Adaptación y autocuidado

“Usted no tiene que convertirse en nadie diferente a quien ya es, porque, en su esencia, usted ya es perfecto, esto es, completo. Lo único que tal vez necesite es descubrir qué hay realmente detrás de las palabras YO SOY” (Mario Alonso Puig)”

Una vez que se dio por finalizado el Congreso de Coaching al que asistí durante el pasado fin de semana, de todo lo escuchado y reflexionado en el transcurso del mismo me fui con dos ideas en la cabeza: autocuidado y adaptación. El primer término referido a cómo me cuido yo, cuánto tiempo me dedico a mí, a mi persona con la simple finalidad de sentirte a gusto contigo; mientras que el segundo término iba más encaminado a nuestra capacidad de adaptarnos al entorno, ser conscientes de dónde estamos y cómo estamos obrando en consecuencia, si somos coherentes o no.

Normalmente en cada charla a la que se asiste todo va enfocado hacia las personas con quienes trabajamos, lo cual me parece perfecto por otro lado, y no seré yo quien le quite importancia. Ahora bien, mi buen amigo Álvaro creo que dio en el clavo mencionando el concepto de autocuidado, refiriéndose con ello a cuánto de bien nos cuidamos nosotros. Y lleva mucha razón, porque si no atendemos a nuestra persona, si no nos queremos y respetamos a nosotros, ¿cómo vamos a lograr esto en otras personas? Es inviable e incoherente a partes iguales, porque uno no brilla por tocar una tecla. Es un proceso de atención, de lo que demanda tu cuerpo y tu mente, de atender a las necesidades que tienes, consiste en encontrar un espacio y un tiempo para ti, simplemente para disfrutar de tu presencia. Se suele decir que uno no está preparado para vivir en compañía de otra persona, si previamente no ha aprendido a estar y disfrutar con su soledad. Sinceramente, cada vez le doy más razón a esta frase.

Da miedo no encajar en el trabajo en el que estamos, da absoluto pavor no encontrar a esa pareja, o media naranja como muchos os gusta llamarlo, con quien pasar el resto de nuestra vida. Y creo que estamos muy equivocados, porque cada vez tengo más claro que lo primero que debemos conseguir es encontrar ese ritmo de vida en el que somos felices, esa manera nuestra de vivir la vida que nos llene y nos haga sentir plenos, con independencia de los factores externos que puedan sumar a ese estado de felicidad. Cada vez asemejo felicidad a conocerse cada día mejor, lo relaciono con ser coherente en tu manera de vivir, de expresarte, muy resumido: Que tu SER y tu ESTAR vayan de la mano; eso es para mí felicidad. Y solamente cuando consigamos llegar a ese punto, estaremos en condiciones de solicitar más agentes externos, y solo entonces estaremos capacitados para ayudar, para liderar sumando, para brillar y ayudar a que otros brillen con fuerza.

Por otro lado, nuestra capacidad de adaptación al entorno (un entorno cada vez más VUCA) requiere de manera imprescindible que generemos la capacidad de mantener nuestro estado emocional en un punto medio, en un equilibrio que evite las montañas rusas, que evite las subidas y bajadas que tantísimo nos descolocan, que tanto daño nos hacen a nosotros, y en consecuencia modifican nuestra manera de ser, nuestras relaciones con las personas que más queremos porque nos vemos tan afectados por el contexto, que no somos capaces de mantenernos al margen, de entender que todo en la vida tanto lo bueno como lo malo es pasajero, que nada dura para siempre, y por tanto no es que sea bueno, es que es muy necesario generar y consolidar nuestra capacidad para encontrar cada día el equilibrio emocional de nuestra mente.

