Desprendido de sí mismo

“Sólo porque usted no está realmente desprendido de sí mismo, por eso lo siente. Y sin embargo, es todo muy sencillo. De una simple hoja de bambú usted puede aprender de qué se trata. Bajo el peso de la nieve se inclina, más y más. De repente, la carga se desliza y cae, sin que la hoja se haya movido. Igual que ella, permanezca en la mayor tensión posible hasta que el disparo ‘caiga’. Así es, en efecto: cuando la tensión está “cumplida”, el tiro tiene que caer, desprenderse del arquero como la nieve de la hoja, aún antes de que él lo haya pensado.” (Zen en el arte del tiro con arco) 

Esta explicación me pareció sublime, magistral, y maravillosa a partes iguales. El arquero, en su afán de entender y aprender el arte del tiro con arco, no alcanza a comprender cómo realizar el perfecto tiro de la flecha al blanco. Todo ello, toda esta maestría, lleva al autor a ocupar un libro para lograr transmitir que la clave está en en ese concepto de “desprenderse de sí mismo”.

¿Pero de qué hablamos cuando nos referimos a este término? Para mí, lo que he logrado entender durante el viaje en este libro, es que nuestra atención debe estar enfocada en el proceso, única y exclusivamente pues solo de esa manera lograremos realizar el tiro perfecto, manteniendo incluso olvidado por completo el blanco. De hecho, el maestro pone un ejemplo práctico al aprendiz llevándolo a una sala completamente a oscuras, sin saber exactamente dónde está el arco; sostiene el mismo, realiza todo el ritual, disparando la primera flecha y acertando de lleno en el blanco. No conforme con ello, saca una segunda flecha, vuelve a realizar todo el ritual de manera meticulosa, para atravesar por completo la primera flecha, ajustando la segunda en el mismo blanco.

tiro con arco

El arte del tiro con arco, al igual que el arte de la espada, no pretende lograr una eficacia máxima de matar al adversario, sino que tiene que ver con algo mucho más profundo, un concepto que va mucho más allá, con una trascendencia enorme en el desarrollo de la persona que tiene que ver con el aprendizaje, el autoconocimiento, la capacidad de fluir en cada instante sin tener presente nada más que el gesto o acción que estoy realizando. Ser capaz de mantener mente y cuerpo alineados, en la misma dirección, con el mismo sentido, con un control absoluto sobre el ser para estar. De hecho, es tal el trabajo de ese concepto de fluidez, de lograr que no se pueda discernir el comienzo y el fin de cada acción, sino entender que es un todo, que se encuentra en el tratado del arte de la espada otro ejemplo muy clasificador.

“El aprendiz ha de adquirir un nuevo sentido o, mejor dicho, una nueva presencia de todos sus sentidos que le permita esquivar, como presintiéndolos, los golpes que lo amenazan. Una vez que domine ese arte de hurtar el cuerpo, ya no tendrá necesidad de seguir con indivisa atención los movimientos de su enemigo o de varios enemigos a la vez. En el mismo instante en que ve y presiente lo que está por suceder, ya se ha sustraído instintivamente a los efectos de tal acción, <> entre percibir el peligro y esquivarlo.” ¿No es maravilloso? Estar tan metido en el desarrollo, que no seamos capaces de diferenciar cuándo comienza y termina cada movimiento.

¿Acaso no debería ser ese el fin último en la vida? ¿Disfrutar de cada momento, de manera plena y absoluta? Nos condicionamos demasiado por el resultado final, por la evaluación, cuando deberíamos poner nuestra atención en los pequeños detalles, en el proceso, en el armado y construcción del proyecto, ser muy atento y cuidadoso con cada gesto, con cada acción que realizamos. En cada segundo, en cada minuto, en cada hora que vivimos; ahí está la clave para saber fluir como ser, para estar, para conocer, y saber reconocerse.

Vivimos demasiado condicionados, con elementos que terminan por condicionar y distorsionar nuestro foco de atención. En las últimas reflexiones que he venido haciendo en mi mente, a mi manera de verlo, creo que sólo deberían ocuparnos dos conceptos: congruencia y honestidad, ambos referidos primero conmigo mismo. Mantener mi congruencia entre lo que digo y lo que hago de manera constante en el tiempo, así como ser honesto conmigo mismo, teniendo presente la manera en la que vivo siendo consciente de cuáles son mis valores, y si realmente son innegociables, me lleva a generar un autoconcepto firme, sólido, sin fisuras, que a su vez genera confianza no sólo en mí sino también en las personas que tengo a mi alrededor.

¿Y por qué considero todo esto tan importante? Porque quien posee congruencia en sus palabras y actos, quien es honesto hacia su persona, construye un autoconcepto real y verdadero, siendo coherente con lo que cree oportuno hacer, con las decisiones que toma, con las amistades que tiene, y con el trabajo que busca. Probablemente no serán los mejores trabajos, ni las amistades que todos querríamos tener (o sí, no lo sabemos ni debemos juzgarlo); lo que tengo muy claro es que quien tiene un autoconcepto firme, estará en disposición de comenzar a ser coherente con aquello que persigue, aquello que le motiva a levantarse de la cama cada mañana, a fluir, a disfrutar del momento, sin prestar atención a lo que vendrá después, al resultado final.

tiro con arco 2

Construyamos el futuro disfrutando del presente, teniendo claro quiénes somos, para lograr estar en ese preciso instante de manera verdadera y auténtica.

Os deseo una muy buena, les mando un fuerte abrazo, y comparto dos vídeos que creo merece la pena detenerse a verlos.

“Nos volvemos sabios haciendo preguntas, y aún si éstas no son respondidas nos volvemos sabios, porque una pregunta bien hecha lleva su respuesta en la espalda, así como un caracol lleva su caparazón.” (Shunryu Suzuki Roshi)
“El punto más importante en nuestra práctica es tener un esfuerzo correcto o perfecto. El esfuerzo correcto dirigido en la dirección correcta es necesario. Si tu esfuerzo está dirigido en la dirección incorrecta, especialmente si no te das cuenta de esto, es un esfuerzo engañado. El esfuerzo en nuestra práctica debe ser dirigido desde el logro hacia el no-logro”. (Shunryu Suzuki Roshi)
“Si tu práctica es buena, sin que te des cuenta de ello llegarás a estar orgulloso de tu práctica. El orgullo está de más. Lo que haces está bien, pero se le ha agregado más. De modo que debes deshacerte de eso que está de más. Este punto es muy, muy importante, pero generalmente no somos lo suficientemente sutiles como para advertirlo, y vamos en la dirección equivocada.” (Shunryu Suzuki Roshi)


 

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