que ellos, y cuando encuentran a un igual no tienen ventajas. Los débiles conquistan a aquellos más fuertes que ellos, su fuerza es inconmensurable.» (Libro de Liezi)
Hace años cuando era pequeño, me preguntaba por qué tenía que aguantar el hecho de no poder escuchar como todas las personas que estaban a mi alrededor, por qué tenía que tener esos problemas de audición que me impedían escuchar en clase, comprender bien las conversaciones. No lograba entender que me tuviera que pasar por eso.
Pues bien, hoy era inevitable que me acordase de todo eso, que me emocionase acordándome de momentos que uno vive, que uno pasa, y de los que se sale adelante a base de no perder nunca la ilusión por ser feliz, a pesar de las dificultades. Justo esta mañana acudía a las pruebas de audición, para controlar cómo estaban los niveles de audición, y ya de paso hablar para saber cómo se iba a efectuar el plan Renove del aparato que a día de hoy llevo puesto.
Cual ha sido mi sorpresa cuando me han dicho que el nuevo, más actualizado, con más ganancia auditiva, con un sonido mucho más nítido, claro, estaba disponible para poder tenerlo, y que además podía ya llevarme a casa la versión de prueba. Efectivamente, al ponérmelo he podido comprobar cuánto ha mejorado con respecto al anterior pero lo que me ha llegado a emocionar ha sido cuando me han dicho que, mediante el teléfono, se puede conectar vía bluetooth al aparato.
Después de configurar todo, ha sido darle al Play…y era imposible no emocionarse. Percibir cómo llegaba la melodía, los diferentes sonidos, con una claridad que hasta ahora jamás había percibido a mi oído, la claridad con la que distinguía la letra, absolutamente todo, es algo que superaba cualquier sueño que hubiera tenido hace años de pequeño. Si había una imagen que representase mi felicidad plena, era esa misma en ese preciso instante.
Necesitamos muy poco a veces para ser felices, y quizás no se llega a valorar realmente todo lo bueno que se tiene alrededor cada día. La felicidad para cada uno es completamente diferente, subjetiva, y relativa, porque cada uno tenemos nuestras propias vivencias, experiencias, que nos ha ido dando la vida conforme fuimos creciendo, madurando, aprendiendo, en definitiva, viviendo. Existen tantas maneras de vivir como personas existen, tantas maneras de ser feliz como personas nos rodean, no existe la verdad absoluta sobre nada. Lo realmente importante, es que tú tengas claro qué es lo que te hace feliz cada dia. Todo lo demás, está de más.
Probablemente por esa percepción mía de que hace falta muy poco para ser feliz, atiendo o me gusta atender a pequeños detalles que me salen del corazón. Momentos que uno elige para regalar instantes a otra persona, no con el fin de esperar una validación a cambio, sino más bien tiene que ver con una manera auténtica, sincera, honesta, de querer ver sonreír por un momento a alguien a quien quieres. Hacer sentir a esa persona que estás ahí, que te importa. Hay quien busca motivos, razones, a ciertos actos cuando en realidad es tan sencillo como entender que son acciones que salen directamente del corazón, y hay razones que el corazón no entiende.
Con el paso del tiempo uno se da cuenta de lo simple (que no sencilla) que es la vida, que a veces somos nosotros quienes la complicamos en exceso sin motivo aparente. Cada uno contempla la vida en función de cómo la ha vivido hasta ese momento, tratando de asimilar, comprender, todo cuanto sucede a su alrededor porque en esas idas y venidas, en esos obstáculos, pruebas, en esos te caes y te levantas, te caes y te vuelves a levantar, es donde uno realmente aprende a vivir, y sobre todo, a comprender qué necesita para ser feliz. Soñar demasiado probablemente sea de ilusos, pero los sueños, los objetivos, las metas, son las razones que me mueven a levantarme cada mañana con ganas de vivir el día al máximo, disfrutarlo, para que cuando termine la obra acabe como ese actor extenuado, sin aliento (como diría David), pero teniendo la plena tranquilidad de que cada día de su vida dio lo mejor de si mismo, porque eso es lo que le hace feliz. O por lo menos, a mí.
Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y felices fiestas. Deseo que disfruten de estos días todo cuanto puedan, y la mejor salud posible para todos vosotros.
«When your heart opens, the world around you changes.» (Master Mingtong Gu)
«Si nada dentro de ti permanece rígido, las cosas externas se revelarán por sí mismas. Al moverte sé como el agua, estando quieto, sé como un espejo, responde como un eco.» (Libro de Liezi)
«Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía, sino justicia» (Miguel de Cervantes)
«Me doy cuenta de que si fuera estable, prudente y estático, viviría en la muerte. Por consiguiente, acepto la confusión, la incertidumbre, el miedo y los altibajos emocionales, porque ése es el precio que estoy dispuesto a pagar por una vida fluida, perpleja y excitante.» (Carl Rogers)
«En los exámenes de la vida real, alguien te da una respuesta y te toca encontrar la mejor pregunta.» (Nassim Nicholas Taleb)
«La vida puntuada es a la vida real lo que el caballo de madera al caballo de verdad. Es posible haber suspendido un montón de exámenes a lomos de un caballo de madera y luego destacar montando a caballo, dejando atrás a los primeros de la clase.» (Idriss Aberkane)
Tendemos a pensar que los prodigios, los number one, los «tope gamma», son aquellas personas quienes superaron con creces sus notas académicas, ya fuera en el colegio, en el instituto, en la universidad, o posteriormente en su lugar de trabajo. De hecho, es ya en el propio trabajo donde se puede llegar a ver que hay quien valora su trabajo exitoso o no, en función de sus registros, de sus números de venta, de las calificaciones que obtengan sus alumnos/as; siempre ciñéndose a una «vida puntuada».