Entender que siempre existirá incertidumbre, en mayor o menor grado, pero que siempre habrá porque es imposible controlarlo absolutamente todo. Qué casualidad que solo nos acordamos de la incertidumbre cuando algún proyecto, o algún objetivo, no se materializa de la manera en que queríamos; pero sin embargo nadie se preocupa por esa misma incertidumbre cuando todo va bien. ¿Qué incoherencia verdad? ¿Acaso alguien te ha garantizado que, en ese momento de tu vida que todo va bien, ese estado va a ser para siempre?¿Verdad que no?¿No es verdad que podría llegarte cualquier llamada, y que todo se fuera al traste?Y sin embargo, ¿estás enfocado en el momento presente, verdad? Otra incoherencia, y por eso sufrimos tanto a veces hasta de manera innecesaria. Vaya bien, o vaya mal, nuestra mente debe estar enfocada en lo que queremos, en lo que suma, en el mismo punto, en los mismos objetivos y camino a recorrer. Con ello, conseguiremos tranquilidad, pausa, equilibrio, término medio, todos ellos elementos imprescindibles para ser capaces de disfrutar un poco más de los pequeños detalles que nos regala la vida. Como me dijo mi buen amigo Luismi el domingo, “no es malo tener ese tipo de emociones cuando te bloqueas; vívelas, siéntelas, pero déjalas ir, déjalas marchar.” Qué razón tienes amigo.

Y para terminar, hablando de entornos, de contextos,  en la cena que tuvimos el sábado se generó un bonito debate, en relación a la cantidad de veces que visualizan vídeos en fútbol base. Una temática que posteriormente el domingo tratamos, cuando teníamos que tomar decisiones en base al caso práctico que nos planteó Pablo López. Tanto la cena, como el caso práctico, me llevó a una reflexión: ¿Somos conscientes del contexto en el que estoy? ¿Soy coherente con mis exigencias, con lo que demando de mis jugadores, de mi grupo de trabajo cada día?¿cuando trabajamos, lo hacemos para el grupo o para mi promoción? ¿hablamos a los niños en fútbol como tal, o les tratamos como mini-adultos?¿soy consciente de la exigencia que estoy solicitando a mis trabajadores? ¿logra más éxito quien exige a base de “látigo”, o quien entiende dónde está, para quién y con quién trabaja, y además intenta que quienes están a su lado sean felices?¿Mandamos, administramos, o lideramos? ¿Y con mi vida?¿Mando, administro, o lidero en ella?

Para terminar, quería compartir con vosotros una historia que me parece sensacional:

“El soberano de un gran reino se encontraba ya en una avanzada y quería asegurarse de que, antes de abandonar el mundo, le transmitía a su hijo una importante lección. A lo largo de las épocas difíciles de su reinado, aquello había sido clave para mantenerse firme y conseguir que finalmente reinara en su país la paz y la armonía. Por alguna razón, el joven príncipe no acaba de entender lo que su padre le decía. 

-. Sí padre, comprendo que para ti es muy importante el equilibrio, pero creo que es más importante la astucia y el poder. 

Un día, cuando el rey cabalgaba con su corcel, tuvo una gran idea. 

-. Tal vez mi hijo necesita no que yo se lo repita más veces, sino verlo representado de alguna manera. 

Llevado por un lógico entusiasmo, convocó a las personas más importantes de su corte en el salón principal del palacio. 

-. Quiero que se convoque un concurso de pintura, el más grande e importante que se haya creado nunca. Los pregoneros han de hacer saber en todos los lugares del mundo que se dará una extraordinaria recompensa al ganador del concurso. 

-. Majestad- preguntó uno de los nobles-¿cuál es el tema del concurso?

-El tema es la serenidad, el equilibrio. Sólo una orden os doy-dijo el rey-bajo ningún concepto rechazaréis ninguna obra, por extraña que os parezca o por disgusto que os cause. 

Aquellos nobles se alejaron sin entender muy bien la sorprendente instrucción que el rey les había dado. 

De todos los lugares del mundo conocido acudieron maravillosos cuadros. Algunos de ellos mostraban mares en calma, otros cielos despejados en los que una bandada de pájaros planeaba creando una sensación de calma, paz y serenidad 

Los nobles estaban entusiasmados ante cuadros tan bellos. 

-. Sin duda, su majestad el rey va a tener muy difícil elegir el cuadro ganador entre obras tan magníficas. 