El libro que me encuentro estudiando en estos días, y que está siendo tremendamente revelador, me plantea dudas a cada página que leo por corroborar cuánto mal podemos llegar a estar planteando en todos los contextos, por la necesidad que estamos induciendo en el ser humano de que él o ella se sienta validado. El ser humano se ha malacostumbrado a tener que sentirse validado, para de esa manera sentirse realizado, sin saber encontrar en él qué es lo que verdaderamente le debería hacer sentir realmente esa realización, una realización que a su vez tiene mucho que ver con la finalidad, el «para qué.»
Me fascina lo equivocada que puede llegar a estar la sociedad pensando que los prodigios son esas personas que siempre destacaron, que consiguieron notas o registros excelentes, y nada más lejos de la realidad. En la revisión del libro uno encuentra personas como Bill Gates:» Suspendía todos los exámenes. Tengo un amigo que, en cambio, aprobaba todos los exámenes de Harvard. Él es ingeniero en Microsoft. Yo soy el fundador de Microsoft.» En el propio texto encontramos una frase preciosa de Francis Burton, que dice así: «La vida es una gran lección que desprecias, saber que todo lo que sabemos no es nada.» Hay que añadir que Burton vivió en el siglo XIX, dominó veintinueve lenguas y dialectos, apartándose con firme intención de los caminos de la excelencia. Abandonó la Universidad de Oxford.
Es sorprendente ver cómo la personalidad de los prodigios, de quienes han destacado, ya sean Burton, Bill Gates, Grigori Perelman, Nikola Tesla, Paul Cohen,…fue la causa de que pronto se desvincularan de todo lo académico, de todo aquello que en definitiva suponía un encarcelamiento para su propia personalidad. La misma personalidad, que más tarde, les convertiría en referencia para todos nosotros. Sorprende, ¿verdad? Hay dos aspectos que resaltan en sus personalidades: Práctica apasionada y tendencia a no quedarse en el sitio.
La realidad es que, tal y como está diseñado todo, la escuela, la sociedad, la vida te invita a que hay que adaptarse al molde cuando en realidad, es el molde el que debería adaptarse a cada uno de nosotros. Hemos añadido tantísimos elementos modernos a nuestra sociedad, porque no somos capaces de manejarnos en la esencia, en el cara a cara, no sabemos atender ni a nuestro corazón ni a nuestra intuición, y eso sí es un problema. Porque constantemente tratamos, y trataremos con personas, por ello es estrictamente necesario valorar la manera para reconducir la educación que estamos dando desde la temprana edad. No es tan importante saber diseñar expertos profesionales, como sí saber tallar diamantes en forma de grandísimas personas.
Si hacemos un símil con la frase anterior que atiende a la comparativa entre el caballo de madera y el caballo de verdad, ¿cuál es mucho más fácil de enseñar a montar? El caballo de madera, sin duda, con ese suave balanceo, dócil, sereno, tranquilo. En cambio, el caballo de verdad exige dominio, conocimiento, pero sobre todo, conexión con el caballo. Una conexión que va más allá de lo meramente académico, de los conocimientos, y que tiene mucho más que ver con corazón, sentimiento, intuición, empatía. Y ahora que se acerca la navidad, quisiera aprovechar para hablar de empatía, corazón, y sentimientos.
Tratemos de que todos los días sean días de navidad, y no esperemos a las fechas que se acercan para decir te quiero, para decirle a un amigo que te alegras de disfrutar de esa tarde con él, valorar la vida de una manera verdadera, sencilla, sin adornos, porque todo adorno tapa la esencia, y es la esencia la que nos mueve a querer. La sociedad es tremendamente ficticia, tapa todo lo que tenga que ver con la esencia para tratar de inducirnos, embobarnos, con un estado de felicidad que es totalmente ficticio, y que nada tiene que ver con la vida real. Por mucho que se empeñe la sociedad, la felicidad no es vivir en un sitio concreto, viajar en verano a un determinado país, pasar las navidades de una manera concreta, viajar con un coche concreto, o trabajar en una determinada empresa.
La felicidad tiene que ver contigo, con lo que a ti te apasiona, con lo que a ti te hace disfrutar. ¿Te has preguntado qué es lo que te hace feliz? Pues va siendo hora, porque sino siempre serás un completo feliz ficticio. Recuerda lo que hablábamos antes, los prodigios, esos que consideramos ídolos en muchos casos, cumplen una máxima de manera absoluta: Trabajan por amor, aman lo que hacen cada día en cada momento. Dicho de otra manera, cualquier prodigio que conozcas disfruta con la vida diaria que lleva, sin importar si cumple o no con los cánones que dictamina la sociedad en cada momento.
Termino compartiendo contigo varias frases, para invitarte a una reflexión más profunda:
«No estamos aquí para adaptarnos a una huella, sino para dejar la nuestra.» (Idriss Aberkane)
«Y la gran proclama de la modernidad era que, en cierto modo, el progreso iba a liberar al ser humano. Pero, al observar el itinerario de un ser humano en la modernidad, encuentro una serie de encarcelamientos, con o sin razón. Desde el parvulario hasta la universidad, estamos encerrados, y a esto se le da el nombre de aulas; luego, todo el mundo trabaja encerrado en una oficina, sea grande o pequeña. Incluso para divertirse, la gente se encierra en una discoteca, segura entre sus paredes…Y, por fin, la última cárcel, en la que se aglomera a los viejos, esperando a meterlos en una última caja, que les dejo adivinar cuál es. Por eso me hago esta pregunta: ¿hay vida antes de la muerte?» (Pierre Rabhi)
«Si limitamos nuestra vida a la vida puntuada, no tendremos vida, habremos vendido un caballo real para comprar un caballo de madera.» (Idriss Aberkane)
«Si te quedas en tu sitio toda la vida, no has vivido realmente.» (Idriss Aberkane)
Deseo que tengas una muy buena semana, y te invito a que des respuesta a una pregunta: ¿Eres feliz? Un fuerte abrazo.
«La escuela es un restaurante de sabores, es un liceo que debería insuflarnos la alegría de vivir que nos produce el alimento y no solo el alimentarnos para vivir. Nunca debería sufrirse en la escuela, lo cual no quiere decir que las cosas vayan a lograrse sin esfuerzo, sino que el esfuerzo apasionado no es sufrimiento.»
Este fragmento está extraído de un texto más amplio, que me envió una grandísima persona, y el cual me parece fascinante. Hoy se celebró la Fiesta de San José de Calasanz en nuestra Universidad Francisco de Vitoria, con motivo de la celebración también de la Jornada del Maestro, y hay varias reflexiones que quería compartir con ustedes.
¿Somos conscientes de nuestra responsabilidad como docentes, como formadores? ¿Somos capaces de sorprender a nuestros alumnos? ¿Insuflamos esas ganas locas de vivir, de dar lo mejor de mi mismo? Voy más allá…¿eso se enseña sólo ejerciendo como docente en el aula, o tiene más que ver con una manera de ser? Cada vez que escucho a un gran ponente, como ha sido el caso hoy con Xosé Manuel Domínguez, me reafirmo más en la idea de la importancia de la persona, en sus cualidades como ser humano para ser más explícito.
Es cierto que un profesor debe saber, conocer a la perfección, cuál es el contenido que está impartiendo, eso está clarísimo. Ahora bien, ¿comunicamos ese contenido de la manera correcta?¿sé adaptarme a los alumnos y alumnas que tengo delante de mí? ¿Me paro unos minutos cuando entro en clase, y percibo cómo están mis alumnos y alumnas? Al fin de cuentas, la información, los contenidos, está todo en el medio o dispositivo que queramos, bien sea tablet, móvil, ordenador, portátil, está todo ahí para quién lo quiera. Por tanto, ¿cuál es la diferencia determinante? Dos factores: Para qué estás ahí, y cómo cuentas lo que tienes que decir.
Puedes llegar, decir toda la lección de memoria, e irte. O bien, puedes chocar la mano con un alumno, preguntarle a la alumna que te contó que se iba a una competición de natación cómo le fue dicha competición, hablar sobre la última película con ese alumno que sabes que es un enamorado del cine. ¿Sabes cómo se llama eso? Empatía, conexión emocional, y eso es más potente que saberte una lección de memoria. Miren, les voy a contar un ejemplo muy sencillo.
Hace unos fines de semana tuve la oportunidad de estrenarme como profesor, y honestamente, ¿saben cómo me sentí? Como cuando era pequeño, llegaba el fin de semana, y teníamos el partido en el equipo con tus amigos. La misma sensación que sigo teniendo cuando voy a entrenar cada día con mi equipo. El mismo hormigueo en el estómago que cuando, en alguna ocasión, he tenido la oportunidad de impartir una conferencia o ponencia ante personas que querían escuchar mi historia, mi manera de entender la vida y compartirla con ellos/as.
Y la verdad, ese fin de semana, me regaló una sorpresa en forma de alumno. Les pedí a todos mis alumnos que se presentasen, pero no puse condiciones, no puse límites, no establecí barreras. Les dije: » Quiero que os presentéis, pero no os voy a decir cómo. Porque me gustaría que fuera una presentación honesta, sincera, desde el corazón, con emoción.» Lo que vi, lo que sentí, fue brutal, en forma de verdades, de historias, de lo que les ha llevado a cada uno de ellos y ellas a estar en este master, en ese aula conmigo. Pero hubo un chico, que se levantó, comenzó a chocar las manos de todos, conforme iba presentándose, contándonos en qué punto de su vida se encontraba, y cuánta emoción le generaba hablar de valores, porque sentía que además era y es muy necesario.