De repente, ante el asombro de todos, apareció un cuadro extrañísimo. Pintado con tonos oscuros y con escasa luminosidad, reflejaba un mar revuelto en plena tempestad en el que enormes olas golpeaban con violencia las rocas oscuras de un acantilado. El cielo aparecía cubierto de enormes y oscuros nubarrones. 

Los nobles se miraron unos a otros sin salir de su incredulidad y pronto irrumpieron en burlas y carcajadas. 

-. Sólo un demente podría haber acudido a un concurso sobre la serenidad con un cuadro como éste. 

Estaban a punto de arrojarlo fuera de aquella sala cuando uno de los nobles se interpuso diciendo:

-. Tenemos una orden del rey que no podemos desobedecer. Nos dijo que no se podía rechazar ningún cuadro por extraño que fuese. Aunque no hayamos entendido esta orden, procede de nuestro soberano y no podemos ignorarla. 

-Está bien- dijo otro de los nobles-pero poner poned este cuadro en aquel rincón, donde apenas se vea. 

Llegó el día en el que su majestad el rey tenía que decidir cuál era el cuadro ganador. Al llegar al salón de la exposición, su cara reflejaba un enorme júbilo y, sin embargo, a medida que iba viendo las distintas obras su rostro transmitía una creciente decepción.

-. Majestad, ¿es que no os satisface ninguna de estas obras?-preguntó uno de los nobles. 

-Sí, son muy hermosas, no cabe duda, pero hay algo que a todas les falta. 

El rey había llegado al final de la exposición sin encontrar lo que tanto buscaba cuando, de repente, se fijó en un cuadro que asomaba en un rincón. 

-¿Qué es lo que hay allí que apenas se ve?

-Es otro cuadro majestad. 

-¿Y por qué lo habéis colocado en un lugar tan apartado?

-Majestad, es un cuadro pintado por un demente, nosotros lo habríamos rechazado, pero siguiendo vuestras órdenes de aceptar todos los que llegaran, hemos decidido colocarlo en un rincón para que no empañe la belleza del conjunto. 

El rey, que tenía una curiosidad natural, se acercó a ver aquel extraño cuadro, que, en efecto, resultaba difícil de entender. Entonces hizo algo que ninguno de los miembros de la corte había hecho y que era acercarse más y fijarse bien. Fue entonces cuando, súbitamente, todo su rostro se iluminó y, alzando la voz, declaró:

-Éste, éste es, sin duda, el cuadro ganador. 

Los nobles se miraron unos a otros pensando que el rey había perdido la cabeza. Uno de ellos, tímidamente, le preguntó:

-Majestad, nunca hemos discutido vuestros dictámenes, pero ¿qué veis en ese cuadro para que lo declaréis ganador?

-No lo habéis visto bien, acercaos. 

Cuando los nobles se acercaron, el rey les mostró algo entre las rocas. Era un pequeño nido donde había un pajarito recién nacido. La madre le daba de comer, completamente ajena a la tormenta que estaba teniendo lugar. 

La serenidad no surge de vivir en las circunstancias ideales como reflejan los otros cuadros con sus mares en calma y sus cielos despejados. La serenidad es la capacidad de mantener centrada la atención, en medio de la dificultad, en aquello que para ti es una prioridad.”

Para terminar, hay una frase que mi amigo Álvaro dijo pero de cuyo autor no recuerdo: “Recuerda que eres mortal.” Que cada uno/a saque sus propias conclusiones, porque como siempre digo, este no es un blog de imposición, es un blog para cuestionárselo absolutamente todo, y a partir de ahí, seguir creciendo como siempre tratando de encontrar nuestra mejor versión. Que tengáis una muy buena semana, un fuerte abrazo.

“La manera en la que enfocamos nuestra atención puede ser fuente de equilibrio o de desequilibrio en nuestras vidas.” (Mario Alonso Puig)

“Nadie ve realmente una flor; es tan pequeña que no tenemos tiempo y ver requiere tiempo.” (Georgia O’Keefe)

“Muchos hábitos cierran puertas y lo que tenemos que hacer es abrirlas a base de prestar mayor atención a lo que hacemos.” (Mario Alonso Puig)

 

rayo majadahonda

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