Y a mí, eso mismo, me emocionó. Mi primera reflexión fue: Qué bonito es ver la reacción de las personas, cuando les das la libertad para expresarse, para que digan lo que de verdad sienten. La segunda reflexión fue: Mi deber moral, como ser humano, es tratar de acercarme a él, y al menos hacerle saber que estoy a su disposición para cuanto pueda ayudarle. Implicación, comprensión, entendimiento, saber y entender la manera de acercarme ya no sólo a él, sino al resto. Que sepan que tienen un soporte, una ayuda, para lo que necesiten. Por ese motivo, hace poco le escribí un mail, le mandé uno de los últimos posts que había escrito y estaba relacionado con su tema, deseando que le pudiera resultar de gran ayuda, que sepa que siempre hay una solución, una luz cuando la oscuridad se presenta.
Jamás me enseñaron a entrenar un equipo de fútbol, ni a dar clase, ni a hablar en público. No sé si lo hago mal, muy mal, bien, o muy bien, pero si hay algo que tengo claro es, como decía Xosé Manuel, para qué lo hago. Siento ese hormigueo en cada entrenamiento, en cada clase, en cada ponencia, porque me emociona conectar con las personas, siento que es el reto más bonito que uno puede afrontar como formador. Ayudar a arrojar luz, claridad, para que mediante la curiosidad, el reto, la valentía, las personas a quienes llego sepan y crean que tienen unas capacidades brutales, un talento desmesurado, un don que puesto al servicio puede ser una ayuda increíble para la sociedad. Me emociona trabajar con personas, por eso siento ese hormigueo, porque entiendo el para qué estoy aquí.
¿Por qué llego a esta reflexión? Porque de nosotros depende nuestro para qué. De nosotros, y sólo de nosotros, depende la trascendencia que queremos dar a lo que hacemos en nuestro día a día. No me refiero a algo extraordinario, sino más bien a atender de manera extraordinaria a los detalles ordinarios de nuestro día a día. Démonos cuenta del impacto que tenemos como formadores, como docentes, en todas esas personas que día tras día nos escuchan, nos atienden, quizás buscando una luz, una motivación, una ilusión, que nosotros podemos comunicar y transmitir si sentimos honestamente para qué estamos aquí.
Les mando un abrazo muy grande, y que tengan una muy buena semana.
«Somos incapaces de evaluar realmente la calidad de las cosas, así que nos condicionamos para no ver más que cantidades o notas, incluso cuando son falsas o están fuera de lugar.» (René Guénon).
«El que sabe no juzga, el que juzga no sabe. En una sociedad cada vez más rica en lo que respecta a las interacciones humanas, esta máxima está de plena actualidad. Si se educara a cada ser humano en la noción de psicatriz, este comprendería por qué sus semejantes o él mismo se comportan a veces de un modo pueril y malintencionado. La fuente más abundante de psicatrices es el miedo al abandono, que se traduce en miedo a ser rechazado por el grupo. Con el cerebro debe escoger entre la primera opción (dejar de lado el grupo y abrazar la verdad) y la segunda (permanecer con el grupo y rechazar la verdad), la decisión, desafortunadamente, se toma a menudo y de forma inapelable en favor de la segunda.» (Idriss Aberkane)
Les adjunto los vídeos de quien, creo, es el mejor formador que existe ahora mismo en fútbol. Una persona con unos principios, unos valores, «un gran ejemplo humano, de qué manera puede sostener él esos valores y no negociar con ellos». Gracias Marcelo, por enseñarnos tanto. Ojalá, algún día, pueda conocerte en persona.
«El bufete de Black Rock es el de Wachtell, Lipton, Rosen y Katz. El primer socio de la firma fue Herbert Wachtell. Nació en 1931. Se crió en los alojamientos que el Sindicato Unificado de Obreros Textiles tenía en las afueras del parque Van Cortland del Bronx. Sus padres eran inmigrantes judíos de Ucrania. Su padre estaba en el negocio de la ropa interior femenina con sus hermanos, en el sexto piso de lo que hoy es un elegante loft en la esquina de Broadway con la calle Spring, en el Soho. Fue a un instituto público de la ciudad de Nueva York en los años cuarenta, después al City College en Manhattan alto, y luego a la facultad de Derecho de la Universidad de Nueva York. […] Supongamos que nos hubiéramos encontrado con cualquiera de estos cuatro eminentes letrados cuando acababan de salir de la facultad de Derecho. Está sentado en la elegante sala de espera de Mudge Rose, al lado de un tipo nórdico con ojos azules y un entorno social <>. Todos habríamos apostado por el tipo nórdico. Y nos habríamos equivocado, porque los Katz y los Rosen y los Lipton y los Wachtell y los Flom tenían algo que el tipo nórdico no tenía: su mundo-su cultura, su generación y su historia familiar-les ofrecía la mayor de las oportunidades.» (Malcolm Gladwell)
Comparto este fragmento del libro Outliers (fueras de serie), cuyo autor es Malcom Gladwell, donde se explica por qué unas personas tienen éxito y otras no. Me parece muy interesante la importancia que se le otorga al talento, al don, pero de igual manera me parece fascinante la importancia, el protagonismo, que cobran en este libro una serie de circunstancias que me plantean una serie de reflexiones.
La fórmula que plasmo arriba (elaborada por mí) como título significa, para mí, que el estado de Flow es el resultado de la multiplicación entre Esfuerzo y Talento. ¿Por qué pongo el signo de multiplicación? Porque entiendo el talento como el acto de invertir bien la inteligencia, como diría nuestro grandísimo pensador y escritor, José Antonio Marina. El talento lleva una parte implícita, en nosotros, que es lo que nos hace diferentes, y que tardamos más o menos tiempo en descubrirlo, en función de la calidad de las personas que nos rodean. Ahora bien, una vez que lo descubrimos debemos desarrollarlo y para ello es necesario precisamente los tres componentes que aparecen arriba: cultura, generación, e historia familiar.
Estos tres componentes generan a su vez un contexto en el cual nos desarrollamos, crecemos, adquirimos lecciones de vida, relaciones interpersonales, experiencias, aprendizajes, que están determinados sin duda alguna por nuestra actitud. Se viene diciendo, desde hace mucho tiempo, que todo es una cuestión de esfuerzo, de trabajo, de ser constante, de perseverar, y no lo dudo, no pongo eso en cuestión. Pero tan importante es la dosis de esfuerzo, como la dirección y el sentido que le damos a esa grado de actitud. ¿Por qué? En mi opinión, las personas son capaces de generar un alto compromiso, una alta dosis de esfuerzo y duración, cuando están inmersas en una tarea donde sienten que fluyen, un contexto en el cual el factor tiempo se vuelve subjetivo, por el disfrute en sí mismo que tiene la propia tarea para esa persona en concreto.
El disfrute, el estado de flujo o conocido como «flow» según algunos autores bien podría ser el secreto para alcanzar la felicidad porque es ese instante, ese lugar, esa tarea, en la cual ponemos en marcha todas nuestras herramientas, mecanismos, que ponen nuestro talento en el máximo exponente, nuestras virtudes, aquello en lo que soy bueno, notando que puedo pasar horas y horas realizando esa tarea, que siempre quiero más, que quiero mejorar más, y quiero seguir creciendo porque es lo que me apasiona. Por eso es tan importante lograr fluir, encontrar ese Flow, y para ello es indispensable que todos nuestros esfuerzos, todo nuestro trabajo diario, esté bien enfocado mediante un propósito, una finalidad, unos objetivos, y unas metas.
Y para llegar a esas metas es donde aparece nuestra actitud, nuestra capacidad de esfuerzo durante un largo tiempo. Un dato es cierto, y es el tiempo invertido, el cual es necesario que sea muy grande, una dedicación completa, para lograr que tu talento se desarrolle de manera extraordinaria. Le sucedió al Bill Gates con esa computadora en Seattle, a los Beatles en Hamburgo tocando ocho horas diarias, a los campesinos chinos en su arte (porque así se contempla) del cultivo del arroz, cuidando hasta el más mínimo detalle para que la cosecha sea lo más productiva posible; y así podríamos enunciar más casos conocidos.
Esto nos lleva a una conclusión: el esfuerzo es un componente sumamente importante en la consecución de objetivos, pero habría que tener claro si los objetivos que me marco, las metas que me pongo a corto plazo, me encaminan al desarrollo de mi talento, teniendo presente que en mi talento hay condicionantes como la cultura, la generación que me toca vivir, y una historia familiar, que condicionan y mucho mi manera de contemplar la vida, mi manera de entender qué es el éxito y qué es la felicidad. Teniendo presente todo ello, estaremos más cerca sin duda de alcanzar ese estado de Flow.
Por eso es tan importante, que profesores, entrenadores, en definitiva toda aquella persona que se dedica a formar personas, recuerde que está formando talento. La cultura del esfuerzo está muy bien, pero sin una dirección, un sentido, un propósito, una finalidad correcta, no sirve de nada porque el ser humano es feliz cuando pone en marcha su talento. Y es ese estado de felicidad lo que le lleva, le invita, a querer mejorar cada día. Es lo mismo que sucede en fútbol; no siempre es una cuestión de «huevos». No, es más bien una cuestión de saber cuál es el talento de tu jugador, de qué manera o mejor dicho, mediante qué sinergías o conexiones ese talento aún se ve más favorecido, y situarlo en el contexto adecuado dentro del terreno de juego. Como diría un viejo refrán: La potencia sin control, no sirve de nada.
«No es el más brillante quien tiene éxito. Si así fuera, Chris Langan estaría ahí con Einstein. Tampoco es el éxito una suma llana y simple de las decisiones y esfuerzos que emprendemos motu propio. Mas bien es un don. Nuestros fueras de serie se caracterizan por haber disfrutado de oportunidades…y haber tenido la fuerza y el ánimo de aprovecharlas. Para los jugadores de hockey y fútbol nacidos en enero, es una probabilidad mayor de formar parte de la selección. Para los Beatles, fue Hamburgo. Para Bill Gates, el golpe de suerte fue nacer en el momento adecuado y recibir el don de una terminal informática en la escuela secundaria. Joe Flom y los fundadores de Wachtell, Lipton, Rosen y Katz aprovecharon varias circunstancias similares. Nacieron en el tiempo adecuado, de padres adecuados y con la identidad étnica adecuada, lo que les permitió adquirir una valiosa experiencia en el derecho de adquisiciones practicándolo durante veinte años antes de que se impusiera en el resto del mundo jurídico. Y lo que hizo Korean Air cuando por fin dio un giro a sus políticas fue dar a sus pilotos la oportunidad de trascender las limitaciones de su legado cultural. Se trata de una lección tan simple, que resulta asombroso cuán a menudo se pasa por alto. Estamos tan seducidos por los mitos del mejor y el más brillante y el hombre hecho a sí mismo, que creemos que los fueras de serie brotan de la tierra tan naturalmente como los manantiales. Para construir un mundo mejor, es preciso que sustituyamos el patrón de los golpes de suerte y las ventajas arbitrarias que hoy determinan el éxito-como la suerte en la fecha de nacimiento y los avatares afortunados de la vida-por una sociedad que ofrezca oportunidades a todos.» (Malcolm Gladwell)
Que tengan una muy buena semana, un fuerte abrazo, y sean valientes desarrollando su talento. Y si creen que no lo tienen, es mentira, lo tienen, pero aún no lo han descubierto.
«Estos son los tiempos difíciles en los cuales un genio desearía vivir. Las grandes necesidades exigen grandes líderes.» (Abigail Adams)
¿Saben por qué se considera esencial el liderazgo? Porque se centra en la persona. A día de hoy, más que nunca, se considera estrictamente necesario la recuperación de valores, de integridad moral, ética, y conducta ejemplar con dignidad en el día a día. Tenemos un problema muy grave por resolver: la formación de la persona.
La consecuencia de una escasa, o mejor dicho nula, formación de la persona tiene la repercusión inmediata en los niños que se convierten en adolescentes, quienes adquieren una incapacidad espantosa para tomar decisiones correctas, o mejor dicho, tener la personalidad suficiente para de esa manera disponer de una capacidad que les lleve a tomar decisiones. La sociedad, el contexto, todo lo que nos rodea, desvirtúa cada día más qué es importante, qué es esencial, para conseguir la tan ansiada felicidad.
Si la educación es tan importante, ¿por qué seguimos sin cambiar la manera de desarrollar las clases? ¿por qué reventamos a deberes a nuestros pequeños y pequeñas? De verdad, discúlpenme, pero no entiendo que un niño de 9-10-11 años, tenga que estar desde las 18:00 que llega a casa, hasta las 21:00 que va a cenar, sin parar de hacer deberes. Es mentira, no se cambia, y a quien le duela la crítica o carezca de capacidad para ejercerla así mismo, que no lea estás líneas. Pero de cambio nada oiga, estamos peor, mucho peor.
La educación exige no sólo de profesores que dictan o ponen un power point día tras día; pide a voz en grito líderes, personas con una capacidad de transmitir, de saber hacer llegar el mensaje de la manera correcta, para que la comprensión del alumno/a sea lo más completa posible. No es cuestión de enseñar mucho, sino más bien de enseñar muy bien. Calidad, no cantidad. Deberíamos plantearnos si enseñamos a hablar, a expresarse de la manera correcta, a generar contextos en los cuales ellos y ellas generen interacciones, conexiones emocionales. El niño, cuando más aprende, es cuando está involucrado en la tarea, y no como un mero oyente. Deberían recordarlo.
Es vital enseñar también la importancia del tiempo, de saber valorar a la persona que invierte parte de tu tiempo en ti, para que tú aprendas, crezcas, mejores. Eso también se enseña, todo depende del mensaje que mandemos cada día, porque recuerden que con el ejemplo se lidera, es con los hechos con los que se deja huella, y es con el trato que das como más impacto logras en quien te está escuchando. No es lo que dices, sino cómo lo dices.
Enseñemos también a saber valorar la esencia de todo lo que nos rodea, de qué es importante y qué no es tan importante para ser feliz, cuando en realidad se necesita muy poco para ser feliz. Es curioso que cuando hablas con alguien que viaja, o que ha tenido un susto de salud, te dicen lo mismo: «Te das cuenta de que antes, te amargabas el día con cosas que tú creías que eran importantes, y en realidad no lo son.» Por favor, que no tengamos que llegar a ese punto, porque eso también es educación. Enseña a ser feliz con lo justo, que valoren todo lo que tienen. Que no es más feliz el que más tiene, sino el que mejor valora lo que posee. Que no sólo poseer está referido a elementos materiales, sino que tiene que ver mucho más si cabe con una familia que te quiere, con unos amigos que te quieren de verdad, todo eso son posesiones, quizás más verdaderas que un móvil de última generación con el que haces historias de instagram, mientras olvidas a la persona con quien estás cenando. Paradojas de la vida, ¿verdad?
Quizás yo sea demasiado romántico, nostálgico, llamadlo como queráis. Pero soy de quienes mandan un mensaje cuando he disfrutado mucho con una quedada, con una comida o cena entre amigos/as, cuando escribo para decirle a un amigo que me siento afortunado por tener ese vínculo de amistad con él, me sale así, y me sale de lo más profundo de mi corazón. Creo que estaría bien que valorásemos un poco más todo lo que disfrutamos cada día, que quizás es más de lo que pensamos, y e hiciéramos un esfuerzo por no caer en la burbuja que ha diseñado la sociedad, condensada de una felicidad que es totalmente ficticia, que igual que viene, se va.
Hay quien siempre te dice que anda mal de tiempo, y sin embargo hay quien siempre tiene un minuto para ti. La sensación de mucho o poco tiempo es relativa, subjetiva, para cada uno de nosotros, pero el tiempo visto de manera objetiva es el mismo, 24 horas cada día, para todos, la diferencia está otra vez no en el qué, sino en el cómo lo empleas. La escala de prioridades, aquellos elementos a los cuales les damos una determinada importancia mayor o menor, viene determinado en gran parte por la educación y las experiencias vividas.
Como por suerte no todos han vivido una situación límite de salud, por el motivo que sea, que les ha llevado a valorar de una manera más real (no digo mejor ni peor) la vida, hagamos por lo menos todo lo posible mediante la educación, mediante el liderazgo, mediante el ejemplo diario, la transmisión de una enseñanza que de verdad enseñe a vivir, y no a trabajar como máquinas. Hay que enseñar a un niño como un niño, a un adolescente como un adolescente, para que sepa vivir como un adulto responsable, siendo una persona con valores, con dignidad, honestidad y ejemplar.
Enseñamos para el futuro trabajo, un trabajo que encima no sabemos ni dónde estará, en qué puesto, en cuál empresa, y con qué función; cuando en realidad deberíamos enseñar para la vida, para poseer una gran capacidad de adaptación, de conexión y empatía con otras personas, capacidad además para diseñar y generar contextos mediante nuestro liderazgo, para que no sólo yo crezca como persona sino también las personas que me rodean en mi día a día.
Comparto con ustedes un fragmento, del que se puede extraer una lección potente:
«La lección de la polilla
Una noche estaba yo hablando con una polilla.
Trataba ella de meterse en una bombilla y achicharrarse en el filamento.
-.¿Por qué se empeñan ustedes en realizar esa maniobra?-le pregunté.
-¿Se trata de algo convencional en las polillas? ¡Vaya! si se tratara de una vela y no de una bombilla eléctrica, serías ahora un poquito de repugnante ceniza.
-¿Es que ha perdido usted el juicio?
Tenemos mucho-me respondió. Pero sucede que a veces nos cansamos de usarlo.
Nos hastiamos de la rutina y buscamos la belleza y la aventura. El fuego es hermoso, y sabemos que acercarnos demasiado nos matará.
Pero, ¿qué importa?
Es mejor ser feliz un instante, y quemarnos en la belleza, que vivir una larga vida de hastío. Nos enrollamos en una notita de algodón, y luego la hacemos reventar.
Para eso es la vida.
Es mejor ser parte de la belleza un instante y luego dejar de existir, que existir para siempre y no ser jamás parte de la belleza.
Nuestra actitud frente a la vida es:
Lo que fácil se gana, fácil se pierde.
Somos como eran los humanos antes de ser demasiado civilizados satisfechos.
-Antes de que pudiera contradecir su filosofía, voló y se inmoló en un encendedor patentado.
No estoy de acuerdo.
Prefiero tener la mitad de felicidad y el doble de longevidad.
Pero a la vez, quisiera poder desear algo tan intensamente como ella deseaba quemarse.»
Seguimos con otro pequeño texto:
«Tener auto-respeto lo es todo. Sin él, no somos sino esclavos sin voluntad, al capricho de todo mundo, especialmente de aquellos que tememos o despreciamos… Uno piensa:»Ningún trabajo es suficientemente bueno; después de todo, si me necesitan, si me han contratado, ¿cómo podrían ser ellos (o el trabajo) buenos? La frase magnífica de Groucho Marx lo dice todo en relación con aquellos que no tienen auto-respeto: «No me afiliaría a ningún club que me aceptara como socio.» Se ahogan en el auto-reproche. Para ellos, cada encuentro demanda demasiado y recibe muy poco. Cada palabra sin respuesta se convierte en un monumento a su propia pereza, un epitafio a su culpabilidad. Sin auto-respeto, nos entregamos y hacemos el último sacrificio: vendernos nosotros mismos.»
El compromiso, la credibilidad, saber gobernarse a sí mismo, saber focalizar la atención mediante una visión, implementar un significado mediante la comunicación eficaz, generar confianza mediante el posicionamiento, el despliegue el yo a través del auto-concepto; todos estos elementos son imprescindibles, se pueden transmitir mediante el liderazgo, y por eso es tan importante la presencia del mismo en las aulas. Sería bueno un ejercicio de reflexión, para ver de qué manera podemos enfocar la educación con el firme objetivo de ayudar a formar personas. Entendamos la educación, la enseñanza, como una herramienta que tiene por fin la transmisión de valores a otras personas, con un propósito, una finalidad, una misión que trascienda verdaderamente en su significado.
Que el niño que en su momento fuimos, jamás se avergüence del adulto en quien nos hemos convertido. Un fuerte abrazo, que tengáis una muy buena semana, y recuerden que nos mueven los sentimientos, las caricias, las sonrisas, los abrazos, las palabras que salen directamente del corazón. Es tan sencillo como dedicar tiempo a la persona. Tiempo y persona, ambos insustituibles.
«Si tus acciones inspiran a otros a soñar más, a aprender más, a hacer más y a ser más, entonces eres un líder.»(Johan Quincy Adams)
«Ten el coraje de seguir tu corazón e intuición, porque de alguna forma ya saben lo que en verdad quieres ser. Todo lo demás, es secundario» (Steve Jobs)
A raíz de una conversación con un buen amigo ayer, me dio para reflexionar sobre la toma de decisión, y en concreto, cómo realizamos este proceso. Por un lado, están claros los mecanismos, secuencias de pensamiento, análisis, reflexión, que nos llevan finalmente a las decisiones que tomamos a cada minuto. Pero sin embargo, de otra parte, están esas decisiones de peso, esos momentos en los cuales sabemos de una decisión importante, y justo en ese momento sin saber cómo ni por qué, interviene nuestro corazón.
Fiamos a nuestro puro instinto, corazonadas, impulsos, llamémoslo como queramos, pero probablemente estaríamos de acuerdo en que en esas decisiones intervienen factores relacionados con los sentimientos, con la confianza, la experiencia de vida que tenemos, en definitiva todo lo que se aleja de las estadísticas, de las probabilidades, y porcentajes. Hay algo poderoso en nuestro interior, que definitivamente nos mueve más de lo que nos imaginamos en las decisiones más importante que tomamos.
Recuerdo el día que paseando por Santander, vi en una pared un dibujo precioso, en el que se podía leer claramente: Piensa con el corazón. Eduard Punset afirma que «hasta hace muy poquito, no había conciencia. Se ha descubierto estos años atrás que hemos vivido sin conciencia, hemos vivido con el corazón, hemos vivido con la intuición.» La pregunta que se me plantea es, ¿cómo se piensa con el corazón? Pues bien, si tuviera que dar una respuesta a esta cuestión, estaría basada en tres elementos: sencillez, eficacia y sentimiento.
Sencillez porque, dado los entornos VUCA (volátiles, inciertos, complejos, y ambigüos) en los que vivimos, nos demandan que tengamos una manera de pensar sencilla, con una gran capacidad de síntesis porque estamos tomando decisiones permanentemente. De hecho, como bien dice Álvaro Merino, somos el producto de nuestras decisiones.
Eficacia, para ser capaces de conseguir aquellos objetivos, metas, que nos marcamos cada día, cada mes, cada año, y así durante toda nuestra vida. Los objetivos son esos elementos que nos mueven de la cama cada mañana, porque cuando estamos inmersos en ese camino, en ese proceso, tenemos ese sentimiento de felicidad. Estoy realizando un trabajo que tiene un sentido, y que me hace feliz, pero soy capaz de invertir el tiempo necesario, sin excederme demasiado en ello.
Y sentimiento, porque creo que al final es lo que nos mueve, esa fuerza interior que nos lleva a dar lo máximo de nosotros mismos. Porque tenemos sentimientos de pertenencia al equipo en el cual trabajo, un sentimiento de compromiso para con las personas con quienes convivo día a día, sentimiento de felicidad por el bienestar que experimento al encontrarme en el contexto que me hace crecer, como profesional y como persona.
No siempre es bueno tener excesiva información, o pensar demasiado en determinados asuntos. De hecho, otra vez Eduard Punset afirma que «muchas veces es mejor tener menos información, que más información para decidir bien.» De hecho, yo iría un poco más allá, y cambiaría menos por mejor información. Y esto me lleva a recordar algo que me pareció muy interesante por parte de Álvaro Merino, cuando hablaba de aprendizaje: «No somos más expertos por ejemplo, por estar haciendo 10,20 años una tarea concreta, porque podríamos llevar todo ese tiempo haciendo esta tarea mal. Por tanto, no es una cuestión de cantidad, sino más bien referido a la calidad de nuestras acciones y decisiones. Cuanto mayor calidad hay en lo que hacemos, mejor es nuestro crecimiento y aprendizaje»
¿Y cómo se consigue ese aprendizaje de calidad? Logrando diseñar un aprendizaje que sea trascendente, que marque y deje una huella en el corazón de quien vivencia determinadas situaciones. Recuerdo la pirámide invertida de Edgar Dale, en la cual afirma que el niño recuerda el 90% de aquello en lo que formó parte de ello, fue parte activa de su proceso de aprendizaje. Como bien dice Jaime Sampaio, en lo referido al fútbol, es que matamos progresivamente la creatividad del jugador de fútbol con tanta repetición, con tanta tarea cerrada. Y yo pregunto, ¿de qué sirve la tarea cerrada, si el fútbol al igual que la vida, es un entorno VUCA que está cambiando a cada momento?
Esto me lleva a concluir este post creyendo que deberíamos pensar menos pero con más calidad, y sentir más, lo cual no quiere decir que dejemos de analizar, de ver probabilidades, estudiar porcentajes, porque hay veces que es estrictamente necesario realizar ese tipo de acciones. Pero tengamos siempre presente, que nunca lo vamos a tener todo controlado, ni vamos a tener la certeza absoluta de nada, ni todo bien atado, porque la vida sorprende a cada momento. Y además, porque queramos o no nos mueve la emoción, el sentimiento, lo que llega a nuestro corazón.
«El corazón tiene razones que la razón desconoce.» (Blaise Pascal)
Que tengan un muy buen fin de semana, un fuerte abrazo.